Narra Plagg:

Después de que estos tres acabaran su desayuno, las dos chicas se vistieron en la habitación de Carla mientras Alfonso iba a buscar a su padre. Este se encontraba en su despacho, con una copa de vino, el pelo despeinado y barba de tres días, aquel hombre no tenía buen aspecto, y las veces que Alfonso trató de hablar con él sobre Isabel fueron en vano, pues este no podía oír hablar de ella ni de lo ocurrido aquel día en que murió, estaba claro que le agarró cariño en ambas formas, pues se habían hecho muy cercanos y ya se conocían de hacía tiempo, cosa que ayudaba aunque antes no hablaran demasiado.
La joven rubia había convencido a Alfonso en el desayuno de que hablara con Juan Alberto sobre sus sospechas hacia Natalia, y este rápidamente accedió, aprovechando que la institutriz se había ido de la mansión para hacer recados, esta vez quería hacer algo antes de que fueran los villanos quienes dieran otro paso.
Una vez el chico llegó al despacho de Juan Alberto, llamó un par de veces y al no obtener una respuesta directamente entró, viendo a su padre en aquel destartalado aspecto.

—Padre... ¿Se encuentra bien...?—Cuestionaba el muchacho de ojos azules, acercándose por un lateral de su escritorio para hablarle de cerca al adulto.

—No hijo... Ya ves que no...—Respondía Juan Alberto, claramente algo achispado y lloroso, cosa que su hijo nunca había visto, ni siquiera cuando murió Marta, en ese caso estaba más lleno de ira y rencor que de tristeza, y aunque ahora también lo estaba, se notaba que su mecha de la ira se había agotado y solo le quedaba lamentarse por su mala fortuna amorosa.—Isabel... Marta... todas las mujeres desaparecen de mi lado pronto... no sé qué pasó para que todo acabara así... ¡Iba a tener otro hijo!

—Tranquilícese... no debería seguir bebiendo así, de hecho le necesito sobrio para tratar un tema muy importante que debí haberle dicho antes.

—Aún puedo mantener conversaciones coherentes... ¿Qué debes decirme...? ¿Más malas noticias...?

—Me temo que sí. Aún el mal acecha nuestra casa, Natalia estaba presionando a Isabel para conseguir mi prodigio y el de Catarina. Y siento que ahora va a por ti ya que tienes el del Flamenco. Si no actuamos pronto puede que nos haga algo malo, pero no he dicho nada porque si la despide sospechará que sabemos algo de ella.

El mayor miró incrédulo a su hijo y de pronto se levantó de su silla, yendo a buscar el prodigio del flamenco en un cajón cerrado con llave que tenía el escritorio. Abrió este con su llave y agarró una funda de gafas que había dentro, al abrirla pudo ver que allí se encontraban las gafas rosas. Juan Alberto dio un suspiro de alivio, ya que pensó que Natalia podía habérselo llevado en algún momento, pero no, ahí estaba, e incluso salió el kwami del flamenco frente a nosotros.

—Es una suerte que lo tomase rápido antes que nadie, no era consciente de lo peligroso que podía haber sido que esa bruja lo cogiera antes que alguno de nosotros.—Decía el de cabello moreno, mirando al chico, pero Alfonso estaba mirando al kwami de La Flamenca, nunca lo había visto, y era un ser idéntico a los kwamis normales, pero algo diferente a la vez, con los ojos completamente negros y una pequeña pupila roja, y el resto del cuerpo similar al nuestro con formas de plumas rosadas y negras como las de un flamenco.—Esta cosa salió de las gafas cuando lo tuve en mis manos diciéndome que su portadora falló y que le devolviéramos a su Maestro, pero pensé que podría hacer algo peligroso así que intenté esconderlo, no opuso resistencia, aunque al principio estuvo agresivo, traté de interrogarlo, pero no soltaba ningún tipo de información acerca de quién era su Maestro.

Entonces yo salí de la chaqueta de Alfonso para ver qué sucedía, Juan Alberto ya sabía que su hijo era Gato Negro, así que tenía la libertad de aparecer frente a él.

—Este kwami no es igual que nosotros, como hemos visto pueden hacer a sus portadores malvados.—Mencioné acercándome.—Aunque quizá si le damos queso o algo de comer que le guste se comporte bien.

