Advertencia, este capítulo contiene lenguaje y escenas de abuso y agresión, a lo largo del fic, se usarán pronombres tanto "masculinos" como femeninos para Grell, dependiendo de la situación y los personajes que interactúen con la parca carmesí. Realmente el genero de Grell no es importante en este fic, no será rechazado por ser un hombre que se siente mujer ni él tendrá sueños frustrados de cambiarse de sexo, no. Grell es Grell y lo amañamos por eso. La violencia y maltratos aquí expresados van mas allá de la orientación sexual de los personajes.
Ya conocen el estilo de historias que acostumbro redactar, por favor, si se siente ofendido o no cree soportarlo, sea tan amable de abandonar la lectura sin necesidad de molestarme con su interpretación de lo correcto. Si has decidido proseguir con la lectura, muchas Gracias.
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Aún recuerda los cálidos besos y abrazos de sus padres, sus deseos de triunfar en la vida, la suave caricia en su pequeño rostro, de manos de su amorosa madre, la inocencia intacta. Sus pequeños pies descalzos corren sobre la arena caliente en dirección a las olas del rebelde mar, la brisa salpicando sus mejillas.
—Mami, yo quiero ser artista—dice el pequeño niño con una dulce sonrisa.
—¡Claro cariño! Serás lo que tu quieras—responde su madre y le toma en brazos.
Y así, con estos recuerdos es como Grell acostumbra desconectarse de su amarga realidad, ya es una costumbre, sin embargo…
—¡Muevete! Mocoso— ordena su cliente, soltándole una bofetada para hacerlo reaccionar. El pelirrojo aprieta los párpados ante el escozor en la piel lacerada. Aunque ya es una costumbre, es difícil el aceptar una vida así, lo más sencillo es desconectar su mente para no sentir, evadir la situación.
El hombre le embiste con mas brutalidad, causando que Grell arquee la espalda, más por dolor que placer, el pelirrojo jadea, puede sentir al tipo entrar y salí de él. El hombre toma a Grell por el cabello, tomando un buen pedazo de este en su puño, obligándolo a mirarle a los ojos, el viejo sonríe con maldad, Grell traga saliva, sospecha lo que se avecina, con este cliente siempre es lo mismo, después del sexo más desagradable de la noche, el hombre le dará una golpiza, el pelirrojo aguantará lo más que pueda y si el cliente sobrepasa su resistencia, usará su botón de pánico; para su fortuna, trabaja en una agencia, así que no está tan desprotegido como las pobres prostitutas de la calle a las que suelen matar en los callejones u hoteles de paso, hace poco hubo una serie de agresiones y asesinatos a este sector, así que "la empresa" les proporcionó una pequeña alarma en caso de sentirse en peligro, si la activan, de inmediato entrarán a la habitación en su auxilio, o se supone que así debería de suceder.
Este hombre es un viejo cliente, un famoso empresario, millonario, así que paga mucho dinero por que se le permita golpearlas. Aunque Grell active la alarma, no vendrán rápido.
El cliente termina de vestirse, ajusta su corbata y se dispone a salir, no sin antes arrojar unos billetes al cuerpo desnudo en la cama, finalmente se marcha; con la mirada perdida hacia el techo, Grell suspira, le duele el cuerpo, le duele el alma, con rabia aprieta las sabanas manchadas bajo su cuerpo, hasta que sus nudillos se tornan blancos, las lágrimas ruedan por el rostro golpeado, es momento de llorar, llorar amargamente y en silencio, hasta que un nuevo cliente se presente.
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Grell maquilla los moretones de la noche anterior, "bonita como siempre" suspira para relajarse y sonríe, al menos el asqueroso hombre dejó una buena propina, no es consuelo, sin embargo, es de mucha ayuda, el chico ahorra cada centavo pues sueña con un día ser libre, abandonar esta vida, ser famoso y escupirle en la cara a todos sus detractores.
"Hola bonita" llega un mensaje, Grell sonríe, aunque no es una vida agradable, no todo es malo, tiene suficiente dinero para pagar sus gustos caros, "la agencia", al ser de elite, se encarga de limpiar las habitaciones, después de cada encuentro; les proporcionan vestuarios, seguridad y no todos los clientes son horribles, sus favoritos son los jóvenes inexpertos, los chicos se preocupan por satisfacerle también, algunos son dulces, tiernos. Otros clientes sólo tiene sexo y se van, no la molestan, ella hace su show y listo.
Nunca se ha enamorado, en este trabajo es imposible encontrar el amor de verdad, ¿Quién podría amar a una prostituta?, claro que se ha llegado a sentir atraído, hay hombres muy guapos, pero nada serio, intercambian mensajes un tiempo pero siempre es pasajero.
