Michisimas gracias por leer y comentar.
Capítulo basado en la canción Alive de Krewella.
Llegó el viernes y Ben ni siquiera la recibió. Ya se había ido así que entró con la llave que le entregó de antemano.
-Miu- la saludó feliz la pequeña criatura que ronroneaba al verla
Ella le sonrió y lo tomó en brazos. Eran ya pasadas las 20hrs.
- ¿Qué vamos a hacer solos, Mustafar?- le preguntó al gatito mientras le hacía cosquillas- ¿Podemos ver alguna película? No creo que pueda dormirme pronto-miró a sus alrededores- La casa se ve demasiado vacía sin él.
Una enorme melancolía la invadió. Recordó cómo ahí mismo en la cocina él la había besado de nuevo, consolándola. ¿Qué habría pasado si su abuelo no hubiera llamado? ¿Si no hubiera sido tan severa con él cuando vio sus fotos?
Era cruel, sumanente cruel revivir la escena. En ese momento sintió que todo era verdad: cada beso, cada caricia y sus abrazos... Pero estaba sola ahora.
Quizás era incorrecto... Ni siquiera siendo su esposa sabía si podía meterse a su habitación sin su autorización. La curiosidad le ganó y entró igual junto a Mustafar, quien se recostó de inmediato sobre la gran cama. Las paredes eran blancas contrastando con el negro de los muebles y de las sábanas. Abrió el armario: toda su ropa olía a él. ¿Era un perfume? ¿Era su propia esencia? Un gran estímulo para sus sentidos. Sacó una polera negra de manga larga y la abrazó contra su pecho.
-Miu.
La chica se giro con ojos llorosos para mirarlo.
- Lo sé, yo también lo extraño.
Recién había terminado la reunión y el cliente aún no se decidía a firmar, dejando la posibilidad de al día siguiente hacerlo aunque fuera sábado.
A sus socios esa noticia les dio igual, excepto a Kuruk que se veía muy nervioso. Iban caminando por los pasillos del hotel donde alojarían cuando Ben recibió una notificación a las 21.30hrs: era una foto de Mustafar recostado en su cama junto a Rey quien lo abrazaba. Tenía esa bella sonrisa que tanto adoraba... ¿llevaba puesta una de sus poleras?
- Ben, lo lamento pero debo irme- le informó Kuruk- No pensé que esto tardaría tanto y le prometí a Kydel volver para conocer a sus padres este fin de semana. Déjame fuera del negocio si quieres, no importa. Me iré hoy. Nos vemos.
- Espera. Yo... quería saber... te ha ido bien con ella, verdad?
- Sí. De veras gracias por hacer esa sesión de fotos juntos. Ella es lo mejor que me ha pasado- le sonrió -Supe que Vicrul invitó a salir a Jannah.
- Me alegro por ustedes. Poe también ya formalizó su relación con Zorii y Hux está cada vez más entusiasmado con Rose. Dice que ella saca lo mejor de él. Hasta Phasma está feliz con Beaumont.
- ¿Y tú? - se atrevió a preguntar Kuruk
Él suspiró y negó con la cabeza.
- No salió como esperaba. Ella está evitándome- admitió con enorme pesar
- No le has dicho la verdad... o si?
- ¿Cuál verdad?
- La razón por la que te casaste con ella.
- ¿De veras importa eso ya?
- Te arrepentirás si nunca se lo dices- el joven hizo un gesto de despedida y empezó a caminar hacia la salida.
En ese mismo instante Ben recibió otro mensaje con una nueva foto adjunta. Era de Rey acostada dentro de su cama junto al gatito: "Mustafar te extraña... yo también".
