No quedaban muchos shifters alados, aparte de los guardianes. Entrapta, a pesar de haber traicionado a su propia especie, luego de desahogarse con Emily, trabajó sin descanso en examinar a cada uno de los shifters afectados por los drones, además de entregar las coordenadas del escondite de Hordak para que un equipo se encargara de investigar. También, curó las heridas de Adora y Catra, a las cuales dejaron en cama, específicamente en la casa de la morena, ya que al estar unidas sanaban más rápido estando juntas, debido a su vínculo.
No era posible reemplazar a Entrapta, ya que de por sí, su inteligencia era mayor al promedio de los shifters, debido a que pertenecía a la raza de los búhos, quienes fueron extinguidos en la guerra contra los cazadores. El concejo de los guardianes aún no llegaba a un acuerdo en cómo sería castigada por su traición, a pesar de haber acabado con el enemigo.
A Ángela, en cambio, le preocupaba que Horde Prime hubiera contactado a otros cazadores para refuerzos, por lo que envió a Weaver junto con DT a encargarse de ello, los cuales se unieron al equipo enviado al escondite del cazador. A pesar de que los halcones eran los shifters alados más fuertes en batalla, haber estado en un cargo administrativo le había pasado la cuenta, porque estaba demasiado cansada como para seguir despierta después de aquella larga noche. Aunque había terminado todo bien, le preocupaba lo que otros cazadores podrían hacerles con algo de tecnología avanzada como la de Hordak.
A la noche siguiente del ataque, Adora y Catra despertaron con la suave luz de la luna colándose por la ventana. Sus músculos estaban adoloridos, como si hubiesen hecho ejercicio de forma intensa. Las heridas de los cortes causados por los cuchillos de plata de Prime habían cerrado, pero no cicatrizado del todo aún. El rostro de la morena ya no tenía moretones al menos, para la tranquilidad de la rubia, quien acarició suavemente la mejilla de Catra. Se sentía realmente aliviada de que la morena no hubiese muerto.
Catra la observaba fijamente, en silencio, algo en la rubia le daba tranquilidad, una pacífica seguridad de que todo estaría bien, a pesar de que apenas habían sobrevivido a la noche del ataque de los cazadores. Se acercó más a ella, para acurrucarse sobre su pecho, escondiendo su propio rostro bajo su cuello. Sus piernas se rozaban levemente, y el olor de Adora se sentía bien, como si perteneciera a ese rincón de su cuerpo, se sentía como en casa, una casa acogedora y cálida.
Podía escuchar los latidos de la rubia, estaban calmados, aunque por unos segundos estuvieron acelerados por la repentina cercanía de la morena. Le parecía increíble lo emocionante pero a la vez tranquilizante que podía ser estar cerca de Catra. En ese momento, tuvo la claridad mental suficiente para darse cuenta que la luna no se equivocaba, la morena realmente estaba destinada a estar con ella. Suspiró largamente, a pesar de sentirse aliviada, aún no se había relajado del todo, su miedo a perderla le hacía doler el pecho literalmente.
—Fuiste muy imprudente, Adora. No vuelvas a lanzarte de esa manera jamás. ¿Qué hubiera pasado si él te hería de muerte? —dijo Catra en tono serio, aun escondida en el pecho de Adora.
—Pero no lo hizo —respondió tercamente Adora.
—Podría haberlo hecho, no eres invencible, Adora. Y yo no podría soportar la idea de perderte. Debes pensar antes de actuar, sobre todo en medio de una pelea. Él era fuerte a pesar de ser humano, tenía más experiencia que nosotras. Podía haberte matado.
Adora suspiró con desgana. Sentía como si la estuvieran regañando.
—Está bien, no volveré a hacerlo, es solo que… cuando vi cómo te golpeó, todas tus heridas… yo…
—Perdiste el control. Pero dejarse llevar por la ira en esos casos puede ser fatal. Esta vez tuviste suerte, pero la próxima tal vez no. Si no hubieras tomado desprevenido a ese tipo, no lo hubieras logrado. Yo… no quiero perderte… no quiero que mueras de una forma estúpida, sólo por salvarme… no lo merezco…
Adora se alejó levemente, para levantar el rostro de Catra, lágrimas caían por su mejillas. Incluso llorando de aquella manera, le parecía hermosa, tan vulnerable, sólo quería hacerla sentir mejor, abrazarla hasta que dejase su tristeza de lado.
