Sábado, 14 de agosto de 2021

Disclaimer: Este fan fiction está hecho sin fines de lucro, Ranma ½ es una obra de la gran mangaka japonesa Rumiko Takahashi, quien me enamoró con su historia y sus personajes, que me sirven de inspiración para crear otras historias, las cuales no solo me ayudarán a mejorar en mi forma de escribir, o eso espero, sino que tal vez pueda entretener a alguien que me visite por aquí.


Capítulo XVI

Descubriendo

Primera parte

La luna llena se asomaba entre las nubes grises, las primeras estrellas titilaban en el azul cada vez más oscuro del cielo de Nerima y debajo de aquella bóveda imaginaria azul marino, las manos entrelazadas de dos jóvenes adolescentes se resistían a soltarse, a abandonarse, a siquiera disminuir la intensidad de su agarre.

El camino de gravilla, que los llevaba al cálido ambiente de su hogar, sonaba a cada paso que daban por el rozar de las piedrecillas: craf, craf, craf, se escuchaba claramente. Seguro los Tendo y los Saotome ya los esperaban para cenar como cada día; no obstante, ese no era cualquier día.

¿Actuar es mentir? ¿Un gran actor es un gran mentiroso? ¿O es un gran mentiroso un gran actor?

No es lo mismo, bonita. Actuar es una cuestión orgánica, un actor no miente; siente. Siente lo mismo que su personaje, se transforma en él, lo expresa para crear emociones y sus espectadores están preparados para ello. En cambio… Un mentiroso finge, es falso, sus intenciones afectan en la vida real y quien recibe la mentira no lo espera. Si el actor mintiera… la audiencia lo descubriría y la magia se fracturaría. Recuerda: actuar sin mentir te hará experimentar lo glorioso. Mentir tratando de actuar simplemente te hará caer en un abismo sin salida.

Akane recordó las palabras que Hiroaki le dijo en su auto esa tarde, yendo a la clínica donde se encontraba Ryu, y ya no se halló en el camino de gravilla, sino en uno que la llevaba a una especie de audición a la cual no quería asistir, porque no habría un final feliz cuando descubrieran su falso compromiso y donde debía interiorizar un papel que ciertamente lo tenía muy bien estudiado; ¿notarían la intensa compenetración que había logrado con su personaje: una prometida enamorada? «Rayos», se quejó. Su corazón estaba a punto de sufrir una taquicardia. Lo que estaba por hacer a pocos minutos no era una interpretación cualquiera. «Solo piensa que es una actuación, puedes hacerlo». Intentó animarse mentalmente. Y no, no pudo, porque…

Había aceptado mentir, no actuar.

Ella sabía que al cruzar la puerta, su papá, sus hermanas y los padres de su exprometido estarían ahí, aguardando por ellos, con los brazos abiertos, llenos de ilusiones, fantaseando con bodas, legados y herederos… «No es justo engañarlos», lamentó para sí.

Sus ojos buscaron los del artista marcial convertido en mujer, con la esperanza de subir a un bote salvavidas en medio de un mar repleto de mentiras. Lástima. Aquel bote se hundía; su cabeza gacha y sus hombros caídos reflejaban su ánimo hasta el suelo. «Continúa preocupado por mi tía Nodoka ¿Cómo más voy a ayudarlo?», meditó apenada.

—Ranma.

—Akane.

Se llamaron simultáneamente.

Y el joven Saotome, atento la contempló iluminada por la luz de la entrada. «Qué idiota he sido», se reprochó. El rostro de su exprometida era muy bonito, cada detalle que ella poseía en sus expresivos ojos pardos, su nariz delicadamente respingada, sus labios de corazón, sus lozanas y sonrosadas mejillas… Todo, absolutamente todo la convertían en la figura de un bello e inalcanzable ángel. Sin poder sostenerle la mirada, bajó la propia con lentitud. Inevitablemente, en ese trayecto visual, hasta antes de concentrarse en sus zapatos, se recreó con las formas femeninas que podía adivinar incluso a través de su uniforme aguamarina puesto; su cuerpo también era muy bonito, lo rememoraba. Avergonzado debía reconocer que innumerables noches soñó con aquella tarde lluviosa, cuando arribó a Nerima sin saber lo que viviría. Desde que la conoció sintió cómo algo nuevo despertaba dentro de él, algo extraño, único, cálido, inesperado, difícil de manejar y difícil de aceptar.

Jamás le fue un secreto la popularidad que la tercera hija de Soun tenía entre los chicos, y para ser sinceros nunca le preocupó porque Akane los aborrecía. No obstante, su exprometida era una adolescente más, una adolescente que en cualquier momento iba… a enamorarse. Y Ranma creyó, orgullosa e ingenuamente, que lo haría de él. «Un reverendo idiota», volvió a reprocharse.

Habían pasado por tanto… «Ella arriesgó su vida por mí». Seguir juntos hasta el final de sus días le pareció una teoría irrefutable con leyes bien establecidas. «¿Cómo no lo advertí?». Ahora lo veía y sentía muy claro. ¿Acaso los demás no tenían ojos y corazón para percibir lo que era más que evidente y enamorarse de la jovencita peliazul? ¿No vivió en carne propia el magnetismo físico y emocional que Akane desprendía? Y ella, tan gentil y dulce como era, podía aceptar a cualquiera… a cualquiera que fuera mejor que él. «Soy un gran bueno para nada», fastidiado por sus nuevas cavilaciones, empuñó la mano que estaba libre y la otra movió el pulgar en una camuflada caricia; la suave piel de la chica que llegó a imaginar como futura esposa le provocó un cosquilleo en el estómago.

—Tú primero —pidió Akane de pronto. Verlo tan decaído la angustiaba de sobremanera.

Él levantó su mirada azul y notó su expresión de congoja. «También es linda cuando se preocupa», intentó sonreír.

Procuraría no ser patético, procuraría declarar su derrota con dignidad. «Puedo tratar de ser su amigo, eso es mejor que estar sin ella… Y si no puedo soportarlo me iré, eso es, pero en buenos términos, no es necesario complicarlo más».