- ¡Kuruk, detente! Voy contigo!- exclamó mientras el joven lo miraba sonriente
"Rey, escucha con atención. Ben es un hombre muy peculiar y no lo digo porque sea mi hijo. Es la verdad. Todavía no entiendo cómo se decidió a esto si cuando mi hermano le propuso un compromiso de este tipo con una de las hijas de sus socios, él se negó rotundamente. De eso ya 3 años. Es bastante solitario. Se dedica a sus negocios sin mucha vida social. Siempre fue así, tal vez fue mi culpa por darle prioridad a ser maestra en la universidad y su padre... bueno, Han viaja tanto que Ben llegó a tener celos de Chewie, el perro consentido de su padre que lo ha acompañado a más viajes que yo y él juntos. Pasó más tiempo con niñeras que con nosotros. Y sin embargo tiene un hermoso corazón disfrazado de sarcasmo. Date el tiempo de conocerlo... será para mejor"
Las palabras que Leia le dijo el día de su matrimonio afloraron de nuevo cuando ella dormitó en el cómodo colchón de Ben. Sin duda se había equivocado: en vez de conocerlo había insistido en alejarse de él emocionalmente y también en el plano físico. Pero ya no quería vivir así.
Miró su celular: 3 de la madrugada. Ben vio sus mensajes pero no los contestó. Se había quedado dormida con la tenue luz encendida. Vio a Mustafar jugar con los cordones de uno de los zapatos de Ben.
- No! Deja los cordones! Vamos a la cocina a comer algo.
Se levantó y el gatito la siguió. Abrió el refrigerador contemplando una gran variedad de platos preparados que solo se calentaban al microondas. Otros con verduras.
- Reconozco que tu dueño come mucho mejor que yo- le habló al minino- Yo como cualquier porquería durante el día... creo que me faltan vitaminas- bostezó.
Sirvió la comida húmeda de Mustafar en su platito mientras esperaba que su propia comida se terminara de calentar en el microondas.
- Escucha. No sirve de nada que nos lamentemos por él - le comentó al gatito mientras comían - Quiero celebrar que nos ha ido bien este último mes en la editorial. Hemos reapuntado, Mustafar. Así que pondré música y después te irás a dormir.
La pequeña bola de pelos negra estaba más concentrado en su comida que en escucharla. Ella sonrió: tenerlo a su lado era como sentir a Ben más cerca. Colocó música durante su cena, conectando su celular al LED de 43 pulgadas que estaba en la sala principal. Los parlantes eran espectaculares y cada tema musical más animoso que el anterior. Hasta le dieron ganas de bailar.
El gatito observaba como su cuidadora daba saltos en los sofás negros, cambiando de lugar constantemente según el ritmo. Tanto movimiento lo desesperó empezando a arañar los muebles tratando de perseguirla. Rey cantaba la letra a todo pulmón.
Hagamos que este momento fugaz
dure para siempre
Entonces, dime ¿qué estás esperando?
Lo mantendré congelado aquí para siempre,
ya no hay arrepentimiento.
Vale la pena esperar, incluso a la distancia
Estoy apropiandome de la noche
hasta el día en que muera
No hay luces para frenar
cuando estás colgando del destino
Sabes lo que se siente cuando bailas a ciegas.
Completamente sola,
solo el ritmo dentro de mi alma.
Llévame a casa,
donde mis sueños están hechos de oro
En la zona,
donde el ritmo está descontrolado.
Sé lo que se siente.
Vamos, hazme sentir viva.
Siéntete vivo, siéntete vivo.
Siéntete vivo, siéntete vivo.
Siéntete vivo, siéntete vivo, vivo, vivo, vivo.
Ben no podía creer el bullicio que salía de su casa. Eran las 3.40 de la madrugada y si su madre aún no llamaba a la policía por "ruidos molestos" era porque sabía que Rey estaba allí. Abrió la puerta furioso esperando encontrar el gentío pero solo la vio a ella con su polera manga larga negra puesta saltando sobre un sofá y al gato mordiendo el borde de uno de los sillones.
Ella mandó un grito ahogado. No esperaba su llegada. Y ahora no podía dejar de sonreir.
- Volviste!- exclamó gozosa- Baila conmigo!
- ¡Me desaparezco unas horas y haces un escándalo en mi casa!- alegó gritando, aunque en el fondo se sentía aliviado que era solo ella, sin nadie más - ¡Y Mustafar está histérico!