—Fresas.—Dijo escuetamente el kwami rosa con una cara de querer matar a alguien.—Quiero fresas.

—¿Deberíamos alimentarlo?—Preguntó Alfonso, algo asustado, pues no sabía qué podía hacer ese bicho.

—No lo sé, él... o ella... no es como nosotros, tal vez podría hacer algo malo si no tiene portador, los kwamis sin portadores somos muy peligrosos si usamos nuestros poderes, y si hacemos recuentos de los poderes de La Flamenca... no puede salir nada bueno de ahi.

—Puedo literalmente hacer que todos los cadáveres habidos y por haber en la Tierra despierten y todo se convierta en un horrible apocalipsis zombie, hasta que no quede ni un ser humano vivo.—El kwami seguía dando mucho repelús, pero a parte de eso no parecía querer hacer movimientos peligrosos.

—Oye, a todo esto, ¿cuál es tu nombre?—Pregunté yo, ignorando lo que acababa de decir, para ser más cortés y ver si se podía dialogar.

—Mi nombre es Koory, soy el kwami de la nigromancia y la avaricia.

—Bien, Koory, te llevaremos al Maestro si es lo que deseas, ¿te parece bien?

—Sí, tengo órdenes específicas de ir junto a mi maestro.

—¿Qué? ¡Plagg! ¡No podemos llevarle a su maestro!—Exclamó Alfonso, poniéndose nervioso.—¡Para empezar porque no sabemos dónde está, y para terminar porque sería darle la oportunidad de usar otro villano!

—Tranquilo niño, he dicho ''al Maestro'' no ''su maestro'', le llevaremos a Fu para que lo examine y lo guarde a buen recaudo, sellado o con un portador no podrá hacer nada que no le sea ordenado.

—Eso ni hablar.—Masculló repentinamente Juan Alberto con seriedad.—Este ser se va a quedar aquí, pertenecía a Isabel, y no puedo dejar que salga de aquí siendo tan peligroso, de hecho, yo seré su portador ahora para que no haga nada raro.

—¡Padre! Si le llevamos con el Maestro Fu será más fácil rastrearlo para dar con su Maestro, y por ende saber por qué Isabel hizo lo que hizo, porque está claro que Koory no nos va a revelar nada.

—No, lo siento Alfonso, no puedo dejar esto en manos de... tu profesor de hípica.

—Oh por Dios, no es mi profesor de verdad, era una excusa para que no conocieras mi identidad y poder salir a hacer cosas de héroe.

—Déjale por ahora que porte a Koory, como ha dicho con un portador no hará nada que no le sea ordenado.—Mencionaba yo, pero había otras cosas que me preocupaban acerca de eso.—Sin embargo... Señor Avilés, le recomiendo encarecidamente que no se transforme por muy tentador que sea, así como a Isabel este prodigio podría corromper su mente y hacer daño a alguien, incluso a sí mismo y a su hijo.

—No lo usaré, no soy tan necio.—Juan Alberto se quitó sus gafas normales y agarró las del flamenco, poniéndoselas. Estas se volvieron unas gafas normales de color plateado en lugar de rosa y se adaptaron a su visión, haciendo que pudiera ver normal.—Vaya, incluso se adaptan a la vista...

—Bien, Koory está controlado ahora, esperemos que Natalia no sospeche que cambiaste de gafas, son prácticamente iguales a las que tenías...—Dijo Alfonso, con cierta preocupación. Ella aún tiene llaves de toda la casa, ¿verdad?

—Sí, las tiene, pero por poco tiempo, ya veremos lo que puedo hacer con Natalia ahora que sé todo esto, gracias por contármelo.

—No es nada, padre, y ten cuidado, de verdad...

—Lo tendré.—El hombre se peinó hacia atrás con los dedos y se miró en un espejo que tenía por el despacho para comprobar su aspecto, aunque no se veía muy bien.—Debo arreglarme un poco, creo que iré a ducharme a ver si se me pasa la ebriedad un poco...

—Ah, antes de que te vayas... Debo comentarte una última cosa.—Alfonso recordó que debía informarle sobre lo de María del Carmen.

—¿Sí?

—Verás... mi amiga María del Carmen, que resultó ser Catarina, digamos que está... en aquí.

—¿En la casa? ¿Ha venido ahora?