—Hace frío —mencionó, haciendo tiempo para encontrar las palabras adecuadas.

—¿Quieres que entremos de una vez?

—¡No! Es decir… Entraremos, pero todavía no.

Continuaron parados, mirándose, queriendo intuir los sentimientos del otro.

—Mmm… Entonces… ¿Qué hacemos?

La escuchó, fuerte y claro; tenía que responder. Sin embargo, las palabras quedaron atascadas en su garganta, no resultaba fácil decirle que quedaba en libertad; ¿era un perverso egoísta?

—¿Chicos? —La señora Nodoka abrió la puerta.

«¡Bien!», pensó la pequeña pelirroja con alivio. Por primera vez agradeció la interrupción, la más oportuna que había vivido.

La señora Saotome vio a Ranma convertida en Ranko y el cuello de su futura nuera sin la inmortalidad del agapanto, el collar que había comprado. «Mi hijo realmente es muy lento», se dijo con pesar, mas sonrió dándoles la bienvenida.

—Me alegro de que ya estén en casa. ¿Ocurrió algo malo? —Observó nuevamente a su hijo, advirtiendo que no solo estaba en su forma maldita; sus ojos se veían abatidos. «No es que sea lento… ¡Es que ha heredado la mala suerte de los Saotome!», meditó disgustada. Otra razón más para estar molesta con Genma. «Pobre de mi niño», sintió compasión.

—No, solo que me mojé por accidente, mamá —explicó él, sin querer dar más detalles.

—En ese caso ve a darte un baño caliente y cámbiate. Ya hemos hablado sobre mantener la ropa mojada en tu cuerpo, Ranma. Si contraes un fuerte resfriado podrías faltar a clases… ¡Eso sería terrible! Sabes que un gran guerrero también tiene que ser un hombre culto y educado. Ni hablar, entra y apúrate —apremió.

—Eeeh. Sí, madre, iré ahora.

A Nodoka no solo le llamó la atención la docilidad de su hijo, quien frecuentaba llegar hambriento a pedir un tentempié como trato para recién obedecer cualquiera fuera la orden, sino también el inusual silencio de la menor de las Tendo; ella solía ser muy alegre y conversadora. A menos que… «No, imposible», concluyó al notar sus manos fuertemente unidas.

—¡Hija! ¿Qué te pasó en el brazo? ¿Estás bien? —Su extrospección le permitió divisar la mancha de sangre de Ryu.

Akane vio cómo su tía tomaba su brazo con preocupación. Tal como lo hizo su exprometido en la clínica. «Se parecen mucho… Se quieren mucho».

—No me pasó nada, tía. Estoy bien —habló con amabilidad, intentando tranquilizarla.

La joven madre sintió todo lo contrario. «No… Algo no está bien».

—Hijo, rápido, ve a ponerte cómodo para cenar.

Aunque le costó, Ranma soltó a su… «Maldición… exprometida», y cedió ante su progenitora. «Después hablaré con Akane», se propuso echándole un último vistazo.

La adolescente peliazul también se dispuso a ingresar; sin embargo, la señora Saotome la retuvo con un toque sutil en uno de sus hombros y una conciliadora sonrisa.

—Querida, ¿podemos hablar un momento?

—Claro, tía.

Nodoka aclaró su garganta.

—Sé que los Saotome son muy complicados… Pero debes tener en cuenta que mi hijo no es completamente un Saotome.

Akane la miró confusa. Antes de que alguna descabellada idea pasara por su mente, aclaró:

—Lo que quiero decir es que en Ranma también corre mi sangre, y… es mi hijo, a pesar de todo el tiempo que no estuvimos juntos, créeme, lo conozco más que él mismo. Mi Ranma no es muy expresivo, pero te ama, hija. Y yo me siento dichosa de que tú seas en algún momento la madre de mis nietos.

Akane agachó su rostro y la señora Saotome hizo que la mirara a los ojos de nuevo, sosteniendo su mentón con los dedos de una de sus manos.

—Querida, tenle paciencia por favor. Te lo pido como la madre de ambos, como la madre que solo quiere verlos felices.

La joven prometida volvió a bajar la mirada y Nodoka ya no quiso incomodarla.

—Debes estar cansada. Ve también a ponerte cómoda para cenar con la familia.

Esa forma de hablarle… con tanto cariño, le hacía sentirse vil. La madre de Ranma realmente la quería y daba por hecho el matrimonio entre ella y su hijo. «Y no será así». ¿Cómo le había dicho Hiroaki?

—… Mentir tratando de actuar simplemente te hará caer en un abismo sin salida.

«¿Qué voy a hacer?». Su exprometido iba a decirle algo que parecía importante antes de ser interrumpidos. «Quizás… que deberíamos parar con esto porque ha elegido a Ukyo y… cree que va a lastimarme al decírmelo. Presumido, "ha elegido", como si tuviera el derecho de tratarnos como juguetes», reflexionó molesta.

Inesperadamente, Nodoka se mareó, sintiendo cómo sus piernas se debilitaban y no podían sostener su peso. Sacando a su futura nuera de sus pensamientos.

—¿Tía? —Akane diligente la ayudó a mantenerse en pie.

—Tranquila, mi niña. No es nada. —Le sonrió para calmarla, llevándose una mano a la cabeza—. Hoy amanecí con una pequeña migraña. Debe ser porque anoche discutí con Genma y… Pero no te preocupes, ya sabes que tengo mi propia cajita de pastillas. —Le guiñó cómplice, sin saber que su malestar reforzaba una de las mentiras de su hijo.

La tercera hija de Soun pensó que, por más que lo lamentara, de momento continuaría con el plan; con el mal menor. «Tal vez, a veces es mejor callar la verdad para evitar agravar algunas situaciones», finiquitó.

—Entremos, tía, necesita descansar.

—Gracias, hija.


Los habitantes del dojo Tendo siempre podían estar preparados para cualquier sorpresa o inesperada visita que interrumpiera su día a día; sin embargo, era la cena en familia una de las pocas ocasiones increíblemente más apacibles y que carecían de emociones fuertes. Esto tal vez debido a que todas las personas, por más de tener unas peculiares personalidades, necesitan descansar para renovar sus energías durante las noches.