Lanzó su chaqueta, corbata y camisa al sillón donde el gato estaba enloquecido, quedando solo con su camiseta. La miró de nuevo, creyó que estaba ebria pero no. La polera negra se le veía enorme en su delicado cuerpo de mujer. Caminó hacia Rey, ya que ella le extendió la mano, mientras seguía cantando mirándolo risueña.
Encuéntrame bajo las luces brillantes,
he estado esperando aquí toda mi vida
Sentimientos que no puedes negar
que estás viviendo, abre los ojos.
Solo quiero sumergirme en tu risa loca.
Vamos, hazme sentir hasta que el dolor no importe.
Cada segundo aquí
hace que mi corazón lata más rápido.
Finalmente creo que encontré
lo he estado persiguiendo.
Ambos sonreían. Por primera vez ella se veía un poco más alta que él estando sobre el sofá. Se acercó lo suficiente para que ella rodeara su cuello con los brazos mientras él la abrazaba por la cadera. Ella siguió cantándole...
Completamente sola,
solo el ritmo dentro de mi alma.
Llévame a casa,
donde mis sueños están hechos de oro.
En la zona,
donde el ritmo está descontrolado.
Sé lo que se siente.
Vamos, hazme sentir viva.
Siéntete vivo, siéntete vivo.
Siéntete vivo, siéntete vivo.
Siéntete vivo, siéntete vivo, vivo, vivo, vivo.
La respiración ya se le estaba entrecortando con el sensual meneo de la mujer que tenía enfrente. La polera caía por uno de sus hombros revelando su negra ropa interior. Si bien le quedaba grande, de largo no superaba el borde de sus glúteos. Su baile era descaradamente provocativo. ¿Quería sentirse realmente viva? ¿Sentir su corazón descontrolado? Él podría darle eso y mucho más. Sabía que en cualquier momento perdería la compostura. Ahora si se estaba quemando en serio y ella le sonreía como si fuera un juego. "¡No me beses nunca más!" aún resonaba en su mente.
Completamente sola,
solo el ritmo dentro de mi alma.
Llévame a casa,
donde mis sueños están hechos de oro
En la zona,
donde el ritmo está descontrolado.
Sé lo que se siente.
Vamos, hazme sentir viva.
Siéntete vivo, siéntete vivo.
Siéntete vivo, siéntete vivo.
Siéntete vivo, siéntete vivo, vivo, vivo, vivo.
Ella no esperó a que él iniciara el beso. No, ya no esperaría más. Lo estaba perdiendo por reprimirse, por sus propios miedos, por no ser capaz de admitir que desde aquel día en la sesión de fotos todo cambió. Adoraba su sonrisa y todo lo que estuvo dispuesto a sacrificar por ella. Desde ahora no le importaría nada ni nadie, ni siquiera su familia a quien temía antes decepcionar. Pelearía por él hasta el final si su abuelo se atrevía siquiera a cuestionar sus intenciones.
Recibió el beso sorprendido, mas no por eso se lo rechazó. Al contrario, la estrechó más fuerte dejándose llevar por el anhelo de su mujer. Porque eso era en realidad: era su esposa hace un mes y lo que más quería era enrollarla entre sus negras sábanas. Pero no podía negar esa sensación de desamparo: lo que ella le daba, se lo quitaba después. Primero los besos ¿y ahora? ¿Y si después se negaba a que la volviera a tocar?
La música se detuvo y Rey estaba fundida en sus emociones. Sentía la obsesiva lengua de su esposo envolver la suya hasta que él se separó de pronto, dejándola desesperada por más. Soltó el agarre y se alejó. Ella no sabía lo que había hecho mal.
Ben no dijo nada. Tomó a Mustafar y lo llevó a la habitación donde el gatito dormía, cerrando la puerta. Otro día lo disciplinaría por andar rompiendo los muebles.
- ¿Qué pasa?- murmuró con voz triste y suave, después de bajar del sofá para encontrarlo en el pasillo
Él apretó los puños y bajó la mirada. Nunca había sentido tanta angustia: la podía tener frente a él y aún así era inalcanzable.
- No puedo seguir con esto... Yo... te dije que era real pero para ti no lo es. Quiero el divorcio.
