Bueno, resulta que cuando Minerva aparece por su despacho después de alguna clase mañana, Remus Lupin la está esperando afuera. Y sabe bien que Sirius quería estar aquí pero... no está seguro de lo que vaya a contarle McGonagall sobre Greyback... si es que le cuenta algo.
Como ha engañado a Sirius?
Fácil, le ha dicho que tenía que hacer algo de ser prefecto.
Ugh ¡La excusa prefecta! ¡Una cita secreta con Minnie no es nada de prefecto!
¡No es una cita secreta! De hecho está mucho más sonrientito y embobado que de costumbre.
¡Claro que lo es! ¿Lo veees?
¡Por Sirius!
Maldita robahombres. No tiene bastante con Dumbledore y Mefistófeles.
Pues ahí está en la puerta, brazos cruzados, cabeza hacia el suelo, sonrisa tonta de lado.
Lo bueno es que como hace mil años que Minerva no pasa por su despacho... ahí se va a quedar.
Jo. Puede que después de un rato pregunte dónde puede estar. Quizás te esté esperando, Minerva, afuera del despacho de Albus.
Ugh! ¡Ese no es su despacho!
Pero alguien le ha dicho dónde estaba. Pomona quizás.
Ugh con Pomona.
Pues es que le vio tan sonriente e interesado en hablar con ella que... Remus dice que puede hablar con ella otro día si está ocupada o no puede, que no pasa nada (Remus entiende el concepto).
No, no. Vale, perdón. Va a ser saliendo que le encuentra.
Remus se sonroja un poco cuando ve que de verdad sale de ahí de mañana pensando en si de verdad están juntos juntos. Quizás es que ahora él tiene novio y por eso ve eso en todo mundo.
¡No es de mañana mañana! ¿No era por la tarde?
Albus feliz de que vaya a visitarle a medio día. Dice el que saldrá con los labios rojos e inflamaditos de los besos.
¡Ugh! ¡No!
A Remus le alegra mucho que estés de buenas.
No ha dicho que lo esté.
¿Está de malas? Albus heartbroken.
Remus cambia el peso de pie afuera del despacho de Dumbledore y se sonroja un poco mirándose los pies.
Ugh!
—¡S-Señor Lupin! ¿Qué hace aquí?
Le hace pegar un salto de aquellos. Pero... vale, se gira a mirarla.
—Oh... P-Profesora McGonagall... bu-buenas tardes —está sonriendito... igual, de manera inevitable porque lleva sonriendito todo el día.
Ella se sonroja de golpe con esa sonrisa.
—Quería... e-era... n-necesito hablar con usted, si tiene tiempo. N-No tiene que ser ahora si está... o-ocupada
—¿Q-Qué? ¿O-Ocupada? —más sonrojo culpable.
—Solo lo digo por si... b-bueno... Lo siento, de verdad no quiero molestarla... —baja la cabeza y se mira los pies y a decir verdad, hoy se siente algo cansado. Entre las emociones fuertes del fin de semana y todo lo que ha pasado... y ya se acerca esa fecha del mes. (De hecho... para el horror de Minerva, queremos decir que puede olerla...)
(Pues seguro huele que... frustrantemente aún no.)
(Ugh... El horror, aun no, Albus... ugh ugh ugh. Remus arruga la nariz.)
(Pues hoy aún no.)
(Está más preocupado porque Minerva huele a... que le ha venido el periodo, no es por nada, olvídense de si Albus ya o no... siempre asocia ese aroma a que pronto va a venir la luna llena.)
Que monos tan sincronizaditos. (Sirius refunfuña.)
—Es algo personal, Profesora, entonces no es muy importante. Si no tiene tiempo lo entiendo.
—Sí, sí, sí que tengo tiempo. ¿Qué tendría que hacer si no? ¿Qué hace aquí si quiere hablar conmigo?
—Fui a buscarla a su despacho porque sé que no tiene clase ahora y yo tampoco tengo en la tarde y me ha dicho su armadura que no estaba ahí, que quizás estaba con la profesora Sprout. Y fui a buscarla ahí y me ha dicho que ella creía que estaba con el Profesor Dumbledore.
—Pomona... —protesta apretando los ojos.
—Pero...
—¿Qué?
—Me alegra encontrarla, gracias por atenderme, de verdad.
—No se preocupe, vamos...
Ahí va Remusin en silencio atrás de ella.
