Aclaraciones: Sin POV definido

Disclaimer: Naruto no me pertenece, de lo contrario el NejiTen sería oficial

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Disfruten la lectura

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Capítulo 38. Desahogo

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Había visto las miradas enojadas de los ancianos y le había dado lo mismo, los había escuchado reprenderla y decirle que tenía que retomar de inmediato su compromiso con el Nara a lo que se negó, fue Gaara quien dio por finalizada la reunión diciendo que su hermana debió tener sus razones personales para hacer tal cosa y ellos no eran quienes para opinar, aunque sin duda también estaba sorprendido en especial porque la decisión parecía repentina cuando ya se había elegido una fecha para la ceremonia. Al parecer sus hermanos pensaban que era un impulso y solo esperaban que pensara bien las cosas.

Ella no hablaba, les contó lo que había hecho en su viaje, al menos lo respectivo a Shikamaru y se encerró en su habitación, saliendo exclusivamente a comer cuando su cuerpo la obligaba y cada noche volcaba toda su atención a lo único que la calmaba lo suficiente para poder dormir y era beber hasta perder la consciencia.

Sus hermanos se preocuparon, ella siempre había bebido, pero nunca había sido alcohólica ni llegado a ese extremo. Los dos empezaron a pasar la noche en la vivienda, intentando consolarla o por lo menos que les hablara y se desahogara de lo que sea que pasaba por su cabeza. Kankuro por su parte no lo entendía, su hermana nunca se había visto realmente feliz junto al ninja perezoso y menos para descomponerse de esa forma al terminar la relación de varios años, aunque bueno, él no era el mejor para juzgar ese tipo de vínculos pues nunca había tenido una pareja con la que quisiera pasar mucho tiempo.

Luego de dos semanas de ver que todas las noches beber era lo único que ella hacía, decidieron sacar todas las cervezas de la nevera, el resultado fue que su hermana mayor los vio con enojo antes de irse a la habitación a buscar su monedero y luego desaparecer por la puerta. El marionetista inhaló profundo antes de seguirla, él la vigilaría por esa noche y no volverían a hacer eso, era medianamente preferible que se embriagara en la casa en donde al menos no se metería en problemas. Había regresado a la madrugada con la rubia cargada en brazos pues no podía ni dar dos pasos seguidos, en cuanto la dejó en la cama esta se pegó a su pecho impidiéndole quitarse y por primera vez en su vida la vio llorar hasta quedarse dormida.

Pasado un mes le escribió a la castaña, Kamaichi seguía furioso con ella por haberle pedido que deshabilitara el jutsu de protección del departamento de Tenten y que la dejara entrar, lo sobornó con todo lo que encontró en la nevera por lo que de mala gana aceptó llevar la nota y se dedicó a revisar el pergamino a la espera de una respuesta. Pero nada llegó y ella continuó volcada al licor, odiaba la mirada de lástima que le dirigían sus hermanos, pero no le importaba, estaba harta de pretender que era fuerte y nada la afectaba. En ese momento solo quería que la mujer regresara a su lado, o por lo menos que aceptara sus disculpas y que pudieran hablar.

A mediados del segundo mes su familia pareció rendirse a que ella no iba a decirles nada, así que regresaron parcialmente a la que era su rutina antes de eso, pidiéndole que por favor bebiera un poco menos, algo que cayó en oídos sordos y al final solo le dijeron que apoyarían la decisión que tomara, independientemente si era volver o no con el Nara. Ella bufó molesta, si bien le dolía haber lastimado al hombre que no hizo nada para merecer quedar en medio de esa mierda, no era a él a quien quería de regreso a su vida. Esperó una semana más y envió una nueva carta, obteniendo la misma respuesta que de la anterior, o sea silencio total.

