Perdón por la demora, Oni estuvo a full con la week zhongguang.
Muchas gracias a todos quienes leen, comentan y disfrutan. Intento contestar a todos, pero a veces se me pasa (lo lamento)
Como siempre, los arts del cap están en mi perfil de wtp en la misma historia. Este cap en particular tiene soundtrack, Ecos de amor de Jesse y Joy me inspiraron xd (sí, andaba cortavenas)
Gracias especialmente a kaoru-sakura, Rafff980, refursif, Tsuki hime
Espero que sigan disfrutando después de tanto tiempo. BTW, este cap no tiene prompt, ya no participa en la week
Advertencia: Basado en el manga de KnY y el fanbook, alerta de spoiler. Drama barato (?)
Capítulo 6: Egoísmo
"Uzui tiene razón" pensó Kochō una vez que su colega abandonó el dojo y el silencio se hizo espeso entre ambos. "No puedo continuar con una relación destinada a la muerte...no cuando mi destino está sellado por el veneno en el interior de mi cuerpo...no es justo" decidió, volteando a mirar a Giyuu, quien seguía con la vista fija en la puerta cerrada del lugar.
― Tiene razón ― declaró Tomioka, con un hilo de voz a causa del nudo que apretaba su garganta, logrando que la mujer a su lado lo mirara desconcertada. Él volteó a verla, con la mirada opaca y llena de melancolía, provocando que algo en Shinobu se contrajera hasta ser doloroso.
Una cosa era pensar de esa forma, la otra muy distinta era que él también estuviera de acuerdo y, por extraño que pareciera, se dio cuenta que una parte de ella había querido que su amante no se rindiera tan fácilmente con lo que recién comenzaban. "Sin embargo, no puedo pedirle algo que no estoy dispuesta a dar" pensó Shinobu, cabizbaja. No iba a forzarlo a estar a su lado cuando ella estaba planeando su muerte para cumplir su venganza, pero la mano del pelinegro en su mentón la obligó a alzar su rostro alicaído.
― No sé si pueda dar prioridad a algo más que mi misión y entiendo que es igual para ti...Shinobu… ― La pausa fue larga, mientras sus ojos azules brillaban con una intensidad que la ahogaba, lucía tan diferente al hombre de hace unos segundos atrás―. Aún te ofrezco mi compañía en el tiempo que podamos compartir, pero no quiero ser la causa de que abandones tus convicciones, no si te sientes presionada por la posibilidad de dañarme.
Y una parte de ella sintió un alivio tremendo con sus palabras, porque él nunca le exigía nada y las lágrimas rodaron libres por sus mejillas mientras le ofrecía una sonrisa triste, pero real. Lo vio asustarse por su reacción, pero antes de que pudiera explicarle algo, él agarró su rostro entre sus manos, de forma suave, pero firme. Como si ella fuera a desaparecer si no lo hacía así y algo en Kochō volvió a quebrarse al saber que siempre había buscado una forma de extinguirse tras su venganza; porque vivir sola, sin su familia, era más doloroso que morir si eso significaba vencer.
― No quise hacerte llorar, por favor perdóname ― dijo y la voz acongojada de aquel hombre la hizo sentir cálida. Era la primera vez que volvía a sentir algo más que ira; si la preocupación de Tomioka era amor, ella no se sentía merecedora de él, pero sí agradeció el haber podido experimentarlo.
Lo abrazó impulsivamente, enterrando su rostro en el amplio torso masculino, mientras sus amables brazos la rodeaban, sintiéndose segura con aquel hombre que nunca la había juzgado. Ni siquiera cuando le había propuesto aprender juntos algo tan desconocido como el arte de amarse mutuamente.
Kochō jadeó, separándose para alzar su rostro y conectar con los ojos azules de Giyuu, sorprendida por haber pensado en las sesiones de sexo con él como en amor. "¿En qué momento...cambió todo?" cuestionó, pero la mano de Tomioka acariciando su cabeza, la hizo dejar de pensar. Sólo quería sentir ese pequeño momento de pausa de la realidad, para poder recordarlo cuando ya no lo tuviera, porque seguir con esa relación sólo los rompería a ambos...o eso creía ella.
Y, a pesar de todo, jamás se perdonaría dañarlo.
― Permíteme acompañarte hoy ― pidió el mayor, adelantándose a todo actuar de Shinobu. Giyuu limpió las lágrimas de la Hashira antes de continuar hablando ―. No quiero estorbar, sólo quiero que me dejes hacerte compañía hoy y todos los días que podamos. Siempre que no sea una molestia para ti. ― Lo vio alzar el rostro al techo, pero antes de poder responder, él la atrajo hacia su pecho y lo sintió apoyar suavemente su mentón sobre su cabeza ―. No es necesario que volvamos a estar juntos de otra forma, pero no quiero dejar de compartir contigo.
