Sábado, 18 de diciembre de 2021

Disclaimer: Este fan fiction está hecho sin fines de lucro, Ranma ½ es una obra de la gran mangaka japonesa Rumiko Takahashi, quien me enamoró con su historia y sus personajes, que me sirven de inspiración para crear otras historias, las cuales no solo me ayudarán a mejorar en mi forma de escribir, o eso espero, sino que tal vez pueda entretener a alguien que me visite por aquí.


Capítulo XVII

Confianza y apariencias

«¡¿Cómo se atreve ese pato idiota?!». Ranma no podía creer la desfachatez de Mousse.

«Tal y como una vieja chismosa». Su indignación era tan profunda como la Fosa de las Marianas.

«Compatibles, compatibles, le enseñaré que no es compatible con él ¡Inteligencia! ¡Respeto! ¡¿Con qué derecho habla mal de mí?! ¡Y con Akane!». Lo dicho. «¡Vieja chismosa!». Volvió a insultarlo.

«Calma, calma...», intentó respirar profundamente. Por fortuna, gracias a su madre, había llegado justo a tiempo para detener un hecho flagrante, donde uno de sus irreverentes compañeros de aventuras pretendía llenarle de ideas sin sentido a su inocente y por el momento exprometida.

Akane le seguía el paso sin protestar, pero claramente incómoda.

—Mmm.

Un casi imperceptible quejido y unos dedos tratando de soltarse lo sacaron de su rabieta interna. Inconscientemente había estado presionando más fuerte de lo necesario su mano; una mano tan femenina, suave y delicada que costaba creer en el poder de su puño.

—Lo siento. —Se disculpó aligerando su instintiva sujeción, mas no la soltó. También notó que se movían a gran velocidad sin necesidad ¿De qué huían? «Ni que tuviese que huir de ese idiota», con eso en mente disminuyó el paso.

La menor de las Tendo asintió mirándolo de soslayo y regresó la vista al frente con su mano resignada a continuar atrapada. «Guardar las apariencias», se dijo. Suponía que para hacer creíble su compromiso debían actuar como una pareja normal. «Ir de la mano es algo que las parejas hacen, ¿no?».

Al llegar al genkan del instituto, se soltaron para ponerse sus uwabaki.

El lugar aún estaba solitario y silencioso, tanto que únicamente se escuchaba el frufrú del roce de sus ropas producido por sus movimientos.

Al joven Saotome le inquietó aquella inusual inacción.

—Ejem… ¿Por qué no me despertaste? —preguntó de repente produciendo un ligero eco. Su intención no era reclamar, solo que la actitud taciturna de Akane no le gustaba y quería escucharla porque se había vuelto adicto a ciertos detalles cotidianos, como el despertar oyendo su nombre de la forma que exclusivamente ella sabía pronunciar y que fueran sus preciosos ojos marrones lo primero que viera en el día. Y esa mañana no obtuvo ni uno ni otro.

—Necesitaba venir temprano a la escuela —contestó simple, terminando de cambiarse el calzado y empezando a dirigirse a su primera clase.

Ranma se apresuró a hacer lo mismo y cauteloso la siguió. No le costó intuir que ella estaba empezando a construir un muro de insoportable y falsa cordialidad. Ese que las personas arman cuando no desean complicar las cosas y que al mismo tiempo les sirve de protección. Ese que permite responder lo justo y necesario para ser educado sin brindar confianza. «… Confianza». Debía empezar a derribarlo.

—Eeeh… Mi madre me dijo que le aclaraste que todo está bien entre nosotros.

—Sí, así fue.

—Gracias… Creo. ¿Es verdad?

—Para ella sí, es lo importante.

«¿Qué?». Se rascó la cabeza bastante confundido por su respuesta, pero seguro de que ella persistía en amurallarse y él corría el riesgo de dar pasos en falso en su habitual muda comunicación.

Subían las escaleras, faltaba un piso para llegar al aula y el artista marcial ansioso por obtener una resolución a su favor, tomó su muñeca y la llevó detrás de un grueso pilar.

Por un momento mantuvo la cabeza gacha y el sube y baja de sus hombros delató su respiración levemente agitada. Sin querer soltar su delgada muñeca, apoyó su otra mano en la estructura, se encorvó un poco y preguntó:

—¿Por qué sigues molesta?

Akane intentó mantener tranquilidad; pero esa pregunta, esa pregunta…

—Fuff… ¿Por qué? Por lo menos tendré el derecho de estarlo ¿No? —Su rostro ceñudo lo enfrentó buscando sus ojos.

Él no rehuyó el contacto visual.

—Akane, ya me disculpé. Pero lo puedo volver hacer, es más, lo haré cada vez que quieras. Perdón, perdón, perdón, mil veces perdón. —Se acercó más a ella—. O dime qué quieres que haga, puedo golpear a Ryoga si me lo pides, yo…

—Ranma —le interrumpió, agotada emocionalmente—, ¿has escuchado que quien perdona, olvida? —Él afirmó recordando aquella acerada frase común entre parejas que no pasan por un buen momento: Perdono, pero no olvido. Ella continuó—: Bueno, no es del todo cierto ¿Sabes? Porque… se puede perdonar y aun así recordar la ofensa, pero sin que ya te lastime; y esto no es fácil, no… No quieras que olvide de la noche a la mañana que preferiste guardar un secreto en el que yo me veía afectada.

—Tienes que creerme cuando digo que te cuidé mientras Ryoga decidía hablar contigo. ¿Recuerdas aquella vez que nos encontraste en el dojo en plena madrugada? Fueron muchas noches que lo saqué de tu cama para exigirle que te lo dijera, esa vez fue una.

—¿Y si nunca lo hacía? ¿Te das cuenta de que yo lo trataba como a una mascota que no entiende muchas cosas como cuando estás vestido o desnudo? «¿O como tus secretos?» ¿Y que tú lo sabías y preferiste quedarte callado por cumplir tu código de buen guerrero en vez de tratar de ponerte en mi lugar? En serio, Ranma ¿Por un segundo te pusiste en mi lugar?

—Varias veces hice comentarios para que lo notaras, yo no… no soportaba que lo mimaras tanto. Juro que moría por decírtelo, pero nunca encontré el momento adecuado.

—No te creo.

Nunca lo haces, Akane, y ese es otro problema, pero te estoy diciendo la verdad. —Que ella no creyera en él le disgustaba y alteraba en partes iguales.

—Yo… creía que te conocía, pero ahora… no sé. Y entiendo que tu relación con Ryoga y Ukyo se forjó antes de que siquiera supieras que yo existía, sé que son tus amigos y tienes todo el derecho de apreciarlos y protegerlos, pero yo… ¿No merezco un poquito de consideración? —La pregunta salió como un tímido susurro.

—Claro que sí. «Tú tienes más que mi consideración, Akane». —Acarició su muñeca con el pulgar y después entrelazó sus dedos.

Ella pareció no notarlo.

—Vamos, no mientas. Ni siquiera tuviste la intención de resolver mis dudas cuando acudí a ti por la inscripción idéntica en los vientres de P-Chan y Ryoga ¿Acaso ese no hubiese sido un momento adecuado? ¿Y qué hiciste? A pesar de mi insistencia no tuviste reparo en seguir ocultándolo.

—Bueno… es que… Rayos… lo reconozco, fue muy estúpido no decirte esto antes, pero, aunque fue sin querer, me sentí culpable porque fui yo quien empujó a Ryoga a esa posa y… creí que lo mejor que podía hacer a cambio de ese accidente era guardar su secreto —respiró profundamente—. No calculé las consecuencias y que él se aprovecharía de esto. Solo intenté ponerme en sus zapatos. No te imaginas lo vergonzoso que es estar maldito, Akane ¿Acaso no recuerdas cómo luché para evitar que te convirtieras en pato o cómo… su-sufrí al pensar que te transformarías en rana? Fue porque no quiero que pases por esto. Además, ahora ya lo sabes ¿Qué más da? ¡No volverá a pasar!... Sé que te sientes mal, pues bien, golpéame y lo solucionaremos.