¡Remusín! Minerva tan agobiada porque es que siente que hace MIL AÑOS que no va a su despacho. ¿Qué tal que hay una plaga de cucarachas y no se ha enterado? O peor, que se ha dejado una caja de bloody condones por ahí
Sí se ha dejado una.
¡El bloody descontrol con las cajas de condones! ¡Lo odia porque hay un millón! ¡Y están por todas partes!
Pues una está ahí. Encima de su escritorio... la de sabor a piña. Son los que iba a darle a Sluggy
Remus se queda de pie, esperando a que le invite a sentarse.
¡No iba a darle ningunos a Slughorn!
Quiere usarlos todos ella.
¡No!
Remusín suspira.
¿De pieee? ¡Ni habían entrado aun!
Bueno pues a ver si le invita a entrar.
Le pide que se espere un momento ahí fuera antes de ir a esconderlo arreglarlo todo, por lo menos no hay cucarachas.
Pues espeeeera, obvio. Cuando ya está todo recogido es que le hace pasar.
—Gracias, Profesora.
Y le invita a sentarse...
Gracias.
—¿Y bien? —o sea, ¿puedes al menos no juntar las puntas de los dedos?
—Profesora... Yo... quería saber si conoció a Fenrir Greyback.
Parpadea un par de veces sin saber de quién le habla de buenas a primeras. Discúlpala pero no es la primera persona que le viene antes a la mente.
—¿El —traga saliva —... hombre lobo?
—Ah... ¡Ah! Sí, hace unos años, sí.
—Vino aquí antes de que le... convirtieran.
—Sí, sí... una pena de muchacho.
Remus suspira.
—Él... era... ¿cómo era? ¿Era amable? ¿Estudioso? ¿Hábil?
—Slytherin —eso no quiere decir nada, Minerva, aunque para ti lo resuma todo.
—Bueno, pero...
—¿Aja? Le gustaban los deportes.
Remus se mira las manos.
—Lo que quiero saber es... si era una persona normal con aspiraciones y... no sé. ¿Era una persona feliz? ¿Tenía amigos? ¿Le querían?
—Pues... sí, tenía amigos. No recuerdo qué aspiraba a ser en la vida —porque solo tenemos como una docena de profesiones posibles.
Remus suspira porque eso no le aclara nada. Greyback era una persona normal y luego dejó de serlo para convertirse en un monstruo de verdad, uno que convierte niños y arruina vidas.
—¿A usted le agradaba? ¿Era buen mago? ¿Sabe si... sabía hacer mucha magia? ¿Era bueno en la escuela? ¿Trabajaba duro?
—No lo recuerdo como uno de los mejores estudiantes que ha pasado por aquí. Bastante perezoso a mi parecer —bueno, querida y quien no, para ti...
—¿Y era... buena persona?
—Pues... supongo, no estoy muy segura, no éramos muy cercanos.
Remus suspira otra vez un poco desconsolado con esa respuesta.
—E-Entiendo...
—¿Por qué me pregunta todo esto?
—¿P-Por qué soy el único... como yo aquí? Seguro hay otros chicos... que querrían tener esta oportunidad, pero que en vez de estar aquí están... viviendo en... —se humedece los labios y se mira otra vez las manos—... en otros sitios menos... buenos. Comiendo sobras y... haciendo cosas malas.
—¿Qué? ¿Quién le ha dicho eso?
La mira un segundo y luego vuelve a bajar la mirada.
—¿C-Cree que algún día pueda trabajar de... algo? O... ¿cree que algún día me quiten mi varita solo por ser hombre lobo? —pregunta teniendo esa última idea repentina. Le cuesta trabajo que no se le llenen los ojos de lágrimas, pero traga saliva y se sorbe los mocos—. Solo... quiero saber esas cosas. ¿Quién cree que pueda decirme algo de eso? A-Algo de Greyback... ¿cree que alguien se acuerde de él antes de... eso?
—Señor Lupin... —le mira un poco desconsolada—. Nadie le va a quitar la varita si no quebranta ninguna ley, no hay ningún motivo que justifique hacer eso.
Asiente suavemente.
—¿Por qué no hay más niños como yo aquí? ¿Qué hice yo bien para merecer tener... una vida normal... por un tiempo? —la mira otra vez un segundo.
Ella parpadea un par de veces y suspira.
—Me gusta mucho estar aquí... —agrega—. Y lo agradezco, de verdad...
