—¡Shikamaru, Shikamaru! —gritaba Naruto entrando en la cueva del Zorro y ni tan siquiera haberse bajado de Remolino.
—"A veces quisiera ser sordo de verdad; ¿qué pasó?" —el mudo vino en sí aturdido ya que se había quedado dormido esperando el regreso de Naruto de su misión.
—¡Conocí a mi ángel de la guarda! La mujer más bonita que he visto me salvó la vida-
—"La misión, Naruto, ¿cómo te fue en la misión?" —Shikamaru hacía sus señas encima de lo que decía Naruto queriéndolo interrumpir.
—Un desastre, pero esta señorita fue capaz de ponerse entre los soldados y yo para defenderme-
—"Espera, espera, ¿cómo que un desastre? ¿Y por qué sigues hablando de esta señorita? Concéntrate, háblame de lo que fuiste a hacer a Rōran —." Shikamaru ya se estaba desesperando.
Naruto respiró hondo y se bajó del caballo como pudo no sin gemir de dolor a cada movimiento que hacía. Shikamaru abrió los ojos preocupado cuando vio toda la sangre que aún se notaba con todo y ropa negra. Comenzó a ayudarlo a quitarse el disfraz del Zorro que hasta eso le daba trabajo al pobre Naruto en su estado.
—No te alarmes, esa sangre que vez ya es vieja; ya se ido curando en lo que venía para acá.
—"Y aún ahora sigue abierta, aunque ya no está sangrando mucho; no quisiera saber qué hubiera pasado si no tuvieras los poderes de tu animal totémico —." reflexionó Shikamaru al ver la gravedad en su totalidad de la herida en el costado de Naruto.
—Ya verás cómo mañana amanezco sin ningún rastro de esta cortada-ugh —Naruto trató de hacer como si no fuera nada, pero se le fue todo el disimulo cuando Shikamaru le puso un paño húmedo con agua caliente para limpiarle la herida.
—"Eso puede que sea verdad, pero igualmente hay que tratarla ahora. ¿Al menos descubriste cuales son los planes de Sasuke con territorio que ni debe poner las narices?" —preguntó Shikamaru entendiendo que tal vez la misión no fue un éxito en su totalidad, pero algo debe haber salido de ella. Naruto, sin hacer contacto visual, negó con la cabeza afirmando que la misión fue un total desastre.
—Sasuke se está dando cuenta del modus operandi del Zorro, Shikamaru. ¿Viste qué difícil fue esta vez tan siquiera saber dónde era que Sasuke iba a dar el próximo golpe? Ni el sargento Chōji sabía nada, los soldados no hablaban nada en público, ni se confesaban, ¡pues! Y aun así cuando llegué a Rōran tenían todo un batallón listo y exclusivamente para por si se aparecía el Zorro —. Shikamaru asentía con la cabeza, absorbiendo lo que Naruto le decía y ya con mil maneras diferentes para aventajar al comandante Sasuke. —¡Si no te digo, que si no fuera por la señorita Hinata me hubieran matado! Si vieras lo hermosa que es...
—"Y dale con la tal señorita, Hinata, ¿ah? No creo que la conozca entre tanta gente que he conocido del pueblo... Pero te aconsejo que el Zorro no se debe enamorar."
—De acuerdo Shikamaru, el Zorro no se debe enamorar, ¡pero Naruto sí se puede enamorar! —y con eso Naruto saltó de repente de los cuidados de Shikamaru sintiéndose mucho mejor —. Y no la conoces porque llegó hoy, es una de las hijas del nuevo goberkage-
—"Pero Naruto, ¡estás loco! No creo que sea prudente que hasta tú mismo te enamores de una de las hijas del goberkage —." Shikamaru lo perseguía tratándole de meterle un poco de razón en esa cabeza, aunque sabía que sería inútil. Naruto ya casi estaba en el pasadizo que lo llevaría a su cuarto en la hacienda.
—¡Ya verás Shikamaru, mañana mismo voy a la casa del goberkage con la excusa de `lamento haberme perdido su fiesta anoche´ y me introduciré formalmente con la señorita Hinata! —y Naruto desapareció por el pasadizo sin darle tiempo a Shikamaru a seguir contrariándolo. Shikamaru, al final, sólo pudo ponerse la palma de la mano en la frente.
X-O-X-O-X
Y así como lo dijo, llegó el otro día y Naruto se levantó al palo de la mañana y se preparó para dicha única misión. Podría haber aprovechado el día para verificar cómo le está yendo a la hacienda, hacer inventario de las cosechas, el ganado, etcétera; pero no, hoy sólo hay espacio para agradar a Hinata. Al menos sí tomó el desayuno en casa ya que Rin se estaba haciendo la ofendida si no lo hacía. Y aunque tuvo que escuchar los regaños de su padre por no estar anoche en tan importante evento, fue mejor haberse detenido un momento y enterarse de la asamblea que planea el goberkage. Quizás ya sea el turno del encantador e inofensivo Naruto de infiltrar y ayudar al Zorro.
—Buenos días, soy Naruto de la Vega y vengo a presentarme con el nuevo goberkage, si no es mucha molestia —le dijo Naruto a la criada que le abrió la puerta en la mansión del goberkage haciéndose el más caballero de lo normal.
—Sí, pase, no creo que sea molestia pues ya mismito que acaban de desayunar —le dejó entrar la criada. Le ofreció un asiento en la amplia sala y se fue a buscar a su nuevo patrón.
—¡Naruto de la Vega! ¡Me acuerdo cómo corrías por toda la plaza con tanta energía, mira el hombre en el que creciste! —entró Obito vociferando a su propia sala con más ánimo que el que recordara que tuviera Naruto cuando pequeño.
—Gusto en conocerle, señor goberkage —le extendió la mano para saludarlo formalmente, hasta se puso bien derechito para verse bien correcto, aunque en su vida cotidiana esas cosas no le importan —. Mi padre tiene muchas anécdotas de cuando él era su sensei, pero yo-erm... no tengo muchas memorias de usted.
—Está bien, es de esperarse-¿por qué no te vi en la fiesta? Estuvo muy buena, hasta tu abuela estaba ahí —hablaba casi sin respirar el goberkage.
—Sí iba a ir, pero trabajé hasta ya 1 hora de empezada la fiesta y me dije: "una siestecita y voy," ¡y cuando vine a ver ya era hoy! —mintió Naruto soltándose un poco en la conversación.
—¡Ah, trabajando duro! Sí, no debe ser fácil manejar la hacienda más próspera de todo CaliKonoha-
—¿Y a quién tenemos aquí, papá? —interrumpió Sakura con tan sólo escuchar la palabra 'hacienda.'
—Sakura, este es Naruto de la Vega, el hijo de mi sensei Minato que conociste anoche. Naruto, esta es Sakura, la más chiquita mía —y le echó un brazo a su hija como el padre alcahuete que es. Sakura se zafó disimuladamente de los cariños infantiles que su padre da a cada oportunidad que tiene; lo menos que necesita es que la avergüencen en frente de semejante prospecto.
