N/A: Saludos lectores! Aquí les traigo una nueva historia que se desarrollará a lo largo de varios capítulos (aún no sé cuántos). En principio este iba a ser mi primer fic pero antes necesitaba tomar la iniciativa de escribir otra cosa por primera vez para animarme a escribir algo como esto. No quiero alargarme más así que empecemos, y espero que sea de su agrado.

Edit (28/6/19): Olvidé mencionar que esta historia contendrá LunaxSam, aunque se desarrollará más adelante. Primero comenzaré con los inicios de Luna en la música, así que a quien no le guste ya está avisado :)

The Loud House es propiedad y creación de Nickelodeon, Chris Savino y Viacom. Esta serie no me pertenece. Esta historia está hecha con fines de entretenimiento.


Lo que nos une

Capítulo 1: Nace una estrella

Fue ese día. El encuentro inesperado que cambió totalmente no solo sus gustos musicales, sino también su apariencia, sus pensamientos, su espíritu; en fin, su vida. A sus nueve años aún no sabía cuál era su vocación, a qué estaba destinada su vida, hacia dónde dirigirse. Cierto, todavía era muy pequeña como para preocuparse por esos asuntos, pero su constante mirada confusa e insegura hacía notar eso. Si bien tenía muy buenos amigos y disfrutaba de pasar tiempo con su familia, en sus tiempos solitarios, cuando tocaba su violín, se cuestionaba estos pensamientos. ¿Era esto realmente lo que más le gustaba? ¿Sentía verdadera pasión al mostrar sus habilidades con aquel instrumento? Cualquiera que la viera o conociera respondería afirmativamente a estas preguntas. Tenía todas las cualidades para ser una excelente compositora o formar parte de alguna distinguida orquesta, ¿por qué no lo disfrutaría entonces? Y esto era algo que sus padres no pasaban por alto.

Todo había comenzado cuando a muy temprana edad, Lynn Sr. había notado el talento que su hija poseía con la guitarra de juguete que le había obsequiado para su cumpleaños número dos. Era asombroso cómo a tan corta edad podía sacarle lindas melodías a ese pequeño juguete; presionando aquellos botones de colores con sus delicadas manos, simulando como si fueran cuerdas. Sus padres tenían registro de esos hermosos momentos en un libro morado que se encontraba en el ático, tanto en fotografías como en pequeños textos escritos a modo de diario íntimo. Posteriormente decidieron grabar a su hija en caso de perder el registro escrito y fotográfico aunque, irónicamente, no recordaban dónde habían almacenado dichas grabaciones luego de que sus antiguos teléfonos celulares habían quedado obsoletos. Con el pasar de los años, Lynn Sr., quien siempre fue fanático de la música, intentó introducir a su hija en diferentes géneros musicales. Primero probó con el género más raro conocido por el hombre, si es que podríamos llamarlo 'género musical', pero él se sentía la persona más feliz haciéndolo. Hablamos de su actuación con el cencerro, el cual desde el primer minuto aturdió a toda su familia dejándolo como una opción claramente descartada. Luego probó con la música disco; algo que, por alguna razón, disgustaba a todo el vecindario, especialmente al Sr. Quejón. Pasó por la música country con la ayuda de su esposa ya que ambos disfrutaban de ese tipo de música. Ésta opción parecía funcionar por las risas que sacaba en su hija pero no al resto de sus hermanas, por lo tanto también lo descartó. Luego de esos intentos fallidos, decidió hacer uso de los discos de vinilo viejos que tenía en el sótano, los cuales había heredado de su abuelo, quien tenía varios gustos musicales además del que podríamos deducir por su apariencia. Jamás los había escuchado pero sabía que contenían principalmente música clásica y variantes. Finalmente, un día quiso probarlos pero no poseía ningún dispositivo que pudiera reproducirlos. Buscando un tocadiscos por internet se dio cuenta del elevado monto que la gente pedía por uno de ésos, llevándolo a casi rendirse, cuando casualmente descubrió que su vecino gruñón tenía uno, probablemente en desuso desde hace tiempo. Luego de un intercambio de diez lasagnas por semana durante un mes, logró conseguir aquel aparato. Por suerte, nada de eso había sido en vano ya que al reproducir los discos, sorpresivamente su hija se vio cautivada por esas melodías; y lo que es más, no molestaba a los demás residentes de la casa, ni a sus vecinos. Lynn Sr. estaba tan contento de haber encontrado el género musical al que su hija pertenecía que, entusiasmado por el reciente descubrimiento, decidió regalarle un violín el día que cumplió los cinco años. Asimismo, la inscribió en una escuela de música para niños donde rápidamente sus maestros se dieron cuenta del talento que la pequeña poseía. Participó en varias mini-orquestas, interpretaciones solistas y hasta en una ópera para niños como parte de un acto de fin de año para una escuela primaria. Sus padres estaban orgullosos de su crecimiento, pero había algo que ella sentía no encajaba. Si bien gracias a esto descubrió su gusto por la interpretación musical en escenarios y la ayudó a hacer amigos, a medida que crecía y hacía más uso de su razón, se iba dando cuenta de que tal vez, en el fondo, esto...¿no era lo suyo?. En realidad no estaba del todo segura pero seguía haciéndolo porque sabía que hacía felices a sus padres.

