Capítulo 1. Escapar hacia un nuevo comienzo.

Estaba esperando su avión en el Aeropuerto de Charles de Gaulle, uno de los aeropuertos más importantes de París. Miraba en el indicador el destino que había elegido ella misma. Barcelona, España. Miraba los minutos pasar en el enorme reloj del aeropuerto mientras esperaba su vuelo, dirigiendo su vista hacia las tiendas de ropa, las cuales eran grandes marcas. La muchacha no sabía qué más hacer, aparte de liarse a comer como una loca grandes bocadillos de pollo, huevo, mayonesa y lechuga; y grandes tarrinas de helados de todo tipo de chocolates, engulléndose cada bocado y cucharada respectivamente ávidamente. Y la chica seguía teniendo hambre; no le dolía un ápice el estómago… Pero quizás no fuera porque en verdad tuviese hambre, sino por aburrimiento o ansia pura y dura. O tratar de olvidar algo.

Quedaban treinta minutos para su vuelo hacia Barcelona. Como no podría quedarse mucho más tiempo sentada engullendo comida tranquilamente, fue de nuevo hacia la tienda de comida y pidió varios bocadillos más de lo mismo y también de bacon, con o sin queso, un enorme bote de nuggets de pollo y una gigantesca tarrina de helado de varios chocolates y muchísimos trozos de cookies, oreo, lacasitos y todo tipo de galletas y dulces. Cuando se fue de la tienda, sacó de una de sus bolsas de comida un bocadillo de bacon y empezó a engullirlo enseguida.

- ¡Andrea! – la llamó una voz conocida de chico.

La chica giró sobre sus talones para ver a quién la había llamado. El chico era japonés, de estatura media; quizá algo más bajo que Oliver Atom/Tsubasa Ozora. Su cabellera era castaña, acompañada del color marrón de sus ojos. Pudo reconocerle enseguida; era Tom Baker/Taro Misaki. El muchacho se reía de todo lo que llevaba ella para comer.

- ¡Andrea, me sorprende que comas tanto y estés tan delgada!

- Y me he zampado cuatro bocadillos y una tarrina enorme de helado de chocolate antes de que vinieras tú – Andrea sacó la lengua, divertida -. Y toda la comida que llevo en las bolsas es para el avión. Tardaré como mucho en llegar allí dos horas y algo, y yo en ese tiempo no puedo dormirme. Lo mejor que puedo hacer en el avión es comer.

- ¡Pero menuda gorda que estás hecha, tía! – los dos se rieron a carcajada limpia con el comentario de Tom/Taro. Dejaron de reírse y habló él -. Por cierto, ¿a dónde vas?

- A Barcelona. Oliver/Tsubasa jugará en el equipo catalán, pero irá unos días después que yo a Barcelona, porque me ha dicho que está jugando los partidos finales en Brasil con su equipo de allí, Los Brancos.

- ¿Y qué es lo que vas a hacer exactamente allí?

- Ser gerente y mánager del equipo catalán oficial, claramente. Mi padre me quiere enviar a España por eso; sabe que no lo pasé muy bien cuando estaba en la Selección francesa – dicho esto, hizo un gesto de aburrido desdén -. Tooooodos mis compañeros dándome por saco, sobre todo el puto pesado de Napoleón, diciéndome groserías cada dos por tres.

Tom/Taro se echó nuevamente a reír por los comentarios de su amiga.

- Pierre me contó que una vez en las duchas intentó violarte – comentó el chico algo cortado.

- Violarme no, pero porque le di un guantazo a tiempo (estaba a punto de conseguirlo); sin embargo sí que logró tocarme las tetas y el culo. Concretamente, a apretarme los pezones y azotarme el culo – se cabreó aún más viendo que el chico no paraba de reírse -. ¡Tom/Taro, no me hace ni puta gracia, joder! – dio énfasis a la última palabra -. ¡Deja de reírte ya, cojones!

Paró de reír inmediatamente. Sabía que su amiga podría chillar más, ponerse de mal genio y enfadarse con él, pero aun así decidió hacer una pregunta más.

- ¿Pero por qué no te soltaste de él cuando te estaba tocando las tetas y el culo?

Andrea dio un largo suspiro. ¿Por qué le tenía que seguir preguntando? ¡Ese tema la jodía muchísimo!, porque el tonto pervertido de Napoleón no la violó de milagro, pero sí llegó a tocarla en profundidad; desde los pechos y las nalgas hasta llegar a rozar su cuello. Y porque Pierre presenció la escena, motivo clave. Decidió dar la contestación, aunque le doliese en el alma.

- Porque el tío era mucho más fuerte que yo y no me podía soltar, hasta que se me ocurrió lo de soltarle una hostia.

- ¿Y cómo te lograste zafar de él para darle la bofetada?

- ¡Pues forzando mucho! ¡No me hagas dar más explicaciones sobre el incidente de ese desgraciado y yo, que estoy traumada por ello! – le contestó gritando; porque estaba harta del tema -. Y si me vas a preguntar sobre si lo denuncié o no al entrenador o a la policía, sí; lo denuncié. A los dos lo denuncié. – Se le quebró la voz, y súbitamente adoptó una expresión de profunda tristeza y vergüenza -. Ahora Pierre seguro que no me querrá para nada serio; seguramente por culpa de Napoleón ahora sólo me quiera para tener sexo, o directamente para nada. ¡Y yo estoy demasiado enamorada de Pierre! – en esta última frase habló con vehemencia y rompiendo a llorar.

- Andrea, te comprendo…

Algo interrumpió su conversación. Era el aviso para todos los que embarcaban al vuelo con destino a Barcelona. ¡Faltaban menos de quince minutos para ir embarcando! Andrea se despidió de él con un abrazo rápido y se dirigió hacia allá. Tom/Taro, por su parte, salió por patas del aeropuerto hacia la mansión de Pierre, empujando a la gente que estaba allí, provocando molestias y él se disculpaba todo el rato. Cuando llegó a la gran casa de Pierre, éste no lo saludó, sino algo más rápido:

- ¿Dónde está Andrea? – preguntó, casi chillando y muy apurado -. ¿Dónde está? – en la segunda le agarró de los hombros y le zarandeó.

- E-En el aeropuerto… ¡Pero faltan menos de diez minutos para que su embarque hacia Barcelona! No creo que la alcances pero…

No le dio tiempo a terminar la frase porque Pierre le apartó rápidamente, casi tirándole al suelo sin querer por la prisa, echando a correr lo más rápido que podía hacia el aeropuerto para poder verla y hablar con ella; más bien para confesarle sus sentimientos. Ya estando corriendo durante unos buenos minutos y a toda prisa, estaba muy cerca del aeropuerto, y como vio que no corría lo bastante rápido para llegar a tiempo, aumentó la velocidad considerablemente aunque le doliesen levemente las piernas, jadease y tosiese. Corrió mucho más de lo que solía correr en los partidos, y en menos de un minuto llegó a entrar a la puerta del edificio del aeropuerto. No paró de correr hasta llegar a los aviones para buscarla, pero el avión hacia Barcelona ya había despegado. Pierre sintió impotencia, tristeza, rabia, ganas de llorar… Todo un conjunto de emociones negativas que hicieron que se pusiese a chillar el nombre de la chica.

- ¡ANDREA! – la llamó con la voz más alta posible.

