Los personajes de JoJo's Bizarre Adventure pertenecen a Hirohiko Araki-sensei. La historia se desarrollará en una época diferente y un poco más accesible tecnológicamente; iré colocando las fechas.
•••
Partes «Entre estos símbolos» corresponden a recuerdos y sueños.
Letras cursivas son pensamientos.
Muchas gracias por su atención. Vamos al fic. nwn
•••
16 de Enero de 1989
«Creo que todo comenzó una noche cuando apenas tenía uso de razón.
Me soñé a mí mismo flotando en un espacio oscuro. Me dolía mucho el estómago, estaba solo y tenía mucho miedo; no podía hacer nada más que llorar. Así fue hasta que una persona apareció frente a mí. Era un hombre enorme y de aspecto intimidante. No recuerdo cómo era su rostro, pero sé que me sonrió, y esa sonrisa me dio tanta paz que dejé de llorar. Entonces… extendió sus brazos, y mi pecho se llenó de una calidez tal, que mi pequeño cuerpo comenzó a temblar. Fui hacia él sin pensar; sólo sabía que quería ir directo a sus brazos y poder sentir esa calidez en mí.
Pero antes de poder acercarme, él desapareció y fue reemplazado por otra persona. Aunque no sé si lo era, más bien parecía un fantasma de color morado. Conjeturas de un niño, supongo.
Me paralicé, y ese "fantasma" apuntó hacia mí. Cuando lo hizo, todo mi entorno se llenó de muchos destellos color verde esmeralda. Sonreí, era hermoso.
Después, esos destellos se transformaron en una especie de lianas que se envolvieron a mi alrededor. Me maravillé y asusté casi a partes iguales.
La luz esmeralda me cubrió por completo. Fue entonces cuando desperté. Pero no lo hice solo.
A partir de ese día, habría alguien más que estaría a mi lado el resto de mi vida. Todo provocado por ese sueño.»
•••
22 de Agosto de 1991
«Estaba en el parque cercano a mi hogar, esperando a que mi madre me llamara para la hora de comer. Era jueves y el clima era cálido.
Ah, también era mi cumpleaños número seis. Había otros niños en el mismo parque jugando alegres y despreocupados, como se supone que deben ser los niños normales.
… Pero yo no era normal.
Ese día tan sólo me encontraba sentado en un columpio. Me balanceaba de vez en vez, esperando a que la propia inercia me detuviera. Ningún niño se me acercó. No parecía que me odiaran, pero igual sabía que yo no les agradaba; sus miradas me lo decían todo.
Mientras me mecía, de la nada una pelota me golpeó la cabeza. No la vi venir, y el golpe fue tan repentino que mi sien chocó contra una de las cadenas del columpio. Unos niños no muy lejos comenzaron a murmurar que "le habían pegado al raro".
No me levanté, sólo me quejé un poco del dolor y me froté la sien. Miré que la pelota, que había rebotado no muy lejos de ahí, fue recogida por un niño que después se acercó a mí, con los mismos ojos despectivos con los que miraban todos.
—Hey, niño raro, ¿por qué no nos devolviste la pelota?—
Desvié la mirada. —No tenía por qué hacerlo. Ustedes me golpearon con ella, deberías disculparte. — Quise decirle, pero mis palabras no salieron.
Esa era una situación regular. Todos esos niños en el vecindario eran iguales. Nunca les interesó acercarse a mí y yo tampoco a ellos. Incluso mi madre lo sabía, y por eso en ningún momento me preguntó por qué no quise tener una fiesta de cumpleaños, dado que no tenía ningún amigo. Sin embargo ese día aún esperaba mi pastel favorito. Mamá hacía el mejor betún, y además encima lo cubría de muchas cerezas, mis favoritas.
Me sumergí un momento en mis pensamientos. Inclusive olvidé que ese niño seguía parado frente a mí esperando una respuesta que nunca le di.
—Mocoso tonto. — Refunfuñó.
—¿Me dijo mocoso? — A pesar de que se veía apenas un par de años mayor que yo, aunque tal vez se veía de más edad por ser algo corpulento. Miré que fue a recoger la pelota, que por cierto noté que era de fútbol, y regresó hacia mí. Luego la levantó sobre su cabeza. —Debería golpearte de nuevo, tal vez así dejes de estar en las nubes. —
Era la primera vez que me sucedía eso. Normalmente sólo me ignoraban, a veces me empujaban y me sacaban de los otros juegos cuando ellos querían usarlos; yo jamás peleé por nada. Pero ahora estaban a punto de golpearme con un balón de fútbol. Intenté pensar tan rápido como pude: Quitarme y correr, quedarme y recibir el golpe, o bien usar a mi… "amigo".