—Encantado de conocerle señorita —Naruto le besó la mano y pensaba para sí "bueno, esta no es a lo que vine."
—Un placer para mí conocerle, señor de la Vega —contestó Sakura poniendo los ojos más coquetos que pudo.
—Consuela, llama a Hinatita y a mi tío para que lo conozcan —ordenó el señor de la casa a la criada.
—Sí, precisamente vine a conocerlos formalmente ya que me perdí la fiesta; mis disculpas —dijo Naruto poniéndose un poco nervioso de tan sólo escuchar el nombre del ángel que lo salvó anoche —. También me informó mi padre esta mañana de una asamblea que va a hacer.
—Oh sí, quiero hablarte de eso en un momento-¡tío, Hinata, conozcan a Naruto, el hijo de mi sensei! —Obito subió el volumen de su voz de un momento a otro.
Primero entró Madara observando a Naruto con una expresión neutral que no se puede decir qué está pensando realmente por dentro. Pero Naruto no pudo evitar sentir su chakra como una presencia imponente en la habitación, y eso que sólo es en modo de descanso y no en modo de batalla. Su mamá y su abuela no exageraban con sus historias casi legendarias de aquellos tiempos de colonización y adoctrinamiento. Tan sólo conocer a un Uchiha de esos tiempos es un poco sofocante. Naruto tuvo que pelear un poco con su propio chakra para que no se activara, y no puede dejar que eso pase por que alguien como Madara pudiera identificar su chakra como el de el Zorro fácilmente.
Y al segundo entró Hinata y todas las preocupaciones del mundo dejaron de ser importantes, se hicieron insignificantes. Y el chakra de Naruto se sintió en paz, como si no estuviera en frente de 2 Uchihas que pudieran aniquilar el pueblo entero si decidieran atacar sin más ni más ni ninguna advertencia. Ahora la preocupación de Naruto era permanecer en el planeta Tierra y no flotar hacia el espacio sideral. Algo sobre tener a Hinata ahí de frente se siente tan real y a la misma vez tan surreal que se empieza a cuestionar si todo lo que pasó anoche fue un sueño y todavía lo está soñando. El rubio no pudo evitar quedarse mirándola fijamente.
Hinata se detuvo en sus pasos súbitamente, pero lo suficientemente sutil para que nadie se diera cuenta de su pequeño gesto. Su corazón palpitaba a mil, ya sentía el calor inicial de que se iba a sonrojar como siempre. Lo primero en lo que se fijó Hinata en esa sala fueron esos ojos azules que anoche grabó en su memoria para la eternidad. Podía poner su mano en un picador de lo segura que estaba de que este joven aquí en frente de ella es el Zorro. ¿Pero cómo corroborarlo? "¡Ah, ya sé! Él tenía una herida grave, si de alguna forma confirmo que este hombre tiene la misma herida..." pensó para sí mientras por fin se sonrojaba por las formas que se le ocurrían que podría llevar a cabo ese plan.
—¿Piensas saludar o qué, niño? —dijo Madara irritado. En realidad, habían pasado como 10 segundos solamente, pero los aires de 'amor a primera vista' lo iban a hacer vomitar.
—¡Oh sí, sí... perdón, soy Naruto de la Vega, hijo de Minato de la Vega —se saludaron con el apretón de manos —, su sensei como dijo el goberkage —gesturó con la mano hacia Obito —. Y es un placer conocerle, señorita —Naruto le besó la mano a Hinata y lo alargó como por 10 sólidos segundos haciendo contacto visual con ella.
—¡Ejem! ¿Y ya te enteraste de la asamblea que planea mi sobrino? —interrumpió Madara fingiendo una tos.
—Eh... jeje, sí a eso vine, y bueno, para conocerlos oficialmente ya que no pude llegar a la fiesta —Naruto no pudo evitar la risita nerviosa.
—Es que se quedó trabajando hasta tarde y una pequeña siesta se prolongó toda la noche; salió apasionado por el trabajo el Naruto. Ha de hacer un buen partido para la mujer que se le antoje, ¿no crees tío? —Obito miró de reojo a su tío con una media sonrisita ya que también notó el flechazo entre ellos dos; y como a Madara le gusta armar 'líos de falda' como él dice...
¡Por fin cayeron en el tema de la misión secreta que tenía Naruto!
—Buen partido será para las chicas corrientes de este pueblo, sólo el comandante Sasuke Uchiha, o alguien cercano a él en rangos de la milicia, tiene el calibre para codearse con mujercitas distinguidas como mis sobrinas-nietas —el anciano lanzó una mirada fulminante a su sobrino —, si eso es lo que insinuabas.
Naruto murió un poquito por dentro, qué digo un poquito, lo que queda en esa sala es un caparazón vacío de lo que alguna vez fue; con tal insulto de que alguien como su rival Sasuke es mejor que él. Hinata deseaba que los átomos que la componen se unieran para encogerla ahí mismo donde está. A pesar de ya haber estado en edad hace unos pocos años y Sakura estar acabadita de entrar, ni su padre ni su tío-abuelo nunca antes habían aludido al tema de comprometerlas. A Sakura le brillaban los ojos de que por fin se les cruzara esa idea a su padre y tío-abuelo, ella estaba más que lista hace rato.
—Sí, definitivamente tienes razón con el comandante Sasuke, ¡pero vamos, tío! Tenemos dos y aparte no estamos hablando de cualquier dueño de negocio pequeño. Estamos hablando de Naruto de la Vega, hijo del general Minato de la Vega, el militar más condecorado que ha habido en toda la milicia de España del Viento y ahora el dueño de la hacienda más importante de todas las colonias; de todo el Nuevo Mundo me atrevería a decir —abogó Obito por el joven. Si dejaba que su tío siguiera proponiendo pretendientes de la milicia, estaba seguro de que iba a mencionar al teniente BaKa-kashi, quien era el próximo más cercano en rangos al comandante. Y aparte de estar algo pasadito, nunca, ni en su próxima vida, iba a permitir que su propio rival tan siquiera le ponga un dedo encima a una de sus hijas; ni a su Rin ni a nadie para añadir.
—Es cierto tío-abuelo, los de la Vega no son cualquiera. Fácilmente una de las dos se puede comprometer con el comandante Uchiha y la otra con el joven hacendado aquí presente —Sakura dirigió su mirada pícara hacia el rubio haciendo obvia su preferencia.
—Eso no hay que decidirlo ahora —respondió Madara de forma tajante. —Volvamos a los temas de prioridad, Obito dale los detalles de la asamblea; y las chicas se pueden retirar, estos no son temas prudentes para ellas —ordenó el anciano como si fuera el patriarca de la familia, aunque es debatible quién en realidad es el que toma las decisiones finales.
