Digimon Adventure es de Toei. Ubicado en la temporalidad de Last Evolution Kizuna, pero definitivamente es my headcanon.

No sé que estoy haciendo aquí.

Enjoy it


1. Blue

Taichi entró agitado a la cafetería. Su cabello en puntas rebotaba sobre su cabeza, despeinado por correr para llegar ahí lo más pronto posible. El olor a café y té inundo su nariz, permitiéndose perderse en el olor por unos segundos antes de abrir los ojos y fijar su mirada hacia su izquierda. Como cada viernes, Yamato lo esperaba en la mesa de siempre. Su mesa. Ninguno diría algo así en voz alta, por supuesto. Eso atraería preguntas innecesarias, que ni él ni Yamato querían responder.

Pero aún así, sabían que era suya. Igual que todos los clientes del café lo sabían. No era una coincidencia que la encontraran siempre vacía.

-Llegas tarde-afirmó el rubio sin levantar la mirada. El castaño se rascó la cabeza, como hacía cada vez que quería disculparse. Le ofreció una gigante sonrisa, que el rubio no pudo responder sino con un bufido. – De nuevo.

-Tuve…

-Ahórratelo. No es necesario.-Le cortó Yamato con una voz despreocupada, sumamente interesado en la taza entre sus manos.

Taichi se sentó, y volteó hacia su izquierda, para ver como su barista de cada semana se encargaba de preparar su bebida habitual. Yagami sonrió. Hay cosas que nunca cambian.

-No, en verdad tengo que contarte qué fue lo que sucedió.

Yamato levantó la mirada, dejando que el azul de sus ojos brillara de esa forma especial que Taichi por supuesto que no había notado antes, gracias. Su ceja se arqueó, dejando en claro que esperaba la continuación de esa historia. Taichi no necesitaba más palabras, conocía a la perfección el lenguaje corporal de su amigo.

-Agumon fue a mi piso y encontró un par de revistas que guardaba debajo de mi cama y…

-¿Revistas?-Preguntó el rubio, con ese tono de curiosidad e indiferencia que sólo él había perfeccionado. Levantó la ceja, y le miró a los ojos, desafiándolo. -¿Qué tipo de revistas, Yagami?

Taichi se sonrojó. Yamato era la única persona lo suficientemente sabia a quién podría confiarle ese tipo de información, y aun así era lo suficientemente estúpido como para no entender la referencia. ¿Por qué pensó en contarle algo así?

Debió guardar el secreto, o contarlo a alguno de los otros elegidos.

¿Y por que no hablaba de esto con Jyou, o con Koushiro? No, pésima idea. Los pobres morirían como jitomates radiactivos sólo de pensar en el tipo de revistas que Taichi podría guardar. Además los dos estaban demasiado ocupados esos días.

¿Qué tal Takeru?

¿Y darle ideas sobre su hermana? No, nunca. No podría volver a ver a Takeru. Además de que lo aprovecharía para burlarse de él. Frente al resto del grupo. No, no es una opción.

¿Hikari? Ugh, no. Jamás podría volver a ver a Hikari a los ojos si tan solo llegara a enterarse de algo así. Su hermanita no era una opción.

¿Sora, tu mejor amiga? ¿O Mimi?

¡Por supuesto que no! No pudo verlas a los ojos durante seis meses después de que tuvo la "brillante" idea de masturbarse pensando en ellas. Spoiler alert: no consiguió nada.

¿Y Daisuke? ¿Ken? ¿Iori? ¿Miyako?

No. No. Súper no. Definitivamente no.

Suspiró. Y por supuesto, Taichi era la única persona lo suficientemente despistada como para dejar algo de esa naturaleza en su escondite secreto, ese que sólo él conocía.

Él. Y Agumon.

Estúpido Taichi. El sonrojo empeoró. Y la cara de confusión auténtica de Yamato la hacía peor.

-Ya sabes… Revistas.