—No se trata de eso. ¿De verdad no lo entiendes, Ranma?

—¿Entender? ¿Qué debería entender?

—Que ahora cuando te veo a los ojos no sé si me dices la verdad, mientes o me ocultas algo. No sé si nuestra amistad de verdad vale algo para ti o solo ves en mí lo que te conviene. No sé si un día por tu famoso código de guerrero o porque necesitas salirte con la tuya vas a jugar conmigo. No sé si pueda volver a confiar en ti. Incluso no sé si lo haré con el resto de mi familia. —Sus ojos empezaron a cristalizarse.

Si llegaba a caer una lágrima ¿Representaría la gota que derramaba el vaso de su complicado compromiso?

Que dijera aquello lógicamente lo aterró. «No puedo perder tu confianza». Porque eso significaba que perdía la fe en él. Que si tuviese algún problema no esperaría por él para afrontarlo. Que dejaría de creer en que a pesar de todo y todos él siempre estaría para ella.

—Akane, no digas eso… no te pongas así… Escúchame. —La mano que se mantuvo extendida en el pilar se dirigió hacia su mejilla para acariciarla. No soportaba verla de esa manera; desamparada y afligida. «Nunca estarás sola y triste. En mis manos está que seamos felices, Akane».

—¡Ran-chan! ¡Buenos días!

Ukyo apareció como arte de magia. «O de maldición». Ranma se detuvo apretando la mandíbula e intentando no ser grosero habló:

—U-chan, ¿nos das un minuto?

—¿Ocurre algo? —preguntó la joven cocinera entornando los ojos sin perder detalle, notando que su prometido sostenía la mano de «Tendo» y ella giraba medio cuerpo a un lado, quizás para ocultar su rostro—. ¿Ahora a qué juegan?

—Estamos hablando. ¿Nos permites? —pidió Ranma regresando a ver a Akane.

—¿Puedo ayudar? —insistió.

—No. Solo queremos hablar, ¿puedes adelantarte al salón por favor, U-chan?

—Pero te traje el desayuno, Ran-chan —contestó con un puchero mostrándole una caja de papel grueso que contenía un sabroso okonomiyaki. La destapó desatando el provocativo olor.

—Ukyo… —dijo Ranma rechinando los dientes. «¿No se da cuenta que tengo un asunto importante que resolver?».

—¡Akane-chan! —gritó Sayuri también como salida del aire.

«¿Es en serio?». Y solo así el adolescente notó que, como cada mañana a esas horas, la escuela se veía abarrotada de chicos y chicas uniformados. «Demonios».

—A-Aquí estoy —respondió Akane soltándose de su pseudoprometido y haciendo caso al llamado que para ella resultó oportuno.

—Por fin te encuentro —expresó aliviada su amiga, balanceando su coleta—. Necesito tu ayuda, no pude terminar la tarea de Física, seguro que puedes ayudarme… —pidió rauda, llevándola con ella, ajena al instante antes vivido.

Y Ranma, oyendo su banal conversación cada vez más amortiguadas mientras se alejaban, sintió que no podía dejar las cosas así como así.

—Déjala, Ran-chan. Que se vaya. —Ukyo rodeó su cintura; cariñosa.

«No». Entonces él se soltó y a pasos acelerados fue tras su exprometida, esquivando a quien se cruzaba en su camino.

No le costó alcanzarla y la detuvo colocándose frente a ella.

—Akane, no hemos terminado de hablar. Vamos a la azotea, ahí estaremos más tranquilos.

—Tengo que ayudar a Sayuri —contestó evasiva.

«¿Por qué tienes que ser tan terca?», inevitablemente resopló; pero se esforzaría en ser paciente, le debía al menos eso.

—Está bien, lo haremos después —dijo manteniéndose delante de ella y notando los ojos curiosos sobre ellos. Sonrió de medio lado. «¿Y qué tal si…?». No sin sentirse nervioso, se acercó lentamente a su rostro y depositó un beso tenue y duradero en el finísimo pómulo femenino; sorprendiendo a quienes estaban cerca, provocando sonrisas y cuchicheos, enrojeciendo a su primera y única prometida. «Nuestro compromiso se estableció antes de nacer y al conocerte acepté nuestro destino en una elección muda y gradual que se ha convertido en un sentimiento imposible de negar, porque no hubo ni hay nadie más que despierte este anhelo por ti, Akane». La vergüenza no tenía cabida en el rumbo de su decisión: «Avanzar, avanzar juntos. Tú y yo». Como siempre. «Por siempre».

Se separó y su sonrisa se extendió hasta mostrar sus dientes perfectos.

Por su parte, Akane se repitió: «Guardar las apariencias».

—Nos vemos después, cie-cielo —respondió atropelladamente, disimulando su propio asombro, entrando en su papel e imitando el gesto; tras una radiante sonrisa, se atrevió a besar un costado de su mentón. Cauta… tímida… dulce…

El corazón de Ranma latió regocijado. «Todo irá bien», creyó. Y finalmente la dejó ir junto a una Sayuri emocionada que daba grititos y pequeños saltos al mismo tiempo que le pedía a su reconquistada prometida todos los detalles del ¿Desde cuándo? ¿Cómo? ¿Dónde? De lo que acababa de pasar bajo la algarabía de las chicas y el reclamo de sus compañeros quienes lo empujaban y desordenaban su cabello, una parte en juego, otra parte en serio. Aun así, continuó irradiando un aura pletórica.

En una esquina, Ukyo analizaba la insólita escena. «¿Ahora qué se traen haciéndose los amorosos?», caviló. Pero, digna, decidió que no valía la pena actuar de una forma donde ella quedaría como quien ruega amor, como quien deja de lado su autoestima para obtener atención. Además no era la primera vez, ya había vivido algo muy similar meses atrás. «A mí nadie me engaña, ya lo intentaron y fracasaron estrepitosamente. No sé por qué lo están haciendo ahora, pero de una Kuonji nadie se burla». Sabía cómo atacar en esa contienda. «No tiene nada de malo ser afectuosa con mi mejor amigo», concluyó. Con aparente inocencia se acercó al muchacho de trenza azabache.

—Los okonomiyakis se enfriarán si no los comes pronto, Ran-chan. —Tomó su mano. «También debemos ir al salón».

Pero él tenía otros planes.

—Sí, vamos, se me acaba de abrir el apetito. —Contento, Ranma la rodeó por encima de los hombros con uno de sus brazos, sacudiéndola un poco, como a un camarada.

«Paciencia, paciencia…», ella suspiró.


—Señorita Tendo, a la escuela se viene a estudiar y usted es una de mis mejores estudiantes, no voy a permitir que ciertos alumnos afecten negativamente su rendimiento. Por lo cual, de ahora en adelante, en mi clase haga el favor de sentarse aquí, lejos del señor Saotome —ordenó el profesor de Literatura, el más estricto y exigente del personal docente, el señor Suzuki, señalando impaciente un asiento de la primera fila, harto de ver como su estudiante más difícil distraía a la más aplicada. «¿Quién los habrá sentado juntos sabiendo que están prometidos y que obviamente están atravesando por una tormenta hormonal que los desconcentra a cada instante?», pensó el delgado hombre.

Avergonzada, Akane obedeció percatándose de la persistente mirada de sus compañeros. «Toda la mañana ha sido así, será mejor acostumbrarme», reflexionó. Y no solo porque por un buen tiempo su noticioso por fin y real noviazgo entre ella y Ranma sería de interés público, sino porque era consciente de que encima del escenario viviría algo muy semejante.

Sentada en su nuevo lugar y aprovechando que el profesor escribía en la pizarra, volteó para mirar en el fondo a su pseudoprometido, ahora solo en la carpeta bipersonal, quien también la vio y se encogió de hombros haciendo una mueca de resignación con la boca. Luego le sonrió. No parecía muy afectado debido a su nueva relación. Entonces, ella regresó su atención al frente.

