Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y Chimaki Kuori.


Milo se encargó de Sonia, y ellos junto con Camus los despidieron en el aeropuerto. Kanon estaba nervioso, ¿Cuánto tiempo tenía desde la última vez que pisó su país natal? Se preguntaba cuántas cosas habían cambiado, si alguien lo reconocería. También sentía culpa, mucha culpa que le removía el estómago.

— ¿Qué es lo primero que quieres hacer cuando aterricemos? — le preguntó Shaina, sentada a su lado.

— Tomar el avión de vuelta — Kanon sonrió secamente — aún no te he agradecido por venir, Marín va a matarme por llevarte y después te matará a ti.

— Somos un equipo — Shaina lo besó en la comisura de los labios — si le digo que fue contra mi voluntad sólo te dañará — dijo la mujer guiñando un ojo — puedes decirme lo que quieras, ¿Lo sabes verdad?

Kanon suspiró por lo bajo y miró a la mujer.

— ¿Y qué tal si la veo y siento que nada ha cambiado? Si sigo atorado en ese espiral… Nunca pude disculparme con Erda por lo que le hice, sólo he estado huyendo como el cobarde que soy, no quiero lastimarte también.

— Oye, no tienes que preocuparte por mi — Shaina lo tomó de las manos — sólo recuerda que todo lo que tiene que importar al final del día es que tú señor te sientas satisfecho, sin arrepentimiento.

Shaina sonrió con seguridad antes de agregar:

— Y si algo sucede con nosotros solo tengo que decir que Milo se encargará de ti, podrá ser todo lo gay que quiera ahora pero debo decir que cuando íbamos a la escuela él golpeaba como nadie.

Kanon río por lo bajo y recargó su cabeza contra la mujer, quien lo abrazó con cuidado y amor.

Amor, eso debía ser amor.