El tercer mes avanzaba con un ligero atisbo del regreso a la normalidad, ella se pasaba a la oficina y trabajaba un rato, o lo intentaba pues era una manera de tratar de acallar la voz en su cabeza que le reprochaba una y otra vez que todo lo que estaba pasando era exclusivamente su culpa, era ella quien había dado por sentado que la castaña estaría para ella y por eso nunca valoró todo lo que hacía. En las noches volvía a estar tan sola como antes, Gaara otra vez se quedaba en el despacho y Kankuro retomaba sus citas, así que seguía ahogándose en el alcohol. De alguna forma buscaba en el fondo de cada botella la calma que le faltaba, además de una manera de salir del hueco en el que había caído y un motivo por el cual continuar levantándose cada mañana.

Era ¿el cuarto mes? Qué más daba, ni siquiera le importaba el correr del tiempo, tan solo renegaba cada día al despertar y de mala gana se bañaba y vestía para trabajar, aunque esa mañana fue diferente, ya no era puntual como solía serlo, la marea etílica que la hacía caer inconsciente cada noche conseguía que no se despertara a tiempo y no le importaba. El sol ya estaba en todo su esplendor cuando abrió la puerta que daba hacia las oficinas, llevaba un vaso de jugo de naranja pues el calor y su cabeza iban a matarla.

- ¿Y entonces no te quedarás al menos una noche con eso aceptas una invitación a cenar? — escuchó a su hermano a lo lejos y rodó los ojos, a saber la kunoichi de qué aldea estaba en el edificio y él no perdía la oportunidad — creo que podemos seguir en dónde lo dejamos esa noche

- Lo siento — todos sus sentidos se pusieron en alerta, ella reconocía perfectamente esa voz por lo que de forma automática aceleró los pasos para pararse al borde del pasillo y observar la escena, necesitaba poder verla aunque fuera de lejos — tenemos un cronograma que cumplir y una tormenta de arena nos quitó un día

- Es una lástima ¿se van ya?

- Daremos un recorrido rápido, Taro no conoce Suna... pero es todo

- Una pena, supongo que en otra ocasión será

- Seguro, nos vemos después — la siguió con la mirada, usaba el uniforme de jōnin con una bandana en su frente que tenía un símbolo que habían creado los kages para identificarlos como aliados a todos los países y había regresado a su antiguo peinado. La castaña llegó junto a un hombre que no reconocía, pero los rasgos físicos revelaban que era de Kumo, este le entregó algo a la mujer que empezó a reírse asintiendo y empezando a caminar hacia las escaleras de salida. Su puño se apretó de forma automática, olvidando el vaso que llevaba y que se quebró por el exceso de fuerza

- ¡Temari! ¿Estás bien? — a lo lejos escuchó que los pasos se habían detenido y la risa de Tenten ya no estaba, pero no hubo sonidos de nadie más acercándose ni nada parecido — ¿Hermana?

- ¿Qué? — reaccionó al marionetista que la sacudió ligeramente — un vaso de mierda

- Temari ¿Qué está pasando? — su hermano alternaba entre ver su rostro y su mano empapada del jugo y por la que salía sangre de las cortadas que le hicieron los cristales rotos, sin esperar mucho más sacó una pinza que usaba para arreglar sus marionetas de uno de sus bolsillos y empezó a quitar los trozos de vidrio que podía ver

- No pasa nada Kankuro — masculló — déjame así, iré al consultorio

- Espera, estos se ven peligrosos — con dedicación siguió retirando otros cristales — hermana... ¿hay algo de lo que quieras hablar?

- No — le puso una venda para frenar un poco el sangrado — gracias

No esperó que dijera nada más, bajó las escaleras y se detuvo frente a la ventana que daba a la calle justo a tiempo para ver a los dos shinobis foráneos. El hombre manoteaba exageradamente y hablaba con alegría mientras Tenten sonreía y asentía, señalando algo a la distancia. Soltó un improperio al darles la espalda para ir a ser curada, si la condenada kunoichi había seguido su vida y decidido estar con alguien más, ella no era quien para molestarse o reclamar por eso, de hecho no importaba lo que pensara al respecto, esa era la más clara señal que su relación había terminado.

