Todos los personajes pertenecen a Riot Games.
"Si todo falla..."
Si has llegado hasta aquí, significa que ninguno de mis concejos ha servido.
Y en serio, lo lamento mucho, mucho, mucho.
Debido a que no puedo ayudarte más, significa que debes recorrer este camino sola. ¡Lo siento!
Pero te voy a dar un consejo que me dieron a mi en caso de que algo como sucediera.
¡Solo sé tú misma!
Si, no hay artimañas, no hay medidas desesperadas. La decisión final la tomas tu y solo tú.
Otra vez lo siento por no haberte ayudado a conquistar al hombre de tus sueños, pero estoy segura que el camino que recorras será favorable tanto para ti como para tu ser amado.
Abrazos y besos, no olvides recomendar este tomo a una de tus amigas. Bye~
Con amor – Ahri
-.-.-.-.-.-
El piar de los pajarillos proveniente de la copa de los arboles daba la bienvenida a un nuevo día, un nuevo amanecer, un típico día donde el mar de árboles se agitaba al compás de la brisa mañanera.
Un mar calmo, suave y tranquilo.
Uno que, a pesar de la quietud, se preparaba para la llegada de una tormenta.
Así como si los árboles temblaran de frio y de temor, éstos se agitaron por la fuerte ventisca provocada por dos enormes alas que azotaban el viento sobre sus copas.
Ahí y por sobre sus cabezas una sombra se deslizaba por el viento, engendrando miedo a todo lo que se encontraba debajo suyo; sus escamas rojas brillaban como filosas espadas ante el sol que empezaba a asomarse, tan similares al frondoso envuelto de cuchillas que representaban sus mandíbulas deseosas de destrucción.
Moviendo el cuello lentamente y agudizando su vista para ver mejor, el dragón estuvo atento a cualquier asomo de actividad proveniente de ese bosque. Estaba atenta, observando con cuidado cualquier atisbo de ella, de aquella dragona bastarda… deseaba encontrar algo de su hija.
Ante su meticulosa búsqueda, un pequeño destello brilló ante sus ojos, un pequeño brillo proveniente de un pequeño claro. La pequeña mota de luz parecido acrecentarse, incluso acercarse… y cuando apenas se dio cuenta, este pedacito de luz ya estaba a punto de clavársele en una de sus alas…
La enorme saeta se deslizo cruzando el aire y evitando el cuerpo del enorme dragón, tan solo por milímetros de distancia. Ella rugió, tan fuerte que hizo retumbar el suelo de toda la zona, para luego abalanzarse ante ese minúsculo atacante.
En picada, su cuerpo tomo velocidad, y desviando otra enorme saeta que se dirigía hacia su cabeza, alcanzo el suelo y su minúsculo atacante, que no era nada mas que una pequeña maquina para lanzar flechas. Su usuario que se había lanzado hacia un hueco cavado cerca de ahí, huyo espantado tan solo verla, y, cuando logró aterrizar a tierra uso su velocidad de caída para destruir completamente aquel artilugio; convirtiéndolo en cenizas con el fuego que expulso por sus fauces.
Sin duda los humanos eran bastante ingeniosos para crear ese tipo de…
Otra vez…
Un brillante y dentado pico de metal surco el aire en su dirección, el cual choco con la parte dura de su cabeza justo en el instante en que se agacho para esquivarlo.
Molesta y furiosa, se dio cuenta que sus molestosos atacantes provenían de una construcción destruida, mas concretamente un llamado "castillo" como lo llamaban los humanos.
Rugió, y con velocidad utilizo sus patas traseras para arremeter en la construcción. Las astillas que empezaron a brotar del castillo chocaron con su armadura escamada deslizándose con total inutilidad. Las flechas no le hacían daño en lo absoluto…
Inflando su pecho con unas llamas infernales, empezó a escupir fuego, tan ardiente que incluso la piedra con la que chocó dudó en derretirse. Las voces provenían de los muros interiores deleitaron sus oídos, le encantaba ver como estos seres inútiles le tenían tanto miedo y ahora que se enfrentaban a su furia debían lamentarlo.
Consumida por su ira asomo la cabeza dentro de la construcción, dispuesta a asesinar a esos pequeños insectos que se atrevieron a provocarla, metiendo sus fauces ahí donde los veía correr.
- ¡Ahora!
Un grito se escuchó, de pronto líneas cafés brotaron de los costados enzarzándose en toda la línea de su garganta y sus alas a medio desplegar. No sabía si el ataque repentino fue lo que lo causó, pero lo que ahora estaba sintiendo era lo mas parecido al miedo. Una sensación que creyó nunca mas sentir en su vida.
Y ver a esa pequeña figura, aquella que corría en su dirección mostrando sus colmillos cual bestia llenó su corazón rúnico de un insólito temor.
- ¡Ahh!
Shyvana corrió sin pausa, abriendo sus garras, gritando como nunca lo hubiera hecho en su vida; dejando que su cuerpo tomase la forma que tantas veces se atrevió a negar. Desmenuzando en cenizas la ropa que tenía puesta, sus manos se convirtieron en alas y filosas garras, sus piernas en enormes muslos acorazados y su rostro tomo la forma de enormes fauces que apuntaban al cuello de esa odiosa dragona, aquella que los atacaba, a quien conocía muy bien.
La asesina de su padre.
Se lanzó, directo a la garganta donde las saetas filosas se habían clavado. Mordió con toda la fuerza del mundo, con toda la que tenía.
Pero…
Con brusquedad su rival se la quitó con un fuerte golpe de sus garras quebrando su estabilidad, luego trato de morderla pero por un tambaleo Shyvana logró esquivar el ataque, pero no evitando un cabezazo que le llegó directo al cuello. Su enemiga la superaba en altura, fuerza y experiencia. Pero no debía rendirse, no podía.
Cargo su pecho con fuego y cuando vio la oportunidad arrojó su ardiente ataque justo sobre sus alas. Se consumieron de manera leve debido a los agujeros causados por las flechas y que ahora se quemaban haciéndole gritar de dolor. Ya no podría volar para huir, una de las dos tenia que morir en ese sitio.
Su mandíbula recibió un zarpazo y Shyvana por poco creyó que se rompería, escondió su rostro y usó su cola para atacar el rostro de su rival, golpeándole directo en un ojo. Cegada de su vista, ella empezó a retorcerse golpeando los muros cercanos, intentando acertar a su atacante o a esos diminutos seres que no dejaban de dispararle.
El sonido de sus rugidos resonó en las ruinas del castillo cuyos muros albergaban a los campesinos convertidos en soldados y que ahora apuntaban y disparaban a ese enorme dragón que los atacaba.
Jarvan corrió entre las piedras y el fuego que lo envolvía disparando, cubriéndose y volviendo a lanzar flechas hacia ese enorme dragón que luchaba con su aliada. Llegó por fin donde por un milagro del cielo una ballesta permanecía indemne de daño, la cargó con rapidez y apunto hacia la enorme bestia salvaje.
Shyvana estaba agotada, y permanecía en esa forma por pura muestra de su voluntad. Las mordidas y zarpazos recibidos estaban haciendo mella en su cuerpo y por un momento sintió que solo quería descansar y dejar que el mundo se consuma en oscuridad. Al momento de girarse para atacar con su cola, un repentino ataque de llamas azoto su espalda, quemando su carne haciéndole dar un rugido de dolor que se escucho en todo el bosque.
Ya no pudo más, cayo de cara en el suelo hiriente y su cuerpo regresaba a su inofensiva forma humana una vez más…
Pero. Su aliento de fuego fue detenido por un fuerte golpe de saeta proveniente de una parte de las ruinas, quebrando sus escamas y provocando un grito de ira y rabia; en venganza por esa interrupción dio unos zarpazos salvajes hacia donde creyó que estaba ese humano que lo había atacado, destruyendo todo lo que quedaba del castillo que ahora se consumía en llamas.
Shyvana se arrastró boca abajo, dolorida, cansada y derrotada. No podía sentir su espalda, no podía sentir las piernas… solo trataba de arrastrarse por inercia.
La dragona la encontró así, poniéndose encima de ella veía lo patética que era, y como manchaba su linaje al ser un asqueroso hibrido.
- Eres un ser repulsivo… No sé porque tu padre te quería tanto…
Shyvana se giró para encararla, dejando las heridas de su espalda al contacto con el suelo miro directo a los ojos de su némesis. De quien había odiado durante casi toda su vida por arrebatarle el ser que más amaba.
- Te odio… - susurró.
Ella cargo nuevamente su pecho de fuego, dispuesta a dar el golpe final a la vida de Shyvana quien aceptaba este destino inevitable con la mirada al cielo.
De repente, un rugido bramó de sus fauces al sentir como una lanza improvisadase estaba clavando en la parte superior de su cuello; seguidamente empezó a agitar su cabeza tratando de quitarse a esa criatura.
Shyvana miró, la silueta negra que se aferraba con valor al cuello de su némesis no era sino el hombre a quien una vez había salvado, dando todo de su para evitar su anunciada muerte. Sin rendirse, sin miedo. Solo con deseos de protegerla, aunque le costara la vida. Aquel hombre que ahora volaba por los aires y que era azotado en uno de los restantes muros de piedra.
- ¡Nooooooo!
Cargada nuevamente de su irracional furia, con todas sus fuerzas restantes Shyvana transformó su brazo un una enorme garra la cual cargo con todo el fuego y el ímpetu que pudo obtener clavando en la herida de su garganta tan fuerte que el bramido de su enemiga hizo temblar la tierra. Su garra se clavo en su pecho, mas hondo, mas profundo como todo el odio que le tenia. Sus garras penetraron hasta su corazón, su piedra rúnica y, con una fuerza tremenda la aplastó, quebrándola hasta convertirla en arena.
El fuego de su cuerpo dejó de brillar y éste empezó a desmoronarse sobre ella.
Shyvana sintió el peso sobre si misma a la vez que su brazo mismo regresaba a la normalidad, podía sentirlo, las cenizas de su corazón estaban en su mano. Todo esto se habla terminado.