Cuando tenía siete años, ocurrió un episodio que le dio aún más indicios de que quizás no se encontraba en el camino correcto. Había visto un anuncio en la televisión sobre un concurso de batallas de bandas y se sintió muy entusiasmada por participar. El concurso era organizado por una escuela privada local que se encontraba en los límites de la ciudad, muy alejado de su casa. Ella jamás había ido a esos lugares pero estaba decidida a hacerlo para poder mostrarle a todos de lo que era capaz de hacer con su instrumento musical, además de seguir enorgulleciendo a su familia. Emocionada por la idea, le contó a sus padres acerca del mismo y les pidió permiso para participar. Claramente ambos aceptaron sin ninguna duda al respecto y la llevaron hasta allí para inscribirla. La anfitriona del concurso era la directora de la misma escuela, una señora de unos cuarenta años de edad, de cabello castaño corto, que tenía cierto aspecto de presumida; de hecho, se veía que la escuela estaba conformada por niños de la misma calaña ya que todos iban uniformados con prendas altamente costosas y sofisticadas, y al ver a los tres integrantes de la familia Loud, los miraban de una forma despectiva. Rita se había quedado en Vanzilla esperando a que su esposo llevara a su hija a inscribirla en el concurso. Al llegar a la oficina de la directora, luego de recibir direcciones por parte del conserje, Lynn Sr. toca la puerta.

- Pase - se escucha la voz sutilmente grave de la directora. Ambos ingresan al despacho.

- Buenos días, señora directora. - saluda amablemente Lynn Sr.

- Buen día, por si no lo vio aquí sobre el escritorio está mi nombre escrito. - contesta de mal gusto la señora, señalando un cartel con su nombre - Me gustaría que se dirija hacia mí con dicho nombre por favor, que por algo está allí. - Lynn Sr. la mira sorprendido y confundido ante esa reacción, pero simplemente la ignora y mira detenidamente dicho cartel, el cual decía 'Directora Murphy'.

- Disculpe, Directora Murphy.

- ¿A qué se debe su visita señor? - pregunta ni siquiera dirigiendo su mirada hacia él, sino a su laptop.

- Vengo a inscribir a mi hija al concurso de música que organizará su escuela.

- Bien, ¿nombre?

- Luna Loud.

- ¿Edad?

- Siete años. - Y así la directora siguió preguntando los datos personales de la niña para cargarlos en un formulario.

- Ahora prosigamos con los datos grupales. - continúa la señora. Lynn Sr. hace una mueca de confusión.

- Disculpe directora Murphy, ¿a qué datos grupales se refiere?

- Los datos del grupo al que pertenece señor.

- Oh, los datos familiares dice usted.

- No. ¿Acaso está bromeando? Hablo de los datos de su banda.

- ¿Ba...banda?

