Más de 50 veranos
Hoshiumi/Hinata [One sided] — Hirugami/Hoshiumi
Ese día, juró que esperaría por él. Entonces, un año se transformó en dos y luego en tres.
Cinco años más tarde, Kourai comienza a pensar que quizá su destino no es volver a cruzarse con Hinata Shouyou. Sin embargo, lo sigue esperando con tantas ansias como el primer día.
ADVERTENCIA: ESTA HISTORIA CONTIENE SPOILERS DEL MANGA
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1. JUEVES
"Yo no te conozco, y ya te echaba de menos"
Cuando se dio cuenta de que no tenía ninguna forma de mantenerse en contacto con Hinata Shouyou, preguntarle si se había mejorado o si su lesión era grave. Decirle que no apartara la vista del torneo, porque el Kamomedai definitivamente ganaría las nacionales...
Karasuno ya se encontraba eliminado, fuera del estadio y empacando sus cosas para tomar un bus con destino a Miyagi.
—Supongo que ahora tendremos que ganar en su honor también, ¿no? —comenta Sachirou, de una forma que a cualquiera le habría parecido inocente.
Kourai, como sea, lo conoce mejor que eso. Por eso, lo manda a comer mierda—. Cierra la boca, Sachirou —espeta, sin atreverse levantar la mirada del video contra los cuervos.
—¡Hinata Shouyou, te estaré esperando! —replica, haciendo su voz más aguda y burlesca. Kourai sintió su rostro calentarse, y no necesitó un espejo para saber que debía estar tan rojo como un tomate maduro.
—¡Yo no soné así! —reclama, azorado. Para su mortificación, Sachirou solo se molesta en reír con más fuerza—. ¿Ah sí? ¡Pues al menos no me quedé como un idiota viendo a la estrella del Karasuno!
—¡Oye!
—¿Qué ocurre? ¿Acaso alguien le movió el mundo a Hirugami el inamovible?
—Ni lo intentes Kourai-kun, esa palabra es más grande que tú.
—¡Hey! ¡No lo es!
Incluso si Kourai se convence a sí mismo que está bien, que ese era el resultado esperado, no puede dejar de pensar al respecto.
No importa lo mucho que desee. La realidad es un hecho innegable: el equipo que deja caer el balón pierde, y Karasuno dejó caer el balón antes. No importan las rivalidades formadas ni la chispa que exista entre el equipo. No importa que un partido le hubiera enseñado más sobre voleibol que años de carrera. No importa que un chico le enseñada más sobre batallas aéreas que todos los atletas que ha seguido toda su vida.
El viaje de regreso es tan animado como de costumbre, y a Kourai le frustra que nadie más que él hubiera sentido el innegable tirón de las cuerdas del destino. Que nadie más notara que lo imposible había ocurrido.
Kourai nunca sonríe en partidos, pero no ha dejado de sonreír desde que ha dejado la cancha.
Un día después, se encontraría a sí mismo sin rastro de esa sonrisa en su rostro, ayudando a empacar las pertenencias del equipo para volver a Nagano después de una amarga derrota.
Desde hace un tiempo –específicamente, desde las nacionales- que su mente se encuentra corriendo a varios kilómetros por hora, fuera de su control. Así que, corría para alcanzarla.
En casa. Atravesando las calles de Nagano como un torbellino. En la preparatoria, el gimnasio. Algún sitio que lo alejara también de las burlas de su hermano, que había visto el penoso video de Kourai gritándole a otro jugador algo que sonaba demasiado como un compromiso. Una promesa. Kourai nunca ha roto una promesa, así que, seguía corriendo.
Su mente, como sea, se escapaba de su alcance. Y volaba a Miyagi.
Tropieza con sus propios pasos, al darse cuenta que nuevamente está pensando en Hinata Shouyou. Ha estado pensando en él demasiado, últimamente.
Decidió volver a correr.
En el cuarto día de las nacionales, su equipo perdió contra el Fukurodani, los buhos de Tokyo, por una aplastante diferencia de quince puntos en el tercer set. Volvieron a casa, algunos entre lágrimas y otros sin llorar.
Kourai no llora, tan solo entrena hasta colapsar y Sachirou pretende que eso está bien. Sachirou solo llora cuando cree que nadie está cerca, y Kourai pretende que no lo sabe. Ambos pretenden que no ven el lado débil del otro, porque ninguno de los dos aceptaría una mano que lo ayude a levantarse o un hombro para llorar.
