Y él... le da uno muy cortito y pequeñito.
Ella frunce un poco el ceño. Él la mira a los ojos.
—¿Por qué haces eso?
—¿H-Hago... qué? —se sonroja un poco y se humedece los labios.
—Eso. No hacer... no...
Se le acerca un poco otra vez.
¿Pero la besa o no?
Minerva histérica. ¡En eso está! ¡En eso está!
Frunce el ceño porque se tarda un montón.
Albus le pone suavemente los labios sobre los suyos y ella se aparta.
Albus le mira agobiado con eso, levanta la mano y se la pone en la nuca, acercándose con mucha más intensidad.
Minerva le detiene con la mano sobre su boca
—Minerva...
—No, espera. ¿Por qué te cuesta tanto besarme?
—Porque... no sé si quieres que lo haga.
—¡Cómo vas a no saberlo!
—No sé, no quiero que estés en la posición en la que no quieras pero... como soy yo, lo hagas.
—Albus... ¿qué harías sí te dijera que quiero hacer un trio?
—Un... oh —el parpadeo doble.
—¿Qué harías?
—Leer sobre los tríos.
Minerva aprieta los ojos con esa respuesta.
—Intentar entender por qué quieres uno, sacar conclusiones...
—Vale, otro ejemplo. Qué harías si te... de repente atara de manos y piernas p-para...
—¿A-Atarme?
—Sí. ¿Qué harías?
—Te preguntaría por qué querrías atarme... y depende de tu respuesta.
—No te lo pediría, lo haría sin más.
—Dejaría que lo hicieras y luego... cuando acabáramos, preguntaría por qué —explica un poco sorprendido.
—Pero dejarías. Confiarías en mí.
Albus sonríe, mirándola.
—Claro que confiaría en ti –asegura entendiendo por donde va.
—¡Pues es lo mismo!
Albus cierra los ojos.
—Está bien... —sonríe un poco más porque... le están dando vía libre.
—O-O sea... esto no significa que puedas... atarme así por las buenas o... hacerme... a-algo raro en mitad del comedor o algo así —decide añadir porque la idea de Pomona del hechizo... puede que sueñe con eso cuando menos se lo espere.
Albus se ríe por primera vez en un buen rato.
—Oh, ¿nada de posiciones del kamasutra sin consultar?
—¿Q-Q-Q...?
—Ni hechizos a la hora de la comida —sí, parece que te leyó la mente.
—¡Albus!
—¡Yo solo pregunto! Porque por un lado me dices una cosa y por otro me dices lo opuesto —sonríe porque esos "Albus!" le encantan.
—En privado, lo que quieras.
—Va a ser en privado igual porque en público no va a saber nadie qué está pasando...
—¡No!
—¿Y cómo es eso de que... en privado lo que quiera? —sonríe de lado y hace un cejas, cejas.
—P-Pues... c-cuando no hay... uhm... n-nadie.
—En esa situación, entonces, tú tienes unas ideas, ¿no? —Albus se estira un poco para besarla en los labios otra vez
—Y-Yo... t-Tengo... —se calla con el beso.
Y esta vez lo hace mejor, Albus. Bastante profundamente, cerrando los ojos y... tú le has dado permiso.
¡No se está quejando!
Más vale porqué ya la conocemos.
¡Pues, pues!
Aun así, esto no resuelve tu problema, Minerva por más que lo quieras alargar porque Albus va a ir a buscarte ahí debajo, con el cerebro fundido.
¡Nooo! O sea, en principio le deja si es por encima de la ropa. Aunque cuando ella note que está magreando la compresa, le va a quitar
Ya, sí... es posible que la ropa desaparezca pronto porque, Minerva, no estás resolviendo el problema. Solo lo estás postergando
—¡No! ¡No! ¡Espera!
Albus se detiene.
—Y-Yo... yo lo hago.
—Mmm... ? —perdónale, pero no sabe de qué hablas.
—¡Para! —le detiene.
Bueno, es que, con los gritos que pega Minerva cuando se pone de profesora. Hasta palidece. Ella le toma de las manos, él la deja hacer, algo asustado.
—Deja que yo... te lo haga a ti.
—Siempre me lo haces tú a mí...
—¿Qué?
—Sueles ser tú... la que hace un montón de cosas maravillosas.
—Por eso.
La mira y sonríe un poquito. Ella le sonríe un poco de vuelta
—¿Qué quieres que haga?
Minerva se humedece los labios porque esto no... no es tan fácil.
—Que... T-te relajes...
—P-Pero... ¿Qué vas a hacer? —porque no conforme que lo pienses, ¡él quiere escucharlo!
—P-Pues... ¡Decirlo es difícil!
—¿Y hacerlo?
—También, pero no tanto.
—Bien... —Albus se muerde el labio.
—E-Es decir... c-con la m-mano.
¿No habías dicho escandalizada, que lo harías con la boca?
¡No!
—Si no quieres hacer nada de esto no tienes por qué hacerlo.
—¡Sí que quiero pero me da vergüenza!
Es que la mira sin saber bien qué hacer. Ella también, un poco desconsolada.
—Por qué no... Haces lo que te sale hacer mejor y me encanta. Cuando me besas y... consigues que deje de pensar.
—Porque no puedo, estoy sucia e incómoda y me duele.
Albus aprieta los ojos con esa respuesta.
—Ven aquí —le hace un gesto con la mano para que se le acerque
Lo hace y él la abraza contra el haciendo que se recargue en su pecho.