- Mire señor, no tengo tiempo para perder. Si quiere que su hija sea parte de este concurso necesito recolectar sus datos de forma inmediata. No son los únicos que quieren inscribirse ¿sabe?

- Pero mi hija no es parte de ninguna banda. Ella toca el violín. Es decir, podríamos considerar el grupo de orquesta al que a veces concurre como su banda pero no es...

- Entonces necesito que se retiren - la directora les señala la puerta prácticamente echándolos; sin mencionar que lo interrumpe groseramente.

- ¿Disculpe? - pregunta Lynn Sr. totalmente disgustado por su actitud.

- Lo que escuchó señor. Esto es una batalla de bandas y si su hija no pertenece a una no puede participar. Ahora mismo me informan que otro padre quiere inscribir a su hijo así que por favor salga de mi oficina.

- Con todo el respeto directora, que mi hija no sea parte de algún conjunto en especial no quiere decir que no pueda participar. - le contesta algo ofendido pero manteniendo la calma.

- La directora y organizadora principal de este concurso soy yo. Por lo tanto, las reglas aplicadas son las que yo decido ¿está claro? No hay nada más que discutir aquí. - la señora finaliza la conversación arrugando el formulario en el que anotaba los datos de Luna y lo arroja a un cesto de basura.

Por no querer faltarle el respeto a esa señora tan incompetente, Lynn Sr. y su hija se retiran sin agregar una palabra. La pequeña no entendía qué había sucedido; en realidad en parte sí, pero no comprendía por qué no la dejarían participar en un concurso de música, si lo que ella hacía con su violín al fin y al cabo era eso. Inconscientemente, comienza a sentir sus ojos humedecerse.

- Papi, ¿por qué no me dejaron entrar al concurso? - pregunta tristemente.

Su padre suspira y responde - Lo siento hija, es que no admiten concursantes que no pertenezcan a una banda - le dirige la mirada cuando nota unas pocas lágrimas formándose en sus ojos. Conmovido, la abraza fuertemente y le dice - No llores Luna por favor, podrás participar en muchísimas otras competencias donde todos admirarán tus habilidades.

- Lo sé - corresponde el abrazo - Es que estaba tan emocionada por participar aquí y mostrarle a todos de lo que ustedes están tan orgullosos.

- Nosotros y tú también debes estarlo linda. Sé que llegarás muy lejos - continúan el abrazo mientras Lynn Sr. finalmente se quiebra y derrama algunas lágrimas en silencio.

Ya afuera del establecimiento, una Rita sonriente los ve desde el interior de la camioneta. Estaba ansiosa por saber cuándo empezaría la competencia y por ver a su hija lucirse como lo había hecho en varias ocasiones. Contrariamente a lo que imaginaba, al verlos salir nota sus caras largas. Su marido abre la puerta del lado del conductor y se sienta sin decir una palabra. Luna hace lo mismo pero ubicándose en la parte trasera del vehículo. El motor se enciende y ruge antes de salir camino de vuelta a su hogar. En las primeras cuadras los tres se mantuvieron completamente callados. Rita pensaba que le estaban jugando alguna especie de broma de mal gusto pero finalmente rompe el silencio.

- ¿Y...? ¿No me van a decir cuándo comenzará la competencia?

- Eso nos gustaría hacer, pero no habrá competencia para mí - se oye la voz de la pequeña desde atrás de la camioneta.

- ¿Cómo? ¿Acaso se suspendió o algo así?

Suspirando, Lynn Sr. sigue contando lo sucedido - No querida, la directora y a la vez anfitriona del concurso no dejó que inscribiera a Luna por no ser parte de alguna agrupación o banda.

- ¡¿Qué?! - la matriarca de la familia reacciona totalmente sorprendida al escuchar eso.

- Descuida, no era un lugar de fiarse después de todo. Jamás dejaría que nuestra hija ande por los pasillos de esa escuela, sobre todo con alguien tan poco profesional a cargo.

