Capítulo extralargo: 781 palabras. Sí, se fue la mierda el conteo, pero para poder terminar en dos entregas más, era necesario. *Se va silbando*
29. Muerte
Se sentó de golpe, sufriendo los coletazos de lo que sí era derechamente una pesadilla. El cuerpo herido de Duo estaba en sus brazos mientras lo sacaba de la línea de tiro y lo inundaba la sensación de empaparse de su sangre, de ver su bata de hospital roja, de pensar por qué diablos emanaba tan rápido.
Creyó que ya había despertado, pero una presencia negra parada al lado de su cama le hizo sospechar lo contrario. Se estiró para prender la lámpara del buró.
Sus ojos se abrieron grandes de sorpresa. Duo estaba allí mirándolo con una expresión dudosa y una posición todavía más extraña. Parecía estarse doblándose de dolor con una mano en su vientre y otra en su pecho, pero se veía vivo, como si hubiese vuelto de la muerte.
Ninguno de los dos habló de inmediato. El tiempo se estiró, espeso e incomprensible hasta que Duo soltó un quejido.
—Me encantaría darte más tiempo para procesar esto, pero por favor, hazme un lado. No aguanto más de pie —dijo al tiempo en que le ponía una mano en el hombro y lo obligaba a retroceder al borde de la estrecha cama para introducirse en ella.
El peso de su cuerpo en el colchón se sintió muy real. Sus pesadillas estaban aumentando de nivel y se quedó esperando que de su pecho brotara la cantidad de sangre que había visto minutos atrás.
No sucedió.
—¿Sabes? Está bien que tengas una reacción —dijo Duo suavemente, mirándolo a los ojos—. Hilde lloró dos horas cuando me vio hasta abrazarme, bueno, la primera gritó fuera de sí —aclaró con pena, como si el recuerdo lo lastimara— y Wufei se paseó media hora ante mí dudando de su sanidad mental, diciendo que me había visto muerto antes de creer que de verdad estaba ahí. Entonces recibí el segundo abrazo doloroso —señaló el detalle como si fuera importante—. Por favor, cuando reacciones, no me presiones tan...
Se calló cuando lo atrajo hacia él con fuerza.
—A eso me refería —dijo ahogado contra su pecho y suplicó—: afloja la fuerza, Heero.
No quería obedecerlo. Se sentía tan vivo que quería mantenerlo así y no soltarlo nunca.
—Heero —repitió Duo, puro dolor en su tono—. No quiero ser cruel, pero vas a matarme de verdad si me sigues estrangulando así.
Dejó de hacer fuerza, pero no retiró los brazos de su contorno.
—Mucho mejor —susurró Duo aliviado—. Vine porque teníamos una conversación pendiente, pero esperaré hasta que asimiles esta situación.
—Si sigues aquí cuando amanezca, lo creeré.
Duo suspiró.
—Está bien, de todas formas, estoy cómodo y también me hace falta descansar.
En un hecho inédito, no había ningún giro violento en el desarrollo de su pesadilla. Al contrario, Duo no tardó en quedarse dormido. En la medida que las horas transcurrieron, pudo escuchar su suave respiración y ocasionales quejidos de dolor sin mucho énfasis cuando se removía un poco. Ese aroma que era tan característico de él estaba inundando su nariz y el calor de su cuerpo estaba traspasándose al suyo sin piedad.
—¿Cómo es posible?
—Une ordenó notificarme muerto para todos —respondió Duo con voz adormilada, haciéndole notar que lo había dicho en voz alta.
—No —corrigió, aclarando lo que quiso decir—. Yo te vi muerto, con el pecho abierto.
Duo levantó la cabeza y lo miró con sus orbes violetas llenas de seriedad.
—Tuve daño en el corazón que se tardaron en notar y me pusieron en frío extremo para darles tiempo que llegaran especialistas cardiovasculares de Preventers —explicó—. Ese fue el momento en que Une, en su sadismo perfeccionista, incluyó a mis más cercanos y permitió que me vieran —agregó indignado, sus ojos centellando de indignación—. Para ella, todos son todos. Luego de solucionarlo, me devolvieron mi temperatura. Básicamente me resucitaron.
—¿Por qué haría eso? —preguntó sin entender.
—Para atrapar a Randall. ¿Puedes creer que fue a mi tumba? Y con una pala, al parecer pensaba exhumarme.
Heero lo sintió estremecerse entre sus brazos. Duo comenzó a narrar que Randall había dicho algo de querer violarlo "vivo o muerto", lo que de inmediato lo hizo sentir una corriente de ira. Algo que recordaba bien de su cadáver sobre esa mesa quirúrgica, eran las marcas de mordidas en su cuello.
—Cuando lo escuché decir eso, me dio una clara idea de fantasías necrófilas —siguió Duo— y al parecer una de las mujeres allí presentes traspasó esa información a Une. Por eso ella esperaba que ese malnacido fuera por mi cuerpo. Y no se equivocó.
Ante su silencio, agregó:
—Esa es toda la verdad. Entiendo que no debe ser fácil. Tómate tu tiempo para procesarlo.
Nota: No sé si logré explicarlo bien, pero en Duo usaron esa técnica que "mata" y resucita con hipotermia. El frío extremo permite a los cirujanos cardiovasculares detener el corazón del paciente para someterlo a una cirugía y posteriormente resucitarlo. Milagros de la medicina (?)