Miró otra vez al cielo, tan pacifico, tan libre de violencia; allí donde su padre solía volar y hacia sentirle segura en un mundo tan peligroso. Ahora podía descansar en paz sabiendo que su hija estaba mas segura que nunca, porque estaría con él muy pronto…
- …gar. ¡Es aquí! ¡Traigan las cosas es aquí! – las voces que sonaron le parecían distantes, pero no le importaban, el propósito por el que antes hubo huido estaba realizado.
Una silueta difuminada de negro se posiciono sobre ella, cojeaba. Y como pudo logró arrodillarse cerca de su rostro.
- Lo lograste Shyvana… nos salvaste a todos…
Su rostro se iluminaba con el sol, aquel hombre que se empeñaba tanto en tenerla a su lado y que había visto morir hace instantes estaba ahí, herido y moribundo como cuando lo encontró. Tendido a su lado y sosteniéndola de sus manos brindándole aliento para que siga respirando.
Shyvana sonrió, no lo hacia en mucho tiempo, tanto como el que podía recordar y que le llenaba el pecho de calidez. Cerro sus ojos con calma y paz; tal vez la visita a su padre debía esperar… estando con él… se sentía completamente segura.
.
.
Le dolía abrir los ojos y el cuerpo le pesaba un poco.
El aroma a cenizas que se deslizaba desde la chimenea a su espalda se introdujo en sus fosas nasales procurando despertarla. Al primer intento no lo logró, pero con un movimiento levemente mas fuerte pudo por fin estirar sus piernas, sintiendo en la punta de ellos un calorcito proveniente de una piel humana.
Abrió los ojos con lenta rapidez, obligando a detenerse al instinto de alerta que tenía por sexto sentido gracias al vislumbrar frente a ella un fuerte torso varonil, acomodado bajo una manta de mezclilla.
Si esta situación hubiera pasado un año antes las cosas, los hechos, su propio comportamiento serian completamente diferentes. Claro, aun sentía como el rubor invadía sus mejillas y un fuerte calor provocado por sus latidos crecientes empezaban a pronunciarse en su pecho; sus reacciones corporales eran obvias… pero su actitud, no…
Ahora, estaba segura, completamente segura de sus sentimientos. Convencida de que aquellos sentimientos que crecieron con los años eran reales, tan reales como aquel delicioso despertar. Ya no tenía miedo de esconderlo; el amor que sentía por el hombre de su lado era real, reciproco, totalmente correspondido.
Era tanta su felicidad que no se midió cuando le presiono en un abrazo un tanto fuerte, un corto contacto que hizo que el dueño de los ojos esmeraldas empezara a despertar.
- Buenos días…
- Hola… – esta vez, no pudiendo ocultar su nerviosismo, escondió su rostro en el pecho de su hombre, aunque supo que esto no era buena idea, pues incrementaba de manera drástica la vergüenza que empezó a carcomer todo su cuerpo.
Era una sensación completamente nueva; despertar con alguien a lado era algo que nunca en su vida logró imaginar jamás.
Bueno… si lo hizo, pero no creyó que se haría realidad.
Disfruto de su fragancia un minuto más, para luego, cargada de algo mas de valor elevar la vista hacia él. Jarvan estaba con los ojos en ella, esbozando una sonrisa corta pero aliviada, como si viera a una niña pequeña hacer una travesura.
- ¿Quieres levantarte?
- Hmh…
Ella murmuró, apoyando nuevamente su rostro sobre el vendaje con delicadeza y sintiendo aquella textura con sus dedos.
- Yo me levantaré, tú, necesitas descansar – dijo, elevándose del suelo y poniendo su dedo índice en la frente evitando que se levantara con ella – Veré que podemos preparar de desayu-
Mas no contó que al levantarse, las cortinas que hacían de sabanas empezaron a deslizarse de su piel, dejando ver casi por completo una encantadora silueta purpura, que Shyvana alcanzó a tapar por reflejo.
- Date vuelta – ordenó, sosteniendo como podía aquellas telas que cubrían sus intimidades y luchando por no morir de vergüenza – ¡Ya!
- No puedo… – Jarvan contuvo su risa, aunque debía admitir que verla así de avergonzada le aceleraba el corazón, también le dolía dar una carcajada – no puedo…
- ¡Entonces cierra los ojos!
- Bien, bien – dijo, cerrando sus ojos y levantando sus manos en señal de rendición.
Con toda la prisa que pudo, Shyvana se despojó de las sabanas y corrió a arrancar otras del otro lado de la sala, cubriéndose con ellas todo el cuerpo visible sintiéndose segura nuevamente.
- V-voy a buscar algo de comida… y ropa… ¡No te vayas a mover de aquí!
Desde su posición, el príncipe hizo una cruz en su pecho en señal de promesa para luego darle nuevamente una sonrisa agradecida.
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Recorrer los pasillos de aquella mansión abandonada era un tanto desconcertante. Todos esos años en la ciudad y el palacio le habían acostumbrado a un bullicio constante donde quiera que fuere y ahora, sentir tal soledad y silencio le llenaba los pulmones de cierto aire nostálgico, de proeza, y también de libertad.
Ya no estaban en Demacia.
Estaban tan lejos…
Tan lejos del orden, de las figuras militares, lejos de la monarquía demaciana que prohibiría su relación…
Llegó a un cuarto repleto de muebles y roperos cuyas puertas desencajadas de su lugar contenían ropa a duras penas. Escogió entre ellas las que todavía podían usarse teniendo en mente los pensamientos de ella y su príncipe.
¿Ese es el destino que le depararía al volver?
¿Cierto?
Alejó todo esto de su mente concentrándose solamente en vestirse y saber que comerían en esa mañana…
Este tema no era para nada importante ahora mismo ¿Verdad?
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- No creo que debas ence-
- Silencio ¿Quién de los dos sabe cocinar mejor aquí?
- Tu, pero….
- Entonces guarda silencio.
Jarvan calló un poco dudoso; estaba seguro que iniciar una fogata pequeña dentro de la sala no era muy buena idea, pero la terquedad de Shyvana pudo más con él que cualquier decisión que tomase. De todas formas, el verla tan concentrada empezando el fuego e ideando alguna forma en que la caldera no se cayera de su soporte, le fue muy divertido de ver.
Vestida con unos shorts – que ella misma arrancó de un pantalón – y con ancho suéter de lana que descubría seductoramente un hombro, Shyvana preparaba el desayuno con una concentración digna de un chef profesional.
O al menos eso aparentaba, pues tener los ojos de su príncipe puestos en ella en todo momento cargaba su cuerpo en una tensión que no se podía disimular. Temía equivocarse y ser blanco de alguna burla o de alguna de sus carcajadas. Eso bajaría su imagen de "genial" a una de "torpe", y para nada buscaba eso. Para nada.
- Luces adorable haciendo eso…
Aunque al parecer todo estaba teniendo un resultado impredecible.
Obvió su comentario, pero sus mejillas claramente no. Luego de un rato se acercó con un vaso de agua hervida mezclado de hojas de té del jardín, acomodándose a su lado con la calderita aún caliente.
A la vez que bebía con lentitud, Shyvana froto trocitos de tela en todas las heridas de él, limpiándolas y revelando magulladuras y cortes en todo lugar.
Ella no tenía problema con aguantar; sucedía todo el tiempo y su piel en estado de dragón le protegía de muchos daños casi siempre. Pero verlo así, le dolía. Le atormentaba saber que heridas más se haya hecho en el pasado y que otras más se haría en el futuro por venir.
Luego de lavar y tratar la herida de la cien, un suave "gracias" se escuchó de los labios del príncipe heredero, palabra que termino por quebrar la voluntad de Shyvana quien no hizo más que envolver entre sus brazos la cabeza de su amor y brindarle todo el cariño y compasión que pudo.
No quería verlo así nunca más.
Nunca más…
- No fue tu culpa…
La frase le llego de sorpresa, y todavía confundida la dama dragón se negó a soltarlo de su agarre.
- Lo siento… – dijo, presionando con más fuerza y cariño a la persona que más quería y brindándole un beso en la frente que profesaba todo su afecto – esto jamás habr-
- Sé lo que estás pensando – le interrumpió.
La personalidad de Shyvana era tan impredecible para cualquier calculo, que para cualquier capitán era una variable demasiado difícil de manejar. Pero para Jarvan no, él la conocía bien; trabajaron, lucharon, y sangraron juntos durante años. Y ahora que la tenía a su lado como nunca antes, aquel sentimiento de comprensión se extendía a casi todo aspecto.
- Temes lo que va a pasar cuando volvamos ¿No?
Sorprendida de que Jarvan le robase los pensamientos, Shyvana no alcanzo más que asentir frotando su mentón entre los cabellos de su príncipe.
Jarvan sostuvo sus brazos como pudo juntando sus manos con los de su amada, sintiendo su calor, apresando sus dudas dispuesto a hacer que esas cuestiones desaparecieran.
- Nunca supe de este ataque. LeBlanc fue una maestra que nos engañó a todos – dijo solemne – incluso a mi padre…
Shyvana abrió los ojos asustada, reparando recién en ese detalle. ¿El Castillo del Amanecer estaba destruido? ¡Todos murieron en aquella explosión!
- ¿¡Ellos!?
- Personas valientes murieron, estoy seguro de eso – la seguridad y dolor se podían sentir en sus palabras – pero Demacia siempre está preparada para afrontar adversidades.
Con sutileza Jarvan se acomodó para poder observarla directamente a los ojos.
- Mi padre está bien. Está a salvo. El consejo, los portavoces… Teníamos un plan para un atentado de ese tipo. Todo… Todo está bien en Demacia…
- ¿Qué quieres decir? ¡oh! – Jarvan puso sus manos sobre los hombros dispuesto a aclarar su decisión, como si haciendo esto se diera el valor de decirlo.
Él la miro, como si con aquellos ojos y la media sonrisa bastaran para transmitir las palabras que no alcanzaba a decir.
- No puedo creer que vayas a…
- Shh… no pienses mucho en ello. Piensa en lo que vamos a almorzar más tarde.
Shyvana emitió un bufido cómico. Aun en una situación tan importante, él mantenía un temple sobrenatural con el que trataba de animarla.
- En serio eres un idio- Mhh…
El repentino beso no hizo más que ponerla nerviosa y olvidar su conversación anterior. Ahora solo podía enfocarse en los ojos que tenía frente suya y que le transmitían una seguridad indescriptible. Al final de su contacto, Jarvan acorralo como pudo las manos de Shyvana mirándola fijamente a los ojos.