Al menos, Kourai sabe que él no lo haría. Su orgullo no lo permitiría, y su orgullo es lo único que tiene.
Regresaron y entrenaron, porque ya era hábito. Kourai admite que tal vez es un perdedor, por no tener muchos hobbies y amigos fuera del vóleibol. También se alegra de que el deporte consuma lo suficiente de su tiempo como para no tener que pensar en ello.
Entrenó hasta pasada la hora y luego un rato más. Los de tercero se retiraron, y dejaron el equipo en manos de la siguiente generación. Sachirou se volvió capitán, él co-capitán, las cosas siguieron un rumbo más o menos predecible por un tiempo. Ambos se conocían desde hacía unos cuantos años, pero Kourai nunca ha podido medir si es que son cercanos o no. Se entendían por medio del vóleibol, porque nunca ha sido muy bueno hablando.
Así inició su último año en la preparatoria.
Un tiempo atrás, el prospecto no le era interesante. Era tan solo, un año más. Otro año participando en las regionales, tratando de llegar a las nacionales, tratando de subir una cima más alta. Nada fuera de lo normal. Nada fuera del hábito.
Y aún así se pilló a sí mismo contando los días hasta el torneo de primavera, preguntándose si volvería a encontrarse con quien, estaba seguro, era su rival destinado.
No está muy seguro de cómo, pero él, Sachirou y Gao se han vuelto cercanos desde el inicio de tercer año. Probablemente esté relacionado con el hecho de que Sachirou ayudaba a ambos con sus deberes, con un éxito bastante admirable con respecto a Gao y sin llegar a ningún sitio con Kourai. Sin embargo nunca lo ha visto rendirse.
Sachirou es muchas cosas e irritantemente persistente es una de ellas. Ha sido así desde que lo conoce y a estas alturas se pregunta si es genético. Sus hermanos mayores también parecen ser realmente persistentes.
Y hablando de persistencia…
—Me estás jodiendo —Sorprendentemente, Gao recuperó la compostura mucho más pronto.
Descubrió que tenía un problema que se rehusaba a marcharse cuando, meses después del partido, seguía viendo una y otra vez el video. Seguía estudiando al Karasuno. Seguía con la mirada al número 10.
Su mente se rehusaba a abandonar la idea de enfrentarse a Hinata Shouyou, lo cual se estaba volviendo irritante y peligroso en partes iguales. La última vez que tuvo una obsesión, se unió al club de cocina con el propósito único de probarle a su hermano que podía aprender a cocinar.
Averió una cocina, se ganó una quemadura en el antebrazo de la cual Sachirou se ríe cada vez que la ve y desarrolló una aversión al fuego moderada. Lo que más le molesta es que nunca aprendió a cocinar.
—Kourai-kun tiene un orgullo que le dobla el tamaño, no bromearía con esto aunque fuera la única cosa que pudiera salvarle la vida —responde Sachirou poco después, frunciendo el ceño. Kourai se contiene las ganas de darle un golpe, porque bueno, sí es orgulloso—. ¿Realmente no te habías dado cuenta de lo mucho que estabas pensando en el número 10 del Karasuno?
—Hinata Shouyou —corrige sin pensarlo realmente.
—Se cómo se llama, pero si alguien vuelve a repetir su nombre, me temo que me saldrá una úlcera —espeta en un tono sorprendentemente ácido.
—No te queda bien el verde —comenta Gao. Sachirou responde propinándole un fuerte golpe en las nalgas—. ¡Oye!
—¡Es por fines competitivos, ¿vale?! —exclama, acelerando el paso para correr frente a ellos. Gao intenta apretar el paso para no quedarse muy atrás, y Sachirou le sigue sin ningún esfuerzo—. ¡Este año los aplastaremos de nuevo! ¡Le mostraré quién es el verdadero Pequeño Gigante! ¡Ya verán, venceré a Hinata Shou-
—Kourai-kun, si sigues así, chocarás con un poste de nuevo —replica Sachirou, interrumpiendo su declaración en seco. Gao tan solo se ríe.
Bufando y manteniendo su mirada al frente, Kourai sigue trotando. Al menos el equipo está lo suficientemente atrás como para que ninguno hubiera visto el primer choque que, por cierto, ese poste definitivamente no estaba allí la semana anterior, no importa cuánto diga Sachirou que está imaginando cosas.
