Lunes, 27 de setiembre de 2021

Disclaimer: Este fan fiction está hecho sin fines de lucro, Ranma ½ es una obra de la gran mangaka japonesa Rumiko Takahashi, quien me enamoró con su historia y sus personajes, que me sirven de inspiración para crear otras historias, las cuales no solo me ayudarán a mejorar en mi forma de escribir, o eso espero, sino que tal vez pueda entretener a alguien que me visite por aquí.


Capítulo XVI

Descubriendo

Segunda parte

El pasillo continuaba en penumbra y una sensación de misteriosa lentitud del tiempo hacía que las manecillas del reloj de pared se atascaran en cada segundo mientras Ranma se debatía entre intentar hablar de nuevo o esperar al día siguiente cuando las emociones apaciguarían dando paso a la claridad de la razón.

A su lado, Ryoga, ignorando el frío que su cuerpo semidesnudo sentía, trataba de asimilar cómo había sido descubierto y cómo su amor ideal se disipaba con el peligro de quedar en nada.

Y delante de ellos, la puerta que sostenía al patito de madera continuaba cerrada.

«Akane...», la nombraron, cada quien en sus pensamientos.

Ninguno daba señales de querer alejarse.

Ni siquiera tenían ganas de discutir como un par de niños pequeños echándose la culpa. Sabían que ya no estaban para eso.

¿Por qué no intentaron hablar de la identidad de P-Chan tiempo atrás? ¿Hasta qué punto se puede guardar un secreto? ¿Qué tan importante es ser sincero con quien se dice querer… amar? ¿A cuánto ascendía la gravedad de haber callado aquella verdad?

—Vaya, vaya… Los inseparables amigos viven una nueva aventura. Me pregunto si… ¿El rechazo duele menos si se comparte? —Nabiki, impávida como era, al sentir el alboroto de voces tan alteradas como amortiguadas salió a ver de qué se trataba y, con disimulada sorpresa, descubrió que el teatro de P-Chan se había desmontado.

—Cállate, Nabiki, no estoy para juegos —respondió Ranma; cortante, resentido, frustrado.

—¿Y crees que yo sí, excuñado? Porque después de esto dudo que Akane te perdone, por lo menos no pronto. Qué mala suerte la tuya, justo ahora que parecían felices.

—Voy a arreglarlo —repuso seriamente.

—Lo dudo. —La segunda hija de Soun aparentaba estar un paso adelante, despreocupada y con una sonrisa cínica. Sin embargo, ella era consciente de que esa situación le malograba parte de sus planes. «Debo evitar que Akane sepa que papá y yo también lo sabíamos. Si se entera… pueda que deje de confiar en mí y ya no quiera que maneje su carrera de actriz. Este par de tontos no va a malograr lo que estoy… estamos logrando». Se aclaró la garganta y pronunció una propuesta en forma de pregunta—: ¿Quieren solucionarlo?

La interrogante llamó la atención de los dos adolescentes, entonces la miraron caminar hacia las escaleras y bajarlas. Confiar en Nabiki Tendo era un arma de doble filo; si ella quería podía ayudar o… destruir. No obstante, en ese momento no vislumbraron otra salida.

Sincronizados a la vez que resignados, observaron por última vez aquella puerta que tantas veces les abrió el camino hacia una felicidad que en ese momento les pareció remota.

Sin tener la certeza de estar tomando una decisión correcta, la siguieron.


Al llegar al dojo, Nabiki se apoyó en la puerta y aguardó a que los artistas marciales ingresaran. Ellos avanzaron hasta quedarse de pie en medio del espacio cerrado esperando a que hablara.

—Niños, niños, niños ¿Cuánto tiempo más pensaban engañar a mi hermana? —acusó con repugnancia, como si no pudiera concebir tal acto de deslealtad, como si ella estuviera limpia de polvo y paja.

—¡Iba a decirle la verdad!

—¡No la engañé a propósito!

Gritaron Ryoga y Ranma respectivamente, encendidos por la facilidad que tenía esa Tendo en particular para juzgarlos.

La segunda hija de Soun los analizó rodeándolos con su altivo caminar, quería asegurarse de qué le convendría.

El joven Saotome, aunque astuto, era fácil de manipular. «No me sorprendería si ya está ideando una forma de salir de este aprieto, pero ¿Qué?, necesito saber el qué para guiarlo».

Y el chico trotamundos… Sinceramente no lo conocía bien, sin embargo… «Pongo mis manos al fuego de que está dispuesto a todo por Akane». Se veía realmente arrepentido y ella lo aprovecharía.

«¿A quién será bueno ayudar? Obviamente no será gratis… ¿Quién dará más?». Sí, los presionaría hasta obtener un mejor postor, porque la astuta adolescente sabía que ellos darían lo que fuera por su hermana menor sin hacerle daño, un daño real.

Sin perder calma y adoptando una postura extremadamente severa, continuó con su prédica:

—¿En serio? Por favor, ya sea por a o por b, los dos se burlaron de una manera muy despreciable e ingrata. ¡Sí, se burlaron de ella! Que únicamente se preocupó por ustedes y siempre los apoyó sin dudarlo. Si yo fuera Akane no los perdonaría jamás o como mínimo los demandaría por daño emocional y les cobraría una jugosa indemnización por el trauma. Imagínense lo estúpida que debe sentirse. —Apuntó sin reparo a cada uno con su dedo índice —. Por un lado su cerdo mascota terminó siendo el chico que creía un noble y caballeroso amigo, pero que en realidad resultó ser un aprovechado voyerista sin escrúpulos. Y si eso fuera poco, su cómplice fue nada más y nada menos que su prometido, quien supuestamente la quiere y protege de los depravados que suelen perseguirla. Auch, doble traición y de dos personas que claramente ella aprecia, bueno apreciaba. No los quisiera desanimar, niños, pero mi hermanita nunca volverá a confiar en ustedes.