—Es usted... y permítame que le hable con franqueza, una ambiciosa prueba piloto, señor Lupin.
—¿Y la he... he... lo he hecho bien?
—La está usted haciendo excelente, pero aún no ha terminado.
Remus asiente.
—No quiero ser un hombre lobo como lo es Greyback.
—¿Cómo sabe cómo es el señor Greyback?
—Sirius me... c-contó —Remus se limpia los ojos. Minerva parpadea un par de veces de nuevo.
—Ignoraba que el señor Black... —y eso le recuerda. Black. Desde luego, debía hasta conocerle en persona. Remus de revuelve sonrojándose más porque no acostumbra mentir y menos a Minnie.
—Me contó... cosas. Sobre ellos y sobre él y... bueno, él es alguien... q-que... Me pregunto por qué hace ciertas cosas —se pasa una mano por el pelo. Sobra aclarar que con la mención de Sirius, Remus se sonroja de un bonito y brillante color rojo
—Bueno, me parece a mí, que igual que hay muchos tipos de magos, hay muchos tipos de hombres lobo. Y es por eso que está usted aquí y no cualquier otro.
—¿Conoce usted más hombres lobo, Profesora? Conoce alguno que... —vacila.
—No tanto como... a ti.
Remus se sonroja un poquito con eso.
—¿Sabe de alguno que tenga un buen trabajo y viva en un sitio... normal?
Suspira.
—E-Eso es que no, ¿verdad? —se mira las manos y piensa en la casita con Sirius... y en su cama aquí en la escuela, su ropa limpia y la ducha. Y tener tres comidas al día... quizás más adelante tendría que robar para comer. Y su P de prefecto. Aquí era alguien hábil, listo y... bueno, un Prefecto, eso era lo mejor que podía ser aquí pero afuera no había prueba piloto ni nada así, afuera había eso de vivir en comunidad con monstruos... como Greyback.
—Señor Lupin... es usted un pionero en muchas cosas hasta ahora. Esta está siendo la mejor prueba que ha habido hasta ahora de inserción en la comunidad. No veo porque iba a cambiar eso una vez termine su escolarización si su actitud no cambia.
Remus la mira otra vez de verdad tratando de creerle con todo su corazón.
—E-Eso espero... —asiente suavecito otra vez.
—Si lo que está es preocupado por su futuro... podemos ver sus opciones. Tal vez no sean las más variadas, pero no tienen por qué resumirse en una única.
Asiente, agradecido.
—P-Profesora... puedo preguntarle o-otra cosa...
Asiente y Remus se revuelve porque esta pregunta es más complicada.
—¿Cree que si alguien sale c-conmigo... esa persona es... aberrante como yo? O pervertida. Como si... alguien saliera con un centauro —se sonroja muchísimo al hablar y no es capaz de mirarla.
Minerva parpadea unas cuantas veces.
—¿Quién le ha dicho eso?
—Nadie.
—Me parece que... en otro momento hubiera podido pensarlo —asegura porque tampoco quiere mentirle—. Pero después de conocerle y convivir con usted... habría sido evidente mi error.
Remus la mira a los ojos y... la verdad, agradece la sinceridad.
—Gracias.
Ella asiente un poco.
—Y gracias por contestar a todas mis preguntas... lo siento, solo he entrado un poco en pánico y...
—No tiene de qué preocuparse, puede venir a preguntar siempre que quiera —le sonríe un poquito, porque... pobre criatura.
—Muchas gracias, profesora... de verdad —Remus la mira y le sonríe un poquito también, sorbiéndose discretamente los mocos que aún tiene un poco flojos y levantándose.
—¿Está... bien? ¿Todo va bien con el Señor Black?
Es que la sonrisa completamente idiota que le sale solo al oír el nombre de Sirius... junto con el sonrojo, pero bueno...
—T-Todo está bien con Sirius, sí... muy bien con él —asegura pensando en el fin de semana genial que han tenido.
—¿Y con sus compañeros?
Remus asiente igual.
—Solo es que no estaba preparado para lo de Greyback y... —suspira, sonrojándose porque eso ha sido casi como una confesión.
—¿Qué de Greyback?
—Q-Que Sirius me lo contara —se sonroja apretando los ojos y pensando que quizás sería mejor decirle qué de Greyback.
—Mmmm...
Remus se muerde el labio... y se sienta otra vez. Y es que ya era bastante con mentirle sobre las noches de lobo y de sus compañeros siendo animagos por él. No.