Esa noche ni siquiera las cervezas fueron capaces de llenar el hueco que sentía en su pecho, recordaba a Chiasa, la maldita pelinegra que actuaba como si la hubiera conocido de toda la vida y que precisamente al despedirse ese día en el muelle le dijo que la cuidara, la castaña no iba a ser incondicional para siempre y a diferencia de ella, conocía la pérdida, por lo que en ese aspecto era mucho más fuerte de lo que nunca llegaría a ser alguien que siempre había tenido todo en bandeja de plata, llegado el momento la mujer sabría recomponerse mejor. Y eso lo veía en ese momento, mientras ella estaba estancada sin saber qué hacer, la mujer había seguido su vida y ya hasta estaba con alguien más.

Una semana más pasó cuando el consejo citó una nueva reunión, insistían en que ya se había dado mucho tiempo libre y que debía sentar cabeza de una buena vez, era el momento que fuera a Konoha y retomara su compromiso, seguro con los incentivos adecuados el Nara la aceptaría. No quería siquiera pensar en a qué se referían exactamente con esa frase, pero fue tajante al decir que no lo haría y nuevamente Gaara finalizó el encuentro diciendo que la decisión no les incumbía a ellos. Con furia aceptaron eso, pero dejaron claro que debía retomar sus viajes como delegada, había varios acuerdos por revisar y ya que no se iba a ir de Suna, ese era su trabajo.

Kankuro se encargaría de Konoha si se llegaba a necesitar algo con ellos, ella solo aceptó y empezó a revisar los tratados, le sentaba bien volver a ocupar su cabeza en lo que era su vida antes que todo se descontrolara. Seguía odiando los viajes y hablar con los feudales y delegados, pero el cambio de aire parecía funcionar, al menos parcialmente. No negaría que veía a los aldeanos con la nula esperanza de ver ese cabello castaño en su característico peinado resaltar entre estos como había pasado en otras ocasiones y bebía un poco menos cuando no estaba en su casa, pero solo cuando no estaba en su casa.

Había hecho un par de viajes a las aldeas de la frontera con Iwa cuando una nueva reunión fue citada. Estaba recién llegada de su último viaje y asistió de una vez, los ancianos siempre habían sido despreciables y se metían en su vida cada vez que podían. Al parecer se habían resignado a que su relación con Shikamaru no se iba a retomar y ya que su cumpleaños había pasado le recordaron la edad que cumplió y que sus treinta estaban cada vez más cerca, por lo cual lo mejor para todos era que dada su posición, buscaran una alianza con otro país que les fuera ventajosa. Se quedó congelada mientras los escuchaba sugerir como si no fuera la gran cosa que podrían comprometerla con el hijo de algún feudal, así seguiría sirviendo a su país.

Nadie dijo nada y ella abandonó el recinto cuando todos se pusieron de pie. Una parte de su cabeza le decía que eso era una broma de muy mal gusto, pero la otra le recordaba que la verdad es que los ancianos sí eran así de despreciables. En la noche no tocó ninguna cerveza, solo se sentó en la azotea a ver las estrellas, era una sugerencia que no tardaría en volverse una orden, no durmió pensando en lo que le esperaba. Cuando el sol se asomó bajó con determinación hasta su habitación, buscando en su escritorio una hoja para redactar una carta, no había una pizca de duda en ella cuando la firmó y se fue para el despacho de su hermano menor.

- ¿Qué es esto? — preguntó el pelirrojo sorprendido pues ella solo dejó el papel con fuerza sobre la mesa

- Es mi carta de renuncia a ser la delegada de Suna — no iba a flaquear — regresaré a las misiones de jōnin y pueden enviarme a cualquier misión que quieran, no me importa el rango ni la ubicación. Pero no voy a seguir haciendo mis tareas de diplomática

- ¿Qué? — fue Kankuro quien la cuestionó, ni siquiera se había fijado que estaba en la esquina que era su escritorio — ¿Por qué?

