Capítulo I

Desperté al escuchar el llanto de mi bebé, el dolor en mi cuerpo por los golpes que me propinó mi esposo de manera brutal, sobrepasó mi voluntad de levantarme para amamantar a mi recién nacida.

-¡¿Estás sorda?!, estoy tratando de dormir, ve y cállale la boca de una vez antes que se la cierre yo!

Sé que en estado de ebriedad era capaz de cumplir su amenaza. Me levanté como pude, el mundo pareció venirse sobre mí, tomé a mi bebé, al verla odié por un instante el hecho de que sea mujer pero la sonrisa que me regaló me devolvió el ánimo que mis lágrimas habían apartado desde hacía rato, la acomodé junto a mí y comencé a alimentarla.

Traté de alejar los malos sentimientos, no quise que sorbiera de mí, la decepción que tenía. Mi llanto volvió al contemplarla mientras dormía.

"Dios, te pido que inclines tu oído y derrames gotas de misericordia sobre mí. Ayúdame a sanar pronto las heridas de mi ser".

El sueño hizo su magia y caí en su encanto.

Al amanecer pude sentir los fuertes brazos de mi esposo que se aferraban a mí. Me abraza de una manera tan cálida al parecer su borrachera se esfumó llevándose con ella su conciencia del salvajismo con el que me golpeó y ultrajó esa noche. Me di cuenta que era hora de ponerme en pie, los quehaceres me esperaban.

Luego de recoger y limpiar el desorden que era prueba de la dolorosa escena nocturna, preparé el desayuno, desperté a mis hijas para que comenzaran a prepararse para asistir a la escuela. Dubitativa me acerqué al lecho donde él yacía, antes de decir alguna palabra me doy el tiempo para observarlo, la belleza de su rostro me enterneció luego se vino a mi mente una pregunta que golpeó mi corazón aún más fuerte que sus puños.

¿Por qué me haces esto?

El temblor de mi boca reflejó lo que sentía, apreté mis labios para no quejarme mientras el llanto me invadía de nuevo. Al dar la media vuelta para alejarme, tomó mi mano y me hice girar nuevamente hacia él. Su bello rostro pronto reveló el horror de ver mi cara amoratada, se levanta agitado y comienza su súplica.

-¡Perdóname por favor, no sabía lo que estaba haciendo, he tenido demasiada presión en el teatro estos días y anoche al terminar la presentación, acepté ir con los muchachos al bar y tomé demás, pero te juro, te juro que esto no vuelve a suceder, por favor te pido que me perdones!

Levanté la mirada y mis ojos estaban secos ya no podía llorar más, había tomado mi decisión, soltando mis manos de las suyas le hice saber que...

-Esta vez no hay más perdón, no puedo seguir soportando tus golpes y humillaciones cada vez que el vicio supera tu voluntad y tu amor. No es justo que mis hijos al despertar vean mi rostro así y yo vea en sus ojos el miedo y dolor que los invade.

-Pero Candy, te pido, por favor que recapacites, buscaré ayuda profesional, de verdad no quiero perder tu amor y nuestro hogar.

-No es la primera vez que me prometes eso y como siempre, darás prioridad a tu trabajo y compromisos sociales. Olvidarás tu promesa y cada vez será peor. Te doy la opción que te vayas sin oponerte, que veas a tus hijas dos veces por semana, de lo contrario ahora mismo voy a levantar una denuncia y una orden de alejamiento en tu contra y como sabrás las llevas de perder. Elizabeth y Marce ya se fueron a la escuela aprovecha su ausencia y te vas, no hay más vuelta atrás.

-¡Escúchame, por favor te lo ruego, te lo suplico, perdóname tú sabes que te amo, todos estos años me he partido la espalda y el cerebro trabajando para darles una vida digna y...

-¡No te quiero escuchar más, por favor vete o me voy yo, pero nuestra relación hoy terminó, vete de una vez! Ten un poco de dignidad y por respeto a tus hijos, solo vete.

-Está bien, Candy si esto es lo que quieres me iré pero espero que puedas reflexionar y cambies de opinión, volveré el fin de semana para ver a las niñas. Sólo recojo mis cosas y me voy.

-Me tomé la molestia de empacar tus cosas y ya están en tu auto, lo que haga falta lo tendré listo el fin de semana, pero debes irte ahora mismo.

-Antes iré a despedirme de Madeleine.

-La bebé aún duerme, te exijo que no te acerques a ella, Terry. Que pronto olvidaste la amenaza que hiciste de lastimarla anoche. Realmente que eres nefasto.

-¡Amor te pido nuevamente que me perdones, piensa en todos los años que llevamos juntos, ¿cómo puedes pensar en echarlos a la basura?

-Es en eso exactamente en lo que pensé para decidir que esto no va más. Cada vez estás peor y si te quedas pronto será una desgracia para todos, vete ya, por favor.

-Está bien, como quieras, no creo necesitar más yo de ti que tú de mí.

Al verlo alejarse le dije adiós a todo lo que representó en mi ser. Los meses pasaron y en mi cara y en mi cuerpo ya no había rastro del dolor que me había causado mi entonces amado esposo Terence, con cada día me sentía renovada y el miedo a vivir sin él ya no estaba más. El amor de mi juventud, se fueron para no volver más.

Una tarde los representantes del teatro Stratford llegaron a mi casa para informarme que Terry había tenido un grave accidente durante los ensayos.

A pesar de estos años y de estar legalmente separados Terry no había vuelto a rehacer su vida en hogar. Supe por amigos en común de algunas relaciones en las que se involucró, sin embargo, ninguna funcionó.

Desistió de conseguir mi perdón y aceptó haberme perdido, poco a poco se fue alejando de la vida de nuestras hijas, en ese último año solo se presentó para el cumpleaños número siete de Madeleine. De igual manera las chicas sufrieron por la trágica noticia del accidente de su padre.

Luego de vender la casa que compartimos por tantos años nos mudamos a otra ciudad sin imaginar lo que el destino me tenía preparado.

Continuará.