Quizás exageraba, pero Nabiki se sintió satisfecha al ver que los malditos de Jusenkyo bajaron sus cabezas dándole la razón. Prosiguió:

—Y ni se les ocurra decirle quiénes también lo sabíamos. Si ella se entera de ese pequeño detalle, les aseguro que se sentirá más traicionada y con lo impulsiva que es… Tal vez decida irse sin que podamos evitarlo. —Su voz temblorosa amenazaba con que en cualquier momento lloraría. «Los tengo».

¿Podría ser? ¿Akane los abandonaría? ¿A dónde iría? ¿Con quién?

No saber de la jovencita peliazul era una de las cosas que a Ranma más le inquietaba y angustiaba, e imaginarla con su mochila desapareciendo por la calle después de un adiós definitivo le causó un repentino vértigo que lo hizo trastabillar en su lugar. «Tiene que escucharme», reflexionó en tanto caminaba hacia la salida. Conocía la visceralidad de su exprometida y sus decisiones fugaces y vehementes; sin embargo, hallaría la forma de decirle absolutamente toda la verdad sin agrandar su indignación y lograr su perdón. Luchar por Akane era una tarea autoasignada voluntariamente donde la victoria solo le pertenecía a él, porque cada vez que salía vencedor reforzaba ese sentimiento reconfortante que nacía en él por ella y que no podía ni quería apagar.

Dirigió una última mirada a la hermana y exmascota de Akane ¿Podía confiar en ellos? «No, claro que no. Yo solo conseguiré que Akane regrese conmigo». Y sin más, salió apresurado del dojo.

Nabiki observó, no sin decepción, que una de sus víctimas se iba. «Tonto». Felizmente aún le quedaba el chico del hachimaki amarillo que todavía parecía confundido.

Ya estando a solas, aprovechó el momento.

—Ay, P-Ch… disculpa, Ryoga, ¿ahora quién se supone que cuidará de Akane en Ryugenzawa? Contaba contigo para protegerla. Y ahora qué será de mi bella e ingenua hermana entre tantos actores varones, seguramente todos elegantes y bien parecidos, engatusándola con promesas de amor para lograr su atención y después su… corazón. —Su teatral preocupación era digna de unos aplausos.

El joven Hibiki apretó los dientes imaginando lo que escuchaba. «Nadie va a tocarla».

—Pierde cuidado, yo me encargaré de que Akane esté a salvo.

—¿Ah sí? ¿Y cómo lo lograrás si no quiere ni verte?

—No importa, ya sabré cómo me arreglo para estar a su lado —dijo entre molesto y decidido.

La actitud de Ryoga la sorprendió, notaba que era un chiquillo enamoradizo, pero ¿Cuánto lo estaba de su hermana?

—¿De verdad la quieres?

—Sí. Akane es importante para mí —respondió sonrojado y convencido.

—¿Y Akari?

—¿Q-Qué pasa con ella?

—¿No es tu novia?

—E-Eso no tiene nada que ver si mi objetivo es velar por la seguridad de Akane.

—¿Nada que ver? —preguntó Nabiki con sarcasmo—. ¿Ves a mi hermana como tu amante?

—¡Qué tontería! ¡Claro que no! Akane y Akari son importantes, pero ahora Akane lo es más.

La muchacha castaña entrecerró los ojos. «¿Qué?».

—No voy a permitir que te burles otra vez de mi hermana ¿Lo sabes, no? —advirtió dejando su juego a un lado.

El muchacho de los singulares caninos sonrió mostrándolos. Se consideraba un chico pacífico, pero si lo provocaban no se amilanaba con facilidad sacando a flote la parte más emocional de su personalidad para defenderse e incluso hacerse más fuerte.

—¡Ja! Eres graciosa, Nabiki, ¿quieres dar cátedra de moral? ¿Entonces por qué no me desenmascaraste antes? Tú también sabías sobre mi detestable maldición ¿No? ¿Por qué no se lo dijiste a tu hermana? ¿Qué esperabas? ¿Chantajearme acaso? O ¿Pedirme dinero a cambio de ella? A diferencia tuya, yo no busco solo mi beneficio a costa de Akane. Si le oculté la identidad de P-Chan fue porque estúpidamente creí que me rechazaría, y aunque tarde, ahora sé que si pierdo su cariño será por mi cobardía y no por mi apariencia. En cambio tú, ¿qué estás pensando, eh? ¿Qué provecho pretendes al ofrecer ayuda?

Pese a que la sagaz hija de Soun se sentía molesta por sus palabras y porque su plan no estaba saliendo como lo esperaba, se mostró tranquila.

—Creo que ya no me sirves, Ryoga.

—Pues qué bueno porque no soy un sirviente o un objeto para servirte —espetó empezando a andar hacia la puerta de salida.

Pero a Nabiki nadie la dejaba con la palabra en la boca, lo provocó:

—Vaya… ¿Estás sacando tus garras, puerquito?

—¡No me digas así! —Se detuvo aún dándole la espalda.

—No vas a acercarte a mi hermana, oíste —amenazó rotunda.

—¡¿Por qué no?! —Volteó para verla.

—Porque ella no te quiere cerca.

—Me perdonará. Lo sé.

—No si lo evito, Ryoga.

—¿Y cuándo lo harías? ¿Antes o después de que le diga quiénes más sabían que yo soy P-Chan?

—No te atrevas.

—Entonces no te metas en mi relación con Akane —declaró el joven Hibiki envalentonado—. Creo que ahora eres tú quien tiene más que perder ¿O me equivoco?

Ella ya no respondió y su expresión se mantuvo orgullosa aunque internamente se recriminaba por haber esperado más de la cuenta antes de aprovecharse del secreto de P-Chan, y eso, por cómo se mostraba el artista marcial que la enfrentaba, parecía que le iba a traer más problemas de lo que alguna vez supuso. «Maldición».

