Bueno, como no pasa nada, alguien va a golpear la puerta de la enfermería. Haciendo que Poppy de un enorme salto.
—Sí? —pregunta levantándose, nerviosa
—¿Poppy? ¿Estás ocupada? —oh, sí, es él.
Poppy se tapa la boca y se SONROJA, poniéndose tremendamente nerviosa.
—Oh... prometo que no he hecho más muñecos —Minerva levanta las manos inocente pero sonriendo un poco.
—¡U-Un minuto! —Aprieta los ojos ella.
—Ah... vale, me espero. Vale. Lo siento —se disculpa Archivald en la puerta. Poppy las mira.
Minerva le sonríe sirviéndose más té, cínicamente. Como gesto de que no planea irse.
—¡No! ¿¡Que... qué haces?! ¡Tienes que irte!
—Ah, ¿sí? ¿Esto es... privado?
—E-Es... No. O sea... Sí. E-Es... ¡Ugh! ¡No hagan nada raro!
Risita de Minerva. Pomona sigue sentada junto a Minerva también con ningún tipo de intención de moverse.
—¡Él... tiene esposa! ¿Me oyen?—susurra Poppy—. Y trabaja aquí y no quiero que me echen.
—¿Qué vas a hacer que piensas que van a echarte?
—¡Nada! Esto es un malentendido... Bloody hell! Solo no sean cabronas, ¿quieren?
—Tú eres la que está histérica.
—N-No estoy histérica. ¡Solo no sean cabronas! Es una petición lógica.
—Sí lo estás, no nos pedirías esto si fuera otro.
—Claro que no.
—Además lo admite... —se burla Pomona
—De todos modos relájate por los despidos, de algo sirve que yo sea prácticamente la directora de esta escuela —otra vez, Minerva, eso que te has servido no era té.
—Voy a recordarte este momento para siempre... —asegura Pomona a Minerva por admitirlo, riendo.
Poppy... se peina un poco sin hacerles demasiado caso y ahí va a golpear otra vez el histeriquito. Poppy abre la puerta.
—A-Archivald. Hola.
—Ah... ehm... hola. No, que te iba a decir que si estás ocupada puedo venir en otro momento... es decir, no me duele nada ni nada.
—N-No, no estoy ocupada realmente, estaba tomando el té... pasa.
—Vaya, nada de jugar a médicos entonces —susurra Minerva para Pomona que... se ríe jijiji
—Oh, ¡Hola! —saluda Archivald a Pomona y Minerva y luego se vuelve a Poppy—. ¿Prefieres que me vaya o...?
—No, no... No pasa nada. ¿Quieres té?
—Sí, claro, muchas gracias... —se acerca a la mesa—. Señoritas... si me permiten unirme...
Minerva de hecho ya está transfigurando una cuña en una silla para él. ¿En serio, Minerva? Una cuña... de todo lo que hay en la enfermería.
¿Qué es una cuña para ti?
Lo que usan los enfermos para hacer caca sin levantarse de la cama. Me parece que se llama silleta la de la caca y pato la de mear para los hombres. Igualmente, eres una guarra Minerva
Pues podría haberla transfigurado en la taza de te. ¡Además está limpia!
Vale, vale... Archie agradece de todos modos el detalle, tomando asiento.
Pomona le sonríe un poco, intentando pensar en qué preguntarle que no sea... políticamente incorrecto.
—Ehm... ¿té?
—Sí, gracias. Ehm... ¿Y cómo estáis?
—Ehm... ella es Minerva y Pomona —las presenta Poppy por si las dudas. Él se ríe un poco.
—Sí, ya lo sé, gracias de todos modos. Yo soy Archivald, por si os habéis olvidado de mí.
—Oh, no te preocupes querido, con lo que se llega a oír sobre ti últimamente es imposible olvidarse de quién eres —responde Minerva.
—Con lo que habla Poppy de ti... —susurra Pomona.
—¿Eh? ¿Qué quieres decir? —pregunta él.
—Ehm... me refiero a que... ehm... ¿quieres whiskey en el té?
—¡Pomona! —protesta Poppy fulminándola
—Se refiere a por tu reciente mudanza al castillo, es un tema que no ha dejado a nadie indiferente. ¿Cómo te adaptas? —sigue Minerva.
—Ah... no, no gracias. Muy bien en algunos aspectos, pensaba que sería más difícil —asegura él. Poppy le mira de reojo, tensa como la cuerda de un violín.
—Oh, ¿sí? ¿En qué aspectos lo pensabas? —pregunta Pomona.
—Bueno, lo que más me está costando es adaptarme a los nuevos horarios y a no hacer nada en todo el día... Seguro voy a empezar a engordar pronto con los banquetes que hacéis como no empiece a correr en las mañanas o algo.
Poppy se ríe con eso, bajito.
—Como engordes, vas a vértelas conmigo, ¿eh?
—Oh, cielos, ¡que peligro! ¿Me vas a poner una tabla de ejercicios? —pregunta sonriéndole. Poppy se sonroja bastante más, pero igual le sostiene la mirada.
—Quizás sí... unos complicados.
—¿Para hacerlos todos los días? —inclina un poco la cabeza.
—Varias veces al día.
—Oh... voy a necesitar mucha ayuda entonces —se humedece los labios.
—Más de la que crees —Poppy le sonríe un poco y se ríe. Pomona mira a Minerva de reojo que está un poco con la boca abierta porque no había notado como interactuaban. ¿Siempre ha sido esto así o es solo ahora por culpa de la... sugestión?
Pomona, con la cara de Minerva, confirma que no es que ella esté loca...
—Ehm... menos mal que hay hechizos para ello —suelta Minerva pensando en esos que ha aprendido Albus solo por si acaso.
Poppy es que hasta da un saltito y se mira las manos. Se había olvidado de que estaba ahí.
—¿Eh? —Archie parpadea sin haber entendido eso porque... estaba jugando un poco a los doble sentidos.
Sí, de hecho, Poppy estaba también en ese asunto.
—Min! —se queja igual Poppy.
—Minerva —corrige, de todos modos en un tono de voz bastante sorprendido.
—¡U-Ugh!
—Y de todos modos no sé qué haces riñéndome a mí —responde ella.
—Le estaba riñendo a él también por no ejercitarse.
—Lo que me parece que voy a tener que tomar muy en serio —responde él.