- Un idiota que está enamorado de ti…
El corazón de Shyvana tembló con velocidad, tratando de formular alguna respuesta ante tal declaración, y quedándose sin ninguna posible pasados unos segundos, optó por encerrarlo nuevamente entre sus brazos draconiles.
No necesitaba dar respuestas perspicaces, solamente tenía que dejarse llevar por sus instintos.
Y sus instintos completaban las palabras que él nunca quiso mencionar.
"No tenemos que volver a Demacia"
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La ventaja de vivir en una casa abandonada era de tener una cantidad casi infinita de habitaciones vacías que podían usar a su antojo. Si, la gran mayoría se encontraban con los muros carcomidos por el tiempo, pero los más vistosos, tal como lo era el comedor en el jardín, era un lugar hermoso que no había perdido el brillo de cuando la mansión era joven.
Decidieron limpiar el lugar de las plantas silvestres, dejando un lugar limpio y cargado de cenizas, debido a que la dama dragón quiso apresurar las cosas quemando las plantas a las que se acercaba. Y tenía razón, el proceso funciono de maravilla.
La cocina y el salón de lectura también sobrevivieron muy bien al paso de los años, y solo bastó una buena barrida para que ambos queden completamente funcionales. Lo único que no funcionó muy bien fue el baño del dormitorio principal, pues Jarvan, quien presumía de sus habilidades en fontanería terminó por arruinar completamente las cañerías tanto de la ducha como la del lavamanos. Sin mencionar que la taza y el contenido de dicha taza, le explotaron en la cara debido a la presión con que manejó los delicados tubos de cobre que se encontraban oxidados.
Si, fue una sorpresa grotesca para Shyvana verlo todo de café cuando ingresó en la cocina goteando fluidos innombrables; pero luego de mirarse la cara y entender lo que pasó, no pudieron evitar solo reír hasta encorvarse y derramar lágrimas de la graciosa situación.
Recuperándose de aquellas carcajadas, Shyvana apunto fuera, donde una erosionada fuente desbordaba agua a borbotones. El antiguo príncipe salió de ahí cuidando que sus pisadas no manchasen demasiado las baldosas ante la mujer que apenas se podía mantener en pie debido a la risa.
Shyvana volvió a la tarea de picar algunos vegetales quitándose algunas lagrimillas del rostro, observando desde la ventana como su príncipe era empapado de pies a cabeza por esa agua cristalina, devolviéndole su color humano y sobresaltándose cuando empezó a lavarse el cabello y…
- Mmmmh… – susurró, lamiéndose los labios inconscientemente al ver como su hombre se desprendía de su camiseta mojada, dejando que la luz solar descubra su esculpida musculatura.
Apoyo las manos en la mesa, intentando dejar de pensar en lo que vio sintiéndose culpable.
¿Culpable de qué? Ni ella lo sabía.
Estaban solos, no tenia porque fingir nada ante nadie. No tenia que disimular, actuar, ni esconder nada. Ninguna acción, ni deseo.
Estaban solo los dos…
Podía hacer lo que siempre soñó.
Azoto el cuchillo en la mesa y, dejando caer la patata que pelaba, salió de la cocina rumbo al patio bastante decidida.
Se encontró con la empapada figura de su hombre que, distraído y de espaldas a ella, aun luchaba por quitarse la suciedad restante del cuerpo. Un leve toquecito en su espalda lo distrajo de su labor, haciendo que se dé vuelta y descubriendo a la dama dragón observándolo con una extraña mirada.
Las gotas de la maltrecha fuente caían cual lluvia sobre ambos, empapando a la recién llegada cuyo cabello empezaba a ceñirse por sobre sus hombros y su delicado cuello femenino.
Los ojos de Shyvana dejaron de enfocarse en el esmeralda de sus ojos bajando delicadamente hacia sus labios, sin enterarse de que los de él, hacían exactamente lo mismo.
En un lento ataque extendió sus brazos, encerrando su cuello, elevando su nariz y percibiendo el húmedo aroma a sudor varonil, terminando su trayecto hasta sentir la pausada respiración de su príncipe justo frente a sus labios.
Los encerró, entre los suyos. Era el mismo sabor que sintió la primera vez que lo besó, una sensación suave, dulce y refrescante. Sabor a miel, un sabor único e indescriptible cuyo néctar sobresalía de entre el agua que los envolvía.
Un delicioso sabor que ahora era solamente suya.
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La esperada hora del almuerzo llegó al fin; los ingredientes eran mas bien pocos y solo consistían en un par de patatas, carne de conejo ahumada y algunas que otras verduras aun frescas que alcanzaron a encontrar en el huerto abandonado.
Pero el primer bocado fue lo mejor que pudieron probar en todo este tiempo. No era solamente el sabor salvaje que tenían los ingredientes, sino que, combinado con el absoluto control del fuego de Shyvana, cocieron la carne al punto más correcto. Pero el detalle mas importante y por el cual disfrutaron la comida, fue el hecho de permanecer en silencio, los dos solos. Sin personas vigilando, sin guardias ni sirvientes con el ojo atento a cualquier petición del príncipe heredero. Sin el peso de manejar el reino bajo sus hombros.
Todo se sentía tan familiar, tan cálido y tan… íntimo.
Al pensar en esto y mientras sostenía su tenedor, a Shyvana se le escapó una risita que trató de esconder con inocencia. Por supuesto, esto no escapo de la atención de su compañero, el cual elevó una ceja interrogante.
- Parece que a la señorita le hace mucha gracia el verme batallar con las patatas.
- Jeje, no es eso – Shyvana trató de disimular – Es solo que… recordaba que te gusta mucho el pescado y…
Jarvan esbozo una sonrisa.
- Escuché un arroyo cerca de aquí, si gustas podemos salir a pescar – pausó sus palabras un momento, solo para terminar dando una risilla comparable a la que dio Shyvana instantes atrás.
- Jeje ¿Recortaste algo también?
- Si, que a ti te gusta mucho el pollo frito.
- Je, no creo que podamos encontrar a alguna gallina por aquí.
- Podríamos intentar…
Jarvan dio otro bocado a su comida.
- Me gustan los pasteles… – susurró Shyvana.
- Me gusta el café… – contestó Jarvan.
- Me gusta el helado.
- Me gustan las bayas.
- Me gusta la uva.
- Me gusta la miel…
- "Oh, entonces era eso" – susurró mentalmente la dama dragón.
- Me gusta la miel… – repitió ella, sin poder sacar de su mente aquel delicioso sabor.
- Me gustan las manzanas…
- Me gustan las frutillas.
- Me gustan tus labios – dijo Jarvan, tan casualmente que casi pasa desapercibida por ella.
- Me gustan tus ojos.
- Me gustan tus escamas…
- Me gusta lo raposo de tu barbilla…
- Me gusta el afilado de tus garras.
- Me gusta tu cabello y como baja por tu cuello.
- Me gusta el largo de tus piernas…
Atrapada con la guardia baja, Shyvana disimuló un poco mientras agarraba el borde del vestido que le llegaba hasta poco más arriba de las rodillas.
- Oh… – susurró, nerviosa sin duda, pero también sorprendida de descubrir esos particulares gustos – ¿É-éstas?
Shyvana elevo su tobillo izquierdo lentamente y posó su pie encima de la mesa, revelando la tentadora piel de su muslo y toda su formada pierna, tan seductoramente que ella misma se sorprendió por su audacia.
- Si… esas… – embobado, Jarvan tragó saliva cargado de nervios, pero rompió con su silencio al acercarse para sentir entre sus dedos la cautivadora tez escamada.
Verlo levantarse de su sitio y tomarla suavemente del tobillo despertó en Shyvana una veloz alarma en todo su cuerpo, la cual hizo que su corazón se acelerase advirtiendo de lo que iba a pasar.
Pero su tardía reacción a los sucesos no pudo evitar que Jarvan se acercara, y, con toda la delicadeza del mundo bajara su pierna, acomodara la tela de su vestido amarillo y le robara un beso al acercarse tomándola de la barbilla mientras ella permanecía sentada en la silla.
- ¿Quieres ir a pescar? – preguntó con inocencia. Tal vez notando la sorpresa en el cuerpo de la dama dragón, y aliviando el total alboroto emocional.
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La luz del sol se reflejaba en el agua tan intensamente que iluminaba buena parte de las ramas y hojas del árbol donde estaba apoyada. Tal vez eran las tres de la tarde, o tal vez las cuatro; eso no importaba. El calor de la tarde le hacia respirar con mas profundidad el aroma a bosque antiguo, además que impregnaba su cuerpo en ligeras gotas de sudor en su espalda baja. Y, por mas que use un papelito como un abanico, el calor de su cuello, manos y deditos del pie no desaparecía por nada.
Estaba nerviosa.
Demasiado nerviosa.
- Te noto un poco roja… – el príncipe exiliado se asomó detrás de ella cual fantasma tocándole la frente y midiendo su temperatura – ¿Te gustaría acercarte al agua?
- Creo… creo que si – Shyvana desvió la mirada, con un poco de timidez, desconcertada por su propio actuar. ¿Acaso su valor de repente se había desvanecido?
Tomó la mano de su hombre y caminaron de la mano caminando sobre un pequeño y desgastado muelle, hasta llegar al final. Ambos se sentaron en las tablas haciendo que sus pies entren al agua sintiendo simultáneamente la frescura y calidez del agua.
Shyvana suspiro con fuerza, un poco aliviada al saber que su cuerpo y también su mente se estaban enfriando un poco.
- Hace mucho calor… – susurró, estirando un poco el escote de su vestido veraniego procurando que el viento le refrescase el cuerpo también, aunque logrando inintencionalmente que su príncipe asomara un ojo curioso a la piel expuesta.
La dama dragón lo notó, y, formando una ladina sonrisa, estiraba y cubría, saboreando y negando la curiosidad del hombre que tenía a lado.
- Que malvada….
- Je… hace demasiado sol… – dijo, dejando caer por su hombro la tira que sostenía su vestido – tal vez, te dejaría mirar… si pescas la cena.