Ryoga aliviado, pues sabía que la ambiciosa castaña no actuaría en su contra por el momento, salió del dojo planeando qué haría para recuperar a su encantadora Akane. «No voy a rendirme tan fácil».

Nabiki se quedó sola y a pesar del inesperado y complicado suceso, curvó los labios forzando una sonrisa. «Shinno, creo que al final vas a servirme más de lo que creí». Exhaló y al instante su gesto se endureció. «Parece que los niños están creciendo. Ya no debería subestimarlos tanto».

¡Faaah! ¡Faaah! ¡Faaah!...

Algo se oyó desde el jardín.

—¿Qué fue eso? —susurró saliendo afuera. Se quedó quieta en la entrada e inspeccionó con la vista de izquierda a derecha y hacia arriba.

Las luces de la casa iluminaban el lugar. Todo estaba en orden.

Frotó sus sienes. «Demonios, esto no puede afectarme». Pensó que al no tener el control absoluto de la situación probablemente le estaba estresando hasta el punto de escuchar sonidos extraños. Necesitaba descansar.

—Tranquila, Nabiki, todo saldrá bien. —Se animó respirando profundamente y al instante se dirigió a su habitación.


«La vida está repleta de mentiras».

Akane en pijama, echada en cruz encima de su cama, observaba fijamente el techo de su dormitorio. Reflexionaba abstraída sobre la fragilidad de la sinceridad, la honestidad y la confianza; en los lazos de afecto dentro de la familia y entre los amigos; en los pros y los contras de la inversión emocional y sobre todo en la terrible necesidad de acudir a una mentira… «Mentiras blancas, negras, ¿quizás también grises? Existen de las que parecen insignificantes, pero que al final pueden mutar a unas inmensas. Y luego están las que son grandes desde el inicio, tan grandes que son difíciles de creer y se las descubre incluso antes de que originen algún daño. Ahí están todas ellas por todos lados y al alcance de todos».

¿Existiría alguien que, después de adquirir pensamiento y lenguaje, hubiese dicho únicamente verdades? ¿Acaso desde pequeños no entendemos que mentir puede evitar una consecuencia negativa, puede salvarnos o salvar a otro, o se puede conseguir algo que deseamos?

La jovencita Tendo trataba de comprender hasta qué punto una verdad hacía bien y una mentira, daño. Porque ella había aceptado un pacto para salvaguardar la salud emocional de su tía; sin embargo no dejaba de ser falso. «Quién soy yo para juzgar, si también estoy mintiendo a la familia para ayudar a Ranma», reconoció afligida. Por eso, intentaba justificar el porqué Ranma y Ryoga le habían ocultado la identidad de P-Chan. «¿Qué pretendían?». No lo negaba, se sentía ofendida, traicionada, burlada, indignada, desplazada de una amistad a la cual se creyó parte. «¿Qué los motivó?», y aunque revolvía la idea no encontraba un punto a favor de ellos salvo su amistad egoísta y confabuladora donde la ingenua de Akane no formaba parte.

—Nunca los perdonaré —murmuró frunciendo el ceño. No obstante, a pesar de su enorme disgusto, sabía que nunca era una palabra fuerte y que el tiempo calmaría su pesar—. Me vendrá bien ir a Ryugenzawa con Hiroaki y los demás. —Suspiró. Alejarse de la cotidianidad de Nerima seguro le favorecería.

De pronto se sintió extremadamente abochornada y de un salto se sentó colocando las manos en su pecho. «P-P-P-Chan. Ra-Ra-Ranma. ¡Ryoga!». Cubrió su boca antes de dejar escapar un grito desesperado. No podía creerlo. Ella confiaba en su mascota, hablaba con ella, le contaba sus secretos, sus sentimientos… «¿Ryoga le habrá dicho a Ranma que…?».

Al segundo, las ramas y hojas del viejo arce japonés cercano a su ventana crujieron, anunciando una cotidiana visita que en cualquier otro momento le habría agradado. Sí, avergonzada aceptaba solo para ella misma que recibir a Ranma en su habitación le causaba cierto regocijo que intentaba ocultar con uñas y dientes cuando estaban juntos, a puerta cerrada y… solos.

Sin embargo, ese sentimiento especial que solía experimentar, ahora estaba cubierto por la desazón de sus circunstancias. «¡¿Qué hago?!». Tuvo la necesidad de correr a ponerle seguro a su ventana. Se levantó con ese propósito. Pero al instante se detuvo. «¿Qué querrá?». Muy a su pesar y con las mejillas sonrosadas, en el fondo de su corazón deseaba hacer lo que siempre él le reclamaba: escucharlo. «Bobo…». Volvió a su cama, se cobijó y fingió estar dormida. «Ajjj, la vida está repleta de mentiras», repitió fastidiada confirmando la frase con su repentino actuar.

Afuera, el hábil artista marcial se apresuraba en subir por el árbol que se había convertido en su escalera personal.

—Me vas a escuchar aunque no quieras, Akane —murmuró.

Necesitaba que ella se diese cuenta de los mil esfuerzos que él hizo continuamente tratando de evitar su cercanía con P-Chan, que por cierto se convertían en esfuerzos insuficientes cuando la tozuda jovencita no reparaba en consentir al cerdito.

Llegó a la habitación de su exprometida. «Maldición». Las cortinas estaban cerradas y la luz apagada, señales que le advertían que ella seguramente ya dormía. «O que no quiere verme ¡Demonios!». Pero Ranma Saotome se caracterizaba por su tenacidad —por no decir terquedad—. Esperanzado probó deslizar la ventana. «¡Bien!», se dijo comprobando que no tendría motivo para romper el cristal y lograr su propósito.

