Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada, y Chimaki Kuori.
Llevaba dos semanas en Grecia, escondiéndose de su familia. Le había dicho a Saga que estaba ocupado con la mudanza con Erda, tenían que comprar muebles y él tenía que buscar un lugar dónde ocultar su viejo paraguas, no sabía cómo reaccionaría ella si lo veía; estaba casi seguro de que sus padres ni siquiera sabían que había estado fuera del país así que no se molestó en llamarlos.
Fue después de dos semanas y un día que Saga apareció en la puerta de su nuevo departamento, usando un traje ajustado que indicaba que era más caro que cualquiera de los muebles de Kanon. Lo invitó a una fiesta, Katya cumplía veintiseis años y quería hacerle una pequeña fiesta, nada formal, sólo la familia cercana, ni siquiera sus padres estarían ahí.
Aceptó, se arrepintió al momento pero no se retractó.
Erda no estaba tan segura, lo había mirado con una mueca de desconfianza que Kanon entendió, él sólo la abrazó y le aseguró que tarde o temprano tenía que enfrentarse a su familia, no podía esconderse de su hermano para siempre y quería conocer a las gemelas.
Cuando llegaron a la residencia de su hermano fueron recibidos por Hyoga, quien cargaba a una bebé que le jalaba el cabello, el joven parecía acostumbrado a eso.
— Ella es Integra, sabrás identificarla porque tiene los ojos azules, Paradox los tienes de un curioso tono lila — le dijo el rubio después de presentarle a su pareja, eso lo había sorprendido, pero no dejó que Hyoga o Isaac se dieran cuenta — ¿quieres cargarla?
Quiso negarse, pero el rubio no esperó e inmediatamente le pasó a la bebé. Era la menor, según lo que recordaba que le había escrito Katya, no le gustaba el puré de zanahoria, lloraba en silencio para no despertar a su hermana, contrario a ella que gritaba y los despertaba a todos. Ambos se miraron y Kanon le hizo una mueca que le sacó una pequeña risa, al igual que al resto de los presentes.
Erda se acercó a ellos para acariciar la cabeza de la bebé.
— Ella es Erda, mi novia.
En ese momento Saga apareció, con su teléfono en mano y Katya caminando detrás de él, cargando a la bebé que faltaba.
— ¡Kanon, Erda! Bienvenidos, sientense como en casa.
El gemelo mayor se acercó a la pareja, le dio un par de palmadas en la espalda a su hermano antes de besar en la mejilla a Erda. La rubia se acercó lentamente, primero saludó a Erda con un pequeño apretón de manos, pero ante la mirada de Saga se acercó un poco más para también besarla en la mejilla.
Cuando se volteó para saludar a Kanon trató de acercarse para abrazarlo, Kanon también dio un paso adelante, pero se detuvo al percatarse de que ambos estaban cargando a las gemelas. Isaac se acercó también para cargar a Paradox y cuando Katya extendió los brazos, lista para abrazarlo, Integra saltó hacia su madre.
Ambos intercambiaron una mirada, por un momento Kanon pensó ver que ella se sonrojaba.
— Hola Kanon.
— Katya.
La cena fue tranquila, casi todos le hicieron preguntas sobre los lugares que había visitado en esos poco más de dos años, a veces contestaba él, a veces lo hacía Erda. Kanon se concentró en su comida, de vez en cuando miraba a las gemelas y les hacía una mueca o dos, las escuchaba reír y también escuchaba otra risa, un poco más baja, que casi pasaba desapercibida, esos era los únicos momentos dónde miraba a Katya.
Hyoga e Isaac se fueron temprano, ambos tenían trabajo al día siguiente, Erda y Saga se habían enfrascado en una conversación sobre el turismo en Grecia, y cómo lo veía ella siendo extranjera. Kanon llevaba horas mirando el fondo de su copa de vino, aún no se sentía mareado, pero estaba relajado. Pensó que tal vez estar un poco alcoholizado le ayudaría a hablar con Katya, tenía preguntas sobre lo que ella le había contado en correos, y le había surgido la necesidad de escucharla hablar.
Pero ella no estaba en la mesa. Kanon se disculpó diciendo que iría al baño y subió a la segunda planta. Caminó por el pasillo hasta que escuchó a alguien tararear.
Encontró a Katya en la habitación de sus hijas, en medio de las cunas.
La luz del exterior se filtraba por las ventanas, el cabello rubio de ella brillaba, igual que su vestido blanco, parecía alguna especie de criatura mística.
— Eres hermosa — dijo Kanon, incapaz de dejar de mirarla.
Katya levantó la cabeza y lo miró, sus mejillas estaban sonrojadas, lo que la hacía parecer aún más bella.
— ¿Q-qué? — preguntó.
— Son hermosas... — Kanon se acercó a las cunas y bajó la cabeza, volteando a ambos lados para mirar a las niñas dormidas — las gemelas, son hermosas.
— Lo son, ¿cierto? — ella sonrió — por cierto, gracias por su regalo.
Erda le había dado el juego de mamelucos que habían comprado para las gemelas en Las Vegas. La castaña le había dicho que era de parte de ambos, Kanon nunca la corrigió a pesar de que en el bolsillo interior de su chaqueta tenía guardada una cadena de plata que tenía un pequeño dije también con la constelación de Corona Boreal.
— … Pero — continuó la rubia, mirando al mayor con un pequeño puchero — debo decir que hiciste trampa, tu regalo no podría quedarme ni aunque me pusiera a dieta.
— Lamento la ofensa — dijo Kanon sonriendo por los comentarios de ella — dígame cómo puedo arreglar mi afrenta contra usted madame.
Katya se llevó una mano a la barbilla, pensativa. Kanon resistió suspirar enamorado, trató de enterrar su cofre más hondo, más lejos.
— Un abrazo — susurró la rubia, su rostro reflejaba seriedad — quiero que me abraces de verdad Kanon.
Él la miró conteniendo la respiración, su corazón aumentaba su ritmo conforme ella se acercaba, lento, como si estuviera preparando el momento. Katya puso las manos en su pecho y las deslizó hacia los costados, abrazándolo, apoyando su cabeza en su hombro.
Kanon respiró profundo, inhalando todo el aroma a fresas que ella desprendía, eso era lo último que le faltaba recordar.
— Es un abrazo — le dijo al oído cuando él no dio muestras de moverse — tienes que tocarme Kanon.
Movió sus brazos lentamente, dejando ambos en su espalda. La estrechó contra él con fuerza, compartiendo su calor, como quiso hacerlo desde hace tantos años atrás, tal vez desde que la conoció. Escuchó a Katya suspirar, bajito, como si sólo lo hiciera para él; ella movió las manos y Kanon sintió un pequeño toque en la mejilla, cerca de los labios, un pequeño beso, suave, sólo para él.
Estuvieron así hasta que Paradox comenzó a llorar. Katya se alejó lento, cómo si le costara trabajo separarse y lo miró intensamente, como si quisiera decirle algo.
La rubia cargó a su bebé y comenzó a mecerla; Kanon la miró, el cofre tenía una abertura, pequeña, que dejaba salir su amor. Se acercó y la besó, igual que ella, en la mejilla, cerca de los labios, después besó a Paradox en la cabeza.
— Te veré después.
