Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn no me pertenece, es obra de la increíble Akira Amano, yo solo juego a ser "Dios" manipulando la ficción de sus personajes, sus vidas y emociones.
Decisiones detrás del cielo.
— En otras noticias, el día de ayer, en un operación en cubierta por la policía, se desmantelo una banda criminal que se dedicada a distribuir la nueva droga llamada "El beso de Helios", más información con Chihiro —
Un sonido chisporroteante y un aroma a sazón envolvían la no tan pequeña cocina de la residencia Sawada. Nana vestía su delantal naranja de siempre, moviendo parsimonia menté la sartén en su mano derecha, friendo uniforme los dos trozos de tocino. Estando a la par suya Elizabeth quien untaba en rodajas de pan, mantequilla y las colocaba en una pequeña cesta., De fondo se escuchaba "Buenos días Namimori" el noticiero matutino en el televisor cercano a la cocina. En la pantalla eran mostradas caras de los aparentes criminales responsables mientras que la voz de la presentadora daba una detallada descripción de la operación.
— Según el informe de la policía, la operación llevaba en preparación desde el mes de octubre del año anterior, y siendo hasta el día de ayer a las 10 de la noche que atacaron los 3 escondites secretos de la banda criminal, dos en la parte oeste de la ciudad y uno en la montaña detrás del santuario Namimori —
— ¡Lambo apúrate a comer que se nos hace tarde! — con un claro acento oriental, gritaba la niña de coletas.
— Todavía hay tiempo de sobra… - bostezo - no me molestes — murmuraba el antiguo bovino, quien masticaba lentamente su desayuno.
— Se cree, que esta banda criminal es una de las tantas facciones del desconocido criminal "El Titiritero", el mismo que desde hace 2 años ha plantado el temor en Namimori y sus ciudades aledañas, sin embargo, la información dada por las autoridades es insuficientes para afirmar esta teoría —
— Aquí tienes Reborn, tu café expreso — Nana colocaba una pequeña taza de porcelana en un pequeño plato en frente del pre adolecente.
— Gracias mama — sonrió bajando momentáneamente el periódico, tomo la taza con su mano izquierda dando un breve sorbo, no apartando la vista del papel.
— Muchas gracias Chihiro por tu reporte, Continuando con la sección de noticias internacionales, La demanda internacional promovida por Estados unidos, Rusia y Japón en contra de Corea del Norte, fue admitida por la Corte iberoamericana de Justicia, En la demanda se pide que Corea detenga el desarrollo de bombas nucleares a base de llamas de la última voluntad. Recordando que el pasado 6 de Enero, Corea del Norte detono con éxito la primera Bomba nuclear a base de llamas de la tormenta y el trueno con el motivo de encontrar nuevas fuentes energéticas a base de dichas llamas, sin embargo, esto no fue bien visto por los demás países potencias, quienes interpretaron esto como un peligro de potencial bélico y con el fin de evitar una tercera guerra mundial, se espera que el resultado sea la creación de un tratado internacional con el cual regularía el desarrollo de armas a base de dichas llamas.—
— Ara, ya casi es hora de que vayan a la escuela y aún no han bajado los chicos — suspiraba Nana a orillas del umbral de la cocina, recargando ligeramente su mejilla en la palma de su mano derecha — será mejor que suba a avisarles —
— Iré yo mama —
Nana volteo a ver hacia atrás a Elizabeth, quien se quitaba agraciadamente su delantal y con una sonrisa salió de la cocina subiendo silenciosamente pero rápidamente las escaleras.
Camino por el largo pasillo dudando de a que puerta tocar primero, y recordando como el día anterior, su prometido camino cansado hasta perderse de vista, inquirió que su habitación era la última que estaba frente a ella. Una sonrisa traviesa se dibujó en sus mejillas, y llevando sus manos detrás de su cadera entrelazándolas en una pose tierna y traviesa, camino suavemente hasta la habitación de Tsuna. Preguntándose ¿cómo siendo el jefe, su habitación no tenía ningún distintivo más que su ubicación?
Sus pensamientos callaron en cuanto escucho voces a medida que se acercaba a la puerta. Su fantasía de entrar a su habitación y compartir un momento juntos desaparecía con cada paso que daba, su sonrisa fue opacándose lentamente a medida que perdía su postura tierna, hasta que llego a la puerta.
Golpeo tres veces y espero respuesta. Las voces dentro callaron al instante.
— ¿Qué pasa? — escucho la voz del castaño autoritaria y cautelosa.
— Mama dice que ya es tarde y que nos apresuremos a desayunar —
Logro escuchar un pequeño chillido agudo como si de un animal pequeño se tratase y supo que era de su prometido, seguido de sonidos de desorden, como si estuvieran recogiendo papeles en la prisa; rio por lo bajo llevando su mano derecha hacia su boca, ocultando su sonrisa en la punta de sus dedos. De pronto la puerta se abrió dejando ver la habitación del castaño, como esta se encontraba en un pequeño caos ordenado, con papeles regados en el suelo y una computadora en el fondo en proceso de apagado. Y saliendo rápidamente, Gokudera y Chrome que sin mediar palabra caminaron hasta sus habitaciones respectivas siendo estas las más cercanas a la del castaño, Gokudera en la puerta a mano derecha y Chrome la de la izquierda.
"Curioso, hasta en la habitación tiene que ser la mano derecha" pensó Elizabeth mirando como la puerta de Gokudera se cerraba con fuerza no permitiéndole ver que había dentro, fijo nuevamente su atención en su prometido, quien apresuradamente metía sus cuadernos en su mochila con la mano izquierda e intentaba anudarse su corbata con su mano derecha sin éxito.