Y así como le cayó el tema del cielo, así mismo se le fue la oportunidad a Naruto de pedir permiso de dar un paseo con Hinata o tan siquiera unas palabras dirigidas sólo a ella. No le quedó de otra más que seguir con la mirada a las damas retirarse y se reprochaba a sí mismo no haber dicho o hecho algo más. Quedaron en el día y la hora de la dichosa asamblea, se despidieron los hombres y cada cual a sus asuntos del día. Una planta seca rodó en frente de Naruto que todavía estaba ahí parado con la puerta cerrada a sus espaldas. Contemplaba el gran fracaso en agradarle a Hinata en su persona real, ¡ni siquiera pasó del saludo de etiqueta acostumbrado! Quizás debería intentarlo sin tanta rectitud y no pedirle permiso a nadie como lo haría el Zorro.
X-O-X
El día estaba soleado como es usual en estas tierras. Brillante por todos lados sin una nube que tape la luz del sol o el cielo azul. Rin se paseaba por las calles del pueblo con su parasol floral que le combinaba con su traje casual. Hubiera sido un paseo placentero si no fuera por Kakashi que se la encontró y ahora no se le despega como si necesitara escolta. Cuando él y Obito entrenaban para la milicia de adolescentes, no sólo eran rivales en habilidades, sino que también rivales en el amor. Y cuando le quedó claro que Rin no tenía ojos para nadie más que Obito, Kakashi respetó los sentimientos de su amada y se hizo a un lado. Luego su rival se marchó y vio que Rin iba a esperarlo y aún más le quedó claro que nunca tendría oportunidad con ella. Pero mientras más pasaba el tiempo y su rival no regresaba, más le dolía a Kakashi ver a su amada suspirar por alguien que ni noticias daba. Así que intentó una que otra vez a ver si Rin le daba una oportunidad al que sí estaba para ella, aquí y ahora, físicamente. Después de presenciar anoche al amor de su vida rechazar a su rival estando ahí de frente, en carne y hueso, Kakashi estaba seguro que por fin se le iba a dar con Rin.
—...Kakashi no... lo siento, no quiero ir a ninguna cita contigo —, Rin soltó la mano que Kakashi se atrevió a sujetar —, ni contigo ni con nadie, no sé... necesito tiempo...
—¿Cuánto tiempo más piensas esperar? —Kakashi le impidió el paso a Rin —. Mira lo que él hizo con tu tiempo como si no fuera nada.
—Kakashi ya, déjalo... —ella trataba de esquivarlo por el otro lado.
—Pero Rin-
—Ya la escuchaste, fue suficiente —Obito intervino. Había salido de su casa un rato después de la visita de Naruto con intención de empezar sus diligencias como goberkage y se encuentra con esto.
—Obito, no te metas —dijo Kakashi con una sensación muy fuerte de déjà vu.
—¡Aquí en frente mío no se van a pelear! Ni por mí, ni por nadie, ni por cuentas viejas que tengan, nada. ¡Quítense de mi camino, LOS DOS! —Rin los empujó haciéndose paso entre medio de ellos dos.
Los sementales se lanzaron una mirada asesina hasta que poco a poco dejaron domar sus instintos. Kakashi se marchó de la escena lentamente sin despegarle la mirada al otro. Obito también ya se empezaba a marchar no sin antes susurrar, más para sí mismo que para alguien en específico: "lo siento... Rin..." Ella resulta haberlo escuchado y se volteó a decirle unas groserías que se merecía su ex-novio y... y vio cómo se le caía una lágrima justo antes de él retirarse también de la escena.
—¿Y tú qué? —Rin lo detuvo.
—¿Ah? —respondió Obito espabilándose en sus pasos de sus pensamientos.
—¿Y tú porqué 'lo sientes'? —Rin hizo las comillas en el aire y todo. Él no se lo merecía, y mucho menos le quería dar esa oportunidad; pero la necesidad de saber cómo, cuándo, dónde y porqué fue más grande que ella.
Y ahí se encontró Obito en medio de la plaza del pueblo en el que se crio, con Rin, su primer amor de niño, dispuesta a escuchar después de todo lo que hizo, lo que le hizo a ella. Sabía que no se merecía esa oportunidad; podría decir ahí cualquier cosa que le endulzara la oreja y hacerla que regrese a él. Pero ella no se merecía más mentiras o engaños; él lo mínimo que le debía era una explicación sin dejar ninguna verdad encubierta.
—Yo... lo siento... —el político que usaba sus palabras a diario para sus funciones, le costaba encontrar las palabras correctas —. Siento haber traicionado nuestro pacto —ahora lo veía todo clarito —y al momento exacto que lo traicionaba, sabía que lo hacía, y a la misma vez no veía las consecuencias, el no poderte tener otra vez, el daño que te hacía...
—¿Cómo es posible que a cada momento que estabas con otra no pudieras ver que a mí me echabas a un lado y me dejabas con una promesa que ya no tenía sentido? —Obito no pudo evitar encogerse de dolor ante las acusaciones de su amada.
—Yo no quería, ¡argh! Todo fue idea de mi tío —Obito se detuvo en sus palabras con un suspiro, dándose cuenta de que sólo eran excusas; después de todo él decidió seguirle el plan —. Yo llegué a España del viento con todos mis sueños de ser el goberkage de mi pueblo. Todo pendejo pensando que de ahí sería como subir una escalera hasta que lo lograra. Pero nadie se fijaba en mí y si lo hacían era por ser un Uchiha —recordaba con algo de irritación —. En ese tiempo recuerdo que recientemente se murió Yahiko el marqués de Akatsuki, dejando a una esposa viuda y una hija huérfana de padre... Mi tío tuvo la idea de casarme con ella, Konan —la nombró con nostalgia —, para escalar clases sociales y obvio yo no quería pues tenía toda intención de cumplir mi promesa contigo. Pero después de más intentos fallidos para que me dieran cualquier cargo político, el que fuera, entendí la lógica de mi tío y accedí al plan...
—Entonces, ¿fue más fuerte tu ambición que tu amor por mí? —Rin lo escuchaba con repugnancia.
—Fue más fuerte mi sueño, mi vida... y la oportunidad de, aunque fuera sólo poder volverte a ver; con las responsabilidades que tenía allá nunca me hubieran enviado de regreso por nada del mundo. Así que la meta de volverme goberkage a toda costa se volvió una misión de poder estar cerca de ti. Con ese pensar fue que fui capaz de casarme con alguien que no amaba, que apenas conocía tan siquiera. Y fui aún más descarado al pensar que, aunque tuviera una esposa, si te tenía cerca podría tratar algo contigo —hizo una pausa Obito esperando una reacción negativa de Rin.
Ella estaba conmocionada, incrédula del nivel de desfachatez de a quién una vez le juró amor eterno.
