No soy dueña de los personajes. Sin embargo, Walt Disney Company sí los posee.
7: Cuidado con lo que dices
–Vamos a detenernos aquí–, sugirió Shego mientras cerraba el diario. No estaba realmente lista para parar. Le hubiera gustado leer toda la noche, pero había un bache en el camino.
–¿Eh? –dijo Kim en tono muy aturdido. Había estado cabeceando y esa fue la razón por la que la ladrona sugirió que debían dejarlo por esa noche.
–Continuaremos mañana–, dijo la mujer pálida.
–¿Por qué? –preguntó la estudiante universitario con un bostezo.
–Porque estás malditamente durmiendo con los ojos abiertos y me estas asustando–, respondió Shego con bastante seriedad.
Kim había estado durmiendo con los ojos casi completamente abiertos y la única razón por la que Shego notó que estaba dormida fue porque la heroína comenzó a roncar levemente. Era bastante perturbador y pensó que era hora de detenerse si la chica estaba tan cansada que estaba inconsciente con los ojos abiertos. La pelirroja ni siquiera se había dado cuenta de que estaba dormida.
–Oh–, dijo Kim en tono de sorpresa. –Sí, he estado despierta durante aproximadamente veintiséis horas–, explicó tímidamente mientras reprimía otro bostezo. Estaba agotada, por lo que necesitaba planchar la almohada.
–Vete a la cama. Me iré–, dijo Shego. Estaba sorprendida de estar bien con el hecho de que su anfitriona tuviera que irse a la cama, aunque le hubiera gustado seguir leyendo el diario. El día había ido tan bien que la suavizó.
–Suena bien. Hasta luego –bostezó de nuevo la pelirroja.
Kim se despidió con la mano levemente mientras se levantaba y se dirigía hacia su dormitorio arrastrando los pies. No se le ocurrió que estaba dejando a su enemiga sola en la sala de estar y cualquier cosa podría pasar. Shego ya había irrumpido en el lugar varias veces, por lo que Kim pensó que si la mujer con súper poderes iba a hacer algo, ya lo habría hecho.
La ladrona de piel verde se levantó del sofá y se preparó para irse. Echó un vistazo al apartamento como solía hacer cuando estaba sola. Contenía todas las cosas que esperaba tuviera el apartamento de Kim, fotografías de familiares y amigos, una computadora, un escritorio, algunos recuerdos de sus aventuras y toneladas de libros. Tantos libros que simplemente estaban apilados en la esquina porque ya no había espacio en el librero. Nada le ayudó a Shego a descubrir lo que quería saber de Kim, ¿cuál era la dirección en la que se dirigía la delgada aventurera?
Shego quería saber qué iba a hacer Kim con su vida y había querido saber durante algunos años. La razón era simple, ella era una guerrera y pensaba que tenía una buena rival en Kim si se esforzaba. Sus batallas serían épicas y podrían empujarse mutuamente más alto si Kim se concentraba. Quería que Kim siguiera el camino del guerrero, o al menos era lo que se decía a sí misma. Era lo que quería en el pasado al menos.
Al pasar un poco de tiempo con la acelerada pelirroja, Shego consideró que tal vez no quería saber adónde se dirigía Kim. Había algo sobre la forma en que Kim vivía que la hizo considerar cual era el camino que debía seguir. Se suponía que la chica de ojos aceitunados era hiperactiva y estaba en todos lados. Kim estaba destinada a ser la luz del sol, brillando en todo lugar que pudiera y no como un láser, enfocada a un solo punto. Realmente era fascinante.
–Kim Possible no es fascinante–, se reprendió a sí misma Shego. Kim Possible era alguien que algún día probaría ser un verdadero desafío o no sería nadie en absoluto. No hay otras opciones.
No reconoció el hecho de que Kim tenía que ser algo fascinante porque tenía planes para la chica. Si la pelirroja no fuera interesante, no le importaría lo que Kim hiciera con su vida. No se contendría cuando peleaba con Kim. Solo la lastimaría gravemente, lo suficiente como para que dejara de jugar a la heroína y siguiera adelante con su vida. Entonces, la chica de ojos aceitunados parecía ser un poco cautivadora, incluso si la mujer pálida no quería admitírselo.