Elizabeth miro la escena por unos segundos y después sonrió maliciosamente de lado.
— Déjame ayudarte querido — entro en la habitación jalando con la punta de su pie sutilmente la puerta.
Sin darle tiempo a reaccionar a Tsuna, ya se encontraba cruzando sus brazos sobre su cuello para arreglar su corbata, y empezar a anudarla, provocando en este un leve sonrojo mientras miraba triunfante la sonrisa de la pelinegra.
— Te levantaste temprano — sonando más como una afirmación que a una pregunta. El castaño aparto su rostro, recordando las palabras de Primo en su cabeza.
— Tengo el habito de hacer ejercicio en las mañana — respondía terminado de arreglar su corbata alejándose levemente volviendo a cruzar sus manos detrás de su cintura.
— ¿Hace cuánto estas detrás de la puerta? — la miro de reojo.
— No mucho, toque en cuento llegue — respondió sin darle importancia, y comenzó a caminar alrededor de la habitación mirándola detalladamente "ahora tengo la oportunidad de verla de día… es más grande de lo que pensaba" pensó maravillada de lo espaciosa que era.
— ¿Cómo lo haces? — inquirió siguiéndola la mirada.
— ¿Hacer qué? —
— Esconder tu presencia cuando caminas —replico. — es la segunda vez que no puedo sentir cuando te acercas. —
— Quien sabe — seguía dando vueltas por la habitación sin prestarle especial atención. — Tal vez no soy humana y es por eso tu intuición no funciona conmigo — se giró y le sonrió de lado, la mirada de Tsuna solo se afilo — Es broma — saco su lengua levemente intentando suavizar su expresión.
— No jueg…. — fue interrumpido.
— Decimo, Ya se encuentra lis… ¿Qué hace ella aquí?— cuestiono en su usual mal humor el peliblanco en la puerta, estando detrás Chrome quien revisaba su celular.
— Nada, vámonos, no quiero que Hibari nos muela hasta la muerte — ordeno pasando entre sus guardianes sin voltearlos a verles.
— ¿no es "muerdan hasta la muerte"? jefe — sin apartar la vista de su celular hablaba la ilusionista caminando detrás de él.
— No comiences Chrome — advirtió bajando las escaleras.
Elizabeth miro la escena y con una gota de sudor en su frente y rio sutilmente. Giro suavemente mirando una última vez la habitación, haciendo especial énfasis en la cama del oji café. Sintió como los colores empezaban a pintar sus mejillas y su pulso se aceleraba.
— No es tiempo de pensar en eso Elizabeth — se regañó a sí misma, palmeando sus mejillas y salió rápidamente de la habitación cerrando la puerta tras de sí.
El desayuno fue normal dentro de los estándares de la familia. Entre atragantos de Tsuna, amenazas de Reborn y regaños de Gokudera hacia Lambo, resulto ser una experiencia particularmente graciosa para Elizabeth, tanto que no noto cuando ya se encontraban listos para partir.
Saliendo por la puerta principal, Tsuna encabezaba el grupo, siendo abrazado por su prometida quien no dejaba ir su brazo izquierdo, al mismo tiempo que recibía regaños por parte de Gokudera por su atrevimiento quien iba al su lado derecho, Chrome estando detrás junto con Ipin en sus celulares compartiéndose cosas, siendo el ultimo Lambo, bostezando, siendo jalado por Ipin del brazo obligándolo a caminar.
— Que tengan un buen día jóvenes — saludó una voz familiar. Detuvieron su andar y fijaron su atención hacia la derecha del jardín.
Tsuna sonrió al particular anciano con rostro gentil, Timoteo Vongola se asomaba por encima de una pequeña valla perimetral de su casa, llevaba puestos unos guantes blancos de jardinería y en su mano izquierda sostenía una pequeña regadera dejando ver tras de él un hermoso jardín lleno de rosas y flores variadas con pequeños arbustos llenos de flores blancas.
— Buenos días abuelo y Gracias — se deshizo del abrazo de Elizabeth y camino hasta estar frente — Buenos días Coyote-san — mirando detrás de Nono ondeando sutilmente su mano al aludido, quien sentando en una pequeña silla de jardín, fumaba un puro mientras leía el periódico, devolviendo el saludo de vuelta.
— M-muy buenos días Noveno — se acercaba Gokudera inclinando exageradamente su cabeza en reverencia.
—Joven Gokudera, cuantas veces te he dicho que ya no soy el Noveno, ahora soy tu vecino, salúdame como tal — reprocho apacible sin perder su expresión suave, provocando que el peli plateado levantara su cabeza con la mano en su nuca y con vergüenza le diera los buenos días— ¿Y quién es tu amiga? ¿No me la vas a presentar Tsuna?— miro a la pelinegra que se había quedado rezagada.
Elizabeth salto en su lugar cuando noto la mirada del anciano y con torpeza se acercó lentamente haciendo una sutil reverencia.
— M-mucho gusto, Me llamo Elizabeth Vermilíon – torpe y nerviosa se estremecía a la par de Tsuna — S-soy la sobrina de Reborn—
"¿no que era mi prometida?" sopeso observando de reojo como la peli negra temblaba por la rigidez de su cuerpo "Al menos sabe sentir y distinguir presencias amenazantes" volvió a fijar su atención en Nono
— Levanta tu cabeza jovencita — se quitó lo guantes y le tendió la mano — es un gusto Joven Elizabeth, me Llamo Timoteo Sawada, soy el abuelo de Tsuna—
Elizabeth miro su mano por unos segundo he inmediatamente levanto su cabeza tomando su mano delicadamente, siendo esta apretada firmemente por Nono pero sin lastimarla.