—No pasa nada... Si te da vergüenza algo, no lo hagas, y... ya me las apañaré yo.
—¡No!
Le da un beso en los labios. Se lo devuelve, nerviosa. Albus trata de... solamente besarla y calmarla, porque la siente tensa... y funciona.
Le hunde un poquito la mano en el pelo aun besándola lo más dulce que puede. Se deeeeja llevar.
Profundiza y es como... establecer un "normal". Como jugar ajedrez, o sentarse en su despacho, solo que con otro giro mucho más sexual pero... intenta que ella sienta esto como algo de lo que no hay que avergonzarse, ni tener miedo.
Bueno, también le daba cierta vergüenza al principio, de alumna, pasar tanto tiempo contigo.
No nos extraña, pero eso ya fue hace tiempo ¿Y cómo lo arreglaron, además? Haciéndolo... muchas muchas veces hasta que dejó de darle vergüenza. Así que... van a requerir muchas horas de beso por lo visto.
Nah, no tanto.
Albus algo decepcionado.
Lo digo porque es fácil que lleve la mano a ello en mitad del beso... si es que consigue conectar el cerebro.
Albus levanta las cejas y es que aún no se acostumbra a esto.
Ni ella, no te creas.
Y no es queja. Solo hace demasiado tiempo que nadie le toca... ahí, con ninguna intención real de... agradarle fuera, claro, de Minerva últimamente
Tampoco es como que Minerva toque una de esas muy a menudo.
Ah ¿no? Posiblemente hay mejores que tocar... eso asegura Albus. Aún así, siendo honestos, el prefiere que sea la suya la que toca.
Cielos con el drama de Albus.
¡Es que Pomona dice que está muy viejo! Snif, es súper triste. Sniff. Necesita que le consienta
¡Jum! ¡Pues no le va a consentir!
Oh, pero eso es súper injusto!
Pues aun así es una tonta.
¿Minerva? Bueno, tampoco es necesario llamarla tonta así pero estaría bien que le consintiera
¡Pomona!
Ah... no, Pomona no tiene nada que ver aquí ahora. Es Minerva la que tiene las manos en... la masa.
Pues no va a consentir a Pomona.
¿Y a Albus? Porque hablamos de consentir a Albus.
Ese... es otro asunto.
Oh, ¿lo es?
Pues sí.
Albus sonríe.
¡No! ¡Que no sonría!
¿Poooor? Sí que sonríe un poco. Ha estado leyendo...
¿Otra vez?
Vale, no... esta vez no ha tenido tiempo peroooo. Igualmente si ha leído un montonazo antes. La mira de reojo.
Ugh.
—¿Qué sabes tú de... el sexo oral?
Minerva se queda paralizada, aun con su mano ahí.
—Solo es una pregunta.
—No mucho... ¿Qué has leído?
—En realidad no es tan simple encontrar información seria relativa a estas cosas...
—¿No?
—Aún no encuentro la información todo lo completa que debería estar, sin embargo... Bueno, la definición es clara: ocupar la boca para estimular los genitales de tu pareja proporcionando placer sexual.
—¿T-todo lo... c-completa?
—No hay técnicas lo bastante explicadas ni descripciones detalladas de nada. El sexo es un tema tabú en la actualidad.
—Me parece con que tiene que ver que cualquier que publique es considerado un pervertido... y además depende de las preferencias de cada uno.
—Lo mismo ocurre con la comida, en cuanto a las preferencias y mira que cantidad de libros hay de ese tema —puntualiza y suspira—. Pero sí, es este asunto de la perversión.
—La verdad, ya es sorprendente que hayas encontrado algo.
—Creo además que potencialmente es un tema que podría interesar a muchos. Alguien debería publicar al respecto.
—Alguien con unos conocimientos amplios y especializados en el tema —replica porque ya se imagina por dónde va.
—Nunca es tarde para adquirirlos.
—¡No vas a convertirte en un aclamado sexólogo, ginecólogo, urólogo y obstetra habiéndote acostado con una mujer un par de veces!
—Bueno, no después de un par de veces...
—¡Ni aun después de mil!
—Mil son unos cuatro años a este ritmo. Que además, multiplicado por dos...
—¡Albus!
—Solo estoy haciendo cuentas.
—¡No las hagas!
—Bueno, vale... vamos a decir que no sea para publicación de todos, pero para uso personal.
—¿P-Para... uso personal?
—Si no hay información escrita, creo que es necesario investigar personalmente sobre ciertos temas. ¿No?
—S-Supongo.
—No pareces convencida.
—Es que...
—¿Mjm? —la sigue mirando, con el ceño un poco fruncido ¡porque no parece convencida!
—Aun me da vergüenza.
—Bueno, supongo que tarde o temprano mejoraremos en eso —Albus le sonríe.
—Eso espero.
—¿Crees que... no? ¿Qué somos incompatibles o... algo?
—No, no.
—Es decir, esto es como cuando volviste a la escuela a dar mis clases de transfiguración. Requirió un tiempo al principio para acostumbrarnos —inclina la cabeza.
—Sí. Un poco sí —aprieta los ojos porque recuerda eso como muy difícil, porque de algún modo ella había empezado intentando imitarle un poco en su método lectivo, pero no acababa de sentirse cómoda con ello porque no podría haber sido más distinto a su personalidad y había costado adaptarse y convencer a todos que su política dictatorial del terror sí funcionaba y no era de persona tan desalmada como todos parecían insistir, en especial al compararla con los métodos desordenados y nada ortodoxos que habían venido teniendo hasta entonces a manos del genio loco. (Solo te ha faltado añadir "del mal" Minerva)
—Yo creo que esto es bastante parecido e implica un proceso lento de adaptación hasta que funcionemos como en todo como relojito.
