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26. Redención

Heero reaccionó al instante y lo arrastró detrás de un vehículo para ponerlo a resguardo. Haciendo caso omiso del dolor punzante en su propio brazo, rompió el camisón de hospital que Duo todavía vestía.

Supo de inmediato que era grave. Había un orificio de entrada en su pecho, pero varios de salida en su abdomen. Eso significaba que la bala se había fragmentado dentro, rebotando en sus costillas y dispersándose en varias direcciones.

Duo trató de decir algo, pero no salió ningún sonido de su boca. Sus ojos parecían estar enfocados en revisar el daño dentro de sí.

Un súbito miedo se anidó en ellos. También lo había notado.

—No hables —pidió.

Se escucharon otros dos disparos. Gracias a eso, los agentes obtuvieron la posición del tirador a distancia y se movieron en su dirección, dándole la ventana necesaria. Justo cuando iba a gritar por ayuda, un equipo médico llegó a su lado y lo obligaron a separarse de Duo.

Como en cámara lenta, vio que era acomodado en una camilla y subido a una ambulancia. De un salto estuvo dentro antes de que cerraran las puertas. El personal quiso reclamar la invasión, pero el estado de Duo los hizo concentrarse en tratar de estabilizarlo.

El caos se desató cuando el trenzado perdió la conciencia y los monitores de sus signos vitales empezaron a sonar. Sus valores estaban peligrosamente bajos.

—Resiste, resiste, resiste —suplicó en su mente.

De inmediato se prometió que, si Duo sobrevivía, no lo dejaría arriesgarse así nunca más.

¿Pero en qué diablos estaba pensando? Duo iba a sobrevivir. Lo haría y él tendría la oportunidad de luchar por un futuro juntos.

Sabía que había actuado de forma imperdonable en el pasado, pero si tenía que gastar todos los años que le quedaban de vida en redimirse, lo haría. Se esforzaría en demostrarle que podía quitarle ese dolor que él mismo había ocasionado y que había visto tan claramente en aquel video, en su reacción tras ser besado.

Si se lo permitía, borraría esos errores y el sufrimiento provocado.

—Resiste —repitió, esta vez en voz alta, cuando siguió a Duo hasta la puerta del pabellón en que sería operado y debió quedarse allí, en la pequeña sala de espera.

Su celular vibró en su bolsillo y por acto reflejo, contestó. Era Wufei.

—Fuimos atacados —informó sin ceremonias, sonaba agitado—. Relena fue asegurada, pero perdimos tres hombres.

Qué irónico, ¿otra vez no había estado ahí para defenderla? ¿De qué servía como su principal guardaespaldas si no estaba cuando corría riesgo su vida? Y sus hombres… ¿qué líder de equipo estaba lejos, dejándolos morir bajo las órdenes de alguien más?

¿Y todo para qué? Ni siquiera había podido salvar a Duo del peligro, ni evitar que ahora se estuviera debatiendo entre la vida y la muerte.

Golpeó el muro con el puño, varias veces, antes de volver a ponerle atención.

—Si estás disponible, imagino que salvaste a Duo.

—No, fallé.

—¿Cómo que fallaste?

No pudo responder. ¿Cómo poner en palabras su tremendo fracaso? La redención podía ser como una segunda oportunidad, pero era una que claramente no merecía.