Él la seguía llamando, pero sus esfuerzos vocales fueron en vano. Ella ya se había ido. Pierre ya sabía que había despegado hacia Barcelona, pero seguía gritando ese nombre a pesar de todo, y lo hacía cada vez más alto, hasta ir quedándose ronco poco a poco, escociéndole la garganta y las cuerdas vocales. Gruesas lágrimas le caían desde sus ojos de color verde azulado; empezando a llorar intensamente. Después de empezar a llorar, comenzó a temblar, haciendo así que sus ojos se pusiesen rojos y sus labios temblasen, frunciéndolos. Acto seguido, su respiración inició a ser algo dificultosa. La gente se escandalizaba de lo que le pasaba al muchacho, y mucho más tratándose del capitán del equipo nacional francés. La mayoría de la gente estaba observándole como tontos, y hasta algunos entrevistadores se acercaron a él para sonsacarle información de por qué estaba llorando, y cuando formularon la primera pregunta acerca de ello, vino Tom/Taro para apartarle de ellos.

- ¡Deténganse! ¡Esto no es motivo de entrevista! – chillaba el muchacho.

- ¡Cállate y apártate, chaval! – le increpó uno de los periodistas, apartándole de un empujón.

- ¡Será usted sinvergüenza! – Tom/Taro reaccionó al empujón y le dio en la cara, y después de quitarse de en medio al periodista, fue hacia Pierre con la intención de llevárselo de allí.

Una vez lograron deshacerse de los periodistas, se fueron corriendo del lugar porque les perseguían. Una vez lograron despistarles, pararon de correr y echaron a caminar, si bien Tom/Taro tuvo que parar unos instantes para que pudiese descansar en pocos segundos Pierre, cansado de correr tanto. Le dolían mucho las piernas; le estaban latiendo como un corazón que había acabado de hacer mucho ejercicio físico, debido a que la sangre le estaba llegando a estas muy deprisa. También tenía un intenso dolor de cabeza, acompañado de que su corazón latía a mil por hora, a causa de que había corrido muchísimo; muchísimo más que en importantes partidos, para los cuales se había entrenado muy fuerte, ganando algunos partidos y perdiendo otros. Pero lo que más le dolía era el alma, por no haber podido declararle sus sentimientos a esa chica. Le fastidió muchísimo; le atravesó el alma ver a Napoleón y a Andrea en escena aquella vez. Si ella le odiaba tanto, ¿por qué había mantenido relaciones sexuales con él? Y por lo que había contado Napoleón, ambos lo habían pasado en grande.

Por otra parte, Tom/Taro creía que Napoleón y su amiga Andrea tuvieron relaciones hasta que ésta le contó toda la verdad. Quería contarle todo a Pierre, aunque ella le había contado poca cosa, porque el tema era tabú para ella y porque su vuelo salía en poco tiempo. La muchacha nunca mentía, y en sus ojos se notaba porque le había mirado a los ojos directamente aunque estuviese al borde de las lágrimas, y en su voz, porque lo decía en un tono muy vehemente, y no dudaba de sus palabras. También tenía muy sabido que Napoleón era un mentiroso de los pies a la cabeza, y decir que lo había hecho con Andrea era un pecado; sabía perfectamente que había más probabilidades de que los cerdos echasen a volar antes de que Andrea accediese a acostarse, o simplemente tener algo con un estúpido como ese. Pero ahora no se lo podía contar, porque su amigo no estaba en condiciones para escuchar nada.

Cuando Pierre hubo terminado de descansar, comenzó a andar nuevamente, pero Tom/Taro le notaba muy exhausto, y le dejó apoyarse en su hombro. Pierre dejó caer su cabeza sobre el hombro de Tom/Taro levemente; estaba a punto de dormirse. Lo único que quería era llegar a su casa, tumbarse en su grandísima y comodísima cama adoselada, y dormir olvidándose de todo por completo.


Andrea llevaba una hora de reloj subida en el avión. Ya se había zampado la mayoría de sus bocadillos, apenas le quedaban nuggets en el bote y ya se había engullido su macro-helado de tres chocolates, nata y algo de sirope de caramelo con todo tipo de dulces. La verdad es que el estómago le estaba empezando a pesar, pero siguió comiendo porque le faltaban pocos bocadillos y nuggets por engullir; quería saciar por completo su hambre. Más que comer porque tuviese hambre, lo hacía por el aburrimiento que le causaba ir en avión a altas horas de la noche, estaba relativamente cansada y no quería dormirse, y la razón más notable; quería olvidar a cierta persona. Bueno, a más de una cierta persona. Lo había pasado muy mal cuando Napoleón había intentado violarla, pero se alivió por unos segundos al pensar que ese idiota no había logrado lo que quería de ella. Pero le seguía escociendo el que hubiese podido tocarla en profundidad, y no habérsele ocurrido lo de la bofetada antes. Le odiaba con toda su alma, y deseaba partirle la cara, pero no tenía delante suyo a tal mastuerzo para hacerlo; así que optó por apartarle de sus pensamientos. Pero más le dolía el hecho de que Pierre y ella no hubiesen vuelto a hablar después de haber presenciado éste tal escena, pero no comprendía del todo por qué. ¿Acaso éste estaba empezando a enamorarse de ella? Ella no lo pensaba así. Intercambiaron algunas palabras, pero nada más. ¿El resto? Había pasado de ella totalmente, como si fuese una persona más en su vida. Al recordar todo esto, se le escapó una gruesa lágrima. 'No, Andrea, no tienes que llorar ahora, ni mucho menos por ese imbécil. Vas a irte a Barcelona y vas a conocer gente nueva. Él ya no forma parte de tu vida'. Pensado esto, empezó a recordar cosas malas de él, y reunió un buen número de razones por las que olvidarle. Para empezar, era un tío muy mujeriego y muy orgulloso de ello. Le encantaba andar rodeado de un montón de chicas. Característica muy destacada de él. En segundo lugar, un borde y un pasota. Intercambiaron algunas palabras; pero él era muy frío y muy distante con ella, y muchas veces no la hablaba. En tercer lugar, un narcisista. Siempre creyéndose el rey del mundo. También era un crío. Una mala persona. Un presumido. En resumen, un chico guapo y rico pero idiota e inmaduro. Después de pensar eso, se sintió mucho mejor, pero eso sí, el dolor de tripa por la excesiva comida seguía presente.

Cuando las dos horas de avión pasaron, sintió una oleada de positividad. Iba a conocer gente nueva (por lo tanto iba a hacer nuevos amigos), iba a ver nuevamente a su amigo del alma; Oliver Atton/Tsubasa Ozora, vería lugares espectaculares que solamente había visto en fotos y moría por verlos en persona, probaría la comida española (tortilla de patata, paella, distintos embutidos tales como el chorizo, pan tumaca, crema catalana, flan, churros con chocolate, pets de monja, etc.) y seguramente haría muchas cosas interesantes. Le dio nuevamente hambre, pero el subconsciente la traicionó y recordó más a fondo su dolor de tripa, la cual le empezó a doler más.

'Ay, eso me pasa por ser tan ansiosa y ponerme a comer como una descosida' se lamentó en sus pensamientos.