"sus manos son cálidas" pensaba la oji naranja mientras lentamente soltaba su mano aun sintiendo la calidez en su palma. Sonrió torpemente sin darse cuenta.
— Bueno, no los detengo más - dio media vuelta y comenzó a caminar en dirección a la pequeña mesa de jardín, — si no llegan a tiempo, el joven Hibari no estará particularmente feliz — Bromeo riendo ligeramente haciendo que a tsuna le brotara una gota de sudor en su cien y sonriendo forzosamente de la misma manera que el anciano, el junto con su grupo volvían a emprender su camino — una última cosa joven Decimo — agrego dándole la espalda al castaño, mismo que detuvo su andar súbitamente — ¿Podrías venir después de la escuela? Hay unas cajas que quiero mover y necesito tu ayuda —
— Claro abuelo, vendré en cuanto salga — contesto sin volverlo a ver, simplemente siguió caminando siendo seguido por el grupo.
Elizabeth quien se había quedado atrás, intercalaba su mirada entre el castaño y el anciano, sin mostrar particular expresión.
"Cajas…eh" pensó y comenzó a caminar hasta alcanzar al grupo que estaba en completo silencio.
Al mismo tiempo que dirigían su camino semi-apresurado. Volando por encima, un indistinguible ave color amarillo, surcaba el cielo despejado de la mañana mientras cantaba el himno de la Secundaria Namimori, detrás, la iban siguiendo una parda de 3 pequeñas aves iguales, quienes le hacían coro con sus trinares. Llegado a los territorios de la secundaria Namimori, entraron por una ventana abierta. El ave mayor se posó en una cabellera particular, mientras que las otras 3 volaban por encima en círculos como si crearan una aureola.
— Hibari Hibari — trinaba el ave mayor al mismo tiempo que tomaba un mecho del cabella del aludido y lo jalaba suavemente.
Estando en la nueva oficina del consejo estudiantil, sentado en la silla del jefe, detrás del escritorio que era de Tsuna, Hibari abría los ojos lentamente antes los jalones de la pequeña ave. Notando la edad, la diferencia con su contraparte futura, solo estaba en algunas facciones de su rostro, mas era una viva imagen. Vistiendo una camisa de color oscura con los primeros botones sueltos, un pantalón de vestir de oscuros y unas zapatillas del mismo color que hacían juego. Se podía apreciar que la adultez le había golpeado fuerte a la nube. Llevando su mano hacia su cabeza, extendió su dedo para que la pequeña ave se posara, y sintiendo sus pequeñas patas, bajo su mano hasta tenerlo frente a sus ojos.
— Sigues siendo tan molesto como siempre — le sonrió ligeramente de lado.
Las pequeñas aves dejaron de volar a su alrededor para reposar en sus hombros e intentaron trinar su nombre.
— Aun les falta mucho — dijo mirando a cada lado de reojo.
Sin embargo, el sonido de la puerta abriéndose alerto a las pequeñas aves que despavoridas empezaron a volar hasta salir por la ventana, siendo seguidas por el ave mayor.
Entrando al salón, Adelheid, vistiendo un conjunto menos revelador de oficinista, reemplazando su falda con unos pantalones de vestir ajustado acentuando aún más sus caderas y una camisa color blanca cerrada hasta el cuello, escondiendo su escote, calzando unas zapatillas de tacón bajo, su cabello ahora era corto y suelto llegando poco arriba de los hombros, su rostro había vuelto más más rígido acentuando más el paso del tiempo.
Al pasar el umbral de la puerta, sorprendida, se detuvo unos segundos al notar la presencia del azabache.
— Buenos días Hibari — cerro la puerta y camino hacia el — ¿Tú también vienes a entregar tu informe?
El aludido solo asintió mirando como Adelheid colocaba una carpeta amarilla en el escritorio, para luego dirigirse a la pequeña mesa donde se encontraba una cafetera.
— Quieres uno — volteo a verle de reojo mostrándole una pequeña taza de porcelana que sostenía en sus manos a la altura de su rostro.
— Con dos de azúcar— replico, y se levantó del asiento para caminar al centro de la habitación donde se encontraban los sillones, cerca de una mesa de madera misma en que tuvieron su reunión el día anterior.
— ¿desde cuándo tomas café? — cuestiono la peli negra de espalada.
— No hace mucho — contesto el azabache sentándose en el sillón del medio.
— No será desde que comenzaste a patrullar otra vez —
— No es de tu incumbencia —Bufo cruzando sus piernas.
Adelheid rio divertida, y tomando las dos tazas de café en sus manos, camino hacia el azabache, colocando su taza en la mesa frente a él, para luego sentarse en el sillón a la par suya y cruzando también las piernas.
— Hace años esa respuesta me hubiera molestado— comento tomando un sorbo, cerrando sus ojos para recordar el pasado — Ahora me causa gracias—
— Todo gracias al mujeriego de lentes — murmuro dando un sorbo a su café de la misma manera que ella.
En un atraganto, Adelheid tosió levemente, mostrando rubor en sus mejillas abriendo sus ojos de par en par, fijándolos con recriminación hacia la nube.
— ¡Que comenzara a salir con Julie no tuvo nada que ver! — Exclamo.
— mmmm— sorbió otro poco y la miro de reojo.