—¿Ves? —responde a Minerva mirándole a él de reojo y sonrojándose
Ella le mira a él también con cierta mirada dura.
—De hecho... no estaría mal que todos hiciéramos más ejercicio —agrega Pomona.
—Sí, bueno... —Minerva poco convencida.
—Ya, ya... seguro que sí. Y debe ser difícil repentinamente no trabajar y estar aquí en la escuela y eso —sigue Poppy con la idea.
—Lo es —asiente él prefiriendo cambiar de tema y huir de la mirada penetrante de la profesora de transfiguraciones—. Por eso acabo metido en fiestas del té ajenas.
Poppy se ríe y él le sonríe a ella.
—Bueno, vamos a decir que ahora eres parte de esta escuela... como las gárgolas, así que no es una fiesta del té del todo ajena.
—De todos los elementos arquitectónicos, ese es mi favorito para ser comparado sin duda.
—El parecido es indudable —Poppy se ríe.
—Cielos, creo que nunca me habían llamado feo con tanta clase, voy a tener que agradecer incluso.
Poppy se ríe más.
—¡Estoy bromeando! —se sonroja porque le parece todo menos feo.
—No, no... Ha quedado súper claro... —él también se ríe.
—Vale, una armadura voy a ocupar de ejemplo entonces... no una gárgola.
—Está bien, fingiremos que eso suena mejor.
—Te estás tomando esto demasiado mal... —Poppy se ríe un poco más.
—Para ti es fácil, claro, yo soy un encanto contigo.
La risita de Poppy, bastante suave. Archivald también está sonriendo, así que...
—No voy a decir que no, pero ese es otro asunto.
—Bueno, por lo menos parece que me tienen en buena consideración en ese aspecto.
—No solo en ese, no seas dramático.
Archivald se ríe.
—Bueno... ¿y vosotras qué?
—Ellas dos... me estaban contando de sus novios.
—Oh, ¿las dos? Muy bien ¿no?
—Pues... —Poppy se sonroja y se encoge de hombros.
—Hace poco —responde Minerva, incomoda.
—Minerva está con Albus Dumbledore —explica Poppy.
¡La cara! Primero que se sonroja de muerte y se le abre la boca como si tuviera que meterse ahí toda la tetera y la mesa y la enfermería y el castillo.
—¡Ah! ¿En serio? ¿Albus... Albus? O sea... ¿nuestro Albus Dumbledore? —pregunta Archivald antes de que resulte que... tiene un hijo llamado como él o quizás un nieto, a juzgar por la edad de Minerva.
—Sí, su Albus Dumbledore.
—Oh, está bien, ehm... supongo que... bueno, por lo menos así seguro tienes una posición importante en la escuela —no tiene ni idea de qué podría ver Minerva en él a parte de la posibilidad de ascender.
—¿Qué? —toda la vergüenza de Minerva convertida en indignación en solo una frase.
—No, no... Espera. Ella es importante aquí desde siempre —asegura Poppy.
—L-Lo siento, no... No era mi intención ofenderte ni quiero decir que no pudieras conseguirlo por méritos propios.
—Nah, MInerva no consiguió esto por tirarse a Albus —sentencia Pomona.
—Está bien, está bien —levanta las manos—. He sido poco sensible, lo lamento.
—No pasa nada, al final Pomona también la molesta con ello —explica Poppy sonriendo y poniéndole una mano sobre la suya un segundo.
—Ella también debería pedir disculpas —responde Minerva.
—¡Yo estoy jugando cuando se lo digo!
—Aunque me molesta igual.
—Ya, ya...
—Bueno, seguro él está muy contento con todo esto —asegura Archivald. Poppy mira a Minerva a ver que responde.
—Sí —sentencia medio orgullosa de ello de hecho, tomando más Whiskey.
—Es... bueno, es como algo que aunque sea nuevo viene de mucho tiempo atrás —le explica Pomona.
—¿De mucho tiempo? —pregunta él.
—De cómo... toda la vida que llevan así entre que salen y no —complementa Poppy porque en esta escuela no hay suficiente chisme aún.
—¡No es verdad! —protesta Minerva.
—¡Hombre, claro que sí! —Poppy se gira y mira a Archie. Asiente y se lleva el dedo a los labios notoriamente—. Luego te cuento.
—Oh —él asiente.
—¡No! —protesta Minerva y Poppy la mira de reojo.
—Venga ya, ¿ahora no podemos hablar de ti?
—No, no podéis.
—Podemos como tu seguro hablarás de nosotros con Albus —protesta Poppy.
—Claro que no lo hago.
—No te creo. Es el bloody director de la escuela, no te creo que no tenga ningún interés en nosotros.
—Sí que lo tiene, pero no en esta línea como vosotros habláis.
—¿En qué línea entonces? —pregunta Pomona
—Uno mucho menos personal
—¿Y más profesional? Ugh... no sé, se me hace raro de Albus —valora la Hufflepuff.
—Pues lo es.
Pomona suspira y niega con la cabeza, sonriendo.
—En resumen, somos una escuela normal, solo Minerva aquí no está interesada en ciertos chismes.
—¡Nadie lo está más que vosotras!
—Venga ya... dejemos de martirizar a Minerva —Poppy se ríe un poco.
—Gracias.
—Bueno, es que al salir con alguien conocido... es normal, ¿no? ¿Con quién sales tú, Pomona? —pregunta Archivald.
—Oh... con un chico francés —la sonrisita—. Vende materiales para el invernadero.
—Oh, dicen que son...
—¿Que son...?
—Muy buenos amantes los franceses.
—Tienen sus cosas, sin duda —asegura Pomona sonrojándose y riendo.
—No lo es, es demasiado impulsivo —alguien ha bebido bastante...
—¡Minerva! —protesta Pomona.
—¡Pues tú eres la que lo ha dicho!
—¡A ustedes!
—Pues si todos saben que Albus es viejo no veo porque no iban a saber esto.
—Bloody hell, lo que se ve no se pregunta... ¡pero esto no se ve!
—No veo porqué alguien debería pensar en todas las gracias de tu príncipe de la caca, solo porque se ven a simple vista y de mi pensar que solo estoy buscando una mejor posición en la escuela porque las de Albus no se ven.
La boca de Pomona.