Kim habría entendido la frustración de Shego si hubiera estado consiente de todo por lo que había pasado la mujer de piel verde. No quería pensar en su enemiga como una persona interesante, pero ya era demasiado tarde. Ya lo había hecho, pensaba en cómo no sabía nada de Shego o que Shego no era parecida a lo que había asumido. Tampoco podía superar el hecho de que la mujer mayor le había cocinado.
Nadie había cocinado para Kim antes, además de su madre, por supuesto. Incluso durante el breve tiempo que estuvo saliendo con Ron, él nunca cocinó. Kim se sintió extraña durante la cena, pero no dijo nada y esperaba poder ocultarlo. Había felicitado a Shego por la comida de esa noche, lo que había sorprendido a la mujer mayor lo suficiente como para hacerla casi sonrojarse. Ambas actuaban de manera rara cuanto estaban juntas, pero solo notaron que la otra estaba actuando de manera extraña.
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…Sheshona se está abriendo lentamente conmigo. No estoy segura del por qué, pero parece menos hostil, por lo cual estoy agradecida. Quizás finalmente haya llegado a aceptar que solo estoy aquí para ayudarla. Es posible que se esté preparando lentamente para aceptar que está enferma y desea cambiar. No sé si ha llegado tan lejos, pero estoy aprendiendo cosas nuevas sobre ella, lo cual es agradable.
No es la mujer sádica que asumí al principio, pero tiene un extraño sentido del humor. Disfruta ser verbalmente irónica y en ocasiones saca esta cualidad en mí. No sabía que podía ser así. Todavía tiene ese brillo en sus ojos mientras me mira, pero ya no me inquieta. Estoy intrigada…
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Sheshona se acercó a la oficina y notó que la doctora estaba sentada en su escritorio y no en el sofá como lo había estado haciendo durante las últimas dos semanas. Parecía que la pelirroja estaba manejando papeleo pesado. La pelirroja escribió rápidamente en una página mientras miraba otra página a su izquierda. Se quedó mirando a Kimberly durante unos momentos, ya que pensó que sería una buena forma de pasar su tiempo libre.
La mujer de cabello negro pensó que la expresión de Kimberly era encantadora. Parecía un poco estresada, pero seguía siendo una expresión adorable. Tenía el ceño ligeramente fruncido de frustración provocada por la pequeña pila de papeles frente a ella. Sheshona se dio cuenta de que su querida médica no podía soportar el papeleo. Obviamente, no era una burócrata, siempre con una pila de papeles descuidados en su escritorio. Sheshona podía entender eso. Era muy probable que Kimberly estuviera comprometida a curar y ayudar, pero no había contado con el papeleo cuando se convirtió en doctora.
Kimberly pareció sentir que su paciente estaba en la habitación segundos después de que ella entrara. La doctora parecía tener buenos instintos, notó Sheshona debido a la rapidez con que la pelirroja la notó. Sheshona se preguntó si Kimberly era capaz de saber cuándo otras personas se le acercaban o si simplemente tenía ese sentido con Sheshona.
–Por favor, toma asiento en el sofá. Estaré contigo en un momento. Realmente necesito acabar el papeleo–, Kimberly le informó a su paciente, sacudiendo la cabeza. Realmente no debería dejar que el trabajo problemático se acumule. Es muy poco profesional, se reprendió Kimberly en silencio. Pero lo odiaba tanto.
Sheshona decidió dejarse caer en el exquisito sofá contra la pared mientras su médica terminaba. Puso los pies en alto y se relajó, un suspiro suave se escapó. El sofá era infinitamente mejor que la cama de su habitación. Si su doctora tardaba más de un par de minutos, se quedaría dormida.
–¿Y dónde voy a sentarme? –preguntó Kimberly mientras caminaba para unirse a la mujer de ojos esmeralda. Miró cómo su paciente estaba completamente acostada en el sofá y no había espacio para ella.
–No me quejaría si te acostaras sobre mí–, respondió Sheshona con una sonrisa y señaló su torso como una invitación para que la doctora descansara sobre ella. Esperaba que la médica aceptara su oferta, pero dudaba que la pequeña pelirroja hiciera tal cosa. Solo lo propuso por si acaso.