Y, tras sus últimas palabras, no pudo más que volver a abrazarlo fuertemente, como si ahora él fuera a desaparecer en cualquier momento. Se sentía desamparada, Giyuu estaba tomando una decisión por los dos y Shinobu sabía que debía agradecerle, porque si la decisión dependiera de ella, no podría dejar de atormentarse al deber separarse, pero desear permanecer a su lado.
Se sentía dividida; porque la venganza latía en su interior, recorriendo su cuerpo en forma de veneno, debilitando todo a su paso con promesas de victoria en medio de la muerte; porque acababa de surgir otro camino que, si ella fuera más fuerte, tal vez podría recorrer, pero su cuerpo siempre había sido débil y se odiaba por ello, porque, aunque quisiera estar junto a Giyuu no sería capaz de lograrlo sin dejar sus planes de lado. Porque sus fuerzas no eran suficiente para derrotar a la Luna Superior Dos y vivir. Porque ni siquiera un Hashira tan fuerte como Rengoku había sobrevivido a la Luna Superior Tres y ella era mucho más débil que Kyojuro.
Porque le debía su venganza a su hermana. A pesar de que ella siempre deseó que formara una familia y viviera hasta ser anciana.
Porque...no conocía otra forma de vivir.
― Te quiero cerca, Giyuu-san ― confesó entre vergonzosos sollozos, su sonrisa rota y perdida entre su dolor ―. Quiero ser egoísta y conseguir mi venganza, pero soy débil para sobrevivir, porque ni Rengoku-san pudo lograrlo y mi objetivo es más poderoso que el demonio que nos arrebató a Kyojuro-san y mis venenos pueden no ser suficientes. No deseo prometer una vida a tu lado, porque no lo cumpliré y aun así te quiero cerca. No abandonaré mis objetivos a pesar del amor que siento por ti y no es justo que estés junto a alguien que tiene fecha de caducidad… realmente...lo lamento tanto…mi egoísmo no quiere alejarme de ti. Sin embargo...no deseo hacerte daño.
Entre hipidos le confesó su plan suicida, porque no era justo mantenerlo a ciegas y él, aunque tenso, la escuchó en silencio, mientras la abrazaba y le acariciaba su espalda para reconfortarla. Entendiendo la razón de la palidez de su piel en el último tiempo. En un punto, la alzó en brazos para guiarlos hacia una de las esquinas de la habitación, donde se deslizó hasta tocar el suelo, acomodándola en su regazo y, arrebatándole el haori multipatrón que nunca había soltado y que había arrugado con sus pequeñas manos, la cubrió con él. Creando un refugio en el que sólo existían los dos. Una pausa entre toda la sangre que cargaban a cuesta y un lugar para purificar sus propios demonios.
― No soy nadie para pedir que cambies tus planes y nunca he pensado en hacerlo ― aclaró, con la voz más serena que pudo encontrar.
No podía desligarse de aquello como siempre hacía, diciendo que no tenía nada que ver con él, porque no deseaba provocar otra de las típicas confusiones que siempre generaba su falta de tacto y se dio cuenta de lo difícil que era expresar con palabras sus verdaderos sentimientos e intenciones. Por primera vez en su vida, fue consciente del aislamiento que se había auto impuesto y que aquella venenosa mujer había traspasado con una insistencia que lo seguía sorprendiendo.
― Pero no conozco a nadie más inteligente y trabajadora que tú, Shinobu, has creado tu propio veneno y descubierto la forma de luchar con los demonios sin cortar sus cabezas. Eres impresionante y, no creo ser merecedor de tu compañía, pero sí sé que muchos estarían tristes sin ti. ― Quiso replicar, decirle que la que no lo merecía era ella, pero él continuó hablando. Inamovible en sus convicciones ― Sé que es tu decisión, pero si hay alguien que puede cambiar todas sus debilidades y probabilidades en contra para volverlas a su favor, eres tú y, aunque sé que te bastas por ti misma, puedes contar conmigo en lo que necesites.
Lo último lo había dicho con la voz vacilante y las mejillas sonrosadas, la mirada vagando en cualquier dirección lejos de ella. Nunca creyó que lo vería avergonzado por algo y menos por ofrecerle su ayuda. Sabía que no se sentía lo suficientemente útil para ella y no pudo más que sonreír ampliamente, la felicidad inundando su ser al ver esa cara del hombre frente a ella. Porque ver al muchacho dulce que realmente era le causaba una ternura difícil de ignorar. Además, era la primera persona fuera de su familia que había visto su vulnerabilidad y había destacado sus fortalezas, confiando en sus capacidades.