El artista marcial trató de hacer lo mismo, pero no pudo. Sus ojos se anclaron en su corto cabello azulado y los recuerdos de esas primeras horas de escuela volvieron a concentrarse en su mente. Y es que cada vez que pensaba en ellos se sentía diferente; libre y cómodo. «¡Eso es! Así me siento». La libertad únicamente podía compararla con su desesperada y espontánea expresión de amor por Akane en China, y la comodidad con la que experimentaba cuando estaba junto a ella, lejos de entrometidos, burlas y presiones.

En realidad era una diferencia sin diferencias; él seguía siendo Ranma Saotome y ella Akane Tendo, salvo un grandioso detalle: ambos se mostraban muy cercanos, incluso… «Me permite tocarla». Eso le brindaba confianza para no reprimir sus emociones y aumentar la seguridad de sus acciones. Ya lo había percibido anteriormente. «Tener el control de mí mismo, dejarme guiar por mis sentimientos y ser responsable de ellos. Ser valiente». La palabra valentía cobraba un nuevo significado para él; no solo abarcaba fuerza, ir contra el peligro y cumplir hazañas heroicas, ahora el valor era más profundo porque sumaba el sentirse capaz de arriesgarse venciendo sus inseguridades a pesar del miedo. «A su rechazo». Y del error. «¿Y si no me corresponde?». Sin embargo, ¿acaso cambiaría su destino siendo indiferente o actuando con frenesí desconociéndose a sí mismo? ¿No era mejor ir de frente con decisión y sin rodeos? Además… «Estoy seguro de que Akane siente algo o… mucho por mí, casi muere por mí en Jusenkyo. Ni siquiera le importa que esté maldito». ¿Era justo rehuir de sus sentimientos? «No».

Por ello despertó en él como una ráfaga inesperada la necesidad de luchar por Akane seriamente. «La quiero». Siendo feroz y estratega. «Usaré todo lo que tengo a mi favor». Aprovecharía su ventaja frente a sus enemigos. «Es mi prometida». Todos lo sabían. «Y aún así no nos dejan en paz». Tendría que ser mucho más firme. «Puedo hacerlo».

No obstante, presentaba algunos problemas.

Por un lado había una mentira más a cuestas. «Debo aclararle cuanto antes que mi madre no corre el riesgo de sufrir una crisis nerviosa o algo parecido».

Y por otro… —valga la redundancia— estaban los otros. «No son buenos para Akane. Ni Ryoga, ni Shinnosuke, ni Pantimedias, mucho menos Kuno». Y si su instinto no le fallaba… «¿Ryu y Mousse? Me estoy volviendo paranoico, ni siquiera debería de pensar en esos dos ¿O sí? A este paso voy a creer que todos la quieren». Negó con la cabeza imperceptiblemente antes de entrecerrar sus ojos y observar con disimulo a sus compañeros recordando hechos pasados cuando recién ingresó a la preparatoria Furinkan. Inevitablemente se formó en su cabeza la imagen de Akane luchando contra un tumulto de desequilibrados a quienes no les importaba su condición de mujer, su desventaja al estar sola sin más armas que sus puños, incómoda vistiendo su uniforme con falda que no hacía más que dificultar sus movimientos, menor en edad y corpulencia que varios, ante la vista de los demás incluyendo a su hermana Nabiki, todos dizque acostumbrados al espectáculo matutino. «Idiotas». No era de extrañar que a su prometida le costara confiar en las personas. Hiroshi, Daisuke, Gosunkugi… nadie se salvaba de la larga lista de pretendientes que increíblemente iba en aumento mientras tenían más y más aventuras. «¡Maldición!». ¿Era descabellado sentir que si la descuidaba un instante la arrebatarían de su lado? Se removió en su asiento.

Y para colmo… «Hiroaki». El dramaturgo tenía algo que le continuaba generando una absoluta desconfianza e imaginar que se la llevaría a Ryugenzawa… Sacudió la cabeza. «Si sigo así voy a enloquecer, solo falta que crea que llegarán más… ¿Será probable?».

Ya no se encontraba tan seguro si decirle a Akane que la salud emocional de su madre estaba bien, bueno, bien dentro de lo que podía estar lidiando con el peculiar carácter de su padre. «Como están las cosas lo más conveniente es que ella tenga un motivo para seguir simulando nuestro compromiso», reflexionó recordando la propuesta que ella había dicho anoche:

Por ahora podemos seguir fingiendo que seguimos siendo prometidos. Y cuando regrese de Ryugenzawa diremos a la familia nuestra decisión de cancelar el compromiso, quizás para ese entonces tu mamá se encuentre mejor ¿Cierto?

Parecía muy segura de la idea. «¿Y si diciendo la verdad solo adelanto una ruptura definitiva?». Necesitaba tiempo. «Estando en el retiro lejos de todos podré arreglar mejor mi situación con Akane», meditó convencido.

Ciertamente agradecía que en ese momento solo ellos dos conocían el embrollo de su relación y que Akane lo siguiese ayudando a pesar de sus ires y venires. «Debo permanecer a su lado lo más posible». De ninguna manera perdería la oportunidad de destruir cualquier pared de separación y a cambio tejer un fuerte lazo de unión, así… «Tenga que forzarte un poco, boba».

Sonrió.

Se sentía orgulloso ¿Por qué? Pues, por ser el culpable del constante sonrojo de su prometida durante la jornada. Si bien era cierto que no lograron tener una oportunidad para estar a solas, ya que Akane se encargó de permanecer siempre en grupo; sentarse a su lado en cada clase, besarla en la mejilla cada vez que su piel suave le provocaba, que ella le explicara lo que no entendía mientras él acomodaba su cabello tras su oreja a la vez que se perdía en el movimiento de sus labios al hablar, ir tomados de la mano a la cafetería y ayudarla a bajar de la viga de equilibrio tomándola de su cimbreante y ceñida cintura en la clase de gimnasia varias veces, habían aumentado su presunción. «Solo a mí me lo permite». Que todos supieran que estaban juntos le sentó bien. «Bastante bien».

Era extraño, desde que Ranma llegara a Nerima que los vieran en actitud romántica le incomodaba; ahora lo quería, lo buscaba. «Es normal, es mi prometida». Sí, para el joven Saotome ella seguía siendo su prometida a futura esposa y procuraría que a todos les quedara claro.

Estudiante Tendo Akane, a dirección con sus cosas inmediatamente. —Se oyó de pronto por el altavoz ubicado encima del pizarrón, sacándolo de sus reflexiones.

—Señorita Tendo, ya escuchó, obedezca por favor —reafirmó el profesor y ella así lo hizo.

Y Ranma, con una naturalidad lograda por su convivencia, también se levantó decidido a acompañarla.

Lástima que su profesor no tenía la misma idea.

—¡Saotome, siéntese si no quiere que lo desapruebe y haga un reporte bastante interesante de su comportamiento!

Muy a su pesar, no le convenía tener problemas escolares. Resignado y molesto, atinó a sentarse mientras Akane salía del salón de clases sin siquiera mirar atrás.


Apenas la campana de salida sonó, el joven Saotome agarró sus cosas y corrió a la dirección. La adolescente de cabello negro azulado no había regresado a las siguientes clases.

En un santiamén llegó a la apaciguada área de oficinas lejos del alboroto de los alumnos y la secretaria solo le informó que la estudiante Tendo de primero F tenía un permiso especial de inasistencias. «Esto debe ser obra de Hiroaki». Dio media vuelta.

—¡Ran-chan, alto! ¡Hazme caso! —Intempestivamente Ukyo se interpuso en su camino.

—¿Mmm? —preguntó distraído. Más bien, concentrado en su reciente objetivo: «Encontrarla».

—¿Por qué saliste sin despedirte de mí?

—Ah, lo siento. Hasta mañana, U-chan —dijo al tiempo que intentaba esquivarla.

No pudo.

—Espera, ¿por qué estás tan apurado? —demandó claramente airada.

—Porque quiero alcanzar a Akane.

Ukyo apretó la mandíbula. «¡Cínico!». Pero al segundo sonrió. «No ganaré nada por las malas».

—Entiendo, cariño. Pero antes de que te vayas con esa… Ejem, con mi gran amiga Akane-chan, dime ¿No te parece que hoy estoy más bonita?