—Pero me enamoré... —continuó Obito al ver que ella no podía añadir nada por ahora ni protestar. La confesión le quitó un peso de encima y le añadió el otro de que definitivamente ya nunca podría tener a Rin.
—Te... te enamoraste... —Rin volvía en sí —, ¡te olvidaste de mí! —afirmó ella con lágrimas de furia, impotencia y tristeza en sus mejillas.
—¡No, Rin! —refutó Obito a la ligera —. Nunca te olvidé... —no pudo mantener el contacto visual mientras se quebrantaba —. Nunca te olvidé cuando me casé sólo por conveniencia, nunca te olvidé cuando me fijé en la mujer que tomé por esposa, nunca te olvidé cuando por fin consumimos el matrimonio y la hice mía, nunca dejé de pensar en ti cuando me encariñé de su hija, ni aun cuando me dio mi propia hija. Y mientras más pasaba el tiempo y me seguía envolviendo en una vida que nunca imaginé, más melancólico se me hacía tu recuerdo y más difícil se me hacía darte una explicación... ¿Y cómo te la iba a dar, por carta?
Rin se imaginaba recibiendo tal carta. Le hubiera gustado enterarse antes, pero ¿para qué? ¿Para no tener que esperarlo como lo hizo? ¿Para no perder su tiempo como insinuó Kakashi? Lo hubiera odiado todo este tiempo en vez de haberlo añorado; pero y entonces, ¿qué? ¿Hubiera aceptado los avances de Kakashi antes? Pff, lo duda... se hubiera amargado la vida desde más temprano que hoy... ¿Y eso es bueno, mejor? ¿De qué le sirve eso?
—Sólo me olvide de... de todo —Obito titubeó al tener miedo de escoger las palabras que lo pudieran herir hasta a él —, cuando la felicidad sólo me duró unos pocos años y Konan falleció... Y desde ahí me abandoné; mi espíritu, mi ser se sumergió en una oscuridad en la que, si fuera física, ni con mi sharingan pudiera ver en ella. Sólo mis hijas eran una pequeña luz por la cual seguir hacia adelante; pero en lo demás dejaba que mi tío hiciera los planes o tomara las decisiones —el hombre se permitió llorar.
Rin observaba al hombre en frente de ella que dejaba verle en su estado más vulnerable. Era un acontecimiento raro de cachar a un hombre llorar libremente en la sociedad que vivían. Y ese hombre no era cualquiera, ni era su hermano, sobrino o ningún familiar, ése era el hombre que le prometió su vida y le falló. Lloraba por los errores que cometió y la lastimaron a ella y a él, lloraba por la poca felicidad que pudo conseguir y el destino se la arrebató. Ella no pudo evitar sentir un poco de lástima, pero no se podía dejar ganar por eso, debía ser firme.
—Cuando me enteré de que por fin me nombraron goberkage y que iba a regresar a mi CaliKonoha —continuó entre sollozos —, pensé que pudiera buscar tener la dicha completa y estar contigo como debió ser desde un principio. Pero hasta ahora no me di cuenta de lo cínico que me estaba comportando; tenías razón al llamarme así anoche en la fiesta... Quizás mi tío tenga razón y no hago nada bien por mí mismo, ni siquiera los asuntos del amor... —concluyó con eso Obito todas las emociones que quería comunicar.
El silencio entre ellos se estaba alargando y haciéndose más incómodo. Obito se estaba inquietando al ver que ella no iba a decir nada al respecto y se movía de los nervios, hizo aguaje de secarse las lágrimas y otras cosas sin quitar la vista del piso. Al suponer que ya no había nada más que decir, Rin se fue directito hacia la hacienda a ver si era posible procesar toda esa información. Al encontrarse sólo en medio de la plaza pública, Obito se terminó de secar las lágrimas que aún le querían salir y se regresó a su casa a continuar su llanto donde nadie lo viera.
X-O-X-O-X
Después de un par de días de paz con la usual rutina, llegó el día de la asamblea. Estaría mintiendo Naruto si dijera que no pensó en la bendita reunión en estos días. "¿De qué se trataría? ¿Tendrá algo que ver con la última artimaña de Sasuke, que todavía ni Shikamaru descifra cuál era el objetivo? Después de todo son Uchihas..." Naruto daba vueltas en su mente mientras se vestía para la ocasión. Por más que su padre pinte a su ex estudiante como alguien de confiar, no puede evitarlo, no confía y punto. Itachi Uchiha es el mejor ejemplo de cuantos abusos fueron capaces los miembros de esa familia antes de prácticamente extinguirse. "No me queda de otra más que darle el beneficio de la duda y escuchar sus políticas para CaliKonoha," pensó el rubio sobre el goberkage. Ya listo salió de su cuarto, buscó a su padre y ambos se marcharon hacia la casa gubernamental.
En la sala que ya le era familiar a Naruto, había diferentes entremeses. Al menos dos criadas merodeaban la sala ofreciendo vino a los invitados. Obito saludaba a las familias en cuanto llegaban y hacía un poco de conversación con ellos. Sakura estaba haciendo bromas con Hinata apuntando a cada joven que llegaba, y como evaluando quienes de ellos se ven como buen material para ser pretendietes de cualquiera de ellas. Naruto no podía evitar quedarse mirando fíjamente a Hinata; cómo se reía como chiquilla con las ocurrencias de su hermana o cómo se sonrojaba por quien sabe qué comentario de la pelirrosa. Su padre, Minato, a su vez observaba un poco sorprendido los pequeños suspiros de su hijo por la señorita; pues nunca lo había visto así por nadie. Éste le dejo saber a su hijo que se dio cuenta de su embobamiento al sugerirle que la invitara a ver la superluna que hay esta noche. Naruto se sonrojó un poco pero tomó en cuenta la sugerencia.
Ya habían llegado la mayoría de los patriarcas de las familias ricas de CaliKonoha con sus próximos sucesores. Por el cuadro que pintaban los presentes, se notaba que era un pueblo humilde. No había familias nobles como decir los condes de Akasuna en SunaMéxico, o los condes de Yotsuki en KumoBrasil, parte de Portugal de las Nubes. O en la propia España del Viento con los marqueses de Kaguya y los grandes duques de Senju. De hecho, los Senju y los Uchihas fueron las únicas familias importantes que tuvo CaliKonoha y los segundos mencionados nunca tuvieron títulos nobiliarios y ambos ya casi estaban extintos. CaliKonoha sólo tiene a los de la Vega, que sin títulos tan adornados se le acercan en influencias a algunos de los pocos nobles del Nuevo Mundo.
De los Aburame estaba Shibi con si hijo Shino, y éste ayudaba a Kiba, de los Inuzuka. Los Inuzuka estaban practicamente en bancarrota y las habladurías del pueblo le echaban la culpa a Tsume, la mamá de Kiba, por haberse atrevido a liderar los asuntos de la familia como si esto fuera una sociedad matriarcal. Pero esa no es la razón, el padre de Kiba les dejó muchas deudas al separarse de ella.
