Ya saben que KnY no me pertenece, es de la Coco y yo sólo los uso para jugar.

¿Queda alguien sin ganas de matarme? xD ni idea, sólo espero que sigan leyendo, sino se van a perder algunas sorpresillas.

Advertencia: Basado en el manga de KnY. Contiene varias escenas de él y otras muchas modificadas. Sin ánimos de lucro.

Gracias por comentar a LinxyEveline22, UnbreakableWarrior

Que lo disfruten. Este cap no contiene art de Oni, porque nos pareció mejor así.


Capítulo 7: Muerta

— Esa fue la quinta vez — dijo Douma, mostrándole su mano perforada a la cazadora mientras sonreía condescendientemente — Y tampoco fue útil, no sirvió para nada.

Shinobu ignoró las palabras siguientes del demonio y frunció su ceño, pensando en la fuerza de la luna superior y su capacidad para crear anticuerpos contra sus venenos. Era anormal, sin embargo, una parte de ella notó que la mano perforada de su contrincante tardaba más de lo usual en sanar.

Su ceño se profundizó, le costaba respirar y la Luna Superior se estaba burlando de ella. Explicándole el efecto de su arte demoniaco sobre sus pulmones, como si ella no lo hubiera notado ya. Su respiración de concentración total ralentizaba el efecto del hielo, pero sabía que debía terminar pronto o moriría.

En circunstancias normales habría usado ataques continuos para inyectarle dosis más grandes de veneno, pero su trampa ya había sido introducida en el cuerpo del demonio y sólo debía esperar a que terminara de hacer efecto. Shinobu sabía que era cuestión de tiempo, sin embargo, no estaba segura de poder resistir lo suficiente.

— Debiste haber cortado mi cabeza en lugar de usar veneno — dijo Douma y la Hashira se puso en guardia, dispuesta a hacerle frente a ese sujeto desagradable —, con esa velocidad tuya me habrías vencido — continuó él y alzó su abanico, sonriente y dispuesto a atacar a la pequeña humana frente a él.

Shinobu se puso en guardia y decidió que al final sí tendría que usar ataques continuos para ganar tiempo. Aquel ser no había notado el otro compuesto que le había inyectado junto al veneno. "Ha sido buena elección usar el veneno como señuelo" pensó Kochō antes de usar la Danza de la libélula contra él, mientras más lo hiriera, más droga inyectaría en su interior.

El Ojo compuesto hexagonal logró herir a Douma en distintos puntos. Shinobu dio una voltereta en el aire para caer con gracia, dándole la espalda a su enemigo y ella creyó que la regeneración tardía del demonio estaría a su favor, sin embargo, una línea de fuego atravesó todo su pecho, desde su hombro izquierdo, haciendo saltar su propia sangre hacia el exterior.

Shinobu cayó de rodillas, sorprendida y frustrada por haber sido cortada por él. Douma reiteró sus palabras, instándola a cortar su cuello.

— Quizás no me hubieras vencido, ya que eres pequeña — dijo, riéndose de la Hashira y el sabor metalizado de la sangre llenó la boca de Kochō, quien la vomitó, gruñendo desesperadamente ante la degustación incómoda de su propia sangre.

Apoyó sus manos en el suelo, mientras su sangre las manchaba, y volvió a preguntarse por qué eran tan pequeñas. ¿por qué no había seguido creciendo? "Si hubiese sido un poco más alta, habría vencido al demonio cortándole la cabeza" pensó y miles de imágenes pasaron por su mente. La altura, fuerza y flexibilidad de Kanroji, mientras más largos los brazos y las piernas, más desarrollo muscular tienen.

La delicadeza de Kanae a pesar de su mayor altura; su propia envidia ante la fuerza de Himejima. Las palabras silenciadas de su propia hermana en su lecho de muerte, quien le iba a decir que Shinobu probablemente perdiera ante el demonio que la había lastimado.

Sus ojos se llenaron de lágrimas, porque sabía que no lograría vencer a pesar de todos sus esfuerzos. No podría vengar la muerte de Kanae. Kochō tosió, escupiendo más sangre y la Pilar del Insecto sintió cómo la vida se le escapaba, al igual que el líquido rojo que llenaba sus venas.

"Moriré sin haber podido volver a hablar con Giyuu-san" pensó, sintiéndose ridícula porque su mente lo llevara a él en esos momentos. Sin embargo, la imagen de Tomioka acurrucándola entre sus brazos, cubriendo su cuerpo con su haori multipatrón vino a ella.

«—...Si hay alguien que puede cambiar todas sus debilidades y probabilidades en contra para volverlas a su favor, eres tú…»

Él había creído en ella, instándola a continuar con su venganza, convencido de que vencería y que -además- existía la posibilidad de que viviera. "Lo siento, Giyuu-san, tal vez no pueda sobrevivir" pensó, con más lágrimas en sus ojos. Si se tratara de Tomioka-san, él habría logrado acabar con Douma cortando su cabeza, pero ella era débil, siempre lo había sido y aunque había encontrado una forma de vencer sin morir, no había contado con que el demonio acabaría con ella antes de que la droga hiciera efecto.