—Deja de llamarle así, ¡y no se las ven porque tiene menos! Esa no es mi culpa.
—¡Desde luego que NO tiene menos!
—Si te refieres a ser más listo y esas cosas pues... vale —Hace los ojos en blanco—. Que sea un poco más listo no le da nada más que eso.
—No hablo solo de su inteligencia obviamente más que superior. Hablo de poder, pero claro, que vas a saber tú.
—¿Cómo que qué voy a saber yo? —Pomona frunce el ceño y la mira con fiereza.
—Sí, qué vas a saber tú si lo único que ves es un anciano y nunca has entendido nada ni has sido capaz de ver más allá de eso.
—¡Maldita sea, Minerva! Eso es total mentira y lo sabes.
—No es mentira, ¿crees que soy tonta?
—Ahora mismo, SÍ. Si yo soy la primera en querer que te líes con él desde hace DÉCADAS.
—Solo porque es lo que yo quiero, pero no entiendes PORQUÉ lo quiero!
—Me parece TREMENDO que me estés reclamando que quiera que te líes con alguien a quien quieres.
—No te reclamo eso, te reclamo que tú igual que todos, no eres capaz de valorarlo.
—Lo que no encuentro es como verlo atractivo. Y tú sí. ¡Son gustos!
—Y sin embargo yo no puedo decirte que no encuentro atractivo al rey de los desechos porque me parece idiota y simple y eso está mal. Pero tú si puedes tener "gustos"
—¡Como jodes con eso, tú tan lista y Albus tan listo! —Pomona frunce el ceño con eso.
Poppy aprieta los ojos.
—¡Y tú con que él es tan joven! —se devuelve Minerva.
—¡No es lo mismo llamarle idiota ni el bloody rey de los desechos que llamarle viejo! ¡Todos vamos a ser viejos! —se queja Pomona.
Ojos en blanco.
—Sí, ya, claro. Como si supiera que no piensas eso aunque ahora digas estas cosas.
—Dumbledore es mi jefe, y sabes... joder, ¡Minerva! –Pomona hace aspavientos porque... es que ella si admira a Albus, aunque sea un viejo—. ¡Pues me da igual que pienses que es un idiota y que YO soy una idiota!
Poppy piensa que para darle igual está pegando unos gritos... mira a Archivald de reojo que la mira también, bastante incómodo, pensando que tal vez es un poco pronto para ir las dos con el alcohol tan subido.
—Pues a mí me importa una mierda que pienses que somos unos aburridos porque lo que ves es lo que hay. Porque no lo es —saca la varita y le hace a Pomona el... hechizo. Y bastante intensito—. ¿Sientes eso? Pues puede estar así durante HORAS. Y con bastante BASTANTE MÁS poder e intensidad.
El JADEO de Pomona. Que pone a Archivald aún más en guardia... y más incómodo, la verdad.
—Así que más vale... MÁS OS VALE A TODOS que os quitéis de la cabeza cualquier idea relacionada con la falta de vigor o de ímpetu. Porque los magos adultos de este calibre sabemos bien como cubrir carencias —aún sigue con Pomona... hechizada.
—Bloody hell! —susurra Pomona y vas a hacer que... termine si sigues así!
—Así que... respondiendo también a su pregunta, Señor Babbling, no. No me acuesto con él por méritos académicos si no por lo mismo que USTED querría acostarse con Poppy Pomfrey.
—¿¡Q-Que?!
La cara de Archivald, la verdad, es un poema. Creo que ni se atreve a mirar a Poppy.
—¡Minerva!
Minerva no para con Pomona, creo que sí quiere hacerla acabar por darle una lección y Archivald, la verdad, no podría estar más incómodo.
—P-Para... M-Miner... vaaaah?
—Lo siento... —Poppy aprieta los ojos y mira a Archivald que carraspea, muy interesado en su tacita de té. Niega un poco con la cabeza para indicar que está bien, no pasa nada.
—No hasta que admitas que no es aburrido —protesta Minerva a Pomona.
—P-Pero... p-Para! —Pomona aprieta las piernas.
—¡Dilo!
Pomona resiste un poco más, apretando los ojos. Seguro Minerva puede subir un poco más la intensidad. En serio, no sé porque la dejáis beber tanto. Tal vez ahora sí es un buen momento para que Albus venga por ella.
—N-No... ugh... no... e-es... —es que va a terminar, ni quiere que pare.
—Holaaa? —saluda Albus desde la puerta.
—Por Merlín —susurra Archivald que esto no está siendo precisamente poco estimulante. Ajem.
Eso, te perdiste el bloody té en el techo y vienes ahora diciendo "Holaaa"! (Profesor Dumbledore, controle a su prefecta)
Gott sei danke, ese holaaa es suficiente para hacer parar a Minerva y también sonrojarla de muerte porque ELLA NO HABLABA DE ÉL.
—¿Cómo es que tienen una reunión sin mí?
—Tenemos reuniones sin ti constantemente, ¡no es como si tú fueras alguien tan importante aquí! —le suelta Minerva porque está súper nerviosa—. Y de todos modos se ha terminado —se levanta.
—Oh, ¡pero si acabo de llegar! —tan sonriente.
—Precisamente —se va a la puerta a buscarle para llevárselo.
Pomona es que... ¡Joder! ¡Termina tu trabajo, MALDITA MINERVA!
No, no... ahora ya... Si ya está aquí Dumbledore pierde cualquier referencia. Aunque bueno, me parece que nunca esperaste que te hiciera eso una mujer. La verdad, ella tampoco pensaba nunca que lo haría a una. Veras con qué cara viene mañana cuando se dé cuenta de lo que ha hecho a pedirte disculpas
Pomona gime un poco, sinceramente.
Un aplauso por tu aguante, Pomona, eso sí, se nota que ayer quedaste saciada.
¡Ugh!
De todos modos, Minerva ni sabe, tira del brazo de Albus hacia fuera de la enfermería
—¿Está todo bien? —pregunta Albus un segundo después de despedirse de los demás con la mano.
—No. Digo... sí. Ahora sí. Solo necesitaban una lección.
—¿Una lección por?
—Un punto concreto no estaba lo bastante claro. Ahora sí lo está.
—¿Pomona va a estar bien? Se sentía mucha magia en el ambiente y... —ehm, su cara... Le pone una mano sobre la suya.