Ingresó cauteloso y alerta, temiendo recibir el contundente golpe de algún objeto. Asomó una mano y luego la cara. Nada, seguía ileso. Continuó. Con cuidado de no hacer caer los portalápices y la lámpara, se posicionó en cuclillas encima del escritorio y cerró la ventana. Después, lentamente bajó al suelo y caminó, no sin sentirse un poco nervioso, hacia la cama de Akane. Como lo dedujo, ella dormía. Pasó saliva. «Qué suerte...». ¿Quizás fuera mejor que lo escuchara en sus sueños? «¡Rayos! Debí ensayar qué le diría». Jaló sus cabellos. Quizás no tenía suficiente valor para enfrentarla tan pronto. Pero ya estaba ahí. Se sentó a su lado con cuidado y se aclaró la garganta. Habló bajo:

—Sé que tal vez… no lo entiendas ahora, pero… La palabra de un buen artista marcial tiene un peso muy importante.

«¿Olvida que yo también soy una artista marcial?», respondió ella para sí.

—Verás, me comprometí con Ryoga a no decir su secreto. Es el código del guerrero. Tenía que cumplirlo.

«Claro, fue más importante guardar ese secreto que yo».

—Además estaba seguro de que tarde o temprano él te lo confesaría o mejor aún, que tú sola te darías cuenta y lo mandarías a volar. —Sonrió malévolamente tras imaginar la última idea.

«¿Y no importó el tiempo que estaba siendo engañada?».

—Mientras tanto… Yo… Te protegí…

«¿En serio?»

—¿Acaso no intenté alejarte de él? Akane, no seas injusta conmigo.

«¡¿Injusta yo?!».

—Hasta vine cada noche para llevármelo y evitar que durmieran juntos ¿O por qué crees que ese cerdo casi nunca amanecía a tu lado?

«Varias veces sí lo hizo el sinvergüenza».

—Comprendo si a él no lo perdonas, yo no lo haría —pronunció molesto—. Pero a mí… Juro que iba a decírtelo e intenté que te dieras cuenta muchas veces ¿Entiendes que mi promesa lo impedía, cierto? Además… Bueno… Ya sabes, Akane… Mmm… Nuestro compromiso… Es decir… Nuestros padres esperan que nos casemos… Y…

«Cierto… Nuestros padres… Tía Nodoka…», la jovencita peliazul se quedó meditando. «Debemos decir la verdad». ¿Pero cómo? ¿Cuándo?

Ranma no dijo más, notó que empezaba a enredarse. Entonces aprovechó para contemplar su apacible expresión de estar en un sueño profundo, muy semejante a cuando fue Julieta en la escuela, y él, inmerso en el papel de Romeo la besó. Beso que al final le supo a mentira y decepción. «¿Cómo pudo? ¡Me engañó!». Todavía le costaba disculparla por ese importante acontecimiento. «Su primer beso…». ¿Qué hubiera pasado si aquel día la besaba sin esa entrometida cinta? ¿Se hubiera notado que en ese instante él sintió que solo era Ranma besando a Akane y no los enamorados italianos de una tragedia famosa?

Se sonrojó.

Él sabía que, aunque bajo el influjo de la técnica del Nekoken, ya era el poseedor del primer beso de Akane. Sin embargo, no se sentía satisfecho porque él no lo recordaba. Pese a ello, no dejaba de ser una pequeña victoria frente a los demás. «Fui el primero», se felicitó.

Y ahora la tenía ahí, semejante a aquella vez, respirando lentamente en los brazos de Morfeo, con sus largas pestañas adornando sus ojos cerrados y con sus perfectos labios libres y sin protección ante ataques originados por el deseo y la osadía…

Olvidando el porqué se encontraba en su dormitorio y sintiendo cómo un remolino eufórico giraba a gran velocidad dentro de su estómago, entrecerró los ojos, sus brazos se acomodaron a los costados de su exprometida y su rostro empezó a acercarse al de ella. Nadie los veía ni los fastidiaría. Nadie lo detendría. Teniéndola muy cerca, terminó por cerrar los ojos.

«Su aroma es delicioso». Embrujado, los sintió… ¿Qué sintió? «Qué extraño», sus labios no eran cómo se veían; suaves y húmedos. Más bien, su textura le hizo recordar a… su almohada cuando caía presa de sus acciones provocadas por fantasías donde quedaba encantado de…

—¿Qué haces?

Su femenina voz lo devolvió a la realidad preguntándose ¿Cómo podía hablar con tal claridad si él aprisionaba su boca?

Abrió los ojos y fue la funda amarilla de la esponjosa almohada que le "devolvió la mirada".

—¡Ah! —Enseguida se puso de pie con el corazón al borde de explotar—. Lo-Lo siento… Yo… ¡Me caí! —Se excusó respirando frenéticamente.

Akane, sentada en su cama, lo observó entornando los ojos confundida y aún molesta. Al instante volvió a sentir cómo la sangre le subía al rostro. «P-Ch… Bueno, Ryoga ¿Le habrá contado sobre mis sentimientos?». Pensar nuevamente en eso llenó su alma de inseguridad y se arrepintió por no haber cerrado su ventana. No estaba lista para dialogar, definitivamente no.

—¿Qué haces aquí? Quiero dormir —expresó apresurada, acurrucándose en su cama, dándole la espalda y tapándose hasta la cabeza.

—Eeeh, claro. Me voy. —Y estuvo a punto de irse de lo nervioso que estaba, pero de inmediato reaccionó—. ¡No! Espera, tenemos que hablar.

La jovencita Tendo ni se movió. Él suspiró.

—Oye, ¿escuchaste lo que te dije antes?

—Estoy cansada. Déjame dormir —pidió ella desde su escondite.

Ranma se rascó la cabeza.

—Lo siento, Akane. No debí ocultarte la maldición de Ryoga.