—No. — Pensé rápido. Sabía que eso me daría muchos más problemas, y que correr sólo empeoraría todo, así que opté por recibir el golpe con la esperanza de que así me dejaría en paz. Me preparé incluso para llorar si me dolía mucho.
… Gracioso, ahora que lo pienso.
No obstante mientras, de nuevo, me sumergía en mis propios pensamientos, el niño se detuvo, luego dejó caer la pelota y de repente se fue corriendo.
En cuanto se apartó de mi vista miré que detrás de él había otro niño. ¿Cómo no lo vi llegar?
Lo primero que noté de él fue su intenso cabello negro y grandes ojos color turquesa. Me miró un momento y después pateó la pelota que el otro niño dejó caer. Seguido de eso se fue a sentar al columpio contiguo.
Lo miré curioso, no pude evitarlo, y por supuesto que lo notó.
—Debiste levantarte y golpearlo, ¿sabes?— Me dijo sin mirarme y comenzó a balancearse en el columpio. No quise hablarle… no quería más problemas, pero ese niño se veía tan despreocupado y su comentario me había parecido tan casual, que algo dentro de mí se desinhibió.
—No iba a empezar una pelea que no podía ganar. Mi mamá lloraría si de nuevo llego con moretones a mi casa. —
—¿De nuevo?... —
—Además, tú lo echaste. ¿Lo amenazaste? ¿Qué le hiciste?— Era la primera vez que le hacía dos preguntas seguidas a otro niño. Vi que sonrió un poco. —Sólo le dije que le daría una paliza si se atrevía a lanzarte ese balón. —
Me impresioné, lo admito. —¿En serio? ¿Y si aún así me lo hubiera lanzado? —
—Entonces ahora mismo ese niño estaría llorando. — Lo dijo con tanta seguridad que le creí, un poco boquiabierto. —Wow… — Respondí en voz baja, más para mí mismo que para él. Ese niño tenía toda la auto-confianza de la que yo carecía.
Lo siguiente que pasó fue una experiencia nueva para mí. Él siguió hablando sobre lo que le haría a cualquiera que lo molestara, y a cualquiera que lo hiciera enfadar. Incluso alardeó que le propinaría algunos movimientos especiales de algún artista marcial extranjero que no conocía.
Por primera vez en mi vida, charlé amenamente con otro niño de mi edad. El tiempo pasó sin siquiera darme cuenta.»
•••
8 de Agosto de 1991
«Recién nos habíamos mudado al vecindario. La casa era muy espaciosa, con un jardín enorme y grandes paredes. Mi padre la había buscado y comprado con especial cuidado para que mamá y yo viviéramos con comodidad. Respeto a papá por eso, aunque suela viajar con frecuencia y casi no pueda estar con nosotros.
Yo solía jugar por los alrededores mientras terminaba la mudanza. Aún eran vacaciones de verano; nos habíamos mudado justo a tiempo para que pudiera entrar al colegio en el nuevo ciclo escolar, aunque aún faltaban algunas semanas.
Un día mientras mamá y yo paseábamos por el barrio, nos detuvimos en un parque de juegos. Quise ir a entretenerme cuando ella se quedó platicando con otras madres en el lugar. Había varios niños acaparando los juegos, pero hubo niñas que me cedieron sus lugares. Jamás me gustó ese trato preferencial hacia mí, eran molestas. Varias peleaban entre ellas para quedarse a jugar conmigo, aunque yo quisiera estar solo o jugar con otros niños.
Me alejé un poco para ir a la resbaladilla, era alta y no podía esperar para deslizarme. Cuando subí las escaleras, noté algo a lo lejos, o mejor dicho a alguien.
Era un niño, ¿o tal vez una niña? Su rojizo cabello rizado me confundió un poco, aunque por sus ropas supuse que era un niño. Solo, alejado de todos, cerca de un arenero y sentado en el pasto.
No sé cuánto tiempo me quedé mirándolo; había algo que me llamaba la atención pero no entendí qué. Tal vez era el hecho de que parecía mirar "algo" o a "alguien", aunque no hubiera nada ni nadie cerca. Poco después vi que otro niño se acercó a él, le dirigió unas palabras y el niño pelirrojo se fue. —¿Lo quitó de ahí? ¿Para qué? ¿Y por qué lo permite? —
… Me molesté. Por primera vez, vi algo que me hizo chasquear la lengua.
