Este necesita una seria releída y quizás entonces pueda llegar a las 500 palabras. Por ahora, dejo la versión de 659 para no atrasarme en lo que viene.
27. Sangre
Wufei se aburrió de gritar exigiendo una respuesta. Heero parecía haberse olvidado por completo de que estaban hablando, así que cortó la comunicación y llamó a Une, desesperado por noticias. Así fue como se enteró de que Duo había recibido un disparo y que el maldito culpable había logrado escapar.
Debió apartar la intensa preocupación por su estado para informar del ataque contra Relena y que todos los culpables habían terminado muertos, a costa de tres bajas del equipo de Heero, por lo que no habían podido conseguir información sobre su motivación u origen.
—Asumo toda la responsabilidad —aseveró—. Atacaron saltando en paracaídas hacia el interior del castillo. Duo tenía razón en su informe al señalar esa vulnerabilidad.
Hubo un silencio espeso.
—El informe de Maxwell… —dijo Une, más para sí—. Este ataque fue calcado a uno de los escenarios que planteó.
Wufei había llegado a la misma conclusión.
—¿Quiere que investigue?
—No, yo me encargo, mantén segura a la reina mientras Yuy está lejos.
Su jefa le cortó sin despedirse justo cuando le entró una llamada.
—Wu.
Hilde estaba llorando.
—Duo está muy mal. Soy su contacto de emergencia y me llamaron diciéndome que su pronóstico es reservado y que no pueden garantizar que él... —sus palabras se ahogaron—. Estoy aquí, pero…
—Hilde, Duo es fuerte —le recordó—. Más que tú y yo juntos.
—Lo sé, lo sé, pero… ¿puedes venir? —suplicó. Pura desesperación en su voz.
—Imposible —dijo con desagrado. Lo que más quería era estar en ese hospital. Le contó del atentado y de las órdenes que tenía.
—Entiendo que no es el mejor momento, pero si puedes traer a Relena aquí… Heero no escucha a nadie —relató—. Está herido y no se deja atender. No luce nada bien, ni física ni emocionalmente. La necesita.
Consideró la idea. Tal vez era egoísta, pero si llevaba a la reina hacia el hospital, él podría estar allí apoyando a sus amigos. Habló con el equipo de Heero y aunque estaban sufriendo sus bajas, cuando les planteó la situación, se sorprendió de que todos parecieron decididos de ir a apoyar a Duo. Parecían apreciarlo.
Varias horas después, llegó con el contingente completo. Hilde salió a su encuentro y mientras los guiaba, los puso al tanto de que la cirugía de Duo fue larga y que su estado era crítico.
—Dijeron que si resiste esta noche, lo logrará —dijo Hilde esperanzada, aunque tenía los ojos rojos y húmedos.
Entonces vieron a Heero, parado mirando por un ventanal desde dónde se veía a Duo conectado a varias máquinas. Había un charco de sangre a su lado que venía claramente de uno de sus brazos.
Relena compartió una mirada horrorizada con los hombres de Heero, pero solo ella se acercó a él. Ellos, siempre profesionales, se organizaron rápidamente para garantizar la seguridad de la reina, asegurando entradas y pasillos. Solo unos pocos se quedaron cerca como guardaespaldas directos.
Heero pareció despertar de su letargo cuando ella le dijo que estaba sangrando, miró a sus hombres presentes con clara culpa y luego se miró a sí mismo. Estaba lleno de sangre.
—No es mía —negó y volvió su vista hacia Duo—, es suya.
Relena le puso una mano en el hombro y le dijo con voz suave que él también estaba sangrando. A Wufei le sorprendió ver que Hilde también le ponía una mano en la espalda, dejando toda animosidad de lado.
—Duo saldrá de esta —dijo su amiga con seguridad—, es demasiado terco para permitir que elijan el día de su muerte.
Hilde se equivocó por completo, dos horas después, los monitores de Duo sonaron y por los parlantes se escuchó una alarma de código azul. Paletas de reanimación fue lo último que alcanzó a ver antes de que las cortinas fueran cerradas para impedirles la visión.
El trenzado fue llevado otra vez a pabellón.
Poco después, les informaron que Duo había muerto de un paro cardiaco irreversible, dejando solo desolación entre todos los presentes.