—No... lleva aquí desde anoche, la traje porque verás... fui a verla como Gato Negro a su casa, le confesé todo porque no se acordaba y... bueno, su padre nos pilló hablando en su cuarto, se pensó lo que no era y amenazó con castigarla internándola en un convento como una monja, entonces tuve que llevármela rápidamente.

—Eh... No me puedo meter en la educación de otra familia, pero dejaré que se quede, aunque teneros a los dos aquí juntos mientras esté Natalia es extremadamente peligroso y lo sabes.

—Sí, por eso está escondida y he terminado por venir a contarte esto, no sabemos qué hacer ahora, íbamos a hablar con el Maestro Fu para que le diera un prodigio a Carla, quiere saberlo todo también y ayudarme mientras Catarina no pueda.

—Alfonso... Sabiendo esto, podrías haberme dicho a mi que portara uno yo, soy un adulto y también quiero saber quién está detrás de toda esta ponzoña, estoy deprimido y me siento impotente.

—Yo no lo haría.—Habló de vuelta el kwami del flamenco, ahora visiblemente más tranquilo.—Ahora que eres mi portador debo aconsejarte.—Ellos esperan de sobra que hagas algo, al igual que Alfonso y Carla, además no es aconsejable que mezcles un kwami normal con uno como yo, podemos corromper el prodigio sano, nuestra magia es negra, ocultista, no pongas en riesgo a otro kwami.

—¿Pero por fuerza me transformaré con los dos? ¿O puedo elegir?—Cuestionaba confuso Juan Alberto, quien aún no estaba muy al tanto de todas esas cosas mágicas.

—Puedes elegir, mas aunque uses uno u otro siempre acabará igual: co-rrup-ción.—La voz de aquel kwami rosa era bastante tétrica, y aunque ahora parecía más receptivo, no debaja de dar miedito.

—Vale vale, lo dejaré en vuestras manos entonces, pero supongo que debéis buscar más gente para esta amenaza...

—Lo haremos, no se preocupe, padre, ahora debo irme, debo sacar a Mari de la mansión antes de que vuelva Natalia, debemos ir a ver al Maestro.

—De acuerdo, yo como dije iré a arreglarme y tomar un café. Mucha suerte, y ten cuidado, hijo.—Juan Alberto se acercó a Alfonso y le abrazó cariñosamente, el adolescente hizo lo mismo, y volvió a sentirse afortunado de que su padre cambiara su actitud y además apoyara su rol como héroe de Sevilla.

Después de esa conversación nosotros nos fuimos de vuelta a la habitación del muchacho, según nos dijeron después, Koory y su nuevo portador estuvieron haciéndose más cercanos, al parecer ese kwami no distaba mucho de nosotros, pero algo o alguien les hizo portar una magia maligna de la que no podían deshacerse, y a no ser que estuviera mintiendo, el kwami del flamenco se veía inofensivo y aceptaba sus órdenes de cualquiera que lo portara.

Yo le conté todo esto a Tikki cuando volví a la habitación, siendo ella el kwami de la creación era muy probable que fuera capaz de crear algo que hiciera desaparecer y purificar la magia corrupta de Koory y los demás kwamis que estaban sometidos a ella, sin embargo, estaba en un estado en el que no podía hacer nada, y probablemente María del Carmen no pudiera abarcar tanto poder al ser adolescente, había muchos inconvenientes en ese momento como para poder hacer algo contra ello, por lo que Koory no podría ayudarnos con sus poderes, pero por lo menos estaba ahora retenido por nosotros.

Alfonso había vuelto con las chicas a la habitación de la rubia, quien había maquillado, vestido y peinado a María del Carmen casi como ella cuando llegó a Sevilla hacía meses. La morena se veía bastante atractiva, aunque el muchacho rubio de ojos azules vio el maquillaje que llevaba innecesario y algo feo, sin embargo Carla aclaró que era para que fuera más difícil reconocerla en caso de que sus padres u otros conocidos se cruzaran con ella.

—Sabes que me parereces bella con lo que te pongas, mi sardinita, pero ese maquillaje no te favorece...—Mencionó Alfonso, observándola de cerca, a lo que Mari Carmen frunció el ceño y se cruzó de brazos.