Regresé a ese parque un par de veces más, pero no volví a ver a ese niño, hasta dos semanas después.»
•••
«Lo vi en un columpio, de nuevo, a lo lejos. Dudé un momento si debía acercarme o no. Que estuviera apartado tal vez significaba que quería estar solo; entendía el sentimiento después de todo. Había un grupo de niños jugando fútbol. De repente uno de ellos pateó el balón y golpeó directo en la cabeza del niño pelirrojo. Fui de inmediato y cuando estuve cerca, vi a un niño grandulón frente a él, preparado para pegarle con la pelota. En serio me molesté, así que me acerqué por detrás y lo amenacé con golpearlo si se atrevía a hacerlo. Funcionó, aunque sí estaba preparado para pelear con él si lo hacía.
Fue entonces cuando pude verlo de cerca. Seguía tranquilo, a pesar de lo que le estaba a punto de pasar. Su curioso mechón de cabello largo, rojo y rizado casi le cubría uno de sus serenos ojos púrpuras. Me pareció una apariencia inusual pero interesante. Al mismo tiempo él se me quedó mirando, tal vez esperando a que dijera algo, pero no pude al momento. Sólo me senté en el otro columpio y comencé a moverme.
Le dije que debió defenderse, pero me respondió que no podría ganarle, y me dio a entender que no era la primera vez que le pasaba eso. "—Mi mamá lloraría si de nuevo llego con moretones a mi casa. —" Me dijo.
—¿De nuevo?... — Pensé. Me quedé en blanco por un segundo pero él me preguntó qué fue lo que le había dicho a ese niño grandulón. La voz del pelirrojo era tranquila, justo como su apariencia; me hizo querer darle más confianza, así que sólo le dije que lo amenacé con darle una paliza.
… Gracioso, ahora que lo pienso.
El niño me miró un poco sorprendido y me preguntó qué habría hecho si le hubieran pegado igual. Le dije alardeando que ahora mismo estaría llorando. Él se sorprendió más y esbozó un ligero "wow" que alcancé a escuchar. Admito que me sentí bien al ver esa expresión en él, tanto que empecé a parlotear sin parar. Charlamos mucho tiempo, no tuve noción de cuánto, hasta que el niño miró en dirección a una señora que parecía buscarlo. Supe de inmediato que se trataba de su madre, puesto que eran un poco parecidos.
—Tengo que irme. — Se levantó del columpio y se quedó de pie. Lo miré con deseos de decirme algo, pero no parecía atreverse.
—Si quieres podemos jugar de nuevo por aquí otro día. — Rompí el silencio.
—Umm, yo…— Balbuceó tímido. –A decir verdad… hoy es mi cumpleaños. —
—… ¿Qué?—
—¿Q-Quieres… venir a comer a mi casa? ¡Habrá pastel!— Su mirada resplandeció.
–Qué lindo. — Un raro pensamiento para un niño, lo sé. —Claro, suena bien. — Respondí casi al instante. Lo vi sorprenderse y sonreír. —...Qué lindo. — Pensé de nuevo. —Aunque debo avisarle a mi mamá. — Dicho eso, y admito que me emocioné un poco, quise bajarme del columpio saltando mientras seguía balanceándome. Al hacerlo, di un mal paso y terminé cayendo ridículamente en el suelo, ensuciándome de tierra.
—¡¿Estás bien?! — Exclamó preocupado yendo hacia mí. Me levanté tan rápido como pude, un poco avergonzado. Y ese niño… sin quitar ese semblante, sacó un pañuelo de su bolsillo y lo frotó un poco por mi cara llena de polvo para limpiarla y después entregármelo. —Quédatelo, ¿en serio estás bien? — Asentí para mitigar su preocupación mientras terminaba de limpiarme el rostro con ese pañuelo de patrones verdes estampados y unas pequeñas cerezas bordadas en una esquina. —Sí, estoy bien, no es nada… — En ese momento caí en cuenta de que ni siquiera sabía su nombre; él lo intuyó.
—¡Ah! Me llamo Kakyoin, Kakyoin Noriaki. ¿Y tú? — Mi pecho me dolió cuando escuché su nombre; en ese momento no supe por qué.
—Soy Kujo Jotaro. — Él reaccionó de forma un poco extraña al escuchar mi nombre, pero no le tomé importancia. Ese día conocí a quien se convertiría en mi mejor amigo, e incluso recibí indirectamente un regalo suyo el día de su propio cumpleaños.»
•••
Esa misma noche, ninguno de los dos niños pudo conciliar el sueño con facilidad. Ambos se hallaban pensando el uno en el otro.