Un profundo silencio que solo los hundía más en su desgracia. Los ojos llorosos de ambos evidenciaban la dolorosa situación.
- No... Ben, sí es real. Lo lamento, es que... no me dejes- le suplicó, tratando de evitar que su mundo se derrumbara
- Me ordenaste que no te volviera besar, no quisiste compartir conmigo más que una simple clase... Me usas cuando te conviene y yo... lo hice de buena fe, aunque reconozco que si esperaba algo más de ti. Fue mi error.
- ¡¿A eso volviste tan rápido?! A romperme el corazón?!- sollozó sin aguantarse el llanto
- No lo tienes más roto que el mío - aclaró con semblante firme, tragándose su debilidad
- Eres un estúpido! Tú no tienes nada que perder en todo esto! ¡Soy yo la que tengo que lidear con la presión de ser exitosa todo el tiempo para que tú y mi maldita familia estén contentos conmigo! Sé que algún día lo descubrirán y te atacarán. Yo no iba a permitirlo. ¡Eras todo para mi! Llegaste cuando más te necesitaba y ahora... me dejas porque para ti fui una inversión más. ¡Una más en tu lista de negocios salvados de la ruina por Ben Solo!- le gritaba exasperada lo más cerca que podía de él
- ¡¿Nada que perder?! Por supuesto que perdí! Tiempo y dinero pero no me importó porque eras tú. Yo te quería a ti, que no lo ves?! Y aún así seguiste tu vida como si nada, como si yo no te importara. ¡Aprendías de mi y te ibas!
- ¡No te obligué a casarte conmigo!- se defendió
- Lo sé... tampoco a enamorarme de ti... y también lo hice- admitió mirándola a los ojos
Ella lo observaba atónita, sintiendo su corazón desbocado. Por un momento creyó que era su mente la que le hizo escuchar aquello, una ilusión cruel por la falta de sueño. Deseaba que se lo repitiera para asegurarse que era verdad pero, en vez de eso, quiso sincerarse como él.
- Yo... también te... yo te... amo- susurró avergonzada
Ben se paralizó. Quería creer que ese murmullo no había sido creación de su imaginación. No, no lo era. El hecho que la chica siguiera mirando el suelo era prueba de eso.
- Entonces ¡¿qué mierda estamos haciendo?!- exclamó desesperado, sin entender cómo el amor los había llevado a esa situación tan crítica
- ¡Ya me cansé de esto!- terminó diciendo la joven, sacándose la polera y lanzándola al piso, dejando al descubierto su lencería de encaje negra
- No me gusta tirar la ropa al suelo- mencionó, intentando controlarse ante la preciosa vista
- Tus tontas obsesiones tendrán que esperar. Mucha ropa caerá al suelo ahora- lo amenazó seriamente, mirándolo con un deseo voraz
- ¿Tú crees?- la tentó, sacándose la camiseta blanca que le quedaba, dejándola sobre una mesa. Solo le quedaba el pantalón negro puesto.
Era un claro desafío sobre quién cedería ante quién. Ahí estaban, inmóviles, contemplandose en la penumbra que dejaban las luces encendidas de la sala principal. Rey observaba el irresistible torso fornido del hombre subir y bajar, acelerando la respiración, como si se preparara para una... batalla?
Se acercó sin temor. Tomó su cinturón y lo tiró al suelo.
- ¿De veras quieres ver todas las estrellas del universo, Rey?- murmuró en su oído, logrando en ella un breve escalofrío que recorrió todo su cuerpo en segundos
- Creo que exageré bastante diciendo eso sobre ti en el video- respondió en voz baja, casi rozando los labios de él, posando ya sus manos sobre ese abdomen firme que la llamaba
- No lo sabías pero ese día predecías tu futuro- añadió, acorralándola contra la pared
Rey sintió el contraste entre la fría pared que tocaba su espalda y el torso caliente que la estaba dejando sin aliento. La aceleración en sus pulmones buscando oxígeno hizo sonreir al hombre.
- ¿Tienes calor, Rey? Yo me estoy quemando- le hablaba sin dejarle espacio para moverse, agarrando con ambas manos la cintura de su esposa
Ella exhaló con fuerza ante el gesto, alzando el rostro para mirarlo en la penumbra.
