Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y Chimaki Kuori.


Colgó su camisa lentamente, no tenía nada más que hacer después de eso. Una vez que todas las cosas estuvieron ordenadas en su nuevo departamento Kanon inhaló y exhaló lentamente de pie en medio de su casi vacía habitación.

Hace tres años tenía una novia, vivía con ella, peleaba con ella y tenía cenas incómodas con su padre adoptivo. Hace dos años seguía teniendo novia pero en secreto besaba a su cuñada, la abrazaba, le demostraba que estaba a sus pies, venerandola y amándola como nadie, le mentía a todos sobre lo que hacía y dónde estaba, todo por ella.

Hace un año interrumpió la oficina de Katya para pedirle una audiencia, exasperado, esperanzado e inquieto. Kanon le habló de su encuentro con Saga con exactitud, no dudó en señalar los secretos descubiertos y las declaraciones de Saga.

Libertad, todo lo que Kanon quería para ella.

— Dijo que si se lo pedías te lo daría — le había susurrado mientras tomaba sus manos y la miraba con amor.

— Pero… su carrera… la imagen — Katya en cambio lo miró confundida, preguntándose qué tanto de eso era verdad.

— ¡Al carajo la jodida imagen Katya! — Kanon la soltó molesto, recordando las palabras de Krishna y las de su hermano — ¿No lo entiendes? ¿No lo quieres acaso? Si te separas de él te prometo que nos iremos, estaremos juntos, Katya…

Ella se llevó una mano a la boca, pensando en sus palabras, recordando la primera vez que vio a Saga bajo la lluvia, la primera vez que intercambió palabras con él, su primer beso, su boda y su decepción; decepción tras decepción y después su traición. Miró a Kanon insegura, él que siempre estuvo ahí, como un amigo, un amor imposible, un amante desenfrenado que la hacían sentir cosas que nunca había sentido.

— Pero las gemelas…

— Podemos llevarlas con nosotros, a dónde tú quieras, nosotros cuatro.

— ¿Y qué les diré? Kanon… esto es una locura.

Claro que era una locura, Kanon recordaba que en ese momento él temblaba de expectación, el amor era una locura.

— Entonces, ¿Qué es lo que querías que sucediera?

La expectación fue cambiada por dudas y temores.

"Ella no te ama", escuchó en la voz de Krishna, haciendo eco permanente en su psique.

"Ella no va a dejarme", susurró otra voz, Saga, recordándole una verdad aplastante.

— Katya…

— No puedo sólo dejarlo todo, no soy nada sin mi trabajo y las gemelas y…

Y él. No lo dijo pero ambos lo sabían.

No importaba que ella ya no lo amara, estaba tan acostumbrada a Saga que sin él diciéndole que hacer estaba perdida. Se había revelado, sí, su corazón le pertenecía a otro, por supuesto, pero eso no era suficiente.

Esa tarde Kanon entendió que no importaba el amor, no importaba cuánto amor recibiera una persona eso no la cambiaría si ella no estaba dispuesta a buscar ese cambio. Katya aún se sentía como una muñeca de cristal, como si todo el año que vivieron no hubiera provocado algo en ella más que hacerla sentir que aún era una amante funcional.

Después de eso pasaron muchas cosas, una renuncia, el escándalo del divorcio de su jefe solicitado por su propia esposa alegando diferencias irreconciliables, una mudanza y la oportunidad de una nueva vida, lejos de Grecia, esta vez por un largo periodo de tiempo.