Una vez había bajado al aeropuerto de Barcelona, El Prat, tuvo tentaciones de pedir comida, pero recordó que si comía nuevamente, vomitaría. Pasó libremente el control aéreo y se fue directamente a por un taxi, el cual la llevó hasta el Estadio Camp Nou, donde fue a continuación a la residencia del equipo catalán. Andrea llevaba consigo misma el papel con la dirección, y siguió ésta al pie de la letra. Hacía un frío agradable; ese mismo que refrescaría su cuerpo, pero como pasó frío en el avión, no le resultó agradable. Más, deseaba tener una chaqueta a mano. Hubiera sacado una de sus chaquetas si faltase mucho camino para llegar hasta la residencia, pero como la pereza la invadió y le faltaba poco camino para llegar hasta ésta, no lo sacó. También lamentó haber ido en sandalias, puesto que estaba empezando a tener frío en los pies, y aunque llevara pantalón largo, también tenía frío por las piernas. Cuando por fin llegó a la residencia, dio varios respiros de alivio. ¡Por fin había llegado! Estaba puesta la calefacción para su suerte. Sintió una oleada agradable de calor. Le hubiera gustado quedarse sentada en el mullido y enorme sofá de color rojo escarlata, pero recordó de repente que tenía que ir a ver al entrenador del equipo. Tenía que presentarse como la gerente y mánager del equipo; más, tenía que hablar con el entrenador de cuándo empezar sus labores, sus condiciones, sus días de descanso, qué tendrá qué hacer en el equipo, etc. Pensar de todo lo que tenía que hablar con él le agotaba.

De repente le entró sed, y se acercó a una reluciente, alta y bonita fuente de agua plateada. Apretó uno de los botones y de la boquilla del grifo salió un agua muy fría y transparente, y bebió del medio del chorro. Una vez hubo saciado su sed con un poco de agua, fue al despacho del entrenador. Llamó a la puerta primero ante todo. Cuando éste le dio el permiso para entrar, abrió la puerta. Se encontró a un hombre de una ya avanzada edad; estaba parcialmente calvo pero la parte por donde tenía pelo consistía en una media melena de color gris claro, la cual le llegaba por el final de la nuca. Sus ojos eran de color azul cielo claro y alrededor de ellos se notaban los años a través de las patillas de gallo, su nariz era grande y aguileña y su boca estaba cubierta por arrugas de vejez, al igual que su frente. Su expresión era severa; y Andrea notó que estaba enfadado. A pesar de ser una persona entrada en años, tenía un buen porte; era alto y algo musculado, y estaba enfundado en un traje negro de alta marca combinado con una corbata roja, una camisa de seda blanca y unos zapatos de cuero negros.

- Tú debes de ser Andrea Rosier, ¿no es así? – le preguntó el entrenador en un tono neutral.

Andrea se puso muy nerviosa. Conocía muy bien a ese entrenador. Le habían hablado mucho de él, y le habían contado que era muy severo con sus jugadores, y que cuando se enfadaba daba en verdad mucho miedo.

- S-Sí, s-soy yo – contestó con un titubeo.

- ¡Venga, chica, no te pongas nerviosa! – el hombre se enfadó medio en broma, medio en serio. Le lanzó una mirada siniestra -. Sólo una pregunta, Rosier. ¿Por qué has llegado tarde?

Andrea puso los ojos en blanco. ¿Acaso había llegado tarde? Ella no lo creía así. Se paró a pensar unos segundos, y sí, había llegado aproximadamente una hora tarde, ni nada más ni nada menos. Claro, en parte no era culpa suya; el avión se había retrasado unos minutos, y le había costado lo suyo encontrar la residencia, teniendo en cuenta que antes había tenido que pasar por el Estadio Camp Nou, y por otros estadios más pequeños (que había deducido como los estadios de los equipos de Barcelona FC de rango inferior y las canchas de entrenamiento), y además había tenido que pararse dos veces porque por el camino le habían dado pinchazos en el estómago (obviamente, de ingerir muchísimo). Pero era culpa suya en pequeña parte, por haberse pasado con la comida y por haberse entretenido de más estando semitumbada en ese sofá rojo.

- ¿Po-Porque me he perdido y desde el Estadio Camp Nou hasta esta residencia hay por lo menos medio kilómetro, si no más?

- O lo afirmas o lo preguntas, Rosier. No puedes hacer ambas cosas. – el entrenador sabía que la chica dudaba de su propia afirmación; la había pillado in fraganti -. Me parece que es porque estás cansada; porque estás mirando hacia otro lado – carraspeó -. Yendo al grano, te resumiré tu papel en este equipo. Serás gerente y mánager del equipo. Tendrás que ayudar individualmente a cada jugador a preparar su propio entrenamiento. Llevarles las bebidas y las toallas durante los descansos de los entrenamientos o partidos oficiales, y cuando uno u otro haya terminado. Reunir datos de los equipos rivales, para inventar estrategias y saber cómo atacarles o defendernos de ellos, y tendrás que ayudar en las estrategias de juego. En alguna que otra ocasión tendrás que acompañar a algún jugador en alguna que otra entrevista, ya sea para defender a su favor o en su contra.

La muchacha iba tomando notas mentales porque no tenía fuerzas de sacar una libreta y un bolígrafo y ponerse a escribir; no por otra cosa.

- Y también deberás ser puntual. Tendrás que levantarte a las siete de la mañana, y a las ocho de la mañana tendrás que estar en la cocina para echar una mano a la cocinera, quien pronto se va a jubilar porque ha perdido muchas facultades. También tendrás que hacer la comida y la cena. Pero no te preocupes, que tendrás muchos días y noches libres – echó una carcajada -, no te pienses que vas a vivir para el equipo solamente. Pero no te acuestes demasiado tarde, no estés muchas noches de fiesta loca o simplemente te comportes como una noctámbula.

Al oír la última frase del entrenador, le dio un pequeño infarto. ¿Que no podría salir de fiesta muchas noches? ¡Con lo que le gustaba a ella salir de fiesta y andar por las discotecas con su amiga Amaia! Pero claro, Amaia no estaba en Barcelona, sino en Milán. Empezó a ponerse nerviosa, pero trató de contener su ansiedad. Iba notando más cómo su estómago iba resentiéndose por la cantidad de comida ingerida, haciendo que empalideciese un poco.

- No, entrenador, no saldré todas las noches; sólo las que tenga libres.

- Por cierto, soy el entrenador Edward Van Saal.

- Mucho gusto.

Después de haber dicho esa última frase, a Andrea le empezaron a entrar ganas de vomitar, porque estaba notando cómo la comida le estaba subiendo lentamente del estómago al esófago, cómo su estómago era inflado rápidamente, como su tejido estomacal se iba estirando, cómo sentía que una bomba iba a estallar dentro de ella. Empezó a ponerse pálida al mismo tiempo que se tapaba la boca con una mano, pero inevitablemente su estómago, su esófago y su garganta la traicionaron haciendo que devolviese, dejando el reluciente y blanco suelo de mármol hecho un Cristo a pesar de haberse resistido y haber forzado a su estómago y su garganta. El entrenador abrió los ojos repentinamente, completamente alarmado.

- ¡¿Estás bien, muchacha?! – exclamó casi chillando el entrenador. Se le veía muy apurado por el estado de ésta, la cual tenía la mirada perdida, estaba muy mareada, se sostenía con cierta dificultad en el suelo y se la veía muy pálida.

- S-Sí, sólo ha sido un… - no le dio tiempo a terminar la frase porque devolvió nuevamente.

El entrenador la agarró por los hombros, viendo que estaba a punto de desmayarse, pero cuando éste hizo un movimiento de zarandeo sin querer, Andrea le vomitó en el traje y los zapatos, lamentándose de haberlo hecho.

- Lo-Lo siento mu-mucho, entrenador Van Saal – replicó, muy avergonzada.

En entrenador la miró entre una mezcla de asco y reproche. ¿Por qué no había dicho que se encontraba mal?

- Es igual. Vete a descansar; es obvio que no te encuentras en condiciones para hacer la entrevista. Como de seguro que te encontrarás mejor para mañana, te seguiré informando de todos tus deberes de gerente y mánager y te haré la entrevista.