― Realmente ― comenzó a decir, animadamente, captando la atención de Giyuu, quien centró sus ojos azules en los de ella ―. Eres asombroso, Giyuu-san ― dijo y agarró sus mejillas entre sus manos, tirando de él para unir su boca con la suya en un beso esperanzado.
No se lo diría, pero buscaría la forma de cumplir sus objetivos y sobrevivir, porque en ningún momento Tomioka le había ofrecido derrotar al asesino de su hermana en su lugar y ella entendía que él sabía que esa venganza debía ser ejecutada por ella.
― Somos afortunados de tenernos mutuamente ― confesó apenas se separó de él y la pequeña sonrisa tímida que surgió en el rostro masculino la llenó de felicidad. Mismo sentimiento que inundaba a su acompañante.
.
.
Increíblemente, Tomioka era bueno en las labores del hogar. Ese día, la ayudó a limpiar el dojo, los pasillos y una que otra habitación en que los enfermos habían sido dados de alta. Las niñas de la finca correteaban tras él diciéndole que no era necesario que se esforzara, que podían hacerlo ellas, recibiendo como respuesta una mirada seria de parte de Tomioka junto a su típico silencio, provocando que las chicas lo miraran desconcertadas y un poco asustadas y que ella riera cada vez que era testigo de esa falta de tacto por parte del pelinegro.
Al final había optado por acercarse a las jóvenes y explicarles que Tomioka-san se sentía bien y quería ser de utilidad, por lo que lo dejaran ayudar. Las vio poco convencidas, pero tras la sonrisa eterna y el asentimiento de Kanao, dejaron de estar tras el Hashira para dedicarse a otras labores que no había podido atender por tener tanto trabajo. Kochō se alegró de que su hermanita se hubiera vuelto una buena influencia entre el resto de las chicas de la finca.
Lo que más le agradó de tener a Giyuu ayudando, fue que cada vez que se cruzaba con él, una sonrisa sutil tiraba de los labios masculinos, además de que sus ojos azules adquirían un brillo que la hacían perderse en ellos. Tampoco podía evitar los roces casuales de manos ni el sutil calor en sus mejillas, trabajar al lado de él en labores tan normales la hacían creer que eran un equipo más allá de la caza de demonios y el deseo de poder optar a más días de calma como aquel le quemaba el cuerpo.
Almorzar en su compañía, junto a todas las pequeñas del lugar, tras haber recibido su asistencia en la revisión de los heridos, fue otra ilusión preciosa de tranquilidad que deseaba repetir. Sin embargo, el atardecer llegó rápidamente y, con el alta de Giyuu, nuevas asignaciones fueron impuestas con el batir de alas de su cuervo.
Las niñas se despidieron efusivamente del Pilar, deseosas de volver a convivir con él. Todas habían aceptado la silenciosa y trabajadora presencia del pelinegro tras los resquemores iniciales. Giyuu parpadeó ante la intensidad de las pequeñas y desvió su rostro, seguro de que no era para tanto lo que había hecho.
― No tienen nada que agradecer, ustedes son quienes nos cuidan cuando nos lesionamos ― dijo y los chillidos emocionados de las pequeñas se mezclaron con las risas de Shinobu, quien se divertía con la descarnada sinceridad de su colega.
― Ara, ara~, realmente eres amable, Giyuu-san. Si siempre fueras así, nadie te odiaría. ― Se burló, adicta al gracioso rostro indignado de él.
Tomioka no la decepcionó, la volteó a ver con los ojos muy abiertos y los labios temblando en desacuerdo con sus palabras. El puchero sutil abandonado para dar paso a una nariz arrugada mientras su típica respuesta inundaba los oídos femeninos.
― A mí nadie me odia ― contestó y Shinobu no pudo evitar la carcajada que abandonó su garganta, él era demasiado fácil de molestar.
Las niñas los vieron interactuar y a una señal de Aoi, se despidieron con una reverencia para volver a entrar a la finca. Dejando solos a los mayores. Shinobu, al saberse sola con él, tomó su mano y tironeó de ella hasta atraerlo y envolverlo entre sus brazos.
― Buen viaje, Giyuu-san. No vuelvas a distraerte, no quiero volver a tenerte como mi paciente ― dijo, antes de colocarse en puntillas y tomar sus mejillas para besarlo largamente, sin ánimos de separarse.
Tomioka se dejó hacer, inundado de la calidez que la joven le hacía sentir, feliz de que Shinobu le permitiera estar a su lado. Se separaron suavemente y él acarició la mejilla pálida de aquella mujer venenosa, antes de besar su frente y abandonar de un salto aquel lugar, partiendo a su nueva misión. Dispuesto a acabar con los demonios que acechaban en la oscuridad, con tal de que nadie más tuviera que pasar por lo que él y varios de sus colegas habían lidiado.
