500 palabras.


23. Traición

Heero actuó con fría eficiencia. Se hizo con armas, municiones y una moto. En menos de cinco minutos estaba siguiendo la ruta de la furgoneta en la que trasladaban a Duo. Por la prisa, debió confiar en el trabajo de la policía local, cuyos reportes indicaban que, según las cámaras y testigos, ese era el vehículo correcto.

Siete minutos después, tuvo ante sí la furgoneta. Había sido abandonada. La policía reportó que los secuestradores cambiaron de vehículo y que no tenían ninguna pista de qué medio habían usado para escapar, pues el punto elegido para el traspaso carecía de cámaras, dando cuenta de la premeditación con la que habían calculado cada uno de sus movimientos.

Cambió el canal de la radio al que usaba Preventers. Esa banda de inútiles, que sacrificaban a sus propios hombres sin darles el respaldo necesario, también les habían perdido el rastro, pero notificaban detalles de la organización en la que se había infiltrado Duo y que era prioritario hallarlo pronto, pues estaban seguros de que el objetivo del ataque era asesinarlo.

Apretó los dientes. Tendría que llegar a él por sus propios medios.

La opción infalible no era tan rápida ni viable como le gustaría: hackear un satélite desde su celular. Imposible para muchos, no para él si la vida de Duo dependía de ello. En media hora traspasó más barreras de las que había visto en cualquier otro sistema para poder ingresar las coordenadas de la furgoneta abandonada. Ahora debía esperar que recopilara las imágenes grabadas de esa ubicación. Solo así podría seguirles la pista.

Sin embargo, la carga de información demostró ser lenta, dándole tiempo para que la sensación de irrealidad lo asaltara. Apenas un rato antes caminaba hacia la puerta confundido porque Duo lo quería lejos, hasta que su voz llamándolo por su nombre lo detuvo.

—No estoy tratando de deshacerme de ti.

Heero le había dado una mirada de incomprensión por sobre el hombro.

—Necesito tiempo —aclaró Duo—. Y tú también. Piensa bien qué quieres decirme, no quiero escuchar nada de lo que te arrepientas luego, ¿de acuerdo? Si esto no hubiera pasado, no te habrías acercado nunca a mí —volvió a recordarle aquel punto que no podía rebatir—. Otro día, Heero, si todavía quieres hablar…

—Nos vemos, Duo.

Ojalá lo hubiese comprendido antes. Había notado las señales, las piezas, pero cuando las juntó ya era demasiado tarde.

Por eso discutía con Hilde para que se fuera.

Por eso estaba retrasando su alta.

Por eso lo hizo marcharse.

Y, por sobre todo, por eso necesitaba tiempo. No era para pensar en ellos, sino para terminar una misión suicida.

Se sentía traicionado por haber sido orillado. Duo sabía que iban a ir por él, ¿por qué no le pidió ayuda? ¿Por qué se dejó usar por Preventers como carnada, sabiendo que podían asesinarlo?

Miró con impotencia su celular. Cada segundo que el satélite demoraba en arrojar la información, era un segundo en que Duo estaba más cerca de la muerte.