–Declaraciones como esa harán que me visites por el resto de tus días–, señaló Kimberly para desalentar el comportamiento de su paciente. Todavía trataba de valorar y desestimar la atracción de su paciente por gente del mismo sexo, incluso cuando simplemente quería conocer mejor a la otra mujer. Parecía que Sheshona era una criatura sexual, incluso cuando no estaba tratando de serlo.
–¿Pasar toda mi vida mirando ese hermoso rostro? Una vez más, no me quejaré–, comentó la mujer de cabello negro con una sonrisa de satisfacción. Mientras se acomodaba más en el sofá, lista para una larga estancia, sin ceder espacio a su doctora.
–Estoy segura de que habrá algún desacuerdo cuando mi cara envejezca–, replicó Kimberly porque sabía que Sheshona quería avergonzarla. Pensó que si siempre tenía una respuesta a los comentarios de Sheshona, podría hacer que dejara de hacer tales comentarios, ya que mostraba que Sheshona ya no tenía la ventaja en cualquier pequeño juego que fuera.
–Entonces simplemente me desharía de ti–, replicó Sheshona en tono ligero. Quería decirlo en tono duro y frio como una piedra, pero salió como una broma. Era como si su mente no estuviera de acuerdo con las palabras y decidió que debía ser una broma en lugar de ser seria. Se suponía que podía dejar una conquista con facilidad, pero parecía que ahora su mente no estaba de acuerdo con ese plan. Trató de no pensar el por qué, pero quería saber las razones por las que su mente traicionaba su comportamiento habitual. Algo anda mal.
–¿Es eso lo que haces? ¿Te vas una vez que una persona ya no tiene tu interés? –Preguntó Kimberly.
–¿Por qué quedarme si ya no me entretienen? –respondió Sheshona con una sonrisa burlona.
–Entonces, ¿solo te vas sin importar qué?
–Es más seguro así–, respondió la mujer de cabello negro encogiéndose de hombros.
–¿Más seguro para quién? –preguntó la pelirroja. Controló su expresión para permanecer fría. Si mostraba demasiado interés, su paciente dejaría de hablar.
–Para los demás.
–¿No sería más seguro para ti también? –Preguntó Kimberly.
Una mujer independiente como Sheshona probablemente no quería acercarse a nadie, tal vez por temor a que la persona pudiera atarla y de alguna manera tomar su libertad. Probablemente no quería volverse dependiente de alguien, consideró la doctora. Supuso que Sheshona tomaba a las mujeres como amantes porque podía dejarlas y ellas no podían hacer mucho al respecto. Ninguna mujer se quejaría abiertamente de que su amante femenina la haya abandonado. Estar con un hombre sin duda sería diferente.
Un hombre querría a Sheshona para él solo y más que probablemente en casa. Estaría limitada con lo que podía hacer y Sheshona parecía ser el tipo de persona que solo hacía lo que quería cuando se le daba la gana. La vida matrimonial probablemente no sería la vida ideal para una mujer acostumbrada a cuidarse a sí misma, pero ese era el orden natural de las cosas y Sheshona tenía que entenderlo.
–Oh, lo siento. Estás jugando a ser mi doctora en este momento. Bueno, doc, dime por qué sería más seguro para mí también–, pidió Sheshona con sarcasmo.
–Siempre te pones así–, suspiró la pelirroja y negó un poco con la cabeza.
–¿Así cómo? –la otra mujer espetó suavemente.
–Tan a la defensiva cuando únicamente estoy tratando de hacer una observación sobre tu personalidad. Siempre me atacas, con dientes y garras–, respondió Kimberly.
–No sabes de que hablas.
–Estoy segura de que tu mordida es peor, pero ¿por qué debes acometer en mi contra?
Sheshona miró a su médica, ojos verde oliva se encontraron con ojos esmeraldas. Había escuchado frases y preguntas similares de otras mujeres y siempre miraban hacia otro lado cuando lo decían, como si estuvieran muy heridas por su personalidad o sintieran vergüenza de haber señalado algo así. Pero, Kimberly la miró fijamente mientras decía esas palabras. No vaciló en lo más mínimo. La mayoría de las mujeres parecían listas para romper a llorar, pero no Kimberly, quería respuestas y las quería ahora. Había algo audazmente sincero en la doctora que Sheshona decidió conscientemente que odiaba. Lo había decidido conscientemente porque la característica hacía que su corazón latiera erráticamente y la hacía sentir de manera extraña.