Dispuesto a retornar al lado de aquella mariposa. Sin sospechar que pasaría mucho tiempo antes de volver a verla y que las cosas se precipitarían con el descubrimiento de Tokitō y Kanroji.
.
.
La reunión de emergencia de los Pilares abrió nuevas posibilidades para vencer a los demonios, bajo la cláusula de obtener la marca que habían conseguido Mitsuri y Muichiro. Shinobu fue la primera en priorizar que el resto de los Pilares consiguieran dichas marcas y Gyomei la secundó. Giyuu supo desde el primer momento que él no podría obtenerla, no era alguien competente para ello y apenas miró a Shinobu se preguntó cómo había sido tan iluso de ofrecerle su ayuda con sus objetivos si él ni siquiera estaba calificado como Cazador de Demonios.
Sin embargo, escuchó atentamente a Amane-dono y su propuesta de entrenamiento. Una parte de él vio una luz de esperanza, si Kochō obtenía la marca, podría vencer a la Luna Superior Dos sin necesidad de usa el veneno en su interior y morir en su intento.
― Espero contar con todos ustedes ― dijo Amane-dono junto a una reverencia, antes de retirarse junto a sus hijos y Giyuu volteó a ver a Shinobu, quien estaba al final de la sala, junto a Tokitō.
Quería ver una confirmación de que ella participaría en el entrenamiento, a pesar de que él no lo hiciera, aunque...tal vez debería intentarlo, le debía el dar su mayor esfuerzo a Shinobu. Sin embargo, apenas sus ojos conectaron con los morados de ella, la vio negar con la cabeza, al tiempo que una sonrisa triste apareció en sus labios. Era su forma de indicarle que no podría ser parte del entrenamiento de los Pilares y Giyuu había aprendido a descifrar demasiado bien sus gestos para ignorar las repercusiones de aquello.
Cortó el contacto visual con el pecho acongojado. Volvió la vista al frente, mientras Himejima hablaba y el dolor lo atenazaba de una forma inesperada. Shinobu ni siquiera intentaría otra alternativa distinta al veneno que la recorría y él supo que nada era suficiente para que esa mujer venenosa luchara por vivir. Ni él, ni las niñas de la finca. En primer lugar, había sido un iluso por haber albergado esa pequeña esperanza cuando ella había sido sincera con aquello, por lo que, levantándose, dio a conocer su decisión al resto.
― Ahora que Amane-dono se ha ido, también me iré ― dijo y nunca imaginó que aquello desataría la furia de Shinazugawa, quien insistió en que se quedara. Tampoco imaginó que hasta Kochō le pediría explicaciones y él, cobarde, no pudo ni dar la cara.
― Chicos...yo no soy como ustedes ― intentó explicar, aun dando la espalda a todos, pero Sanemi se había vuelto a alterar y él sólo deseaba irse lejos de ese lugar.
No había vuelto a ver a Kochō desde que le había dado el alta y la decisión de ella respecto al entrenamiento le había vuelto a dejar clara sus prioridades. No la culpaba, siempre había sido honesta con él, pero le había recordado su incapacidad para ayudar a la gente que amaba. Haciéndolo un inútil para ella. Recordándole que no era merecedor ni de su puesto en la asociación, por ende, era imposible que pudiera enseñarle alguna cosa a otros Cazadores de Demonios, mucho menos despertar el poder del que hablaban sus colegas.
El barullo que se formó a causa de sus respuestas, el temperamento de Shinazugawa y los intentos de Kanroji por defenderlo, fueron detenidos de improviso por Gyomei, a quien le bastó dar un aplauso con sus poderosas palmas para llamar la atención de sus colegas. Todos se quedaron quietos y lo escucharon, incluso Giyuu detuvo sus pasos y se sentó a escuchar la propuesta del hombre más fuerte de la organización.
Sin embargo, ni las palabras de Himejima fueron suficientes para hacerlo cambiar de opinión e intentar entrenar. No cuando él no había aprobado la Selección Final y todo su trabajo en la asociación se basaba en una farsa. Sí, había tenido suerte al acabar con los demonios, de alguna forma lo habían considerado Pilar del Agua y él había decidido mantener el puesto hasta que llegara un candidato apto para tal título.
Con Tanjirō pensó que podría llenar esa vacante con alguien apto, pero no había sido así, el muchacho había desarrollado un segundo aliento y lo había dejado nuevamente en la posición de mantener ese espacio vacío mientras llegaba un sucesor adecuado.
