Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada, y Chimaki Kuori.
La visión de Katya había sido un duro golpe. A pesar de que Erda le aseguró no haberla visto y Kaza no pudo decirle nada más allá de que era rubia, Kanon pensaba que era ella, una visión, un recuerdo de lo que le esperaba cuando regresara.
Esa noche, después del concierto, mientras Erda dormía, Kanon salió de su habitación y se sentó en el pasillo del hotel. Pasó toda la noche leyendo los correos de ella, riendo en algunas partes, frunciendo el ceño en algunas otras, tratando de ignorar el conocido cosquilleo que parecía permanente, junto con el malestar cada vez que leía una referencia a Saga.
No pudo evitar fijarse en que el nombre de su hermano desaparecía con el paso de los correos viejos a los más recientes, y también que ella le hacía más preguntas, que le decía más veces que lo extrañaba y estaban todas esas veces que le preguntaba cuándo regresaría.
"Pronto", pensaba, demasiado pronto.
En menos de veinticuatro horas recordó todo lo que había olvidado de ella, el color de sus ojos, su altura, que le gustaba pintarse los labios de rojo o rosa y en su mayoría usaba colores claros.
También le enviaba fotografías de las gemelas, en todas sólo aparecían las bebés, no ella, menos su hermano. Uno de los últimos correos incluía un video corto donde la joven madre trataba de hacer que sus hijas miraran a la cámara. Duraba sólo treinta segundos, pero eso fue suficiente para que Kanon pudiera escucharla y sintiera que había cometido un error, en Japón tal vez o en Grecia, desde el inicio, en todo.