- Lo lamento cariño - Rita dirige la mirada caída a su hija que miraba por la ventanilla con el semblante triste. Al no recibir respuesta decide animarla con algo más - ¿Qué te parece ir a almorzar a las Hamburguesas del Eructo cuando lleguemos hija? - Tal vez esa sugerencia no calmaría del todo la amargura que sentía en ese momento, pero al menos le alcanzó para esbozar una pequeña sonrisa a su madre y asentir con la cabeza. Era todo lo que Rita quería ver.

Unas horas más tarde, Luna se encontraba en su habitación aún pensando acerca de lo que había ocurrido esa mañana. Las palabras dichas por aquella directora resonaban en su cabeza una y otra vez. Ella disfrutaba ver a sus padres felices por lo que hacía pero, ¿era ella feliz haciendo lo que hacía?, ¿tal vez esa mujer tenía razón en algo? Sentía que simpatizaba con la idea de ser parte de una pequeña banda; quería sobresalir y ser reconocida, y no solo ser una más del montón de una orquesta, al menos así pensaba ella. Conocía conjuntos de música que tenían un violinista pero eran de otros géneros musicales. Quizás debería empezar a buscar nuevos caminos en la música, algo con lo que se sintiese más cómoda de lo habitual, pero era difícil hacerlo sola. Necesitaba la ayuda de sus padres pero temía defraudarlos diciéndoles que quería abandonar la música clásica. Allí es cuando se dio cuenta, ¿abandonar el género clásico? Entonces su corazonada era cierta. Estaba haciendo algo que no le gustaba por completo. El problema ahora era...¿cómo decirle a sus padres? Esto es algo que le llevó un par de años solucionar.


Luna ya había cumplido nueve años cuando recibió una invitación de una de sus amigas para ir a un concierto. Jamás en su vida había asistido a uno y nunca había pensado en hacerlo. Ni siquiera sus hermanas mayores lo habían hecho, por lo tanto, ninguno en la familia tenía experiencias con eso. Su padre solía comentar acerca de los conciertos de cencerro a los que concurría cada cierto tiempo pero realmente no eran considerados como tales por su familia. No estaba segura de ir porque, además, el artista que tocaba era el reconocido cantante de rock Mick Swagger, alguien de quien Luna había escuchado hablar muchas veces pero sinceramente no le prestaba demasiada atención. Sin poder contar con el apoyo de su familia sobre este tema se dirigió a la mismísima persona que la invitó, su amiga Jenny. Sabía que ella gustaba de ese tipo de música ya que constantemente le hablaba acerca del mismo y de sus bandas favoritas. A Luna no le molestaba escucharle pero tampoco le generaba el interés suficiente como para meterse en esa onda. Después de todo las dos tenían gustos musicales muy diferentes pero aún así se llevaban muy bien. Faltaban apenas unos pocos días para el gran concierto, la euforia de la gente se sentía en toda la ciudad de Royal Woods. Era algo histórico para los habitantes ya que era la primera vez que el artista tocaría allí luego de su gira por su país natal y el resto de Europa. De lo contrario, Luna no sentía nada de esto, para ella sería un día más en su vida; solo lo hacía para acompañar a su amiga. Sin embargo, días previos a la función, estuvo haciendo una especie de investigación de cómo ir vestida para la ocasión; no quería pasar vergüenza frente a semejante multitud. Primero le consultó a su hermana Leni, quien a sus diez años ya demostraba elevados conocimientos sobre moda y diseño. Lamentablemente su campo de conocimiento no llegaba a cubrir los detalles necesarios para ese estilo. Como segunda opción tomó a su padre; sabía que algunos de sus gustos se apoyaban en la cultura británica ya que contadas veces lo había oído hablar con ese acento. Para su desgracia, los atuendos utilizados por Lynn Sr. se veían espantosamente ridículos, algo que hizo ponerle la cruz roja a esa opción sin pensarlo dos veces. Finalmente decidió preguntarle a Jenny, algo que quiso evitar desde un principio ya que deseaba sorprenderla el mismo día en el concierto, pero no tuvo otra alternativa.

- Oye Jenny, quiero hacerte una pregunta...más bien, quiero pedirte un consejo.