Había tenido suerte de tener a Kochō a su lado y que lo aceptara con todas sus falencias, a pesar de no ser merecedor de ella. Se había sentido afortunado de que la joven le permitiera estar a su lado a pesar de priorizar su venganza, pero -ilusa y egoístamente- había confiado en que ella encontraría otra forma de cumplir sus planes sin perecer en el camino y, apenas habían descubierto otra opción para que Shinobu lo lograra, ella había decidido pasar de ésta. Entendía que cambiar de planes podía ser difícil, pero jamás imaginó que Kochō ni siquiera lo intentaría.
Cabizbajo, escuchó la propuesta del Pilar de la Roca, mientras en su mente se repetía una y otra vez que no era digno de que la mujer que amaba luchara por su vida, que no era digno de estar junto a sus colegas en esa habitación y que jamás podría ser capaz de activar tal marca. Por ello, apenas Gyomei dejó de hablar y los otros Hashiras comenzaron a idear un plan de entrenamiento, decidió levantarse e irse en silencio, ignorando los gritos y amenazas de Sanemi.
― Tomioka-san. ―Ignorando el llamado sutil de Kochō ―. Giyuu-san. ― Quién había optado por nombrarlo por su nombre.
Sintió los pasos de ella tras él y decidió acelerar el ritmo, incapaz de enfrentarla en ese momento y, por primera vez en mucho tiempo, Giyuu no detuvo su andar para que Shinobu pudiera alcanzarlo.
Y, por primera vez en mucho tiempo, Kochō volvió a ser consciente de su baja estatura y sus piernas cortas que eran incapaz de igualar el ritmo de Tomioka cuando se proponía dejarla atrás. No quiso usar su agilidad para darle alcance, porque él no quería ser alcanzado y ella optó por respetar su decisión, incluso si eso le costaba un corazón doliente.
Estaba acostumbrada a, de cierta forma, perseguir al pelinegro, pero de un tiempo a la fecha, había dejado de hacerlo y ahora se daba cuenta que se debía a que él igualaba su caminar al de ella para ir a la par. Por otra parte, no sabía qué significaba exactamente que Giyuu la dejara de lado, sospechaba que -de alguna forma- se encontraba molesto por su negativa a participar en el entrenamiento, pero Oyakata-sama quería darle otra misión junto a una demonio llamada Tamayo, a quien aún no lograba encontrar, pero el patrón tenía una pista sólida de su paradero y deseaba que ella comenzara a investigar ciertas cosas para estar preparada para el eventual encuentro. Además, debía volver junto a Gyomei-san y decirle que ella tampoco participaría.
Sí, estaba preocupada por Tomioka, pero tenía deberes que cumplir y debía seguir investigando si quería vivir. Ya le pediría explicaciones a él, sobre todo, no podía creer que volviera a dejarlos de lado, siendo que estaba segura de que Giyuu podría adquirir tal marca sin problemas. Tomioka podía llegar a ser un tonto de primera categoría y, en ese momento, ella no tenía tiempo para perder en centrarlo, por más que le doliera su actuar y su lejanía. Sólo le quedaba confiar en que recapacitara por sí mismo. Por otra parte, juró que, si sobrevivían a lo que se avecinaba, haría todo por corregir esa actitud molesta de él, no podía dejar que siguiera abandonando a sus compañeros de esa forma.
.
.
Nunca sospechó que el idiota al que amaba no recapacitaría solo y que a Tanjirō le tomaría varios días hacerlo cambiar de parecer. Tampoco se enteró de ello, sólo supo que Giyuu había aceptado ser parte del entrenamiento de los Pilares porque Kanao se lo había comentado. Ni siquiera habían vuelto a verse y eso que los demonios habían dejado de aparecer y ahora sólo patrullaban de noche y entrenaban en el día. Bueno, no Shinobu, ella sólo investigaba y bebía su veneno en caso de que todo lo demás fallara.
A veces creía que el mismo veneno le quitaría fuerzas para vencer, pero otras, no veía avances en el resto de sus investigaciones y se convencía de que no había otro camino para ganar. Suspiró, recordando el día en que le pidió fuerzas a su hermana para relajarse y controlar sus emociones, el mismo que le reveló su plan a Kanao y le aseguró que no había otra forma de ganar.
"Entonces, ¿Por qué estoy buscando otra manera de vencer y vengarme? ¿Por qué vivir si también me has abandonado?" pensó, observando la belleza de la luna llena de esa noche y sus ojos la hicieron alucinar con la silueta de Giyuu recortada por la luz de la luna en ese patio vacío. "Hasta la luna me muestra tu sombra" pensó, moviendo su cabeza de un lado para el otro, tratando de despejar su mente de su propio anhelo. No dejaría que él la hiciera volver a perder su razón.