Andrea se retiró en silencio, sin despedirse del entrenador por la pura vergüenza que le había dado el vomitar encima a aquel importantísimo, famosísimo y severísimo hombre. Salió del cuarto sin cerrar la puerta y mientras que iba caminando por los pasillos, estaba pensando en lo hecho. ¿Y si el entrenador la cogía asco? ¿Y si al día siguiente decidiese echarla por su incompetencia, tal como se había comportado? ¿Y si le diese por burlarse de ella? Se hacía un montón de preguntas en su cabeza, y a cada pregunta que se hacía, más miedo le daban las posibles consecuencias.

Cuando por fin llegó a su habitación, sólo pudo ver que era una habitación muy grande pero que era muy sencilla para su gusto, y también tenía un cuarto de baño para nada pequeño. No se detuvo a observar nada más porque todavía tenía ganas de vomitar, y se fue corriendo a devolver al váter. Después de hacerlo, se fue directa a su cama, y no tenía fuerzas ni siquiera para abrir una de las maletas que llevaba (las cuales había mandado llevar el entrenador Edward) para sacar uno de sus atrevidos y cortitos pijamas (los cuales consistían en una camiseta de tirantes finos; que podían estar por encima del ombligo o no, y unos pantalones cortos, de unos colores nude en tonalidades más oscuras o claras; hablando de marrones o rosas), cambiarse de ropa, deshacer las sábanas para meterse en la ancha y vasta cama y acomodarse las almohadas y las sábanas; simplemente se dejó caer como una pluma en ésta y directamente se durmió, no antes sin pensar que era un desastre.


Pierre seguía en cama. Estaba claro que había enfermado. Los médicos decían que tenía fiebre, que estaba bajo de azúcar, que le dolía la cabeza y que tendría que estar en reposo durante unos cuantos días. Y el psicólogo le había diagnosticado depresión. Pero él pensaba que estaba enfermo de desamor; porque seguramente Andrea haya conocido a otro y le haya olvidado. ¿Por qué no llegó a tiempo para confesarle sus sentimientos, aunque fuera?

- Soy… Soy tan sumamente idiota… - susurrando esto con la voz temblorosa, dejó escapar unas cuantas lágrimas -. Lo siento, Andrea, perdóname…

Tom/Taro llegó con un té caliente al cuarto donde estaba Pierre descansando. Era una enorme habitación de estilo francés; pero del francés neoclásico. Era una habitación relativamente cargada, pero no tanto como una habitual. La cama en donde descansaba el enfermo de desamor era muy opulenta, ancha y alta, mucho más que su dueño, y las sábanas eran gruesas y de color rojo, y al lado de ésta una vasta mesilla hecha de ébano, también muy al estilo francés. El suelo era de mármol blanco y fino, donde una persona se podía ver reflejada. Tom/Taro dejó el té caliente en la mesilla. Pierre no hizo nada; sólo salían de sus ojos gruesas lágrimas, y tenía todo el rostro caliente y rojo. Nada más dejar el té, Pierre alzó una mano hacia Tom/Taro.

- No… No te vayas, Tom/Taro… te necesito más que nunca – de su rostro salieron nuevas lágrimas.

El aludido, en un acto de compasión, comprensión y generosidad, se sentó en uno de los bordes de la cama, asió a Pierre de la cintura y los hombros, le acercó a sus hombros, le abrazó y por fin Pierre pudo sentirse comprendido, llorando nuevamente.

- Eres un buen amigo, Tom/Taro…


Se despertó a la mañana siguiente con una gran ligereza en su estómago. Ya se encontraba mejor, pero sabía perfectamente que le dolía la cabeza y tenía unas no muy grandes agujetas por todo el cuerpo, pero le dolían muchísimo sus preciosos pies y por la parte de arriba de la espalda; es decir, los trapecios, tenía algún que otro nudo. 'Ojalá una masajista', pensó. Pero como no conocía ningún masajista de Barcelona, y ni ganas que tenía de buscar uno. Así que se preparó un baño caliente, y mientras la bañera se llenaba de agua y ésta se fundía con las sales aromatizadas de una carísima y conocidísima boutique que sacó de la maleta más pequeña, donde tenía muchas sales de baño, varios cepillos para el pelo, jabones de la misma boutique que esas sales de baño, cremas para la piel y el cuerpo de marcas de lujo, mascarillas, acondicionadores y champús también de marca, gracias a los cuales siempre tenía el pelo brillante, sedoso, suave y con el volumen que siempre tenía su pelo, y un montón de productos de belleza que no tenía ganas de mencionar.

Cuando tuvo su baño listo, se despojó de sus ropas y se metió en la enorme bañera de mármol, ocupada con el agua caliente y las sales de baño, las cuales habían hecho en el agua una espuma de un color morado muy tenue. Ésta cubría su delgado pero voluptuoso cuerpo; cubría parte de sus grandes pechos. Estiró las piernas hasta llegar a tocar con los pies el final de la bañera, y como consideraba que estaba demasiado caliente, presionó el botón del agua fría con un dedo del pie y la dejó correr unos minutos, y una vez sintió el equilibrio del agua templada, volvió a levantar el pie y presionó con los dedos el botón del agua fría para detener su circulación. Se estiró, sacando fuera las piernas, quitó el tapón que contenía el agua de la bañera porque pensaba que había sido suficiente el tiempo que había estado en remojo y después se puso en pie, poniéndose debajo de la alcachofa de la ducha, presionó el botón de agua fría, lavándose su larga, ondulada y medio rubia cabellera, la cual le llegaba por debajo de los glúteos. Cuando hubo terminado de ducharse y secarse, estando completamente en cueros, fue inmediatamente a mirar su correo electrónico, y tenía uno de Oliver/Tsubasa, y otro de Benji/Genzo. Miró primeramente el de su amigo del alma, que rezaba:

¡Andrea! Cuánto tiempo sin hablar. Me he enterado de que has ido a Barcelona, ¿qué tal es el entrenador de allí? ¿Y qué tal andas?

Por cierto, en unos días voy a ir a Barcelona, ¡así que podrás darme un abrazo, y podremos irnos a comer a los buffets libres que quieras! Por cierto, la comida brasileña está para chuparse los dedos.

Un abrazo,

Oliver/Tsubasa.

Le encantó lo que había leído. Respondió con esto:

¡Oliver/Tsubasa! Yo también te echo de menos, ¡cómo estoy deseando que vengas a Barcelona!, tengo muchas cosas que contarte.

La verdad es que ando fatal. Me encuentro bastante mal aunque ayer me encontraba peor; de tanto como me pasé comiendo y de los nervios que me daba el entrenador del Barcelona/Cataluña y de la propia pesadez de mi estómago, acabé vomitándole en su traje y sus zapatos, y ahora se me cae la cara de la vergüenza. Dicen que es un hombre especialmente severo con sus jugadores, y que cuando se enfada, da muchísimo miedo. Por eso temo por mi vida.

¿Comida brasileña? ¡Siempre he deseado probar algunos platos! Y también tengo ganas de competir contigo, a ver quién come más.

¡Mucha suerte con tus últimos partidos en Brasil!

Un gran abrazo de tu amiga,

Andrea.

Y después de responder a Oliver/Tsubasa, pinchó en el mensaje de Benji/Genzo, el cual rezaba así:

¡Andrea, cuánto tiempo sin hablar! Creo recordar que no nos dimos la dirección; Schneider me la dio para que te hablase. Y no sé qué preguntar, así que te pregunto esto; ¿qué tal vas?