—¿Qué? —Ranma no llegó a entender bien la pregunta, sin embargo trató de responder para que lo dejara marchar. Entonces la vio de pies a cabeza, no se había percatado en todo el día; la joven Kuonji estaba correctamente vestida con el uniforme femenino de la escuela—. Sí, te ves bien. Adiós.

—¡Ran-chan! —Lo sujetó del brazo.

—¡¿Qué?! Debo irme.

—¿Por qué haces esto?

—¿Hacer qué? ¿Irme? Pues, porque ya es la salida y mi prometida ya se fue.

—¡Pero si yo estoy aquí!

—Hablo de Akane.

—No sé qué te dijo o hizo esa mujer, pero voy a ayudarte, confía en mí.

—¿Cómo?

—No sería la primera vez que Akane quiere manipularte, ¿no te das cuenta? Lo mismo hizo cuando tú querías quedarte a mi lado y protegerme para cumplir tu promesa de nuestra salsa de amor y ella se interpuso en nuestra relación.

—Ukyo, no sé de qué estás hablando, pero si sigo demorando contigo Akane se irá sin mí.

—¡Sí! ¡Se irá sin ti! ¡Es más, ya se fue! ¿Y sabes por qué? ¡Porque no le importas!

—¡Claro que le importo! «¿Cómo puede decir algo tan cruel?».

—¡Claro que no! Y no deberías preocuparte, porque eso sería bueno para nosotros.

—¿Bueno? No veo nada bueno en esa posibilidad.

—¡Ah! Ya entiendo, te están presionando ¿Verdad? Los Tendo se están aprovechando de la gratitud y responsabilidad que sientes y te están obligando a permanecer al lado de Akane. Y como ellos te han acogido en su casa junto a tu familia… tienes miedo de quedarte desamparado si no les haces caso ¿No?; pero eso no pasará, Ran-chan, yo me encargaré de ti, yo siempre cuidaré de ti. —Lo abrazó.

—Gracias, pero no es necesa… —Ranma se calló, rendido. «Ukyo…». Tomó sus hombros y la apartó delicadamente. A veces no entendía a las mujeres. El era un no, el no un , el nunca un siempre, el a veces un de vez en cuando y después todo al revés. «Su complejidad va más allá todavía». ¿Querían verbalizar todo? ¿De verdad necesitaban palabras para evidenciar las acciones? ¿Es decir, no necesitaban acciones y sí palabras? ¿O no palabras y sí más acciones? ¿O ni acciones ni palabras? «¿O todo? ¿Lo necesitan todo? ¿Lo quieren todo? ¿Es justo eso? Akane no es así ¿O sí?». Quizás le costaría algunos años más comprenderlas. Sin embargo, sabía de algunas artimañas que le habían funcionado hasta el momento con ellas para lograr algún cometido. «Y ahora quiero marcharme». Aclaró su garganta y la miró fijamente—. Te ves muy linda vestida así, U-chan.

Eso la descolocó.

—¿Eh? —Totalmente halagada no pudo evitar darle una palmada coqueta en el pecho—. ¡Ay, no me digas así, tonto! Alguien nos puede oír.

Él notó que el encanto Saotome estaba funcionando. «Siempre lo hace… con ellas, no con la que quisiera».

—Es cierto, con el uniforme de chica tus ojos resaltan y se ven más hermosos.

Escuchar su voz galante y varonil diciéndole aquello la llenó de ilusiones y avergonzó hasta el punto de taparse la cara. «A mi Ran-chan le gusto mucho». Confirmó. Pasó saliva con el pulso acelerado. Le devolvería el cumplido. «Le diré que me gustan sus brazos». Rio internamente mientras se descubría y…

—¿Ranma? ¡Ranma! ¡RAAANMA! ¡Ash!

Nadie.

No había nadie frente a ella.

—Esto no se quedará así. Akane, me las vas a pagar, por tu culpa mi Ran-chan está confundido. —Y aún rumiando la burla regresó al salón por sus cosas pasando de largo a alguien tras un macetero que ni notó.

Gosunkugi estaba acostumbrado a pasar desapercibido, a ser como un fantasma o como una sombra que nadie toma mayor interés. Sin embargo, el tiempo le ayudó a asimilar que esa condición no era tan mala. Por ejemplo, podía tomar recuerdos de Akane durante todo el día sin que ella lo notara. Y ahora…

—Esto es interesante —murmuró al momento que retrocedía la cinta de su grabadora de voz. Apretó stop y enseguida play para volver a escuchar una conversación que junto a las fotografías instantáneas que había logrado capturar eran unas pruebas bastante comprometedoras. Estaba seguro de que su hermosa doncella de ojos color miel se lo agradecería una vez se las mostrara. Su pálido rostro sonrió al imaginarse que después de aquel destape ella quedaría vulnerable y él no dudaría en protegerla.


Decepción.

Sí, este sentimiento era el que envolvía a Nabiki. Ella sabía que Akane solía ser permisiva con Ranma, pero que lo perdonara tan rápido y encima ambos se mostraran extrañamente enamorados en la escuela era el colmo. «Tonta».

Infelizmente, ella no tuvo la misma suerte. Las veces que intentó acercarse a su hermana menor para arreglar su inverosímil situación de despido, ella la ignoró olímpicamente. Entonces decidió que dejaría que haga su berrinche haciéndose la ofendida, la autosuficiente, la grande, la madura e independiente que se vale por sí misma. «Te daré el gusto, pequeña Akane».

Por ello no hizo nada cuando desde la ventana del aula la vio atravesar la salida de la preparatoria junto a Hiroaki y Shinnosuke para luego subir a la Ford Transit del productor. «En fin, ya se le pasará».

Empezó a caminar hacia su casa cuando de improviso notó a Ranma salir disparado del instituto mirando a todas las direcciones expresamente molesto e indeciso por cuál camino tomar. «Ay, cuñadito». Se acercó por su espalda.

—Pierdes tu tiempo, ya se fue. Hiroaki vino por ella y se la llevó.

El joven Saotome se giró al escuchar su voz.

—¿Y tú qué haces aquí? ¿No se suponía que irías con ellos?

—Gracias a ti… No.

«No puede ser», se dijo él con preocupación.

—No te hagas el desentendido, que bien sabías que tu boca floja traería discordia. Ahora asume las consecuencias, Akane dejó de confiar en mí y me despidió. Te lo advertí, debiste quedarte calladito un tiempo más.

El artista marcial prefirió ignorar su reproche.

—¿Y no sabes cómo llegar a ese… sitio de ropa?

—No.

—¿Cuánto quieres? Te daré lo que pidas —habló con determinación.

—Esa propuesta me agrada, pero sinceramente no lo sé, así que… —Se encogió de hombros, señal de que desconocía la sucursal de Corset d'Or en Japón. «Un momento…». Reparó en un importante detalle—. ¿Sabes? Me parece raro que te dejara aquí, hoy estaban tan acaramelados que me sorprende que no estés a su lado. Y mi sorpresa aumenta sabiendo que tu tenible Shinnosuke está con ella. ¿Pasó algo? ¿Ya volvieron a pelear?

Ranma apretó los puños. No quería ni que por accidente Nabiki sospechara nada de ellos.

—No. Akane y yo pasamos por un buen momento. Solo que… ella quería que me quedara para pasarle los apuntes finales.

—¿De verdad? —preguntó incrédula.

—Sí. Bueno… Nos vemos en casa. —Trató de actuar despreocupado comenzando a andar. Una vez la perdiese de vista, recién se apresuraría.

—¿Vas a buscarla? Vamos, no seas asfixiante, fue por trabajo. Si sigues así de celoso y posesivo mi hermana se aburrirá de ti.

«¿Aburrirse?», el chico de trenza azabache se detuvo. Quizás era buena idea darle su espacio, dejar de pensar que ella estaba en constante peligro, que todos querían alejarla de su lado y que de alguna forma su prometida le pertenecía.

Pero… Su instinto…

—¿Y quién dijo que voy a buscarla? Confío en ella —aseveró tranquilo—. ¿Me harías un favor? Dile a mi madre de mi parte que tenía asuntos que atender y que llegaré a casa antes de la cena. «Quizás con Akane».