Minerva sonríe un poquito.
—De igual manera no hay ninguna prisa... tardamos treinta años en llegar a este punto, podemos tardar otros treinta... —CORTALE esa línea de pensamiento.
—¡Claro que no!
—Solo digo que si no te sientes cómoda...
—Solo tengo que forzarme un poco y acabará siendo normal.
—Forzarte.
—¡Solo un poco!
—Eso suena fatal.
—Suena peor de lo que es.
—Eso espero.
Le mira con ojos un poco desconsolados.
—No quiero forzarte a hacer nada conmigo —le acaricia un poco la mejilla.
—No eres tú, es... yo a mí misma. Como cuando te fuerzas a ir al médico porque sabes que es bueno y luego te sentirás mejor.
—Pero es un poco feo... forzarte a estas cosas, que de por si son un poco raras.
—No. Es que lo estás mailinterpretando.
Albus le sonríe suavemente igual.
—Entonces ¿quieres... probar algo o no?
—Sí.
—Aunque tendríamos que ir al burdel. Y en sí, la cena... cielos, ahora te estoy pervirtiendo haciendo que no vayas a cenar —Albus se humedece los labios—. Pero...
—¿Pero?
—Llevas tantos años haciéndolo tan bien que no pasa nada —se ríe.
—¿Haciendo qué?
—Yendo al comedor y haciendo todas las cosas perfectas de la subdirectora. ¿Tienes hambre? ¿Nos podemos...saltar la cena para investigar esto?
—S-Sí. Sí podemos saltárnosla...
Sabes lo que va a pasaaaaar. Todos lo sabemoooos. Vas a saltarte la cena por pervertidirijilla.
¡No!
—Bien, entonces... ¿por dónde quieres empezar la investigación? —es que está hasta entusiasmado.
—Por... tí.
—M-MI. Si estuve leyendo y el placer de la mujer es muy importante en esto.
—¿A qué te refieres?
—A que tú tienes que pasarlo bien. Puedo ayudarte —se estira un poco buscando la varita.
—No hace falta, ¡ya lo has hecho antes! Y me desconcentra.
—Como tú digas —Albus la mira e igualmente no suelta la varita.
Ella le mira y la verdad es que busca la suya disimuladamente.
—Entonces quieres que me quede aquí, como amarrado, sin moverme —cejas cejas.
—Eh... bueno, sí, salvo por lo del amarre.
—¿Por qué te gustaría amarrarme?
—¿Eh? No he dicho eso.
—Hace rato lo insinuaste sutilmente
—¿Q-Qué?
—Lo hiciste y creo que merece mi consideración.
Parpadeo, parpadeo, parpadeo.
—Aunque debería leer un poco más al respecto antes de valorarlo del todo y saber si es una idea sería. Porque, confió en ti, claramente, solo necesito encontrar el puente entre estar amarrado y el placer sexual. ¿Es por estar completamente a tú disposición?
—Pero si es que yo no... —se sonroja con eso último. Albus sonríe.
—Vas a tener que amarrarme muy bien, porque en situaciones de estrés tiendo a hacer magia.
—¡Albus! —protesta apretando los ojos.
—Suelo controlarlo bien, definitivamente no es que sea magia... incontrolable. Pero tiendo a poder desatarme con facilidad.
—¡Albus! ¡Para! No he dicho... No vamos... No... O sea... ¿E-En serio quieres hacer eso?
—Tú quieres, ¿no? Tener control total... que ya lo tienes pero yo aún muevo torpemente las manos de vez en vez... —bromea.
—¡No! O-O sea... —no seas cabrón apelando a su lado controlador.
—O quizás lo que quieres es que yo te haga... a ti. Mientras tú no puedes moverte. Solo protestar. Eso puedo SEGURO hacértelo con magia.
—¿Q-Qué? ¡NO! ¿P-Pero de dónde sacas...?
—¿Te gustaría o no?
Le mira entre escandalizada, sonrojada, curiosa y un poco escéptica. Creo que alguien una vez le dijo que ella tenía madera de dominatrix y... o sea, pero ¡no!
—Quizás solo es necesario poner reglas.
—Aun creo que es una... práctica un poco avanzada. Ya veremos —decide, apretando los ojos... O sea, si aún no puede ni tocarle con la mano sin morirse de la vergüenza.
Buen punto. Albus refunfuña un poco.
—¿Qué quieres probar, entonces?
Bueno, ella es la que siempre saca a relucir la sensatez que la caracteriza.
Síiii ugh. Albus la mira con esos ojos inquisitivos y molestos
Ella le devuelve la mirada... y luego se los tapa porque ugh! ¡Sí que son molestos!
—Ohh, ahora no puedo ni mirarte. Aunque sin mirarte también tendría gracia
Una de las manos le tapa la boca
—Mmm mmm mmmujm Mmmm mmm
Bien, además del problema evidente de que necesitas las manos en... otro sitio. Ahora encima quieres saber lo que dice.
—Mmm Mmmm mmm minmmmfffff
Sigue con ella sobre su boca pero le suelta un poooooco
—Mambru se fue a la guerra, que dolor que dolor qué pena —canta.
—¿Qué haces? —parpadea.