Y ahí estaban los Tendo y los Saotome; disfrutando de su cena.

Soun, encabezando la mesa, observaba orgulloso a sus hijas y a la familia de su mejor amigo, aprovechando aquel respiro nocturno. Aunque, inducido por los celos de un padre que atesora a su pequeña niña, no perdía la oportunidad de dirigir escalofriantes miradas a Ranma, quien entre contento, nervioso y avergonzado estaba recibiendo los mimos de Akane frente a todos.

—¿Quieres más arroz y té? —Ofreció ella con una deslumbrante sonrisa y rubor en sus mejillas.

—¿Eh? S-Sí claro. —Su voz grave trató de ocultar el lío que tenía en la cabeza. Ser el centro de las atenciones de Akane indudablemente no le molestaba, pero que no dejaran de verlos como un par de bichos raros y sumarle el hecho de saber que ella solo estaba fingiendo… Le incomodaba y hasta lo lastimaba. «¿Por qué no puede ser así conmigo siempre? ¿Tiene que sentirse obligada a tratarme bien para que lo haga?», se quejó para sí.

Entonces, la menor de la casa tomó el chawan y la taza de Ranma e intentó servirle sin cometer errores, si sus manos seguían temblando como lo estaban haciendo seguro derramaría tanto la comida como la bebida. «Vamos, dejen de verme así». Las miradas casi obsesivas de todos en la mesa no le ayudaban. En especial la de Nabiki.

La adolescente peliazul terminó de servir el arroz y con ambas manos volvió a tomar el chawan para alcanzárselo a Ranma. Él recibió el cuenco japonés posando ambas manos sobre las de Akane, evitando que ella lo soltara. El contacto provocó en los dos una emoción especial, un calorcito en la boca del estómago difícil de ignorar. Sus miradas se encontraron, olvidándose de los demás, de actuar y de respirar.

La segunda hija de Soun aún dudaba sobre el noviazgo de su pequeña hermana. «¿En serio estos tórtolos ya están juntos? Es obvio que se gustan, pero… Par de bobos». Por lo que les estaría vigilando concienzudamente, con el fin de obtener mercancía nueva. Carraspeó.

—¡Guau, niños! ¡Esperen a llegar a su habitación! —Se burló de ellos, haciendo que se soltaran rápido.

—Lo-Lo siento —susurró Ranma a Akane.

—No, no importa —contestó ella, también muy bajito.

Prefirieron continuar comiendo, sin mirar a otro sitio que no fueran sus respectivas cenas.

A pesar de lo extraño que resultaba aquella interacción de los adolescentes prometidos, la familia estaba encantada. Soun, Nodoka y Kasumi prefirieron ser prudentes, sabían de sus tímidos corazones; no los hostigarían.

Lamentablemente, el señor Saotome y Nabiki no estaban en la misma sintonía.

—Me alegra, hijo. Por fin te has decidido, ya era hora. No podías desaprovechar la oportunidad que te he dado, te he conseguido una hermosa prometida y con patrimonio ¿No vas a agradecérmelo? —mencionó Genma despreocupado y sin dejar de comer; la delicadeza definitivamente no era parte de su carácter. Ranma apretó la mandíbula y su madre pellizcó disimuladamente el brazo de su desfachatado esposo—. ¡Ay, Nodoka! —Guardar las apariencias tampoco era parte de su carácter. «¡Esta mujer se enoja de todo!», refunfuñó el corpulento artista marcial para sus adentros.

Felizmente, antes de que él replicara en voz alta, sacando una vez más a relucir su desatinada forma de ser y disgustando irremediablemente a la mamá de su único hijo, Nabiki tomó la palabra, callando al robusto hombre y de paso haciéndole un favor aunque Genma no se enterara:

—Akane, mañana después de clases iremos con madame St. Paul —anunció confiada, tomando una galleta que masticó saboreándola con exagerada parsimonia.

Los exprometidos se sorprendieron ¿Se refería a esa madame St. Paul? ¿A la estricta mujer de rostro alargado y estirado? ¿A la tutora del lunático y bocudo de Picolet? ¿A esa madame St. Paul?

—¡¿Con quién?! —preguntaron con unanimidad, sin poder evitar gritar.

—¿Pero qué les pasa? Me parece que el amor los ha ensordecido. Escuchen con atención. —Dejó su galleta a un costado y pausadamente dijo—: Akane, mañana después de clases iremos con madame St. Paul.

—¡¿Para qué?! —volvieron a preguntar los prometidos, sincronizados y alterados.

Nabiki estaba teniendo una cena muy divertida. «Son tal para cual». Sonrió de lado.

—¿Hermanita, no recuerdas qué habrá este viernes?

—Sí lo recuerdo. Pero… igual no entiendo ¿Qué tiene que ver aquella señora francesa con la audición final?

—Tiene mucho que ver, pequeña Akane. Por ser un evento importante para la obra, porque se conocerá a los actores oficiales, va a ser televisada y como la protagonista, ese día tienes que estar perfecta. Y ya te puedes imaginar cuál es la empresa de moda encargada del vestuario y estilismo del elenco. ¿No te gustó el atuendo de Blancanieves que trae loquito a medio Japón? Pues ella es la responsable.

—¿Madame St. Paul tiene una empresa de moda?

—¡Bingo! Esa boquita que tu prometido tanto adora ha dado en el clavo. Por eso, junto a Hiroaki, iremos a Corset d'Or para seleccionar los atuendos más adecuados para ti y Shinnosuke.

—¿Shinnosuke irá? —Ranma no pudo ocultar su inconformidad.

—Obvio, cuñadito. No me digas ¿Se te olvidó que el guapísimo de Shinno por ahora es el único enamorado de Akane en la obra? Bueno, lo digo teóricamente ¿No?, porque ya sabemos que mi pequeña hermana tiene a varios besando el suelo que pisa.