Adelheid trato de recobrar su compostura y aclaro su garganta disminuyendo su sonrojo intentando cambiar de tema — Escuche que recibiste una solicitud de trabajo de Cedef, Creo que sería bueno que la aceptes sería una buena oportunidad para Vongola y así reinstaurar los lazos con Cedef —
— Y yo creo que voy a morder hasta la muerte a una piña chismosa— un destello salió de su ojo derecho en señal de amenaza.
Una gota de sudor se resbalaba de la frente del glaciar y sonrió forzosamente ante el comentario, a los años, se había acostumbrado a recibir ese tipo de comentarios de parte del guardián, y fugazmente recordó la relación disfuncional que llevaba con el guardián de la niebla, siempre peleando en cualquier parte en cualquier momento.
— Los viejos hábitos nunca desaparecen— Comento al aire solo recibiendo una mirada de reproche por parte del azabache —Pero hablo enserio Hibari — le reprocho, inclinándose ligeramente hacia él — esta es una oportunidad que muchos quisieran tener —
La nube no reacciono, solo volvió a cerrar los ojos y sorbió otro poco de café.
— Si trabajas duro, podrías fácilmente tomarte un puesto alto — Hibari seguía sin inmutarse — incluso podrías convertirte en el jefe de Cedef.
Hibari solamente la ignoraba, sin siquiera verla, permanecía paciente y sereno. Esto en Adelheid provocó enojo, Elevando su voz, sacando su dominancia volvió a reprocharle con mayor fuerza — ¡Hibari!
— Si tan maravillosa es la oportunidad. Tómala tu si quieres — espeto confrontando a la pelinegra clavando su afilado semblante en sus ojos.
Adelheid retrocedió ante la fuerte presencia y aparto su rostro con derrota. Volvió a acomodarse en el sillón frunciendo levemente su ceño. Segundos de silencio pasaron fueron segundos incómodos. Hibari había regresado a su semblante imperturbable, mientras que el glaciar, aun le mantenía la mirada.
Suspiro.
De un sorbo bebió el resto de su café, colocándose de pie llamo la atención de la nube que fijo sus ojos, expectante a sus acciones. La vio dirigirse al pequeño lavabo aun lado de la cafetera.
— Hace 3 años comenzaste a patrullar Namimori por tu cuenta en respuesta al aumento de delincuencia — abrió el grifo y dejo correr el agua, él solo frunció levemente el ceño— Luego de ver lo herido que regresabas todos decidimos apoyar porque está también era nuestra ciudad…. Es nuestra ciudad — Rectifico.
— ¿y? — Adelheid guardo silencio, dejando sonar el agua por unos segundos.
— Namimori es nuestro hogar también, se ha convertido en mi hogar, el de Julie, de Enma y toda la familia Shimon — cerro la llave del grifo — y nos importa su seguridad tanto como tú. —
— ¿A dónde quieres llegar con todo esto? — espeto impaciente como de costumbre.
Se dio media vuelta y lo confronto de frente mostrando un semblante frustrado, retándolo con la mirada y con la cabeza en alto.
— Que nuestro amor por la ciudad nunca nos ha impedido avanzar en nuestras vidas, — Refuto.
Hibari aparto la vista, y molesto giro su cabeza — ya te dije si lo quieres puedes…—
— Ese no es el punto Kyoya — La nube abrió levemente los ojos y los volvió a fijar en ella — Esa es una oportunidad que me encantaría tener… Pero no la tengo, te eligieron a ti, por cualquiera que fuera la razón. — Adelheid bajo levemente la cabeza, cerro sus ojos dejando escapar un suspiro. Suavizo su expresión recobrando una vez más su seriedad. Miro a Hibari con un semblante defensivo, uno bastante normal para ella, como si estuviera listo para pelear en cualquier momento. Años antes ella hubiera saltado hacia el por considerar esos ojos una falta de respeto. Pero, ahora era distinto. Ella había madurado, ambos lo habían hecho.
— No me malentiendas, estoy más que feliz con mi vida, gracias al Decimo Vongola tengo un trabajo estable como supervisora de su área de desarrollo científico y Julie puede perseguir su sueño como escritor gracias a mi salario. Así que, no estoy necesitada por trabajo, pero esta es una oportunidad que no puedes desperdiciar.
Hibari solamente aparto la mirada nuevamente y cerró los ojos cerrando asi toda conversación. Adelheid solo suspiro derrotada ante su reacción. Saco su celular de su bolsa izquierda del pantalón y miro la hora para nuevamente meterlo.
— Se me está haciendo tarde debo ir a trabajar — comenzó a caminar hacia la puerta. El azabache seguía sin abrir los ojos, solamente siguiendo al glaciar con sus oídos, fue así, hasta que sus pasos súbitamente se detuvieron frente a la puerta. Hibari abrió sus ojos brevemente para mirar su figura quien le daba la espalda mirándolo de reojo — Kyoya, todos hemos cambiado a lo largo de estos años, es momento que tú también lo hagas — abrió la puerta y salió dejando solo a la nube.
Hibari observo la puerta por breves segundos en completo silencio. La pelinegra tenía razón, y lo sabía. Más se negaba a aceptarlo. Bufo y cerró sus ojos colocando su taza de porcelana en la mesa para luego dejarse caer de espaldas en el sillón intentando dormir nuevamente con las palabras de Adelheid haciendo eco en su cabeza.
Las manecillas del reloj avanzaron y las campanadas que avisaban la hora del almuerzo se hacían escuchar por toda la escuela. Poco a poco los pasillos se llenaban del bullicio de los Estudiantes y en el campo deportivo el equipo de baseball empezaba su entrenamiento.