—Pruebo a ver si puedo hablar —se ríe.
—¿Por?
—Para decirte que aún no me dices que vas a probar.
—No, no te lo digo.
—¿Entonces?
Se esconde otra vez. Él le acaricia la espalda y se ríe.
—V-Vale... V-Voy a...
—¿Siiiií?
Vacila y vuelve a ponerle la mano encima, suavemente, como respuesta. Tras vacilar un poquito, no es un movimiento fluido pero no es brusco.
Da un salto.
Ella frunce un poco el ceño, pero esta vez va a buscarle de nuevo con un poco más de determinación, aunque aún le preocupa no ser capaz de excitarle así.
Él se concentra un poco, y abre los ojos para mirarla.
—D-Dime c-cómo... hacerlo —pide, nerviosa igualmente empezando a mover la mano.
—No... Estoy seguro.
—Dime cuando te... —se sonroja de muerte, aprieta los ojos pero no para—. Guste.
No sé cómo es que EL no está muerto de vergüenza. Es un misterio.
Se acomoda mejor casi con curiosidad académica. Aunque la mira directamente.
Ella no, porque sí está muerta de vergüenza.
Y de la nada, Albus suelta un gemidito que hace a Minerva esconder la cara en su barba pero intentar volver a hacer lo que acaba de hacer
El dobla una pierna para acomodarse mejor y la mira de reojo.
—¿E-Estas bien?
Asiente y no para. Él aprieta los ojos en... uno de sus momentos de duda. Menos mal que ella no para.
¿Momentos de duda? ¿Puedes por amor de dios, concentrarte un poco?
A eso va, a eso va. ¡Solo es que cuesta!
¡Ah! ¿Lo ves?
Lentamente, aunque no tanto como su edad lo amerita, Albus empieza a reaccionar.
Igualmente, Minerva sigue siendo insegura con estas cosas y le parece que lo logra más por insistencia que por que realmente esté disfrutándolo o tuviera ganas.
¡Pero si te lo ha pedido como tres veces!
¡Porque ella lo ha propuesto!
Albus se estira un poco buscándole un beso y ella se lo da, eso sí.
Muy amablemente. Un poco más adelante, ahí va otro gemidito y hasta se separa un poco del beso, otra vez con esa especie de curiosidad académica. Ella para un poco sin entender.
—Ah! Eso... eso —y la verdad, Minerva, estaría esto mejor si te escupieras en la mano.
—¿Qué? ¿Te duele?
—N-No. No. No, lo que... —es que le ha gustado eso que has hecho.
—¿Qué? —es que ahora la has asustado—. P-Puedo parar, no pasa nada.
—¡N-No! —no le hagas suplicar de esta manera que luego Gellert se burla horas de él
—V-Vale... s-solo dime...
Gellert dice que él le haría suplicar más.
Ya, ya, Minerva no es Gellert, con Gellert no tan fácilmente estaría en esta posición.
No, eso está claro.
—La... fricción es... un poco incómoda.
Quita la mano.
—No, no... no —lloriquea un poco.
—¿Qué? No sé cómo...
Sí que sabes, Minerva.
Que no.
Es que va a hacerlo él, pero hacerlo él le da más vergüenza.
¿Hacer qué?
Ahí va a ponerse saliva en la mano, lo que nos indica que Albus sí que ha hecho eso en su vida.
—¡Oh! Oh, vale... e-espera.
—N-No has hecho esto antes, ¿verdad? —sinceramente no lo dice con ninguna mala intención.
—Cielos —aprieta los ojos porque una cosa son rollos de una noche que tampoco son tantos y otra una relación de verdad.
En realidad, es que de manera obvia y evidente él TAMPOCO realmente ha tenido este tipo de relaciones así de... constantes con, ehm, nadie.
—L-Lo pregunto porque... Las primeras veces me ha parecido que sabías hacerlo todo de manera perfecta.
—Lo siento... es que... Una cosa es mi cuerpo y otra es... esto. Este grado de intimidad no se consigue con una... relación esporádica. Ni siquiera me había interesado aprender a hacerlo.
Albus se humedece los labios y suspira, porque de alguna manera, prefiere esto así, especialmente con ella.
—¿No estamos... forzando un poco esto?
—No, solo necesito instrucciones más detalladas...
—Es que tienes que tenerme paciencia, Minerva, porque... hace tiempo que no me preocupo mucho por esto.
Ella se esconde.
—Pero me gusta... aprender estas cosas contigo. Y que te dé una poca de vergüenza y te escondas.
—Lo siento...
—No lo sientas, esto... es como ser joven. Me haces siempre sentir mucho mejor.
Saca un poco la cara para mirarle él le sonríe y ella se sonroja.
—Me hace ilusión hacer todo esto contigo. Aunque sea raro.
—¿Seguro?
—Sí —Asiente. Ella sonríe un poquito—. Es un aspecto de nuestras vidas que creo ambos hemos ignorado un poco.
Ella le mira ahora un poco escéptica con cara de... "eso serás tú"
—Por mi culpa en gran parte, ya, ya lo sé —se ríe un poco apretando los ojos con cierta culpabilidad.
Ella suspira porque...
—De igual manera, Minerva, aquí estamos.
—Vale... vale —aprieta los ojos y se escupe en la mano.
Es que tus caras, Minerva. Albus mueve un poco la varita y... hola, aquí está el hechizo que te hace cada vez que puede últimamente. EL hechizo.
Vale, no lo esperaba así que grita.