Todo su ser lo extrañaba y sabía que se estaba aferrando a los reflejos de sus recuerdos y a los ecos de sus palabras de apoyo y amor, porque sólo su familia había confiado tanto en ella y en la desolación de las noches gobernadas por demonios, su ausencia pesaba. Porque, a la espera de que estallara el conflicto final con sus enemigos, se dio cuenta que parte de su calma se había ido con él y que por más que manoseara y desgastara sus recuerdos con Tomioka y sus palabras de sostén, no le bastaba a su iluso corazón.
Ya no tenía a que aferrarse y sentía que, en la caída, lo había perdido sin siquiera entender en qué había fallado. Paseó su mirada de los árboles agitados por la brisa, a la pequeña fuente que había en el patio, a la luna, fiel compañera en las noches de melancolía. Le dolía su ausencia, pero apretó sus labios y cerró sus ojos, antes de formar una sonrisa tensa y enojada. Todo su ser ardía en ira y aquello era mejor que la pena que la había estado persiguiendo.
Si Giyuu había decidido salir de su vida sin explicación alguna, entonces ella no lo detendría. Centraría todos sus esfuerzos en cambiar el destino que se había marcado, aunque fuera sólo para ajustar cuentas cuando salieran victoriosos en la batalla.
Sobreviviría.
Sólo para envenenar al idiota de Tomioka por irse sin aviso.
Y, movida por la rabia, se dirigió a su laboratorio, decidida a completar una nueva manera de acabar con la Luna Superior Dos sin morir, para poder plantarle cara al pelinegro del haori multipatrón y exigirle una compensación por su insensatez.
.
.
Por su parte, el Pilar del Agua no se encontraba en mejor situación que la joven mariposa. La luna había pasado a un cuarto menguante, contando de esa forma el tiempo de separación entre los jóvenes cazadores.
Giyuu había terminado de patrullar su zona y se había acostado a dormir un par de horas, pero su sueño se llenó de imágenes de Shinobu. Dulces e inocentes al comienzo, con ella sonriendo y molestándolo, llamándolo por su apellido. Picoteando su brazo y espalda incansablemente. Dando paso a memorias más fuertes, con Shinobu desnuda acariciando su piel, que contrastaba con la palidez de ella. Shinobu preocupada por él y clamando su nombre. Shinobu atrayéndolo en un beso que él seguía añorando todos los días. Recuerdos de ella que daban paso a una pesadilla de sangre y muerte que terminaron por despertarlo en medio de la oscuridad.
Se sentó en el futón que ahora usaba como cama, jadeando de miedo por las imágenes rotas de su amada. Kochō siendo herida por el demonio al que perseguía, Kochō sangrando por una herida que atravesaba de lado a lado su pecho. Kochō vomitando sangre. Shinobu agonizando en brazos de su enemigo sin que pudiera evitarlo, su espada deslizándose de su mano.
Shinobu muerta, absorbida por un frío abrazo que sólo dejaba una tumba vacía y una sonrisa rota.
Y, aunque sabía que no era más que un mal sueño, llevaba varias noches viviendo la misma pesadilla y el terror de que se volviera realidad lo paralizó, provocando que un sudor frío lo envolviera y pegara su cabello suelto a su cuello, mientras el dolor de su corazón le pesaba como una roca más dura que las que Urokodaki-san usaba en sus entrenamientos.
Llevó su mano hábil hacia la frente, subiendo por ella hasta agarrar los mechones rebeldes de su pelo en un intento por calmar su propia ansiedad. Su aliento desperdiciado entre jadeos horrorizados, incapaz de olvidar la muerte imaginaria de la mujer que ama y a la que no había vuelto a ver, haciéndolo consciente de que el tiempo juntos se le escurría entre los dedos. Profundas ojeras enmarcando sus ojos perturbados y abiertos de par en par, intentando ver en la penumbra del lugar, seguros de que encontrarían el cadáver destrozado de la joven cazadora.
Una parte de él la extrañaba terriblemente, la otra se repetía una y otra vez que no la merecía y que lo mejor que podía hacer era centrarse en su misión, el entrenamiento y a ayudar a la supervivencia y victoria de la organización.
Se levantó, mojó su rostro y se vistió, antes de vagar por la casa. Sus pies lo condujeron a la habitación principal, la cual usaba antes de que dejara de ver a Kochō. Entró y bajo la luz de la luna menguante, no pudo evitar apreciar la cama, misma en que había perdido su virginidad junto a Shinobu. Misma en que ella había dejado su huella, su almohada inundada aún por su aroma intoxicante. Había dejado de dormir en ese lugar tras la última reunión de Pilares, no la merecía y Shinobu estaba grabada a fuego en esa habitación. No había nada que no le recordara a su presencia y su ser, por lo que había optado por lo sano y dormir en otro lugar. Sin embargo, sabía que Shinobu seguía viva y una parte de él no deseaba perderla, así no fuera digno de estar a su lado.
