Aquí estamos después de mucho tiempo. Porque lo prometido, es deuda…
Capítulo 7
La marca… ¿Para siempre?
Kagome, después de mucho esfuerzo, pudo dejar la comodidad de su cama, podía escuchar la ducha aún encendida, el hanyuo se tomaría su tiempo para calmarse o más bien enfriarse.
Siempre pensó que para el hanyou la comida era lo primero, ahora tenía sus dudas, puedo que el sexo, esté tomando la primera posición.
Bajo despacio a la cocina y sujetando firmemente el barandal, después del todo tendría que llamar a Yuca para que le enviase el contacto de su instructor de yoga.
Su meta después de la graduación, sería conseguir un cuerpo más flexible y resistente… Sino caminar por las mañanas representaría un obstáculo más grande de lo que quería admitir.
"Inuayasha tiene razón, necesito mejorar mi resistencia".
Kagome suspiro y dijo en voz alta.
—Debo agradecerle a mamá, por tener un espacio de la alacena siempre lleno de ramen.
—¿Te dejó un par de minutos y ya empiezas a hablar sola?
Una vos seductora que ella reconocería en cualquier lugar le habló desde atrás. Su olor y presencia la invadieron por completo, cuando él estiró su brazo para recoger el envase de ramen. Sin siquiera rosarla, Inuayasha era capaz de llenarla con su sola presencia, la marca en su hombro hormigueo una vez más y todo su cuerpo se puso en sintonía.
Inuyasha se alejó, sabía que si la tocaba, por pequeño que fuera el roce, su auto control no lo resistiría y la tomaría sobre la mesa o el piso de la cocina.
Por muy bien que sonará eso. Ella, su hembra necesitaba descansar.
Tal vez más tarde…
Kagome estaba paralizada en el mismo sitio.
Inyasha carraspeo para traerla de vuelta a la realidad.
–Perra, tengo hambre.
Y él romance se fue al carajo. Kagome suspiro. Con sexo y todo, al final del día su hanyuo siempre sería el mismo, un glotón, con más estómago que cerebro.
—Dame un minuto.
Sin prestarle atención, puso a calentar el agua en la estufa. Cuando iba abrir los envases de ramen un par de grandes manos se los quitaron.
—¿Inuyasha, qué haces? —preguntó la miko sorprendida.
Inuayasha en respuesta gruño. Pero antes de que Kagome pudiera decir algo más, la tomó de la cintura y la subió a la encimera.
—Siéntate aquí —ordenó el hanyuo y cuando la vio con intenciones de bajar, dijo —quieta perra.
Sin la distracción de Kagome, Inuayasha empezó a preparar el ramen y para sorpresa de la miko, el hanyuo fue bastante eficiente.
Ver su espalda mientras manejaba diestramente la estufa, fue unas de las cosas más caliente que Kagome haya visto.
Sí, un hombre en la cocina, mejor dicho un hanyou en la cocina era muy sexy de ver.
—¿Siempre me vas a llamar Perra? —preguntó la joven miko.
Inuyasha de paralizó un segundo y luego respondió.
—Sí… como un inu-hanyuo es parte de mi instinto.
—Ya veo.
—Me mordiste, cuando… cuando
—¿Cuándo estaba enterrado en ti? —Inuyasha dejó por un momento lo que estaba haciendo y se giró.
—Sí, lo hice —afirmó el hanyuo mirando fijamente a Kagome.
Inuyasha sabía que había llegado el momento de hablar con su hembra y dejar las cosas claras de una vez por todas.
—¿Por qué?
—Porque esa marca te hace mía— Inuyasha se acercó a Kagome, se situó entre sus piernas y puso sus brazos a ambos lados, atrapándola entre ellos.
—Esa marca te hace mi mujer, te hace mi esposa como dirían los humanos, te hace mi Perra. Eso eres para un Inu-yunkai.
Con una delicadeza que Kagome nunca le había visto, Inuyasha acarició su rostro, cuidando de no lastimarla con sus afiladas garras.
—Esa marca demuestra que eres mi amor, mi único amor y me une a ti por el resto de nuestros días.
Los ojos de Kagome brillaron por las lágrimas contenidas.
Todas la batallas, toda la pena y el dolor, la perla de shikon, Kikio o Naraku. Ya nada de eso importaba.
Solo este único momento y la promesa de un futuro juntos.