Albus levanta las cejas y se mete un susto...
¡Pues tú!
Creo que hasta grita él un poco.
—¿Qué pasa?
Aprovechando eso toma ella su varita y se lo hace de vuelta sin contestar.
—Ah! —llega tarde a bloquearlo porque no crean que tiene demasiada sangre en el cerebro
Además ella lo ha hecho con una poca de mala idea.
Le tira del todo, de espaldas en la cama. Bien, Minerva. Ahora sí te estás pareciendo un poco a Gellert.
Oh, sí, ya hemos dicho que ella iba para villana. Más te vale, James Potter invitarla al bautizo de tu querubín, que bien sabido es lo mal que se toman estas cosas las viejas brujas malas si no lo haces. Y no necesitamos un dragón suelto por ahí.
La mira un poco... sorprendido con la fuerza del hechizo. Y especialmente con que le haya tomado por sorpresa.
Ella le mira y... aprovechando el asombro le da otra vez
—Oh, por... ¡Merlín! —el muy mal portado se ríe un poco, encogiéndose y le lanza uno a ella
Ella, que se había incorporado un poco, tiembla y cae un poco de lado con la respiración acelerada.
Albus la mira, también respirando con dificultad, pero sonriendo.
Ella sonríe un poco intentando recuperar el aliento.
—E-Esto... —empieza a hablar y es que... aprieta un poco los ojos proque le ha dado dos veces seguidas, bastante más fuerte de lo que ella cree.
Y ahí va otra.
El GEMIDO cero contenido. Muérete de la vergüenza, ese es nuestro ataque.
Que la sonroja de muerte, desde luego.
A ese movimiento le sigue... otro ataque.
Y también la hace gemir porque de nuevo ha sido inesperado.
Albus se arrastra un poco hacia ella, y es que... no juegues con él así y luego te quejes de que es un niño. Está ENCANTADO
¡Pues es que ella también sabe jugar! Y este es un juego de adultos.
Albus se ríe un poco más estirando la mano y tocándola un poco.
—Es un peligro meterte conmigo... —susurra.
Ella sonríe derrotada, cerrando los ojos dejándole hacer.
Se arrastra un poco más hasta ponerse encima de ella y la besa frotándose un poquito contra ella, ahora ya sin pensar demasiado.
Antes de que pueda hacer eso se lleva otro porque ella esperaba a que se hubiera distraído.
De hecho ahora si no sabe dónde dejó la varita, para tu desgracia porque si se pone a pensar no tiene idea de cómo hacer que termines sin varita y sin tocarte ahí abajo pero vas a conseguir que termine del todo arriba de ti, para colmo, mientras te besa.
Qué bonito. Por lo menos Minerva tiene la satisfacción de haber ganado.
Sí que la tiene. Pero es que no le dejas hacer nadaaaaa fuera de temblar arriba de ti.
Puede que siga incluso mientras tiembla.
ES que Albus se ríe nerviosito y complacido, gimiendo un poco.
—V-Vas... a pagarme esta vez —sonríe igualmente.
—¿Pagarte yo? Aprende a perder como un caballero.
—Un juego injusto —protesta por protestar y se ríe besándole un poco el cuello.
—No tiene nada de injusto.
—Estuviste metiéndome mano en las partes íntimas por un buen rato antes de que empezara el juego. Eso es... tener cierta ventaja, porque no crea usted, Profesora Mcgonagall, que soy de piedra.
Ojos en blanco.
—De igual manera, admito la derrota.
—Eso va a cambio de yo tener una líbido como cinco veces más activa que la tuya —replica y se sonroja.
—¿Me prestas tu varita?
—No.
Albus se ríe en su cuello una vez más, está disfrutando toda esta intimidad y cercanía más de lo que parece. Ella le abraza un poco, sonriendo.
—Nunca había hecho esto con nadie...
—Yo tampoco así.
¡Y es tu culpa, Albus! Albus bosteza un poco.
—Aun siento que no es justo que tu... no
—P-Pues... Eh, no, no —añade—. No te duermas, hay que ir a eso de Lupin.
—Ya, ya lo sé... He leído también que los hombres estamos hechos para dormir después de esto —medio se incorpora igual porque sí le interesa lo de Lupin. Busca su varita.
—Valiente excusa —busca su ropa.
—No, no... Esto lo he leído en una revista muggle seria —cuando encuentra la varita, que solo está un poco perdida en su cama. De tres movimientos se limpia, se viste y viste a Minerva. Ah y la limpia también.
—Ah! —protesta un poco porque a ella le gusta vestirse al modo tradicional.
Es decir, ella no es una completa floja. Trae además aún la túnica oscura con bordados de estrellas y lunas a juego con la de Albus.
—¿Nos vamos entonces... ?
Le mira un poco incrédula por un instante... frunce el ceño y piensa que como haya una sola estrella en sus bragas se las va a comer.
Y espera a que veas tu ropa en la oscuridad.
Albus canturrea una tonadilla que indica claramente un "estoy de muy buen humor" moviendo otra vez la varita para extender bien la cama y... que todo quede en el desorden habitual.
Minerva se cruza de brazos y suelta un bufido que debería hacer saltar todas las alarmas del universo. Creo que hasta las criaturas del bosque prohibido se detienen un segundo con cara de atrapados y fingen ser invisibles, solo por si acaso.
Y sí, desde luego que consigue que Albus detenga toda su existencia Y su tren mental ante cualquier cosa que esté pensando y la mire con cara de "yo no he sido"
Pero sí has sido tú, querido.