Apoyado en el barandal de la azotea, se asomaban tres figuras familiares; Tsuna con un aura sombría sobre su cabeza, escondía su rostro entre sus brazos, mientras que a ambos lados se encontraban Gokudera y Yamamoto mirando hacia el enorme campo deportivo.
— Apenas es el almuerzo y ya me siento cansado — Levantando su cabeza mientras se quejaba con desgano el castaño con grandes ojeras.
Gokudera chasqueo la lengua
— Todo es culpa de la nueva – espeto.
El trio miro hacia atrás de reojo a la peli negra que se encontraba sentada apoyada en la pared de la puerta de la azote bajo la sombra de la misma, comiendo felizmente su almuerzo junto con Chrome quien sorpresivamente sonreía junto a ella. Tsuna suspiro y recordó cómo fueron sus horas de clases.
— Jamás imagine que nuestro salón de clase emanara tanto instinto asesino – comento Yamamoto volviendo a fijar su vista en el campo de béisbol, trayendo la imagen de sus compañeros de clases con los ojos rojos y ceño fruncido, todos mirando directamente hacia Tsuna — y todo porque ella se auto proclamo como tu prometida.
— Ni en los entrenamientos de Reborn me había sentido tan amenazado – se lamentó el castaño.
— Tsk, maldita mujer – mascullo el peli plateado.
— No creo que sea buena idea hablar mal de ella – advirtió Yamamoto, mirando de reojo a Gokudera — Recuerda que es la sobrina de Reborn, él podría estar escuchándonos en este momento.
La idea hizo que sus cuerpos se estremecieran, la imagen del Arcobaleno enfurecido les hizo temer por su propio bien estar.
— Aun no creo que sea familia de Reborn – murmuro Tsuna dando la vuelta para apoyarse de espaldas al barandal apoyando ambos ante brazos, la miro fijamente por unos segundos, hasta que Elizabeth noto su mirada y cruzando sus caras, le sonrió provocando que en el rostro del Sawada se pintara de colores y apartara la cabeza avergonzado.
— Pero el niño fue muy serio cuando lo dijo – recalco la lluvia, recordado la expresión seria del Arcobaleno. Tsuna y Gokudera fruncieron el ceño ante el recuerdo.
Las palabras de Peli negro tenían razón, a través de los años conviviendo con el ex Arcobaleno, lograban interpretar su intenciones en su semblante inexpresivo así como su tono de voz, además ayudaba bastante que con su ahora cuerpo de pre adolecentes, los rasgos de su cara se mostraran más expresivos que antes.
— Algo no cuadra – espeto el cielo impaciente.
— ¿Qué parte? ¿Su repentina aparición? O ¿el hecho de que proviniera de una organización más antigua que Vongola de la cual nadie había escuchado antes? – comentaba el peli plateado con cierto sarcasmo.
— Todo – fue lo único que dijo antes de dirigirse hacia Elizabeth.
Yamamoto y Gokudera compartieron una mirara de intriga antes de apartarse del barandal y seguir al castaño que decidido se acercaba rápidamente hasta su prometida. Elizabeth, notando como su prometido se acercaba con un semblante serio, arrugo levemente las cejas.
— ¿Sucede algo Leoncito?
Sintió una punzada leve en su cabeza que le hizo involuntariamente hacer una mueca de dolor, pero decidió no prestarle atención y estando frente a ella, la reto con la mirada.
— Lo que mencionaste ayer, Aun tengo dudas – Espeto
Elizabeth abrió levemente sus ojos y miro detrás del castaño como sus dos guardianes más fieles la miraban de la misma manera; Desconfiados.
"Es normal" pensaba suavizando su semblante. Puso su bento a un lado y arreglo su falda levemente — Claro, dime leoncito ¿Cuáles son tus dudas? Yo las responderé todas – lo reto ella también. Provocando que Tsuna afiliara sus ojos.
— Por qué si ustedes existían desde mucho antes de Vongola ¿No interfirieron en el conflicto de los Arcobalenos, o la pelea contra Millefiore?
— ¿Por qué deberíamos?- respondió encogiéndose de hombros
— Pudieron haber evitado tantas heridas y muertes – espeto el castaño endureciendo el entrecejo.
— No somos una organización que pelea batallas. Nosotros investigamos y reunimos información, esa es nuestra especialidad – ladeo su cabeza ligeramente.
— Entonces ¿Por qué no usaron esa inteligencia suya para ayudarnos? Si tanto se proclama nuestros aliados – bufo el peli plateado cruzándose de brazos.
— Porque eso era una prueba de ustedes, no nuestra – respondió confrontando al guardián — además, suficiente hicimos creando el Trinisette.
— ¡¿Qué?! – Como eco resonó por la azote la incertidumbre colectiva
El viento soplo, llevándose consigo pequeñas envolturas de comida que rodaban por el suelo. Las expresiones de sorpresa y desconcierto dibujaban fuertemente en el rostro de los Vongola, Tsuna, trataba con su intuición desmentir las palabras de la pelinegra, que desinteresadamente sorbía suavemente de su jugo de manzana.
— Explícate – demando Tsuna recobrando parte de su compostura.
Elizabeth guardo silencio por unos segundos, y suspiro apartando su mirada.
— No soy tu enemigo – murmuro su lamento apenas audible, Chrome fue la única capaz de escucharla aquel susurro con sabor a dolor. Sus parpados se abrieron levemente, observando como su compañera de bento se levantaba con gracia, siendo asediada por miradas desconfiadas.
Pasando a la par de Tsuna, camino hasta distanciarse lo suficiente colocándose justamente debajo del sol, segando levemente al grupo de 3. Los observaba con ojos inexpresivos y con su cabeza en alto.