«Recobra la compostura, no te permitiré llorar»

Escuchó y se dio cuenta que Kanae estaba frente a ella. Se sorprendió de verla y de la rudeza con la que le habló, no admitiendo sus excusas para no seguir luchando.

«Párate» le dijo y ella sólo pudo pensar en su pulmón izquierdo perforado, la falta de sangre y su debilidad. No podía respirar. No podía levantarse.

Ya no podía luchar.

«No importa, párate, Pilar del Insecto, Kochō Shinobu» Le dijo Kanae y las lágrimas de Shinobu se deslizaron por sus mejillas frías. Parecía cruel, pero su hermana no se detuvo en su discurso. Kanae tenía razón. Ella era la Pilar del Insecto y debía vencer.

«Párate, Pilar del Insecto, Kochō Shinobu» había dicho Kanae, junto a muchas otras cosas y la menor de las Kochō encontró su fortaleza en las frases de su querida hermana. Era tiempo de demostrar su poder.

— "Cuando te pongas como objetivo vencer a un demonio, hazlo" — susurró las palabras que le había dicho su hermana mayor, mientras posaba su pie en el piso, comenzando a levantarse —. "Cuando decidas ganar, entonces gana" — murmuró, apoyando su mano en su rodilla y alzándose con dificultad, su ceño profundamente fruncido y su mirada purpurea completamente decidida a cumplir con su misión.

— Gana — dijo con convicción —. A toda costa. Gana.

Ella había hecho una promesa con sus dos hermanas y debía cumplir. Ella había hecho una promesa consigo misma y la efectuaría. Debía vencer, vivir y continuar con todo lo que había dejado pendiente. Kanao, Aoi, Kiyo, Naho, Sumi…Giyuu… La Hashira Insecto tomó firmemente su nichirin y la Luna Superior Dos se sorprendió de ver a la débil mujer poniéndose de pie.

«Shinobu, tú puedes hacerlo. Así que esfuérzate»

Dijo Kanae como últimas palabras de aliento a su hermana, quien, ya completamente de pie, se volteó, jadeando, hacia el demonio, dejando un charco de sangre bajo sus pequeños pies.

— ¿En verdad eres humana? — preguntó el demonio de ojos arcoíris, sin dejar de abanicarse el rostro, pero sorprendido por la determinación de su contrincante. Douma hizo un recuento del daño que le había infligido a su contrincante, quién no se inmutó con sus palabras.

Sin embargo, cuando la joven Hashira iba a atacar, su cuerpo sucumbió al vómito de sangre. Provocando la burla compasiva del rubio, el que sólo deseaba matarla para acabar con el sufrimiento de la débil mujer.

— ¡Tu sí que mereces ser salvada! — dijo Douma, sonriendo ante la joven cazadora — ¡No seas obstinada!

— ¡Aliento del Insecto! Danza del ciempiés: ¡Zigzag de las cien patas! — gritó Shinobu y embistió, destruyendo el puente con su velocidad. Douma no pudo predecir su ataque y, a pesar de poder hacerle frente, sólo pudo cercenar el haori de mariposa de la joven, quien se había agachado para esquivar sus abanicos. Ella era más rápida que él y la sonrisa del demonio quedó olvidada al sentir su garganta ser atravesada por esa frágil humana, quien no entendía cuál era su límite.

La Pilar había dado una estocada desde abajo y el poder de su técnica había penetrado el cuello del demonio, mientras lo ensartaba en el techo de esa habitación asfixiante.

Shinobu retiró su espada del cuello de su contrincante y comenzó a caer gracias a la gravedad, enojada al ver la sonrisa aterradoramente satisfecha del demonio. El rubio de ojos multicolor estaba divertido con toda aquella situación y quería honrar los inútiles esfuerzos de esa cazadora, absorbiéndola para salvarla.

La Luna Superior Dos se movió rápido, dispuesto a abrazar a la Hashira para evitar su caída y así poder ser uno con ella, pero la muchacha reaccionó en el último segundo y se alejó tras patear el abdomen del demonio.

— No seas así, eres admirable, lo has intentado tanto —comenzó diciendo — Una niña sin talento como tú, esforzándose tanto. ¡Eres alguien digna de ser devorada! ¡Vivamos juntos por toda la eternidad!

El éxtasis de su enemigo junto a las falsas lágrimas que notó en sus extraños ojos, la enervó aún más, pero mantuvo la distancia y algo en él captó su atención, haciendo que sonriera levemente. Douma aún no se daba cuenta, pero sus heridas no estaban sanando y a Shinobu le sorprendió que aquel sujeto no notara el dolor, pero -tras ser testigo de su personalidad- no le extrañó que no pudiera sentirlo. Sabía que cierta enfermedad no dejaba percibir dolor a algunas personas y sospechó que ese podía ser el caso de esa Luna Superior cuando era humano.

La Hashira resolló y reajustó su respiración, frenando la hemorragia de su pecho con esfuerzo mientras empuñaba su arma, lista para atacar.

Debía ganar y vivir.