—Catra, tú te mereces todo, absolutamente todo de mí. Mi corazón, mi alma, mi espíritu, mi cuerpo y lo que sea que contenga mi esencia, te pertenecen a ti. No tengo dudas, porque lo que siento por ti no lo he sentido por nadie jamás, mi lugar es junto a ti. Quítate la idea de que no me mereces, porque tú vales muchísimo. Te amo.
Adora finalizó sus palabras besando la frente de Catra, quien sonrió y dejó de llorar. La morena tomó con ambas manos el rostro de la rubia, para poder besar su boca, quería darle un beso apretado después de esas dulces palabras.
—Yo también te amo, Adora. Lo siento por eso. Es sólo que, tuve mucho miedo esa noche. Ahora más que nunca estoy segura que quiero estar contigo, un futuro contigo… Es todo lo que quiero, estar a tu lado, cuidar de ti, consolarte cuando estés triste como lo has hecho conmigo, reírme de ti —Adora le dio un pequeño pellizco—, ok, reírme contigo, devorar tu cuerpo entero…
Su mirada de pronto cambió a una más lasciva, ambas estaban desnudas, y su cuerpo no había podido evitar reaccionar al contacto con la rubia. En el silencio, se podía palpar esa tensión sexual que habían tenido desde el primer día que se conocieron. Catra acarició con una mano la piel del cuello de Adora, su piel estaba caliente, sentir esa calidez hizo que una corriente recorriera su propio cuerpo.
Tocó con las yemas de sus dedos la marca de sus colmillos, estaba cerrada, por alguna razón, sus colmillos volvieron a emerger. Sentía la necesidad imperiosa de marcar a Adora, su lado animal se lo ordenaba, "es tuya, márcala", le decía. En una especie de trance, se acercó al cuello de la rubia, el olor que emanaba le indicaba que ella también deseaba que la marcara, que la tocara, que la hiciera suya.
Hundió los colmillos en su carne, una pequeña cantidad de sangre brotó, Adora gimió suavemente, sujetaba con sus manos tanto el cuello como el cabello de Catra. La mordida de la morena sólo ayudó a aumentar su excitación, podía sentir esa creciente humedad de su entrepierna desbordarse. Catra lo sabía, por lo que su mano derecha exploró por el cuerpo de la rubia, hasta que sus dedos sintieron lo mojada que estaba Adora.
La rubia jadeaba con los dedos juguetones de Catra, que se movían entre sus labios interiores y su clítoris, lo que hacía que Adora moviera sus caderas hacia la morena, buscando mayor fricción. La morena disfrutaba cómo su amada se mojaba más y más en su mano, era tan satisfactorio como escucharla gemir. Introdujo sin más dilación un par de dedos en su interior, el cual los envolvía, pero aquellas cálidas y húmedas carnes aún tenían espacio para más, por lo que introdujo otro par de dedos, mientras los gemidos de la rubia eran más altos.
Adora se aferró a la espalda de Catra, arañándola, moviendo sus caderas al compás de los movimientos de la morena.
—¡Más rápido! —dijo entre jadeos Adora.
Catra obedeció, podía percibir, tanto por el olor como por los movimientos de la rubia, que estaba por alcanzar el clímax. Siguió moviendo su mano, hasta que observó con deleite que Adora arqueaba ligeramente su espalda, había alcanzado el orgasmo. A pesar de que la piel de la rubia brillaba por el sudor, y aún tenía no regulaba su respiración, para Catra eso no era suficiente.
Quería más de Adora, por lo que tuvo una idea para poder sentirla mejor. Separó las piernas de la rubia, se posicionó sobre ella de tal manera que sus sexos húmedos se frotasen. Se sentía tan bien la humedad de Adora mezclándose con la suya, que pronto los gemidos de ambas no tardaron en llegar. Su cuerpo ardía junto al de la rubia, podía sentir también sus pezones endurecidos, rozando con los suyos, todo parecía arder, todo estaba húmedo, todo era placer.
Adora se sentó, acomodándose de tal manera que la fricción fuera aún más íntima e intensa, podía además ver el rostro cargado de placer de Catra, era tan estimulante verla así de excitada, que deseaba que aquel momento no terminase jamás, pero aunque se sintió eterno, el orgasmo las alcanzó a ambas.
La morena se recostó en la cama, rendida, necesitaba un momento para recuperarse. A diferencia de ella, Adora quedó hipnotizada por la vista que tenía enfrente. La piel morena de Catra brillaba, el movimiento de sus pechos que subían y bajaban, debido a su respiración alterada, le parecía simplemente maravilloso, e incluso se le hizo agua la boca. No se contuvo y se acercó para besarlos, lamerlos y mordisquear levemente sus pezones.