- Luns, dime qué necesitas - pregunta la chica de cabellos oscuros con un mechón color morado.

- ¿Cómo debería ir vestida al concierto? No quisiera que la gente se ría al verme vestida así jaja.

- Jaja ¿qué dices tontita? ¡Nadie se reirá!

- No, en serio Jenny. En realidad quería sorprenderte el mismo día pero mis intentos por buscar el atuendo adecuado fracasaron - Luna insiste.

- Escucha amiga, a nadie le importará cómo vayas vestida. Tú solo sé tú. Aunque me halaga que hayas querido hacer eso por mí - le palmea cariñosamente el hombro izquierdo.

- Jeje está bien. ¿Cómo te sientes faltando tan solo dos días para el gran concierto?

- Sinceramente, de salud no muy bien ya que me siento algo resfriada y me pica la garganta. ¡Pero eso no me importa porque de ánimo estoy volando por los cielos! ¡Será el mejor día de mi vida! Y me encantará poder compartirlo contigo Luns. Gracias por acompañarme.

- De nada Jenny, gracias a ti por la invitación. Pudiendo haber invitado a alguien quien sea fanático de Mick Swagger, decidiste hacerlo conmigo. Lo mío no se compara con tu gran generosidad.

- Tal vez no seas una fan ahora pero lo serás en cuanto lo veas en persona. ¡Te lo aseguro!

- Jaja puede ser.

El gran día llegó, y faltando exactamente doce horas para el debut de Mick en la ciudad, Luna se encontraba preparándose para ir a clases. El pronóstico había anunciado un día totalmente despejado de nubes con un sol radiante por la tarde, como si el clima estuviera en complot con el tan esperado momento. Todo era felicidad para los fanáticos, ansiosos de asistir al estadio local de fútbol donde se llevaría a cabo el concierto. Luna llega a la escuela y se sienta en el mismo pupitre de siempre. Nota que su amiga Jenny aún no había llegado, algo extraño en ella ya que su naturaleza entusiasta la hacía llegar puntual a todos lados. Pasados unos minutos la maestra ingresa al aula y comienza con la clase. Definitivamente era muy raro que su amiga rockera no apareciera; de seguro decidió faltar a clases debido a la conmoción por la que la chica estaría pasando. Finalizada la jornada escolar, Luna resuelve pasar por la casa de su amiga para averiguar el verdadero motivo de su ausencia; tal vez estaba en lo correcto con lo que pensó...o tal vez no, quién sabe. Toca el timbre de su casa cuando unos segundos después la madre de Jenny aparece.

- Buen día, señora Brown.

- Oh, ¡hola Luna! ¿Cómo estás?

- Muy bien, pasaba a ver por qué Jenny no vino a clases hoy.

- Oh cariño, me temo que no puedes verla ahora. Ayer en la noche se resfrió severamente y hoy amaneció con mucha fiebre y dolor de garganta. Lo lamento nena - le comunica preocupada.

- ¡No! ¿Justo hoy? ¡Pobre Jenny! Me gustaría pasar a verla...

- También me gustaría que puedas conversar con ella, pero no se encuentra muy bien como para hacerlo; además de que temo que te contagie. Si quieres le puedo comunicar lo que quieras decirle cariño.

- Mejor la llamaré por teléfono en casa. Gracias señora Brown. Hasta mañana - Luna se despide y camina hacia su hogar.

Ya en su casa, luego de almorzar, llama a su amiga para charlar. No podía creer que le pasara esto justo en un día tan importante para ella.

- Hola Jenny, me enteré que estás enferma.

- Ni lo menciones amiga, ¡me quiero matar! - era increíble cómo podía mantener la calma hasta en momentos como este.

- Lo lamento, sé lo mucho que querías ir al concierto.

- Lo sé, pero de seguro habrán otras oportunidades. Después de todo no será la única vez que Mick visite Royal Woods - achú - estornuda delicadamente.

- ¡Cuenta conmigo para otro recital amiga! - Luna trata de consolar a su amiga, quien de hecho se estaba tomando demasiado tranquila la situación.