Yo al final me volví a Alemania, Oliver/Tsubasa está en Brasil y Lenders/Hyuga está aún en Japón, y la señorita Kaori Matsumoto está intentando conseguirle un lugar en un conocidísimo equipo italiano, Piamonte FC/Juventus FC. Y ella será su mánager. También tengo noticias de Schneider, está jugando en el Rötburg FC/Bayern Múnich FC, donde su padre entrena.

Bueno, ya me contarás lo que comes en Barcelona, ¿también me invitarás a venir? Es que puede que cuando acabe la Bundesliga no regrese a Japón, es más; puede que venga a Milán a hablar con Amaia y fastidiar un poco a Dario/Gino, o a Barcelona si es que me invitas .

Un abrazo de portero,

Benji/Genzo.

La muchacha soltó alguna que otra carcajada con este e-mail. Que le invitase a venir a Barcelona, que iba a ir a Italia para fastidiar a Dario/Gino, etc. Entre risas contenidas, le escribió lo siguiente:

¡Benji/Genzo! ¿En serio no te había dado mi dirección? No me acuerdo de si lo hice o no, pero si no lo hice, lo siento mucho :(.

Yo en general ando bien, porque aterricé en Barcelona; pero como el culo porque de tanto ingerir en el avión bocadillos, nuggets y helados le vomité encima al entrenador del Barcelona FC/Cataluña FC, y dicen de él que es severísimo y que cuando se enfada da muchísimo miedo, y temo por mi vida.

¡Amaia se subirá por las paredes cuando Lenders/Hyuga esté en el Piamonte FC/Juventus FC! No le soporta, y no quiere que esté en ningún club; ya puede alegrarse de que no estará en el Milán FC, donde están Dario/Gino y ella. Y hablando de Dario/Gino… está muy molesto contigo por lo que le dijiste en aquella ocasión, pobrecillo.

Rudy Frank Schneider regresó como entrenador de dicho equipo hace poco. Se trasladó junto con su familia a Múnich. Y vaya desprecios que recibió por sentar en la banca a la estrella del equipo, Schmidt. ¡Vaya humos tenía el cabrón! Me alegro de que ese hombre haya recuperado su vida.

¡Por supuesto que te invitaré a Barcelona!, si tanto quieres venir.

Un beso,

Andrea.

Después de terminar el e-mail para Benji/Genzo, fue directa a una de sus enormes maletas de ropa, y sacó de esa misma maleta, de un color rosa muy apagado, un sujetador de color carne sin aros, el cual se ajustaba más o menos a sus pechos, una braga brasileña negra y también se puso una bata, la cual era de color arena, semitransparente, era de manga larga y le llegaba hasta por encima de las rodillas. Quería bajar a desayunar, pero no se encontraba en condiciones para bajar, así que se tumbó en su cama con expresión de frustración y aburrimiento.

'Quiero magdalenas de chocolate, tarta de tres chocolates o de queso, pastas, galletas de chocolate, churros con chocolate… quiero cualquier cosa, y si es todo eso y más, mejor que mejor. Tengo mucha hambre'.

Por fin decidió vencer a su flojera. Se levantó de la cama, volvió a su maleta y sacó unas chanclas negras y se las puso. Antes de salir de su cuarto, se miró los pies. 'Después de desayunar, a arreglarme las uñas' pensó. Dio apenas unos pasos más cuando una señora de mediana edad le subió en un carrito todos los desayunos que había pensado antes, y una blanca taza de café con su tetera de igual color.

- Gracias, señora. Menos mal que ya no tengo que bajar, porque vaya dolor de todo que tengo.

La aludida se echó a reír.

- Y bien que te levantas para la comida, ¿eh? Disfrútala y recupérate, anda.

Cuando se fue, se trajo a su habitación el carrito del desayuno en dirección hacia su cama, y cuando por fin se tumbó en ésta, no engulló como solía hacer otras veces para no acabar vomitándolo, sino que se fue comiendo todo poco a poco, dando más masticadas, como siempre le habían dicho Oliver/Tsubasa y Benji/Genzo; y además éste último siempre la reñía si acababa vomitando toda la comida ingerida, o simplemente no se podía poner en pie por su dolor estomacal. Y además Karinna Sölberg, su amiga médico, le había dicho que de úlceras estaban llenas las tumbas. Ya tenía razones suficientes para no acabar hartándose de comer hasta que no pudiese ni levantarse. Se daría algún que otro atracón pero en cantidades moderadas; saliendo más satisfecha de lo normal, notando su estómago lleno pero no que le diesen esas punzadas tan bestias que éste daba cuando se hartaba a comer. Fue comiendo muy despacio y al acabarse todo el desayuno (obviamente, no sabía que el entrenador Edward le había encargado a esa señora que no le llevase grandes cantidades, sino trozos medianos de cada cosa para que no acabase vomitando como en la noche) se fue directa a otra de sus grandísimas maletas, de donde sacó un pantalón deportivo largo y ancho pero por los tobillos y las caderas ceñido, de color rosa pálido y una camiseta de tirantes finos de color crema y se fue al baño; primeramente vistiéndose y después fue directa a cambiarse el color de las uñas; haciéndose la manicura francesa; también aprovechó para hacérsela en las manos. Ya cuando hubo terminado de alistarse, se puso las mismas chanclas negras, se cepilló el cabello dándole algo más de volumen y se echó una de sus carísimas colonias de diseñador. Salió del baño con cierta parsimonia, pero salió del cuarto con algo de brío al recordar que tenía la entrevista con el entrenador Van Saal. Sus pasos se oían por el lujoso suelo de mármol, con intención de dirigirse al despacho del entrenador. Llamó a la puerta con un par de suaves golpes.

- Entra – dijo el entrenador con tranquilidad.

Andrea, ante la orden, movió hacia abajo el dorado pomo de la enorme puerta de ébano, que medía más de dos metros de largo y además por ella podían pasar dos o tres personas a la vez; y dio unos pasos hacia el opulento despacho; había un gran sillón de piel negro, en el cual Edward estaba sentado. La mesa también era muy ancha, tenía forma rectangular y estaba hecha con ébano.

- Siéntate – le ordenó, señalando un mullido sillón de color rojo sangre.

La muchacha acató la orden con agrado. Le dolían los pies de tanto caminar, y el sentarse en el sillón fue como un silencioso grito de placer para ella.

- Rosier, ¿no crees que vas demasiado fresca con esa camiseta? Lo digo porque a nadie de aquí le haría mucha gracia verte así; y además, hace frío.

La había mirado con cierta severidad. ¡Pero si ella no pretendía nada, ni quería lograr nada con su escote! ¿Acaso el hombre pensaba lo que todos pensaban de las chicas que enseñaban su generoso escote? ¿Acaso la estaba insultando? A Andrea le dieron ganas de irse de aquel despacho y dar un portazo, pero no lo hizo porque ya bastante espectáculo le dio vomitando en la noche. Intentó calmar su enfado, y a consecuencia de esto relajó las cejas y en general, todas las facciones de su cara. Olvidó en un momento su enfado, porque no pensaba que un importante y conocido entrenador le diría eso con las intenciones que ella creía. Pero de todas formas no pretendía obtener nada sexualmente de ninguna persona que estaba allí, así que no veía ningún problema el que se pusiese camisetas que dejasen ver cierto escote.

- Rosier, ¿cómo te definirías?