El guiño de ojo que ella le dio completó el acuerdo, Jarvan salto de pie en su sitio sacándose la camiseta y arrojándose en un clavado al agua salpicando con fuerza a Shyvana.
La dama dragón lo vio desplazarse bajo el agua como un experto nadador, unos cuantos metros mas adelante emergió del lago para respirar. Desde su distancia le saludo como pudo para volver a sumergirse buscando con ansias algún desafortunado pez que cazar.
Shyvana sintió un poco de miedo debido al reto que le propuso, sin duda él estaba tan decidido que llegaría con un buen festín. Y ella tendría que…
Una fuerte salpicadura emergió del agua bajo sus pies, empapándola casi por completo. Seguido de esto una sombra que le llegó hasta la cintura se apoyo en sus rodillas mojadas.
- Uff Ya no estoy en tan buena forma como antes pero… ¿Me das mi premio ahora? – dijo, dejando a su costado cuatro pescaditos que servirían de cena esa noche.
La mujer dragón miro a Jarvan apoyado en ella mientras el agua resbalaba por su cabellera y espalda desnudas, el cual se deslizaba hasta sus mismas piernas. Ella sonrió, sorprendía porque ese jueguito haya llegado tan lejos.
Le tomo del mentón y se acercó a sus labios húmedos dándole un profundo beso como recompensa.
- Eso lo tendrás otro día~ – la evasiva de Shyvana hizo fruncir el ceño de Jarvan, quien esperando un segundo luego de esta respuesta, la tomo de la nuca y el brazo haciendo que ella se diera un chapuzón de cuerpo entero en el agua.
Shyvana emergió algo molesta, pero rápidamente fue atrapada por los brazos de él y atrapada por sus labios nuevamente. Un contacto que la hizo perder la noción de tiempo y lugar, pero que volvió a percibir al sentir las manos curiosas de Jarvan bajando desde su cuello hasta su hombro y que intentaban deslizar aun mas abajo la tira de su ropa.
- Hey… susurró entre el beso, presionando la cintura de Jarvan con un temblor que no era causa del agua.
Él detuvo sus manos inquietas y posiciono todo donde debería estar. Miró a Shyvana con una cálida sonrisa y por último obsequió un beso fraternal en su frente. Tal vez ella no dijera nada, pero él la comprendía.
Shyvana respiro mas tranquila, aliviada por sus acciones, inacciones y entendiendo que estar cerca del agua definitivamente tenía consecuencias muy peligrosas para ella.
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La noche no tardo en llegar y con ella las sombras de la oscuridad arribaron a la mansión.
Hicieron lo que pudieron para poder encontrar e improvisar velas o mecheros con las telas que tenían a la mano, los cuales iluminaron levemente el dormitorio que habían escogido. Éste precisamente contaba con una salida a un balcón, en donde improvisaron una pequeña fogata para poder tostar con tranquilidad lo pescado en la tarde.
El brillo de las estrellas empapó sus cabezas y el fuego de la fogata sus rostros animados. El nerviosismo en Shyvana casi había desparecido gracias a la comprensión del hombre que tenía en frente, quien ahora ventilaba el fuego evitando que se apagase.
- …recuerdo la tercera excursión que tuvimos. Acampamos en las orillas cerca del mar, tuvimos que comer.
- No me lo recuerdes, nunca me gustaron las almejas.
Shyvana froto su estómago, recordando ese terrible dolor que padeció precisamente en esa misión en las costas limitantes al sur de Demacia.
- Jeje… desde ese día siempre salimos con alforjas de carne seca para ti. Si, también fue el día en que descubrimos el pasado pesquero de Xin.
- Ese día desapareciste, lo recuerdo bien Jar. Xin te buscó como loco durante por un par de horas, pero al final… regresaste con buenas noticias.
- Si, convencer a la jefa de la aldea no fue nada… fácil…
- Si… – Shyvana bajo la cabeza, entendiendo lo que antes pretendía negar – ser líder de toda Demacia debe ser muy duro ¿No?
El tono de sarcasmo fue captado por él, y aunque caló con una leve culpa en su espíritu, no mostro signos de arrepentimiento.
- Ella quería a Garen, pero él se negó; por eso tomé su lugar y… – suspiró – Los lideres tenemos que tomar decisiones para que nuestra gente permanezca a salvo. Nos pudimos hospedar en el lugar y no llamaron a las fuerzas enemigas, todo fue bien.
- Si… todo fue bien… – la respuesta no le convencía del todo, pero era un pasado que no podía borrar por nada. Shyvana se levanto y se apoyo en el hombro de Jarvan, acurrucándose un poco con la manta que llevaba en los hombros – Solo… promete que no volverá a pasar ¿Sí?
- Lo prometo – afirmo, haciendo una cruz sobre su corazón y dándole un besito en la frente mientras con un brazo la cubría por los hombros – Nunca más…
Aunque en ese instante sintió esas palabras con toda la sinceridad del mundo, Shyvana también detectó algo de duda en esa respuesta. No tanto porque no se cumpliría, sino porque esa promesa se efectuaría siempre y cuando ellos estén lejos del reino. Lejos de las responsabilidades de su antiguo estatus de príncipe. La tristeza se reflejaba en el tono de voz, pero era escondida ante ella para no generar ninguna culpa.
¿Irse de Demacia era el deseo de Jarvan?
¿O tal vez solo era un deseo para poder estar con ella?
Un sacrificio tan grande equivalía el costo de su felicidad juntos ¿No?
Despertó de sus dudas cuando la mano rasposa de Jarvan tomo su mentón elevándola de su cabizbajo.
- ¿En qué piensas?
- Me preguntaba cuantas veces tuviste que "negociar" de esa forma – dijo mas por reflejo que por un pensamiento en sí, y cuando se dio cuenta de sus palabras, trató de esconderlas dándole un leve golpecito en las costillas – ¡Ushh!
- ¡Lo siento! L-lo siento – intentó hablar aunque contagiado por una risa ascendente mientras su cuerpo se encorvaba.
Shyvana cambio su ataque y en vez de dar pequeños puñetazos, empezó a picarlo con la punta de sus garras, disfrutando como él se retorcía en el suelo debido a las cosquillas que estas le provocaban.
Shyvana se tumbó con él, picoteando y pellizcando su abdomen y pecho contagiada por la risa y autoridad que sus garras podían darle.
Sin embargo, todo cesó cuando sus manos juguetonas fueron encerradas en un gran abrazo que la envolvió por todo su cuerpo.
Sus manitos dejaron de moverse y se apoyaron justo delante del pecho de Jarvan, el cual subía y bajaba de forma irregular debido a la agitación de instantes atrás. Tener tan de cerca su aroma, empezó a provocar sensaciones en todo su cuerpo, un leve cosquilleo que subía desde la punta de sus dedos y desembocaba locamente debajo de su nuca.
Embriagada por la calidez y esencia varonil de quien la tenía acorralada, Shyvana no pudo evitar subir sus tímidos labios y rozar tiernamente el cuello de su príncipe. Otro roce más le siguió, más alejado de la timidez que solía caracterizarla.
Luego otro, y otro…
Harto de su tortura, Jarvan agacho su cabeza, e, imitándola como un buen estudiante, hizo lo mismo, mordió sus labios humedecidos y besó con intensidad a la culpable de su amor.
Ella correspondió con creces este intimo contacto, profundizo su beso adentrándose con curiosidad insaciable hacia la boca del hombre que la volvía loca. Quería más, más y más.
Impresionado por la voraz audacia de la mujer dragón, Jarvan decidió dejarse llevar por el deseo que su entusiasta compañera estaba expresando. Se dejó encerrar por la espalda por esos brazos de muñeca, correspondiéndola de la misma forma. Las piernas de ella, que se mantuvieron tiesas hasta ese instante empezaron a moverse, rozando con inquietud sus propias rodillas intentando acomodarse sin éxito alguno.
Con curiosidad asesina, los dedos de Jarvan descendieron desde la espalda hasta la cintura de Shyvana, quien la tomo de las caderas y la acerco mas a si mismo, hasta sentir sus vientres y cinturas rozar entre sí. Shyvana lo sintió y dio un respingo que casi la obligo a parar con los besos, pero no, nada podía distraerla de disfrutar de ese húmedo contacto con el hombre que amaba.
Y se equivocaba.
Las manos del príncipe bajaron más, más ansiosos, más deseosos de explorar el terreno que tenían a sus anchas. Llegaron al límite de su mundo, el borde de la tela que cubría sus deliciosas piernas de dragón.
La tomaron del borde y empezaron a subir sin mirar atrás, dejando al descubierto los escamados muslos que se removían y pataleaban a causa de sus profundos besos con él. Y así, su tersa espalda empezó a exhibirse entre sus dedos, quienes ansiosos por tocar treparon por sus muslos y su cadera topándose con el cierre que encerraba su belleza.
La cremallera se deslizo hacia abajo con mayor rapidez que la que logro imaginar, e inmediatamente un torrente eléctrico recorrió por completo desde su cabeza hasta sus pies, tensando sus dedos, sus extremidades y toda el área de su abdomen y pecho. Impulsando involuntariamente a sus garras a moverse… y a clavarse justamente en el culpable de dichas sensaciones…
- Auch… – el quejido de dolor que dio Jarvan hizo que todo se paralizara, las manos, los pies, la respiración y hasta la misma pasión exhalaba su cuerpo. El siseo placentero que éste exhalaba se convirtió en uno que solo aguantaba dolor, aunque no por ello dejó salir un suspiro sonriente, como si hubiera presenciado la travesura de una niña pequeña – Creo que exageraste un poco…
Shyvana carcomida por la culpa, comprimió sus brazos frente a ella queriéndose formar en un ovillo pequeño, tratando de esconder la vergüenza que estaba pasando. Los brazos del hombre que la tenían abrazada no estaban colaborando a su tarea de relajarse.
- L-lo siento… yo… estoy muy nerviosa – admitió por fin.
Sabía que el dejarse llevar de esa forma traería consecuencias, aunque no podía evitarlo; total… no tenía mucha experiencia en el tema más que sus propias fantasías. Definitivamente las cosas eran diferentes a cuando pasaban por su mente.