— Nosotros creamos el Trinisette, creamos el sistema de los Arcobalenos y le entregamos los anillos de la última voluntad a Primo Vongola –
— ¿Por qué crearon un sistema tan cruel e inhumano? – volvió a retar.
— Porque era la única manera de salvar el mundo. Nosotros, Vermilíon, nacimos con el fin de encontrar una manera de salvar la raza de los antiguos que moría de uno a uno por mantener tú mundo tal y como es – lo señalo con el dedo, provocando que tsuna retrocediera levemente.
— ¿Por qué bebes? – Gokudera quien se había mantenido callado hasta el momento, con una voz neutral señalo aquel detalle, captando la atención de Elizabeth.
— ¿Alguna vez escucharon que los bebes generan tanta energía como una explosión nuclear? – El peli plateado bajo la mirada por unos segundas meditando su respuesta, hasta que dé la impresión abrió los ojos aún más volviéndola a clavar en la pelinegra – Exacto, es debido a eso, es que buscamos a los más fuertes de cada generación para transfórmalos en bebes capaces de mantener el Trinisette por un periodo largo de tiempo, al mismo tiempo que modificábamos sus cuerpos para ser inmunes al envejecimiento físico.
— Y ¿por qué solo los Arcobalenos ostenta tal cargo? — esta vez era Yamamoto quien afilaba la mirada.
— Porque solo los Arcobalenos representan el 50 por ciento del Trinisette, los anillos Mare y Vongola representan el otro 50 por ciento que a su vez está divido entr su vez entre 7. Es gracias a eso, es que ustedes no sufren ningún tipo de maldición y pueden incluso aprovechar el potencial oculto de los anillos y las llamas.
— ¿Que hace Vermilíon actualmente? – cuestionaba Yamamoto.
— Como lo mencione antes, recabamos información acerca del mundo de la mafia. Saber todo de todos – volvió a mirar a Tsuna – Como, que ustedes fueron los que desmantelaron aquella banda criminal y no la policía como decían las noticias.
Los tres afilaron la mirada ante el comentario.
— ¿Qué más sabes de nosotros? – amenazante Tsuna dio un paso al frente.
Elizabeth no reacciono, siguió retando al castaño con la mirada. Sin embargo, rompió el contacto visual poco después para caminar hasta el barandal de lado izquierdo, mirando el jardín interno de la secundaria.
— Tu eres la razón que la secundaria Namimori fuera reconstruida de esta manera – Un espasmo hizo saltar tenuemente el cuerpo del castaño — El noveno junto con Reborn a tus espaldas compraron la secundaria y la reconstruyeron completamente para que los miembros más jóvenes de tu familia, así como hijos de miembros de Vongola pudieran estudiar, la primaria, preparatoria y secundaria juntos – recorrió con la mirada 2 edificios ubicados de tal manera que sumando el edificio en el que se encontraban, hacían un perfecto triángulo — actualmente, eres la razón de muchas cosas Leoncito – volvió a fijar su mirada constante e inexpresiva en el castaño. Haciéndolo sentir amenazado quien se volvía a llevar la mano a su cabeza.
Tsuna estaba a punto de abrir nuevamente su boca, pero fue súbitamente interrumpido por la campana que anunciaba el fin del almuerzo, distrayéndose por poco segundos no dándose cuenta que la oji naranja había pasado a la par suya y se encontraba recogiendo sus cosas del suelo. Impresionado por no haber sentido su presencia, frunce una vez más su seño observando como Elizabeth bajaba las escaleras lentamente. Quedando con la palabra en la boca y el sabor amargo de la derrota.
Las horas pasaban nuevamente; poco a poco el sol volvía a bañar el cielo con un color naranja nostálgico. Los estudiantes se retiraban de las instalaciones, dejando solamente a aquellos que pertenecían a algún club. La tarde era fresca, de vez en cuando soplaba un viento gentil llevándose consigo unos cuantos pétalos rosados que prematuramente anunciaban la llegada de la primavera.
Tsuna en silencio, caminaban lentamente hacia su hogar, solo. En su cabeza aún hacían eco las revelaciones de la pelinegra. Bajo sus parpados, se comenzaban a notar una pequeñas bolsas negras señales de cansancio. Completamente ensimismado, se preguntaba una y otra vez, si todo lo que sabía de su mundo era correcto, o Elizabeth saldría nuevamente a destruir la estabilidad que tanto le costó construir.
Se detuvo enfrente del portón del hogar de Timoteo Vongola y agito su cabeza bruscamente intentando disipar sus pensamientos. Llevaba desde el almuerzo sumido en su cabeza tanto que había ignorado por completo las clases y las constantes miradas asesinas de sus compañeros de clases.
Al menos lo último era positivo.
Suspiro de cansancio y abrió la puerta del portón y caminando lentamente a través del bien cuidado jardín por un sendero de piedras hasta que llego a la puerta de madera con acabados rústicos. Golpeo ligeramente la puerta seis veces deteniéndose por dos segundos para golpearla una última vez. La puerta se abrió dejando ver a Coyote, que cordialmente le hacia una reverencia al castaño.
El interior no era muy diferente a su hogar, mismo pasillo, misma sala a la izquierda, con la diferencia que no había escaleras y a su derecha de la entrada no se encontraba la cocina. Una casa sencilla de un solo piso.
— Joven Decimo, su abuelo lo está esperando en la oficina.
— Muchas gracias Coyote, pero ya te he dicho que no me hagas reverencias, somos vecinos ahora – con una gota de sudor en su frente pasaba el castaño por la puerta.