Grell cuenta con su cartera de clientes, si, puede parecer absurdo en este medio pero así es. Grell conoce a la perfección a sus clientes, debe complacerlos en todos los aspectos, cada cita es la oportunidad de ponerse una máscara y actuar un nuevo guión. De entre todos sus clientes, hay uno muy especial, quizá el mejor. El hombre paga por estar a solas con el pelirrojo y hablar, así es, sólo hablan, debaten diversos temas, gracias a él es que hoy en día Grell es una persona muy culta, su primera noche juntos, Grell estaba muy desconcertado, las instrucciones fueron "ropa casual, nada extravagante ni vulgar, nada de contacto físico hasta que el cliente de el primer paso o lo autorice" y así, Grell le recibió, el hombre se presentó, su nombre es Lawrence, le contó parte de su vida, hace poco habían fallecido su esposa y su hija, estaba completamente sólo, era muy triste. Eligió a Grell de entre todas por su parecido con su hija, el mayor jamás le ha tocado, simplemente charlan, Lawrence también escucha a Grell y le aconseja, es acogedor aunque triste. La soledad ha orillado a este hombre a gastar sus miles en busca de compañía y charlas culturales; el extraño hombre sólo le visita algunas veces, desde hace un par de años, quizá cuando la soledad es muy sofocante. Grell no sabe que hará cuando el hombre muera, ¿llorará?, ¿asistirá al velorio? Es un buen hombre, muy respetuoso.
Otro cliente peculiar es un sepulturero, según le contó el hombre, para este sujeto no hay otro remedio más que la muerte, sus charlas también son curiosas, en una ocasión, Grell intentó suicidarse, cortó sus muñecas pero como ya hemos dicho, la agencia cuenta con personal de limpieza, y estos lo encontraron, obviamente descontaron los gastos médicos de su salario. Cuando el enterrador se enteró, le rogó a Grell le permitiera maquillar y embellecer su cadáver, un escalofrío recorrió la columna del carmín pero asintió, después de todo, quizá no habría alguien mejor para tratar aquella cascara vacía ya sin alma, ese cliente también es de los favoritos de Grell, es excitante y gentil.
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Una vez lista, Grell se coloca su abrigo rojo y sale de su apartamento, aún falta mucho para que su jornada laboral comience, así que saldrá a hacer unas compras, los víveres se acaban, no es que coma mucho, pero siempre es mejor tener reservas.
Para llegar al supermercado, Grell debe atravesar el parque, admira el lago, las aves y las flores, a su paso se topa con un artista callejero, le rodean cuadros y pinturas asombrosas, tiene un gran talento, el pelirrojo se detiene y les contempla, el artista se percata de esto así que de inmediato le pone atención y queda maravillado, la pelirroja cuenta con una gran belleza, la pálida piel blanca enmarcada por los largos mechones escarlata, los finos rasgos y esos verdes ojos de largas pestañas, los cuales son protegidos por una gafas de montura roja. Para su desgracia, cuando reaccionó y se dispuso a pedirle le permitiera pintarla, esta ya se había ido.
Grell se encontraba mirando los anaqueles de productos en el supermercado, ahora estaba en el área de tintes, el color natural de su cabello era rojizo, sin embargo Grell deseaba intensificar el color, así que lo pintaba del rojo más profundo y llamativo que encontrara, tomó una caja de tinte y procedió a pagar sus víveres, se despidió del cajero, tomó sus bolsas y listo para abandonar el pequeño comercio se topó con una sorpresa, frente a él yacía un hombre rubio muy alto y aparentemente fuerte, el cual respiraba agitadamente, en sus hombros cargaba algunos cuadros, Grell le miró enarcando una ceja y haciéndose a un lado para esquivarlo y salir, pero el rubio se lo impidió.
—¿Te conozco?—cuestionó con irritación el pelirrojo.
El artista le miró embobado. —Permíteme pintarte—murmuró el rubio.
—¿Quién eres?—Grell puso los ojos en blanco con fastidio, no estaba de humor, la hora de las complacencias era hasta que su turno comenzara a las 11:00 pm, así que le empujó y se abrió paso dispuesto a salir, sin embargo el rubio le tomó por la muñeca para retenerlo, una punzada de dolor recorrió el brazo de Grell, su suicidio fallido parece que no ha sanado del todo bien. De inmediato Grell tomó al osado hombre por la garganta y le arrinconó contra el muro del local—¡No te atrevas a tocarme!—advirtió Grell, soltando al hombre mas alto y saliendo lo más rápido que pudo. El artista quedó sorprendido, un ser tan pequeño, poseedor de tanta energía y fuerza.