—¡Ya lo sé! No me gusta ponerme potingues en la cara, pero necesito pasar desapercibida para que no me encuentren ni mis padres ni ningún villano que sepa mi identidad.—Aclaraba ella, mirando a Carla de reojo, quien reía un poco, y aunque no fuera el mejor momento, al muchacho le hizo ilusión verla feliz después de tanto tiempo deprimida.—Y no me llames así... por favor, me hace recordar cosas que no quiero...

—Venga chicos, hacéis buena pareja...—Se metió la rubia alegremente, poniendo sus manos en los hombros de sus amigos.—Cuando acabe toda esta locura podréis estar juntos de nuevo.

—No es eso, Carla, solo debemos darnos un tiempo y ya veremos lo que pasa, pero creo que no tenemos mucho tiempo de charlar.

—Mari tiene razón, no podemos volver a forzar las cosas, y también tiene razón en que debemos salir pronto de aquí, así que vamos a ver a Fu de una vez.

Las chicas asintieron, y como ya estaban todos arreglados, Tikki y yo fuimos con ellos y nos escondimos como siempre en sus ropas, ahora mi compañera mariquita podía volar un poco por sí misma, sin embargo aún necesitaba alguna cura del Maestro.

Cerca de veinte minutos de viaje después, el chófer se detuvo en una calle concurrida y los tres adolescentes se bajaron del carro, Alfonso le dijo al conductor que podía marcharse, ya que iban a estar bastante tiempo fuera y volverían en una calesa o un carruaje de uso público, que eran los taxis de entonces, así que este se marchó sin problemas.
El verano ya se estaba acabando y hacía algo de viento y frío en la calle, aún quedaban días de calor, pero ese día las temperaturas bajaron unos grados por el vendaval, así que notaban esto sobre todo las chicas con los vestidos que llevaban, a veces se las llevaba el viento por delante si este era muy fuerte.

Se fijaron bien en la calle los tres por si alguien los estaba siguiendo o mirando, se metían por diferentes callejuelas más para despistar que para usar algún atajo, porque de hecho estaban tardando más tiempo, aunque no tardaron demasiado en llegar a la casa del hombre asiático y llamaron a la puerta una vez estuvieron frente a ella.

Pronto el chino abrió y dejó pasar a los jóvenes mientras se saludaban todos entre sí. Mari aún no había conocido al Maestro apropiadamente en su forma civil, así que era una buena oportunidad para conocerse.

—Buenos días, querida María del Carmen, ya veo que estás bastante mejor, me alegro de ello.—Le dijo el adulto a la muchacha morena cuando todos habían entrado y cerró la puerta.—Ya era hora de que nos conociéramos mejor.

—Sí, Maestro, me alegro de conocerle.—Contestaba ella, sonriéndole, y entonces agarró a Tikki con cuidado, sacándola de su bolso.—Tengo entendido que usted puede curar a Tikki del todo, ¿podría hacerlo?

—En su momento hice lo que pude mientras estabas inconsciente, ahora solo queda que se recupere poco a poco, pero podría proporcionarle otra cura mientras le doy el prodigio nuevo a Carla.—Igualmente el hombre fue hacia Tikki y la tomó en sus manos.—Si quieres que se cure más rápido deberíamos meterla en la caja de los prodigios por ahora con el resto de kwamis.

Mari se quedó pensativa por unos instantes y luego miró a su pequeña amiga, le costaría separarse de ella después de haber estado juntas por tanto tiempo, pero prefería que se recuperase del todo, además se le ocurrió algo que podría salvarles la vida.

—Yo estoy de acuerdo, de hecho tengo una idea, pero Tikki también debe decidir.—Habló al fin la muchacha de ojos verdes.

—No me importará recuperarme en la caja,—Respondía ella a su portadora.—también estaré acompañada por mis otros compañeros y no tendré que estar oculta todo el rato, ¿cuál es tu idea?

—Por ahora creo que no puedo usarte tanto por el peligro que eso supone como por mi estado físico, así que temporalmente renunciaré a ser Catarina y le daré los pendientes al Maestro para que los guarde, al menos hasta que nos alejemos de Natalia, sabe mi identidad, y probablemente se lo haya dicho a otros villanos, de modo que, en el caso de que alguien me atrape yo no tendré los pendientes.