Y silbando a paso lento con las manos en los bolsillos, se fue sin rumbo por la calle dejando a Nabiki atrás.


Después de almorzar en un tradicional y lujoso restaurante cerca de Omotesandō, el sol continuaba calentando la tarde y la Ford Transit, conducida por el señor Kojima, atravesaba las calles bulliciosas con personas y carros yendo y viniendo frente a edificios gigantescos y negocios por todos lados.

El panorama urbano hizo que Hiroaki, solo por tratar de tener la mente ocupada, pensara: «Contrasta mucho con lugares inhóspitos como Jusenkyo o Ryugenzawa». Bostezó. Desganado. Aunque cabe aclarar que si sus ojos grises intentaban distraerlo al mirar por la ventana de la camioneta sin éxito, sus indiscretos oídos estaban pendientes a la conversación detrás suyo.

Esto, porque Shinnosuke y Akane, sentados en la segunda fila, no pararon de hablar desde que se habían visto en la preparatoria Furinkan olvidándose completamente de su presencia. «No creí que tuvieran tanta confianza», se dijo y continuó escuchando:

—… Y al final pude capturarlo antes de que dañara a alguien más.

—No puedo creerlo…

—Créelo. Mira, aún se nota la cicatriz —explicó el joven guardabosques mientras se remangaba presto para enseñar su antebrazo.

Su linda acompañante al verlo abrió sus luceritos amielados en una expresión de sorpresa que no dejaba de ser tierna y no pudo evitar acercar los dedos a su piel lastimada. Las rasgaduras causadas por los dientes de un enorme leopardo del bosque donde se crio se mostraban como unas finas y claras líneas.

—Debió dolerte mucho —expresó angustiada al tiempo que las palpaba.

Shinnosuke sintió en esa zona un cosquilleo que llegó como un rayo a la boca de su estómago.

—No, no tanto… —contestó distraído en la sensación que el contacto le provocaba. La tenía tan cerca… tan cerca que su mirada azul aprovechó para delinear su rostro. «Es preciosa, imposible de olvidar, imposible que la deje ir de nuevo». Detuvo la contemplación en su boca, en ese pedacito rosa y provocativo que se hallaba ligeramente abierto a causa de la fascinación. «Fascinación por mi hazaña». Realmente la había impresionado. «Más que eso. También se ha preocupado por mí». Fue esa reacción la que verdaderamente le llenó el corazón de más esperanza. Para él Akane era la primera en todo; la primera chica que él defendió cuando eran niños, la primera mujer que vio casi desnuda, la primera amiga que no dudó en arriesgarse por él y… «Mi primer amor». ¿Qué se sentiría que ella siga siendo la primera? «¿La primera en besarme, en compartir mi cama?» ¿Cómo sería pasar el resto de su vida a lado de un ser tan hermoso y noble como ella? ¡Deseaba averiguarlo! En ese momento… deseaba que Akane jamás abandonara su afán de tocarlo.

Es que la tercera hija de Soun no podía dejar de acariciar las cicatrices. Lo hacía lento, muy lento y con dedicación. «Ranma también tiene varias, pero no me permite tocarlas», recordó sin dejar su toque. Las admiraba porque cada una guardaba una historia; divertida, melancólica o fabulosa, cualquiera fuera la situación, ahí estaba el vestigio de una vivencia. Y no es que ella nunca se hubiera hecho una herida, en efecto lo hacía continuamente por sus entrenamientos y aventuras, sin embargo, no quedaba huella alguna, por más profunda que fuese, a los días o semanas siempre desaparecía.

Eres afortunada, pequeña Akane. Con lo traviesa que has resultado, no corres el riesgo de estropear tu piel. —Le solía decir el doctor Tofu.

De pronto, Shinnosuke carraspeó sacándola de su asombro y deteniendo su propia tortura. Acalorado. Sonrojado. ¿Controlado?

Ella lo miró y de inmediato esquivó sus ojos bajando la cabeza.

—Lo siento. —Se disculpó avergonzada, retirando velozmente sus manos y colocándolas en su regazo.

—No importa, me gustó que lo hicieras —susurró sincero, dejándose llevar por sus ánimos de querer enamorarla, de en algún momento lograr besarla. Se acercó más a ella—. Akane sé mi nov…

—Ya llegamos —interrumpió Hiroaki mientras abría la puerta de la furgoneta.

—¡Qué bien! —gritó Akane nerviosa a la vez que se abría paso para bajar.

—Sí… Qué bien… —repitió Shinnosuke resignado a su mala suerte.


Les Champs-Élysées de Tokio o simplemente Omotesandō era la avenida que albergaba el edificio donde madame St. Paul administraba su glamurosa boutique en Japón.

—No es posible… No, la cita es impostergable… No puedo cancelarla, entienda por favor, se trata de la boda de la hija de una de las mejores familias del país… Usted debe respetar nuestro trato, confié en su agencia… No lo repetiré más, los espero puntuales.

Y en ese momento, sin dar oportunidad a más excusas del otro lado de la línea, la firme mujer francesa colgó el teléfono dentro de su oficina.

Comenzó a masajear sus sienes, indignada por la irresponsabilidad de la sociedad de modelaje que había contratado para esa tarde.

—Es el colmo, que poca seriedad —murmuró.

No era para menos su irritación, pues el showroom privado que tenía programado para mostrar su colección de vestidos de novia a una distinguida familia japonesa peligraba de no concretarse.

En eso, la campanilla de la entrada de Corset d'Or sonó. Miró la hora en su reloj de pulsera. «Debe ser monsieur Fukui», dedujo. Intentaría calmarse para atenderlo. Mientras tanto, esperaba que sus empleadas recibieran con distinción a quien ella consideraba uno de los mejores representantes del arte dramático contemporáneo.

Afuera, se oyó la voz masculina y madura.

—Buenas tardes, mi nombre es Fukui Hiroaki.

—Bienvenido, señor Fukui, lo esperábamos —saludó una muchacha morena con una sonrisa y enseguida revisó su computador—. Su pedido para la señorita Tendo y el joven Kimura está listo, cuando deseen pueden probarse sus atuendos para asegurarnos de realizar modificaciones u ordenar nuevos desde Francia.

—Bien, gracias. —El dramaturgo volteo para ver a sus actores mientras ella iba por los percheros con ruedas donde colgaban una variedad de prendas de vestir para cada uno—. Listo, chicos, tómense el tiempo que deseen para elegir lo que les guste.

Tanto Akane como Shinnosuke asintieron y observaron disimuladamente a su alrededor nerviosos por la opulencia. No era un secreto que sus vidas se alejaban de esa realidad, tenían lo necesario para vivir cómodos y felices, y la novedad del lujo rozaba lo incómodo en medio del boato y la grandeza que nublaban los ojos; el piso, las vitrinas, el olor, la madera, los adornos, las luces, los espejos, las cortinas, los maniquíes, los muebles, los percheros, la ropa, los accesorios, las joyas… Todo notablemente costoso y de primera calidad.

—Bonita, ¿ocurre algo? Son modelos exclusivos de las mejores marcas europeas —explicó el dramaturgo al creer que su actriz estaba disconforme ya que no se movía y su gesto era indescifrable—. Con ellos quiero que conserven su esencia juvenil, pero si no te agradan podemos cambiar el estilo a uno más elegante y formal, lo importante es que se sientan cómodos, que te sientas cómoda.

¿Sentir? ¿Qué sentía? ¿Sentía temor a dar un paso más a lo nuevo? ¿Temor a seguir ingresando a un mundo distinto donde dejaría atrás lo que conocía? ¿A quienes conocía? ¿Temor de darse cuenta de que su vida podía seguir un curso sin las artes marciales ni Ranma a su lado? «¿Me extrañará cuando me vaya?».

—¿Akane? —El escritor de teatro le tomó un brazo y ella parpadeó advirtiendo recién que su amigo de Ryugenzawa se adelantaba a los probadores junto a la señorita que les estaba atendiendo.