—Sí, ella puede terminar eso sola —el cinismo. Palmaditas sobre su mano, solo es así porque aun lleva todo el alcohol encima.
—Estaba Archivald también... ¿por qué no me invitan a estas reuniones?
—Porque nos las pasamos hablando de ti.
—Anda, ¿de mí? ¿Y eso por?
—Es culpa de Poppy y Pomona. Sobre todo de Pomona.
—¡Oh! ¿Te han preguntado de nosotros?
—Sí.
—¿Les has contado cosas buenas o me has puesto verde?
—Obviamente... ambas.
—¡Ambas! ¿Qué has dicho malo?
—No te lo voy a contar.
—Ah ¿no? ¿Ni aunque sea muy persuasivo? Porque puedo serlo.
—Ah, ¿sí? —Sonríe un poco con eso
—¿Lo dudas? Estás trabajando aquí y no en el ministerio, ¿no? —se detiene un poco—. Además últimamente he aprendido nuevas técnicas.
Ella le mira de reojo él le sonríe.
—¿O no te parece?
—No sé de qué hablas.
—Venga, ¡cuéntame! —Albus se ríe.
—¿Contarte qué?
—Qué cosas horribles has dicho de mí... "Albus es un niño."
Se sonroja porque sí ha dicho eso.
—Se porta peor que todos los alumnos juntos.
—Todo eso ya lo saben.
—Ah, ¿les has dicho cosas que no sabían? —levanta las cejas.
—N-No.
—Minerva McGonagall —se detiene en seco, ella se sonrooooooja bajando la cabeza.
Albus se le acerca un poco y le da un besito en la mejilla. Ella le deja, cerrando un poco los ojos
—Me interesan más las cosas buenas que haya dicho, profesora.
—Esas menos te las voy a decir.
—Anda, ¿pero por qué no?
Sonríe sonrojadita.
—Yo te puedo decir las cosas buenas que he estado hablando de ti. Hacemos un trueque.
—¿Has estado hablando de mí? ¿Con quién?
Albus sonríe y la abraza de la cintura. Se deja, apoyándose un poco sobre él (ella con menos problemas)
—Así que tú si puedes hablar de mi pero yo no de ti.
—No he dicho que no puedas, he preguntado con quién.
—Con mis fantasmas —sonríe un poco más.
Ella parpadea un poco con eso
—No he hablado con nadie... ¡si nadie me invita a tomar el té!
—¡No vamos a invitarte a una fiesta de té si vamos a hablar de ti!
—Igualmente necesito saber que has dicho.
—¿Por?
—Es Indispensable.
—¡No lo es!
—Por supuesto que lo es —se estira un poco y se sonroja levemente.
Minerva le mira de reojo y es que... aún no le sale esto bien y natural.
—L-Lo es —se ríe un poco—. Absolutamente indispensable.
—No me está dando ni un solo motivo racional, profesor Dumbledore.
—Me da mucha curiosidad, ese es un motivo de peso. Y lo merezco.
—Pero si ya lo sabes —aprieta los ojos.
—Pero me gusta oír que estas contenta... espero
Se sonroja otra vez y no lo niega.
—Y es bueno saber las cosas de las que te quejas con tus amigas! Y con... Archivald Babbling.
—Archivald no estaba invitado, se ha auto invitado solo porque le gusta Poppy.
—¿Archivald... el esposo de Batsheda?
—Sí. Archivald Babbling. Le salió Poppy en el sombrero.
—¡Ohh! ¡Vaya! Sabía que ella no estaba muy feliz últimamente, pero de ahí a que...
—¿Lo sabías? Bueno, pelean constantemente.
—Me ha comentado los retos que implicaba que viniera a vivir aquí, pero no sabía que peleaban y mucho menos que él tuviera otros intereses...
—Pues deberías verle hablando con Poppy, no podría ser más evidente.
—Hmm... —frunce un poco el ceño, pensando—. ¿Qué dice Poppy?
—A ella también le gusta, desde luego.
—Lo imagino... si salió en el sombrero. Mi sombrero no se equivoca.
Oooojos en blanco.
—De hecho pregunta si no podría el sombrero cambiar de opinión.
—Podría elegir a alguien distinto si... por ejemplo, en tu caso. Si nadie hubiera puesto mi papel podría haberte salido Filius... hasta que alguien metiera mi papel.
—Pensé que eso no era posible, que por eso a algunos les había tardado más en llegar —le mira de reojo. Él la mira y sonríe un poco.
—¿Aún crees que puede salirte alguien distinto? ¿Si metemos el nombre de Mefistófeles quizás? —sonríe de lado.
—En vista de lo que cuentas ahora... a lo mejor.
—Hmm... —las cejas levantadas. Ella no le mira, desde luego
—No creo... —Se le acerca un poco más, y le pone la nariz en la mejilla.
Minerva parpadea un poco y cierra los ojos, girando poco la cara hacia él para buscarle. No se quita, claro, de hecho se mueve un poco buscándola también, medio cerrando los ojos. Pensando en la persuasión.
Ella... no tiene pensamientos tan elaborados. Al menos ahora. Esta pensando en besarle y ya.
Levanta una mano y ahí va el pelo a soltársele a ella y una vez más ahí van los besos a la mitad del pasillo.
Ugh, ¡no deberíais hacer esto! ¡Utiliza le maldito hechizo de invisibilidad!
Le recarga un poco contra la pared y la encierra un poco ahí, recargando las manos una a cada lado de ella porque Albus baila y baila.
Minerva le toma de la mandíbula dejándole, por lo menos eso la esconde un poco, aunque de nuevo la túnica con lunas y estrellas...
Es como un letrero con focos y flechas. Maldita sea, se lo ha dicho desde SIEMPRE.
Aun así, él se acerca bastante y sonríe con ojos bastante juguetones... pero aún no la besa.
¡¿Como que no?! ¡Ella sí!
Si ella sí le besa entonces no pasa nada, la besa a ella de vuelta obviamente.
¡Ja! Vencido en persuasión
¡No! Es que con besos no vale.
Pues con qué si no.
¡Hablando! Creo que le transfigura el pasillo, de un pasillo normal a uno con flores colgando... y las mariposas y pajaritos.
Ah, sí. Seguro pueden hacer eso luego. Cuando se le acabe la bomba de estrógenos y alcohol a Minerva. Que discreto.