El heredero Saotome sabía que Nabiki decía aquello para fastidiarlo, pero no dejaba de ser verdad. Se sentía irritado. «No puedo permitir que ese guardabosques amnésico esté cerca de Akane después de lo que se ha atrevido a confesarle», reflexionó.

Y como en otro mundo, la novel actriz se sentía agotada. Sus deberes se le estaban acumulando y solo le quedaba esa semana para dejar todo regularizado en la escuela antes de viajar.

En Ryugenzawa tendrán maestros particulares para que los actores que aún cursan la preparatoria no tengan problemas y den sus exámenes de suficiencia al regresar, pero intenta presentar todo lo que puedas ¿Está bien, bonita? —había explicado Hiroaki.

La jovencita peliazul se levantó. «Es mejor apresurarme».

—Gracias, todo estuvo delicioso. Hasta mañana. —Hizo una pequeña reverencia de manera general y antes de retirarse…

Su mano izquierda se vio atrapada.

—Voy contigo. —Ranma la miró con seriedad. «Voy a cuidar de ti, Akane». Se puso de pie y salieron juntos del comedor.

Nadie dijo nada, pero sus disimuladas y traviesas sonrisas reflejaban la tranquilidad, alegría y aprobación que sentían en ese momento; sabían cuánto se querían los más jóvenes de la casa, verlos cada vez más cercanos era cuestión de tiempo.


En el pasillo, los exprometidos caminaron bajo la luz tenue que aún alumbraba desde el comedor. Akane quiso soltarse, pero el férreo agarre de Ranma no se lo permitió. El ceño fruncido y la mirada fija a la nada mientras avanzaban le indicaban que los pensamientos del artista marcial estaban a mil por hora. Guardó silencio. Esperaría a que él se decidiera a confesar aquello que seguramente le preocupaba. «¿Querrá decirme lo de Ukyo?».

Luego, subieron las escaleras, despacio, escalón por escalón.

Un par de escalones antes de llegar al rellano, los pasos de Ranma se detuvieron una grada debajo de la de su exprometida e hizo que ella, nerviosa por lo que vendría, diera media vuelta para conversar frente a frente.

Suspiró.

—Por lo que ha dicho Nabiki, mañana verás a Shinnosuke.

—Así parece.

—¿Qué vas a responderle?

En un primer instante, Akane no supo a qué se refería, hasta que recordó:

¿Me odias?

¡Sabes que no!

Akane, no he dejado de amarte.

Shinnosuke…

Tengo que tomar pastillas para no olvidar dónde dejo mis cosas, quién es mi abuelo, echarle miso a la sopa de miso y mis partes del guion. Pero si existe un solo recuerdo imposible de borrar de mi memoria… eres tú, Akane.

Yo…

Dijiste que podrías intentar amarme. ¿Lo recuerdas?

Sí lo recuerdo, pero…

Dame una oportunidad, querida Akane. Te pido una sola.

Sus mejillas se enrojecieron. «Creo que no debí contarle esa parte». La presencia varonil de Ranma, su voz cada vez más gruesa, sus manos más grandes que las suyas, sus hombros anchos, su cabello negro brillante y su dura mirada azul la apabullaban, le hacían sentir que le debía algo. «Qué absurdo».

—Aún no lo sé, pero no te preocupes, no estropearé el plan —musitó.

«¿Eso significa que lo aceptarías si te digo que eres libre?», reflexionó él con ira y pena.

—Olvida el maldito plan, Akane. ¿Lo quieres? —Empezó a elevar la voz.

Ella no respondió, solo lo abrazó y escondió el rostro en su cuello.

«¿Eh?». Sentirla de esa manera lo desarmó y experimentó una extraordinaria sensación de volar. Respondió el abrazo rodeando su delgada cintura; le gustaba sentirla frágil entre sus brazos. Aspiró el olor de su cabello recién lavado; su corazón se desbocó.

—¿Qué pretendes? —susurró dejándose embriagar por Akane.

—Shhh… Nabiki está subiendo. Hablaremos después —habló ella solo para él, erizándole los vellos con su cálido aliento cerca de su oído…

«¿Qué dijo?».

—¡Quién los viera, tórtolos! —Molestó la muchacha castaña sin dejar de subir por las escaleras—. Creo que si siguen así, la familia va a crecer pronto.

—Basta. Solo hablábamos. —Akane se separó con las mejillas encendidas.

—¿En serio? Porque lo que yo vi es que casi le devoras el cuello y él no pudo estar más agradecido ¿O miento, cuñadito?

Ranma se sintió confuso, de disfrutar una emoción tan agradable, ahora solo era el centro de las burlas de la hermana de su exprometida. Su paciencia estaba llegando al límite.

—Lo que Akane y yo hagamos no te importa, Nabiki.

—Vaya, qué genio. Aunque esta vez lo admito, no debí interrumpirlos. ¿Quizás detuve el inicio de algo más… interesante?

—Cállate, Nabiki. Alguien puede escucharte —advirtió su pequeña hermana.

—¡Oh, vamos! ¿Y? Si todos quieren que eso pase.

—Nunca haríamos eso aquí, mucho menos con ustedes dentro de la casa —declaró Ranma, sorprendiendo y callando a ambas chicas. «Eso te enseñará a no meterte donde no te llaman, cuñadita».

Efectivamente, la astuta adolescente no pudo responder de inmediato con su acostumbrada irreverencia, porque jamás creyó escuchar tales palabras del lento Ranma.

Por otro lado, Akane no supo dónde esconder la cara. «¡¿Qué dices, tonto?!». Le hubiese gustado mandarlo a volar de un fuerte puñetazo, pero no podía abandonar su papel:

—Ya-Ya oíste. Ahora déjanos en paz.

—¿Tú también estás molesta, hermanita? Pero si me parece que fue ayer cuando te cambiábamos los pañales. ¡Ah, ya sé! Seguro que ahora ya quieres cambiarlos tú a tu retoño ¿No?

—Y si fuera así ¿Qué? ¿Cuál sería el problema? —Ranma se sentía desbordado, cada vez soportaba menos que se metieran en sus vidas.