–Porque actúas como si supieras todo sobre mí–, respondió Sheshona sobre él por qué siempre arremetía contra Kimberly. Arremetía contra todo y todos, pero normalmente porque eran imbéciles. Arremetió contra Kimberly porque la pelirroja la sacó de quicio con todas sus malditas observaciones. Necesitaba dejar de ser tan condenadamente observadora o al menos dejar de compartir sus observaciones.
–No sé nada sobre ti. Estoy tratando de conocerte–, argumentó Kimberly en su tono típicamente gentil, que también sacó de quicio a su paciente.
–¿Por qué? –Sheshona prácticamente gritó la pregunta, aunque no le dio a la otra mujer la oportunidad de responder. –Solo porque te pagan, solo porque quieres curarme. No hay nada malo en mí, así que deberías dejarme en paz–, declaró.
–Lo hago porque me importas–, soltó Kimberly en un tono contundente. Estaba harta de que su paciente le gritara sin razón y parecía que había llegado a su límite.
La mujer malhumorada se burló y puso los ojos en blanco. Kimberly desvió la mirada. No había querido decirle que le importaba. Se estaba acercando bastante a su paciente, tal vez demasiado para que fuera eficaz o ético. No era importante por el momento. Aún si estaba demasiado cerca e incluso si le importaba, todavía quería curar a Sheshona. Curar a la otra mujer era su principal objetivo y sus sentimientos solo la hacían mucho más decidida. Quería poder liberar a Sheshona porque la mujer de ojos esmeralda necesitaba ser libre.
–¿Por qué no me importarías? –Preguntó Kimberly después de una larga pausa. Miró a su paciente por una respuesta. Quería la verdad y creía que si miraba a Sheshona a esos ardientes ojos esmeralda, lo conseguiría.
–Porque... –Sheshona se calló. No supo qué decir. Tampoco le gustó que Kimberly la mirara, esperando una respuesta.
La mujer de piel verde simplemente no quería ser importante para Kim. No necesitaba que nadie se preocupara por ella. Estaba bien yendo por la vida sin que los sentimientos de otras personas importaran. Además, a la doctora solo le pagaba para hablar con ella y actuar como si le importara.
–Es solo tu trabajo. Soy solo un estudio para ti, dinero para ti. No te importaría si yo no estuviera en esta institución o si no me hubieran asignado a ti. Es solo tu trabajo –dijo Sheshona, sonando como si necesitara convencerse más a sí misma que a la doctora.
–Sheshona–, suspiró Kimberly y finalmente se sentó a los pies del sofá, moviendo las piernas de su paciente. –El hecho de que sea doctora no significa que no me importe. El hecho de que sea tu doctora no significa que no me importes. Por lo general, significa que me preocupo más que a la mayoría. Sí, quiero curarte, así que hago estas preguntas con la esperanza para entender tus pensamientos, pero también lo hago porque quiero llegar a conocerle. No estoy mintiendo de ninguna manera. Me gustaría llegar a conocerle –explicó pacientemente.
–Yo también quiero conocerte, Doc–, comentó Sheshona con una sonrisa lasciva en su rostro mientras ponía sus pies a descansar en las piernas de Kimberly. Trató de hacer que las cosas volvieran a lo que sentía era el camino correcto, es decir, que la doctora se sintiera incómoda mientras hacía comentarios inapropiados. Creía que eventualmente las llevaría a donde quería que estuvieran.
La pelirroja negó con la cabeza. –¿Por qué te escondes de mí, incluso cuando finges ser sincera? –preguntó, todavía sonando tan gentil y condescendiente.
Sheshona no respondió, pero frunció el ceño. ¿Por qué le preocupaba? ¿Qué importaba lo que hacía? No era asunto de la doctora, así que debería dejarlo pasar. Sheshona sólo quería que la doctora dejara de preocuparse por ella. Se estaba metiendo bajo su piel y molestándola más que cualquier otra cosa en mucho tiempo.