¿Cómo se atreve a burlarse de esa forma? ¡Es obvio que el que se cruzaran nuestros caminos es obra del destino! ¡El rival que he estado buscando toda mi vida! ¡Hinata Shouyou y yo estamos destinados a ser enemigos, esperaré por esa revancha el tiempo que sea necesario! Sachirou no lo entendería.
—Sabes, puedo decir que estás pensando en algo estúpido otra vez, —comenta el castaño entre risas. Su ceño se profundiza todavía más, a lo que Sachirou responde con otra risa ligera—. Oh, vamos Kourai-kun, tómatelo con calma.
—¡Cierto, cierto! Ni siquiera sabes si este año van a clasificar en las regionales de Miyagi —Prosigue Gao, sonando irritantemente lógico y sensato—. No deberías esperanzarte mucho por una revancha este año.
—¡JÁ! Hombres de poca fé, ¡ya verán! ¡Tendré mi revancha! ¿Y saben qué haré cuando derrote a Hinata Shouyou? ¡Me reiré de ustedes por haberme subestimado!
—Kourai-kun, por milésima vez: nadie te está subestimando.
—¡El camino a la cima es solitario, sólo puede haber un Pequeño Gigante y ese seré yo!
No espera ser comprendido por ellos. Son altos y cualquier jugador medianamente alto y con un estilo de juego lo suficientemente irritante podría convertirse en un rival notable. Kourai no recuerda la mitad de los nombres de los jugadores que le han dicho que lo vencerán la siguiente vez y la mitad que sí recuerda no es por ningún motivo particularmente bueno.
Pero ese partido fue diferente, fue inesperado. Karasuno es diferente. Esa inventiva y adaptabilidad, lo agresivos que son sus ataques y lo fácil que podría ser para otros equipos perderse entre el arsenal de ataques que poseen. Kageyama por sí solo es un peligro- lo sabe. No estuvo en ese campamento de entrenamiento de gratis pero Kourai tampoco lo estuvo.
Kageyama es, en definitiva, un oponente temible. Ataques creativos, persistentes y —contrario a lo que pelo-de-orine-Miya pareció querer implicar— definitivamente una terrible actitud en la cancha. Es una pesadilla y tiene muchísimas ganas de aplastarlo porque es un gran dolor de culo. Le recuerda mucho a Sachirou.
Pero Hinata… No cree haber conocido un jugador como él. Seguro, debe de haber cientos de jugadores similares, en disciplinas alrededor del mundo. Jugadores que a pesar de ciertos impedimentos, hacen historia. Pero Kourai no los conoce y para él eso es igual a que no existieran.
Entonces él llegó a su vida como una sorpresa, arrebatándole una risa en medio de un partido que pudo haber perdido. Le enseñó cuán grande y pequeño era, que había alguien tan parecido y diferente a él y todo a lo que había renunciado por convencerse de que era demasiado bajo para luchar de cierta manera.
Prometió que esperaría. Esperaría por siempre y por un día más.
Nagano está en las montañas. Eso significa frío desalmado en invierno y calor abrasador en verano. Significa polen en cada rincón en primavera. Es caminar cuesta arriba y correr cuesta abajo. Oh, y mosquitos, cientos de ellos.
De su infancia, recuerda la playa. Cada verano, uno o dos días. Akitomo lo intentó hundir tantas veces que aprendió a nadar solo para huir de él, así como aprendió vóleibol para no tener que estar en su mismo equipo y escuchar al entrenador halagar al Hoshiumi equivocado.
Pero los inviernos son de las montañas. Las montañas que se tiñen blancas, como su pelo y el de mamá. Papá siempre ha odiado las alturas y se queda siempre en el pueblo, mientras ellos escalan. Ella ama escalar.
Ella amaba escalar.
—¡Un día volveré aquí, siendo el mejor jugador del mundo entero! —declaró entonces, cuando todavía ni siquiera se acercaba al metro sesenta, estaba atascado en el equipo secundario de la secundaria Yurisei y Akitomo seguía siendo mejor que él en todo, incluyendo en ser más alto, más listo, más popular y mejor en el deporte. Seguía siendo la meta.
—¡Tonto! ¿Qué no sabes cuántos jugadores hay en el mundo entero? —replica Akitomo, frunciendo el ceño con incredulidad. En el pasado estaban los años en que se reía de él solo por ser bajo; ahora, se burlaba por todo—. Bueno, pero no me sorprendería que no sepas contar más allá de cien.
—¡Oye! ¡Sí que sé! ¡¿Estás subestimándome acaso?!