Y aunque sus manos y caderas estuvieran cargadas de deseo, debía admitir que el sentimiento de vergüenza era mucho mayor, tanto así que por un minuto estuvo dispuesta a correr dentro a esconderse en el lugar más recóndito de la mansión.
Un suave y delicado beso se posó en su frente, enfriando sus pensamientos como una fría cascada que serenó hasta la ultima hebra de sus cabellos. Jarvan la miró sin juicios y con una sonrisa tan fraternal que alivió cualquier pensamiento negativo.
- Esta bien… – le dijo, desenredando sus piernas de las de ella y tomando una pequeñísima distancia entre sus cuerpos – tomémoslo con calma…
Shyvana sintió su corazón a punto de estallar, una emoción que solo podía describir como cuando un soldado iría a una guerra, a su primer combate. Solo para descubrir que el enemigo, enterado de su futuro fracaso huyera, dejando al joven guerrero confundido y con ansias de sangre.
Esto sin duda era más difícil que en los libros…
.
El piar constante de las aves, repico en sus oídos sensibles obligándola a abrir sus ojos ámbar. La sala donde se alojaban la recibió de vuelta del mundo onírico, aunque todavía estaba sorprendida por el hecho de amanecer en un lugar tan acostumbrado como lo era su habitación en la Torre del Guardian.
Procuro sentir su lado izquierdo, pero, donde debía hallarse su amante dormido, estaba tan solitario como lo había visto en sueños.
Shyvana se levantó frotándose los ojos para acostumbrarse a la luz diurna que emanaba de las ventanas. El piar de los avechuchos de fuera continuaba, como si le estuvieran llamando a que saliera a mirar.
No.
No sucumbiría ante ese llamado.
Al diablo. Tostaría a uno con una llamarada de fuego…
Caminó descalza por el salón emergiendo por el balcón hacia la luz diurna del bosque. Fuera, los rayos del sol la rodearon e impregnaron calor sobre las partes que su ancha camisa no alcanzaba a cubrir. Shyvana se preguntó que hora podría ser, y gracias a la posición del sol, argumento que posiblemente eran las 11 de la mañana.
¿Tanto así habría dormido?
Miró por entre las copas de los arboles que se ubicaban frente a su balcón, encontrando un movimiento que no era causado por el viento y, de entre las hojas, pudo ver una silueta moverse y por último, arrojar una fruta hacia el piso, mas precisamente en una cesta cargada de fruta.
Luego, cual primate, Jarvan apareció de entre las ramas colgando de un brazo equilibrando su peso y dándole un vistazo coqueto seguido de un "Oh, al fin despiertas" justo antes de saltar.
En el pasto silvestre, el príncipe exiliado dio un enérgico saludo a Shyvana que lo miraba perpleja. ¿Había mejorado tanto como para hacer ese tipo de piruetas? Con rapidez corrió escaleras abajo para encontrarse con él, bastante preocupada por su estado de salud.
Se apresuro a correr y logro salir al jardín, adaptando sus ojos a la luz y buscándolo en aquel mar de hojas verdes que le rodeaban. Con unos pasos más hacia adelante lo encontró caminando entre los árboles cargando con lo que parecían unas mochilas improvisadas fabricadas con ropas viejas.
Shyvana recupero el aliento apoyándose en sus rodillas y a la ves respirando un poco mas aliviada, pero no por ello menos molesta.
- ¿Qué haces? – dijo, con tono de reproche – Esto es demasiado peso y-
- Solo cargaba algo de comida para el viaje, la fortuna nos sonríe porque aquí crecen una variedad de manzanas y duraznos qu-
- ¡No! ¡Estabas trepando! ¡Y ahora cargas cosas pesadas! ¡Sabes muy bien qu-!
- Shhh – Jarvan interrumpió su dialogo poniendo su dedo índice en los labios de Shyvana haciéndola callar, y mas sorprendida que furiosa esto si sirvió para silenciar sus palabras – Lo sé, lo sé. Te concedo que estés preocupada, pero ya me encuentro mucho mejor. Además, tenemos que ganar todo el tiempo posible para partir. ¿No?
Desvió la mirada luego de observarlo a los ojos, después él se dio la vuelta y se acomodó una bolsa al hombro mientras seguía su rumbo adentrándose entre la vegetación.
Era imposible no sentirse culpable, sin embargo tampoco era alguien que se quedaba de brazos cruzados, fue así que tomando otra bolsa semi vacía se adelantó hasta alcanzarlo, poniéndose en frente de él unos cuantos pasos más adelante.
- Apuesto la cena a que lleno la bolsa antes que tú – dijo, mostrándole los colmillos en una brillante sonrisa, para luego emprender una leve carrera para dejarlo atrás esquivando las manzanas que estaban tiradas a montones en el pasto.
A sus espaldas pudo escuchar como las pisadas le seguían sumado a una risilla que endulzaba sus oídos. En plena carrera dio un saltito y sus garras tomaron una manzana la cual depositó en la bolsa; estaba enterada que Jarvan hacia lo mismo tras ella pero con cada paso que daba se sentía acechada como un animal que huye de un león.
Usando como arma otra fruta recogida, Shyvana giró y la lanzo directo al príncipe, chocando de lleno en uno de sus hombros.
- Oye, eso es trampa.
- ¡Los métodos no importan, tu harás la cena esta noche!
- ¡Pequeña bribona!
- ¡Jaja! ¡Jar!
Él arrojo el fruto mas cercano en su dirección esquivándolo de milagro mientras se alejaba de su contrincante. Shyvana emitió un grito saltando de nuevo, contraatacando con otra mortal munición de fruta. Le recordó tanto a su estancia en Freljord y su hermosa guerra de nieve…
Esquivó otra vez, riendo y saltando. Dejando que ese hombre le diera alcance y la rodeara desde la cintura acomodándose a su espalda dejando su mentón en sus hombros.
- Basta… aun no decidimos quien preparará la comida… – dijo Shyvana tambaleándose entre cortos pasos y rodeando sus brazos varoniles.
- Podemos hacerlo los dos… dejando esto como un empate.
- No acepto sus condiciones de empate príncipe Jarvan.
Ella se giró un poco mas para elevar el rostro y disfrutar de sus labios, pero un desliz en su caminar irregular sumado a un tropiezo con una fruta le hizo tambalearse tanto a ella como a él y terminaron de bruces en el suelo, aunque no importó ya que esto solo hizo acrecentar mas sus risas de felicidad.
Shyvana estaba tumbada sobre él, sonriendo; logró darse vuelta para aprisionarlo bajo ella. Jarvan continuaba riendo levemente, aunque se detuvo al verla acercar su rostro con lentitud.
La tomó del mentón aproximando sus labios y juntándolos en un afectivo contacto lo cual hizo a la dama dragón derretirse por completo, dejando caer su peso sobre él en un encierro delicioso de sus brazos y piernas.
Lo que al principio comenzó como una corta muestra de afecto empezó a ascender de manera gradual. Las manos que inicialmente se mantenían en sus rostros tomaron otros rumbos, como los de Jarvan que bajaban y subían por los escamados brazos y que poco a poco se deslizaban mas al sur, al limite de sus piernas que sobresalían seductoramente.
Cuando sus curiosos dedos llegaron hasta casi el inicio de sus muslos los besos se detuvieron, por parte de ella. Porque ella había bajado su rostro y ahora lo escondía entre sus cabellos alborotados y el pecho de príncipe.
- Volvamos a casa ¿sí?
.
Aunque no llegó al punto de la incomodidad, su regreso y el resto de la tarde transcurrieron con una curiosa normalidad. Las horas pasaron veloces mientras se dedicaban a preparar sus mochilas con víveres e implementos para el viaje; trazaron un mapa improvisado de la ruta que seguirían para llegar mas al este, donde los bosques más allá de las Montañas Plateadas esperarían su llegada. Todo estaba listo.
Excepto la cena.
Cuando creyeron que tenían todo lo necesario, sus estómagos empezaron a gruñir exigiendo atención.
Con lo poco que tenían empezaron a cocer un poco de sopa de verduras, entremezclada con las patatas conseguidas esa tarde y con ciertos ingredientes que parecían comestibles. Shyvana no podía decir que era una experta cocinando, pero estar moviéndose en los mesones de la estufa entre los movimientos de su hombre que ocasionalmente chocaba con ella, cargaba su pecho de una felicidad incomprensible. Amaba tenerlo cerca y con él a su lado, hasta la tarea más mundana o difícil le resultaba satisfactoria.
- ¿Y cómo sabemos que es comestible?
- Tu solo trae los platos y ya Jar – dijo, dándole un empujoncito en el hombro.
Debido al frio del ambiente optaron por acomodarse frente a la chimenea, donde el fuego les iluminaba de un rojo pasional.
Al regresar y entregarle lo solicitado, Jarvan se acostó en la alfombra cruzando los brazos bajo su melena, cerrando los ojos en señal de cansancio.
Shyvana no vio esto con malos ojos, entendía que en su estado debía de ser tan duro tomar una decisión tan trascendental y por eso le dejaba pensar o tomar los descansos que quisiera.
Al tener en sus manos el plato de comida caliente se dispuso a dársela posándose encima de él, pero al momento de ver su sereno rostro no pudo mas que si no verlo y admirarlo aún más y preguntarse que es lo que estaría pensando en hacer todo esto por ella. Emprender un viaje sin retorno.
Parpadeó, no con confusión ni cansancio. Estaba pensando en lo que les depararía el futuro y como es que se enfrentarían a él. ¿Qué sucedería en tres meses? ¿En cuatro años? ¿Qué sería de ellos en décadas?
Dioses. Lo amaba tanto, que no se ponía a pensar en ello. Y eso la enfurecía. La enfurecía demasiado.
Con su ira creciente no se dio cuenta cuando el plato en su garra empezó a tornarse roja debido al calor emitido de sus dedos. Fue tal, que hizo que el contenedor de arcilla no pudo mas y se resquebrajo derramando todo su contenido sobre la sudadera de Jarvan haciéndolo despertar con un fuerte y quemante dolor.
- ¡Ah!
- ¡L-lo siento!
Con velocidad Shyvana fue a tomar el trapo que tenia mas al alcance y con rapidez empezó a secar el lugar donde le había caído el liquido caliente. Jarvan bastante dolorido se apresuró a quitarse la camiseta intentando secarse con su ropa ahí donde le había caído la sopa.