Andrea tragó saliva. Estaba muy nerviosa. No sabía qué responder ante lo que le había preguntado el entrenador. ¿Definirse en qué sentido? ¿Personal? ¿Emocionalmente? Estaba sudando de los nervios; pero pronto recordó que estaba ante una entrevista de trabajo, y le dijeron que ésta era una pregunta trampa a la que tenía que contestar de una manera diferente a lo que ella siempre solía responder. Le habían dicho que comentase cosas que estuviesen relacionadas con el puesto de trabajo. Andrea era muy joven; y nunca había trabajado, puesto que su familia tenía muchísimo dinero. Siempre se iba al extranjero con sus amigos para irse de vacaciones o simplemente divertirse. Nunca había ido sola y además no iba por motivos de diversión. Su padre la había enviado a Barcelona para que mejorase sus dotes sociales, aparte para ser gerente y mánager del equipo.

- La verdad es que he venido sola hasta Barcelona, y además vengo por motivos de trabajo; que es estar aquí como gerente y mánager del equipo catalán. Además, no sé cómo podría definirme con respecto al trabajo, puesto que no lo he hecho nunca.

El hombre carraspeó.

- Comprendo. ¿Qué experiencia tienes en este sector?

- La verdad es que tengo experiencia como gerente, pero no cómo mánager. Hice de gerente hace unos cuatro años, cuando tenía unos catorce o quince años, en la Selección francesa en el Torneo de Francia. Pero también estaba estudiando, en Francia.

El entrenador anotó lo que había respondido Andrea en unas hojas en sucio.

- ¿Por qué dejaste tu último trabajo?

- No es que lo dejase, es que el Torneo de Francia acabó, y no me han vuelto a llamar. Entré como gerente de dicho equipo porque mi padre y yo emigramos a Francia.

- ¿Qué sabes de este equipo?

- Un amigo mío, Oliver Atom/Tsubasa Ozora, jugador de fútbol japonés que fue capitán de la Selección japonesa, va a venir a jugar al Barcelona FC/Cataluña FC. Ahora mismo está en Brasil, jugando con los Brancos. Sé de este equipo que es uno de los mejores equipos de élite de fútbol del mundo y que tiene un nivel muy alto, y salen grandes jugadores de allí. Que es muy difícil que fichen por ti si no eres lo suficientemente bueno para ellos.

- ¿Por qué quieres trabajar con nosotros?

- A ver, siempre me ha encantado Barcelona, pero claramente no venía con intenciones de trabajar. Mi padre me envió a Barcelona como gerente y mánager de este equipo. Y mis razones para querer trabajar con vosotros es por estar en un ámbito distinto a todos en los que he estado, porque me fascina España, y en concreto Barcelona. Por aprender un nuevo idioma. Por ser más conocida en el mundo. Por conocer gente nueva. Por ser más independiente de mi padre. Hablando verdaderamente de motivos laborales, lo que me motiva a trabajar aquí es porque aparte de estar con grandes jugadores, trataré con ellos. Y me fascina en verdad el fútbol, sobre todo porque sé inventar estrategias a la hora de los partidos que podrían ayudar al equipo, aparte de estar al tanto de su salud, entrenamientos y demás.

- Tu padre fue quien te recomendó esto, ¿no? Veo que pretendes llegar lejos, Rosier. ¿Cuál sería tu puesto de trabajo ideal?

Andrea no había elegido el puesto de gerente y mánager, pero tenía intenciones de hacer tal tarea. Y sabía muchísimo acerca de las diferentes funciones de cada personal que componía el fútbol. Le gustaría ser la entrenadora, claramente. Pero rápidamente su cerebro descartó esa idea porque jugadores más mayores que ella en absoluto le iban a hacer caso, y mucho menos jugadores veteranos.

- Aahhh… La verdad es que conozco muy pocas personas que sean o vayan a ser gerentes y mánagers de un equipo profesional, y una de ellas es mi mejor amiga, Amaia, quien está haciendo tales funciones en el Inter de Milán, en Italia. En tal equipo está Dario Belli/Gino Hernández, capitán de dicho equipo y también de la Selección italiana. También conozco a Daisy Gould/Kaori Matsumoto, la cual es mánager de Mark Lenders/Kojiro Hyuga, jugador japonés que participó en el Torneo de Francia y ahora está en el Piamonte FC/Juventus FC. Mi amiga Amaia está muy contenta en general, y por lo que veo en Gould/Matsumoto, también está muy contenta; afirma que Lenders/Hyuga ha hecho una gran evolución, y que ha tardado muy poco en hacerse titular.

El hombre se rió.

- Cómo sabes del mundo, muchacha…

Andrea se puso de nuevo nerviosa. ¡Pero si sólo había contado todo lo que sabía…! Bueno, casi todo. Empezó a palidecer levemente y puso los ojos en blanco por no saber qué más decirle al severo entrenador Van Saal.

- ¡Pero no te pongas nerviosa, Rosier! ¡Eres demasiado seria! – reía aún más.

- P-Pe-Pero… - se había quedado helada ante la reacción del entrenador.

- Ya veo que estoy poniéndote aún más nerviosa – carraspeó -. Continuemos con la entrevista. ¿Qué nos aportarías si te aceptáramos en el puesto?

La zagala se puso a cavilar por unos momentos.

- A ver… yo creo que podría hacer muy buenas estrategias para el equipo en caso de que no sepan qué hacer, o puedo ayudar al capitán o a usted a planearlas. También podría supervisar sus entrenamientos, y ponerle a cada uno su plan de entrenamiento de acuerdo a sus condiciones, y si es necesario, ayudarles. Y por supuesto que podría cocinar qué es lo que van a comer cada día, sé de primeros auxilios en caso de que alguno se lesione o simplemente le dé un tirón en cualquier parte… Por ejemplo, mi amiga hace todo eso y más.

- Oigo que puedes hacer muchas cosas por el equipo… ¿Qué cualidades destacarían sobre ti tus antiguos jefes y compañeros?

- La verdad es que nunca me hacían halagos o algo parecido… - respondió ante esto algo pensativa.

Ya habían hecho la mayoría de la entrevista, y Andrea la había pasado más o menos bien, pero no sabía si la iban a coger o no. Como ya se ha mencionado antes, ella nunca había trabajado, y por lo tanto, no sabía responder del todo bien a lo que se le preguntaba, y contestaba lo mejor que podía, recordando los consejos que le dio un empleado de su padre. Sólo faltaba la pregunta de más importancia y rigor:

- ¿Tienes alguna pregunta?

- No, entrenador.

- Bien, entonces puedes marcharte. Ya te avisaré si hay noticias.

- Muchas gracias. Adiós.

Andrea se levantó del mullido sillón rojo, caminó hacia la puerta y cerró ésta muy sutilmente, sin hacer ruido alguno.

'¡Pero es que soy tonta o qué!', pensó con rabia. '¡No he contestado bien a lo que se me preguntaba! ¿Y si tengo que volverme a Francia con una mano delante y la otra detrás? ¡No, no! ¡No quiero! ¡No quiero volver a Francia! ¡No quiero volver a Elle Cid Pierre/Pierre Le Blanc nunca más!', y tras decir mentalmente esto último, una pequeña lágrima se le había escapado.

'¡No, no! ¿Pero por qué mierda estoy llorando ahora?'

Todavía echaba de menos a Elle Cid Pierre/Pierre Le Blanc, a pesar de que dijera y pensara que le odiaba. Paró de llorar inmediatamente, pensando que quedaría como una patética idiota.


A Pierre le dolía la cabeza, y estaba claramente enfermo. Pero aparte de verle en mal estado, lo que más se le notaba era su tristeza. Lloraba todos los días. Por ella. Andrea Rosier. Sentía que la había hecho mucho daño, pero él estaba en un mar de lágrimas y sentía que su corazón estaba destrozándose por momentos. Él sabía que Andrea ignoraba que estuviese enamorado de ella. Se arrepintió de la indiferencia y frialdad con que la trató, y la chica intentando ganarse su simpatía; pero claro, a él sólo le interesaba tener fama y un montón de mujeres con las que divertirse.

