Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada, Chimaki Kuori y Toei Animation.
Julián fue cien porciento honesto con su representante, Kanon, Erda y el resto del grupo, incluyendo Sorrento y Alicia, quienes también tenían su argolla de matrimonio.
Había conocido a Saori en la penúltima presentación, se había acostado con ella esa primera noche y la siguiente. No pensó verla en la noche de despedida, pero no se quejó; entró en el baño de chicas del club nocturno en el que estaban con ella y después de eso la memoria de Julián hacía un corte preciso, lo siguiente que recordaba era despertar desnudo con ella a su lado y el anillo en su dedo.
Sorrento y Alicia no estaban en mejores condiciones, ella ni siquiera recordaba cómo habían llegado a Las Vegas.
Mime sabía que Saori había llegado a la fiesta por su hermana, Artemisa, a la que él había invitado.
— Conocí a Artemisa en Los Ángeles y le dije que tendríamos una presentación exclusiva en un hotel aquí y si ella podía, le dije que nos alcanzara en la fiesta de despedida, nos fuimos temprano, de haber sabido te habría sugerido un trío.
Erda había golpeado al pelirrojo en la cabeza, otra de sus reglas era nada de comentarios de esa clase frente a ella.
La nueva esposa de Julián los acompañaría el resto de la gira, que apenas iniciaba, Kanon no conoció a esa chica ese día, estaba más ocupado en otros temas.
Era su último día en Estados Unidos, su última tarde. A Erda sólo la habían contratado para esa parte de la gira.
Después de la reunión de emergencia en la habitación de Kanon, sólo se quedaron él y ella. Estuvieron en silencio varios minutos, Kanon se preguntaba si ella consideraba que la noche anterior fue un error.
Erda se acercó a él y lo abrazó, con fuerza, por varios minutos. Él tuvo un deja vú, recordó a otra chica abrazándolo, un poco más alta, con olor a fresas. Se permitió abrazarla de vuelta, con fuerza, inhaló su perfume, lilas. Erda olía a flores.
Quiso separarse pero ella lo agarró del rostro y lo besó, con fuerza, ímpetu, con devoción. Kanon se dejó hacer, como siempre, abrió la boca y permitió que ella le metiera la lengua, por un segundo se preguntó si la chica con olor a fresas lo habría besado igual.
— Creo que podría estar enamorada de ti — le susurró la castaña sobre los labios, levantando la mirada para verlo a los ojos.
Nunca le habían dicho que lo amaban.
Kanon corrió con Baian, le suplicó que la llevaran con ellos.
— ¿La quieres Kanon? ¿De verdad la quieres?
La quería, pero no estaba enamorado, aún así creía que podría estarlo. Ella le ayudaría a quitar su lento agonizar.