—¿Q-Qué?
—Nada —huye. Huye lejos. Y rápido. Sálvate tu.
Traga saliva y trata de pensar rápidamente qué cosa a su alrededor puede haber sido la que desatara ese... repentino problema.
La MIRADA
Quizás había sido que no le había hecho el hechizo o quizás había notado la mancha negra en el techo, que no tenía nada que ver con el experimento que había hecho hoy en la mañana... Ejem, o quizás las revistas de investigación de debajo de su cama.
—Ehm... ¿si dime, querida?
—Nada. Apresurate.
Traga saliva otra vez.
—E-Estoy seguro de que esto es... una confusión, yo no lo he puesto ahí
—Ah, ¿no? ¿Y quién lo ha puesto?
—L-Los elfos, supongo —mira un poco hacia arriba a ver el estado de la mancha.
Ella levanta una ceja y mira también el techo.
—Los elfos —repite en tono incrédulo.
—¡No! —grita un poco para llamar su atención y que no mire la mancha mucho tiempo—. E-El polvo. S-siempre ha estado ahí.
—El polvo —mismo tono. Ni ha notado la mancha.
—Realmente no es necesario darle demasiada importancia... No te afecta, en general y tienes que entender que ya es bastante vieja.
—¿El qué?
Es que no parece, como siempre haber salida. Trata de sonreírle.
—¿Te he dicho ya lo bonita que te ves hoy?
—No.
—Te lo ves —el muy valiente Albus Dumbledore da un paso hacia ella.
Otra de esas miradas de hielo. Albus traga saliva y... se mira los pies.
—E-Emh... ¿p-prefieres quedarte?
—No.
—Ya estoy listo —vuelve a intentar sonreírle, aunque tiene que admitir que cuando Minerva se pone así, le tiemblan hasta los calzones.
La FULMINACIÓN pero va hacia la puerta.
Se pasa las manos por el pelo, arreglándoselo un poco, aún sin saber qué ha sido el problema.
—N-No tenemos horario ni nada. ¿Quieres cenar algo? Puedo traer algo de la cocina y...
—No.
Sale calladamente detrás de ella.
—¿Quieres ir caminando? —susurra al cruzar su despacho
—No me importa.
—S-Si vienes hasta aquí y... ehm... ¿va todo bien? —Albus aprieta los ojos.
—Claro —claro que no. Es OBVIO.
—¿E-Es por las revistas? —Le pone una mano suavemente en el hombro.
—¿Qué revistas?
—Vámonos mejor —Albus aprieta los ojos otra vez.
Es que sigue mirándole incrédula.
—¿Qué pasa? ¿Qué hice ahora? Solo estaba investigando y lo del techo fue un experimento que salió mal... y vale, está bien, tengo un par de chocolates en mi mesita de noche, pero solo me como un cuadrito de vez en cuando.
—¿Que...? Espera, ¿qué?
—Y puedo hacerte eso si quieres, solo no lo hice porque no parecías querer, pero puedo hacer que tengas un orgasmo sin problemas.
—¿Qué chocolates y qué experimento? —Se sonroja.
—¿Podría decirme de que se me acusa, Profesora McGonagall?
—¿Chocolates y experimentos?
—¿Cuál de los dos? —Albus se quita los lentes y aprieta los ojos.
—¡Ambos!
—¿Por cuál de las dos te enfadaste?
—Cuéntame el experimento —aprieta los ojos.
—N-No es realmente necesario, solo... e-es... por cierto, eso me recuerda que hay que resolver el asunto del pasillo —no es la primera vez que saca un tema anterior, por el cual ya le había regañado.
—¡¿Aun hay que resolver eso!? —el GRITO.
—P-Por ahora hay que hacer lo de Lupin —Da un paso atrás, aterrorizado.
—No. Ahora mismo vas a resolver lo del pasillo.
—¿A-Ahora? Pero lo de Lupiiin.
—¿Te parece que era una pregunta?
—No, no, vale, ya voy... —levanta las manos.
Ella le mira, brazos cruzados.
—C-Creo que voy a necesitar... ehm... es que no estoy seguro de dónde van a caer todas las cosas que están ahí dentro una vez lo quite.
—¿Qué cosas hay ahí dentro?
—Pues todo lo que haya echado cualquiera que haya echado algo ahí... que me imagino serán todos los sucios secretos de la escuela.
—Pusimos una pared Pomona y yo.
—Bien, eso reduce el problema al tiempo en el que... ehm... no estuvo la pared.
—¡Albus! Deja de remolonear.
—Vale, yo solo digo que como caiga en tu oficina... —se encoge de hombros abriéndole la puerta.
—Lo recogeré. Ve.
—¿Yo solito?
—Yo voy a ir a lo de Lupin.
—¿Sola? —Las cejas levantadas—. No.
—No, les diré a Pomona y Poppy. Tú ve al bloody pasillo.
—Yo soy mucho mejor que cualquiera de las tres en establecer conversaciones con gente... No entiendo por qué no quieres ir conmigo.
—Porque estás castigado por no resolver ese problema hace SEMANAS.
—¡Pero Minerva!
—¡Muévete!
—¡Pero quiero ir al burdel! —lloriquea.
—Mira, ¿sabes qué? Ve a donde quieras.
—Tú dijiste que iríamos juntos y no van a preguntar las preguntas que tengo yo. Vamos y de regreso lo arreglo —Baja la cabeza.