— Lo olvide, mis disculpas – con una sonrisa disimulada cerraba la puerta el antiguo guardián de la tormenta. Para luego caminar hacia la sala.
Tsuna suspiro esbozando una pequeña sonrisa y siguió caminando por el largo pasillo, ya sabía dónde era la oficina, después de todo también era su oficina, la provisional al menos.
Llegando a una puerta al fondo a la derecha del pasillo, giro el picaporte lentamente y asomando su cabeza ligeramente, recorrió la habitación en busca del mayor de edad. Era una oficina igual a la suya, una alfombra de color rojo oscuro con el emblema de Vongola en el centro, Libreros a los lados, una pequeña mesa de te en el centro, y sofás a los lados, con un escritorio de madera con acabados elegantes y nuevamente el escudo de Vongola en la parte frontal. Pequeños faroles iluminaban las esquinas de la habitación y un pequeño candelabro adornaba el centro. Era la oficina digna de un Jefe mafioso de película.
— Tsuna, pasa y siéntate, serviré té – sentado en la silla detrás de escritorio, esbozando una sonrisa gentil, Timoteo le daba la bienvenida y lo invitaba a pasar.
Sonriendo también, entro a la habitación cerrando gentilmente la puerta, se sentó en el sofá a su izquierda, mientras dejaba su mochila recargada en el brazo derecho del sofá. Timoteo se acercó a la pequeña mesa dejando dos tazas de té junto con una pequeña taza llenas de cubos de azúcar y una pequeña botella con miel. Sentándose en el sofá opuesto al castaño.
— Cuéntame cómo te fue en tu segundo día de clases – preguntaba a la par que colocaba unas gotas de miel en su té.
La sonrisa del castaño desapareció casi de inmediato, mostrando en su lugar una cara de cansancio con muy pronunciadas ojeras por su exageración. Suspiro pesadamente; miro su taza de té y le agrego tres cubos de azur y varias gotas de miel. Lo tomo soplando varias veces hasta que de un sorbo tomo la mayor parte volviendo a dejar la taza delicadamente en la mesa. Timoteo lo miraba divertido mientras escondía su sonrisa detrás de su taza.
— ¿Por dónde empiezo? – Se dejó caer sobre el sofá – Gracias a ella, ahora todos en la secundaria me quieren muerto. Al principio todo estaba bien, ya me había acostumbrado a estar rodeado de aura asesina, pero todo empeoro cuando llego el primero receso.
— ¿Qué sucedió? – preguntaba con una voz divertida Timoteo tomando otro sorbo de su té.
— Como era de esperarse, todos comenzaron a preguntarle cosas, y como también era de esperarse, ella comenzó a gritar que era mi prometida – Llevo su mano derecha hacia sus ojos cubriéndolos – comenzó a decir que vivíamos juntos y que ella iba a ser mi esposa. Entonces todos comenzaron a verme como si quisiera matarme – Un aura sombría emanaba arriba de su cabeza.
— Solo están celoso, ya se les pasara – Bromeo
— Abuelo, hablo en serio, toda la clase, sentí que en cualquier momento alguien saltaría y me clavaria un lápiz en el ojo.
— Igual que en las reuniones con las mafias – agregaba el señor.
— La peor parte es que me siento más seguro en esas reuniones – se volvió a acomodar en su asiento – Primero su revelación sobre las llamas de la última voluntad y todo eso de las llamas del universo y ahora esto.
— ¡O si! Reborn me informo, me parece fascinante – apunto con la taza hacia Tsuna – Quien diría que las llamas del cielo pertenecerían algo más grande.
Tsuna levanto levemente su mirada para observar al que consideraba su abuelo, extrañado lo contemplo al señor se le iluminaban los ojos 1— ¿No te aterra?
— ¿Por qué debería? Es algo nuevo que aprender y ciertamente responde muchas de las preguntas que tenia de joven – respondía el Noveno, dejando tu taza vacía en la mesa – ahora comprendo mejor cómo funcionan las el punto Zero del primero.
— Me gustaría haberlo tomado igual que tu – se lamentó el castaño entristeciendo su semblante.
Timoteo se levantó del sofá, tomando todo lo que había en la mesa para moverlas a otra más grande donde se encontraba una cafetera lujosa, junto con otros envases.
— Lo nuevo siempre nos aterra Joven Decimo – dijo, caminando hacia su escritorio – Yo ya estoy acostumbrado por los años que pase como el líder de Vongola. Tenía que adaptarme a los cambios rápidos, procesarlos y usarlos a mi favor, eventualmente también lo harás – Tomo de su escritorio una carpeta con papeles y se dirigió a su asiento.
Tsuna al notarlo, cambio su semblante al mismo que tiene con el modo híper. Su mirada se afilo, y sus ojos se tornaron de color naranja.
— ¿Es el reporte de Bianchi?
— Si – respondió el anciano, mientras se dejaba caer en el sofá, adoptando la misma mirada que el castaño – Es información del siguiente objetivo.
Tsuna tomo la carpeta abriéndola para leerla en silencio.
— La familia Liberty, es una mafia que recientemente se está haciendo famosa en el mediterráneo por trata de personas. Raptan a niñas para modificar sus cuerpos, haciéndolas crecer con llamas del sol para luego venderlas como damas de compañía.
Tsuna miraba dos fotos , la primera de una niña con cabello oscuro que era llevada por un encapuchado, y la segunda, de una mujer de cabello oscuro, con la mirada perdida que poseía un parecido con la niña aterrador.
El semblante de Tsuna se ensombreció, apretaba la mandíbula con fuerza al mismo tiempo que el brillo y color de sus ojos aumentaba.