—No muerdas, cuñado. Te malogré la fiesta ¿Verdad? Pero tómalo con calma, que vida y vitalidad les sobra. Además ¿Se imaginan ser padres a su edad? No por favor. ¿Aún tienes los globitos que te regalamos, hermanita? ¿O es que ya los usaron? —Siguió divirtiéndose.

Akane no podía estar más roja.

—No tengo motivos para seguir escuchando esto. —Les dio la espalda y caminó a su habitación. «Si quieren seguir hablando tonterías que lo hagan, no me importa», pensó avergonzada y fastidiada. Su hermana no tenía ningún derecho a burlarse de ella en temas tan importantes e íntimos. Y su exprometido no debía dar a entender cosas que no eran. «¡Idiotas!».

Ranma y Nabiki observaron cómo la adolescente peliazul ingresaba a su habitación y luego daba un portazo. Él aún necesitaba hablar con ella, así que intentó seguirla, pero a mitad de su camino las palabras que escuchó lo detuvieron.

—Me sorprendes, Ranma. —El tono de voz de Nabiki ya no era irónico—. Mira que asegurarte a mi hermana sin que yo lo notara. Tengo que confesar que era extremadamente divertido molestarlos por ocultar sus sentimientos, los dos son muy adorables cuando hacen eso ¿Sabes, no? Pero sinceramente jamás deseé que Akane te diera una posibilidad verdadera. Ella se merece algo… mejor ¿No crees? Es bonita, atractiva e inteligente… Creí que encontraría a alguien que valiera la pena en la universidad, un guapísimo y adinerado médico americano. Ya sabes sobre su debilidad por los galenos ¿No es así? Lamento mucho que la muy inocente haya decidido conformarse contigo.

Al heredero Saotome no le dolían esas palabras, era consciente del carácter frío y ambicioso de la hermana de su exprometida, sabía muy bien que él no era santo de su devoción, así como ella no lo era para él.

Ellos tenían una competencia particular; una en la que estaban en juego los sentimientos de la Tendo más joven. Nabiki quería un futuro exitoso, lujoso e inmediato para su hermana. Ranma necesitaba tiempo para lograr lo que Akane se merecía.

¿Qué pasaría si alguien que valiera la pena deslumbraba pronto el dulce corazón de la jovencita peliazul?

La segunda hija de Soun continuó hablando:

—Y mira que no has hecho ningún mérito, ni siquiera has intentado lo más básico. —Ranma la miró intrigado—. Ni te lo imaginas ¿Verdad? Ay, cuñadito, eres un completo desastre en el amor y un tremendo suertudo por tener tantas chicas persiguiéndote sin necesidad de hacer lo más básico —repitió y luego dijo con obviedad—: enamorar. —Él la miró aterrorizado—. Ja, ja, ja… No me veas así ¿No crees que Akane merecía por lo menos un enamoramiento normal? ¿O... es que no has notado que por más de que ella se esfuerce en aparentar rudeza no ha dejado de ser mujer? Una mujer muy tierna y sensible por cierto.

»Y... toda mujer quiere ser cortejada, Ranma.

Los ojos del joven Saotome se fijaron en la pared y Nabiki supo que a ese muchacho musculoso le faltaba mucho por aprender. Prefirió ir a su dormitorio, dejándolo asimilar la información que acababa de brindarle. «Y gratis». Su andar desenfadado desapareció tras su puerta.

«¿Enamorarla? ¿Pero cómo?», pensó el artista marcial, aún estático en el pasillo.

Pasaron pocos segundos y sus piernas se movieron mecánicamente. Necesitaba meditar, necesitaba encontrarle significado a esa palabra.

Dentro de su habitación, se tumbó en el futón boca abajo y los engranajes de su cabeza empezaron a trabajar.

«Enamorarla, enamorarla, enamorarte… ¿Akane, quieres eso? ¿No te basta con que te proteja? ¿Que esté detrás de ti todo el tiempo? ¿Que me embobe cuando sonríes? Un segundo… ¿Cuándo fue que ella me… e-enamoró? ¿Qué hizo? ¿Qué me hizo? ¿Podré hacerle lo que ella ha hecho conmigo? Akane, Akane, Akane… ¿Qué quieres de mí? ¿Quieres citas, regalos y palabras bonitas? ¿Quieres besos y caricias? ¿Quieres que vuelva a gritar que te amo? ¿Quieres que me deje guiar por mis sentimientos?».

Todavía le costaba aceptar una relación de amistad entre ellos, no podía imaginarla con otro, no podía permitirse perderla. De pronto divisó una luz, un oasis, un refugio. «Mi gran oportunidad». Su batalla no estaba perdida.

Giró y se sentó en su futón con el corazón galopante. Sacó a la inmortalidad del agapanto de su bolsillo del pantalón. Miró la joya fijamente. Se sentía distinto, sentía que tenía más control de sí mismo. Sonrió.

De pronto escuchó susurros en el pasillo. «¿Akane?». No estaba sola, hablaba con otra persona. «¿Ryoga?».


Akane se encontraba sentada en el escritorio de su habitación, tratando de resolver las pocas reacciones químicas que aún le faltaban. Difícil. Difícil tarea cuando en ella aún persistía la humillación causada hace unos minutos.

—Sinvergüenzas —murmuró. Si no hubiese sido por ellos, ¡esos ejercicios serían pan comido! «¡Ah!».

¿Qué era lo que realmente la avergonzaba tanto? ¿Qué fue lo que la obligó a huir de aquella situación? ¿Nabiki? ¿Ranma? ¿El abrazo que ella dio?

Su cabeza no tenía espacio para símbolos, fórmulas ni valencias. Su cabeza solo recordaba las burlas de su hermana, las desatinadas palabras de su exprometido y…

—¿Qué hice? —Cubrió su rostro todavía abochornado. Claro que lo hizo para que él se callara y disimular frente a su hermana; sin embargo—. He abrazado a Ranma, yo…

A pesar de todo, no pudo evitarlo; sonrió. Su estómago seguía chispeando por la sensación que él le había provocado respondiendo a su abrazo con fuerza, como si ella fuese a disolverse.