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Kanao enfocó su respiración en sus piernas y aumentó su velocidad, sin importarle el sudor que recorría todo su cuerpo. Tenía un objetivo en mente y debía cumplirlo. Debía encontrar a su maestra y ayudarla a vencer al asesino de su hermana Kanae.

El aleteo de un ave captó su atención y vio a un cuervo con un papel extraño en su cabeza. El animal graznó y ella no aligeró su ritmo.

— Kochō Shinobu está luchando con la Luna Superior Dos — anunció el cuervo tras un nuevo graznido y Kanao abrió la boca para preguntar donde, pero el animal se adelantó a ella —. Si sigues derecho, encontrarás un gran portón, tras él se lleva a cabo la batalla.

La joven cazadora no dudó en aumentar su velocidad y, en el final del pasillo, distinguió el portón nombrado por el ave. Sin frenarse, lo abrió de golpe, encontrándose con una escena que quedaría grabada a fuego en su memoria.

Un demonio con dos abanicos en sus manos se precipitaba en picada hacia su maestra, quien se encontraba apenas de pie en un puente de madera. Notó otro puente completamente destruido y, sin importarle nada, desenvainó su espada y se lanzó a atacar al demonio tras dar un grito de guerra que jamás había dejado salir antes. La desesperación haciendo presa a su cuerpo.

— Aliento de las flores. Cuarta forma: Beni Hanagoromo — atacó, curvando su espada para golpear al rubio con la potencia del giro, pero él la esquivó con facilidad. Sin embargo, había logrado su objetivo y su maestra ya no estaba en la línea del ataque de la Luna Superior.

Kanao aterrizó delante de su hermana, interponiéndose entre el demonio y ella. Su nichirin rosa alzada de forma amenazante.

— Shinobu-sensei, ¿Cómo se encuentra? — preguntó a su hermana mayor y Shinobu sintió cierto alivio al verla, tal vez podría concretar su venganza sin la necesidad de morir.

— No te preocupes por mí, mantén la guardia en alto — dijo la Hashira, frunciendo el ceño, quien se alzó en su pequeña, pero letal altura.

La lucha entre la tsuguko y el demonio comenzó de un segundo a otro y fue feroz. Douma se burló en cada momento que pudo, pero Kanao fue imparable y formidablemente impidió que el asesino de Kanae se acercara a su otra hermana. Shinobu usó ese pequeño lapso para tratar alguna de sus heridas, buscando incansablemente aberturas para atacar al rubio, sin mucho éxito.

Entonces la pelea se detuvo.

— Cierto, ¿Cuál es tu nombre? — preguntó el demonio y Kanao no tuvo reparos en contestar. La charla derivó en un sentimentalismo barato por parte del rubio, quien recordó a las mujeres a las que había devorado —. Las mujeres tienen más nutrientes, porque llevan bebés en su interior. Estoy seguro de que los demonios que no las consumen, son más débiles. Sólo espero que Azaka-dono no muera, porque él nunca ha devorado a una mujer. Él es mi mejor amigo, sabes, si muriera…

Lágrimas aparecieron en los ojos del demonio y Kanao lo detuvo.

— Detén tus mentiras — su tsuguko comenzó a hablar con Douma, burlándose de que no sintiera nada y una satisfacción extraña llenó a Shinobu, porque su discípula sabía mejor que nadie lo que no era poder expresas sus emociones. "Este sujeto debe ser del tipo que más odias ¿no es así, Kanao?" Pensó.

— No eres más que un cascarón vacío…es bastante cómico, es tan estúpido. — Se rió Kanao, la crueldad asomando en su rostro — ¿Por qué naciste?

La actitud del demonio cambió, su rostro cabreado por las palabras de la muchacha, sin embargo, ella no se detuvo.

— ¿No lo entiendes? — dijo con seriedad la joven de coleta lateral — Te odio, quiero cortarte la cabeza y enviarte al infierno en este instante.

Shinobu la escuchó provocarlo, decirle que su vida era completamente inútil, causando que el demonio la atacara por la espalda con su abanico. Su hermana menor esquivó el ataque, agachándose y contraatacando con un giro de su espada, desgarrando el costado derecho de la Luna Superior, antes de esquivar un nuevo corte de los abanicos dorados. Shinobu vio la herida abierta y no pudo evitar sonreír siniestramente.

Definitivamente, el cuerpo de su enemigo ya no se estaba regenerando y su derrota era cosa de tiempo.

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Una tras otra, las técnicas que arrojaba contra el demonio no dejaban de fallar. La ira y el odio hacia el asesino de su familia la consumían y alimentaban su fuerza y a su espada. Sin embargo, nada parecía suficiente para hacer frente al sujeto de ojos color arcoíris, quien insistía en querer acercarse a su maestra.

— Todo lo que tienes es un cuerpo bien entrenado — afirmó Douma, preparando sus abanicos para crear su arte demoniaco —. Es como una primavera — dijo, antes de congelar a esa pequeña flor con su ataque de nube congelada.

Kanao cubrió su boca y cerró sus ojos, nada dispuesta a dejarse dañar por el aire gélido a su alrededor. Sin embargo, el rubio aprovechó su distracción para acatar sucesivamente, sin éxito. La cazadora no sólo corrió con suerte, sino que notó que la velocidad de su enemigo no dejaba de disminuir. Ya antes lo había advertido, pero tras el último ataque había sido evidente.