Para Noriaki fue un día espléndido. Por fin había podido hacer un amigo. —Incluso cantó "feliz cumpleaños" junto con mis padres. — Recordó contento. Cuando su madre vino a recogerlo, una bonita mujer rubia, supo que no vivían muy lejos entre sí. Eso lo hizo feliz; así podrían jugar otro día sin problemas.
Sin embargo, había algo que le preocupaba. Reflexionando, se levantó y sentó en su cama. Luego su "amigo especial" se hizo presente. Un pequeño ser de apariencia humanoide color verde esmeralda, a quien nadie más que él podía ver. Sabía muy bien que no era su imaginación; habían estado juntos por más de dos años y poco a poco iba descubriendo las cosas que era capaz de hacer.
—Ahora que por fin tengo un amigo… Si él lo descubriera, estoy seguro que pensará que estoy loco. — Una vez más, decidió callar por su propio bien. También pensó en la sensación que recorrió todo su cuerpo al escuchar su nombre. —Jotaro… — Sintió una punzada en el estómago que se elevó hasta su corazón, sintiendo cómo palpitó más rápido.
Entre tanto, Jotaro se preguntó cómo un niño tan agradable como él podía ser tan solitario y tener tanta dificultad para hacer amigos. Tanto que incluso le pidió a él, a quien acababa de conocer ese mismo día, que lo acompañara en su cumpleaños.
—Es triste… — Recordó que antes de despedirse, éste se había disculpado por no poder darle un regalo, a lo que el pequeño pelirrojo respondió: —"Que hayas venido es el mejor regalo que he tenido."— Junto con la sonrisa más bonita que he visto. —¿Es raro que piense que un niño es bonito?... No, es su culpa por tener cara de niña. — Y mientras pensaba en esa sonrisa, por fin se quedó dormido.
•••
«Esa noche tuve el primero de los muchos raros sueños que seguirían a lo largo de los años.
Me encontré entre las sombras, caminando sin rumbo. Demasiado oscuro; no podía ver ni siquiera mis propias manos. Tenía miedo, no sabía qué hacer o a dónde ir. Estaba a punto de llorar, cuando algo apareció.
Eran alguna especie de tentáculos o cuerdas, demasiado brillantes. Me recordaban a la luz de las medusas bioluminiscentes que llegué a ver en televisión; sólo que éstas eran verdes. Brillaban como gemas, pero se movían como si tuvieran vida propia. Me sorprendí y despertó mi curiosidad al instante.
Se extendían a la distancia, formando un camino. Lo seguí; todo mi temor se esfumó en ese momento. Claro que… eso fue hasta que lo vi.
Al final del camino de cuerdas, noté que había una persona dándome la espalda. Un adulto, ya que era mucho más alto que yo; aún estaba lejos, pero dejé de caminar. En ese momento sólo veía sus zapatos y su alta silueta, pero entonces… los tentáculos comenzaron a alejarse de mí para rodear a esa persona, iluminándolo. Entre más se iluminó, más mis ojos se abrieron sorprendidos.
Y luego aterrados.
Grité y desperté cubierto de sudor. Poco después entró mamá, me abrazó en su regazo y me dio consuelo, diciéndome que sólo había sido un mal sueño. Sí, sólo fue una pesadilla, pero esa sensación fue tan vívida que jamás la olvidaría. Sobretodo a esa persona que, al iluminarse casi por completo, pude percatarme de dos cosas antes de despertar:
Era un hombre, un hombre pelirrojo… con un enorme agujero traspasándole el abdomen.»
••••••
Muchas gracias por leer. TwT Ahora, algunas aclaraciones antes de continuar:
Esta es una línea de tiempo original y aparecerán personajes que no tendrán su edad canónica o bien ni siquiera deberían estar ahí.
También el parentesco entre algunos padres, hijos, abuelos, etc. será diferente. Todo se irá sabiendo conforme avance la historia.
Lamento por adelantado y por el resto del fic por las múltiples fallas (de ortografía, puntuaciones, pleonasmos varios) que seguramente tendré; espero que al menos se entienda bien y que la lectura les sea amena. ñwñ
Es un pequeño tributo que no le hace justicia a mi gran obsesión por el JotaKak. Pero está hecho con mucho amor. Dedicado a mi querida senpai, (tú sabes quién eres, I love you *w*) quien me introdujo a éste vórtice sin control y sin salida llamado fandom de JoJo's Bizarre Adventure. XD
Gracias por darle una oportunidad. ;;v;;