Puede pasar Severus Snape como máximo exponente de la amargura y sensatez por el pasillo del amor a ver si contrarresta.
Severus Snape refunfuñando. Maldita sea con esta escuela, ¿qué ocurre?
Lo peor es que Minerva estaría de acuerdo si estuviera viendo todo eso.
Es RIDÍCULA. Seguro es un alumno de séptimo. El imbécil de Sirius Black o algo así, ¡como sea James Potter el ridículo que está haciendo esto en los pasillos! Va a bajarle cincuenta puntos al responsable de esto... que aún no sabe quién es.
Ah. A lo mejor es Lily la que lo haceeee.
Maldita sea... empieza a decir "cincuenta puntos menos para..."
Chan chan chaaaan. Anda, quítale puntos a Gryffindor.
—¿¡P-Para... G-Gryffindor?! Oh ¡por Merlín!
No sé si Minerva realmente oiga... ¿Aunque podrías todos dejar de quitarle punto a Gryffindor debido a ellos dos?
Gracias, Sirius.
¡Pues es que! ¡Con lo que cuesta ganarlos!
—De hecho... merecerían doscientos puntos menos. ¡Esto es pésimo ejemplo!
—Vete a hacer mayonesa, Snivellus —protesta Sirius.
—¿¡Que haces aquí?!
—¡Pedir que no bajes puntos a Gryffindor!
—¡Pues lo merecen! ¡Son Gryffindor los dos! —Se los va a seguir bajando hasta el último día que pueda.
—Otra vez eeeeese asunto.
—¡Pues es que son un par de indecentes!
—Nah, eres tú que eres un amargado.
—¡Que no!
—Claro que sí.
—Quinientos puntos menos para Gryffindor.
—¡Ugh! ¡No seas idiota! Se los vamos a bajar a Slytherin por tocacojones y feos.
—¡Nooo!
—Oh, sí.
—O sea es el director y la subdire ahí besuqueándose EN EL PASILLO ridículamente con maripositas.
—¿Y? Bueno, sí, pero a nadie se le bajan puntos por ridiculez. A no ser que sea Sly.
—Sí se les bajan a ellos por ridículos.
—A ti, ¡por pesado!
—Tú no puedes bajar nada.
—¡Pero tengo influencias!
—¿¡Cuáles?!
—Pues... Remus.
—¡Remus es decente!
—E influneciable.
—¡No!
—Claro que sí y más ahora que está todo sensiiiible.
Ahora mismo está siendo un lobo.
¡Aun no! ¿Ya es de noche? ¡Maldita sea! Sale corriendo a por él.
Severus les odia a todos y hace un hechizo para separar a Albus y a Minerva antes de salir corriendo también.
De todos modos, a ver como detienes a los otros dos... Oh.
Así. Y si sabe hacer el hechizo. Pregúntale a James que seguramente se lo hizo hasta el día que se casó.
Vas a llevarte un hechizo de los incómodos a la próxima clase de Transfiguraciones, serpiente y no sabrás si ha sido Sirius Black.
Bloody hell.
Por lo pronto, Minerva se queda besando el aire
Ven?! Para que aprendan lo terriblemente frustrante que es. Albus hace... cierta magia frustrada y estirando un poco los brazos hacia ella y atrayéndola hacia si a base de magia
Ah, pues ala ahí vuelve sobre él.
Va a volver con FUERZA, porque lo ha hecho con tremenda frustración. O sea, que igual hasta se lleva un cabezazo.
¡Ugh! ¡Como tengan que ir a enfermería otra vez por tu culpa!
Espero que no... solo es un cabezazo. Igual y a Albus le sale sangre de la nariz, no a ti.
¡Ala! ¡Pues claro que lo va a llevar a la enfermería!
—¡No es necesario!
—¡Estás sangrando!
—No estoy sangrando... —asegura él... sangrando. Se dirige la varita a la cara—. Ahora intentaré arreglarlo.
—No, no —intenta que baje la mano temiendo que se haga peor por no verse.
Albus aprieta los ojos y baja la varita.
—Vamos con Poppy. Por favor
—No necesitamos ir con Poppy.
—Te he dado fuerte, tengo la cabeza dura.
—No ha sido para tanto... —se ríe un poco.
—Y tú ya tienes la nariz bastante torcida.
—¡No exageres!
Minerva sonríe un poco de lado.
—Quizás con este golpe me la has enderezado... —bromea un poco igual
—No, no parece. ¡Venga! ¡No seas niño!
—No es que sea niño —hace un mohín.
—Ah, ¿no?
—Pero no voy a ir —sigue sangrando, lo aclaro.
—Claro que vas a ir, si ni siquiera se te ha cortado la hemorragia.
—Vamos a mi despacho —niega con la cabeza.
—Albuuuus.
—Anda que estoy bien, ahora me lo arreglo —más cabezota que él... no hay—. Tenemos que ir al burdel.
—No, venga, vamos un momento y luego vamos
—No va a ser un momento.
—Claro que sí.
—Va a decirme que guarde reposo y no haga nada... Si es que no quiere que pase la noche ahí.
—Claro que no.
—Yo podría arreglarlo... —se recarga un poco en la pared y cambia el pañuelo de posición, que ya está bastante lleno de sangre —. Por cierto, ¡has estado bebiendo!
—¡Vamos!
Llévalo a rastras. Sí, lo toma de la mano, tirando.
—Seguro Poppy está ocupada.
—Seguro, pero esto es trabajo.
—No lo eeees, estoy bien —se deja tirar igual.
—No lo estás.
—Solo porque no me dejas parar la hemorragia con magia.
—Porque no te ves.
—Ugh! Házmelo tú.
—A ver —se muerde un poco el labio.
Una mariposa se le para a Minerva encima, y es que siguen en el pasillo con flores, pese al golpe.
Sacude la cabeza para que se vaya sin pensar en lo que es
Albus cierra los ojos y espera que le arregles. Lo hace, un poco burdamente porque no es lo que mejor se le da y está nerviosa... y la verdad, prefiere que Poppy no pregunte como ha sido.
Y el asunto es que lo burdo, duele. Albus se queja un poco.
—¡Lo siento, lo siento, lo siento!
Albus aún se queda con los ojos cerrados un par de segundos, porque aún le escuece.