- ¿Aceptas mi renuncia? — era lo único que le interesaba

- No — ella frunció el ceño hacia el pelirrojo que lucía impasible — o no mientras no me des una razón válida para hacerlo

- No pienso ser usada como una transacción comercial ni permitiré que me comprometan con nadie en contra de mi voluntad

- Temari, lo hemos hablado con Kankuro y tampoco estamos dispuestos a que te usen de esa forma — ella esperó, seguro había más — sin embargo — y no se equivocó — creemos que te hará bien conocer a nuevos hombres... tal vez salir con alguien te pueda ayud...

- No — lo cortó — si están pensando que voy a conocer a un hombre y empezar una nueva relación con alguno, están equivocados — el marionetista había avanzado y los dos la veían con seriedad del otro lado de la mesa — no va a pasar que me enamore de ninguno de ellos — respiró profundo antes de seguir hablando — soy lesbiana — ya estaba, por primera vez en su vida lo había dicho en voz alta y se había referido a sí misma como lo que era — nunca me gustó Shikamaru, ni Daiki. Fui una cobarde por no admitirlo antes y perdí a la mujer que amo por eso — silencio total, ni siquiera parpadeaban, sus hermanos la estaban rechazando como siempre supo que lo harían — no es una desviación y no puedo ni quiero corregirlo, lo siento si los decepciona saberlo pero no me voy a disculpar — les dio la espalda para salir de la oficina, pero antes de poder tomar el pomo para abrir la puerta una barrera de arena se interpuso, empezando a acercarse lentamente a ella — no pienso volver a esconderme en una relación con un hombre... — dio un paso atrás — por favor, Gaara, para con esto — tuvo que dar otro paso atrás — aceptaré el exilio, sé que es lo que le corresponde a alguien como yo — nada, la arena no se detenía y ella siguió retrocediendo — por favor — ella no suplicaba jamás, pero había visto muchas victimas de esa técnica que iba a hacer su hermano y no era un espectáculo agradable — Gaara, me iré, no pueden pedirme más que eso — el espacio se le acababa — si creen que esto es lo que merezco

Lo aceptaba, así que cerró los ojos y solo esperó que la arena la terminara de cubrir, por su cabeza pasaban las palabras de su padre y el desprecio con el que su progenitor la hubiese tratado de estar vivo, también pasaban sus recuerdos con Tenten. No se arrepentía, lo había hecho muy tarde pero afrontaría las consecuencias que le esperaban. La arena nunca la tocó, en lugar de eso lo que sintió fue los brazos de su hermano menor rodeándola y acariciándole al cabello, por lo que ella escondió la cara en su cuello, un segundo después su otro hermano se unió al abrazo.

Había sido una tonta al creer que sus propios hermanos no la aceptarían, que la rechazarían. Un par de lágrimas rodaron por su mejilla mientras disfrutaba el consuelo que recibía y sentía al menos un peso desaparecer.

- Oye, estoy seguro que algún feudal debe tener una linda hija — empezó a reírse sin poder evitarlo, siempre podía contar con Kankuro para arruinar un momento emotivo.

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Había caído rendida en la cama esa noche, durmiendo bien sin la necesidad del alcohol. Gaara había aceptado su renuncia pero al ser algo concerniente a la aldea esta tendría que ser evaluada también por el consejo, por lo que al día siguiente habría una reunión.

En la mañana revisó la nevera buscando algo para Kamaichi, le escribió una carta a Tenten, sin importar nada tenía que contarle que lo había hecho y que había tenido razón. No es que su vida hubiera mejorado mágicamente solo porque sus hermanos sabían la verdad, pero se sentía bien saber que la apoyaban y que no la juzgaban.