Entonces observó bien al demonio y reparó en la sangre que no dejaba de caer por sus heridas abiertas. Los ojos de la joven se abrieron sorprendidos, no entendía como es que él seguía luchando a pesar de sus heridas, cómo no sentía el dolor de las laceraciones, pero el ataque sorpresivo de la Pilar del Insecto la dejó sin aliento.

Shinobu se recuperó lo suficiente para usar su Danza de la Mariposa: Tawamure, picando varias veces a Douma en su cuerpo y extremidades. La Hashira logró saltar lejos del cada vez más lento contraataque del demonio, quien la miró confundido.

— Shinobu-chan — comenzó diciendo y la aludida sintió escalofríos por escuchar su nombre en labios de tal sujeto. Kanao la había llamado por su nombre antes —. ¿Qué has hecho? — preguntó y Kochō no pudo evitar sonreír.

— Un pequeño regalo de despedida a tu inmortalidad — dijo, burlonamente, sonriendo para contener su ira y sus dudas. Había usado una dosis modificada y menos potente de la droga que había creado junto a Tamayo y Yushiro para destruir a Muzan en Douma y, aunque tarde, sus efectos ya estaban dando frutos.

— ¡Oh, Shinobu-chan, siempre tan esforzada, ya deberías dejarte salvar por mí! — dijo, sonriendo sínicamente tras sus abanicos —. No puedo creer que aún no entiendas que nada de lo que hagas podrá acabarme — concluyó, sollozando falsamente y reiniciando sus ataques en contra de las dos mujeres con broches de mariposa.

Kochō, a pesar de sus heridas, sonrió siniestramente. Aquel sujeto estaba ignorando el riesgo que corría a cada minuto, porque su cuerpo no sólo estaba cambiando al de un humano, sino que también estaba envejeciendo. Y, tal vez, le tomara unos minutos más, pero ese demonio no podía ser tan viejo como Muzan y eso le hacía pensar que podrían acabar pronto. Además, el cuerpo del rubio no sólo luchaba contra la droga, sino también contra sus venenos. Por precaución, había modificado la droga, sólo usando dos de sus cuatro efectos en Douma, aparte, el hecho de usarlo sin ser absorbida por él limitaba su potencial, pero confiaba en que les daría la ventaja que necesitaban. Porque, aunque él descompusiera la primera etapa, la de humanidad, activaría la de envejecimiento con cada intento por detener la droga. Tarde o temprano, no podría resistir sus ataques combinados.

Ataque tras ataque, resistieron, buscando el momento justo para contraatacar a aquel demonio que poco a poco estaba volviendo a ser humano y que, a pesar de su desventaja, no dejaba de ser poderoso.

De un segundo a otro, Kanao se vio despojada de su espada y Shinobu fue lanzada por una ráfaga de hielo, chocando con la pared de la habitación. Las bazas volvían a invertirse y Douma no dudó en usar su técnica de lotos dispersos contra ambas.

El horror hizo presa de Kanao, mientras que Shinobu luchaba por no dejarse caer en la desesperación. No podía concebir morir a tan poco del final, al menos debía hacer de escudo para su hermanita, por lo que corrió a interponerse entre una desarmada Kanao y el arte demoniaco del rubio.

Sin embargo, el ataque ante las indefensas cazadoras jamás llegó a destino, porque desde el techo de la habitación cayó estruendosamente Inosuke, quién no dudó en usar su Aliento de la Bestia, en contra de la Luna Superior.

— ¡Quinto colmillo: ¡Enloquecer! — Y sólo fueron conscientes de la ráfaga de cortes que evitó que los lotos acabaran con las hermanas.

— ¡Ya llegué, el cuervo me guió! — gritó el cazador con cabeza de jabalí, mientras reía y Kochō se inundó de un nuevo alivio que jamás creyó sentir en esa noche — ¡Pelea! ¡Pelea!

La entrada de Inosuke había sido dramática y, si le preguntaran, Shinobu diría que las palabras del menor, hacía la Luna Superior Dos eran…extravagantes… por decirlo suavemente. La imagen de Uzui vino a ella y sonrió, sería una historia digna de contarle al ex Pilar.

El estridente chico no dejaba de decir cosas como que derrotaría a la Luna Superior y se convertiría en Pilar. Hasta había encontrado el tiempo para reírse y preguntar a Kanao cuál sería un mejor nombre de Hashira para él. Entonces, Inosuke notó el estado lastimado de la tsuguko.

—¡Si te lastimas, ya sabes, Shinobu se enojará! ¡Ella se enojará mucho! — gritó el usuario del Aliento de la Bestia y Kanao cambió su rostro a uno preocupado, desviando levemente su mirada hacia atrás.

Hashibira siguió el movimiento de sus ojos y vislumbró a Shinobu tras ellos, apenas manteniéndose en pie. Su pecho lacerado de un lado a otro, su haori destruido y su uniforme manchado con sangre que supo, por su olor, que era de ella misma.