— ¿Qué tan ruidosos podemos ser? –
— Sean discretos y cubran sus caras, queremos que la familia sea desmantelada, no que tengamos que contratar el servicio de limpieza.
Tsuna cerró la carpeta y alcanzo con su mano derecha su mochila, la abrió y guardo entre sus cuadernos la carpeta.
— Si ni Hibari ni Mukuro no están enterados, no te preocupes, no abra muertos – respondía el castaño.
—Me refería a ti Tsuna.
Tsuna se detuvo súbitamente ante el comentario. Manteniendo el semblante volvió a ver a su abuelo quien le clavaba los ojos, completamente serio.
— ¿No sé a qué te refieres abuelo? – levantando una de sus cejas, con una gota de sudor sobre su cien, miraba desconcertado a su superior. Verdaderamente no sabía de donde venía ese comentario. El de todos sus guardianes era el menos violento, siempre se encontraba guardando la compostura y siendo la voz de la cordura por increíble que parezca.
— Tsuna – hizo una pausa que tensiono aún más al castaño – Recuerdas ¿por qué comenzó todo esto?
— Si, Mukuro después de recuperarse, comenzó a atacar a mafias que experimentaban con niños, entonces nos encomendaste detenerlo – respondió cauteloso – Y luego continuamos porque habíamos hecho un trato con Mukuro que él se detendría de masacrar mafias violentamente si nosotros lo ayudábamos.
— Y también quería que vieras lo podrido que estaba este mundo.
— ¿No entiendo abuelo? – frunció aún más el ceño desconcertado.
Timoteo cerró los ojos.
— Mi intención al mandarte a estas misiones, no era solo para desmantelar mafias. También era probarte, quería vieras la maldad, lo cruel que es este mundo, que te mancharas de la misma sangre que todos estamos manchados y que aun así tu resolución no cambiara – volvió a abrir los ojos fijándolos en la expresión confundida de su nieto – Pero al mismo tiempo quería que vieras que se puede hacer la diferencia, que tú puedes hacer la diferencia.
Timoteo suavizo su semblante.
— Tsuna, estas por pasar una de las etapas más tensas de tu vida y sé que no es tu elección estar aquí y hacer todas estas cosas – El castaño bajo su cabeza clavando sus ojos en sus zapatos con dolor en su rostro, recordando rápidamente como su decisión al final se vio obligada y no completamente por voluntad propia – Pero – levanto la mirada ligeramente – Sé que eres el indicado para cambiar este mundo podrido. Yo te elegí no porque fueras mi nieto, ni por tu poder. Te elegí porque eres la diferencia. Aun si el peso del mundo cayera en tus manos, yo sé que tomarías la decisión correcta.
Tsuna volvió a levantar su cabeza y le sonrió cálidamente a su abuelo quien afablemente lo miraba con una expresión suave en su rostro.
— ¡No te decepcionare abuelo! – dijo decidido. Se levantó del sofá y tomo su mochila para caminar hacia la puerta. Cuando estaba a punto de salir, Nono lo detuvo.
— Una última cosa Decimo – Tsuna se detuvo en seco y sobresaltando por la forma en que lo llamo su abuelo, giro lentamente su cabeza con el mismo semblante serio expectante.
Timoteo saco de su bolsillo una carta con una llama de la última voluntad de color naranja como sello.
— ¿Y eso? – tomo la carta y disipo el fuego para abrirla
— Es de tu padre –
Los ojos de Tsuna se nublaron inmediatamente, presentando un color café lustroso.
— Me notifico que estará en Namimori hasta el domingo, y quiere hablar contigo –Nono lo volvió a ver, apreciando el rostro inexpresivo del castaño – esa es la invitación.
Tsuna no reaccionaba, simplemente miraba la invitación para un almuerzo en uno de los restaurantes de más prestigio de la Namimori. Guardo la carta en su bolsillo y se despidió del anciano haciendo una reverencia para después salir por la puerta.
Timoteo suspiro.
— Iemitsu, espero que no empeores las cosas – susurro mientras llevaba una de sus manos a sus hombros y los masajeaba – quiero más té.
Jo Jo Jo, Aquí Santa Omega con maravillosos regalos.
Lo se, es demasiado tarde, no tengo excusas, simplemente, la vida se me hizo complicada recientemente, Volví a trabajar en Servicio al cliente tomando llamadas y mandando email en inglés, porque tengo hambre y necesito vivir, la vida no está para estar sonriendo.
Y pues, eso significa pasar 9 horas y media frente a una computadora quemándome la cabeza. Lo último que he querido en estos últimos 6 meses es ver mi computadora. Pero al menos en este punto de mi vida siento que las cosas están en orden, al menos lo suficiente como para retomar la escritura normalmente. Entre otras cosas, y pues, no prometo constancia pero si decirles que si seguiré la historia ya sea una capitulo cada 6 meses, pero a cambio, les traeré calidad y cantidad, así que espero que este capítulo de 22 páginas en Word sea de su agrado.
Sin más que agregar, gracias a todos por sus comentarios, apoyo y lealtad a la historia, no se imaginan lo bien que me hace leer sus opiniones, y solo quiero agregar algo, la historia anterior, la escribí en la secundaria, no podía continuarla debido a que mi punto de vista cambio y no lograba poner en los zapatos del Omega de 16 años, así que decidí reescribir esta, pero no se preocupen, lo mismo que tenía planeado en la anterior, va a pasar aquí en esta.
Ahora sí, Feliz navidad y próspero año nuevo, se despide Omega.
Chaosu.