—G-Gracias
—¡Si hubieras dejado que te llevara con Poppy no te hubiera hecho daño!
—¿Aún tengo nariz? —bromea.
—Sí, pero es una zanahoria.
—Será más bonita que la mía torcida.
—No... —susurra. Abre un ojo y es que... Minerva es bastante dulce. Ella se sonroja
—Será más sabrosa al menos —la abraza otra vez. Ella se esconde—. Eres muy dulce conmigo, más de lo que es nadie... y seguramente más de lo que merezco.
—¡Cállate!
—¡He de ser dulce yo también!
—¡No!
—¿No? —se ríe.
—No así.
—¿De qué manera entonces?
—No lo sé, otra... —una que no me dé vergüenza, piensa para si.
—Una mejor manera de ser dulce contigo —le acaricia la mejilla y sonríe.
—Sí.
—Hacer lo que quieras es ser dulce contigo.
—Sí.
—Entonces hagamos lo que quieras. Ya puedes...
—¿Eh?
—Que si ya ha... terminado tu ciclo menstrual.
—¡No! Albus, ¡son varios días!
—Oh, que mal...
—Pues siempre es así.
—Entonces... No es eso lo que quieres...
—¿Tú eres quien quiere?
—¿Yo? Nah, no del todo. Yo lo que quiero es ir al burdel.
Aprieta los ojos. Tal vez debería hacer eso antes de que vayan a... ¡Ese lugar infame!
—¿Tú qué quieres?
—Es que me da vergüenza —susurra.
—¿Lo que quieres te da vergüenza? No entiendo por qué te da vergüenza algo que tenga que ver conmigo.
—Porque tú quieres...
—¿Yo quiero que te de vergüenza? ¡No!
—¡No! ¡Quieres que lo haga!
—¿Yo? Yo quiero que hagas lo qué haces que te gusta.
—¿Qué?
—Que quiero darte gusto.
—Waaah! —susurra y se esconde porque es que suena fatal... y muy bien a la vez.
—Ya quería yo hacerlo ayer y no me dejas... ya sé que quieres —le acaricia la espalda.
—¡No quiero!
Él se ríe porque en realidad que proteste es bastante encantador.
—¡No te burles!
—No lo hago, es que... me gusta esto.
—¿Sí?
—Sí.
Minerva sonríe un poquito.
—Aunque te de vergüenza estar conmigo, me gusta que aun así, lo soportes.
—¡No me da vergüenza estar contigo!
Él se ríe.
—Vale... —sonríe y suspira, sabiendo que no es verdad.
—¡No me crees!
—No he dicho que no lo haga —se ríe.
—¡Conozco ese tono de voz!
—Esto pasa cuando me conoces casi desde que caminas... —Cierra los ojos y suelta una risa.
—Desde antes, por lo que me has contado.
—Eso es —se ríe otra vez. Minerva niega con la cabeza desaprobatoriamente pero sonríe un poco. Él le hace un cariño en la mejilla—. Gracias.
—¿Aunque no me creas?
—Gracias por aguantarme, sé que no es fácil —sonríe y suspira.
Ella suspira también.
—¿Ves? ¡Esos suspiros!
—¿Y qué quieres que haga?
—Que me digas que es verdad, que soy imposible pero tú me aprecias y me soportas como soy.
—¡Pues ya lo sabes que es así!
—Tu suspiró me hace pensar que es un poco peor de lo que pienso —se ríe.
—¡Ugh! ¡Además tendré que decir que no!
—Todo es parte de un plan —se ríe otra vez.
—Uno terrible.
—Terrible bueno—agrega recargándose un poco en la pared cuando nota que... cielos, todo el pasillo esta extrañamente transfigurado en un... pasillo con flores colgando del techo.
—No creo que sea bueno realmente —mira de reojo el pasillo y parpadea
—¿Cuándo has hecho esto,
—¿Y-Yo?
—¿¡No?!
—No, ¡has sido tú!
—Oh... bueno, ha quedado muy bien...
—Un poco floreado.
—Poco... esto debe ser tu culpa —se ríe.
—¿Mi culpa?
—¿De quién más si no?... No recuerdo haber transfigurado paredes en plantas solo porque sí.
—Me extraña que no sean lunas y estrellas... —cambia el peso de pie. Albus la mira por encima de las gafas.
—Otra vez ese innecesario ataque a mis lunas y estrellas.
—Nunca son innecesarios.
—¿Qué te han hecho mis lunas y estrellas? —ahí va a cambiarle a ella el traje por uno de lunas y estrellas.
—¡Para! —protesta sacando la varita y cambiándose de nuevo... a si misma y a él.
—Luego... no digas que no te avergüenzo —se ríe un poco moviendo la varita, aparentemente sin hacer nada pero... poniéndole a la sobria túnica de ella y a la suya propia unos bordados de lunas y estrellas que se ven en ciertas condiciones.
—Lo haces expresamente en ese caso —ala, ves que monos ambos con túnicas a juego.
—¿Eso te parece?
—No me lo parece, lo sé.
—¡Pero que malvado ese Albus!
—Nada de ese, tú. Ahora no te exculpes usando la tercera persona.
—Me exculpo porque yo soy una buena persona que solo intenta darte gusto. Mírame.
—No es verdad.
—¿Traigo o no la ropa que me has puesto tú?
—Aun así... —le mira entrecerrando los ojos.
—¿Mjm? —pregunta poniéndose serio pero es que... se le escapa la sonrisa traviesa.
—No me creo que te hayas rendido tan fácil.
—Yo dije que iba a darte gusto —carita inocente... más o menos.
—¿Y tú?
—¿Yo? No necesito salirme con la mía...
—Pregunto por tu... gusto. Y claro que lo necesitas, si siempre lo haces.
—Puedo ser sutil —se muerde un poco el labio.
Minerva le mira porque no es eso lo que ha preguntado.
—Siempre encuentro la forma...
—¿De darte gusto a ti mismo? —se sonroja ella sola, él la mira a los ojos.
—¿Qué estás insinuando?
—S-Solo pregunto.
Es que la mira sonrojada, pero no está seguro... de por qué... Porque está preguntándote si te masturbas, básicamente.
—Me refiero a... los pequeños placeres de la vida.
—Sí... y yo.
Él piensa en los caramelos de limón y las estrellas y lunas. Se humedece los labios.