Sintió calor por todo su cuerpo, por lo que fue directo al baño, se quitó sus ropas dejando ver un marcado y trabajado cuerpo debido al fútbol y se metió inmediatamente en la espaciosa ducha. Sintió alivio al sentir el agua fría rozando su rostro y su cuerpo, pero ese placer se acabó cuando por fin salió de ésta habiéndose tirado por lo menos media hora ahí dentro. Volvió a sentir ese calor horrible. Volvió a acordarse de ella. No sabía cómo, pero cada vez que la pensaba lloraba a mares. Para no tener que verse llorando, se fue a una esquina del opulento baño y miró dirección a ésta, acercando su frente a ella.

- A… Ahora simplemente quiero m… morirme – murmuró, con la voz entrecortada por el llanto.


Era de noche. Andrea iba caminando por las calles de Barcelona, iluminadas y anchas. Estaban llenas de todo tipo de tiendas, restaurantes, bares, locales de diversión; divididos todos por clases sociales; desde restaurantes de comida basura hasta exquisitos restaurantes de cinco estrellas, donde iban sólo los más selectos grupos sociales. Tiendas de ropa tales como H&M, Stradivarius, Zara y Mango, las cuales pertenecían a la clase media (pensó más bien de la primera que era media-baja, puesto que tenían unos precios muy bajos y la ropa no tenía mucho estilo según su criterio, y estaba tirada por todos los rincones), tiendas de ropa de clase media-alta tales como Ralph Lauren, Lacoste o Tommy Hilfiger, hasta las de lujo, tales como Giorgio Armani, Chanel, Versace o Louis Vitton. Pudo observar a todo tipo de gente; un grupo de chavales de clase humilde poniéndose de acuerdo para pagar dos pizzas familiares en una pizzería, un dúo de chavalas que acababan de lucir sus nuevas prendas saliendo de la tienda de Ralph Lauren (de rebajas); hasta pudo presenciar una pareja en un restaurante de lujo; él siempre dispuesto a concederle a ella todo lo que quisiera. Le dio tanta envidia ver a esas dos chavalas y como tenía mucho dinero en sus bolsillos, fue directa a la tienda de Ralph Lauren, decidida por lo menos a llevarse un par de modelitos, si no más. La noche la tenía libre (el entrenador no le había dado noticias todavía), así que pensaba recorrerse Ralph Lauren y quizá algunas tiendas más. Se llevó bastante ropa al probador. La verdad es que todo le sentaba muy bien, puesto que tenía una bonita figura, esbelta pero voluptuosa, pero apenas se llevó cuatro modelitos. Después de salir de la tienda, se recorrió Massimo Dutti, Versace, Carolina Herrera, Michael Kors, y hasta se paró a mirar Chanel, pero viendo que se había gastado más de la mitad de su dinero, y tenía bastante hambre, no se compró nada. Con el dinero no había problema, su padre le enviaba siempre más y además iba a cobrar del empleo si el entrenador Van Saal la contrataba. A gastar se había dicho. A vivir a lo grande se había dicho. Después de buscar una pizzería, llevando con sus dos manos sus bolsas de ropa, dejó todas sus cosas en dos sillas y se dispuso a hacer el pedido. Ya cuando hubo terminado de comer (dos pizzas familiares, tenía mucha hambre), cogió todas sus compras y cogió un taxi que la llevó al Bernabeu, cerca de donde estaba el área de Barcelona. Ya cuando hubo llegado allí, caminó directa a su habitación, se quitó la ropa rápidamente y más rápidamente se puso el escueto pijama, consistente en una camiseta de tirantes; la cual le llegaba algo más abajo del ombligo, y unos mini-shorts que no cruzaban ni la mitad de su cuádriceps. Hacía bastante frío, pero en su cuarto estaba puesta la calefacción. Se dirigió a la mesa, donde estaba su ordenador portátil. Y mientras éste se encendía, Andrea acercó una mullida silla de color beige, la cual tenía almohadas por la espalda y el asiento. Y ya cuando se hubo encendido, se conectó al correo electrónico. Abrió primeramente el correo de su mejor amiga, Amaia.

¡Hola, ratón! ¡Cuánto tiempo sin hablar!

¿Qué tal en Barcelona? ¿Ya te hizo la entrevista el entrenador Van Saal? ¿Qué tal te salió? ¿Hay noticias? He de decir que estoy algo preocupada por ti, puesto que has venido sola, hay mucho ladrón, secuestrador, asesino y violador y seguramente algunos jugadores, por ser de élite, se te suban a las barbas (bueno, a los pelos).

Me puedes preguntar cualquier cosa sobre esto; yo llevo un tiempo haciendo de gerente y mánager en el Inter de Milán. Ah, y otra cosa que me ha puesto de muy mal humor; Lenders/Hyuga ha sido ADMITIDO en un CLUB DE ÉLITE de Italia, nada más y MENOS que el MISMÍSIMO Piamonte FC/Juventus FC, siendo un jugador de sus características físicas. Ése no sabe jugar; lo único que tiene es muchísima fuerza y agresividad. Y Salvatore Gentile es su AMIGO, y me ha dicho que es muy buena gente; cuando lo único que hace es agredir a todo aquel que se le ponga por medio, es un mono de jungla. Y encima se ha reído de mí en mi cara.

Por cierto, ¿ya has dado con alguien especial?

Un beso,

Amaia.


Se partió de risa ante el mail. Hablaba de todos los peligros habidos y por haber de Barcelona, el chiste de los pelos, y un tema fundamental: Lenders/Hyuga. Andrea ya sabía que el jugador japonés había sido fichado por el Piamonte FC/Juventus FC, por influencia de la conocida mánager Kaori Matsumoto, la cual fue antigua directora del Colegio Toho. ¡Y ya había predicho la reacción de Amaia; se había cabreado y además se lo había contado en el mail! Entre ya algunas pocas risas, escribió en respuesta:

¡Pollito! Yo la verdad es que ando bastante bien en Barcelona; hace frío pero estoy en mi cuarto con la calefacción puesta, y mi cuarto está muy guay; está decorado con bastante lujo y mimo, y tengo un cuarto de baño que es la leche; la bañera tiene hidromasaje y todo… He tenido la misma suerte que tú en ese aspecto. Y tienen unos desayunos más ricos… Y esta tarde me las he pasado yéndome de compras y he cenado en una pizzería, en la cual hacen unas pizzas más buenas… qué masa tan crujiente pero a la vez tan cremosa, y la carbonara está de muerte. Y de momento no me ha pasado nada malo, pero tendré cuidado puesto que mi padre me ha echado la misma charla que tú.

Sí, Lenders/Hyuga ha sido fichado por influencia de esa mánager, Gould/Matsumoto. La verdad es que es una señora muy inteligente; redondo le ha salido el negocio con el japonés. Y ya sabía que ibas a reaccionar de una mala manera; le has puesto a parir… yo le he visto unas cuantas veces y no parece ser que sea un mono al que le hayan quitado las bananas… simplemente da la impresión de que podría dar hostias con la mirada (joder, qué chiste más malo).

¡Qué va! Ya estoy lo suficientemente jodida como para que me jodan más. Y cierta persona me lo ha hecho; no quiero volver a saber nada de los tíos. Lo siento.

Besíbiris de fresíbiris,

Andrea.