Ella lo escuchó. Ciertamente no le resultaba fácil ignorar la intención de querer hacer las paces de su orgulloso exprometido. No obstante, continuamente una voz interior le insistía que la confianza en Ranma era endeble. Eso estaba mal. Porque él en su afán de querer ser el mejor, de ser invensible, de lograr sus metas y vencer cualquier desafío, solía ser egoísta hasta el punto de usarla como cuando quiso recuperar la atención de Shampoo o cuando le dijo que era hermosa solo porque quería a Dou-chan o como cuando recuperó su fuerza y no fue capaz de compartir su alegría con ella que se había preocupado tanto. Le enfadaba pensar que una disculpa bastaba para arreglar sus metidas de pata. Si había algo que Akane no quería para su vida, era ser débil, y ante Ranma lo era.

Por otro lado, también debía agradecer los buenos momentos a su lado. Deseaba perdonarlo, aunque no quería que fuera tan fácil. No quería sumergirse en un amor ciego, confundido y muy posiblemente no correspondido que despoja de fuerza y voluntad.

Intentaría ser objetiva sin traicionarse a sí misma. Además no olvidaba la salud de su tía Nodoka ni las palabras de su padre cada vez que ella le exigía que respetara su decisión de con quién casarse:

Está bien, hija. Solo recuerda que si se disuelve el compromiso no hay razón para que los Saotome se queden en nuestra casa.

Aquella posibilidad no terminaba de agradarle.

Respiró profundamente dispuesta a enfrentar a Ranma, además si lo reflexionaba con calma, conociéndolo, si el presumido muchacho supiera de sus sentimientos ya se los hubiera restregado en la cara ¿No?

Salió de entre sus sábanas y se sentó derecha. Él seguía allí.

—Por ahora podemos seguir fingiendo que seguimos siendo prometidos. Y cuando regrese de Ryugenzawa diremos a la familia nuestra decisión de cancelar el compromiso, quizás para ese entonces tú mamá se encuentre mejor ¿Cierto? —dijo ella con sosiego y seriedad tratando de verlo a los ojos.

«¿Nuestra decisión?», Ranma iba a reclamar, pero se contuvo. Estaban siendo civilizados, no lo malograría. Además verla despeinada con sus cabellos cortos y azulados ligeramente electrizados, su rostro adorablemente sonrojado y saber de sus intenciones de querer seguir ayudándolo a pesar de todo… bajaba sus defensas. Nervioso preguntó:

—¿Me has perdonado?

—Sigo molesta con los dos. —Cruzó sus brazos. —Por cierto mañana le diremos a todos en casa sobre la maldición de Ryoga. No puede seguir engañándolos.

«Akane…», se lamentó. Pero por lo menos él ya no le ocultaría nada respecto a ese tonto secreto.

—No es necesario, Nabiki y tu padre lo saben. Mi viejo una vez casi se lo come en Jusenkyo y el maestro Happosai es quien más sabe sobre la maldición de cada posa aunque se haga el desentendido, así que también lo saben. Kasumi quién sabe, igual nunca dice nada. Creo que las únicas personas que desconocían esto eran mamá y tú. ¡Hasta Akari, Shampoo y su abuela lo saben!

—¿Qué dices?

—Es que era tan obvio, en serio, no sé por qué no lo notaste —contestó sin querer ser duro.

Akane se sintió peor. Para su familia el hecho de que ella técnicamente conviviera con un chico que no era su prometido parecía irrelevante. ¿Qué ocurría con los demás que pasaban por alto situaciones importantes y se entrometían en muchas otras que no lo eran? Y para colmo continuaban tratándola como la más pequeña de la casa, quien no se daba cuenta de lo que ocurría alrededor y preferían esconderle cosas. «Qué absurdo».

Observó una vez más a Ranma conteniendo sus reclamos. Volvió a esconderse en el aislamiento de su cama.

Y él supo que por ese día ya no debía hostigarla más. «Después te explicaré lo de mi madre, lo prometo».

—Buenas noches, Akane. —Se despidió de forma apagada.

Saltó al escritorio y luego se fue.


¡Faaah! ¡Faaah! ¡Faaah!...

En lo alto del cielo una imponente criatura empuñaba sus extremidades a causa de un oscuro sentimiento.

«Maldito afeminado».

Taro, desde aquella tarde que la rescató de la casa de unos tales Kuno, había adoptado la costumbre de vigilar a Akane entre las sombras terrenales y aéreas cada vez que podía. A veces, como ahora, se quedaba suspendido entre las nubes aguardando a que ella saliera a la calle, al jardín o al balcón.

Esa chica de ojos color miel le despertaba curiosidad y lo extraño era que cada vez el capricho empeoraba porque necesitaba saber más de ella. «Es una especial amalgama entre resistencia y fragilidad».

Era la primera vez que la visitaba tan tarde. Si no hubiese sido por el perfeccionista de Atsushi, quien no lo soltó hasta que calificó su baile solamente presentable, no hubiese presenciado el preciso instante en el que Ranma entraba y salía de ese dormitorio en particular como un vulgar bandido.

«Tal vez ella no es tan inocente como creí y puede que sea más interesante todavía». Quien consideraba un afeminado se había quedado un buen rato. «Voy a demostrarle a esa chica quién sí es un hombre de verdad», decidió agitando sus alas para desaparecer en la oscuridad del firmamento.

Iría a casa a descansar; mañana también tenía que ensayar a primera hora, le quedaban pocos días para demostrar que P. Taro era perfecto para el papel coprotagónico.


No eran más de las seis de la mañana y Akane salía del baño principal del segundo piso con su uniforme puesto. Ya estaba lista, solo faltaba tomar su maletín antes de encaminarse al instituto. No quería ver a nadie.

Oyó el trinar de los pajaritos en el jardín. Sonrió al pensar que no todo era tan malo.