—No estoy seguro de que estemos pensando en lo mismo.
—¿No?
—Todos... encontramos la forma, ¿no?
—Supongo...
—E-estás... —Entrecierra los ojos. Ella le mira de reojo—. Oh...
—¿Qué?
—Hablábamos de darme gusto a mí mismo.
—S-Sí.
—Oh, por Merlin. No.
—¿No? —vacila, porque eso habría explicado porqué él no necesitaba de... ella. O sea, siendo un excelente mago y haciéndose eso a si mismo seguro se dejaba completamente saciado.
—N-No es algo en lo que... n-no es... —Albus se humedece los labios y es que... no es común verle incómodo, sonríe un poco. Minerva levanta las cejas—. Hace bastantes años que dejé de pensar en... ese tema.
—¿C-Cómo?
—Cuando uno no tiene ciertas cosas, solo... lo deja pasar. Y deja de verlo —Albus suspira.
—Pero... es un poco como... comer. Una necesidad física. Uno no deja de comer porque no tiene comida.
—Por... diversas razones, solo aprendí en un punto a... disminuir el volumen de esa necesidad y a... llenarla con otras cosas.
Minerva suspira.
—Aunque tienes razón, es... una necesidad física que a... veces, por más que uno se fuerce a algo.. —vacila un instante antes de decidir que quizás es buena idea contarle esto—. Muchas veces el subconsciente me traicionaba y aparecías en mis sueños.
Gellert Grindelwald MUERE de la risa en algún lado. Ya, que se calle, que él desde luego también aparecía. No en los mismos, ¡desde luego! Ella se sonroja mucho.
—Y por qué no... Porqué nunca...
—Porque no soy una buena idea...
—¡Albus! —protesta.
—No lo soy, ¡sigo sin serlo! No iba a... No iba a forzarte a estar en esta relación desde entonces, solo porque yo no podía controlar mi cabeza.
—No ibas a forzarme, ¡si siempre has sabido...!
—Eso ibas a pensar en un principio y a la larga... —suspira otra vez, poniéndose de ese humor raro que se pone cuando sobre-piensa este asunto—, creo que solo quería conservarte más tiempo, lo cual es tremendamente egoísta de mi parte.
—¡No es cierto! ¡No va a pasar eso ahora!
Albus sonríe y la aprieta un poco más contra él, tocándole la frente con los labios.
—Si ocurre, te aseguro una cosa...
—No va a ocurrir —necia. Él sonríe un poco.
—Si ocurre... puedes volver. Siempre. ¿Vale? Y no voy a preguntarte nada.
—¿Volver?
No responde enseguida, mordiéndose un poco el labio, porque está seguro que si esto... termina, va a ser porque ella se va a ir, harta y decepcionada.
—Seguramente no querrás volver, solo... recuerda este momento. Pase lo que pase, Minerva McGonagall... SIEMPRE puedes volver.
—No me voy a ir a ningún lado, ¡no me he ido en toda mi vida!
—Solo recuérdalo.
—No seas dramático, Albus.
Aprieta los ojos y se ríe un poco, medio ahogadamente.
—Vale, vale, solo... —aprieta los ojos—. Vale.
Suspira.
—No suspires... yo te he dicho ya muchas veces que estoy roto y no tengo arreglo —protesta y ahora sí parece un niño pequeño.
—¿Y qué vas a hacer ahora? —decide volver al tema anterior
—¿Ha-Hacer?
—Sí.
—¿En qué línea exactamente?
—Bueno... ahora sí hay... con quién, salvo unos días al mes.
Albus parpadea sin saber si Minerva le está preguntando si ahora sí se va a masturbar esos días. De hecho viene siendo la pregunta EXACTA.
—Y quieres saber si... voy a...
—S-Solo que... ¿qué has pensado?
—¿Te refieres a qué he pensado que va a pasar cuando no... Quieras?
—¡No! Bueno... sí.
Albus le sonríe.
—Nada, no va a pasar nada. Si... quieres dormir conmigo, puedes venir, desde luego. Si prefieres dormir en tu cama a veces, porque no... Quieres dormir conmigo —sonríe de lado —. Puede que vaya a buscarte a media noche.
A Minerva se le escapa una carcajada con eso y se lleva las manos a la boca. Él levanta las cejas y se ríe también.
—De todos modos no hablo de dormir exactamente
—Ehm... no... No sé, no he pensado siquiera en si voy a... requerir ayuda —él se ríe un poco.
Ella no le mira y asiente un poquito.
—No estoy habituado a... nada de eso. Casi puedo decir que soy bastante inocente en ese tema —pone su carita de buen chico y yo no le creería mucho pero bueno.
—¿Qué significa eso?
—Que estoy abierto a tus... ideas.
—¡Yo no tengo ninguna idea! —mentira.
—Ohh... bueno, entonces no pasa nada.
Ella le mira de reojo.
—Aunque... creo... Que sí tienes alguna idea.
—¿Q-Q-Q... pff! Eh, uhm pfff
—¿Ves?
—¡No!
—No esperes que te crea, yo también te conozco.
—¡Tampoco creo que tú no tengas ninguna!
—Si ya sabes que he estado leyendo... no sé para qué preguntas. Pero no voy a darte una idea yo, ¡si eres tú la que no quiere!
—¡Sí que quiero una idea!
—No hablo de querer o no una idea, Minerva.
—Lo que digo es que quiero una.
—¿Tú quieres una? No creo que te haga falta, querida.
—Sí que quiero.
—Es que no entiendo aún para qué ¡Si tú ya tienes suficientes ideas! Estoy segura, casi puedo leerte la mente en lo que estás pensando —le mira intensamente
—¡No lo hagas! —empieza a hacer oclumancia. Él se ríe cerrando los ojos.
—¿Ves? Ni siquiera tengo que realmente leerte la mente para obtener una confesión.
—¡Ugh!
—Puedes hacer lo que quieras, my dear.
Se lleva las manos a la cara. Albus se ríe negando con la cabeza.
—Ya veremos.
—¿Qué es lo que te preocupa?
—¡Ugh! ¡Nada!
—Sigues haciendo ugh y yo insisto que sería mucho más fácil... hablar conmigo.
—¡No lo es!
—¡No entiendo por qué! Si soy yo y nos tenemos toda la confianza del mundo.
