Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada, Chimaki Kuori y Toei Animation.


Cuando llegaron a Asia ya habían pasado seis meses, Kanon ya no recordaba cuanto tiempo llevaba fuera de Grecia, tal vez un año o más.

Olvidar Grecia no era tan sencillo, a veces despertaba pensando en ella, quería llamarla, saber cómo estaba, que le contara sus días, sus miedos, sus secretos. Pero no tenía su teléfono, no había forma de contactarla.

Esos días solía abrazar a Erda un poco más fuerte, esperaba que su olor a lilas ahuyentara las fresas. Funcionaba, Erda le daba fuerza.

Le gustaba que la castaña fuera independiente de él, le daba su espacio cuando lo necesitaba, no necesitaba que él le dijera cómo vestir o con quien hablar; nunca pudo convencer a Katya de que el amor también era estar separado de tu pareja.

Saori Solo, de soltera Kido, no le agradaba a nadie, tal vez ese era el principal problema de Kanon en ese momento. Las cosas en su vida estaban tan equilibradas que lo único que tenía que ver era por qué la indeseada esposa de su jefe no era del agrado de nadie.

Incluso Erda ponía cara de fastidio cuando tenía que quedarse en el hotel con ella.

A la mitad de la gira en América las fiestas y drogas habían disminuído, Saori controlaba a Julián tanto que Mime solía decir que sólo le faltaba una correa al cantante. Baian lo agradecería sino fuera porque Saori se había atrevido a decirle que tal vez deberían de ponerla a ella a controlar las finanzas, el chico de contaduría sí les estaba robando.

— Estamos esperando a Kanon, gracias.

Le dijo Baian en tono formal, tanto que Julián tuvo que llevarse a su esposa de ahí para evitar una pelea.

— Deberías de divorciarte, a este paso alguien va a dejar la gira — le dijo Kanon, de nuevo sentados en el suelo, frente a la ventana, las fans chinas eran menos abiertas, pero aún así le habían puesto carteles en los edificios alrededor de su habitación, para que los viera cuando se asomara por la ventana.

Julián aún no sabía como actuar frente a eso.

— Si nos separamos ella se lo va a llevar todo, el dinero no me importa pero tengo la sensación de que incluso podría llevarse los derechos de las canciones, mi música.

— Vivirás el resto de tu vida con ella así, ni siquiera la quieres.

— Al menos sé que en el sexo somos compatibles, cuando no me está gritando prefiere que cojamos, creo que incluso ella lo sabe — Julián había reído secamente — le dije a Baian que entraré en rehabilitación cuando termine la gira, no volveré a estar semiconsciente y dejar que alguien se aproveche de eso.

Ambos miraron los carteles, escritos en chino, inglés, algunos incluso en griego.

— ¿Sigues pensando en Grecia?

— A veces — Kanon suspiró, era el momento de desahogarse — no puedo evitarlo, sólo de repente ella aparece ahí, y me hago preguntas, y me odio por hacerlo, a veces tengo la sensación de que juego con Erda.

— Habla con ella — Julián se levantó, aún detrás de las cortinas estiró la mano, como si quisiera alcanzar los carteles, recibir el amor, ignorar el ojo público — debe de saberlo.

Kanon asintió, esperaba que no fuera muy tarde.