Sorprendentemente el nuevo goberkage invitó a los Sarutobi, la familia del antiguo goberkage, Hiruzen. Sólo Asuma estaba presente, quien es quien lidera a la familia por ahora en lo que Konohamaru crece. Inoichi Yamanaka estaba con su yerno, Sai, a quién le dieron su apellido cuando éste se caso con su hija Ino; todo porque ella es mujer y nunca será la sucesora de su familia. De los Akimichi sólo estaba presente Chōza, ya que su sucesor, Chōji, es un militar y para evitar conflictos de interés, una vez él se retire de su carrera entonces podrá velar por los asuntos de la familia.
Los Nara fue la última familia en llegar. Shikaku, el padre de Shikamaru llegó con Suzaku y Ensui Nara, familiares lejanos, en lo que decide quién de ellos es el mejor candidato para ser su sucesor. Shikaku ni siquiera considera a su propio hijo para el puesto sólo porque es sordomudo (sí, hasta su propio padre piensa que también es sordo, cuando es sólo mudo). Naruto observa a los Nara con un poco de resentimiento, pues él sabe muy bien que Shikamaru es más que capaz para el puesto. Y por último llegó el comandante Sasuke Uchiha, porque ¿porqué no? Y al parecer se unió a los otros Uchihas como si fuera parte integral de los asuntos que van a discutir los anfitriones. Eso no le dio buena espina a Naruto quien volvió a preguntarse si la última jugada de Sasuke tenía algo que ver con lo que se va a discutir aquí.
—Señores, ahora que ya estamos todos, síganme por aquí, por favor —dijo Obito llamándoles la atención con el tintineo de su copa y les mostraba donde está la oficina.
Madara envió a las chicas a sus cuartos repitiéndoles por enésima vez que estos no son asuntos de señoritas. Ellas le hicieron caso, pero a regañadientes.
Ya adentro todos tomaron un lugar en la mesa amplia. Todos se fijaron y se preguntaban qué significaba esa bandera modificada de CaliKonoha que exhibían del tamaño de la pared.
—Ya veo que tienen preguntas sobre el diseño de nuestra próxima independiente CaliKonoha —dijo Obito dándole a Madara una sonrisita cómplice.
"¿CaliKonoha, independiente?" "¿Piensas que nos separemos de la Corona de España del Viento?" "¿Crees que le podemos ganar en una guerra como lo hizo la ex-colonia de los Estados del Fuego?" "¿Nos crees unos revoltosos como los de KumoBrasil?" Los presentes cuestionaban la idea casi todos hablando a la misma vez.
—Calma, calma señores, no hay que hacer ninguna revolución ni nada y perder a nuestros jóvenes en ella; además CaliKonoha no tiene el dinero para costear ninguna guerra —respondió Obito a la duda que la gran mayoría presentaba.
Hicieron silencio los señores esperando una explicación de semejante idea.
—Los he reunido aquí para que apoyen el sueño de una CaliKonoha independiente, sin tener que pagar impuestos a una monarquía que lo único que le importa de nosotros es el dinero que le generamos. Para crear nuestra propia economía a la que muchos de ustedes ayudarían a establecer. CaliKonoha sería más rica y próspera si nuestros propios recursos se quedaran aquí y no fuera desperdiciado en mantener los excesos de una nobleza que nunca pisaría nuestras tierras —expuso el político.
—Pero si no es rebelándonos en contra de España del Viento, ¿cuál es el plan, Obito-señor goberkage? —preguntó Minato corrigiéndose para dirigirse de manera formal con su exestudiante.
—Sencillo, comprándola —dijo Obito con esa expresión otra vez de chiquillo escondiendo una travesura.
—Pero y ¿de dónde vamos a sacar dinero suficiente como para comprar nuestras propias tierras? Estoy seguro que ni juntando todas las riquezas de mis compañeros patronos aquí presentes podemos llegar a tal hipotética cantidad —se tomó el atrevimiento Tsume Inuzuka a hablar por su hijo Kiba quien todavía no tiene la espina para estos asuntos. Para el resto les pareció obvio el porqué de su pregunta.
—Y suponiendo que sí tenemos el dinero, serían muchas generaciones, si no siglos en pobreza tratando de recuperar la cantidad perdida. Solamente hay que ver el ejemplo de Haití del Caribe —profundizó Shibi Aburame el pensamiento de la Inuzuka.
—No hay que usar nuestras fortunas personales ni llevar a la bancarrota al pueblo, todo lo que tenemos que usar es el oro que se encuentra aquí en estas tierras bajo nuestras narices. Y no hay nada más que persuada la avaricia de España del Viento que lingotes de oro —dijo Obito.
—¿Oro, aquí? ¡Por favor! Desde los tiempos del descubrimiento se ha buscado oro y no hay nada en ninguna parte de CaliKonoha —interjetó Kiba Inuzuka.
—Sí, tiene razón... pero pasa que CaliKonoha comparte bordes con SunaMéxico, y allá por los no tan definidos bordes, mi tío Madara —el goberkage gesturó hacia el anciano —, descubrió una mina que ha permanecido intacta hasta ahora —desenrolló unos mapas y planos en la mesa.
Todos se acercaron a ver la localización de la mina. Minato sólo tuvo que ver el nombre de la tribu de su difunta esposa en ese mapa y ya rápido se dio cuenta de lo que pretendían hacer. En los tiempos de expansión y colonización había una disputa por qué aldea era de qué pueblo y cuán lejos o cerca debían trazar los bordes.
—Uzushio, ¿te acuerdas cuando tu mamá te llevaba allá con tu abuela? —dijo Minato sólo para su hijo —. Ahí también fue donde la conocí antes de que su tribu fuera parte de Cali-Konoha. Aunque no nos conocimos con el pie derecho, en esos tiempos yo estaba en la milicia-
—Sí padre, ya me has contado la historia como 20 veces; mamá fue tu mejor adversario en toda tu carrera militar y te enamoraste tanto que vine yo, y por ahí para bajo siguen tus historias. No es el momento de irte en esa tangente, quiero escuchar qué es lo que pretende el goberkage —interrumpió Naruto a su padre.
—Yo sí escucho lo que pretende bien clarito —dijo Minato sólo para Naruto, y ahora le dirige la palabra a Obito —: si entiendo bien tu plan, piensas comprar la independencia de CaliKonoha con oro que ya está en nuestras tierras.
—Correcto, oro que legítimamente le corresponde a CaliKonoha —respondió Obito.
—Excepto que no lo es en realidad —dijo el exgeneral en voz alta para que le quede claro a todo el mundo —. Ese terreno donde señalas que se encuentra la mina estuvo mucho tiempo sin reclamar pues no es habitable. Pero al estar tan más accesible por Rōran que por CaliKonoha, recientemente se actualizaron los bordes y delimitaron esa área como parte de esa aldea. Así que estaríamos comprando nuestra independencia con oro que legítimamente le pertenece a SunaMéxico —expuso Minato los crudos hechos de manera casual pero firme.