- Al menos ya tendrás experiencia para cuando lo hagamos jeje. - la chica insinúa algo que Luna no comprende del todo.

- ¿Experiencia en qué?

- En conciertos...duh.

- ¿Tú crees que iré al concierto de hoy sin ti? Estás loca amiga.

- ¿Es una broma? Luna, tienes que ir. No puedes perderte algo así por más que yo no esté presente.

- Pero...¿qué voy a hacer yo sin ti allí? Apenas conozco el nombre del artista.

- Luna, hazlo por favor. Quiero que vayas y disfrutes del concierto por mí.

Ésa idea la aterraba. No sabía nada sobre conciertos, necesitaba compañía. Luego de pensarlo un poco, le surge una idea.

- Está bien, lo haré, por ti. Pero necesito que me hagas un favor ¿No te molestaría si te pido prestada tu entrada para llevar a alguna de mis hermanas conmigo?

- Para nada amiga. Si quieres puedes pasar a buscarla ahora mismo. Yo a cambio te pido que saquen muchas fotos y luego me las pases jeje.

- ¡Concedido amiga! ¡Muchas gracias! Iré en unos minutos para allá, aunque...no podremos vernos.

- Sé que me extrañas mucho Luns, pero descuida que cuando mejore me verás todos los días preguntándote por cada detalle del concierto.

- Mejor confórmate con las fotos. Bueno debo colgar porque mi hermana Lori quiere hablar con una amiga. Nos vemos - finaliza la llamada y cuelga.

Faltaban solamente cuatro horas para la apertura del recital. Luna había pasado a buscar la entrada de su amiga y había resuelto llevar a Leni como su acompañante; tal vez así podría aprender más sobre la indumentaria rockera. Estaba preparando algunas cosas que llevaría, entre ellas, la cámara digital, un libro de notas por si llegaba a conseguir algún autógrafo, una botella de agua y una campera por si refrescaba. Ya tenía todo listo, así que fue a chequear que su hermana también lo estuviera. Como era de esperarse, la rubia estaba dudando sobre qué vestido llevar.

- ¡Leni! No es necesario un vestido elegante para ir a un concierto.

- ¿Entonces qué debería usar? - pregunta confundida.

- Nada en especial. Usa lo que sueles usar a diario.

- Oh, está bien - concluye sacando de su ropero unas gafas negras para sol, un sombrero morado y un pequeño bolso.

- No me refería a eso...pero bueno. Termina de preparar tus cosas que iré a tomar la otra entrada a mi cuarto - le indica mientras sale de la habitación.

Al llegar, busca entre sus cosas el boleto para su hermana pero no logra encontrarlo tan fácil como pensaba. Rasca su cabeza en señal de duda, ¿dónde lo había dejado? Ya un poco más desesperada revuelve entre la ropa, los objetos de comedia de su compañera de cuarto, algunos papeles, pero nada. Se estaba empezando a inquietar, llegando al borde de la histeria; entonces decide suspirar para calmarse. De repente, ve un extraño movimiento bajo un pequeño montículo de ropa y, cuando se dirige al mismo, se da cuenta que solo era el pequeño can Charles quien estaba triturando algunos papeles. Luego de chequear bien los pedazos esparcidos por el piso, Luna se da cuenta que entre ellos se encontraban trozos del boleto que buscaba. Definitivamente la suerte no estaba de su lado. No podía culpar a su querida mascota, debió haber sido más precavida y guardar la entrada en un lugar más seguro. A sabiendas de que solo le quedaba una entrada, inmediatamente decide ir sola, como le había prometido a Jenny; no sin antes avisarle a Leni sobre lo sucedido quien se lo tomó con calma, y la alentó a ir de todos modos. No era la forma en la que quería pasar su primer concierto, ¿qué le esperaría allí? Luego de suspirar como cinco veces más para calmar sus nervios avisa a sus padres que ya estaba lista para ir.