—Ve a lo del pasillo e iremos mañana.
—¿Me lo prometes? —Tuerce la boca.
—Sí.
—Me habías prometido que iríamos hoy.
—Cuando no sabía que aún no habías arreglado eso.
—¡Pero si no pasa nada si ya tiene una PARED!
—¡Sí que pasa! —eso ha sido un grito.
Baja la cabeza y se gira hacia la puerta y... no creas que ir Albus es el mejor de los niños.
Minerva espera de brazos cruzados a que vaya.
Ahí vaaa, ahí vaaaaaa.
Ella espera a que se vaya y va a sentarse un momento.
¿A recuperarse de todo lo que ha pasado? ¿A revisar las revistas pornográficas? ¿A mandar a Poppy la muestra?
No, porque no se la ha quedado, ni siquiera le ha puesto condón.
Albus la ha desvanecido además, así que ella se va a ir a su despacho a hacerse bolita y a llorar.
¿¡Por queeeee?! ¿¡Que ha pasadooooo?!
Porque no la quiereeee.
¿¡Cómo que no la quiere?! ¡Sí que la quiere! ¿De dónde sacas, Minerva McGonagall?
No la quiereeeeeeeee
Pero si está súper feliz y le encanta este nivel de intimidad con ella. ¿Cómo ha llegado a la conclusión de que no la quiere? Minervaaaaa
Porque no lo hace.
Eso es una tremenda mentira ¿Cómo concluye eso?
Se ha enfadado porque no le ha hecho eso de vuelta y ahora llora porque no se le ha ocurrido siquiera y... básicamente todo tiene que ver con la regla.
Pero si sí que iba a hacerlo de vuelta, de hecho es que sí que se le ha ocurrido. Si es ella la que le ha echado.
Pero no lo ha hecho porque no la quiereeee
No lo ha hecho porque le ha asustado.
Claro que no, si hasta la ha vestido, seguro lo está forzando a todo esto y va a acabar por odiarlo y aburrirse y será peor que si nunca lo hubieran hecho.
Albus necesita enterarse de esto o sea entiendo que... lo piense (de manera irracional, por cierto), pero...
Bueno, son las hormonas.
Media hora más tarde, mientras Minerva está hecha bolita en su despacho y cuando le caigan un millón de cosas encima puede que llore más.
Puede que les prenda fuego a todas, de la rabia porque encima Pomona y Poppy están tan felices y ella es una desgraciada y una infeliz.
Dios mío, como no le prenda fuego a la barba de Albus cuando abra la puerta porque va a llegar corriendo HISTÉRICO al averiguar que todo ha caído ahí
¡No le va a dejar entrar!
Es su despacho, va a usar magia de la negra si es necesario porque sabe que LE VA A MATAR
No, es el de Minerva. Minerva está en su despacho.
Va a aparecerse adentro si es necesario. Sí, ya, el despacho de ambos. El de Minerva pues... como sea que le llame. El de transfiguraciones que por extensión es suyo.
—¡No! ¡Lárgate, Albus!
—Es... un problema de física con las transfiguraciones y la grieta en el espacio y... —la mira.
—Fuera. Ahora —señala, furiosa, porque no le quiere aquí, quiere estar sola.
—¿Qué pasa? —pregunta sin salir, acercándosele.
—Que quiero estar sola, así que sal de aquí.
Albus se quita el sombrero y deja su varita sobre el escritorio, acercándosele del todo y poniéndose en cuclillas frente a ella.
—¿Qué ocurre, Minina?
—Albus, estoy hablando MUY en serio.
La mira, desconsolado.
—Vete. Respeta mi privacidad.
—No entiendo que es lo que está mal.
—No me importa.
Albus suspira y se gira, tomando su sombrero y su varita. Minerva respira un poco.
De un solo movimiento desaparece, junto con todo el trasterío que había aparecido en el despacho.
Ella deja caer los hombros y se vuelve a su cama.
Albus suspira y... piensa que seguro debería ir a ver a Aberforth a que le dé el golpe de gracia.
Mientras Minerva se hace bolita otra vez y vuelve a llorar un poco.
Albus se recuerda a si mismo que así suele ser su felicidad, tremendamente pasajera. Seguramente Minerva se enfadara con él lo bastante como para terminar con esto. Sin querer, aparecen unas mariposas en el cuarto de Minerva.
Pero ella no les hace caso.
Vale, Albus, vete completamente a la mierda.
Solo necesita un rato, mañana estará más tranquila, incluso puede que vaya ella misma a buscarle si no aparece por el comedor. No tiene nada de malo darle a la gente un poco de tiempo, ella es racional, solo son las hormonas.
Bueno, ya se las arreglará él para entender lo que quiera y pueda y mañana será otro día.
¿Va a bajar a desayunar?
Posiblemente no, va a reaparecer cuando ella le diga que lo haga.
¿Tampoco a comer?
Es que le ha pedido espacio, creo que esperará hasta que ella venga y haga... algo
Vale entonces ira por él después de clase.
Él lo va a pasar mal. Va a hacerse todas las pajas mentales del universo y unas pocas más que le ayude a hacerse Gellert.
El dúo dinámico. De todos modos ahí está suspirando en la gárgola.
—Password?
—Qué se yo. Dile que soy yo.
La gárgola, de hecho, se quita.
—¿Le has dicho?
—Ha pedido que si vienes tú te deje pasar de inmediato. No le digas que te he pedido la contraseña.