De repente hubo un silencio sepulcral en esa oficina. Los patriarcas miraban desde Minato de la Vega hacia el goberkage una y otra vez cada vez más sorprendidos mientras a cada segundo caían más en cuenta del riesgo de esa idea. Madara, que hasta ahora traía una expresión seria, le cambió el semblante a uno más enojado. Definitivamente que no le gustó que Minato, ese simpatizante de los indígenas, resaltara imperfecciones de su plan. Naruto observaba detalladamente a los Uchihas y no perdió de vista ese detalle en el veterano. Ya sabía él que todo esto sonaba muy bueno para ser totalmente legal; dejaron ver su tela los Uchihas.
—Tienes razón sensei, pero esos mapas son tan recientes que puedo contar con los dedos de una mano las copias que existen. SunaMéxico ni sabe de la existencia de la mina o de las tierras que en realidad posee, y mucho menos España del Viento se tiene que enterar si el oro es de una colonia o de la otra —confirmó Obito su arriesgado plan.
—¿Pero y si se enteran? ¡Van a ejecutar a unos cuantos de aquí! —cuestionó Chōza Akimichi.
—Será fácil aventajarse de los vacíos legales respecto a la ambigüedad de las tierras; y en el peor de los casos, esas mismas ambigüedades nos pueden ayudar a declarar inocencia por ignorancia —aclaró Obito.
—Pero igual es un plan muy arriesgado, si se entera España del Viento del fraude nos puede costar nuestro sustento, la estabilidad económica como pueblo o quizás también la poca libertad de gobierno que tanto trabajo nos ha dado conseguir —expuso Shikaku Nara.
—Y aparte, otros como el señor de la Vega pueden estar altanto de las actualizaciones a los bordes. Habrá que rastrear las copias de los mapas más nuevos e interceptarlos para de alguna forma hacer ver esas tierras como parte de CaliKonoha y no sé que más, para convercer quizás hasta a los mismos residentes de Rōran de que son parte de nuestro pueblo —indagó Inoichi Yamanaka.
—Precisamente el comandante Sasuke Uchiha ya se encargó de eso —gesturó Obito hacia el joven uniformado —. No hace mucho ya se apoderó de la aldea de Rōran e impuso los impuestos de CaliKonoha, así que por esa parte se ve legal que es parate de nosotros.
Ahora más le queda claro a Naruto que los Uchihas no son de confiar, desde antes de que llegaran ya estaban trabajando juntos y ahora entiende todo el lío del día del recibimiento del goberkage.
—Bueno, suponiendo que todo eso funciona sin consecuencias, ¿qué pito nosotros tocamos en todo esto? —Asuma Sarutobi hacía las preguntas correctas.
—Ahí es que está el verdadero cambio, yo sueño cona CaliKonoha sin monarquía, sin títulos pretenciosos, yo veo una CaliKonoha demócrata. E inicialmente ustedes serían parte del primer grupo de senadores y otros cargos políticos en lo que se realizan las primeras elecciones. Mientras tanto, su apoyo es para minimizar los riesgos que bien ya se han planteado aquí —expuso el goberkage con aires de gran líder.
—Y hablando de minimizar riesgos, ¿todos los aquí presentes somos los que vamos a trabajar para sacar el oro o quiénes más se van a enterar de este plan? —Naruto hizo una pregunta muy particular.
—¡Pensando en hasta el más mínimo detalle! Muy buena pregunta —Obito alargó su respuesta para ganar tiempo —; quienes van a poner esa mano de obra serán prisioneros que ya no tienen oportunidad de salir o que no son aptos para rehabilitar —una mentira disfrazada de verdad.
Pero Naruto tenía una idea de quienes esos desafortunados "prisioneros" en trabajar la mina. Gente inocente que el comandante Sasuke a mandado a arrestar por razones insignificantes. El Zorro va a necesitar pruebas y dirección de Shikamaru para desmantelar este plan.
—¿Incluídos los prisioneros por no pagar impuestos? —preguntó Asuma Sarutobi como si hubiese estado en la cabeza de Naruto —. Porque esos impuestos son injustos para empezar, y espero que en esa visión suya de CaliKonoha del futuro no haya espacio para ese tipo de atropellos... como bien mi padre, el antiguo goberkage siempre trataba de evitar —añadió lanzando una mirada tajante al comandante Sasuke —, y no creo justo que ellos tengan que pasar por semejante castigo.
—Por supuesto que no, en cuanto CaliKonoha sea completamente autónoma, ese tipo de prisioneros serán los primeros en disfrutar de la nueva libre CaliKonoha. Como dije, sólo los que no tienen remedio —mintió otra vez el político.
—Bueno, entonces, considerando todos los riesgos y reconociendo que el noble posible resultado sería lo mejor para CaliKonoha, que siempre fue lo que mi padre procuraba, cuente con mi apoyo señor goberkage —declaró Asuma. Y así poco a poco los demás presentes fueron accediendo también.
—Lo siento Obito, pero yo no puedo apoyar esta idea —dijo de pronto Minato. Naruto suspiró del alivio, ¿cómo pueden apoyar este fraude así no más? —Demasiados atropellos han sufrido estas tierras y su gente por el qué le pertenece a quién —continuó Minato.
—Entiendo sensei... —respondió el goberkage manteniendo la conversación informal con su antiguo maestro.
No mucho tiempo después, Obito dio la reunión por terminada. Entre las pequeñas conversaciones, poco a poco los presentes se movían hacia la sala. Los Uchihas fueron los últimos en salir de la oficina y Madara aprovechó ese pequeño momento para felicitar a su sobrino al comandante. El haber asegurado las tierras antes de la asamblea ayudó a dar un poco más de seguridad en el plan y Obito, por supuesto, con su gran carisma que logró convencer a la mayoría de los patriarcas. Sólo Minato no accedió pero Madara iba a ver cómo lidear con eso luego, por ahora, su plan iba en marcha al pie de la letra.
Naruto salió de esa oficina muy pensativo. Entre el tumulto de señores despidiéndose y saliendo hacia sus casas, Naruto notó a Hinata sentada sola en el sofá de la sala. Sus mayores aún no salían de la oficina y su hermana estaba distraída tratando de evadir los coqueteos de Kiba. No podía perder esta oportunidad, si aprovecha el reguero de gente nadie se daría cuenta o impediría sacarla en una cita. Sólo tenía que poner a trabajar su carisma y encontrar una buena excusa.
—Señorita Hinata, ¿cómo estuvo su día?
—¡Oh, señor de la Vega! M-mi día estuvo en-entretenido gracias a las ocurrencias de mi he-hermana —respondió Hinata nerviosa ya que no esperaba que el joven más importante de CaliKonoha se le acercara.