El auténtico desconcierto de Yamato se convirtió rápidamente en un bochorno que no podía controlar. Sus mejillas se colorearon, y parecía que sudaba. Se quitó la chamarra antes de poder ver a Taichi de nuevo a los ojos.

Pero contrario a lo que el futbolista esperaba, su amigo no estaba avergonzado. Por el contrario, un semblante de tristeza cayó sobre los ojos de Yamato, borrando el brillo que había admirado antes. Sus mejillas seguían rojas, pero no por la razón que él creía. Yamato se movía inquieto en su lugar. Incómodo. Casi como si no quisiera estar ahí.

Estúpido Taichi. De verdad eres estúpido

-Yamato, yo…-Yagami se detuvo. ¿Qué quería decir?- ¿Lo siento?

El rubio bebió de su café, esquivando la mirada de Taichi. -No hay nada de que disculparse, Taichi.

-No, tengo que explicarte. Es que soy una persona muy sexual y…

-Sí, lo sé.-Lo cortó su amigo, sin darle oportunidad de terminar. -No tienes que darme ninguna explicación.

Taichi bajó la mirada. ¿De qué le servía su cabezota si no era capaz de anticipar el efecto de sus palabras?

Yamato seguía incómodo en su lugar, retorciéndose suavemente. Para el ojo común, parecía que simplemente se acomodaba. Pero Taichi lo notaba, la especialidad de Yamato era mostrar su incomodidad de formas poco convencionales. Pero hacía tanto que Taichi no era el culpable de ello, que parecía algo nuevo.

A pesar de ser una persona kinestésica, Yamato siempre fue quien se acercó a él. Aprendió a conocer el estado de ánimo de su mejor amigo gracias a los movimientos que hacía cuando estaba cerca de él. Todavía recordaba la primera vez que lo había tomado de la mano, como si no hubiese sido hace once ciclos solares. Si cerraba los ojos, podía volver a vivirlo, y sentir de nuevo la corriente de energía eléctrica que lo llenó cuando sus dedos se entrelazaron con los de Yamato. Siempre lo había atribuido a la flecha de luz que había recibido de Angewomon, pero en el fondo sabía que era obra de Yamato. De él y nadie más.

Y de la misma forma, recordaba cada una de las posteriores ocasiones en que lo había tocado. Recordaba cada golpe que le había dado, porque Yamato sabía que era la única forma de sacarlo de su trance y hacerlo poner los pies en la tierra, con esa fuerza que estaba llena del cariño de su mejor amigo, desesperado porque Taichi regresara a ser él mismo. Guardaba en su memoria cada vez que lo había tomado de la mano. Que había entrelazado su brazo con el suyo para asegurarse de que no desapareciera. Para no perderlo.

Yamato siempre había evitado perderlo.

-Yamato…

Taichi extendió su mano sobre la mesa. Pero el rubio se encogió, atrayendo su mano hacia sí, en un gesto poco propio de él. Parecía otra persona, alguien con miedo. Alguien que buscaba protegerse.

-No hay nada que decir, Taichi. Me alegra que hayas logrado controlar la situación con Agumon. -Afirmó el rubio, en una de sus falsas sonrisas que le recordaban a ese niño enojado que pisó el Digimundo por primera vez. Taichi conocía a la perfección al rubio, y podía reconocer cada matiz de sus inexpresivos comentarios.

-Yamato… Quiero que me escuches.

-Pero no hay nada que decir…

-¡Me vas a escuchar!

Un silencio repentino se instaló en el café. Unas cuantas miradas curiosas voltearon hacia su dirección, pero Ishida seguía con su eterna expresión de superioridad, alzando la nariz como si no le interesara ser el centro de atención.

Como si no se estuviera muriendo por dentro.

Taichi se rascó la cabeza, susurrando múltiples "Disculpe, disculpe" a los demás comensales. No se atrevía a ver al frente, donde unos ojos azules le esperaban, listos para enterrarle una de sus dagas llenas de cariño y tristeza, esas que Yamato sacaba especialmente cuando se sentía decepcionado por las acciones de Yagami.