Después de escribir esto, se fue directa a la cama; porque aparte de no tener más mensajes, estaba muy cansada. Pensaba en la rivalidad que había entre Benji Price/Genzo Wakabayashi y Karl-Heinz Schneider, en el fichaje de Mark Lenders/Kojiro Hyuga, en la ya pronta llegada al Barcelona FC/Cataluña FC de Oliver Atom/Tsubasa Ozora, en el Milán FC, donde estaba su amiga haciendo de gerente… y se preguntaba de su relación con Dario Belli/Gino Hernández, el guapo capitán de dicho equipo. Pero lo que más le preocupaba era el haber sido contratada o no por el entrenador Van Saal. Si no era así, tendría que volverse a Francia, y no lo podría soportar. Elle Cid Pierre/Pierre Le Blanc era su problema. Ella le pensaba mucho, pero daba ya por asumido que él no se acordaría ni de su nombre. Seguramente le habría importado un bledo el que se marchara, y seguramente ya tendría novia (o seguiría siendo un mujeriego).


'Seguramente ella no se acordará ni de mi nombre…' pensó Pierre, compungido.

Miraba por la ventana un amanecer. Era temprano, y él estaba despierto, sencillamente porque el recuerdo de Andrea no le dejaba dormir. Le pesaba la cabeza, pero sobre todo el corazón; lo tenía roto. Sabía perfectamente que había decepcionado a Andrea y le había roto el corazón. Había sido muy frío y muy distante con ella; incluso le había dicho alguna que otra palabra desagradable. Había pasado de ella. La había menospreciado. Incluso se habían peleado, y no volvieron a hablar. Y verla en plena faena con Napoleón aquella vez le había dolido muchísimo.

Lamentó haberse hecho el importante delante de esa chica. Sabía que Andrea tenía mucho carácter, y que normalmente no solía dar segundas oportunidades a nadie, y si a la chica se le hubiese pasado por la cabeza hacerlo, seguramente su amiga Amaia le habría dicho que no lo hiciera. Pero… ¿Por qué Amaia tenía que meterse en asuntos que ni le iban ni le venían? Sencillamente, porque Amaia era amiga suya y de ningún modo quería que la hiciese daño de nuevo. Simplemente sabía de esa chica que estaba haciendo de gerente y mánager en el Milán FC, que era la novia de Dario Belli/Gino Hernández, y lo más relevante, la mejor amiga de Andrea. ¿Y qué iba a saber ésta de desamor, si estaba con el italiano tan tranquila?


'¿Por qué seguiré tan pendiente de un chico al que le doy exactamente igual…?' suspiró.

Decidió levantarse de la cama, poniéndose unas chanclas de color beige y salió de su habitación por tomar el aire. Ya había dado el amanecer y dentro de unas horas el entrenador Van Saal le daría noticias respecto a lo de ser gerente y mánager del Barcelona FC/Cataluña FC. Al venirle ese pensamiento a la mente le dio un ataque de pánico. Pensaba que lo había hecho tan mal que la reñiría, o quizá se limite a burlarse de ella. Entonces tendría que volverse a Francia, y ver a cierta persona a la que echaba de menos, pero que no quería ver. Aparte de no querer ni ver al idiota empedernido de Napoleón. Ni ver nuevamente el ambiente apagado y depresivo de París, y alejarse de la luz que irradiaba Barcelona, y por lo tanto, la perspectiva de una nueva vida mucho más luminosa y en la que tendría nuevas experiencias, nuevos amigos y mandaría a la mismísima mierda Francia, a la que no pensaba volver. Que en el torneo en la que Francia era su anfitriona hizo amigos, amigos que pensaba conservar durante su vida. Su mente decidió cambiar de actitud con tales pensamientos y se dijo a sí misma que sí sería gerente y mánager del equipo catalán.

Después de dar una vuelta por su playa, en la que no había más que ella, el mar, la arena, el sol y el cielo, se hizo ella misma el desayuno; unas tortitas gigantes, acompañadas de azúcar avainillado y canela en polvo, y cogió un trozo de tarta de chocolate y galletas. Iba a subir a su cuarto cuando uno de los jugadores la dijo que debía ir inmediatamente al despacho del entrenador Van Saal. Caminó con paso decidido y firme pero estaba muy nerviosa por lo que éste le iba a decir, y más se acentuó su nerviosismo cuando entró ahí.

- Toma asiento, Rosier – le ordenó, con una mirada severa y gesto serio pero no adusto.

Andrea se clavaba sus largas uñas pintadas de la manicura francesa en sus pequeñas, bonitas y delicadas manos, llegando a hacerse sangre en una mano. El entrenador rompió a reír en una breve pero sonora carcajada al notar nuevamente la ansiedad de Andrea.

- ¡Pero muchacha, no te pongas nerviosa! – como resultado, hizo que Andrea se sobresaltase y mirase hacia abajo -. Tengo buenas noticias para ti. Vas a ser gerente y mánager de este equipo.

Andrea simplemente esbozó una sonrisa de oreja a oreja y salió del despacho, muy alegre. ¡Significaba no tener que volver a Francia, ni ver a personas que no quería ver! Por lo tanto, podría vivir todo aquello que siempre había deseado. Más tardes de compras, más noches y amaneceres de paseos por la playa (se moría de ganas porque llegase el verano, para poder darse un chapuzón), visitar los lugares turísticos, ir a eventos, fiestas o conciertos, o simplemente pasear por las calles de Barcelona, ya fuese sola o acompañada. Y hablando de compañía… ¡había recibido un mensaje de Oliver/Tsubasa comunicándole que en dos días iría a Barcelona! El mensaje decía así:

¡Andrea! ¿Sabes qué? Que en dos días iré a Barcelona, porque ya he terminado los partidos pendientes en Brasil, y la verdad es que allí me han acogido muy bien. Y me da muchísima pena irme, pero sé que en Barcelona lo pasaré igual de bien. Me han dicho que en ese equipo es muy difícil hacerse con un puesto, hasta como suplente. Tengo dudas… Ayúdame, por favor.

Un abrazo,

Oliver/Tsubasa.

Andrea le contestó rápidamente.

Oliver/Tsubasa, no te preocupes; seguro que conseguirás hacerte con un puesto, aunque tengas que empezar siendo suplente, incluso estar en el segundo equipo. Que el nivel allí es de los más altos mundialmente hablando, y hay que trabajar DURÍSIMO. Tendrás que hacer entrenamientos especiales. Yo te ayudaré si es eso lo que quieres.

Estoy deseando que vengas YA; me siento muy sola. Y ya me explicarás tus andanzas en Brasil.

Un abrazo,

Andrea.

Dicho esto, salió nuevamente de su cuarto y se encaminó a la cocina, donde estaban sus tortitas y su trozo de tarta. Decidió prepararse un té aromatizado.

'Yo a esto lo llamo un buen comienzo…', pensó, quitándose las chanclas y poniendo los pies completamente descalzos en la mesa, mientras daba el primer sorbo y partía el primer trozo de todas las tortitas juntas con el tenedor y pinchaba en éstas.

FIN.

NOTAS:

- Se han puesto tanto los nombres de los personajes como los de los clubes profesionales, en su versión europea y la japonesa.

- H&M, Stradivarius, Zara, Mango, Ralph Lauren, Lacoste, Tommy Hilfiger, Giorgio Armani, Chanel, Versace, Louis Vuitton, Massimo Dutti, Carolina Herrera y Michael Kors son marcas de ropa reales que han sido mencionadas.

- Se han mencionado dichas tiendas de entre muchísimas firmas de ropa que existen y hay en Barcelona, puesto que es una macro ciudad, y era lo primero que Andrea iba a ver.