Cuando ya hubo pasado el dolor y el susto, además que él estaba casi completamente limpio el ambiente empezó a tornarse en una dirección un tanto acalorada.
Se había puesto encima de él para limpiarlo mejor, mientras que él estaba tendido sobre la alfombra. Siendo ambos iluminados por el rojo de las llamas de la fogata que tenían a un lado.
Shyvana tenia los dedos sobre él, sobre su pecho desnudo el cual se había puesto a detallar con sus dedos que antes lo habían limpiado, y al que ahora no podía despegar la vista.
- Me quemaste… - susurró Jarvan.
Shyvana aun con los dedos en sus clavículas, trazó un seductor camino hasta llegar al pectoral formado del hombre que tenía en frente, apoyando su mano justo sobre su corazón.
- Yo también me estoy quemando…
Fue un impulso, uno veloz, uno apasionado. Tan rápido que ni siquiera dieron a sus cuerpos tiempo a responder al llamado de la pasión.
En un veloz choque de cuerpos, sus labios se impactaron con barbarie. Conquistados por el apetito que el momento les proporcionaba, sus manos desesperadas empezaron a palpar sin pausa ni desdén los pectorales de quien tenía en frente. Frotando y degustándose de su firmeza.
Jarvan por otro lado era más paciente, o al menos lo intentaba. Complacido entre besos y leves jadeos, empezó a desabotonar con calma los broches del vestido en la parte que hacía de escote; bajando con suavidad destapando entre las telas el color purpura y escamoso de sus pechos y abdomen.
Shyvana detuvo sus besos al sentir una brisa y un par de dedos colándose al frente a su ropa, aun sorprendida, la vergüenza de la situación pudo con ella y se obligó a desviar la vista de él, y termino acomodando su mentón en el hombro de su amante, abrazándolo en el proceso, mientras su cuerpo reposaba sobre sus muslos. Podía sentir como en sus piernas, Jarvan procuraba no moverse evitando rasparla con su pantalón raído… y también podía sentir otra cosa…
Sentada sobre su pelvis, Shyvana sintió como él, entendiendo su tímido comportamiento le acomodó las ropas, frotando con cautela la tela que la cubría. Shyvana comprendió. Con un leve suspiro asintió aun apoyada en su cuello dando permiso de que continuara.
Así, sus dedos continuaron su labor, desvistiendo y aflojando los últimos botones que la cubrían, pero aun manteniendo los lienzos en su sitio.
La mujer dragón cargo de aire sus pulmones al sentir como las audaces manos se adentraban en su ropa palpando con discreción los costados de su cintura. Por impulso apretó sus brazos sosteniendo entre ellos a su hombre, sus piernas se tensaron y repitieron lo mismo, cerrándose en un profundo abrazo que acorto aún más su distancia.
Sus pieles se tocaron, cada extensión de sus poros ahora se rozaba entre sí. Los pechos de Shyvana chocaron con los pectorales de Jarvan, presionándose con más fuerza con cada respiración que daban. Poco a poco, se hacían mas irregulares, mas agotadas y contenidas… mas ardientes.
- No estas usando… — susurró Jarvan, sorprendido de la audacia de la mujer que tenía en sus brazos.
- No había en los cajones de arriba… — dijo en una risilla, al entender a que se refería, mientras él tenía las manos en su cintura.
Jarvan rio suavemente, impresionado por no haberse dado cuenta antes, y a la vez, mas emocionado por descubrir que la tuvo de esa forma durante todos estos días.
Trepando cuidadoso como una serpiente acechando a su presa, el príncipe exiliado subía acariciando sus costillas, sus vertebras, y así llego casi al fin de su deliciosa espalda; palpando con suavidad sus hombros, bajó por éstas volviendo a repetir su recorrido de manera inversa haciendo que ella se estremeciera soltando un profundo y tembloroso suspiro.
- Mmmhhh… ah… —al sentir los labios en su cuello, Shyvana no pudo aguantar, su cuerpo se deshizo, impaciente, ávido de que aquellos labios sientan mas de ella. Empezó a moverse con lentitud, a los costados, arriba y abajo. Sus garras frotaban el cabello de su hombre tratando de que pegarla mas a su cuerpo, quien no tardaba ni un segundo en corresponder tal urgencia.
Los besos se convirtieron en ligeras mordidas, a veces suaves, a veces duras. Cuando el deleite de su cuello no fue suficiente, sus deseos de exploración tomaron la iniciativa. Bajaron con todo mimo por sus clavículas, y su escote perlado con diminutas cicatrices. Con un recorrido de sus besos, empezó a trazar un camino por sus hombros, deslizando en el proceso el vestido que por milagro se mantenía ahí.
El lado derecho de su ropa se deslizo arrimándose hasta el codo dejando expuesto buena parte de sus pechos; estaba dispuesto a dar la misma atención a su lado izquierdo pero… la impaciencia le ganó. Con brusquedad, la alejo de él. Shyvana le miro en una mezcla de confusión y deleite, y cuando estuvo a punto de decir alguna palabra, un fuerte choque eléctrico impacto en su cuerpo.
Beso sus pechos con rudeza, tanta que incluso ella se asustó un poco. Pero el placer por el trazo que hacía sobre su piel no se comparaba con ninguna sensación que pudo tener antes.
- ¡Ah! — gritó, impactada por sentir los deliciosos labios del príncipe chupando ansiosamente su pezón derecho — Mmhhh ah…
Mordió con leve agresividad, maravillado por su forma y sabor. Su deseosa lengua lamio la punta, alrededor, arriba, abajo. Y con una profunda exhalación dejó salir su aire, provocando en Shyvana que el recorrido húmedo le diera un escalofrió de placer. Ante tal respuesta él continuó mas decidido. Esta vez se introdujo entre la voluptuosidad de sus senos, trazando un camino de besos en el borde de sus montes, y, saltando al erecto pezón izquierdo procuro darle el mismo cariño que le dio a su gemelo.
Shyvana extendió su cuello, hacia atrás; dejando a su hombre degustar del frio de sus dos montañas. Se sentía bien, muy bien. A medida que la presión de sus labios se intensificaba, también lo hacia el fuego en su interior. Él trazó deliciosos hilos con su dedo índice, recorriendo la superficie de sus muslos, trepando por su seductora cadera y terminando su camino en los hombros, los cuales empujó con sutileza atrayéndola con más fuerza hacia sus labios que chupaban con pasión. Shyvana se aferró al azabache de su cabello, gloriosa y cargada de júbilo presiono con mas fuerza hacia sí, procurando que no exista ni un solo poro de piel quede sin contacto con su fuente de placer.
- ¡Ah! – gritó cuando sintió como era sostenida con fuerza por su espalda baja, y por un segundo pensó que sus alas se estaban desplegando, pero no era el caso. Su príncipe le elevo un poco para dejarla caer sobre la alfombra, poniéndose sobre ella y dejando su cuerpo caer rodeándola por completo. Shyvana no perdió el tiempo, dominada por su amor, arremetió salvaje a los labios de su príncipe, degustando su sabor pausándose solamente para poder respirar y lanzar risillas cómplices.
Las manos de Jarvan no se quedaron quietas, mientras besaban con desde los labios purpuras de Shyvana acarició su delicioso cuello, sus pechos erectos, su perfecto vientre escamado explorando el lado mas sur de su cuerpo rozándolo con total delicadeza. El beso que compartían se pauso por un cuarto de segundo, pero fue retomado con suavidad por Shyvana, para Jarvan fue como esperar expectante una declaración de guerra en territorio hostil.
- Mmm… — un gemido ahogado entre sus labios se interpuso entre sus respiraciones. Shyvana desvió su rostro a un costado sosteniéndose con fuerza de uno del cuello de Jarvan, sintiendo su tacto rozar entre su intimidad.
- Si gustas podemos… – la voz de Jarvan susurró en su oído, pero fue interrumpido al sentirse rodeado de los brazos de su hermosa cautiva, dejando de lado las dudas quien asintió como pudo – Bien…
Las falanges gruesas frotaron con sutileza su centro. Arriba, abajo, se desviaban a sus muslos, frotaban sus glúteos formados, como si degustara de acechar el entremés principal. Shyvana por otro lado cargaba su pecho con un ardor exquisito que le devoraba el vientre y el pecho que no paraba de respirar agitado. Su voz volvió a salir, fuerte, hermosa, agónica por el placer que sentía.
Sus garras se descontrolaron al sentir como su hombre le besaba el cuello, sus senos, sus hombros. Y cuando sintió que Jarvan se adentraba en ella, no pudo evitar dar un respingo trepidante seguido de un fuerte gemido de gloria.
El dedo de su príncipe se removía con sutileza en ella, entrando y saliendo, con delicia, con pericia y habilidad. El grosor se incrementó de manera gradual; tener dos dedos dentro de ella era un goce difícil de describir, tanto para su mente como para su cuerpo. Pero éste último reaccionaba de manera natural, removiéndose en un vals y un ritmo que era dictado por él.
Su propia humedad empezó a manifestarse, la sentía resbalar por su intimidad, deslizándose por entre sus glúteos e impregnando los gruesos dedos que entraban y salían de ella. Aquellas falanges expertas que trazaban deliciosos círculos, que se abrían y cerraban en horizontal y vertical, y cuya velocidad variaba a un exquisito e indeterminado tempo.
- Ah… – dio un gemido profundo dejando salir el vibrante aire de su garganta extasiada – Si…
Él continuó y continuó, el movimiento de sus dedos no paraba haciendo que su cuerpo revoloteara de placer el cual no podía ser contenido. Gemía, ladeaba el cuello de un lado a otro, contenía la respiración para exhalarla rápidamente. Impulsando mas sus deseos Jarvan descendió por todo su cuerpo, dando un recorrido de mordidas suaves y deliciosas sobre sus senos, sus costillas y su delicioso y trabajado abdomen. A medida que descendía Shyvana podía sentir como su cuerpo era cargado por una electricidad que llegaba a cada una de sus extremidades el cual se acrecentaba mas en el centro de sus piernas.
- ¡Dioses!