—¡Porque me da vergüenza! ¿Por qué a ti no te da?
—No me da porque eres tú... si estuviera hablando de esto con, yo que sé, Pomona, seguramente me la daría.
—Pero... ¡precisamente porque soy yo!
—No. Eres... quizás una de las personas que más me conoce, alguien con quien tengo bastante confianza, mi subdirectora y últimamente además la persona que me conoce íntimamente. Aun así, me preocupa que me digas que precisamente porque eres tu algo debería darme vergüenza
—Pues es que...
—¿Ha pasado algo de lo que avergonzarme?
—Bueno... No, pero...
—No. Es que si crees que debería estar avergonzado, es porque genuinamente ha ocurrido algo de lo que debería avergonzarme... y no me he enterado de ello —le mira preocupado.
—No, no.
—Es la única explicación lógica. Yo no creo que nada de todo esto sea vergonzoso, pero tú no puedes entender aún porque yo no estoy avergonzado. Lo único que me queda pensar es que una vez más no me estoy enterando por no estar lo bastante enfocado —frunce el ceño.
—La explicación es que son cosas muy íntimas que normalmente hacen sentir a la gente incómoda, expuesta y vulnerable.
—Hmm... Eso sí lo entiendo.
—Pero tú no te sientes así.
—Yo me siento así con otras cosas.
—¿Y por qué no con estas?
—Porque... Ya cruzaste la línea de esta intimidad.
—¡No! Hay muchas líneas de intimidad, ¡no es como que hacer una cosa ya valga para todo!
Albus le sonríe un poco y le toca la mejilla.
—No tienes nada de qué avergonzarte conmigo.
—Eso es más fácil decirlo que hacerlo.
—No, solo tienes que relajarte y pensar que no pienso nada malo de ti porque hagas una cosa o la otra.
—¡No es solo que pienses mal de mí!
—A ver, Minerva, exactamente qué es lo que te da vergüenza.
—¿Y si no te gusta? ¿Y si no cumplo tus expectativas? ¿Y si decides que esto al final es demasiado esfuerzo, o demasiado incomodo o demasiado aburrido? ¿Y si lo que decides es que es demasiado poco interesante y estimulante?
Albus levanta las cejas.
—O al contrario... ¿y si me paso? ¿Y si acabo forzándote porque mis necesidades no son las tuyas... y te agobio? ¿Y si una vez lo tengas dominado decides dedicarte a otra cosa?
—Eso no es vergüenza, eso es miedo... —susurra suavemente mirándola a los ojos, preocupado.
—Bueno... también me avergüenza equivocarme y en si todo... el asunto. Que es privado, pero no sé tú que tan privado quieres que sea y los demás... tampoco quieren que lo sea.
A Albus se le oscurece un poco la mirada. Minerva tenía miedo. De él. Y tenía TODA la razón en tenerlo. Se riñe tremendamente a si mismo por intentar que deje de tenerlo. No debía dejar de tenerlo. Aunque seguro era cansado tenerlo y eventualmente se cansaría también. Baja la mirada.
—E-Entiendo.
Ella le mira y empieza a asustarse de verdad con esa respuesta.
—¡No! ¡Albus!
Él aprieta los ojos.
—No lo entiendes, ¡no es un drama! Es normal porque... esto me importa y quiero que salga bien. ¡Tal vez no había querido con tanta intensidad que algo saliera bien en mi vida!
Es que la ola de angustia y agobio, por lastimarla como a todos los que quiere...
—¡Albus! —protesta y es que no sabe qué hacer.
Él levanta un brazo y la rodea con el, hundiéndole la nariz en el pelo. Ella le abraza sin poder evitarlo a pesar de que le da vergüenza haber admitido eso. Él le pone una mano en la nuca y le acaricia un poco.
—No quiero lastimarte.
—No lo haces, no lo haces —le acaricia la espalda.
—Sí lo hago... y voy a arreglármelas para hacerlo más.
—¡No!
Sí lo vas a hacer, tanto que va a dejarte y a casarse con Mefis... Albus casi en un ataque de pánico. Le dice Abe por ahí detrás y Gellert está de acuerdo, mientras Minerva entra en pánico también.
Me lo van a hacer llorar o irse un mes. Bésalo Minerva.
Es que no se le ocurre, lo que se le ocurre es llorar ella, creo que por la regla.
Vale, bien jugado. Albus se paraliza al notarlo.
Ella solloza intentando no hacerlo.
La escucha en silencio unos cuantos segundos y lo siguiente que va a sentir ella es esto de estar siendo apachurrada y transportada hasta el cuarto de Albus.
Se aprieta contra él, que se tumba en la cama, de espaldas, sin soltarla.
—Estoy bien, estoy bien—susurra intentando limpiarse los ojos.
—No lo estás y... yo tampoco.
—Sí lo estoy, no pasa nada... ¿Tú porque no lo estás?
—Porque tú no lo estás —le pasa una mano por el pelo.
—Yo sí lo estoy, solo es... lo siento.
—Yo también tengo miedo —susurra y le limpia las mejillas con la mano.
—No lo tengas, está bien.
—No me digas que lo está solo por tranquilizarme. Hay muchas cosas de las que tener miedo y... —toma aire—, te he dicho muchas veces que soy una pésima idea.
—No lo digo por eso, lo digo porque es verdad... solo son los... estrógenos que me ponen sensible.
—Yo no tengo bastante estrógeno y... mírame —le sonríe un poco.
—Aun así... no está pasando nada, de verdad.
Albus estira un poco el cuello y le da un beso... en la frente. Ella suspira intentando calmarse, sintiéndose mejor con ello.
—¿Qué hago, Minerva?
—Por mi, nada, ¿qué necesitas tú?
—¿Nada?
—Estoy bien. ¿Qué necesitas tú?
—Que estés aquí —le sonríe un poco y se sonroja acariciándole los brazos y la espalda
—Estoy aquí.
—Menos mal...—le da otro beso, este considerablemente más cerca del objetivo real.
¿En la frente? ¿En la nariz?
No, este ya es en la mejilla... o en la nariz.
Cielos, ¡va a dárselo ella!
No me extraña. Se acerca lenta y peligrosamente. Ajem. LENTA. Y peligrosamente.
Sobre todo lenta. A lo mejor solo le pone cara de beso.