Ella los reñiría a ambos, para que se lleven mejor. Especialmente a su hermano, para que deje de molestarlo por cualquier cosa. Así no es como funciona la familia. Papá decía que estaba teniendo favoritos, pero Kourai nunca había escuchado a mamá reprocharle nada cuando él y Akitomo se iban de campamento y lo dejaban atrás.
—Kourai, —dijo ella en ese entonces— yo sí creo que puedes ser el número uno. Pero no te olvides de visitar a mamá cuando lo seas, ¿me lo prometes?
Ella amaba el invierno.
Hay cosas que no comprende, así hubiera nacido con ellas. Como, el lenguaje formal o por qué diablos las metáforas tienen que ser tan absurdas. O por qué las palabras tienen que ser tan complicadas. No comprende el japonés.
Sachirou una vez le dijo que el inglés en realidad es tres o cuatro idiomas apilados sobre sí y ocultos dentro de un abrigo largo, que las gaviotas consiguen pareja de por vida y que debería dejar de obsesionarse con Hinata Shouyou. Sachirou dice muchas cosas todo el tiempo.
—¿Salieron los resultados? —pregunta, observando el teléfono del menor con intensidad. Si pudiera producir rayos por los ojos, ya habría freído el aparato.
—Kourai-kun, las preliminares concluyeron ayer. ¿Puedes relajarte?
A pesar de haber dicho que no esperaba volver a encontrarse a Hinata Shouyou hasta después de la preparatoria, cuando ambos fueran profesionales hechos y derechos, Kourai mantenía esperanza.
La esperanza es una cosa peligrosa. Crece de la nada y cualquier pequeño contratiempo es capaz de desanimarte. Excepto que él nunca ha sido así, porque su vida es un enorme contratiempo con pequeños momentos de esperanza y ya se ha acostumbrado a ser decepcionado incluso cuando no espera nada en absoluto.
Ese jugador le ha dejado demasiadas expectativas y eso le da un poco de miedo porque no comprende de dónde sale la anticipación y la esperanza. Solo sabe que es el preludio de decepciones catastróficas y no maneja muy bien esas. Por eso se acostumbró a no tener expectativas más que para sí mismo.
—Bueno, bueno… ¿¡Pero ya salieron!? —Sachirou lo mira con lo que podría ser cansancio e incredulidad, o bien podría ser su mirada normal. No sabe la diferencia.
—¿Sabes qué? Creo que deberías ir a comprarte algo en la máquina expendedora —dice, entregándole un puñado de monedas en la mano. Kourai no puede creer que intentan comprar su silencio, pero de nuevo, este es Sachirou—. Tráeme una leche o algo.
—¿¡Quién te crees que soy, tu sirviente!?
—Oye Kourai-kun, puede que no tenga ganas de revisar las noticias después de todo.
—¡Ugh! ¡Bueno, bueno, ya voy! —exclama por respuesta, dando largas zancadas hasta entrada y atrayendo la mirada de todos en el aula—. ¡Eres un demonio, que lo sepas!
—¡Quiero leche de almendras, Kourai-kun!
—¡Ya lo sé!
Ser amigo de Hirugami Sachirou es la mejor/peor cosa que le ha pasado. Él es cruel, le encanta burlarse desde su gusto por la ropa hasta los libros que no quiere leer y le dice que es cursi irremediable porque le gusta el shonen.
No siempre fue así, sin embargo. El tiempo donde no hacía nada más que jugar vóleibol es la época donde lo conoció y nunca querría volver allí, cuando sus ojos estaban vacíos, sus nudillos llenos de sangre y no sabía lo que era jugar por amor al deporte, en lugar de una absurda obligación.
Kourai prefiere al Sachirou sarcástico y cruel que le dice datos absurdos sobre gaviotas y sobre lo espeluznante que se pone cuando un partido se pone entretenido, porque es el mismo Sachirou que nunca lo ha juzgado por su altura y no falla en lucir sorprendido cada vez que aprende una nueva jugada. Se siente un poco como tener un hermano pequeño.
Sin embargo lleva cinco minutos en el predicamento de decidir qué hacer ante la falta de leche —no hay leche de almendras y Sachirou es vegetariano, ¡no le voy a llevar leche normal! ¡Eso no es correcto! ¿Debería bajar a la tienda? ¡Pero allí cuesta una fortuna! ¿Estará bien si le llevo café? ¡No, él pidió leche!— cuando el reloj en la pared le advierte que en cinco minutos termina el almuerzo.