Antes de bajar las escaleras se fijó en la puerta de su hermana un año mayor. Lo dudó, pero decidió hacerle una visita.

Entró a su dormitorio y se paró a los pies de su cama. Sacudió ligeramente sus pies para despertarla.

—¿Mmm? —Obtuvo como respuesta. Nabiki boca abajo abrió uno de sus ojos y le costó darse cuenta de que faltaba como una hora para que su despertador sonara—. ¿Akane? —preguntó al notar vagamente una mancha aguamarina—. ¿Qué pasa?

—Estás despedida —pronunció tranquila.

—¿Qué? —Se incorporó menos somnolienta.

—No puedo permitir que mi representante oculte cosas a mis espaldas.

—¿De qué hablas?

—¿Por qué no me dijiste que P-Chan era en verdad Ryoga?

—No sé de qué hablas —dijo bostezando en el intento de disimular confusión.

—¿Vas a negarlo?

La expresión adusta de su hermana menor no le daba otra alternativa.

—Está bien. Creo que te debo una explicación.

—No. No la necesito de alguien que continuamente comete el mismo error. De alguien que solo ve en las personas cómo sacar provecho. ¿Qué obtuviste a cambio, eh?

—Sabía que te pondrías así. Vamos, Akane, que no es tan grave.

—Para mí sí, porque si tú corrieras el peligro de «contar tus secretos», dormir, cambiarte y bañarte con una mascota que en realidad es un ser humano varón, créeme que te lo hubiese dicho.

—Como siempre estás siendo muy exagerada y sentimental. Deberías aprender a separar lo personal de lo profesional ¿Sabes? Además qué culpa tengo yo de que seas tan ingenua. El chico desaparecía cada vez que el puerco estaba a tu lado. ¿No querrás echarme toda la culpa, cierto?

—Tienes razón, tal vez la única culpable de lo que me pasa sea yo misma. Por eso, quiero ser únicamente yo quien controle mi vida.

—Akane, por favor… —Su tono de voz no era de súplica, sino de querer hacerla entrar en razón—. Akane, Akane, te estoy hablando ¡Akane! —Pero su hermana menor retomó su camino dejándola con la palabra en la boca—. ¡Demonios! Me las van a pagar niñatos chismosos —refunfuñó en contra de Ranma y Ryoga.


«¿De verdad estoy exagerando?». Akane se dirigía hacia la cocina por unas manzanas para desayunar mientras se cuestionaba si sentirse sola y traicionada en esa casa que la vio nacer y crecer era extremista, pero así se sentía.

Al llegar, notó a la señora Saotome tomando un vaso de agua y no pasó desapercibido que a su costado había un blíster de unas pastillas que no llegó a reconocer.

—Buenos días, tía —saludó con una bonita sonrisa—. ¿Cómo amaneció hoy?

—Akane querida, buenos días. Bien gracias ¿Y tú? —Le respondió amablemente mientras empezaba a lavar el vaso después de guardar el medicamento dentro del bolsillo de su yukata.

—También, gracias.

—¿Y mi hijo?

—¿Disculpe? —La pregunta la desconcertó levemente.

—Ranma ¿Ya lo despertaste?

—No, aún no. Es que… hoy debo ir temprano a la escuela y no quise molestarlo.

—Qué considerada con tu prometido, cariño. Él debe estar cansado. La luz de su dormitorio estuvo encendida hasta mitad de la madrugada ¿Tenían mucha tarea?

—Sí, algo.

—Entiendo. ¿Sabes? Mi Ranma se está esforzando mucho, sabe que tiene una gran responsabilidad. O puede ser que solo quiera ganarte o tener una excusa para pasar tiempo a tu lado estudiando —rió mientras tomaba un secador—, pero en los últimos exámenes le ha ido muy bien ¿No crees? —Dejó el vaso en su lugar y volteó a verla.

—Estoy segura de que Ranma se esfuerza por él y por usted también. —Lo dijo sinceramente y no pudo evitar una expresión resignada.

—Hija, ¿pasó algo entre ustedes? Creo que anoche discutieron un poco.

Akane se puso nerviosa. «¿Nos habrá escuchado?».

—Bueno… Sí, pero nada que no podamos solucionar.

—Me alegra oírte decir eso. Las relaciones de pareja no son perfectas porque las personas tampoco lo son, sin embargo, no se derrumba una casa cuando una ventana se rompe ¿Verdad?

—Supongo que sí, tía. —Intentó sonreír.

—Ven aquí, mi niña, vamos que te acompaño a la puerta.

Nodoka la tomó de un brazo y juntas caminaron hablando animadamente.

En la calle, al abrir el gran portón de la residencia Tendo, las dos se sorprendieron al ver la ya conocida camioneta Ford Transit gris piedra de Hiroaki conducida por uno de sus fieles empleados, en esta ocasión el señor Kojima.

Él, al verlas, bajó del vehículo y se les acercó.

—Buenos días —saludó a ambas mujeres con un perfecto keirei. Después se dirigió a Akane entregándole unas sakuras blancas, aumentando la sorpresa—. Señorita Tendo, reciba este presente de parte del señor Fukui como una disculpa por no haber podido venir personalmente ahora, pero en la tarde estará con usted sin ninguna duda para ir junto a su hermana y su prometido a Corset d'Or.

La menor de la casa recibió las flores con una sonrisa y sintió su aroma. De pronto, recordó los cientos de ramos de Kuno, los muchos de Ryoga y el único de rosas rojas que una vez Ranma le obsequió para reconciliarse después del malentendido con Nabiki y su compromiso. «Uno solo…». Aún guardaba los pétalos en un libro. Sus ojos estuvieron a punto de humedecerse, pasó saliva.

—Son muy bonitas. Gracias.