—Este fin de semana fui a casa de Sirius Black por el cumpleaños de su madre.
El SUSTO. Vas a estar castigado, Remus, hasta el día del juicio final... Oh, sí... es que... Walburga Black.
—Sé que debí avisarle y pedir permiso y esas cosas... p-pero no hubo tiempo y... lo siento. De verdad. No debí hacerlo sin decirle. A-Ahí conocí a Greyback... bueno, ya lo conocía, solo... no lo recordaba.
Ten piedad con el muchacho ahora que caigas en la cuenta de lo que implica que haya conocido al hombre que le hizo hombre lobo.
La boca abierta... Sirius Black va a seguir castigado después de que lo condenen al infierno en el juicio final.
¡No toques a Sirius!
¡Pues cómo se le ocurre!
¡No lo ha hecho a propósito!
¡Nada más faltaría!
—¡¿Pero cómo es posible?! ¡Esto es una gran irresponsabilidad!
—¿I-Ir sin avisar? Ya lo sé... lo siento.
—¿Qué cree que hubiera pasado, Señor Lupin, si llega a haber algún problema en casa del Señor Black?
—¿Un problema de qué tipo?
—¡Uno que hubiera hecho a Walburga Black siquiera sospechar de su naturaleza! ¿Sabe qué habría pasado, no solo con usted, si no con todo el colegio?
Remus se mira las manos.
—Y-Ya lo sé. Ella casi no me habla igual, profesora, por mi madre... y-y su padre estaba mucho más preocupado por el otro asunto.
—¿Qué otro asunto?
—E-El de Sirius y... b-bueno, él... lo que yo le... —se sonroja.
—¿Qué? —presiona.
—Que yo hiciera ho-homosexual a su hijo.
Los ojos en blanco de Minerva
—En realidad no creo poder volver a ir, si eso le sirve de consuelo...
—¿Por?
—No creo ser bien recibido...
—¿Por qué no?
—Pues por eso...
—Mmmm —no le gusta la idea tampoco, aunque la tranquilice. No le gusta que no pueda ir justo por eso.
—El tío de Sirius ha sido muy amable con nosotros... —Remus sonríe.
—¿El...tío? ¿Qué tío?
—El Señor Alphard Black.
—Alphard... ¡Oh! Alphard Black. ¿En serio?
—Sí —Remus asiente—. Fue muy amable, nos invitó a su casa la segunda noche y todo ahí fue mucho mejor —de hecho te escandalizarías, Minerva.
—Mmm... Bueno, eso no lo hace menos irresponsable.
—Lo peor fue... Greyback, sin duda —Remus vuelve a bajar la cabeza.
—Entonces... le conoció, intuyo.
—Sí —suspira y se echa atrás en la silla. Minerva aprieta los ojos.
—¿Sabe que tengo órdenes expresas de sus padres de informarles en un caso así?
—¿D-De mis padres?
—Exacto.
—E-Espere... No les... no les diga. Van a preocuparse.
—Claro que van a hacerlo, es preocupante.
—E-Es... Es... Él no sabe lo que hizo. Sí sabe, lo ha sabido al instante que soy... —traga saliva—, como él.
—¡Peor aún!
—Algún día tenía que saber cómo era... realmente eso. Algún día tendré que ir a verles —Remus la mira.
—¿Por qué?
—Porque... —toma aire y se revuelve—. Porque si algún día todos se enteran de lo que soy... puede que el único lugar al que pueda ir es justamente ahí, con ellos, Profesora. Es parte del mundo que tengo que conocer.
—Esa es una idea un poco pesimista, Señor Lupin.
—Eso mismo dice Sirius... De hecho me riñe por ello, pero profesora...
—¿Si?
—Cómo no voy a pensar eso... ¿no lo pensaría usted? —se hace un poco pequeñito—. Es que si le viera ahora y viera sus ideas... de hacer más niños, créame que le daría miedo también.
—¿Le teme a él? ¡No puedo creer que el señor Black le llevara a eso!
—¡No sabía que vendría! Y... bueno, en realidad a mí no me da miedo, a mí no me puede hacer nada.
—De todos modos deberé informar a sus padres.
—No les diga... van a asustarse. Yo les diré... les diré la próxima vez que les vea. En navidad.
—Les escribirá.
—¿De qué sirve que lo sepan? —Remus suspira.
—No es una cuestión de utilidad.
