Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada, Chimaki Kuori y Toei Animation.


Decirle a Erda no era sencillo, hacerlo después de llevársela por medio mundo lo era menos.

Le dijo en China, ahora estaban en Japón, semanas después, tal vez poco más de un mes.

Ella no le hablaba y eso lo lastimaba. Recordó el dolor de Katya y Saga, era tan parecido pero a la vez tan diferente. Menos profundo, como si el puñal que se clavó en el corazón fuera más pequeño, menos letal.

La extrañaba. Tal vez la extrañaba más que a Katya.

Ya ni siquiera recordaba a Katya, era rubia, eso lo sabía perfectamente, pero no recordaba el color de sus ojos, su altura, la forma de su boca, sabía que olía a fresas pero no recordaba a qué olían las fresas.

Pensaba en las lilas, Erda se estaba dejando el cabello largo y a Kanon le gustaba pasar los dedos entre sus mechones, medir su cabello, pensar en cuanto crecía.

Estaba confundido, adolorido. Necesitaba respuestas.

Olvidar Grecia era difícil, olvidar a Erda parecía un poco más.