—Hija, se hará tarde, mejor apúrate. Dámelas, las pondré en un bonito florero y las llevaré a tu habitación —dijo la señora Saotome con tranquilidad.

Akane asintió, agradeció, obedeció y se despidió.

Nodoka se quedó pensativa observando cómo el conductor escoltaba a su futura nuera hasta la furgoneta para luego partir. «Este es el segundo». La primera vez que el dramaturgo le llevó sakuras, ella se había encargado de advertirle que no era adecuado además de que la jovencita peliazul no se enterase. «¿Acaso no lo ha entendido?». Entró a la casa con cierta angustia. «Felizmente mi hijo viajará con ella». Se apresuró a despertarlo.


Al llegar al instituto Furinkan, el señor Kojima ayudó a Akane a bajar de la camioneta y antes de despedirse pidió:

—Disculpe, ¿por favor, le podría decir a Hiroaki que en la tarde solo iré yo a Corset d'Or?

—Sí, no se preocupe. Hasta más tarde, señorita Tendo.

—Gracias. Hasta más tarde.

Una vez el vehículo se marchó, ella frotó las palmas de sus manos; la mañana aún estaba algo fría.

Estuvo a punto de ingresar, pero reparó en alguien de pie a un costado de la entrada de la escuela.

—¿Mousse?

—Buenos días, Tendo.

No supo en qué momento sus pasos lo llevaron ahí. Tal vez fue el pensar en el día anterior y sus compañeros de la academia charlando de lo afortunados que serían si llegaran a conocerla o en compartir escenario con la joven promesa de Blancanieves y sus siete enamorados. «Yo sí que la conozco y haré lo que esté en mis manos para ser parte del elenco». Pese a su ventaja, prefirió callar guardando el vínculo que los unía. «Porque somos amigos ¿No es cierto?». Y su silencio también fue para que dejaran de hablar de ella con tanta confianza. «Como si supieran de su aroma, del brillo de sus ojos al tenerlos cerca, de su delgada cintura, de su esencia de guerrera». No lo había soportado. Ni tampoco pudo evitar la molestia causada por… «¡Esos chicos comunes y sin gracia!». Deseando estar a su lado de alguna forma. «Estúpidos». No, no se le podían comparar a él, un gran guerrero de armas y recientemente destacado alumno de canto y teatro. Entonces tuvo el impulso de verla, aunque fuera de lejos y por unos instantes.

Lo que no imaginó, fue verla a solas.

Se aproximó a ella.

—¿Cómo estás?

La pregunta se escuchó extraña viniendo de él.

—Bien —contestó poniéndose alerta y mirando a sus costados.

—Tranquila, Tendo Akane, vengo solo y en son de paz. —Sonrió nervioso agitando sus manos en señal de rendición. Se sentía ridículo. ¿Qué se suponía que tenía que hacer ahora que la tenía cerca? ¿Invitarla a salir? ¿Decirle que se veía hermosa?

—¿Qué haces aquí? —La desconfianza de la adolescente peliazul no menguaba.

Sin saber qué responder exactamente, el muchacho amazona recordó el objeto que llevaba celosamente dentro su túnica entre sus armas de magia y trampas. Decidió sacarlo.

Inmediatamente la joven artista marcial adoptó una postura de ataque.

La observó atentamente. El corto cabello y la falda bailaban por efecto del viento; sintió su propio pulso acelerado. Ajustó sus anteojos y lentamente terminó de revelar la revista cuya portada y páginas principales estaban rebosantes de una sexi Blancanieves, es decir, de una sexi Akane.

—Eeeh… Me preguntaba si podrías autografiar esto para mí.

—Esto es… —Con visible asombro la novel actriz sostuvo el semanario.

—Sí. Sales muy bien en todas las fotografías.

Sonrojada contempló su propia imagen y luego levantó la mirada para ver sus ojos verdes.

—Tú, quieres que yo…

—Toma. —Le ofreció un bolígrafo y ella, no sin extrañeza, prosiguió a firmar.

En los últimos días lo había hecho varias veces, sobre todo para sus compañeros, pero la persona que tenía al frente… «Esto es raro».

—Oye… Me preguntaba si tendrías alguna tarde libre.

—¿Eh? «Extremadamente fuera de lugar». —Pestañeó.

—Es que han abierto una nueva heladería y pensé que… Bueno, tal vez… quisieras… ¿Ir? Después de… clases.

«¡Es una locura!», pensó Akane.

—Mousse, ¿te sientes bien?

—¿Q-Qué? ¡Claro!

—¿De verdad? —Ella puso una tierna carita de confusión y luego se le iluminó el rostro—. ¡Eso es! Shampoo te pidió que hicieras esto ¿Cierto? ¿Qué están tramando? —Lo acusó apuntándole con su dedo índice.

—¿Que Shampoo qué? ¡Por supuesto que no!

—¡Entonces estás embrujado! Pobre…

—¡No, tampoco!

—¿Necesitas nuevos lentes?

—No. Un momento, ¿qué te hace pensar todo eso?

—Tu comportamiento conmigo, no es normal.

—¿Que no es normal? Para mí es totalmente normal que dos amigos vayan a comer helados.

—¿Amigos?

—Eso somos ¿O no?

Akane estuvo a punto de posar una mano en su frente. «Quizás tenga fiebre». Sin embargo, su expresión de desamparo le generó compasión.

—Supongo que sí.

—¿Entonces, qué dices?

—Lo siento, me gustaría, pero con los preparativos de la obra de teatro me temo que no será posible —explicó amablemente.

Se podría afirmar que Mousse estaba acostumbrado al rechazo, no obstante, igual sintió cómo algo se fragmentaba dentro de él.

—Entiendo. —Varios estudiantes comenzaron a llegar, pero él aún no quería que la conversación terminara e impulsado por querer prolongar el momento junto a ella le comentó—: ¿Sabes? Ya no estoy viviendo con la vieja momia y Shampoo.