¿Qué pretendes? —preguntó él, tan cerca, tan profundo, tan electrizante.

Ahora comprendía que no pudo estar más tiempo allí porque la forma en cómo Ranma se comportó hizo que por un momento sintiera que su compromiso era real. Pero estaba mal. «Ukyo…». No debía ilusionarse, no confundiría las reacciones del heredero Saotome. «Él está enfocado en la salud de mi tía Nodoka y yo… creyendo imposibles», se reprochó. Akane sabía del amor que su exprometido sentía por su madre y que estaba dispuesto a cualquier cosa por ella. «Hasta soportar una promesa de matrimonio». Exhaló. «Seguro ha pensado que dejaré de ayudarlo por la propuesta de Shinnosuke». Y eso no pasaría, sobre todo porque para ella el guerrero de Ryugenzawa era un buen amigo, no podía verlo de otra manera ¿O sí? «Tendré que hablar con él cuanto antes. No quisiera lastimarlo y perder su am… istad». Amistad tan importante como la que había logrado con Ranma, porque el chico de singular trenza azabache solo la veía como a una amiga ¿O acaso no recordaba el ímpetu con el que negó sus palabras en Jusenkyo? «Quizás nunca las dijo», meditó cabizbaja, haciendo círculos con su índice sobre la cubierta de un libro. «¡Basta!».

Sacudió la cabeza de un lado a otro para dejar de pensar y se paró de su asiento. Iría al baño para mojarse el rostro y espabilarse.


«Por fin», pensó P-Chan con alivio. Había logrado llegar al dojo Tendo después de visitar a sus padres. Se sentía más tranquilo, ahora ya sabía que ellos estaban bien y viceversa, además pudo avisarles del nuevo y largo viaje que haría a Ryugenzawa. «Tuve muchísima suerte al encontrarlos», reconoció. La familia Hibiki consideraba buena fortuna reencontrarse esporádicamente; su casi inexistente sentido de orientación hacía que aquello fuera por poco un milagro.

Con la gran agilidad de sus pequeñas pezuñas saltó el muro alto que rodeaba el hogar de su preciosa dueña. Ya quería verla, esa noche sí gozaría de dormir con ella en la comodidad de su cama, respirando su fragancia, calentito y cerca a sus labios…

Apresuró el paso.

Subió el árbol que estaba cerca al gran balcón del segundo piso y con sumo cuidado ingresó a la casa. «Un baño primero y luego a disfrutar de mi Akanita, mi pichoncito». Se sonrojó pensando en ella. «Definitivamente ser un cerdito no es tan malo». Sentía que era imposible perder su buen ánimo. Caminó por el pasillo con dirección al baño y al pasar por las escaleras notó que la familia aún cenaba abajo. «¡Genial!». Sin duda su suerte no podía mejorar, tenerlos ocupados en el comedor le daba más tiempo para refrescarse en el ofuro, transformarse nuevamente en P-Chan, ir a la habitación de Akane y esperarla para comer. «¿Qué me dará hoy?», pensó ilusionado; su adolescente dueña siempre trataba de consentirlo con sabrosos alimentos. «Bueno… Siempre y cuando no se le ocurra cocinar». Se estremeció, pero luego volvió a sonreír. «No importa. Igual me gusta… Ella».

Entró al baño, se acercó al grifo de la bañera y con ayuda de su hocico empezó a llenarla con agua caliente. Una vez que el agua alcanzó la mitad de la tina, se zambulló y se alzó sobre sus fuertes y largas piernas.

—¡Qué bien se siente ser nuevamente yo!

—¿De verdad? —preguntó una indignada y asombrada voz. Su dulce voz.

«¡Demonios!». No había advertido su presencia.

Y como resultado de su descuido, los ojos pasmados, furiosos y cristalinos de Akane miraban fijamente los suyos.

La cara del joven Hibiki adoptó un color tan blanco como un fantasma.

—A-A-Aka… ¿Qué… Qué haces…? Yo…

Minutos antes, sin que él lo notara, la joven de cabello negro azulado observó curiosa y sigilosa como su mascota hacía uso de su pequeño cuerpo para desenvolverse muy bien dentro la casa; empujó la puerta parándose en sus rechonchas patitas traseras, luego prendió la luz de un ágil salto que solo lo veía hacer cuando escapaba o peleaba con Ranma, se acercó a la bañera con unos tiernos gruñidos que delataban el placer de llegar a su hogar y con su oscuro hocico abrió el grifo esperando que la bañera se llenara con agua ¿Caliente? «Qué extraño… ¿Desde cuándo...», el pensamiento no llegó a completarse en la cabeza de Akane.

Jamás, ni en sus más absurdas ideas, creyó atestiguar la transformación más ruin y traicionera ante sus ojos.

Los iris marrones de él y ella se contemplaban titubeantes. Costaba respirar, a ambos les costaba.

La adolescente peliazul, indignada y todavía amargamente confundida, volteó para no verlo más. «Nunca más». Salió del cuarto de baño sin saber bien qué hacer.

Ryoga, rodeado del vapor de agua caliente, se apresuró en tomar una toalla y se tapó como pudo para ir tras ella; su Akane, su gran amor.

La alcanzó antes de que ella pudiera encerrarse en su dormitorio. Atajó la puerta con su cuerpo, atrapó su muñeca y susurró:

—Por favor, escúchame.

—Suéltame ahora mismo si no quieres que grite y te delate frente a todos. —Ella tampoco quiso levantar la voz, mas su exaltación era evidente.

—Déjame explicarlo. Necesitas saber por qué hice lo que hice. Akane, Akane, yo… yo… «Vamos díselo, no tienes otra opción. Ya no». Lo hice para estar a tu lado ¿Entiendes? Deseo estar contigo porque… te quiero, te quiero, te quiero —expresó posando las manos de ella en su pecho—. Yo, Akane, yo… Te amo.

¿Para qué lo ocultaba más? El adolescente trotamundos apelaba a su comprensión.