Inuyasha la beso. Sus labios eran cálidos y suaves. Kagome sintió que su corazón se paralizaba y luego volvía a la vida para latir mucho más rápido.
Ninguno de los dos lo vieron en ese momento, pero la marca en el hombro de Kagome brillo y se transformó en tatuaje de una media luna. El símbolo Representativo de los Inu-yunkais.
Fin…
Extra… Porque esta historia merece un final +19
Se suponía que debía ser paciente, que debía esperar. Pero su boca, su sabor y el calor de su cuerpo. Encendían cada terminación nerviosa en el cuerpo del hanyou.
Su masculinidad, dura, rogaba por ser liberada, y lo dulces gemidos de la miko no ayudaban en nada a su auto control.
Inuyasha trato de retroceder, pero las piernas de la miko lo bloquearon.
—Suéltame. —Gruñó Inuyasha.
—No.
—Suéltame Kagome. Ya no puedo controlarme.
Kagome tomó el rostro de Inuyasha entre sus manos y lo obligó a mirarla.
—Te. Quiero. Ahora.
Grrr.
—Perra, no seré suave.
—Lo sé. Tampoco quiero que los seas —Kagome no podía evitarlo, desde que Inuyasha le dijo que la amaba, un fuego se encendió en ella, una necesidad insaciable, un vacío entre sus piernas, que solo podría ser llenado por él.
Kagome aún estaba algo sensible por los anteriores encuentros, pero sentía, que si no llenaba ese vacío, entre sus piernas, enloquecería por completo o entraría en combustión espontánea.
Inuyasha mordisqueo su labio inferior y antes de apartarse le dio varias lamidas. Enterró su rostro en su cuello e inhalo el aroma que lo enloquecía. Puso sus manos en el trasero de la miko y la acercó más a su pelvis, para que ella sintiera la dureza en sus pantalones.
Se restregó en ella, sin hacer ningún intento de sacarse la ropa.
—Inu… Inuyasha, por favor. —Gimió Kagome, llena de necesidad.
Eso… eso quería, que ella lo deseara, que estuviera tan mojada, que su instrucción no la lastimará en lo más mínimo. Sabía que la diferencia de tamaño siempre sería un reto, de solo imaginar lo apretada y húmeda que estaría la miko, su younkai interno rugía de deseo y desesperación.
Sin esperar más arrancó la bata del cuerpo de la miko, dejándola desnuda por completo. Lo primero que llamó su atención, fueron sus pechos, estaban inflamados y tenía los pezones erguidos por la excitación.
Pero no fueron precisamente sus pezones lo que capturaron la atención del hanyou, sino las marcas que él mismo había dejado.
Sus marcas de besos y chupetones, lo llenaban de orgullo masculino y estimulaban su instinto de posesión.
Kagome no se quedó quieta esta vez, y con esfuerzo le sacó la toalla, que escasamente cubría la poderosa masculinidad del Inu-hanyou. Aprovecho el momento para admirar el grandioso cuerpo del oji-dorado.
Su estómago, duro, con 6 buenos abdominales bien definidos, el fino bello plateado que crecía más hacia el sur, suave al tacto.
Sin perder tiempo, acarició con la mano el glande erecto, era tan grande que apenas podía abarcarlo. "Parece increíble, que pueda entrar en mí, sin partirme en dos". Pensó la miko.
Inuyasha beso sus pechos insaciablemente, chupó el pezón izquierdo, con fuerza, mientras con su mano estimulaba el pecho derecho. La miko soltaba gemidos de necesidad. Sentía como la miko estaba provocando su masculinidad. Pero esta vez, quería ser él, el que la llene de placer.
Detuvo las traviesas manos de la miko. Y con una mano la restringió tras su espalda.
Inuyasha hizo un camino de besos, desde su boca hasta su vientre bajo, la miko no paraba de gemir con cada uno de sus avances.
Al llegar a su entrepierna, la miró fijamente.
—Kagome —la llamó Inuyasha entre gruñidos.
—Mírame —le ordenó.
La miko que estaba completamente perdida en el placer, le costó un poco concentrarse en sus palabras, hasta que el hanyou, le dio una pequeña mordida en el muslo.
Fue tan estimulante que soltó un pequeño gritito y un montón de líquido la mojó, el hanyou no lo desaprovecho la oportunidad de lamerla por completo.
Es sonido de besos húmedos y gemidos llenaron la cocina.