- Si tienes tanto calor, ¿qué haces con el pantalón puesto?- lo desafió
- Lo lamento, yo no me lo quitaré. Pero tú podrías hacerlo por mi.
Quería encararlo y decirle que no se rebajaría a eso. ¿Por qué seguía condenándose por querer verlo y "sentirlo" desnudo? Estaba segura que si se mantenía cuerda sería él quien terminaría rogándole por más.
- No lo haré aquí - le sonrió coqueta, escabuyéndose a la habitación de Ben. Él la persiguió a paso firme. Estaba listo para lo que se venía, la mayor victoria de su vida.
Pero ella no se recostó en su lecho. Estaba de pie sobre el colchón en plena oscuridad. Él se quedó estático frente a ella.
- ¿Me tienes miedo?- la escuchó preguntar
- No.
- ¿Entonces?
- ¿Qué planeas?- preguntó tan cerca que ella no fue capaz de responder.
En realidad no alcanzó a hacerlo, ya que Ben la abrazó y empezó a besar toda la sensible piel que rodeaba el comienzo de su sostén. Ella no pudo evitar enredar sus manos en el oscuro cabello y clavar aquel rostro entre sus pechos. Las piernas de la joven empezaron a desestabilizarse frente a la excitación de sentir su lengua bajo el encaje negro. Ya no quedaba nada de cordura en ninguno de los dos.
Quiso empujarla de espaldas a la cama, no sin antes quitarle el sostén y tirarlo lejos. La chica rebotó al caer, sin entender cómo es que siempre terminaba perdiendo ¿lo hacía a propósito? Sin duda esa era la "batalla" que más deseaba tener con él. Aunque en parte sí había ganado: él no lo soportó y dejó en el suelo el resto de su ropa, sin que ella tocara un centímetro de su pantalón.
Tal vez ya eran las 5 de la madrugada... ¿y a quién le importaba eso? Rey contuvo la respiración para no empezar a gemir con solo verlo entrar a la cama. Él se recostó sobre ella y ya no había más que decir, solo un nuevo beso en los labios para desencadenar lo que tanto deseaban. El asombro fue mayor cuando ella notó que él ya estaba completamente desnudo. No, asombro no. Deleite. Eso sentían besando y explorando a su otra mitad, acariciando cada rincón, removiendo la poca ropa que quedaba y las sábanas que cubrían su intimidad.
Su piel era tan suave, tan cálida... Cada suspiro, cada gemido corroboraba que no se había equivocado con ella. Escuchar su voz en ese estado era la melodía más placentera antes oída, más allá del delirio que él mismo sentía al probar cada detalle de su ser, todavía más mientras la hizo suya, recorriendo ese "camino" una y otra vez para adueñarselo para siempre. Y ella no quería quitárselo de encima. Se maldijo por haber desperdiciado un mes en su terquedad en vez de haber disfrutado a su esposo como una mujer normal. Y ahora... era cierto. Todo siempre fue verdad. Lo escuchaba gruñir agitado cuando la cama se movía en un decidido vaivén mientras disfrutaba plenamente al sentirlo dentro de ella... contemplando todas las estrellas de la galaxia.
Percibía a la joven retorcerse bajo él, con quejidos entrecortados aumentando su propia satisfacción, a tal grado de querer hacerla gritar más fuerte. Cuando por fin lo logró, dejó de reprimirse y se liberó por completo, dejando que el éxtasis lo embargara... sonriendo al sentirse pleno por lo que acaban de hacer.
Se quedaron allí, abrazados entre respiraciones que después de un momento volvieron a la normalidad. El sueño los estaba invadiendo finalmente.
- Vivirás conmigo... aquí - susurró en su oído, semi dormido- Y con Mustafar.
Tenía decenas de razones para decirle que no era prudente hacer algo así tan pronto... aunque esas razones ya no le importaban. Ya no quería estar lejos de él nunca más.
- Sí - le respondió casi sin voz, antes de que los dos se durmieran.
.
Muchas gracias por leer y apoyar esta historia.