Se acostó boca abajo, enterrando su nariz en la almohada y aferrando con fuerza las mantas entre sus manos. Todo su cuerpo la extrañaba y su memoria no dejaba de alumbrar sus recuerdos, pero las palabras lo habían abandonado y le habían fallado en todo momento en que había intentado expresar su sentir a esa mujer venenosa. Desgastado su limitado léxico, no sabía qué más hacer para expresar su deseo de verla viva y, que, a la vez, cumpliera sus metas.
― Shinobu ― susurró en medio de la oscuridad y la habitación hizo eco de su voz, creando un mantra del nombre de su amada.
"Tal vez sea demasiado tarde para que quede algo de nosotros dos ...pero… pero ¿qué?" pensó, volteando en la cama y mirando las sombras que proyectaba el cuarto de luna en el techo "Pero deseo que vivas, aunque te haya perdido por mi insensatez" Y la imagen de Sabito vino a su mente, junto al golpe que le dio para hacerlo entrar en razón cuando dijo que sería mejor morirse.
El recuerdo de aquella charla volvió a aflorar en él y comprendió que a Kochō le pasaba algo similar. No podía dejar que Shinobu insultara a su hermana Kanae ni que rechazara su vida por cumplir su venganza. Kanae, al igual que Tsutako y Sabito con él, aún estaba con Shinobu.
Se levantó, pidiendo perdón por ser tan inmaduro y dispuesto a enfrentar a la pequeña mariposa con tal de verla viva. Aunque fuera lejos de él.
Sin embargo, su cuervo irrumpió en su habitación para darle un mensaje urgente de que se requería su presencia en la finca del patrón. Muzan estaba atacando la finca de Oyakata-sama. Alterado, Giyuu agarró su nichirin antes de correr a despertar a Tanjirō, para dirigirse a las dependencias de Ubuyashiki-sama con un nudo en la garganta y el pecho ardiendo dolorosamente con un mal presentimiento a cuestas.
.
.
El sudor caía por su frente, mientras forzaba a sus pulmones a alimentar a sus músculos, luchando por alcanzar la residencia del patrón, con Tanjirō siguiendo sus pasos con un poco de dificultad. El bosque silencioso dejó de estarlo frente a la gran explosión que tiñó de rojo su follaje y ambos cazadores se detuvieron horrorizados ante las flamas danzantes.
La casa del patrón había explotado.
El momento de vacilación terminó, aunque sus rostros siguieron deformados. Giyuu retomó su precipitada carrera junto a Tanjirō. Una parte de él se enorgulleció de que el joven siguiera tan de cerca sus pasos, realmente había crecido demasiado tras el entrenamiento.
Llegaron al final del bosque, las llamas ya extintas mostraban una escena que nunca creyó ver. Todos los Pilares se encontraban en el lugar, reconoció a Shinobu en el extremo opuesto a él, pero el sujeto en medio de ellos robó toda su atención. Gyomei dio el grito de que aquel frente a ellos era Muzan y ninguno de los Hashiras dudó en atacarlo con todas las fuerzas que poseían.
Sin embargo, el líder de los demonios sonrió impávido ante los ataques de los más fuertes Cazadores de Demonios, mientras la tierra bajo ellos era reemplazada por una fortaleza que nunca habían visto, desestabilizando sus pasos.
— ¡¿En serio pensaron que me podrían arrinconar?! — gritó Kibutsuji, mientras los Pilares caían —. ¡Ahora todos se irán al infierno!
Los ojos de Tomioka hicieron contacto con los de Shinobu, mientras la gravedad actuaba sobre su cuerpo y su desesperación se hizo eco en los de ella. Esa podría ser la última vez que se vieran y ni siquiera había podido disculparse por su inmadurez.
"Sobrevive" deseó y preparó su cuerpo para el aterrizaje. No era momento para enfocarse en ella o podría ser él quien terminara muerto, lo mínimo que le debía a Kochō era el confiar en ella. Además, su deber era proteger también a Tanjirō, el cual estaba cayendo y parecía no poder detenerse.
Tomioka agarró del haori a cuadros al pelirrojo y lo arrojó al piso bajo el que se encontraba, pero un demonio atacó al muchacho, quien no dudó en acabar con la amenaza. Sin embargo, más demonios aparecieron atrás de él y tuvo que saltar a ayudarlo.
Tanjirō torció su cuerpo y supo que ocuparía la sexta forma del aliento del agua, por lo que adaptó su técnica y lo apoyó con la danza de las corrientes, sólo que le imprimió una mayor velocidad, realizándola en un movimiento rápido. Los demonios se desintegraron en segundos y Tanjirō lo miró de forma extraña, mientras él guardaba su espada y el muchacho seguía acuclillado. No supo cómo interpretar la mirada incomoda que le daba el joven, por lo que optó por continuar su camino.