La lengua del hanyou era insistente, lamiendo y jugando con ella, estimulándola sin llegar a penetrarla. El calor y la necesidad se acumulaban cada vez más en el vientre de Kagome, sus paredes internar latían con vida propia, ansiosas por ser llenadas por algo más grande.
Todo ese deseo acumulado y toda esa necesidad explotó en un maravillo orgasmo, que hizo que el cuerpo de Kagome vibrara sin control.
Kagome se corrió tan fuerte que por unos segundos perdió el conocimiento, Inuyasha tuvo que atraparla para que la pelinegra no se callera. Pronto entre jadeos, recobro la conciencia. Mientras el hanyou jugaba con la apertura de su entrada.
Sin darle el tiempo necesario para recuperarse por completo del orgasmo, ingresó en ella de una sola estocada, llenando las profundidades necesitadas de la miko.
A diferencia de su encuentro anterior, no hubo ni un leve piñizco de dolor, todo era placer, abrumador, enloquecedor y adictivo placer.
El hanyou la llenaba tan maravillosamente, hasta el límite.
Inuyasha dejó escapar un gutural gruñido, el interior de la miko, lo apretaba más que un puño, era cálido, suave como la ceda y muy húmedo. Despertaba en él una necesidad, de empujar sin control, hasta querer perderse en ella.
Inuyasha no pudo contenerse, sus instintos eran más fuertes que la razón, besar, moverse dentro de ella, lamer, nada era suficiente para calmar la sed que la miko, que su hembra, despertaba en él.
Nuevamente las paredes internas de la miko convulsionaron incesantemente, arrastrando a Inuyasha a vórtice de deseo, tres estocadas más.
—Kagome —gruñó Inuyasha al correrse.
La miko se recostó en su pecho, sin un gramo de energía.
—¿Siempre será así? —preguntó la miko en un suspiro.
—Siempre… y empeora en la temporada de apareamiento.
—¡¿Qué, cómo que temporada de apareamiento?!
El hanyou algo sonrojado, trato de salir de interior de la miko, pero esta no lo dejó.
—Ehmm, bueno.
—¡Inuyasha, habla de una vez!
El ojidorado se rascó la cabeza, algo exasperado.
—Es una vez al año… la época en que los yunkais se reproducen —Inuyasha, le dio tiernas caricias en la espalda de la miko y beso su marca para apaciguarla. —Solo será una semana.
—¿Una semana? —sonrió la miko por las sensaciones que Inuyasha le provocaba. —¿Estarás un poco más caliente?
Inuyasha suspiro y se alejó un poco de ella, lo suficiente para mirarla a los ojos.
—Mi younkai tomará el control por completo, esa semana —acariciando repetidamente la marca en el hombro de Kagome dijo. —Él querrá poseerte por completo, te tomará las veces que quiera y no permitirá que te alejes de su vista ni un solo segundo.
—¿pero…?
Inuyasha sonrió maliciosamente —tendremos que mejorar tu resistencia— susurro en el oído de la miko. —Él querrá pasar enterrado en ti, cada maldito segundo de esa semana.
Kagome que aún tenía el miembro de Inuyasha, en lo más profundo de su ser, sintió como este se hinchaba en su interior.
—Inu…Inuyasha —gimió la miko.
Inuyasha no la dejo hablar más y la besó profundamente, jugo con su lengua, embistiendo su boca al mismo ritmo que la embestían sus caderas, en medio de un baile desenfrenado, que no parecía tener fin.
The end
Muchas gracias por haber seguido esta historia y por esperarme hasta ahora. Su ánimo y apoyo han sido muy importantes para mí. Me dieron la energía para escribir nuevamente. Les agradezco de corazón, por sus maravillosos mensajes. Y también quiero pedirles disculpas, porque dije que subiría este cap y demoré mucho más de lo planeado.
A mi favor diré que… es un poco difícil retomar una historia cuando ya pasaron algunos años. Y este lemon fue… uff súper difícil de hacer. Pero el final de esta historia lo merecía, espero que les gusté.
Una cosa más… empecé a escribir una novela, la estoy publicando en wattpad, sí les interesa le dejaré el link por aquí y el nombre. Agradecería millón su apoyo y comentarios.
En wattpad me pueden encontrar como: AbbySaicam
Nombre: Soy la villana de este cuento…
1090780887-soy-la-villana-de-este-cuento-%C2%BFsoy-la-villana