Los ojos de Akane se humedecieron todavía más; de rabia, de impotencia, de indignación. ¿Cómo alguien podía hablar de amor mientras lleva una gran mentira en la espalda? «Akari… ¿Y ella? ¿Cómo me dice esto teniendo una relación con ella?».

¿Quién era ese muchacho? No lo conocía, no podía ser su buen amigo Ryoga.

—Eres un mentiroso y un traidor. No quiero volverte a ver —apuntó empujándolo y soltándose.

—No digas eso. —Los ojos del joven Hibiki suplicaban perdón.

Por un instante, Akane vislumbró en los ojos castaños de Ryoga la tierna mirada de P-Chan, el inocente, perdido y desamparado cerdito negro que ella adoptó, cobijó, amó… El único que la reconoció y ayudó cuando una muñeca la poseyó; su fiel mascota. «¿Fiel? No…». Su corazón se debatía entre hacerse respetar, comprender, perdonar y no pudo evitar sentir que era a su pequeña mascota a quien rechazaba. Sin embargo, negó con la cabeza y reclamó:

—Te aprovechaste de mi amistad y de la confianza que te había dado.

—Jamás me aproveché.

—¡Dormías conmigo, pervertido!, me veías vestirme y… desvestirme. —No podía creer su bajeza—. Y más sucio aún, P-Chan era mi mascota, yo le… te contaba todo. —La última frase fue un susurro inaudible. Se sentía despojada de su privacidad. «Mis secretos y mis sentimientos. Todo».

—Y no sabes cuánto lo aprecio.

—No seas cínico —masculló—. Yo no sabía que eras tú. Me engañaste.

—Tal vez, pero tengo una razón importante. No podía dejar que supieras mi desgracia, que me apartaras de ti por mi maldición, que te burlaras de mí…

—¿Creíste que haría eso? ¿Qué tan miserable crees que soy?

—Al principio no te conocía bien, y después, mientras descubría tu corazón… noble, puro, sincero… El tiempo no se detuvo, siguió pasando y ya no supe qué hacer.

—Y preferiste ser un aprovechado farsante.

—No, nunca. No voy a mentir…

—¿En serio? Si mentir es lo único que has hecho.

—Escúchame. No voy a mentir —retomó su explicación—, no te imaginas cuántas veces quise verte, besarte mientras dormía a tu lado, pero no lo hice, nunca, nunca lo hice. Lo juro.

—No te creo. Tú… Tú te metiste al vestidor de chicas de mi escuela. Te sostuve cerca a mi pecho… ¡Y no solo una vez! Eres un cobarde y pervertido. Jamás voy a volver a creerte ni quiero verte.

—Akane, dame una oportunidad.

—Largo.

—Akane, te amo. —Repitió su declaración con esperanza y la abrazó desesperado para que le creyera. «No voy a perderte». Un inconfundible nudo comenzó a formarse en su garganta. Su primer amor lo había descubierto. ¿Ya no disfrutaría de su cariño nunca jamás? «¡No! Tiene que perdonarme», se convenció.

—Perdóname, mi amor.

—Basta, suéltame.

—Aka…

—Dijo que la sueltes, cerdo.

Akane se sintió liberada tras el potente puñetazo de su exprometido en el mentón de Ryoga, quien se tambaleó y retrocedió unos pasos por el impacto.

Ahí estaba él, protegiéndola otra vez. «Ranma… El único que siempre me hace sentir segura».

—¿Estás bien? ¿Te hizo algo? —La tomó de sus hombros para verla mejor.

—Estoy bien —respondió limpiando toscamente algunas lágrimas que no notó cuando las dejó escapar.

Entonces, Ranma reparó en que Ryoga solo estaba cubierto con una toalla sujetada a su cadera. «¡¿Pero qué demonios…?!». Quiso golpearlo hasta convertirlo en polvo.

—No vas a salir de aquí con vida —lo levantó del cuello ahorcándolo con una mano—, pero antes quiero saber lo que pretendías hacerle, maldito.

—¿De verdad quieres que hable? —amenazó desalentado. La mirada del joven Hibiki le estaba advirtiendo: «¿No te arrepentirás después, Ranma?», aunque eso no fue suficiente para menguar los ánimos del heredero Saotome, quien no disminuyó la fuerza de su ataque.

Al ver al chico del hachimaki amarillo con dificultades para hablar, poniéndose cada vez más azul, sin muchas ganas de defenderse e incluso agradeciendo esa especie de castigo; Akane tragó su enojo e intentó calmar a su exprometido.

—Suéltalo, Ranma. Nabiki está cerca o pueden oírnos abajo.

—No voy a soltarlo hasta saber por qué estás llorando y este infeliz está prácticamente desnudo.

—Te lo explicaré, pero por favor, suéltalo —suplicó.

No pudo negarse a ella. Lo liberó con brusquedad.

Los tres, de pie en la entrada de la habitación de la menor de la casa, con la puerta aún abierta y el ambiente confuso, intentaban comprender la situación.

La mentira. El amor. La perversión. El egoísmo. La envidia. El honor. La vergüenza… Temas con nombre; sin embargo, en ese momento difíciles de concebir.

Ryoga se sobaba el cuello sin subir la mirada.

—Me voy a volver loco, ¿qué te hizo, Akane? —Ranma volvió a observar minuciosamente a su exprometida. Se aseguró de que su blusa estuviera encajada en su falda y que esta estuviera en su lugar sin arrugas ni otras señales. La repasaba una y otra vez, quería que realmente se encontrara bien. «No… Ryoga le ha hecho algo», sus bonitos ojos se lo decían.

Y ella evitó verlo. Aquella actitud era difícil de manejar, de hacerle frente y fingir que no le sucedía nada cuando sí.

Necesitaba hablar:

—Ryoga nos ha ocultado… algo muy importante, casi desde que lo conocemos.

—¿Qué? ¿Por qué dices…? —Ranma presintió que hubiera preferido no insistir en obtener una respuesta.

—Ryoga es P-Chan —declaró Akane. Muy puntual y sin rodeos.