— Vámonos — instó y el pelirrojo lo siguió raudamente.
.
.
Apenas sintió la gravedad tirar de su cuerpo, buscó una forma de aterrizar. Sin esfuerzo y con elegancia, recuperó el equilibrio. No sabía dónde estaba y el olor a sangre inundó su nariz, por lo que, Shinobu decidió seguir el camino trazado por tal hedor, preparada para luchar contra lo que sea que estuviera en la habitación de la que provenía la sangre.
Abrió levemente la puerta y no pudo evitar sentir náuseas ante la imagen de un demonio devorando carne humana. Sin embargo, no dejó traslucir ninguna emoción, porque aquel demonio se había volteado y su memoria trajo a ella las palabras de su hermana con respecto a su atacante.
— Oh, una chica — dijo alegremente ese sujeto y su pulso se aceleró al reconocer la descripción del asesino de su hermana — ¡Luces joven y deliciosa! Tendré que agradecerle más tarde a Nakime — continuó diciendo, para luego presentarse como si no se encontrara frente a su enemiga.
Los recuerdos de su hermana agonizante sólo avivaron la furia de la Pilar del Insecto y, cuando la chica que ese sujeto aún no devoraba le pidió ayuda, su cuerpo se movió sin su permiso, dispuesta a arrebatarle a esa muchacha a la Luna Superior Dos.
— ¿Te encuentras bien? — Se obligó a preguntar, con una sonrisa en su rostro. Luchando por ignorar las alabanzas a su rapidez que el demonio le estaba entregando. Sin embargo, la muchacha se deshizo en sus brazos, cortada en múltiples tajos que no pudo evitar.
La sorpresa la inundó, mientras el demonio rubio seguía con una irritante chachara superficial. Recordó la descripción que le había dado su hermana sobre las armas de Douma y tuvo que morder el interior de su mejilla para centrarse en la batalla. La ira podía ser un buen aliciente, pero también era una gran distracción.
Douma le contó sobre su culto y su forma de ver al resto, aumentando su furia y sus ganas de vomitar. Todo aquel ambiente estaba viciado con el hedor a sangre y carne. Sin embargo, no desató su ira hasta que aquel desagradable sujeto habló de su hermana y sus ganas de engullirla completa.
Shinobu perdió los estribos y terminó atravesando el ojo multicolor izquierdo de Douma. Inyectando su veneno y algo más en el cuerpo del demonio.
— Técnica de sangre demoniaca, Loto de hielo — contraatacó él y la Hashira lo esquivó con una voltereta hacia atrás. Sin embargo, el frio alcanzó su brazo izquierdo, haciéndola comprender que debía mantenerse fuera del alcance del ataque de él.
Siguieron luchando y ella no se sorprendió cuando su veneno no tuvo efecto en Douma. Nunca esperó que pudiera acabar con una Luna Superior de esa forma, por ello había investigado y se había esforzado tanto. Todo para tener una oportunidad de vengarse…
Y vivir.
.
.
No supo cuánto tiempo estuvieron corriendo en esa fortaleza que cambiaba a cada instante, tratando de separarlo del menor. Tanjirō iba tras él, manteniendo con dificultad su paso, luchando por no separarse de él y Giyuu sabía que estaba siendo grosero y poco considerado, pero no podía aflojar su velocidad si deseaba llegar a Muzan.
— ¡Mantén el ritmo! — gritó, volteando a ver al cazador un segundo, antes de continuar su frenética carrera. El mal presentimiento que había sentido al salir de casa seguía sin desvanecerse e inconscientemente sus pensamientos se dirigían hacia Shinobu.
El tiempo pasaba y no habían tenido noticias del resto de sus colegas, tampoco se habían topado con más demonios. Giyuu apretó los dientes y su rostro se deformó en una mueca de determinación que sólo eran promesas de muerte para sus enemigos. Debían vencer y sobrevivir.
Entonces, el sonido del batir de unas alas lo distrajo. Desvió unos segundos sus ojos hacia el cuervo que se acercaba y el graznido del animal lo hizo sentir escalofríos. Su presentimiento inundando su razón.
— ¡Muerta! — dijo el cuervo y su corazón se saltó un latido, temiendo las siguientes palabras que saldrían del ave.
"¡Kochō Shinobu está muerta!"
Antes que me maten, pasen a un costado y tomen uno de los bombones de chocolates que he dejado en ese rincón, también hay barra abierta para quien lo necesite.
Este fic aún no termina, tengo un par de cosas que contar. El próximo fin de semana se viene el siguiente cap (sí, rapidito para compensar)
Tsuki hime me alegro que te guste, este par me encanta.
Gracias a Oni y Gonza por ser mis beta.
Nos leemos!