—¡Jajaja! Me puede llamar Naruto —dijo con una sonrisa que si fuera el sol ya Hinata estuviera ciega.
—Naruto —fue lo único que alcanzó a decir sin titubear —, m-me p-puede llamar sólo Hinata ta-también —se sonrojó ya que es la primera vez que tutea con un hombre.
—Hinata —se saboreó el nombre —. Esta noche hay superluna, ¿le gustaría observarla conmigo?
—¿De veras? ¡Qué interesante! Pero no creo que mi padre me deje salir de noche.
—Entonces aprovechémos la multitud y escabullámonos entre ella —propuso el rubio.
—Erm... no lo sé, nunca me he salido de la casa así...
—¡Vamos! Es uno de esas lunas que no ocurren tan frecuentemente —Naruto le ofreció su mano.
Hinata reflexionó sobre la realidad de esa posibilidad. Pero sólo tuvo que perderse en esos ojos azules para recordar que, si éste era el que llaman el Zorro, quizás también tenga sólo una oportunidad en esta vida de averiguarlo. Entonces Hinata hizo lo que nunca se vio ella hacer y se atrevió, y los dos se escurrieron entre la gente para afuera de la casa. Pero la esperanza que tenía de que nadie se diera cuenta no se le dio pues su tío Madara los vio salir juntos. Éste no pudo detenerlos por la multitud y por no hacer una escena sobre líos de falda.
Mientras más oscurecía, más de las familias se iban retirando para la noche. Para cuando oscureció completamente, en la sala sólo quedaban los Uchihas; y en el pórtico, Sakura despedía a la última persona que quedaba. Pero sus esfuerzos eran en vano ya que Kiba no captaba el mensaje y ahí seguía de lapa tratando de coquetear con ella. En esas ya Sasuke también se retiraba y se topó con la escena, u oportunidad, como lo ideó en su mente.
—Oye niño, a ver si te traduzco lo que la señorita muy cordialmente te está tratándo de decir —Sasuke hizo una pausa dramática—: ¡que te largues!
—Aquí no veo a ningún niño —Kiba hace como si estuviera buscando algo—, y si me disculpas, estaba conversando con la señorita —se hacía el más macho alfa en frente del comandante sólo para impresionar a Sakura, pero por dentro temblaba del miedo.
—Me parece que mi espada te hará entender-
—¡Bueno ya, aquí no se van a retar a un duelo! —interrumpió Sakura levantándose de la banca para ponerse entre ellos—. ¡Me hacen el favor y se largan los dos!
A Kiba no hubo que decírcelo dos veces, se tocó el sombrero despidiéndose formarlmente de la señorita y se echó a andar. Ni loco le gana en un duelo al comandante Uchiha, le agradece a todos los astros y santos el no haberse tenido que enfrentar a él. Ya con el Inuzuka fuera de la vista, Sakura se tumba de nuevo a la banca suspirando fuerte del alivio. Luego Sasuke se hace la nueva lapa sentándose con ella en la banca.
—Dije que los dos —repitió Sakura pero no con cara de seria sino más bien como con cara de niña pícara.
Los dos se entretenían hablando en el pórtico, o por lo menos así es como lo interpretó Obito que los vio desde la ventana de la sala. No era tan tarde, y confiaba en que el joven Uchiha fuera respetuoso y no se tardara en retirarse; así que Obito se retiró a su habitación. Se fue con una sonrisita de cómplice en el amor, pensando que los demás miembros de su familia también ya estaban retirados e ignorante de que todas sus conjeturas estaban mal.
—Fue un atrevimiento habernos quedado aquí tan tarde —Sakura hizo una pequeña pausa para que no haya duda de las circumstancias—, hablando.
—A mí me gusta la gente atrevida —respondió Sasuke invadiendo su espacio personal.
—No será tan divertido cuando mi padre o mi tío nos sorprenda —dijo ella levantándose de la banca y él la sigue.
—Pero va a ser más emocionante si no nos sorprenden —la agarra por la cintura y se la acerca hacia a él, asegurándose de presionar todo su cuerpo en el de ella.
—Se está equivocando conmigo comandante, yo no soy una ramera —pero igual la pelirrosa le puso su mano en el pecho fuerte del comandante.
—Me alegra escuchar eso, porque no habría dinero en el mundo para pagarte —Sasuke rozó sus labios a propósito.
—Tú eres de los que no tiene remedio, ¿no?
—¿Y quién se quiere curar? —el comandante la besa, Sakura le corresponde el beso. En el aire se escuchan lamidas, chupetones y los tambaleos que surgen por querer sentarse en la banca otra vez sin despegarse.
Sasuke le da una tímida caricia a uno de los senos de la señorita, como pidiendo permiso o probando hasta a dónde ella lo dejaría llegar. Sakura pausó el beso por un momento, la corriente de nervios en ella era evidente y le decía que siguiera a pesar de todo lo que le enseñaron de cómo comportarse. Él percibió las ganas en medio de la indecisión así que le agarró el seno firmemente y se lo manoseó con más agresividad, dejando en claro lo que quiere. No conforme con eso, Sasuke entonces deslizó su mano por el costado curváceo hasta llegar a la falda y la levantó lo suficiente. Los labios de Sakura palpitaban con anticipación en el beso y él sin perder tiempo serpenteó su mano bajo la falda.
X-O-X
Naruto y Hinata observaban el cielo estrellado desde una pequeña colina. El joven había puesto su chaqueta larga como una manta improvisada para los dos sentarse en el césped. La superluna no era la más cercana de todas, pero igual la diferencia de tamaño se podia apreciar. Su luz alumbraba el pueblo entero, dándole una vista única a la de tantas noches. Hinata lo apreciaba todo con sus ojos grandemente abiertos imitando a la luna.
—Gracias por traerme aquí a observar la luna, está muy hermosa —dijo Hinata.
—No tan hermosa como usted, señorita Hinata —añadió Naruto con una cara de pendejo porque es que no hay otra palabra para describirlo.
—Eeh... sí, ya habíamos dicho que nos podíamos llamar por sólo nuestros nombres —respondió Hinata cero impresionada, mejor dicho, sí impresionada de la cero imaginación del joven hacendado.
—¡Je je je! Sí, es cierto... erm... —Naruto se rio del bochorno
—Este... eh... y bueno, ¿ha escuchado de El Zorro? —si este mozo con poca originalidad de verdad es El Zorro, Hinata está dispuesta a darle una oportunidad, porque quien quiera que sea El Zorro ha de ser magnífico, ¿no?
—¿Pero, y quién no? ¡Si se la pasa desafiándo a las autoridades de este pueblo! Hasta usted que sólo llegó aquí hace unos pocos días ya ha escuchado de él. Y cuénteme, ¿cómo se enteró de la existencia de ese bandido? —preguntó Naruto con un poco de sospecha por el interés de la señorita en tal tema. "¿Será que tengo que competir conmigo mismo?" Se preguntó a sí mismo recordándose de cómo actuó cuando la conoció con la desenvoltura que le da el disfraz.