—Es una muy brillante idea.—Admitió Fu, dejando a Tikki sobre un cojín, y abriendo el baúl que ocultaba la caja de los miraculous para sacarla, y también volver a sacar el de la abeja. Al tener este en sus manos se lo dio a Carla, que lo miró con detenimiento, ya había visto aquella peineta antes cuando renegó de él al estar deprimida.—Carla oficialmente será la nueva heroína de Sevilla y te sustituirá, aunque tenemos otros problema, y es que necesitamos el poder de la mariquita para reparar los posibles daños causados, más con el poder del cataclismo de Gato Negro por si se requiere, lo que suele ser bastante habitual en las peleas como vimos anteriormente.

—También veo otro problema aquí...—Mencionó Alfonso tras haberlo pensado bien.—Si alguien atrapa a Mari Carmen podrían usarla como rehén para obtener sus pendientes ya que sabe dónde están, y podrían coaccionarnos para ello, entonces estaríamos perdidos.

—No tienen por qué atraparla, tenemos aquí un montón de refuerzos, incluído el prodigio de la serpiente que puede volver atrás en el tiempo y dar una segunda oportunidad para evitar cualquier cosa.—El Maestro abrió todos los pequeños cajones de la caja y se vieron los diferentes amuletos mágicos que se encontraban en ella, los chicos se asomaron a mirarla con asombro, aunque Carla, quien había estado callada todo el rato, se miró en un espejo y se puso la peineta en su cabello. Esta se volvió de color plateado con adornos dorados en el modo camuflaje y de pronto salió el kwami de la abeja, Pollen, que miró rápidamente a su alrededor.

—¡Oh una nueva reina! Gato Negro tenía razón, no tuve que esperar demasiado.—Decía ella, revoloteando frente a la rubia, aunque vio que Tikki estaba algo débil y se acercó a ella y al Maestro.—¿Qué ha pasado? Noto que Tikki no está al 100%.

—Hubo un accidente en el que salió herida junto a Catarina, así que ella será respaldada por tu nueva portadora, Carla Burgos.

—Qué mal, espero que se recupere pronto, ¿no podemos hacer nada por ella, Maestro?

—Solo debe descansar en la caja, no te preocupes,—Aclaraba el adulto, mirando a la kwami y a su nueva dueña.—pero ahora Carla y tú tenéis un rol muy importante y ayudaréis bastante aceptándolo y poniendo de vuestra parte.

—Es una gran responsabilidad,—Alegó la rubia, habíendose puesto seria.—pero ya me decidí a hacerlo por todos los que han salido dañados de esto, incluída yo.

—Confiamos en vosotras.—Habló María del Carmen, apoyando a su amiga mientras le agarraba de las manos y la miraba a los ojos.—Y en el caso de que necesitéis más refuerzos podemos contar también con Alba, ella también sabe mi identidad desde mucho antes, sus dotes de periodismo pueden servirnos para investigar mucho más.

—Cierto, aunque por ahora no creo que debamos meter a más gente conocida, podrían relacionarnos a todos y descubrirla rápido, también a Carla.—Volvió a encontrar pegas el rubito de ojos azules, mirando a sus compañeras y al Maestro.—Alba podría ayudar en civil también sin necesidad de otro prodigio, no lo digo porque tenga algo en contra de ella y no quiera dárselo, es porque esto es más peligroso de lo que parece.

—Lo sabemos, no te preocupes gatito, solo era una idea, de todas maneras es el Maestro Fu quien decide esto, los prodigios no son juguetes.

—Exacto, chicos, debemos tener sumo cuidado,—Fu cerró la caja de las joyas mágicas y seguidamente el baúl que la guardaba.—casi se me pierde el de la abeja y otros dos están desaparecidos, este es el mejor lugar para guardarlos, los usaremos cuando sea una urgencia real.

Todos asintieron, nosotros los kwamis nos habíamos quedado con Tikki, incluyendo Wayzz que estaba por ahí cerca también y no había dicho nada, a veces es muy soso el pobre, o es que realmente estaba afligido en ese momento, y los humanos mientras tanto estaban hablando ahí de pie como tontos, aunque pronto Fu invitó a los chicos a un poco de té con pasteles mientras se sentaban en la salita de este.
Ya acomodados todos siguieron charlando de sus cosas e ideas, aunque luego salió un nuevo tema:

—A todo esto... Maestro,—Se dirigió Alfonso al asiático.—creo que sabe que mi padre ahora mismo tiene guardado el prodigio de La Flamenca, ¿verdad?