El príncipe repaso su lengua por sobre ella, su punto más sensible, que era saboreado con delicadeza y elegancia. Las garras de sus manos que se aferraban con fuerza a las sábanas saltaron al piso del lugar, rasgándolo y clavándose con tanta fuerza que convirtió las maderas en simples astillas. El hombre entraba y salía con sus dedos mientras mordisqueaba con avidez cada pliegue de su centro, degustándolo con tal fervor que parecía que fuera la última gota de agua en el desierto. O tal vez lo era. Esa parte del cuerpo… era un oasis para sus labios.
Shyvana en cambio no podía dejar de moverse, mecía sus caderas de atrás adelante procurando que su intimidad sea tocada y penetrada con más profundidad por los labios y lengua de Jarvan que, entendiendo el mensaje corporal de la mujer no dudaba en acelerar su ritmo complaciendo al temblante clítoris que pedía más a cada segundo.
- Si Jar… hazlo más rápido… mmhhh…
Las plegarias estaban siendo escuchadas, la celeridad creciente se sentía en sus pliegues y en sus paredes que eran rozadas con delicia. Mas veloz. La magia de los dedos de Jarvan no tenia igual, le hacían sentir que podía volar sin la necesidad de convertirse en dragón. Y a medida que sus dedos prendían en velocidad su goce se incrementaba al infinito.
Movida por el deseo, elevo sus piernas apoyándolas sobre la espalda de su príncipe encerrándolo en un ferviente abrazo evitando que pierda un segundo de contacto. Él en cambio desplazo su mano libre para poder encerrar uno de sus senos en un fuerte agarre que a Shyvana le produjo un escalofrío, uno que transito por todo su cuerpo y que no se detuvo hasta llegar a su centro. Ahí donde Jarvan le estaba dando tanta, tanta atención. Esa era una llama que no se podía apagar.
La corriente eléctrica subió por las garras de sus dedos, pasando por encima de sus largas piernas, por sus muslos, su jugosa intimidad y por último por su abdomen y pecho que respiraba agitado.
Estaba…
- ¡Ah!
Exhaló lo que creyó fue su último aliento, con tanta satisfacción, tanta dulzura que ni imagino que fuera ella la dueña de esa voz tan delicada. Sus músculos se contrajeron en lo que creyó que fue el momento mas emocionante de su vida; apretados, contraídos por todo el placer que había recorrido su cuerpo. Cuando al fin fue consciente de que podía respirar, pudo sentir como los dedos de Jarvan salían de su húmeda intimidad, dejando tras de si un hilo transparente de su amor el cual llevo a sus labios y lo saboreo cual ambrosía.
- ¿Te gustó? – preguntó, dirigiéndole la mirada que cruzaba por sus montes agitados, frotando sus labios en el muslo más cercano.
Shyvana lo observó extenuada, pero pudo menear su cabeza en señal afirmativa, desde ahí vio como Jarvan se levantaba subiendo por su cuerpo cual serpiente frotándose por su piel empapada de sudor. Llegó hasta su rostro y, tomándola con delicadeza del mentón la besó con dulzura. Ella sintió un sabor en ese contacto, era el suyo. Pero esto encendió mas su deseo y besó con mas fuerza los labios de su hombre.
Gradualmente, la fiereza de su contacto empezó a elevarse con ímpetu, así como la energía que volvía a sus músculos y regresaba a su movimiento. Jarvan se removió sobre ella, esta vez meneando su pelvis entre las piernas de la mujer dragón. Ella se dejó de tabúes, con la mano que frotaba su espalda varonil empezó a descender hasta llegar al bulto del pantalón que se meneaba sobre ella, rozándolo por encima y obligando a su pareja a soltar un gemido leve y sordo.
Frotó la tela con avidez, tal como le llevaba el deseo y la curiosidad. De arriba abajo… de arriba abajo…
El sentir sus besos mas lentos le hizo darse cuenta de que su hombre estaba empezando a perder concentración, cosa que alimento mucho su ego. ¿Lo estaba tocando bien? El brumido que emitió desde su garganta señalaba que sí.
Sus deseos no se contuvieron más, de manera veloz sus garras se introdujeron den los pliegues de su pantalón, apretando su erecta longitud degustándose de su grosor y calidez.
La sorpresa de Jarvan no se hizo esperar, definitivamente una iniciativa así lo había dejado mas que pasmado, y mas viniendo de una mujer como ella. Como pudo usó su mano libre para deslizar sus pantalones mas abajo ahora que el muro de la vergüenza se había desvanecido y, ya libre de esa prenda el movimiento de su cadera continuo mas ferviente que antes.
Entre la tormenta de besos y caricias, Shyvana desviaba la vista ocasionalmente hacia abajo, aquello que tenía en manos hace segundos ahora se frotaba sobre su vientre, goteante y firme. Rozando con ligera brusquedad y pasión su clítoris ansioso de atención.
Alcanzó a dar un toque justo antes de que Jarvan se levantase de golpe y se acomodara un poco más debajo, dando unos besos profundos como una despedida mientras se alejaba de su rostro. Sus manos se deslizaron por sus pechos, cadera y llegaron a sus muslos los cuales apretaron con ligereza haciendo que se abran un poco más; ella no dudó en hacerlo.
Nuevamente con la pasión a flor de piel, sus dedos patinaron por sus muslos húmedos llegando a su centro el cual froto con fogosidad, preparando su entrada.
Shyvana tomo aire de manera instintiva, vio a Jarvan tomar en su mano su virilidad frotándola e impregnando su esencia dispuesto a lo inevitable, acercándose lentamente y chocando con su piel.
El éxtasis se apodero de su cuerpo mientras él se abría paso en su interior, dejándose llevar por sus instintos salvajes adentrándose totalmente en ella.
- ¡Ah!
El sonido lo confundió un poco, pues éste no era como los anteriores. Poniendo mas atención al rostro de su amante, Jarvan se dio cuenta que unas pequeñas lagrimitas goteaban de sus ojos ámbar.
Entendiendo lo sucedido se acercó al oído y tiernamente habló en susurros.
- Lo siento… no creí que fueras…
Ella lo detuvo, encerrando sus labios en un beso que lo dejó sin habla y con un rostro interrogante.
- Nunca se me presentó la oportunidad…– dijo, tomando su rostro entre sus garras y delineando un camino con su dedo índice que bajaba hasta su abdomen – Es muy difícil siendo un dragón. ¿Sabes?
Ambos compartieron una sonrisa sincera seguido de otro contacto labial que recargo sus pasiones. Esta ves Jarvan se movió con más delicadeza frotando con cautela el cuerpo de Shyvana procurando calmar sus miedos.
Cuando creyó que el cuerpo de su amante se había acostumbrado a su tamaño Jarvan salió y entro con mas fuerza. El gemido fuerte a tosco que emitió la dama dragón era la señal que estaba esperando.
Repitió el proceso, entró y salió, con mas fuerza. Entró y salió, su nombre se escuchó en la habitación. Entró y salió, un grito fuerte de "sigue" inundo sus oídos. Su cadera se movía en un delicioso vaivén de pasión y lujuria.
- ¡Si…! Asi… Sigue… Ahhh…
Era glorioso. Explosivo. Era como convertirse en dragón sin dejar de ser ella misma.
Cada estocada era fabulosa, un proceso tan básico como un movimiento de cadera llenaba su cuerpo de fuego y una electricidad que iba y venia para hacerle sentirse amada y cargada de goce.
Era como estar en el cielo.
Su deseo animal empezaba a manifestarse, su deseo de sangre, su salvajismo y naturaleza dracónica de consumirlo, de morder y rasgar… de devorarlo…
En una audaz muestra de valor, ella se libró de la prisión de sus brazos, tomándolo de los hombros y lanzándose sobre él. Sus intimidades chocaban entre si y con el ferviente y constante movimiento de sus caderas, ambas partes comenzaban a consumirse por el deseo.
Jarvan quedó expectante, confundido por la pizca de control al que ahora estaba sometido. No le gustaba perder el control en nada, pero ahora, justo ahora le encantaba sentir miedo y curiosidad de lo que aquella mujer fuera capaz de hacer.
Rápidamente y con un voraz apetito se abalanzó a sus labios, descendiendo salvajemente entre el rasposo mentón y el cuello que tantas veces la había enloquecido.
Lamió, mordió, chupó y masticó, impulsada por el lascivo sonido de su hombre que gemía bajo si misma. Moviendo sus caderas con salvajismo procurando que sus sexos se tocasen sin pausa.
Quería hacerlo suyo… ahora era completamente suyo…
Si… era suyo…
Pero con él las sorpresas nunca se terminaban.
A pesar del doloroso placer de su salvaje amante, Jarvan se dio el modo de disfrutar de ser sometido y sorprendido en este gusto recién adquirido. Aun así, no se rendiría tan pronto a algo tan nuevo como era esta experiencia.
Mucho menos en un campo de batalla donde él era ya un veterano.
Con ambas manos sujetando las caderas de Shyvana, deslizó sus dedos por el desnudo y escamado torso subiendo centímetro a centímetro dándose tiempo para detallar cada área y sección que nunca tuvo tiempo de conocer. Sus manos alcanzaron sus costillas y por fin rodearon sus pechos, palpando con ínfimo detalle las deliciosas puntas ahora erguidas y duras de placer.
Shyvana contuvo su voz dejando de besar con deleite el cuello y pecho de su amante, extasiada por la increíble sensibilidad que sentía justamente en esa área. Jarvan pellizco con delicadeza aquellas cumbres entre sus dedos, frotándolos con lentitud y delicadeza. Ella no pudo soportarlo, el goce era tal que sus movimientos estuvieron a punto de detenerse y le obligó a bajar el ritmo de su cuerpo. Un pesado suspiro cargado de toda su humedad broto desde sus labios hambrientos, haciendo que se derrumbara sobre él, abrazándolo; clavando sus garras al piso como si se aferrase a un acantilado esperando no caer.
Y como un baldazo de agua fría, sucedió otra sorpresa.