La paciente de ojos esmeralda seguía diciéndose a sí misma que la doctora era solo una conquista, solo una conquista. Nunca se abrió con nadie y no empezaría ahora solo porque una adorable doctora pelirroja le había mostrado falsa bondad. No era débil, no era tan fácil, no era tan estúpida. No necesitaba a nadie en su vida que quisiera preocuparse por ella, especialmente si seguía molestándola.
–Doc–, dijo Sheshona.
–¿Sí? –Respondió Kimberly.
Sheshona miró intensamente a la doctora mientras valoraba lo que estaba a punto de caer. Las palabras eran necesarias para las dos, pero sobre todo para ella. Tenían que ser una verdad fría como una piedra. No necesitaba que su cerebro estropeara las cosas y tratara de hacer que lo que quería decir sonara como una broma. Necesitaba hacer desaparecer los molestos sentimientos, por lo que sus palabras tenían que ser perfectas.
–Te odio–, dijo Sheshona lo más francamente posible. Las palabras bien podrían haber salido de su boca con un mazo gigante. Luego se levantó y salió de la oficina antes de que Kimberly pudiera responder.
La doctora no habría sido capaz de responder de cualquier manera debido a que parecía estar en completo shock. Su boca se abrió y sus ojos parecieron romperse. Sintió como si algo dentro de ella se hubiera agrietado y fragmentado en un millón de pedazos cuando la puerta se cerró. No podía creerlo. ¿Sheshona me odia? ¿Pero por qué? ¿Por qué la odiaba su paciente?
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...No he hecho nada para justificar su odio, sin embargo, dijo tan clara y profundamente que me odia. ¿Qué he hecho para que me diga cosas tan hirientes y me pique como si fuera la gobernante de una colmena? Casi derramo lágrimas por palabras tan duras y el tono despiadado con el que las pronunció.
¿Cómo podía decir algo así con una expresión seria en su rostro? He hecho todo lo posible por ser amable y cordial con ella, he sido amigable, y solo deseo ayudarla. Entiendo que no crea que necesite ayuda, pero ¿eso significa que debería odiarme? No lo creo, pero me odia de todos modos.
¿Dijo eso solo para lastimarme? Supongo que funcionó porque me estoy lamentando, pero ¿por qué haría eso? Había llegado a comprender que no era sádica o malvada como parecía, pero me hizo esto. ¿Es realmente lo que parece ser? Todavía no creo que sea una amenaza, pero parece que desea hacerme daño. ¿Cómo pudo simplemente... por qué iba a... por qué me odia?
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–Se lo está tomando bastante mal–, señaló Shego en voz alta. La doctora ciertamente estaba llorando de tristeza porque su paciente dijo que la odiaba. Era solo su paciente. Tenía que dejarlo ir, en la opinión "compasiva" de Shego.
–Bueno, duele que te digan "Te odio" –señaló Kim para defender a la mujer con la que compartía nombre. Nunca había experimentado que alguien le dijera que la odiaba, pero apostaba que se sentía horrible.
–Dímelo a mí–, murmuró Shego con el ceño ligeramente fruncido.
Kim suspiró y pasó su mano por el cabello. Entré directamente a eso. Habían pasado un montón de cosas la noche del baile y vino con un gran colapso emocional de su parte, había afectado a Shego ya que la mujer de piel verde seguía aludiendo esa noche. Pero, supuso que tenía sentido considerando el hecho de que Shego pensó que realmente estaba tratando de matarla. Quizás lo mejor para las dos sería hablarlo, aunque hacía todo lo posible por olvidarlo. Pero hablar sobre las cosas podría ser útil. Solo esperaba que la villana argumentativa estuviera de acuerdo con esa lógica.
–Shego... no era yo misma esa noche. Sé que no puedo excusar mis acciones, sin embargo no estaba tratando de matarte. Debo admitir que me dio una cantidad aterradora de placer lastimarte porque estaba tan malditamente enojada y herida en ese momento. Cuando me di cuenta de cómo me sentía, de verdad, de verdad me asusté. Estaba realmente asustada de que por un par de segundos me gustó haberte lastimado porque estaba demasiado herida. Estaba tan temerosa de ese sentimiento que en realidad me tomé un largo descanso de la lucha contra el crimen. Quiero decir, todavía ayudé en desastres, pero dejé la lucha contra el crimen en manos de personas a quienes se les paga para hacerlo. Ya sabes, fue como una encrucijada en mi vida–, explicó la heroína pelirroja.