— Shinobu está completamente lastimada — mencionó suavemente el chico, sin creerse aún la visión de muñequita rota que tenía la imponente Hashira.

— No por mucho — dijo el demonio, extendiendo sus brazos —. Ella vivirá dentro de mí por toda la eternidad, una vez que la devore. Todos a los que devoro se salvan y así ya no sentirá ningún dolor ni molestia. Shinobu-chan será feliz siendo parte de mi cuerpo.

Douma terminó de contar sus planes, abanicándose lúgubremente. Al escucharlo, Shinobu se quedó en blanco por unos instantes, antes de que la furia la consumiera y una venita se inflamara en su sien.

— ¡Vete al infierno! — gritó Kochō, ya dispuesta al ataque. Sin embargo, Inosuke se le había adelantado, enceguecido por la ira que sentía al saber que una persona tan importante para él había sido dañada por ese sujeto despreciable.

— Te voy a reducir a pedazos, basura — sentenció de manera aterradora, el joven, antes de saltar al ataque.

Kanao apenas pudo advertirle de no inhalar el viento que propagaba con sus abanicos el demonio. El Cuarto Colmillo no logró hacer nada a Douma, quien sólo se reía ante un ataque tan desquiciado. Sin embargo, sus contraataques no daban en el blanco. La flexibilidad de Inosuke haciendo frente a la velocidad debilitada de la Luna Superior.

De un salto, el cazador volvió junto a su colega de coleta, a quien entregó su nichirin con la advertencia de que no la volviera a soltar.

— Eres rápido — dijo el rubio, sonriendo despreocupadamente, mientras saltaba hacia el puente donde se encontraban los cazadores —. Ni siquiera me di cuenta.

Douma atacó, formando sus lotos de hielo e Inosuke se defendió frenéticamente con ambas espadas. Kochō captó que el hielo era menos que antes y se preparó para terminar esa pelea. Sin embargo, los ataques del amigo de Tanjirō no dejaban abertura posible para entrometerse en la pelea, no tenía más alternativa que esperar una oportunidad.

— ¡Eres bueno! — alabó el rubio, sin perder su sonrisa exasperante.

Entonces, Inosuke sorprendió a todos al dislocar las articulaciones de su brazo y cortar los ojos arcoíris del demonio.

—Aliento de la Bestia. Noveno Colmillo: ¡Corte Ondulante Divino! — gritó, devolviendo su brazo a la normalidad, quejándose de no ser preciso con su técnica.

Kanao se horrorizó por lo descuidado que era Inosuke y Shinobu sonrió, viendo los minutos contados que le quedaban al asesino de su hermana mayor.

Sin embargo, la risa desquiciante del rubio la enervó. Él agitaba sus abanicos, con una despreocupación que Kochō necesitaba destruir. No escuchó las palabras burlonas de la Luna Superior, simplemente preparó su respiración para reutilizar su danza del ciempiés. Sin embargo, de un solo salto, Douma se apoderó de la máscara de Inosuke y ella se congeló en su lugar, sin poder creer que él siguiera siendo tan rápido a pesar de la droga, sus venenos y los ataques de todos.

— ¡Oh! Te recuerdo de alguna parte — dijo Douma, captando la atención de los cazadores—. Tu cara. ¿Nos hemos encontrado en algún lugar antes? — preguntó, seguro de que ya había visto a ese muchacho con rostro de chica.

— ¡No recuerdo haber visto a un gusano como tu antes! — gritó Inosuke y Kochō se fue acercando lentamente — ¡No toques mi pelaje con tus asquerosas manos!

Sin embargo, Douma no hizo caso a los gritos amenazadores. Kanao intentó calmar a Inosuke sin éxito y sus palabras sólo sirvieron para alentar las palabras del demonio, quien, tras introducir su dedo índice en su sien derecha, causando el asco de todos los presentes y haciendo a Shinobu comprobar su teoría de la falta de dolor en él, comenzó a contar una historia de hace quince años atrás.

Todos se sorprendieron al saber sobre la madre de Inosuke. Sobre todo, él, quien atacó frenéticamente al rubio, el cual terminó por cortar el torso desnudo del cazador. Kanao se interpuso entre ambos, salvando a su compañero de los abanicos de la Luna Superior.

— Así que, sobre tu madre. No tenía intención de comerla — dijo, agitando sus abanicos despreocupadamente y Shinobu sintió su sangre arder. Había tenido suficiente de ese imbécil. Douma siguió hablando de Kotoha -la madre de Inosuke- contando sobre la canción que solía cantar.

«Promesa de meñique» recordó el muchacho, impactado por la revelación ante él. Siempre había pensado que se trataba de Shinobu, que era a ella a quién conocía y la verdad era que la Hashira solamente se parecía a su madre.

Douma siguió hablando, relatando lo tonta que era la madre de Inosuke, pero lo mucho que quería conservarla a su lado. Lo acontecido tras el descubrimiento de Kotoha sobre su identidad como demonio y la persecución a la que sometió a la joven madre por haber huido de él.

— Tu madre te tiró de un precipicio. ¡Qué triste! — dijo, con falsas lagrimas cayendo por sus pálidas mejillas —. Así que me la comí hasta los huesos.