—¿En serio?

—Sí. Creo que ha llegado el momento de abrir nuevos caminos por mí mismo.

—Si eso te hace sentir mejor, haces bien. —Akane sonrió devolviéndole la revista y él se animó.

—Además quiero separarme de ellas. Las amazonas pueden llegar a ser insoportables, caprichosas y egocéntricas, siempre viendo la forma de conseguir lo que quieren sin importar quién esté en su camino… Ja, parece que he descrito a Ranma… Me parece que él y Shampoo son bastante compatibles ¿Tú, no?

—No. Yo solo soy compatible con Akane. —Inesperadamente, una clara y firme respuesta acompañada de su desafiante e inconfundible mirada azul se mostró ante ellos—. Vamos. —El joven Saotome sujetó la mano de su exprometida y pisando fuerte la llevó con él para entrar al instituto.

Mousse, frustrado y sobre todo pasmado por la sorpresiva interrupción, se quedó estático. En tanto, el tiempo avanzaba y aparecían más y más alumnos hasta que perdió de vista a los prometidos.

—¿A pato tonto gustar chica violenta? —Él giró para ver a la dueña de esa aguda voz a su espalda—. Shampoo poder ayudar.

Sus ojos carmesí le produjeron escalofríos.

—No, gracias —declaró antes de regresar por el camino que había venido. «No te quiero cerca de Akane».

La guerrera amazona lo observó marcharse con mil ideas en la cabeza y una sonrisa maliciosa.

Continuará…


Notas de autora

¡Holitas! Y como la primavera aquí en el sur… Ya llegué n.n. Ji, ji, ji, es broma XD. De verdad siento haberme demorado en actualizar :'(.

Agradecimientos

A una de las mejores betas del mundo, Megami Akane. A pesar de que la semana anterior estuvo apretada en nuestras vidas reales (por eso no pude actualizar los días anteriores como lo mencioné por PM, sorry), ella me sigue regalando su tiempo ¡Mil gracias *.*! Lo bueno es que todo es para bien y espero que continúe así n.n [cruzo mis dedillos].

A las páginas de FB Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma, Ranma Fanfics Por Siempre, Locas Por El Dios Griego y Fanfics y Fanarts de Ranma Latino. Son geniales *.*, todo su contenido y la energía que transmiten es fabulosa. Gracias por seguir confiando en mí :'D n.n.

A TODOS mis amables y queridos lectores, en especial a Benani0125, Akanita87, Lelek An3li, Arianne Luna, Bealtr, Ely, Alexandraaa417 (x2), DULCECITO311, Erlyn ortiz, Guest, Cindy osorio y SARITANIMELOVE; leerlas me hace saber que leyeron el cap. y me da la seguridad de que cuento con ustedes, en serio ¡Gracias! n.n

Sobre «Descubriendo (segunda parte)»

Creo que la esencia de este capítulo dividido en partes es que los personajes van descubriendo diferentes aspectos como sus emociones, sus posibilidades, sus amenazas, sus talentos y sus aliados. Y este descubrimiento les permitirá desarrollarse en Ryugenzawa, donde la competencia no faltará, no solo en el ámbito teatral, sino también para encaminarse hacia la respuesta de este ficcito mío: Quién besará a Akane ¿Otra vez? n.n

Aclaraciones...

Las flores sakura de Hiroaki; la flor de cerezo o sakura es muy importante para la cultura japonesa y está relacionada con numerosas tradiciones y creencias, y en QBAA¿OV? Ellas representan lo que Akanita significa para Hiroaki, es decir, la inocencia, belleza, feminidad, sencillez, juventud, la transitoriedad de la vida, la amistad y el amor (él aún está confundido con estos dos últimos sentimientos :S) que ve en ella. Lo aclaro, porque estas singulares florecillas son de tallo corto y los ramos de flor natural que se arman con ellas son pequeños, es así que Hiroaki en su tormentoso y confuso sentimiento no siente que es adecuado obsequiarle ramos grandes y hermosos, sin embargo, le nace darle algo. En su momento, desarrollaré mejor esta idea n.n.

Sabían que...

El keirei, es el tipo de reverencia japonesa de treinta grados que se realiza para mostrar respeto hacia una persona de mayor jerarquía, por eso no se utiliza con familiares ni amigos. Para nuestro mundo occidental equivaldría a un saludo formal de negocios o militar.

El arce japonés es un árbol ornamental que se caracteriza por alcanzar alturas comprendidas entre 2 y 16 metros (síp, existen de muchos tamaños n.n), su tronco puede ser solitario o ramificado desde cerca del suelo, su copa suele adoptar forma de pirámide cuando es joven y al madurar es redondeada y amplia, sufre el calor intenso del verano y tolera muy bien el frío. Las hojas en forma de palmas suelen ser de color verde claro y cambian al rojo intenso en el otoño, antes de caer.

Ya saben…

Disculpen si los posibles errores que encontraron les fastidiaron la lectura :(, trato de evitarlos, pero a veces pueda que se sigan escapando.

Si no es mucha molestia comenten: dudas, críticas, sugerencias, gustos, disgustos y/o todo lo que quieran escribirme para mejorar mis ideas y escritura aún supernovel.

Si tienen cuenta FF NO OLVIDEN REVISAR SUS INBOXS, siempre trato de responderles (sobre todo cuando estoy cerca a actualizar ;D) y seguir agradeciéndoles por ahí n.n. No lo hago por aquí porque parecería otro capítulo, ji, ji, ji n.n.

¡Qué septiembre haya sido estupendo y que octubre mejore aún más! Por ahora me despido, no sin antes animar a que ayudemos a quien nos necesita y enviarles millones de vibras positivas recargadas de cariño ++++++. Paz y amor para sus vidas. Hasta pronto n.n.

StaAkaneFan.