Decidiéndose por llevar leche de arroz, Kourai trota escaleras arriba de regreso con el mejor/peor amigo del mundo. No lo entiende en absoluto, pero al igual que el japonés y las metáforas ridículas, es una parte inamovible —jaja— en su vida.
—Ten, —dice a secas, poniéndole la leche en el escritorio— no había de almendras.
—¿Y estuviste tanto tiempo abajo por eso? Cielos, Kourai-kun —responde entre risas, aceptando el recado con tranquilidad—. Está bien si no la comprabas, ¿sabes?
—¿De qué diablos hablas? ¡Querías algo de beber, ¿no?! ¡Calla y bebe! —replica, mientras come con apuros la bolsa de fritangas que compró junto con el agua sabor a fresas. Siempre tiene que comer algo justo antes de clases, de lo contrario se distrae más de la cuenta y ya le han advertido que si sus calificaciones bajan demasiado no irá al torneo en primavera—. ¿¡Estabas viendo mis apuntes!?
—Tu caligrafía es patética, Kourai-kun-
—¡Oye! ¡Yo lo entiendo, eso es lo que importa!
—Pero definitivamente has mejorado. ¿Has estado usando los libros que te di? —En medio de un silencio embarazoso, Kourai evade la mirada del menor mientras que termina su merienda presurosa y lleva el desecho al basurero—. No pensé que tomarías en serio lo de tus estudios… Estoy orgulloso.
—¡Calla, ¿quieres?! —exclama, sintiendo cómo la sangre se le sube al rostro—. ¡Es por el equipo!
—Eres un as verdaderamente dedicado.
—¡Seguro que lo soy! ¡No pretendo quedarme con el culo aplastado en la banca mientras ustedes se divierten enfrentándose contra el Karasuno y Hinata Shouyou!
La campana sonó antes que Sachirou tuviera tiempo alguno de formular una retórica, por lo que se resignó en rodar los ojos y encaminarse de regreso a su clase.
Entre las otras muchas cosas que no entiende —la lista es larga y creciendo—, se encuentra su mejor amigo. Ese mejor amigo que vuelve tan fácil el desconectar sus emociones de sus acciones y pretender que algo no le afecta. Miente tan bien, que es obvio.
O quizás es obvio para Kourai, que vivió la transición entre el muchacho que parecía que se desmoronaría si cometía tan solo un error, y el que ahora tiene la sangre tan fría como un reptil. Sabe que esto es parcialmente cosa suya y no sabe cómo sentirse al respecto porque, de nuevo, no quiere que sufra más, pero le encantaría comprender por una vez qué diablos ocurre en esa ordenada cabeza suya.
Seguro debe haber mucho más que vóleibol, clases y trivia extraña acerca de animales. ¿Quizás hay alguna chica? Es bastante popular. Más que Kourai sí que lo es, al menos. De acuerdo con las mánager del equipo, Sachirou es apuesto, y esa es una de las cosas que figuran en su extensa lista de cosas que no entiende.
No entiende muchas cosas. Álgebra, inglés, cómo pelar manzanas o cómo diablos se doblan los cubrecamas. No entiende a Sachirou.
—Buenas tardes, clase. El día de hoy iniciaremos con el final de la era Edo, abran sus libros en la página-
Cuando termina el día, Kourai recuerda repentinamente que Sachirou nunca le mostró quiénes ganaron las preliminares de Miyagi.
Back in black
I hit the sack
I've been too long I'm glad to be back!
Bueno, ¿quién habría pensado que Hoshiumi se volvería mi nuevo personaje favorito? Es la segunda vez que me pasa esta vaina, la primera vez fue con Tendou yo no se en qué momento ese hombre escaló hasta mi top 3 personajes favoritos pero un día estaba escribiendo Heaven Child y llorando. Es que lo quiero mucho, es un bebé.
Recomiéndenme algo con lo que obsesionarme de manera poco saludable, que Haikyuu se nos termina y yo estoy empacando mis cosas para mudarme de fandom. Preferiblemente para no volver a interactuar con un fandom gringo nunca más. No me pasó nada es que me tienen cansada les de la fanpol.
El comeback stage de Junio es el de Tamarindo Amargo, todo lo demás es flop. No mentira, yo les quiero. Recomiéndenme fanfics que hace tiempo que no leo.
STAY TUNNED!
;Tamarindo Amargo