—No, todo está bien —respondió absorta a su productor, quien no se sintió convencido por su respuesta, pero no insistió en obtener una distinta.

—¿Me acompaña? —preguntó cordial otra dependienta señalándole el camino a la tímida adolescente y ella afirmó con una pequeña sonrisa.

Al llegar a los probadores, Akane notó los bellos bordados de las cortinas como cicatrices artísticas. «Ranma…». Inesperadamente sintió que le echaba de menos. Siempre habían compartido aventuras juntos. «Me hubiera gustado que veas todo esto. Yo… debí haber aceptado el permiso para ti también».


Al muchacho de trenza azabache le faltaban pocas cuadras para llegar al dojo Tendo. Pateó una piedra con frustración y chasqueó la lengua.

—Tonta Akane.

No estaba en Nerima, ella no estaba en Nerima. «Inconsciente, ¿con qué confianza te vas con esos tipos hasta allá?». Desde luego Ranma era un chico orgulloso y que su prometida hubiera preferido marcharse sin él lo ofendía; sin embargo, también se sentía preocupado, por eso, contrariamente a lo que le aseguró a Nabiki, había ido a todos los lugares posibles que tenían que ver con moda en la ciudad y no encontró rastro de Akane. Hasta que en una tienda se animó a preguntar por madame St. Paul porque no recordaba la denominación de su tienda. «Condenado nombrecito». Y la amable señora que atendía le informó que la dama francesa era dueña de una finísima línea de ropa cuyo establecimiento, recientemente inaugurado en tierras niponas, se localizaba en Omotesandō, en el barrio de Harajuku. «Debiste haber hecho algo para que te acompañe, boba», rezongó para sí.

—… ¡Se irá sin ti! ¡Es más, ya se fue! ¿Y sabes por qué? ¡Porque no le importas! —Nuevamente las palabras de Ukyo retumbaron en su cabeza y al instante la sacudió.

No flaquearía con inseguridades que no valían la pena. «Claro que le importo, tanto como ella me importa a mí. Si no fuera así no haríamos todo lo que hacemos el uno por el otro… Como tragarnos nuestra vergüenza y aparentar nuestro compromiso, como… no rechazarme frente a los demás a pesar de estar molesta conmigo ¿Acaso no lo hace para ayudarme porque le importo?». De hecho, en la causa de disimular su noviazgo… quien estaba en falta era él. «Solo hasta que arreglemos nuestras pequeñas diferencias y recupere su confianza». ¿Tarea fácil? ¿Sobre todo si se toma en cuenta que en boca del mentiroso lo cierto se hace dudoso, que Ranma solía desdecirse o ser deshonesto a menudo para salir de un aprieto o lograr un beneficio y que su prometida conocía muy bien esa parte de su personalidad? «Rayos…».

Dejando eso de lado, el heredero Saotome también era perseverante y su corazón sabía que valía la pena ser persistente con Akane. «Es… mi terca y dulce prometida». Suspiró.

Ingresó a la casa e inmediatamente subió las escaleras; solo dejaría sus cosas, tomaría algo de dinero de su alcoba y volvería a salir para tomar un taxi.

Pero en el pasillo del segundo piso algo lo detuvo.

—Lo siento, señor Tendo. Fue culpa mía.

«¿Ryoga?», se preguntó. Su voz venía del dormitorio de su tío Soun. Sigiloso se asomó a la puerta entreabierta.

Sí, se trataba de él, estaba sentado al estilo seiza frente al solemne y preocupado padre quien preguntó:

—Ya veo, muchacho. ¿Cómo lo tomó mi hija?

—Mal. No quiere verme. —Sus puños temblaban por la fuerza de su presión recordando sus hermosos ojos pardos opacados por la furia.

—Vaya… Este es un verdadero problema. Ya sabes que confiaba en que como P-chan podrías cuidarla y tenerme al tanto de ella.

«¡¿Qué?!», Ranma se sorprendió. ¿Confiaba? ¿En Ryoga? ¿Soun confiaba en Ryoga? «¿No es a a quien encomienda la seguridad de Akane?». Siguió atento a la conversación.

—Me temo que Akane está muy enojada por ahora, pero eso no quiere decir que no podré cumplir mi palabra. Yo la seguiré vigilando y velando por su bienestar.

«¡Es el colmo!», renegó para sí el heredero Saotome ¿Por qué Soun Tendo pedía a otra persona lo que le correspondía a él como el futuro esposo de su hija menor? «¡Y todavía al aprovechado y desorientado de Ryoga!».

—Lo sé, durante este tiempo has demostrado tu cariño por mi niña y agradezco que ella cuente con tu amistad.

—Señor Tendo, con respecto a eso… Yo… no veo a Akane como a una amiga… Yo… Por ella siento algo… distinto… Lo que siento es… es… es… —¿Cómo decirle a un fornido hombre que te gusta su hija? No obstante, el joven Hibiki necesitaba confesar; quería ser sincero con la dueña de su corazón y con su familia. Vencería a sus traicioneros nervios con el fin de lograr su propósito ¿Qué le pedirían a cambio de su mano? «Lo que sea lo haré».

—Hermandad —apostilló el artista marcial de bigote. Para él, el cohibido chico apreciaba tanto a su pequeña que apenas le propuso cuidarla haciéndose pasar por su mascota, aceptó sin objetar, sin importarle su condición débil y humillante producida por la maldición. Y desde entonces, los dos poseían un pacto secreto, en el cual protegían a su hija más intrépida y sentimental, porque su volátil, inmaduro y futuro yerno constantemente erraba en la forma de tratarla y la lastimaba ¿Y Akane qué solía hacer? «Callar, alejarse, no confiar en mí ni en sus hermanas, pero en P-Chan… en él sí lo hacía, lo hizo»—. Sé bien de tu amor fraterno, Ryoga.

»¿Sabes? Si las cosas fueran diferentes, si mi palabra no estuviera con Genma… Pensaría en ti como un buen sucesor de mi escuela de combate libre.

El corazón del adolescente trotamundos se aceleró y levantó la cabeza estupefacto y emocionado.

—Bueno… En realidad… ¡Señor, yo quiero…

El guerrero de ojos azules se erizó. ¿Qué haría el padre de su prometida después de aquella confesión de aquel quien no era su amigo? Tenía la corazonada de que para el mejor amigo de su progenitor no era verdaderamente el hijo que tanto pregonaba. «Se fía más de ese cerdo y yo creyendo estúpidamente que estaba de mi lado y por eso no decía nada». Guiado por la sospecha de perder ante alguien que íntegramente no era mejor ni peor que él, ingresó súbitamente a la habitación.

—Tío, lo estaba buscando —resonó su voz.

—¡¿Ranma?! Q-Qué, qué sorpresa. Pensé que demorarían más ¿Cómo les fue? —preguntó nervioso.

Y de las jóvenes miradas emergieron llamas de fuego al encontrarse.

«Oportunista».

«Canalla».

En la mente de los adolescentes no solo se formaron insultos, también movimientos de ataque.

—Ejem ¿Ranma, cómo les fue? —insistió la cabeza de familia al no obtener respuesta. Sintiendo energía de combate.

El menor de los Saotome, tratando de aflojar la presión de su mandíbula y dejando de ver a su adversario, contestó:

—No lo sé, creo que Akane aún no ha llegado.

—¿Qué?

—Así es, papá —intervino su segunda hija, quien apareció de repente en la puerta, o quizás siempre estuvo cerca, relajada y con un paquete de galletas en la mano—. Mi hermanita todavía no llega.

—¿Nabiki? ¿Qué haces aquí?

Ella sonrió de medio lado.

—Vivo aquí, papá.

—Nabiki… —advirtió—, si Ranma y tú están en casa ¡¿Dónde está mi pequeña niña?! —Soun se puso de pie.

—Divirtiéndose en una tarde de compras con Hiroaki y el guapo Shinno —aseguró con una serenidad insoportable.

El señor Tendo observó con los ojos entrecerrados a su hija y después a Ranma.

—Supongo que hay una buena razón para que mi bebé esté sola con un par de desconocidos.