—Vale, vale, les escribo —Remus suspiiiiiiiiiiiiira.
—Gracias.
Le mira y ahora piensa que quizás no debió contarle. Sirius va a regañarle y ella a Sirius y Sirius más a él en un bucle infinito de regaños.
—¿Podría... no decirle nada a Sirius, por favor?
—¡Desde luego que no! ¡Esto fue su culpa!
—No fue su culpa... por favor ¡Él solo ha sido bueno conmigo!
—Tiene que ser un poco más consciente de lo que hace.
—Profesora McGonagall... por favor. Él mismo sabía lo que hacía y cuando se dio cuenta actuó de cierta manera...
—¿Cómo actuó?
—Agobiado y arrepentido... Y podía irme en cualquier momento.
—Aun así...
—¡No le regañe! No lo regañe o no volveré a contarle nada.
—Esta no es la cuestión, ¡el señor Black debe tomar consciencia de sus actos!
—¡La tiene! Profesoraaaa, ¡por favor!
Ella le mira porque es que... no, no funciona así, esto ha sido un mal movimiento, peligroso y no hay forma en que no les reprenda por ello a ambos.
—Lamento mucho, Señor Lupin, de verdad, tener que tratarlo de un modo distinto a sus compañeros, pero...
—Pero soy distinto...
—Exacto.
—¿Qué hizo mal Sirius como para reñirle a él?
—Llevarle a su casa sin avisar a nadie y no traerle de vuelta cuando supo que había una persona potencialmente peligrosa para usted ahí.
—Sirius no me llevó, ¡yo le pedí ir! ¡Y no me trajo de vuelta porque no quise!
—Aunque lo quiera usted proteger a él.
—¿Es que por qué va a regañarle a él? —Remus se pasa las manos por el pelo—. Regáñeme a mí y castígueme a mí, fui yo quien hizo todo.
—Nada más para que sea más consciente de lo que hace en el futuro, porque obviamente no está notando la envergadura del problema.
—¡Si lo nota! ¡Está asustado y preocupado! ¡Bastante duro lo tiene ya en casa y bastante problema soy yo para él!
—¿De qué tiene miedo, señor Lupin? —le mira con cara de circunstancias.
Ahora mismo de tantas cosas que no sabe ni por dónde empezar pero decididamente no quiere que Sirius se enfade y se piense que todo esto no vale la molestia.
Sí, no creas que ella no intuye que va por ahí el problema. Remus se mira las manos.
—Bastante problema soy ya siempre para todos por las cosas que no puedo elegir...
—Es cierto, pero el señor Black debe empezar a acostumbrarse a ello también si pretende seguir haciendo cosas con usted —Ella suspira un poco.
Remus se queda en silencio con esa cierta pero arrolladora declaración y a decir verdad ahora mismo se arrepiente del todo de haber sido tan tonto y débil como siempre y buscar consuelo y... ¿qué sería? Información de Greyback, con ella.
—Escúcheme, escriba usted a sus padres... yo hablaré con el señor Black. Intentaré no castigarle por esto, pero igualmente tengo que llamarle la atención.
Remus suspira, sin mirarla, pensando que es todo esto lo más injusto del universo.
Sí, es injusto... pero es que tú... eres tú y no puedo ser ella menos dura... Porque sí es serio esto.
Y es que tampoco quiere escribir a sus padres... que van a agobiarse y a venir por él y... ellos no entendían nada. Nadie entendía nada más que Sirius. Sí, sí... es un adolescente. Y Sirius, que era el único que entendía algo, iba a enfadarse con él y con razón, por ser idiota y hacer las cosas bien.
—Lo lamento, Señor Lupin, pero no puedo hacer otra cosa.
La mira y traga saliva y es que si a alguna persona adoraba él en esta escuela, era a ella y ella, en su cabeza adolescente sobrehormonada y un poco con síndrome pre lobo, iba a traicionarle del todo.
—No vuelvo nunca a contarle nada —susurra.
—Lamento que tome esa decisión —asegura, pero es que ella no es tu amiga, Remus, ella es tu... segunda madre.
Se le llenan los ojos de lágrimas, porque Remus si es un pastelito esponjosito y frágil. Le tiembla el labio.
—¿P-Puedo retirarme?
—Señor Lupin... —aprieta los ojos porque no sabe cómo ser menos dura y sí le ablanda el corazón, maldita sea—. Sí. Y traiga al Señor Black con usted. Hablaré con ambos en vez de solo con él —propone esperando que eso sea un poco más tranquilizador.