La sonrisa había vuelto a los labios del demonio y el odio quemaba en las venas de los tres cazadores, pero ninguno era capaz de moverse. No aún. No cuando aquel sujeto podía tener más información sobre la madre de Inosuke.

— Kotoha fue tan desafortunada. ¿Realmente hubo un momento feliz en su vida? — Y la sonrisa era una burla a la memoria de esa mujer —. Ella tenía una existencia sin sentido — declaró y el grito de Kanao no se hizo esperar.

— ¡Ya basta! ¡Bastardo! — insultó la joven de coleta, tomando firmemente su katana, dispuesta a luchar. Sin embargo, no fue ella quien calló a la Luna Superior Dos.

En un abrir y cerrar de ojos, la nichirin de Kochō atravesó las mejillas del demonio de lado a lado, incluyendo el interior de su boca y Douma abrió sus ojos desconcertados por el ataque sorpresa de la Hashira.

— Ya has dicho suficiente — susurró roncamente la joven, mientras Douma escupía sangre.

Inosuke declaró su enojo contra el rubio y arremetió contra él, sin embargo, bastó que Douma usara su nube congelada para apartarlo, mientras forzaba a su cuerpo a girar, dispuesto a atrapar a la pequeña mariposa.

Kochō se alejó rápidamente del demonio, quien, riendo mientras la sangre manchaba sus dientes y labios, decidió explicar su visión del mundo. La inexistencia del cielo y el infierno.

— Los humanos son tan patéticos — concluyó y los tres cazadores arremetieron contra él.

Ataque tras ataque, el demonio los rechazaba con una facilidad que hizo pensar a Shinobu que la droga no era suficiente y que no tendría más alternativa que sacrificarse para ganar. "Pero ¿podrá el veneno en mi cuerpo actuar lo suficientemente rápido como para que Kanao e Inosuke puedan vencer?" se preguntó, mientras esquivaba el abanico de su enemigo con un salto lateral.

No era momento de dudar, porque todas las demás alternativas se habían agotado.

—Miko de cristal — dijo Douma y se formaron pequeñas estatuas de hielo con su forma, las cuales atacaron a los chicos con las mismas artes demoniacas que el original —. Ahora podremos charlar en paz, Shinobu-chan.

Y la voz embelesada del demonio le dieron ganas de vomitar. Él la había aislado del resto de los cazadores con esas muñecas y ya no tenía alternativa.

Tendría que morir.

— ¡Maldito! ¡No huyas! — protestó Kanao, luchando por alcanzar al rubio, quién tenía toda su atención puesta en su maestra. Quería protegerla. Debía protegerla, porque la alternativa era el plan suicida de su hermana.

Kanao no pudo evitar recordar que ella le había dicho que abandonara sus ideas ilusas de luchar juntas contra la Luna Superior Dos y que la única forma de vencer era que ella fuera consumida por él.

Kanao se había alegrado mucho el día en que su hermana le había dicho que había encontrado una alternativa a la muerte y que probablemente podrían vencer sin recurrir al veneno dentro de ella.

— ¡No te metas en mi camino! — gruñó Inosuke, luchando contra las muñecas de hielo, dispuesto a alcanzar al miserable demonio y a Shinobu.

— Shinobu-chan, deja que te salve — pidió Douma, abriendo sus brazos para que la Hashira se enterrara entre ellos.

Kochō alzó su espada, dispuesta a dar una última puñalada antes de morir. Odiaba ver a los chicos ser lastimados por los ataques de esas mikos y el arrepentimiento la golpeó duramente. "Si me hubiera dejado absorber por él desde un comienzo, ellos no estarían siendo dañados de esta forma…Si me hubiera dejado matar, ellos ya habrían acabado con ese demonio" pensó, respirando con lentitud, evitando el hielo en el ambiente y enfocando su fuerza en las piernas para darle velocidad a su último golpe.

— ¡Inosuke! — gritó Kanao y Kochō vio de reojo la sangre cubrir la piel blanca del chico — ¡Cálmate! ¡Sólo un poco más! ¡Resiste un poco más!

Y Shinobu sonrió ante las palabras de su hermana menor, feliz de verla poder expresar sus sentimientos con tanta claridad. A pesar de las circunstancias, la hacía feliz haber sido testigo del cambio de esa silenciosa muchacha.

A su mente llegaron recuerdos de todas las chicas de la finca. Aoi, Naho, Sumi, Kiyo, Kanao y su querida Kanae. Las cenas junto a ellas, las veces en que cocinaban todas juntas. Las sonrisas de todas, los adornos de mariposa que enmarcaban su pelo y las unían como familia.

Las lágrimas de todas cuando llegaron por primera vez a la mansión, lágrimas por sus familias mutiladas por demonios. Lágrimas que pensaba imparables por la soledad y la pérdida que significaban. Sin embargo, gracias a Kanae se habían detenido.

Kanae las había unido como familia y ella tuvo la misión de mantenerlas juntas cuando la perdieron gracias al ser ante ella.