—No exageres, papá. Técnicamente, no son desconocidos. Y la razón… pues… ¿Ranma, cuál es la razón? —interrogó con ironía.

—Te escucho, Ranma —demandó serio. Ciertamente, sentía justificada su decisión de no confiar al cien por ciento en su "futuro yerno". «¿Qué le habrá hecho ahora?».

—¡No me vea así! ¡Esta vez no fue solo mi culpa! Fue la de todos. Sobre todo la de ese cerdo. —No pudo evitar señalar al culpable.

—¿Cómo que la culpa es de todos? —Soun temió lo peor y sus ojos empezaron a cristalizarse. Hasta donde sabía, el descubrimiento del secreto de Ryoga no le afectaba.

—Akane ya sabe quienes encubrimos a P-Chan. Yo se lo dije.

—¡¿Que le dijiste qué?! —El pobre hombre sintió cómo la tierra se abría bajo sus pies dejándolo caer en un hoyo negro sin fin. Jaló su cabello, desesperado.«¡¿Qué haré si mi niña no me perdona?!». —¿Hijo, cómo me has traicionado? —reclamó.

—Debí decirle la verdad hace mucho tiempo —aseveró Ranma firme y enfadado. «¿Hijo? ¿Qué yo le traicioné a él?». No podía creer el cinismo.

Entonces, el veterano artista marcial comprendió.

—Ya veo… Eso quiere decir que también está enojada con Nabiki y contigo ¿Cierto? No quiere tenernos cerca ¡Mi bebé nos desprecia por tu culpa!

—¡No me siento culpable por desenmascarar al idiota de Ryoga! —gritó con vehemencia. Y si el chico de singulares caninos no se supiera responsable se hubiera defendido, pero por el momento aguantaría todos los reproches necesarios e innecesarios con el fin de calmar el pesar de su mentira—. Y… bueno… Akane… Ella no está molesta conmigo.

—¡¿Qué?!

—Así es, papá —interrumpió nuevamente la adolescente castaña—. Mi cuñadito salió bien librado. Parece que el hacerse el sincero le funcionó, acusó a todos y quedó como el "héroe". —Lo miró casi con repugnancia.

—¿En serio? —El señor Tendo se dirigió al hijo de su mejor amigo; la pregunta sonó como de ultratumba.

—Sí —respondió orgulloso—. Es más, ahora Akane no tiene vergüenza en demostrar que me quiere.

Tanto el mortificado padre como Ryoga no pudieron evitar asombrarse a más no poder y sentir celos ¿Sería verdad?

—De no creer ¿No? —confirmó Nabiki.

—Bien, bien —murmuró Soun y después concluyó—: No hay motivo para preocuparme, si mi Akane perdonó a su prometido… Con mayor razón perdonará al hombre que le dio la vida. —Sus labios formaron una gran sonrisa y su postura se llenó de altivez.

Los tres chicos lo observaron no pudiendo creer el descaro. Aunque al tratarse de ella… La esperanza avivaba.

«Tiene razón, seguro que más temprano que tarde Akane me perdona a mí también», complacidos por la idea compartida, la astuta castaña y el joven Hibiki extendieron una sutil sonrisa.

Ranma pareció leer sus pensamientos. «No tienen remedio. Otra vez quieren aprovecharse de su generosidad».

¿De verdad la menor de la casa perdonaría a todos con facilidad? Además el secreto de P-Chan no era la gran cosa ¿O sí?


—¿Necesita algo más, joven Kimura?

—Eeeh, no, gracias.

—Comprendo, si me necesita solo presione el botón que está a la derecha del espejo y vendré inmediatamente ¿Está bien?

—Sí, gracias —respondió y al rato escuchó el sonido de unos tacones alejándose. Suspiró—. ¿Joven Kimura? Se oye raro —musitó Shinnosuke. Contadas veces le habían llamado por su apellido. Volvió a ver su reflejo—. No está mal. —Sonrió.

El guerrero de Ryugenzawa nunca se había detenido a observarse tanto tiempo en un espejo, mucho menos a cambiarse conjunto tras conjunto. Y ahora que lo hacía notó que sus rasgos y proporciones corporales lucían bastante bien. «¿Le gustará a Akane?». Sintió curiosidad. ¿Cómo le estaría yendo a ella?

Salió del vestidor. No había nadie cerca. Avanzó y observó que en el ambiente principal de la boutique se encontraba Fukui conversando cordialmente con una mujer de anteojos grandes, peinado extraño y un vestido que bien podría ser el último grito de la moda en la edad media. Parecía algo alterada.

«¿Qué le pasará?», se preguntó y al instante reparó en que el productor intentaba calmarla al igual que sus empleadas. Dio media vuelta. «¿Dónde estás?», esta cuestión notoriamente le interesaba más. Quería que su primer amor le viera sin sus ropas habituales.

De regreso a su probador, pasó por otro que presentaba una delgada abertura; alguien no había cubierto bien la entrada.

Se aproximó prudente. Si no se equivocaba, quien se encontraba allí dentro tenía un problema. Oyó que resoplaba y farfullaba.

Y antes de ofrecer su ayuda o abrir la cortina, la vio.

La novel actriz de corto cabello luchaba para terminar de quitarse una blusa cerrada por la cabeza. «Akane…». Le daba la espalda, su esbelta e impoluta espalda. Agachó la cabeza sintiéndose ruboroso y ¿Culpable?

Sin embargo, de nuevo la curiosidad lo invadió. Levantó la vista pausadamente; muy abochornado. ¿Sería buena idea asistirla obviando que su torso solo estaba cubierto por un bonito sujetador?

Sinceramente se encontraba indeciso. Entonces quiso marcharse para dejar de ver su hermoso cuello, sus hombros desnudos, las cautivantes hendiduras de sus omóplatos y el estrecho surco que se trazaba sibarítico por su columna, el cual, insolente, se perdía en los vaqueros que se ajustaban a su delgada cintura y sus firmes caderas adolescentes.

Involuntariamente salivó ante la apetecible visión de un tierno cuerpo que era la clara promesa de una exuberancia perfect…

Hasta que la rendija se cerró.

—Si ya sabes lo que vas a llevar será mejor que te des prisa para regresar al hotel, muchacho —siseó Hiroaki severo en su oído con la mano aferrada a la cortina y bien plantada sobre el muro.

Turbado y sintiéndose como un malhechor con las manos en la masa, Shinnosuke acató la orden. «¿Qué estuve haciendo? Lo lamento, Akane».


—El mundo es un pañuelo ¿No te parece?

—Cierto.

Kasumi caminaba por la calle que la llevaba a su casa, y a su lado, un amigo de Ranma y su hermana menor. Lo había encontrado de casualidad saliendo del supermercado.

—Espero que no estén muy pesadas.

—Por supuesto que no.

—Gracias por ayudarme a llevar las bolsas a pesar de que traes tu equipaje.

—No te preocupes, es un placer.

—¿Te quedarás mucho tiempo en Nerima?

—Eso parece. El necesario para solucionar algunos asuntos.

Ella le sonrió afable.

Llegaron a la residencia Tendo y la joven de aire maternal, tras abrir el portón, invitó a pasar a su acompañante:

—Adelante, siéntete como en tu casa, Kirin.

Continuará…


Notas de autora

¿Holi? ¿Holi? ¿Holitas? ¿Hay alguien ahí? :S [mil monitos avergonzados] De verdad no tengo cara :'(. No sé cuál es la receta para estirar el tiempo, de verdad, si pudiera partirme en varios pedacitos para realizar todo lo que deseo y debo hacer… Lo haría :/. Pero buenis…, igual lo intento, por eso nuevamente estoy aquí con un capi más. Espero que hayan podido entretenerse un poqui con él n.n.

Agradecimientos

A mi querida Megami Akane, quien verdaderamente está, como dicen en Venezuela, copada :S (es decir, con mucho trabajo, significado diferente en Argentina ¿No?). Aun así trata de regalarme parte de su tiempo para darme su generosa retroalimentación *-*. Qué siempre te vaya estupendo, betita n.n.