No sé cuándo te lo va a traer... Si no se lo trae, ya les parará después de clase. Maquiavélica Minerva.
Remus de levanta pensando ahora mismo solo en ir a hacerse bolita en algún sitio y llorar desconsoladamente y a eso va directo.
¿Puede ir, por el amor de dios, a algún lugar donde Sirius le encuentre?
Remus asiente con la cabeza. Va a ir a Gryffindor seguramente, a su cama.
Menos mal. Sirius va a... tardar un rato porque no sé dónde está papando moscas con James y Peter pero acabará por ir.
De hecho va a ir a la cama de Sirius que huele a él.
Ah, más fácil entonces, tal vez le tire un montón de libros encima sin mirar mientras habla con James del asunto del baño de los prefectos. De todos modos no sé ni para que los carga porque no hace deberes nunca.
—Au...
Parpadea porque su cama no suele quejarse a pesar de toda la acción, ni nadie en su cama, obviamente. Cejas cejas.
Ahí le tienes hecho bolita. Quizás incluso dormido.
—Mira, Cornamenta. "Bestias fantásticas y donde encontrarlas" —asegura Sirius quitando los libros y echándolos a la cama de Remus.
James se ríe aunque creo que sin entender del todo.
Sirius piensa en despertarle con un beso como uno de los príncipes de los cuentos que a veces les explica y le da vergüenza, porque James está ahí y aún está un poco nervioso con el tema de la poción de amor que no era poción de amor.
—¿Por qué no vas a buscar a Evans o algo y ahora venimos?
—Ugh... —James Le mira, mira a Remus. Hace los ojos en blanco—. ¿Ese es Remus en tu cama?
—Ah, no te metas con él que es la luna esta semana —igual se ríe y hace un gesto para que se vaya.
—Ugh... ¡No hagan nada en mi cama!
—Está en la mía no seas chillón.
James se ríe y se va. Sirius ya se está quitando los zapatos y vuelve a mirar a Remus.
Míralo bien y notarás que tiene la carita pegajosa.
No se da cuenta, en realidad, vuelve a mirar a la puerta porque sí le da vergüenza hacer esto ahora.
Remus sigue ahí hecho bolita.
Cuando está un poco más seguro que no va a entrar nadieee se acerca para darle un beso.
Remus abre los ojos de golpe, sin esperárselo.
—Como la Blancanieves durmiente —anda que el lío que te traes tú con los cuentos.
—¡Sirius! —le abraza del cuello.
—Hola... —sonríe. Remus se le esconde en el cuello sin responder—. ¿Qué pasa? —se tumba con él abrazándole un poco.
—Estas aquí... —susurra y traga saliva—. Hice una cosa horrible.
—¿El qué?
—Vas a enfadarte...
—¿Yo?
—Mucho —asiente.
—¿Por?
—Porque van a regañarte...
—¿Quién? ¿Por qué?
—Fui a hablar con McGonagall...
—¿Te has chivado de algo?
Remus baja las orejas. Bueno, las bajaría si pudiera bajarlas.
—Pensé que podría decirme algo de Greyback y de por qué no hay más hombres lobo en la escuela.
—Ugh! Remus! Bloody hell!
Es que llora así de inmediato, en silencio.
—No vuelvo a contarle nada... —y ese asunto le tienen mucho más sensible de lo que quisiera admitir.
—¡Uh! ¡No llores!
—No te enfades, yo solo quería hablar con alguien más...
—¿¡Pero es que cómo le dices a ella?! ¡Va a estar echándome la bronca hasta mayo!
Remus solloza.
—¡Pero no llores!
—No pensé que fuera a decirte... le dije que no te dijera y... me dijo que te regañaría igual. Y tengo que escribir con mis padres.
—¡Pues claro que va a regañarme! ¡Si me regaña por todo! ¿A tus padres? ¿Por?
—Porque les dijo que si... conocía a un hombre lobo o algo así tenía que decirles. Le he dicho que no pero... no me ha hecho caso.
—Es que... a Minnie, de todos, ¡además!
—Yo... pensé que ella me ayudaría y... —se limpia los ojos—. No... no... no vuelvo a contarle nada.
—¿No te ayudó?
—Pues... sí. Sí me ayudó un poco... pero me metió en todos estos problemas.
—¡Al menos! ¿Qué te dijo?