Asiente y entra, suspirando. Sube arreglándose un poco el pelo como siempre y golpea la puerta.
Igualmente, le anuncia mientras sube las escaleras y ella igualmente golpea la puerta
—Adelante —pide que pase casi al instante en que toca.
—Albus... —mete la cabeza tímidamente.
Él está de pie detrás de su escritorio, con las dos manos sobre el, recargado un poco al frente. Le sonríe en cuanto la ve, aunque no es una sonrisa totalmente sincera.
—Pasa, pasa.
Entra y cierra la puerta a su espalda. Él sigue ahí de pie, mirándola de arriba a abajo tratando de sacar cualquier conclusión a un comportamiento anormal.
—¿Estás... muy ocupado?
—No.
—No has bajado a desayunar... ni a comer.
—Estaba... —vacila un instante—, pensé que era mejor darte un poco de espacio.
—Oh... —se humedece los labios.
—Ehm... siéntate.
—Gracias —responde—. Es decir... por respetarme. Ya me siento mejor.
Albus piensa en darle la vuelta al escritorio y recargarse del lado en el que está ella, vacila un poco pero opta por no hacerlo.
—Me alegra oírlo.
—Es posible que exagerara un poco mi... reacción.
—¿Quieres hablar de ello?
—Nada más... suelo poder controlarlo todo mejor cuando no estoy emocionalmente comprometida con la situación.
—Entiendo —no, no lo hace del todo—. Yo, he estado pensando...
—¿En qué?
—En esto y en lo que ocurrió y...
—A-Aja...
—Aun considerando que tu reacción no hubiera sido tan violenta... Hay un punto en que todo iba bien y... repentinamente dejo de estarlo. Lo he visto. El momento exacto.
Minerva aprieta los ojos porque eso significa que él ha estado sobre-analizando esto y ahora va a tener que disculparse y ya lo ha hecho antes pero tendrá que hacerlo de nuevo, con lo que lo odia.
Cierra la boca con su cara.
—N-No tenemos que hablar de esto si no quieres.
—No, no. Dime lo que piensas.
Y es que ha visto toooodo el recuerdo, varias veces. Se sonroja un poco.
—Fui tremendamente egoísta ayer, n-no debimos hacer nada de todo lo que hicimos así.
—¿Así... cómo? —vacila porque en realidad sí le gustó jugar con él.
—Ni siquiera te di las gracias ni... —suspira y aprieta el los ojos—, soy bastante torpe aún con todo esto —y es que ODIA ser torpe—. Pronto, y con tu ayuda, aprenderé las reglas básicas de esto.
—¿Por qué mejor no... Pasamos un poco por encima de esto?
Albus la mira fijamente unos segundos y sonríe con sinceridad esta vez, aliviado.
—Bien.
Ella asiente un poco y él le sonríe.
—¿Todo... normal?
Asiente de nuevo. Albus le da la vuelta a su escritorio ahora sí. Ella le mira, sin apartarse.
Vacila un poco antes de dibujar una silla junto a ella y sentarse. Se gira un poco hacia él.
—Ehm... entonces...
—Hay que ir...
—Al burdel, sí. Aunque antes...
—¿Aja?
Se le acerca un poco y se humedece los labios. Un poco más y... es que va a besarte.
Está bien, ya lo imaginaba.
No es tan dulce, más bien es un poco desesperado.
Alaaa, si no pasa nada.
Le ha agobiado que si pasara y ella puede notarlo bien en el beso.
Pero no pasaaaa
Menos mal, igualmente vas a llevarte un beso bueno con abrazo y cariñitos como si pasara.
Ella se levanta para sentarse sobre sus rodillas. Lo agradece, abrazándola un poco y hundiendo la cara en sus pechos cuando dejan de besarse.
—¿Estás bien?
—Sí —Ella le abraza un poco y le acaricia el pelo. Él sonríe, relajándose por primera vez desde anoche—. ¿Tú estás bien?
—Ahora sí, estaba asustado —confiesa.
—No te asustes, todo está bien.
—Menos mal —Le aprieta contra si—. Yo te... te... te...
Sostiene un poco el aliento pensando en si no le va a decir que la quiere.
—Te quiero, Minerva... —susurra casi inaudible
Se le acelera el corazón un montón. Él lo nota y la aprieta más contra sí.
—Y yo a ti.
Albus sonríe un poco y le acaricia la espalda.
—Gracias.
Minerva sonríe un poco y le hace pat pat en la cabeza.
—Este lugar me gusta... —hunde un poco la nariz en sus pechos.
Ella se sonroja.
—Aunque me gusta más sin ropa.
—No digas... ugh!
—¡Es verdad!
—Aun así —se tapa la cara con las manos pero no lo saca de ahí.
Claro que no lo saca, con lo consentidora que es con él... Maldita sea.
—Mjmj mjmmm mmm?
—¿Qué?
—¿Ya te duelen menos?
—Un poco.
Le da un besito a cada una y ella le mira, sonrojada.
—Debí consentirte más ayer —le sonríe.
—Y yo ser más paciente.
—Tú tienes hormonas, que no puedes controlar.
—Un poco sí que puedo.
Se estira y le da un beso en los labios otra vez, así de golpe. Ella sonríe. Y si te quejas de que él es un niño, hoy va a ser un niño tonto todo el día, a ver cuántos besos te roba como este
Pero si es por la tarde.
No lo subestimes, puede robarte doscientos de aquí a la hora de dormir
Bueno, no parece que tenga intención de quejarse.