Los viejos decrépitos pusieron el grito en el cielo por su renuncia, era inaceptable que dejara de ser una delegada, punto. Fue en el momento que ella dijo el motivo por el que lo hacía que su mirada cambió y los gritos ahora fueron para decirle desviada y otra cantidad de improperios que en su vida había escuchado, y eso que ella a veces era grosera. Baki exigió de inmediato que se aplicara la norma, o se corregía o se exiliaba pues no permitiría que alguien como ella fuera una jōnin en servicio activo, a lo que ella se negó.

- No aceptamos esta renuncia ¡te despedimos! — ella sonrió de lado, le daba lo mismo el término que usaran, lo importante es que no sería más una delegada — ¡y estás incumpliendo el reglamento!

- Bueno, respecto a eso — Kankuro tenía con él un enorme libro — verán, estuve revisando esto página a página y no existe ninguna norma que lo mencione

- Es una regla verbal, se ha cumplido desde los tiempos de tu padre

- Ya se modificó una vez porque estaba empobreciendo a la aldea, la modificaré de nuevo y dejaremos de perder shinobis por algo que corresponde estrictamente su vida privada

- Eso...

- Gracias al trabajo de mi hermana por fin estamos cerca de nivelar el poder militar del país, hemos perdido grandes shinobis en el pasado, es hora de pararlo — los rostros de los viejos estaban muy rojos y parecían al borde de un colapso — si no es más, tengo trabajo que hacer — Gaara se puso de pie y ellos lo imitaron

- Deberíamos matarla — fue un susurro muy bajo que ella alcanzó a escuchar perfectamente y en ese momento varios hilos de chacra iluminaron la habitación

- El que se atreva a tocarle un solo cabello a mi hermana morirá de forma muy dolorosa — al final de los hilos había unas agujas apuntando desde varias direcciones al consejo — les aseguro que conozco varios venenos que les harán desear una muerte rápida y misericordiosa ¿todos de acuerdo? — de mala gana asintieron — también les recuerdo que las patrullas de los caminos me reportan a mí y tengo una gran red de contactos en el continente — fueron las últimas palabras del marionetista antes que dejaran el recinto, sin duda de algo debía servirle al hombre todas las citas que tenía.

Hasta ahí su día había sido bueno, pero cuando llegó la noche y fue a su habitación se encontró a Kamaichi esperándola en la cama, tenía el sobre en la mano. Su primer pensamiento fue que no la había podido encontrar, aunque nunca había pasado antes, fue con las palabras "dijo que no la recibiría y me pidió que no volviera a llevarle nada" que sintió un nudo en su estómago y el hueco en su pecho que había desaparecido temporalmente regresó.

Así que volvía a las cervezas, por un minúsculo momento había llegado a creer que todo en su vida se arreglaría, pero no, al menos no su relación. Alternaba sus misiones cortas o unirse a veces a las patrullas con perder la consciencia alcoholizada, debía superarla, pero no podía. Le era aún más doloroso saber que cuando por fin aceptaba lo que era y levantaba su cabeza con orgullo por ello, no la tenía a su lado. Igual tenía que hacerlo, la nueva versión de la Temari estúpida era esa, la que se rehusaba a seguir su vida y aceptar que lo suyo con la castaña no iba a regresar jamás.

- ¿Puedo? — Kankuro entró esa noche a la cocina y señaló una de las sillas del comedor

- Desde que no estés aquí para decirme que deje de beber

- No, de hecho pensé que podíamos compartir un par de cervezas... como en los viejos tiempos

- Seguro — señaló la nevera — sírvete — él sacó dos cervezas pues la de ella estaba por acabarse, destapándolas y sentándose en silencio.

- Temari... — apenas iba por la segunda botella, pero había ido porque necesitaba conversar con su hermana — ¿has intentado hablar con ella?