–¿Qué te hace pensar que me importa una mierda? –Preguntó la mujer con súper poderes, levantando la nariz durante todo el rato.
Kim se rió un poco, a pesar de que la respuesta no era divertida, pero era lo esperado. A Shego le importaba, pero no quería admitirlo. Lo que pasó durante esa noche claramente afectaba a Shego y Kim no sabía por qué. Sí, lastimó a Shego, pero esto parecía ser más allá del dolor físico. Su comportamiento pareció perturbar a la mujer mayor. La aventurera de ojos oliva imaginó que hablar les podría ayudar a tranquilizar sus mentes, así que le contó sobre lo que estaba pasando por su mente en ese momento y lo que la hizo actuar de esa manera. Esperaba que después de explicarse, la mujer de piel verde hiciera lo mismo y hablaran sobre lo que le molestaba tanto específicamente de esa noche.
–Estaba tan enojada, tan herida con lo que pasó. Quiero decir, tú y Drakken realmente jugaron con mis emociones, pero una vez que terminó la noche, me senté y me pregunté ¿si realmente era el tipo de persona que disfrutaba lastimar a los demás? Hasta que tuviera la respuesta a esa pregunta, ni siquiera podía pelear. Simplemente no confiaba en mí misma. Tenía miedo de ser ese tipo de persona, de ser un monstruo de algún tipo. Tuve que hacer un profundo examen de conciencia para decir que no era ese tipo de persona, incluso si lo era me negaba a serlo. Me prometí a mí misma que no sería así, entrené para calmarme y tener un mejor control sobre mis emociones. Perdí el primer semestre de universidad pero pude tenerlo bajo control. No quería encontrarme peleando con alguien, especialmente contigo, y que quisiera matarte –declaró Kim.
–Eso es bueno–, murmuró Shego con una expresión tensa. Al menos la molesta plaga había hecho todo lo posible por alejarse del lado oscuro hacia el que se había acercado. Decidió no abordar el por qué Kim no quería herirla "especialmente" a ella. Ya eran demasiado amistosas para su gusto, por lo que no quería saber las razones detrás de las palabras extrañas que usaba Kim. Probablemente no significaban nada y tampoco quería que Kim comenzara a pensar en eso.
–¿Por qué dices eso? –preguntó la pelirroja, inclinando un poco la cabeza hacia un lado. Había esperado que Shego dijera algo más como "¿entonces?"
–No hay razón–, mintió la villana con súper poderes, sacudiendo la cabeza. No explicaría sus razones frente a la molesta heroína. Prefería guardarse todo para ella misma y seguir adelante con su vida. No eran amigas y no necesitaban hablar de todo.
–Vamos, Shego. Eso te ha estado carcomiendo. Sé que lo ha hecho. Lo sacas a relucir siempre que puedes y no te detienes. Simplemente habla. Dime. ¿Qué te ha estado molestando? –Preguntó Kim.
–No lo ha hecho–, insistió la mujer mayor.
–No actúes así. Dime. Sabes que quieres–, instó Kim en un tono suave con una sonrisa a juego. Estaba segura de que su enemiga quería quitarse de encima los acontecimientos de esa noche.
–Cállate carajo. ¿Qué diablos sabes sobre lo que quiero hacer? Solo déjame en paz y leamos el estúpido diario de mierda, así no tendré que verte tanto idiota. Maldita sea –espetó Shego.
Kim se estremeció y pareció bastante herida por las palabras. Solo quería ayudar. Por un momento, contuvo la respiración, necesitando calmar el temblor en su estómago. Luego exhaló lentamente y descubrió que no se sentía mucho mejor.
Shego se dijo a sí misma que no le importaba cómo se veía la pelirroja o si estaba herida. No tenía que compartir información con una pequeña plaga tan decepcionante. No le debía nada a Kim. Eran enemigas por decir lo menos.
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En el próximo capítulo: ¿Pueden las Sheshonas arreglar estos errores?