Esta vez no pudo evitarlo, el gemido que broto desde sus labios reverbero en sus propios oídos, tanto que sintió como el culpable de todo se removía orgulloso entre sus pechos agitados y que disfrutaba como sus músculos se contraían del goce. Jarvan aprisiono uno de sus pezones entre sus labios comenzando a degustar de su sabor de su cuerpo. Mordiendo, succionando con extrema cautela y lentitud como un rey que degusta un banquete con todo el tiempo del mundo. Tales choques eléctricos recorrieron su espalda, sus pechos, su bajo vientre… sus músculos quedaron estáticos tratando de asimilar todo lo que estaba sintiendo.
El hombre debajo suyo, enterado de su falta de movimiento aprovecho la situación. Con lentitud la tomo de la cintura, sin descuidarse ni un segundo de la atención que le daba a sus montes erectos, que seguían siendo atendidos con total mimo.
Ante la toma de poder nuevamente, Shyvana no pudo mas que oponerse débilmente, dejando su cuerpo ser elevado un poco del piso dejándola sentada sobre sus piernas y rodeada con sus brazos al cuello de su amante.
- ¡Ah…! — los curiosos dedos del príncipe se deslizaron por sus vertebras descendiendo hacia el centro de sus glúteos los cuales apretó con fuerza elevándolos para volver a bajar con brusquedad, acrecentando la profundidad a la cual penetraba, repitiendo el proceso cada vez con más pasión.
Shyvana se aferro como pudo a la espalda de su amante, las sensaciones combinadas eran tan extremas que su vista se nublaba desvaneciendo sus sentidos para regresar y volver a desaparecer nuevamente. Y así como sucedió hace instantes, sentía la ola de placer crecer nuevamente.
- Mas Jar… Mas… dame más…
Obedeciendo sus suplicas, el príncipe acrecentó sus estocadas, mas duro, mas salvaje. Aferrándose a la mujer que tanto amaba el tomo de la cintura y se movió con fuerza y lujuria. Agradecida con todo esto Shyvana disfrutaba y dejaba a su príncipe tocarla como le diera en gana, dejando salir su voz y repitiendo su nombre una infinidad de veces, lo cual cargaba sus oídos con deseo así como el éxtasis en todo su cuerpo que estaba a punto de llegar a su límite.
Con el sudor resbalando entre sus cuerpos y que se juntaba ahí donde sus sexos se tocaban, Jarvan incremento su fuerza con toda lujuria. La velocidad, el deseo… todo exploto cuando un grito ensordecedor salió de la garganta de Shyvana llenándola de júbilo y felicidad infinita. Toda su mente se puso en blanco. No escuchaba ni siquiera los latidos de su corazón que palpitaba a mil por hora.
No fue hasta que sintió como su hombre se derrumbaba sobre ella que sus sentidos empezaban a regresar. Su respiración, sus los latidos de su corazón…
- Dioses…
Frotando con suavidad la salvaje melena de Jarvan, Shyvana le acaricio los cabellos y la espalda algo herida por sus garras, sintió como él perdía firmeza en su profundidad y poco a poco salía de ella dejando tras de si en un hilo blanco producto de su deseo.
Jarvan se derrumbó a un costado y ella logró acomodarse sobre su pecho aferrándose lo mas que pudo a su cuerpo.
- Eso fue…
- ¿Fantástico?
- Iba a decir agotador, pero me quitaste las palabras de la boca.
Un pequeño azote en su pectoral derecho fue propinado por Shyvana, seguido de una risilla compartida.
- Sabes, uno de mis sueños siempre fue estar así contigo.
- También mío…
Shyvana se incorporó sobre su codo para mirarlo con mas detalle, luego descendió hasta atrapar los labios con los suyos.
- Te amo Jarvan…
- Y yo te amo Shyvana…
Sus miradas quedaron extendidas ahí, y aunque se acomodaron para descansar no dejaron de verse profesando lo mucho que se querían.
Siendo el fuego el único testigo de lo sucedido esa noche, ambos lograron taparse con la tela mas cercana y descansaron con la mayor paz y felicidad que tenían. Confiados en sus propios cuerpos y en sus almas que vivían correspondidas.
- Jar…
- ¿Si…?
- Mañana hay que levantarse temprano…
- Mmmhhhh…
.
Los primeros rayos del sol empezaban a adentrarse por la ventana y chocaban directamente con los deditos de las piernas de Shyvana, procurando despertarla.
En sus primeros parpadeos la vista que tenia en frente y los recuerdos de lo sucedido anoche regresaron a su mente haciéndola ruborizar al instante. Las cosas con respecto a los primeros meses habían cambiado bastante. Toda la vida que tenia antes ahora era completamente distinta.
Tal vez, si hubiera permanecido en su perfil bajo y pasiva como siempre nada de esto hubiera sucedido. Puede que las cosas hayan ido mal, peor o tal vez mucho mejor.
Pero esto era el aquí y ahora, tenia el amor del hombre que siempre amo, tenia la libertad que siempre quiso y ahora estaban preparados para hacer un viaje sin retorno ahí donde encontrarían la felicidad.
¿O tal vez no?
Por un momento llegó a dudar de si esta era la decisión correcta, pero olvidaba el hecho concentrándose en su razón de vivir. En él. Sin embargo con el paso de estos días la reflexión y el significado búsqueda de felicidad era un tanto difuso cuando se ponía a pensar en ello.
Amaba con todo su corazón a Jarvan y estaba dispuesta a todo con tal de verlo feliz.
Él… también… Y no solo había sacrificado algo tan sencillo como dejar una torre y ya. Había sacrificado el amor de su gente, de su familia. De todo un reino que dependía de él y que él mismo había jurado proteger por su honor. Esto llegó a romper su corazón días atrás, y verlo magullado y herido la anterior tarde le hacia pensar que tal vez el dejar atrás su ciudad no le haría nada bien.
¿Pero que había de ella? ¿Acaso no podía ser un poco egoísta? ¿Pedir un poco de libertad con el dueño de su corazón era tan malo?
Shyvana exhalo un suspiro que choco con el pecho de su hombre que aun permanecía dormido frente a ella.
Su oreja percibió un tacto sutil que la hizo mirar hacia arriba encontrándose con los orbes esmeralda que la miraban con dulzura.
- ¿Sucede algo?
Shyvana lo miró, primero con amor y luego con confusión.
¿Era correcto seguir el camino que se había trazado?
La dama dragón parpadeó reflexionando todas las decisiones que hubo tomado hasta la fecha, y llegó a la rápida conclusión que escapando no lograría nada. Debía enfrentar sus miedos, así como lo hizo tantas veces y cuyo camino inició cuando asesino al dragón que mato a su padre.
No seguiría un camino fabricado por meras circunstancias y casualidades, seguiría adelante llevada por sus propias decisiones.
- Jarvan… ¿Me amas?
Sin una pizca de duda, el príncipe la tomo del mentón y la besó.
- Te amo…
- ¿Amas a tu reino?
Aunque la pregunta lo tomo por sorpresa, su respuesta fue sincera y dicha con un largo cerrar de ojos.
- Amo a mi gente y todo lo que representa… Pero-
Shyvana lo detuvo ahí, cerró sus labios con un dedo mientras lo miraba con fiereza y valor.
- ¿Quieres irte de Demacia?
Un silencio eterno se produjo entre ambos.
- No…
Saber que esta respuesta era sincera era suficiente para hacer sentir a Shyvana segura de lo que iba a hacer. Las decisiones difíciles requerían voluntades fuertes.
- Entonces me quedaré contigo.
- Per-
- Te amo Jarvan. Amo a la persona que está detrás de la corona, a la persona al cual la gente admira y aunque continues portándola seguiré contigo. No importan los enemigos que vengan, no importan los desastres que se avecinen, me quedaré a tu lado, no por obligación sino porque quiero hacerlo y quiero que confíes en mi para enfrentarlo juntos.
No mas mentiras, no mas dudas.
Ambos se miraron y a continuación acercaron sus rostros besándose con pasión y sinceridad.
- Te amo Shyvana…
- Te amo Jarvan…
.
Usó la lanza que tenia para alejarse algunos bichos que se sentían seducidos por su sangre, y luego retomo la caminata liderando al pequeño escuadrón de soldados que le seguían.
La campaña de búsqueda había durado ya cerca de tres días y a los únicos que pudieron capturar fue a un par de famosos noxianos con apenas ropa y al mismísimo Guarda Real, Garen Grownguard que apeló en su defensa. Estos tres individuos alegaban haber visto a Shyvana retomar su forma dracónica y adentrarse en el bosque con el príncipe en una de sus garras.
Xin Zhao no pudo hacer mucho para defenderlos y solo garantizo su seguridad en una estancia cómoda pero vigilada cuando regresaran a la ciudad, sin embargo, con su actual caravana se habían adelantado a encontrar a su príncipe secuestrado en cualquier estado en que se encontrase. Así, pudieron dar un una antigua y vieja mansión en medio de un enorme manzanar que en sus años dorados una vez hubo pertenecido a la familia Buvelle.
- Ustedes inspeccionen el jardín de allá, ustedes tres vengan conmigo.
Con pasos cuidadosos tomó la delantera asomándose de ventana en ventana intentando encontrar alguna pista del príncipe heredero.
No encontró nada en las tres primeras ventanas, pero en la cuarta…
Rodeados por lo que era solo una simple sabana, yacía una pareja de enamorados solo ataviados con su piel desnuda, y que permanecía abrazada y brindándose amorosos besos de cariño.
Xin Zhao obligo a sus ojos rasgados a expandirse más allá de su limite por la sorpresa que tenía ante ellos.
Con rapidez giró y elevo las manos deteniendo a sus soldados.
- A-alto, alto ahí – gritó levemente – V-vayan… vayan a inspeccionar hacia allá, eso en esa dirección. Yo me quedaré aquí para vigilar el perímetro.
Cuando su compañía desapareció entre los arboles Xin se dejo caer en una de las gradas de la construcción, tomándose los pelos de la cabeza en signo de total desesperación.
- ¡Dioses! ¡Como voy a explicárselo a su padre!
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Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
Por fin, por fin luego de tantos años de espera este capitulo al fin pudo ver la luz!
De verdad lo lamento, en serio que lo lamento tanto y a la vez agradezco la infinita paciencia que han tenido con esta historia. Los amo, amo por haber seguido hasta aqui y continuar exigiendo ver el final de esta historia.
Esto funciona como un regalo de navidad. Espero lo disfruten.