Como el estadio no se encontraba muy lejos de su casa le permitieron ir sola, así que tomó sus cosas y salió en dirección a lo desconocido. A unas pocas cuadras del lugar veía como la gente se empezaba a amontonar por las calles, todos vestidos con el mismo estilo de ropa. Algunos iban cantando y gritando alegremente, otros grababan con sus celulares el momento histórico; había fanáticos de todas las edades, hombres y mujeres. De a poco, Luna empezaba a sentir algo adentro suyo que le generaba una extraña sensación...extraña pero de una forma positiva. Mientras esperaba en la fila para ingresar, se sorprendió a sí misma tarareando las canciones que aquellas personas cantaban más atrás. La letra era pegajosa y el ritmo tenía buen estilo, no lo podía negar. Luego de estar unos veinte minutos parada aún esperando en la fila, comenzó a impacientarse, sentía la necesidad de gritar y apurar a los organizadores. Los demás seguidores al parecer le leen la mente ya que comienzan a abuchear al personal de seguridad para que los dejen entrar. Entre el alboroto, una pareja joven que estaba detrás de ella se da cuenta de lo solitaria y callada que Luna se veía.

- Oye niña - habla el chico - ¿vienes sola?

- ¿Ah? - mira hacia los costados - ¿Me hablas a mí? - pregunta confundida.

- Sí. ¿Te encuentras bien? Es que se te nota un poco asustada - ahora la joven es quien toma la palabra.

- Sí, sí. Es solo que...

- ¿Primer concierto? - preguntan ambos al unísono.

- ¿Co...cómo lo saben? ¿Tanto se nota?

- Oh, descuida querida, sabemos cómo te sientes. Nuestro primer concierto fue algo parecido. Y eso que estábamos los dos juntos - continúa la chica de cabello largo castaño, tenía numerosas pecas en su cara, llevaba unas gafas oscuras y un sombrero negro con una cinta morada a su alrededor.

- Y lo que es más, tuvimos que viajar fuera de la ciudad para vivirlo - agrega el chico de también cabello castaño pero corto, tenía una gran frente y se le notaban ojeras. Ambos llevaban prendas de color morado, el favorito de Luna.

- Imagino que eso debió haber sido más difícil de sobrepasar.

- ¿Y cuál es tu historia chica? ¿Por qué decidiste asistir sola a tu primer concierto? - averigua la mujer.

- Em, en realidad tenía que venir con mi amiga pero lamentablemente enfermó y se tuvo que quedar en cama. La verdad yo no quería hacerlo sola pero me pidió como favor disfrutar del concierto por ella. Mick Swagger es su cantante favorito, y siempre soñó con venir a uno de sus conciertos.

- Aw, siento pena por tu amiga. Seguro tendrá otras oportunidades de ver a Mick - expresa el chico con compasión.

- Eso espero.

Inmersos en la conversación, los tres jóvenes no se dan cuenta que la fila había comenzado a avanzar hasta que sienten un empujón de los que se encontraban detrás. Finalmente habían abierto las puertas. La gente ingresaba de forma alocada, golpeándose y empujándose entre sí aunque solo era por el entusiasmo y no de forma violenta.

- Oye, no nos has dicho tu nombre nena - dice la chica mientras avanzan.

- ¡Luna! - se ve obligada a gritar debido al bullicio.

- Genial Luna, ¿qué te parece si te ubicas junto a nosotros en las gradas? - le sugiere.

- ¡Me gustaría! ¡Muchas gracias chicos! Por cierto, también quería preguntarles sus nombres... - pero es interrumpida por el impulso de la gente, como si estuvieran intentado ingresar a un tumultuoso metro en hora pico.