A las páginas de FB Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma, Ranma Fanfics Por Siempre, Mamá Nodoka y Fanfics y Fanarts de Ranma Latino. Su esencia y apoyo siguen siendo motivadores y relajan el día a día de muchos fans de Ranma ½. Les envío abrazotes, hermosas ^_^.

A TODOS mis amables y queridos lectores, en especial a Akanita87, Benani0125, chimiusa, Sary Topai, Arianne Luna, DULCECITO311, Erlyn ortiz, , grisba03gmail.c, Alexandraaa417, Barbycgg, Niomei, theBlackKitty1994, Melina Soledad Aldacourrou, SARITANIMELOVE, Bealtr y Romina Landa; sus reseñas siempre me animan a continuar :D, saber que están allí, quizás esperando una actualización, me motiva para escribir aunque sea unos minutitos al día. ¡Gracias por su buena energía!

A los lectores que dan un follow y/o favorite, gracias por su atención y oportunidad ;D.

Sobre «Confianza y apariencias»

Creo que es el capítulo más larguillo que he publicado :S. Estuve a punto de dividirlo en dos partes, pero al final sentí que les debía el tiempo sin actualizar :(, así que me animé a subirlo completo. Ojalá no haya sido pesado leerlo (cruzo mis dedillos).

En este cap. traté de escribir sobre la confianza y que muchas veces nada es lo que parece; «Caras vemos, noviazgos… ¡Digo! Corazones no sabemos» :S. Y recordando este refrán… cof, cof, Ukyo, cof, cof, Soun, cof, cof ¿Alguna vez les pareció que Soun tiene bastantita simpatía por Ryoga? :0

Ahora vamos con Ranma, quien me inspiró mucho para hacer crecer su personaje, y aunque siempre se caracteriza por tomar los caminos menos ortodoxos °lll-lll°, ahí está luchando por lo que quiere y por quien quiere n.n. Y por lo pronto su meta es recuperar la confianza de su prometida A TODA COSTA ;).

En cuanto a mi Akanita peshoshina *-*, pues el secreto de P-Chan solo es la cereza de un pastel agrio :S lleno de difíciles situaciones que vienen desde la historia original: perdió a su madre muy pequeña, Soun es sobreprotector y bastante emotivo por lo que no es un soporte emocional estable, Kasumi le ha hecho sentir varias veces que su forma de ser «no es femenina» y que eso «está mal», Nabiki suele aprovecharse de ella en beneficio propio quizás desde antes que llegara Ranma y cuando él llega, a causa de su orgullosa, competitiva y ¿Traviesa? Forma de ser, continuamente se burla de ella provocándole inseguridades, el acoso que vivió en la preparatoria, su primera desilusión amorosa, etc. :( Guau, no hay duda que la Akanita creada por Rumiko es un personaje muy valiente y generoso, porque a pesar de todo, ella sigue creyendo en los demás hasta que la decepcionan y no le queda de otra que actuar a la defensiva y desconfiar. ¿Qué creen que hará ahora que sabe que su «amigo» Ryoga y su familia se encubrieron mutuamente?

Buenis, no me quiero extender más en esta sección °w°, pero hemos visto a varios personajes participando en «Confianza y apariencias» como Shinnosuke y su inolvidable ¿Amor? Por Akanita, Ryoga viendo sus oportunidades con Soun, Nabiki, Ukyo, Gosunkugi, Hiroaki, madame St. Paul, Kasumi, Kirin… ¿Quiénes aparecerán en el siguiente cap.? :0 n.n

¡Lo último! Me da curiosidad… ¿De casualidad alguien pensó que se trataba de la boda de Akanita cuando madame St. Paul habló por teléfono? °lll-lll° ;)

Aclaraciones...

Mi teoría de ¿Por qué nadie se atrevió a decirle a Akanita que Ryoga era P-Chan? Me parece que ya les comenté que a mí siempre me ha entristecido que, sobre todo Soun y Ranma, le oculten a Akanita que Ryoga es P-Chan, así que quiero pensar que el motivo fue para «protegerla» porque en verdad ella quería mucho a su cerdito, y quienes hemos disfrutado o disfrutamos de mascotitas, sabemos del amor que les tenemos y que literalmente confiamos en ellas y las convertimos en nuestras confidentes; así que mi teoría, expresada en parte de este capi, es que tener a P-chan como un guardaespaldas secreto era la finalidad de su silencio, pues saben que el orgullo de Akanita no le permite mostrarse débil con facilidad, y con Ryoga en su forma maldita al tanto de ella… podrían haberla ayudado si lo hubiese necesitado ¿Ustedes qué piensan?

El apellido de Shinnosuke; tuve mi debate en soledad para decidirme por su apellido °lll-lll°. Mi primera opción fue Kusao por Takeshi Kusao, su seiyū; pero después pensé en que podía relacionarlo con su historia desarrollada en un bosque tan especial como Ryugenzawa y… Quedó Kimura, cuyo significado es poblado o villa de árboles ;q ¿Qué cosas, no? °lll-lll° n.n

Sabían que...

La Fosa de las Marianas; el punto más profundo de la Tierra, es tan hondo que si pusiéramos el monte Everest en su interior, todavía le faltarían otros dos mil metros para poder acercarse a la superficie.

El genkan en las escuelas japonesas incluye armarios o taquillas individuales donde todos los estudiantes pueden guardar sus zapatos.

El uwabaki (zapatilla de interior) es un calzado japonés especial hecho de goma flexible y que se sujeta bien al pie para caminar dentro de ciertos establecimientos como las escuelas. En la universidad ya es normal caminar con las zapatillas de calle por dentro de esta.

Omotesandō conocida como los Campos Elíseos de Tokio (les Champs-Élysées en francés, principal avenida de París) es una avenida arbolada con cierto aire europeo situada en el barrio de Harajuku, Tokio. Aquí se puede encontrar las marcas de lujo europeas más exclusivas, por eso me pareció ideal para la ubicación de Corset d'Or n.n.

Un showroom (sala de exposiciones) hoy en día es una tendencia de marketing en el sector del comercio, especialmente en el campo de la moda, donde el diseñador o vendedor expone sus productos para promocionarlos. Este evento puede ser privado o público de acuerdo a la organización. Sin embargo, a fines del siglo XIX y principios del siglo XX era un espacio dentro de la casa o taller de los grandes modistas donde las asistentes compartían una tarde social tomando el té mientras veían las nuevas propuestas del diseñador lucidas en jóvenes que desfilaban entre las mesas y en ocasiones en pequeñas pistas estilo pasarela, de tal manera que las clientes podían apreciar de cerca las prendas y materiales.

Seiza (correcto sentar) es un estilo japonés tradicional de sentarse. Consiste en arrodillarse en el suelo, descansar las nalgas en los talones y el empeine de los pies sobre el suelo. Las manos usualmente se sitúan sobre el regazo y la espalda permanece recta.

Ya saben…

Disculpen si los posibles errores que encontraron les fastidiaron la lectura :(, trato de evitarlos, pero a veces pueda que se sigan escapando.

Si no es mucha molestia comenten: dudas, críticas, sugerencias, gustos, disgustos y/o todo lo que quieran escribirme para mejorar mis ideas y escritura aún supernovel.

Si tienen cuenta FF NO OLVIDEN REVISAR SUS INBOXS, siempre trato de responderles (sobre todo cuando estoy cerca a actualizar ;D) y seguir agradeciéndoles por ahí n.n. No lo hago por aquí porque parecería otro capítulo, ji, ji, ji n.n.

Vaya… Ya estamos a mediados de diciembre… ¿Nerviosos? Yo un poco. ¿Cómo pasó el tiempo tan rápido, no? :O

No quisiera despedirme sin antes desearles… ¡Feliz Navidad! ^_^ Pásenla de la forma que más les emocione el corazón ;D. Y ¡Feliz Año Nuevo! ;) Que el 2021 haya sido un año de aprendizaje y que el 2022 solamente nos traiga alegrías. Les envío abrazos y besitos con buena energía :D ++++++. Paz y amor para sus vidas. Hasta pronto n.n.

StaAkaneFan.