—Que soy una prueba piloto...
—¿De qué?
—De hombres lobo en la escuela y que si bien lo he hecho bien hasta ahora aún puedo hacerlo mal y arruinarlo todo.
—¡Que vas a arruinar nada! —frunce el ceño.
—Todo lo voy a arruinar... Tú vas a enfadarte para siempre, ella ya no me va a querer y va a arrepentirse de que sea yo prefecto... —se sorbe los mocos.
—Nadie va a dejar de quererte, ¡no seas tonto!
Se sorbe los mocos otra vez
—Vengaaa, calma, ¿vale? Igual ella va a echarme la bronca por lo que sea. Si no es por esto otra cosa se inventará.
—Pero le pedí que no lo hiciera y le dije que lo había hecho yo y que todo era mi culpa y... —se limpia los ojos—. Me dijo que sentía tratarme distinto a los demás pero...
—Pues es que nunca te va a creer eso si yo estoy implicado.
—Pues debía creerme porque yo fui ahí y le conté cosas... cosas mías —como cuando le contaste que eras homosexual y te mandó condones frente a todos...
—¿Y?
—Pues... no sé. Me ha dicho que igual tenías que aprender... y que fuéramos los dos
a su despacho.
—¿L-Los dos?
—Me dijo que fuéramos juntos.
—¿Por?
—Pues seguro para regañarnos a ambos por ir.
—Yupi.
—Lo siento... —susurra Remus.
—Tal vez no hace falta ir ahora...
—Estoy cansado...
—Vale, vale, no pasa nada... —se acomoda más y le atrae hacia sí. Remus se le repega, acomodándose un poco.
—¿Estás muy enfadado?
—No.
Remus se queda en silencio unos segundos.
—Te quiero.
Sirius sonríe un poco y se sonroja otro poco.
—Yo a ti no mucho.
Es que puedes oírle dejar de respirar unos segundos.
—Ya, ya lo sé...y así menos. McGonagall decía que si querías seguir saliendo conmigo tenías que acostumbrarte a esto... y... —es un drama este muchacho, se le corta la voz.
—¿A qué?
—A que todo sea difícil y feo.
—No todo es difícil y feo.
—A veces siento todo como una montaña inescalable... —se limpia los ojos—. También me dijo que podíamos discutir mis opciones a futuro... que no serían muchas pero si serían algunas.
—Pues serán todas las que yo pueda pagar, eso desde luego.
Remus se sonroja un poquito.
—Perdóname por meterte en problemas con McGonagall...
—Va, olvídalo ya —suspira. Remus sonríe un poquito porque ... es que Sirius es genial. Se le acurruca.
—¿Qué hago para compensarte?
—¿Cuándo es la noche? ¿Hoy?
—Mañana —Remus niega con la cabeza.
—Entonces no te enfades si pasado mañana James y yo desaparecemos un rato.
—¿Desaparecen? ¿Para ir a dónde?
—Un asuntillo —besito. Remus le mira sin entender pero ahora... no, no puede decir que si va a molestarse, claro.
—Vale...
Sirius sonríe. Remus se acerca y le da un besito en los labios... Como Minerva vaya a buscarles...porque no se le va a desenchufar de ahí en los próximos quince minutos al menos. O más.
Sirius quería leerle un rato porque ha dicho que estaba cansado pero esto parece mejor.
Puede leerle un poco si se cansan de esto. Ajem.
Lo que puede es que Sirius quiera más que besos pronto aprovechando que James y Peter no están.
Solo no va a pasar nada más... justo. No va a pasar nada más que besos porque Remus está cansado y rarito y... en realidad, debería pasar algo más que besos, Sirius, presiona. Ahora que lo pienso mejor porque no quieres que llegue a mañana en la noche con ganitas porque a ver cómo te quitas de encima al lobo.
Pero eso iba a hacerlo mañana por la mañana o al mediodía.
Sirius organizando la sexualidad de Remus Lupin.
Pues es que sabe que le van a dar ganas de nuevo de aquí a mañana, a él le dan.
Puedes volver a intentarlo mañana también.
Seguramente lo hará.
No se va a quejar, la verdad. De hecho ahora mismo está considerablemente más tranquilo otra vez. Gracias, Sirius.
¿Veees? Tienes que ir con él, no con la robahombres pelandusca corazón negro y peludo.
Quizás tengas razón... Remus tan enfadado con Minerva.