Shinobu compuso un gruñido y sus labios se estiraron hacia atrás mostrando sus dientes apretados, mientras su ceño se fruncía. No podía dejar que nadie más perdiera a sus seres queridos por culpa de los demonios. Acabar con una Luna Superior podía salvar a muchos, así fuera a costa de su propia vida. Lo había prometido y cumpliría con ello.

"Voy a vencer, Kanae-nee-san" pensó, antes de usar su Danza de la Picadura de Abeja y volver a atravesar el cuello de Douma. Retrajo su espada, pero el demonio la abrazó antes de que pudiera alejarse.

— ¡Déjate salvar, Shinobu-chan! — exclamó con voz gutural, el de ojos arcoíris, con una sonrisa espeluznante en sus labios, mientras reía roncamente por su herida en el cuello, la sangre saliendo a borbotones desde aquella lesión que no cerraba.

Shinobu se dejó atraer, lista para su sacrificio, pero la imagen de Giyuu junto a ella apareció en su mente y los recuerdos de él la inundaron a una velocidad que llenó su alma de pesar.

"Lo siento, Tomioka Giyuu-san, no pude sobrevivir" pensó, mientras el abrazo del demonio se estrechaba a su alrededor "Espero que en otra vida podamos ser felices juntos. Libres de los demonios que luchamos por vencer" deseó Shinobu, cerrando sus ojos, resignada a su final.

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— ¡Muerta! — dijo el cuervo y su corazón se saltó un latido, temiendo las siguientes palabras que saldrían del ave.

Un sudor frío corrió por la espalda de Giyuu, mientras su mal presentimiento se cerraba como un puño de hierro alrededor de su corazón.

— ¡Muerta! ¡La Luna Superior Dos, está muerta! — graznó el cuervo y la boca del Hashira del Agua se abrió ligeramente, sus latidos congelados con la información que acababa de recibir.

— Kochō Shinobu, Tsuyuri Kanao y Hashibira Inosuke vencieron a la Luna Superior Dos — continuó el ave y el alivio inundó el cuerpo de ambos cazadores.

Tanjirō gritó de felicidad, mientras que Giyuu lució una sonrisa llena de alegría. "Lo has conseguido, Shinobu" pensó, orgulloso de su compañera de vida. Sin embargo, el cuervo no había terminado su mensaje.

— Kochō Shinobu cayó inconsciente tras la batalla, Tsuyuri Kanao perdió la visión de su ojo derecho y Hashibira Inosuke ha perdido mucha sangre por múltiples heridas. Los tres están fuera de combate por estos momentos.

La angustia volvió a los ojos azules del Pilar, sin embargo, si su presentimiento se debía a eso, podía soportarlo. "Porque sigue viva y es capaz de sanar de sus heridas" pensó, lo más optimista que pudo, porque la alternativa. Aquella en que Shinobu lograba vivir tras enfrentar a su mayor enemigo, pero que terminaba por morir tras sus heridas, era inconcebible para él.

— Tanjirō, debemos continuar y terminar pronto — dijo Giyuu y tras el acuerdo del menor, apuraron el paso.

Debían acabar con Muzan.

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El abrazo se estaba volviendo sofocante, sin embargo, de un segundo a otro se detuvo y la exclamación de desconcierto del rubio, hizo abrir los ojos a la Hashira.

— ¿Qué rayos? — susurró Douma mientras soltaba a Shinobu para llevarse las manos a la cara.

Kochō aprovechó para alejarse y ver el aspecto de su enemigo. Las heridas abiertas seguían sangrando, pero su cara lucía más vieja y demacrada. Arrugas envolvían sus ojos y las comisuras de sus labios, su piel se había tornado cenicienta y Shinobu comprendió que la droga acababa de hacer efecto.

La Pilar inclinó su rostro hacia abajo, adornándolo con una sonrisa macabra, mientras las sombras tiñeron su expresión como la muerte encarnada. Sería capaz de enviar a su enemigo al infierno, así tuviera que crearlo con sus propias manos.

Y, tras ver caer a Douma sobre el puente, Shinobu se dio cuenta que no sólo la droga había ido debilitando su estado de demonio para llevarlo a uno cercano al humano (sabía que no era humano, pero también sabía que ya no era un demonio al cien por ciento, podrían llamarlo híbrido, aun así, el punto es que estaba débil y vulnerable), sino que también lo había envejecido a cada minuto que permanecía en su organismo. Sin olvidar un extra, la droga había permitido que su veneno hiciera efecto en la Luna Superior, quien mostraba los efectos del envenenamiento en la descomposición de su piel y en el daño en sus tejidos. Su ojo de arcoíris derritiéndose frente a ella.

Las estatuas de hielo se rompieron, deshaciéndose en el aire y dejándole el paso libre a sus compañeros cazadores.

— ¡La droga y el veneno de la maestra están haciendo efecto! — gritó Kanao y Shinobu se preparó para un último ataque — ¡Inosuke, ve por su cabeza! ¡Arrinconemos a este tipo!

Y tras el grito de la joven de coleta, los tres cazadores se lanzaron desesperadamente a acabar con el enemigo. Sin embargo, las fuerzas aún no abandonaban al demonio, quien alzó su abanico, dispuesto a defenderse con un último ataque.