Catra sonrió, después de todo, ella tampoco le había dado descanso a la rubia, se había dejado llevar por la lujuria del momento. Lo peor era que lo que fuera que le hiciera Adora, funcionaba perfectamente, siempre lograba excitarla. Observó divertida lo concentrada que estaba la rubia en sus pechos, mientras lamía uno amasaba el otro con la mano. Hasta que ese par de ojos azules se encontraron con los de ella, brillaban llenos de deseo, su mirada era tan intensa, que hizo tragar saliva a la morena.
Adora se separó de sus pechos, con la boca entreabierta, sus colmillos habían emergido. Pero al parecer, no tenía intención de morderle el cuello. Sin dejar de mirarla, fue bajando por su vientre, el aire que escapaba de su nariz le producía cosquillas a la morena, quien se sentía incapaz de apartar la mirada de aquellos ojos azules.
Llegó al sexo de la morena, que nuevamente escurría de lo húmedo que estaba, haciendo que Adora se relamiera los labios al verlo. Pero estaba guardando lo mejor para el final. Besó la cara interna de los muslos de Catra, ya que sabía que tenía cierta sensibilidad en esa zona. No contenta con besarla, también la lamió de forma lasciva, fijando su mirada en el rostro de Catra, que observaba atentamente todo lo que hacía. El olor de la humedad de la morena se sentía cada vez más fuerte, por lo que Adora no se contuvo más, y mordió el muslo derecho de la morena, quien gimió alto y claro, aquella mordida le había excitado mucho más de lo que esperaba.
Adora lamió el hilillo de sangre que brotó con satisfacción, para luego enfocarse en lo que realmente quería, beber de ese elixir que brotaba del interior de Catra. Su lengua recorría de manera experta los recovecos húmedos y cálidos del interior de la morena, hasta que se enfocó en aquel nodo de placer, tanto en el interior como el exterior, en un ritmo frenético que hizo que Catra gritara su nombre más de una vez.
No contenta con eso, introdujo un par de dedos también, moviéndose al mismo ritmo que su prodigiosa lengua. Con su mano libre intentaba sujetar las caderas de Catra, que no paraban de moverse debido a la intensa estimulación por parte de Adora, quien no bajó el ritmo hasta que la morena alcanzó el clímax. Sólo entonces decidió descansar, apoyando su cabeza sobre el vientre de la morena.
No sería lo único que Adora y Catra hicieran aquella noche, por lo que sus heridas se curaron por completo gracias a su ferviente amor. Sin embargo, al día siguiente tuvieron que volver a la realidad luego de aquella idílica noche, y eso implicaba dar explicaciones a sus amigos, quienes fueron a visitarlas ya que no respondían sus teléfonos. Tuvieron que cortar de golpe sus juegos en la ducha para vestirse lo más rápido posible y atender a sus amigos.
De pronto la casa de Catra estaba llena de gente, no sólo con sus amigos sino también los de Adora, era extraño, pero incluso había dejado de lado el odio hacia Glimmer, porque su rubia favorita parecía muy feliz, y verla sonreír le llenaba el pecho de alegría. Fue una semana intensa, sus amigos se quedaron con ellas alrededor de dos días, y luego de eso tuvieron una reunión con Ángela, en la que hablaron sobre el futuro de la Academia, como también el de Entrapta.
Tanto Catra como Adora creían firmemente en que debían darle una oportunidad a la científica, ya que sin ella no habrían logrado vencer a Prime, porque era un cazador bastante fuerte y experimentado. La directora estaba de acuerdo, por lo que les hizo prometer que acudirían al concejo de los guardianes como testigos, ya que Entrapta necesitaba toda la ayuda posible, debido a la gravedad de su traición.
Después de aquella reunión con la directora, finalmente podían disfrutar de sus vacaciones, había sido un año intenso, sobre todo para Adora, por lo que sentían que se merecían un descanso. De alguna manera, nuevamente terminaron en la casa de Catra, quien de pronto tuvo una magnífica idea.
—Deberías vivir conmigo, después de todo, pasas casi todo el tiempo aquí.
—¿Segura?
—Tan segura como que te amo.
—Yo también te amo, pero deberías saber que ronco.
Catra soltó una carcajada, para luego abrazar a Adora y fundirse en un beso. Ese beso que marcó el inicio de su vida juntas como shifters destinadas a estar juntas.