—A mí no me pareció un bandido, ¡a mi me pareció un héroe! Lo conocí cuando él trataba de detener que el comandante Sasuke se apropiara de tierras en las que ni jurisdicción tiene.
—¡Oh vaya! Eso sí es grande eso que me cuentas, y quizás unas que otras acciones del Zorro, sí lo catalogan como héroe. Pero estar robando a cada rato los impuestos mandados por la corona, eso sí lo hace ver como un bandido común; no que yo personalmente piense que él lo sea, pero ¿sí ve cómo a simple vista se le puede confundir con un bandido?
—Bueno si lo pone así, ahí sí que veo como... —contestó Hinata pensativa.
—Igual esos impuestas son muy altos y él le devuelve ese dinero al pueblo. Para la corona, bandido; para el pueblo, héroe... Pero bueno, ya no hablemos más del bendito Zorro, yo quiero conocerla a usted —dijo Naruto poniéndose la máscara sombólica del Zorro para atraer esa confianza en sí mismo que ésta le da.
—Erm... eh... bueno, no hay mucho que saber sobre mí, yo soy muy tímida... —el cambio sutil del rubio tomó a Hinata desprevenida y la hizo tartamudear en su respuesta.
—¿Cómo va a ser? No diga eso de usted, siempre hay algo; como por ejemplo: ¿cuál es su pasatiempo favorito? —inquirió Naruto con esa mirada misteriosa que la pelinegra cree ya conocer.
—Eh... bueno, me gusta prensar flores, pero eso es muy aburrido...
—No es aburrido, es fascinante; no muchos aprecian la paciencia y dedicación que se requiere para preservar la belleza de las flores. Se da muy poco crédito, ¡caray! —exclamó el joven mientras, disimulando, se acercó más hacia la señorita.
—Este... eh... ¿y usted, cuál es su pasatiempos favoritos? —preguntó Hinata tratando de crear distancia ya que la maniobra fue más bien obvia que disimulada. "Pero ¿y cómo hago para corroborrar si tiene la herida del Zorro si me alejo y no le puedo alcanzar el costado?" Pensó ella para sí mientras se sonrajaba al darse cuenta de que ésta es la oportunidad que necesita para verificar la herida.
—Jeje, se a a asombrar cuando le diga: a mi me gusta la jardinería. ¿Cómo le quedó el ojo? Nos complementamos perfectamente-¿cuál es su flor favorita? —indagó Naruto.
—M-me gustan los gi-girasoles —respondió ella nerviosa.
—¿Y ya tiene un girasol en su colección?
—N-no, todavía no, apenas importan girasoles a España del Viento.
—Pues aquí en América se dan bien, yo me dedico más a las plantas caseras pero le puedo cultivar uno que otro girasol para su colección, ¿qué le parece? —propuso Naruto con una sonrisa más radiante que un bendito girasol.
—E-es my generoso, me da pena... —se sonrojó Hinata si no estaba sonrojada ya.
—¡Vamos, diga que sí! —y se pegó aún más a ella el joven, quedando frente a frente con la señorita.
—Es-está bien —"está tan cerca de mí como el Zorro aquella noche, ¡es la misma sensación! Quisiera tan sólo dejarme besar como también lo quería esa noche, pero no puedo desperdiciar esta oportunidad..." pensó ella para sí con el corazón latiéndole a mil por minuto.
—Me alegro tanto de que aceptara, Hinata, que hasta podría besarla...
Hinata juró que se encojío ahí mismo donde estaba al escucharlo pronunciar su nombre con ese tono de voz tan seductor. Naruto efectivamente logró conectar los labios de los dos, pero no hizo ningún otro movimiento como esperando alguna señal de la señorita de que se le estaba permitido tal atrevimiento. Entonces ella reciprocó el beso y luego se dejó llevar de los movimientos del joven. Poco a poco Naruto pidió permiso para más: paseó sus manos desde sus caderas hacia su cintura, la acostó sobre su chaqueta en el césped. Eso último sorprendió a Hinata con mucho pudor, y sin pensarlo, lo empujó por el costado alejándolo de ella. Ella casi se olvida del dichoso asunto de la herida, pero por suerte el leve golpe fue donde debía.
—Disculpe si me excedí, Hinata, pero es que usted es muy hermosa —se excusó el rubio sin mucha queja.
Hinata se dio cuenta de su poca, o mejor dicho, falta de reacción del joven y la verdad es que se decepcionó un poco. Pues estaba segurísima de que esos ojos, esa mirada son las mismas de el Zorro. Pero una herida como esa no se recupera tan pronto y todavía debería de causar, en lo más mínimo, molestia, sino dificultad para moverse libremente. Así que a pesar de tener el mismo color de ojos, este joven no es el Zorro, concluyó ella. Y en el tiempo que le tomara encontrar a todos los jóvenes del pueblo con ojos azules y de alguna manera encontrar una excusa para rozarles en el costado, ya la herida tendrá tiempo de sanar; no que ella se atreva a tal hazaña de tales proporciones...
—¿Está bien, señorita Hinata? De nuevo me disculpo si me sobrepasé... —repitió el rubio, vergüenza apoderándose de él.
—Erm... eh, sí, estoy bien —Hinata tocó sus labios. —Eres el primer hombre que me ha besado —confesó ella.
—Quisiera ser el último también —Naruto la besó otra vez, esta vez más intensamente, demandador, dominante.
—No, esto esto es una locura, apenas lo conozco —rompió el beso la pelinegra.
—La entiendo señorita... Hinata —se corrigió el joven, —perdóneme otra vez...
—Está bien... ya debo regresar a casa antes de que alguien se dé cuenta que no estoy.
—La acompaño —es lo mínimo que podía hacer el rubio, después de todo la pequeña escapa fue su idea.
Naruto la dejó en a pocos pasos del pórtico de su casa por eso de que no los descubran. Se despidieron no sin antes quedar para una posible próxima vez. O, para Naruto, una segunda oportunidad de no arruinarlo todo; y por los propios medios también, o sea, con el permiso de su padre y todo.
Cuando Hinata ya estaba en la privacidad de su cuarto no pudo evitar remomorar el beso una y otra vez. "¿Y qué tal si resultara que Naruto sí era el Zorro?" se preguntó para sí la señorita, "¿cuán lejos me hubiera atrevido a llegar?" Después de muchos escenarios imaginarios, la respuesta era obvia para ella: Hinata se hubiera entregado a ese a quien llaman El Zorro. "Ojalá me pueda volver a topar con el Zorro..." Y con esa esperanza, Hinata se dejó vencer por el sueño, sin saber que su deseo se le había cumplido ya bajo sus propias narices.
Yo te pido que me atrapes otra vez, así cerca, deslizándote…