- Sí, me odia y no me contesta las cartas

- No la culpo, si alguien se refiriera a mí como las sobras de alguien tampoco lo tomaría muy bien — ella ocultó la mirada por su acertada deducción, al saber la verdad sobre su hermana no le había tomado mucho unir los hilos y darse cuenta quien era la mujer en cuestión. Revisando varios reportes de misiones casi innecesarias que eran asignadas a la castaña y que si él o Gaara le hubieran prestado un poco de atención lo habrían al menos sospechado mucho antes — esa noche fue extraña ¿sabes? — confesó — a ti nunca te ha importado con quien me acuesto, por eso no entendí tu actitud y tu insistente forma de tratar de apartarme o tu enojo por la hora del viaje... ni que salieras del bar solo a detenerme — dio un sorbo largo — en ese momento no era claro, pero no fue por mí, saliste a detenerla a ella

- Y lo mandé todo a la mierda

- ¿Cuánto tiempo...?

- Depende cómo lleves la cuenta, empezó como algo esporádico mucho tiempo antes, pero oficialmente desde Nadeshiko — ojalá pudiera devolver el tiempo y elegir quedarse en esa isla para siempre

- Dicen los reportes de sus misiones que con sus pergaminos tiene un método para enviar objetos a grandes distancias, era ella quien te enviaba las castañas — ella asintió aunque no era una pregunta — Temari... si me lo hubieras dicho esa noche... — sí, le interesaba mucho la castaña, pero incluso él sabía cuáles eran los límites

- Ya no importa, fue mi culpa solamente... temía... — se pausó sin terminar la frase — y Tenten soportó pacientemente mantener el secreto, que siguiera como una cobarde escondida

- Hermana... ¿crees que hablar con ella en persona pueda servir de algo?

- No lo sé, ya no sé en donde está ni nada...

- Muchas veces en mi infancia me ayudaste cuando estaba asustado, eres quien veló por mí teniendo que ser la fuerte. Déjame intentar devolverte el favor

- Kankuro...

- No sé si tu relación se vaya a arreglar, pero creo que al menos te servirá para hacer un cierre y que por fin intentes seguir — estiró la mano por sobre la mesa para posarla encima de la de ella — algo más que espiarla escondida y lastimarte con un vaso ¿Qué dices?

- No me contesta Kankuro, no sé dónde buscarla y...

- La fuerza de élite tiene un cronograma preestablecido para las misiones y tienen lugares de descanso asignados a los que llegar según en qué parte del continente se encuentren, puedo decirte que su equipo estará en Ame en dos semanas...

- ¿En serio?

- He escuchado que es una líder estricta que rara vez se desfasa de la agenda — los ojos aguamarina estaban muy abiertos y su respiración se había acelerado — bueno, creo que me iré a duchar, tengo más trabajo que antes por tu culpa y eso está afectando mi vida social — desocupó la botella y se levantó, caminando a la salida de la cocina

- Kankuro, espera — ella también se puso de pie y corrió a él para abrazarlo — eres mi hermano favorito

- Lo sé hermanita — la besó en la coronilla — por cierto, nada sutil que la única persona por la que firmaste para unirse al escuadrón haya sido ella — había revisado una a una las aplicaciones de todos los ninjas que se postularon pues una copia de toda la documentación había sido entregada a los cinco kages para archivarla, incluso él había firmado unas cuantas — a todas estas ¿me dirás porque tú saliste con los dos shinobis contra los que te tocó en los exámenes chunin y yo no? — los dos se rieron, se sentía bien volver a oírla reír — aunque olvídalo, a mí me tocó contra el fenómeno que se estiraba y el excéntrico de los insectos

- Y como a mí, a ti tampoco te gustan los hombres — su carcajada resonó por toda la casa

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¡Penúltimo capítulo! Como siempre el capítulo final viene extralargo. ¿Habrá epílogo? emmmmmm, sí.

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Sin más les recuerdo que los reviews siempre nos ayudan a motivarnos y que se pueden ir a dar una vuelta por mi twitter (idamariakusajis) a ver en qué ando y a mi instagram (idamariakusajishi) en donde subo historias de los capítulos que voy terminando y a veces fotos de mis gatos.

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Att: Sally K