Ya en el estadio, Luna se asombra por toda la decoración del lugar, las luces, el escenario con los instrumentos. Todo estaba preparado para recibir al artista y su banda. Los fanáticos se ubicaban en sus lugares, aunque muchos de ellos no respetaban el que se les había asignado. Los encargados, o mejor conocidos como roadies, se percataban de que todo esté en condiciones para dar inicio al show; los técnicos hacían pruebas de sonido; los robustos hombres de seguridad perimetraban los límites de la tribuna con cinta y separadores de fila. Sin previo aviso, un masa de humo blanco comienza a ser expulsado de unos tubos ubicados a los costados del escenario indicando el inicio del show musical. Todos comienzan a gritar desaforadamente y a saltar en sus lugares. Luego de que el humo se disipara por completo, nadie había aparecido. Falsa alarma. Solo estaban testeando las máquinas de humo. Esto fue respondido por un fuerte abucheo por parte del público que se sintió burlado. Luna seguía a sus nuevos compañeros hasta el lugar donde se ubicarían mientras contemplaba su alrededor. A medida que se adentraba más en ese entorno, su corazón latía con más frecuencia. ¿Qué significaba eso? Nunca había vivido algo así, y eso que solo era el comienzo. Llegan a sus lugares y se sientan; aún no querían gastar energías gritando frenéticamente.

- Desde aquí tendremos una muy buena vista de cada uno de los integrantes - asegura el chico - Recuerda que usaremos primero tu celular para grabar la primera parte del concierto amor.

- Lo sé, ¿recordaste cargar el tuyo esta vez? - pregunta inquisitiva la chica.

- Sí, sí, descuida.

Luna permanecía callada y con una mirada totalmente perdida, aunque sus pensamientos se centraban en lo que había estado sintiendo estas últimas horas. Esa sensación de júbilo que no podía explicar la estaba envolviendo en un mar de preguntas. Mira nuevamente a su alrededor y observa con detenimiento a cada una de las personas de las gradas. Todos expresaban la misma emoción, el mismo sentimiento, la misma pasión. Al analizar cada una de las caras, incluidas las de sus acompañantes, determina que ella sentía algo no tan ajeno a lo que todas esas personas demostraban. ¿Podría ser esto acaso lo que su amiga Jenny le dijo? No, aún tenía que verlo 'en persona'.

Nuevamente, el humo comienza a esparcirse por todo el escenario. Esta vez era en serio. Las luces se apagan por completo para luego de unos segundos encenderse de nuevo, apuntando todos los reflectores a la todavía invisible banda. Detrás de esa espesa masa blanca se podían oír los instrumentos de los músicos quienes habían decidido iniciar el concierto con uno de sus más grandes hits. La gente rugía bajo la melodía que estaban escuchando. Luego de que el humo se esfumara, Luna llevó automáticamente su mirada a Mick Swagger; y mientras empezaba a mover su cabeza y sus pies al ritmo de la canción, prestó con mucha atención la letra de la misma:

Uhhhhhhhh, Ahhhhhhh-ahhh-ah-ahhh.

Era una noche azul cuando vio la luz.

Antes su vida era algo común.

Llegó a la función, sola y en confusión.

No tenía idea de esa revelación.

TRANSFORMADA, TRANSFORMADA

Del país del rock ciudadana,

TRANSFORMADA Y RENOVADA.

Inconscientemente, al mismo tiempo que escuchaba aquella melodía e interpretaba en profundidad la letra, Luna comenzó a acercarse al escenario, esquivando a todas las personas sin ningún impedimento. Es como si todos le hubieran dejado el camino completamente libre para que pudiera llegar a su destino, ni el personal de seguridad se inmutó por detenerla. En su interior sentía que volaba hacia él, hasta que finalmente vio como Mick extendía su mano invitándola a subir al escenario. En ese instante, todos los momentos vividos con la música en el pasado pasaron como un flash supersónico por su mente, despejando por fin todas sus dudas. Lo tomó de la mano y subió a la gran tarima. La letra...era como si estuviera hablándole a ella. Y fue en ese momento que entendió...que ella era...Luna Loud. Instintivamente, se lanzó al público donde fue recibida por gritos y ovaciones, y arrastrada hasta la cima de la tribuna cual estrella de rock. Por sus venas ahora corría rock & roll, y estaba orgullosa de eso.


N/A: Bueno amigos, hasta aquí el primer capitulo de esta historia centrada en la vida musical y personal de Luna. Me encantaría que dejen sus reviews opinando acerca de qué les pareció hasta aquí y si el fic podría tener buen futuro jaja. Hasta el próximo cap, saludos!