— Técnica de sangre de demonio: Lirio de Escarcha Bodhisattva. — Y una gran estatua de hielo Bodhisattva apareció ante ellos, atacando a los tres cazadores sin contemplaciones. Kochō apenas pudo creer la fuerza monstruosa que aún poseía aquel sujeto desagradable.

Por cada ataque que le daban a la estatua, no sólo se los devolvía, sino que creaba ráfagas de polvo de hielo. Una avalancha de hielo desestabilizó a Inosuke y Shinobu, pero Kanao no se dejó engañar. La técnica no era tan fuerte como las anteriores y decidió arriesgarlo todo con la técnica final de su aliento.

— Ojos de lirio de araña escarlata — dijo la joven y sintió de inmediato como sus escleróticas se teñían de sangre, pero nada de eso importaba porque podía verlo todo a cámara lenta.

Giró su cuerpo y con una sucesión de golpes, cortó el brazo derecho de la estatua, mientras Inosuke luchaba por recuperar el equilibrio. Kochō iba detrás de Kanao, saltando entre los inestables carámbanos que se habían formado al cortar el hielo.

De un poderoso tajo, Kanao cortó la cabeza de la estatua y se colocó frente al demonio, quien -rodeado de hielo protector en forma de nenúfar- luchaba por incorporarse y batallar por su vida. Sin detener su impulso, Kanao llevó hacia atrás el brazo que sostenía la espada antes de impulsarlo hacia adelante, inyectando fuerza a su espada con el movimiento de látigo con el que decidió cercenar el cuello de Douma.

Su codo se resintió profundamente ante el latigazo, pero no tenía tiempo para caer ante el dolor y Kanao lo resistió como la imponente cazadora que era. Douma alzó su abanico contra la nichirin, dispuesto a defenderse sin éxito, mientras el hielo cubría la espalda y los brazos de su enemiga.

La espada se trabó a mitad del cuello, porque los brazos de la joven estaban totalmente congelados, pero el demonio no pudo sonreír, porque con un grito desgarrador, Inosuke arrojó sus espadas en un nuevo estilo que había inventado.

— ¡Corte volador! — escuchó el rubio, antes de que las extrañas espadas del chico chocaran con la de la joven e hicieran avanzar el filo rosado que lo estaba cercenando.

Sin embargo, en un intento desesperado, la Luna Superior interpuso sus abanicos, evitando que la nichirin de Kanao siguiera avanzando.

Douma creyó que sólo necesitaba unos minutos para descomponer la droga que lo había dejado en tan mal estado, por lo que, sólo debía aguantar un poco más y se tragaría a esos críos molestos.

— Ya es hora — escuchó la voz ronca de la Hashira y el único ojo que había sobrevivido al veneno de Shinobu se clavó en la mujer de contextura frágil.

Shinobu jamás olvidaría la satisfacción que sintió ante el ojo muy abierto y lleno de pequeñas venas rojizas de Douma al verla impulsarse y patear, con todas sus fuerzas reunidas en sus veloces piernas, las espadas de Inosuke. Dando el impulso final que necesitaban para superar los abanicos dorados del demonio y cortar su jodida cabeza.

— ¡ Muere ya y vete al infierno! — volvió a decir, gritando con todo el odio y la ira que había acumulado en años, mientras la cabeza rodaba por el suelo, separada -al fin- del cuerpo glotón de aquella Luna Superior.

Shinobu cayó sin gracia al suelo, mientras el cuerpo de Douma y el hielo desaparecía.

"Lo logré, Kanae-nee-san, Giyuu-san" pensó la Pilar del Insecto, sonriendo feliz de haber completado su misión.

Con esfuerzo, los demás se reunieron a su alrededor y, antes de dejarse arrastras por el cansancio, vendó los brazos de Inosuke, pidiendo ayuda a Kanao para vendar el torso herido del muchacho.

Tras concluir los primeros auxilios en sus compañeros, se levantaron, dispuestos a seguir con su travesía. Sin embargo, apenas estuvo en pie, Shinobu se tambaleó y el mareo la llevó a la perdida de su consciencia.

— ¡Shinobu! — gritó Inosuke, al tiempo que agarraba a la Hashira para que no se estrellara contra el suelo.

— ¡Maestra! — dijo Kanao, acercándose desesperadamente a su hermana y, tras una primera inspección, se dio cuenta que sólo había perdido el conocimiento —. Se ha esforzado demasiado — comentó e Inosuke asintió.

Acomodaron a Shinobu junto a ellos, mientras terminaban de atender sus heridas. Sabían que debían continuar, pero también debían dar unos minutos a sus cuerpos para poder volver a la batalla.

Y, cuando Kochō recuperó el conocimiento, se pusieron en marcha. La batalla final contra Muzan se había precipitado y debía apoyar a sus aliados a como dé lugar.


Bueno, ya ven, tan mala no soy.

Ahora me retiro porque es tarde. Fue divertido re escribir la batalla. Espero traer antes que termine Septiembre el siguiente cap que yo creo que va a ser el final.

Saludos!