517 palabras que también necesitan urgente una buena corrección futura.


28. Impulso

Heero despertó bruscamente. Había vuelto a tener la misma "pesadilla": Duo sobre la mesa del quirófano, con una sábana cubriéndolo hasta el cuello. Hilde y Wufei estaban a su lado, por lo que los tres saltaron hacia atrás cuando Hilde jaló un poco la sábana y descubrió su pecho abierto.

Como si no bastara con verlo muerto, pudieron ver su corazón detenido.

Excepto que no era una pesadilla, era lo que había sucedido después de que les avisaran que Duo no sobrevivió a esa segunda intervención. Por eso estaba allí blanco, helado, sin vida.

Desde entonces esa imagen no abandonaba jamás su mente, ni despierto, ni dormido y era tanto lo que le afectó que no recordaba ni siquiera su funeral.

Lo único que lo salvó de su intención de acompañarlo a ese agujero bajo tierra, fueron sus obligaciones. El ser responsable directo de la vida de sus hombres hizo que, al volver al castillo, partiera por disculparse.

—Debí estar aquí —les dijo.

A pesar de su fracaso, no se arrepentía de sus acciones, pero era consciente de que su responsabilidad era estar con ellos al momento de ese ataque.

—Les volví a fallar, pero no ocurrirá una tercera vez —prometió, ante la conmoción de su equipo, quienes se apresuraron en contradecir sus palabras.

Luego se ocupó de los funerales de sus tres hombres caídos, corriendo con todos los gastos y compensando a las familias, ante las que también se disculpó.

Un mes después de esos hechos, la sensación de muerte y pérdida persistía. Su equipo nunca había estado tan callado por tanto tiempo. Y él carecía de las habilidades sociales para motivarlos.

De estar Duo aquí, sabría cómo animarlos, pensó al recordarlo riendo escandalosamente con ellos. La punzada de dolor fue inevitable.

Ojalá esa bala se hubiese fragmentado en él, en vez de atravesar limpiamente su brazo. El resultado fue dos semanas con un cabestrillo.

En cambio Duo…

Duo.

No podía pensar su nombre sin desmoronarse por dentro. Desde su partida no hacía planes, vivía el día a día por mero impulso, por costumbre, porque todavía injustamente respiraba.

Se levantaba de la cama cada mañana, mirándose al espejo, reconociendo que existía un vacío contra el cual no quería luchar que pesaba como no le había pesado nunca algo antes.

—El dolor no siempre viene en lágrimas —le dijo Relena un día—, sé que tienes que vivir el proceso a tu manera, pero, por favor, no dejes que te consuma.

El dolor… lo había conocido en una amplia variedad. Dolor físico al auto detonarse, dolor de impotencia cuando mató a los pacifistas por error, dolor emocional al ver las colonias sometidas a la tiranía de la Alianza y Oz.

Dolor por sentirse consumido por Duo mientras vivían juntos. Ya ni siquiera entendía cómo pudo afectarse así, como si él le robara el control de su vida, de cada decisión.

Si pudiera retroceder el tiempo, no gastaría ni un segundo en ignorarlo y jamás lo hubiese alejado de la forma en que lo hizo, ni de ninguna otra.

Había perdido cinco años preciosos que no volverían.