Los ojos azules, muy abiertos, se dirigieron a su dizque amigo y luego regresaron a ella. El muchacho de trenza azabache no reflejó sorpresa, sino angustia.

Akane lo captó.

—¿Lo sabías? Tú, ¿tú lo sabías?

Ranma no habló. Y ahora fue su mirada la que no pudo sostener la de su cada vez más real exprometida.

No necesitaba más. La tercera hija de Soun supo que quien calla otorga. «Los dos se divirtieron a mi costa», concluyó.

—Los odio —expuso abruptamente—. ¿Les pareció gracioso burlarse de mí?

—No fue así. —Ranma intentó aclarar.

—Claro que es así; la ingenua y estúpida de Akane cree a todos y en todo ¿Verdad? Y ustedes… yo confiaba en ustedes. Se suponía que éramos amigos… Se suponía que…

»Ya veo… Ambos sí son amigos, pero yo… A mí no me tienen en cuenta. ¿Era divertido cuchichear sobre mis secretos? ¿Era gracioso ver cómo cuidaba a Ryoga creyendo que se trataba de un pobre cerdito, Ranma?

—Claro que no…

—¡Qué! ¿Le contabas sobre mi deforme cuerpo y se reían a mis espaldas, ¡eh!, Ryoga?

—Akane, no…

—¡Largo los dos!

—Hablemos, Akane. —Ranma lo intentó de nuevo.

—Dije que largo. Ahora.

Era en vano, ella no los escucharía, no como estaba.

Los dos muchachos salieron.

Akane cerró su puerta y echó el cerrojo. Miró hacia el techo; no lloraría.

Continuará…


Notas de autora

Holi… (suspiro) ¿Cómo han estado? Espero que bien :). Yo… La verdad estuve en un sube y baja de emociones y situaciones :'(, pero supongo que de eso se trata vivir :), de fortalecerse con lo bueno y malo que nos ocurre. En fin… Aquí sigo n.n.

Disculpen si los posibles errores que encontraron les fastidiaron la lectura :(, trato de evitarlos, pero a veces pueda que se sigan escapando.

Agradecimientos

A mi linda betita reader Megami Akane, quien con su voluntad, ánimos y opinión sigue apoyándome [abrazo] n.n.

A TODOS mis amables y queridos lectores, en especial a Benani0125, Alexandraaa417, Bealtr, SARITANIMELOVE, Carlomaz, ojuan, DULCECITO311, lalitacn, Trixie, Niomei, Elisa LJ, Danarmada, Bianca ST, Bayby Face (x2) y Lucy; sus comentarios siempre son muy bien recibidos n.n y motivadores ;D.

A la página de FB Mundo Fanfics Inuyasha que siempre promociona mi ficcito *.* ¡Gracias! n.n

Sobre «Descubriendo (primera parte)»

Como que huele a café y croissant ¿O no? Madame St. Paul y Picolet se avecinan :O, ¿cómo les irá en este loquillo ficcito mío?

La familia está tranquila con nuestros prometidos, excepto Nabiki porque a ella no se le escapa nada… ¿Qué estará planeando ahora? :S Felizmente Nodoka también es muy perspicaz, así que… :O n.n

Recordando un poqui, tanto Ranma como Akanita están confiando más entre ellos, y la identidad de P-Chan es un punto importante para esto, o al menos eso siento. Personalmente, siempre me ha causado desazón que Ranma y Soun, sobre todo, nunca hayan revelado la maldición de Ryoga a Akanita, así que quiero explorar qué ocurriría cuando esto salga a la luz, bueno ya salió… :S

Ryoga fue descubierto, Ranma y Akanita se están descubriendo a sí mismos ¿Que se viene? :O ;)

Espero que se hayan entretenido leyendo este cap. n.n.

Aclaraciones...

QBAA¿OV? es un fanfic que se ha convertido en un vaivén de sentimientos para mí, a veces es la mejor forma de relajarme :D y otras de frustrarme :(, sin embargo continúo materializando de alguna forma lo que Ranma y Akanita me inspiran n.n. Lamento si esta lectura se está convirtiendo aburrida o pesada :S, solo quiero que se tome en cuenta que tiene varios personajes, cada uno con una personalidad e historia diferente, me cuesta cerrar sus respectivos desarrollos de súbito :(, y a pesar de que yo me demoro una vida en actualizar (lo siento de verdad T-T) en el fic solo han pasado algunos días y… ¿Quién cambia en poco tiempo con facilidad? Por eso agradezco mucho que me acompañen en esta aventura escrita [flores bonitas para ustedes] n.n.

Corset d'Or, este nombre para la empresa de moda de madame St. Paul se me ha ocurrido por el corsé que ella le obliga a usar a Ranma cuando lo entrena °lll.lll°, y bueno para darle más… no sé… ¿Elegancia? Mejor si es de oro que de acero ¿O no? XD

Sabían que...

Chawan es un cuenco que se dedica única y exclusivamente al arroz. Tradicionalmente, en las familias japonesas cada miembro posee su propio cuenco para arroz y no utiliza ningún otro.

Hachimaki es una cinta que los japoneses se anudan en la cabeza como símbolo de esfuerzo o constancia. Por eso he preferido llamar así al característico pañuelo amarillo que Ryoga utiliza n.n.

Ya saben…

Si no es mucha molestia comenten: dudas, críticas, sugerencias, gustos, disgustos y/o todo lo que quieran escribirme para mejorar mis ideas y escritura aún supernovel.

Si tienen cuenta FF NO OLVIDEN REVISAR SUS INBOXS, siempre trato de responderles (sobre todo cuando estoy cerca a actualizar ;D) y seguir agradeciéndoles por ahí n.n. No lo hago por aquí porque parecería otro capítulo, ji, ji, ji n.n.

¡Que agosto esté siendo fabuloso! ;D No dejen de cuidarse y si les es posible ayuden a las personas y/o animalitos que más lo necesitan. Ahí van miles de vibras positivas ++++++... Paz y amor para sus vidas. Hasta pronto n.n.

StaAkaneFan.