Y es que no podía actuar como que no entendía la molestia de Ishida. Taichi conocía a la perfección su error.

Yamato esperaba demasiado de él.

Siempre lo había hecho. Desde que eran pequeños, Yamato había exigido demasiado a Taichi, retándolo a demostrar quién era, no porque desconfiara de él, sino precisamente por el cariño que le tenía. Porque quería que Taichi se viera a sí mismo como él lo veía, con esa mezcla de admiración, cariño y celos que sólo se permitía sentir por el líder de los niños elegidos. Sabía que Taichi era capaz de mucho, y siempre esperaba demasiado de él.

Pero es que le había dado demasiado.

Taichi había perdido la cuenta de cuantas noches habían pasado juntos, en casa de Ishida o de Yagami, viendo a las estrellas mientras sus manos se encontraban y entrelazaban, esa maldita costumbre que se les había quedado desde que enfrentaron a Devimon. Esa maldita costumbre que guardaban para los momentos en que estaban solos, listos para enfrentar cualquier reto.

Era así como finalmente se relajaban, dejando salir su estrés. Yamato escuchaba los miedos más oscuros de Taichi, desde perder a su familia hasta perder un partido de futbol, y lo sostenía entre sus dedos, recordándole que no estaba solo, porque Yamato siempre estaría para él. Ocasionalmente, el chico dejaría que sus dedos vagaran entre su mano, acariciándola, como si tocara una canción que sólo él conocía, acelerando los latidos de su corazón.

Yamato le sonreía, antes de contarle alguna historia de su infancia, de los días en que vivía con sus padres y Takeru. Taichi no necesitaba más, sabía que era la forma de Yamato de decirle que sus miedos se aglomeraban alrededor de su familia y de la idea de perder a Takeru, de quedar solo y que nadie le quisiera. Así que escuchaba atento la historia de la primera vez que Takeru caminó, o de cómo Yamato aprendió a cocinar; eran los pocos momentos en los que sentía que se relajaban los hombros del rubio y se permitía derrumbar su máscara de fortaleza e indiferencia. Los guardaba solo para Taichi, para esos momentos que compartían juntos.

-Yamato… Por favor.

-Taichi. Yo siempre he sabido que las mujeres son… lo tuyo. No tienes porqué dar explicaciones.

El celular de Yamato interrumpió a Taichi antes de que pudiera responderle. El rubio frunció el ceño, y respondió inmediatamente, una costumbre ajena al rubio. Su cuerpo se tensó inmediatamente ante lo que Taichi alcanzó a identificar como la voz de Hiroaki Ishida, el padre de su mejor amigo. Yamato seguía emitiendo una serie de sonidos que asemejaban respuestas. "Sí" "No" "Ajá" "¿Qué demonios?" eran apenas emitidos por sus labios. El rubio colgó, ocultando su rostro en la mesa.

-Tengo que irme. Mi padre… me necesita. -Ishida se encogió.

-Yamato…

-Tu bebida-dijo inesperadamente la barista que, ajena a la tensión que se había creado entre los dos amigos, eligió el momento menos oportuno para presentarse en la mesa.

-Yo invito.-Dijo el rubio, dejando caer unos billetes en la mesa mientras se paraba. Yagami no tuvo tiempo de reaccionar; por la ventana se veía a Ishida, que se alejaba en su scooter a toda prisa. Taichi dejó caer su cabeza entre sus manos. Lo último que necesitaba en ese momento era pelear con Yamato.


Long story short: Tuve un episodio depresivo del que sólo salí viendo Digimon Adventure; empecé a escribir esto en mucho antes de llorar con Kizuna. Hoy sentí que era momento de compartirlo. Serán cuatro capítulos, y aún estoy decidiendo qué pasará en el último. Nos vemos ¿pronto?