—Sí, estoy al tanto de ello,—Contestó el hombre, habiendo dejado su taza de té tras beber un poco.—¿se lo has pedido ya? Es importante purificarlo cuanto antes o bien saber qué tipo de magia usa.

—Sí, se lo pedí esta mañana y le dije que Natalia iba tras él y era peligrosa, pero no se quiso deshacer de él y ahora lo lleva puesto.

—¡¿Qué?! ¡¿Y se lo has permitido?!—Obviamente se asustó al escuchar aquello y alteró a las otras dos chicas que se miraron entre sí, aunque el joven negó e intentó tranquilizar al Maestro.

—¡No me dejó opción! Le pedí igualmente que no lo utilizara, que no se convirtiera, y por ahora me prometió que no lo haría, pero tengo miedo de lo que pueda pasar o lo convincente que pueda ser su kwami al dejarles a solas... Mi padre se enamoró de La Flamenca no sé ni por qué y ahora quiere aferrarse a sus cosas. Le dije que tenía que entregarte las gafas para precisamente averiguar lo que pasó con Isabel y por qué hizo lo que hizo pero no quiso entregarlo, así que le di la opción de ocultarlo a simple vista usándolo y así siendo el dueño del kwami para que lo obedeciera, y de paso que Natalia no lo buscase.

—Pues no sé qué está pensando tu padre, sin embargo, las personas en duelo hacen cosas muy extrañas, mientras no suponga una mayor amenaza supongo que no habrá problema, pero tienes que vigilar al señor Avilés cuanto sea posible y evitar que el kwami le convenza de convertirse en otro potencial... ¡pirado alado!

—Le vigilaré, dijo que despediría a Natalia, así que debo estar presente para cuando eso suceda por si acaso esta intenta hacer algo malo.

—Uf... esto va a ser muy complicado...—Habló Carla, que se cansaba de estar callada sin aportar nada a la conversación.—con lo fácil que sería que lo entregara y ya está, no tiene que quedárselo y hacer tonterías... ¿Se supone que él es el adulto...?

—Cuando fui a verle estaba medio borracho y muy triste, tenemos que tener en cuenta lo que dijo Fu: está en duelo por haber perdido a otra mujer que amaba en menos de dos años, mismamente tú has pasado por casi lo mismo, incluso perdió al hijo que esperaba con tu madre y eso le ha dado un gran mazazo emocional, puede que solo quiera conservar el único recuerdo que tiene de ella.

—Ejem, ¿y yo que soy? Literalmente soy su hija, y él es mi padre adoptivo ahora de forma legal, mejor recuerdo que este no hay.

—Yo me refiero a algo material, y que no sea tan repelente a veces.

—Oye, no os pongáis a discutir ahora, debemos estar unidos más que nunca.—Propuso María del Carmen, que no se había metido porque prefirió escuchar y acabar su té y su pastel.—Vamos a volver a la mansión y vamos a planear nuestro siguiente paso, aunque tendrá que ser a partir del despido de Natalia, según cómo se lo tome deberíamos actuar de una manera u otra.

—Dudo mucho que pierda la compostura en público, sabe guardar muy muy bien las apariencias.—Respondió Alfonso a la chica morena.—A no ser que sea otra portadora de esos prodigios tan raros y le dé la locura como a Isabel... Nunca se la ha visto convertida de hecho, pero quien sabe lo que hará mientras no la podemos ver.

—Ya veremos entonces cómo actuará, debemos estar preparados.—La chica de ojos marrones y cabello rubio se acarició este por encima de la peineta de la abeja y sonrió confidente.—Esta tipa no se librará de nuestra furia prodigiosa, aun estando sin Catarina somos un buen equipo de investigación, ¡los cuatro y nuestros kwamis!

—Se te ve más motivada que antes, me alegro mucho, Carla.—Alfonso sonreía, y los demás también lo hicimos, la verdad es que estábamos todos completamente preparados para enfrentarnos a la amenaza que viniera a molestarnos, sin embargo... poco sabíamos lo que realmente era, Koory probablemente dijo algo muy acertado que se podía desatar: y era el Apocalipsis, y no solo de zombies, si no de múltiples cosas más.

Continuará...