Capítulo 6

Bienvenidos a Alejandría

A quien pueda interesar, las canciones que escuché mientras escribía este capítulo fueron estas:

A world beyond – Fleuri

¿Quién me salva a mí? – Lytos

Upside of down – Svrcina

Without you – Ursine Vulpine

-Bienvenidos y bienvenidas.- Nos saluda una agradable mujer rubia algo mayor poniéndose por delante del resto. –Yo soy Deanna Monroe, lamento haberos hecho esperar.-

-Lo entendemos, ¿verdad?- Digo girándome parcialmente para asegurarme de que ningún miembro de mi familia vaya a hacer alguna estupidez, en concreto Rick, nunca imaginé que llegaría el día en que él me preocuparía más que Merle.

-Claro, hemos llegado sin avisar, pero mi apuesto cazador aquí presente trae la cena para compensar.- Dice Cassidy consiguiendo romper la tensión creciente del momento con una sonora carcajada, sobre todo cuando Daryl levanta su zarigüeya orgulloso.

-Quedamos agradecidos pero declinaré la invitación, el médico me ha recomendado que evite las comidas que puedan subir mi colesterol.- Responde Deanna afable.

-¿Puedo apuntarme a esa dieta?- Pregunta mi marido asentando el ambiente de calma entre los dos grupos.

-Por supuesto,- Deanna señala con su mano derecha el carro metálico que lleva una alta mujer pelirroja.

-Sigrid guardará vuestras armas mientras duren las entrevistas, después se os devolverá un cuchillo por persona, pero no ninguna de las armas de fuego. Obviamente estas armas seguirán siendo vuestras, y si decidís quedaros siempre que salgáis podréis llevároslas, pero no quiero rifles o pistolas en mis calles, ¿entendido?-

-Perdone, ¿la prueba que tenemos que pasar es una entrevista? ¿Eso será todo?- Pregunto sin poder creerme que vaya a ser algo tan sencillo como hablar con ella. Teniendo en cuenta como es este sitio supongo que esperaba más.

-En efecto, ¿qué más quieres? ¿Qué os proponga un acertijo como la esfinge a Edipo? Creo que no será necesario, pero si lo preferís.- Bromea conmigo amablemente.

-No, no, la idea de la entrevista es fantástica.- Doy un paso al frente y extiendo mi mano tal como hizo Aaron en nuestro campamento, -soy Maggie Rhee, un placer.-

-Podéis relajaros todos vosotros, aquí dentro nadie os hará el menor daño.- Nos mira con serenidad, pero no me pasa desapercibido que pese a eso nos estudia con cautela, Deanna es inteligente, sabe el riesgo que corre al darnos esta oportunidad, eso sin duda. Tal vez la entrevista no sea tan simple a fin de cuentas. –Estáis en un lugar seguro, y sí así lo queréis lo compartiréis con nosotros.-

-Después de las entrevistas.- Escucho la voz acida de Rick tras de mí.

-Sí, después de eso.- Deanna vuelve a extender su mano para señalar el carrito, -pero lo primero es lo primero, vuestras armas por favor.-

Doy un hondo suspiro al sentirme sorprendida por lo mucho que me cuesta soltar mi machete, imaginé que se me haría extraño pero no tan duro, es casi como un dolor físico.

Inconscientemente llevo mi mano a mi oreja cortada para protegerme del sentimiento de vulnerabilidad que me invade de golpe.

-¿Todo bien?- Me pregunta Sigrid mirándome con preocupación, como si temiera que fuera a desmayarme. Y lo cierto es que puede que tenga razón pero no es el momento, debo ayudar a los demás a pasar por esto con mi ejemplo.

-Sí, lo siento, es que es raro.- Me explico abriendo la mano para dejar caer la hoja. –Ya está.- Doy un paso atrás para darle vía libre a Glenn y sonrío a los demás para intentar trasmitirles la confianza que siento de que sí, realmente podemos hacerlo, podemos vivir en este sitio si eso es lo que queremos.

..

Una vez nos han librado del peso de nuestros juguetes podría afirmar solo con ver la incomodidad con la que nos movemos, que preferiríamos ir paseando desnudos pero con al menos una abrecartas en la mano.

-No ha sido tan terrible, ¿a qué no?- Le pregunto a Daryl dándole un beso en la nuca aprovechando que se ha empeñado en llevarme a caballito, supongo que es su manera de sentirse más seguro.

-No,- su respuesta me sorprende, -al menos de momento no han intentado separarnos.- Noto como mira a Aidan, a Spencer y a Nicholas con desconfianza, como un lobo que al encontrarse de frente con unos perros y no pudiera matarlos no supiera que hacer.

-Solo nos separaremos durante el rato de la entrevista, ¿lo manejarás bien?- Le pregunto preocupada.

-Mientras esa estupidez sea en una habitación con ventanas cualquiera de los dos podrá escaparse saltando.- Dice serio, -siendo así, sí, lo llevaré bien.-

-Mi ángel.- Dejo otro beso en su nuca mientras se detiene ante una bonita casa blanca. Las primeras en pasar son Maggie y Deanna, sus hijos y el otro hombre se quedan fueran hablando entre ellos pero sin quitarnos los ojos de encima.

-Lo digo en serio, si en la reunión hay algo que te dé mala espina salta por la jodida ventana.- Gruñe por lo bajo con el cuerpo cada vez más en tensión.

-Te lo prometo, pero mira,- señalo a una ventana del primer piso desde la que podemos ver a ambas mujeres charlando tranquilamente. -Podrás entrar tú a rescatarme si lo ves necesario.-

-Cierto… Espera, ¿te burlas de mí otra vez?-

-No, te lo prometo. Lo he dicho porque confío en que siempre cubrirás mi bonito culo.-

-¿Confías en mí siempre? ¿De verdad?- Hay cierta burla en su voz. -¿Aunque no tengas razones para hacerlo después de lo de…?- Pero también dolor, uno cuyo origen sé reconocer.

-Tú eres mi razón, no necesito más.- Le aseguro deseando cubrir su corazón con él mío.

-U-na-du´-li.- Cuando me dice eso no puedo estarme quieta, así que me bajo de su espalda, cojo su cara entre mis manos y le doy un lento beso.

-Yo también te amo y eso no cambiará aquí.- Le aseguro queriendo cortar de raíz la posibilidad de que viejos miedos puedan volver a crecer en su pecho.

-Yo no he dicho nada.- Se defiende intentando rehuir mi mirada.

-Entonces será cosa de que te conozco un pelín.- Digo dándole esta vez un beso en la mandíbula.

-Yo diría que demasiado,- se ríe de mala gana.

-Y yo que no lo suficiente,- digo llevándole la contraria por puro placer y porque esa es mi verdad. –Por suerte aún tenemos tiempo para aprender más, mucho más.- Digo con un ronroneo pegando mi boca a su oreja.

-Este puto sitio ya empieza a no gustarme.- Gruñe frustrado y yo me separo de él soltando una carcajada que hace que los demás nos miren con diversión.

-¿Pero por qué?- Pregunto con guasa.

-¿Por qué? Si estuviéramos fuera,- se acerca para que el resto no puedan oírlo, -ya me habría tumbado en el jodido suelo del bosque para que hicieras conmigo lo que te diera la gana, ¿pero aquí?- Señala a nuestro alrededor, -no hay intimidad.-

-No hay caminantes, y eso significa que cuando encontremos un lugar para nosotros podré dedicar mucho más tiempo a portarme mal sobre ti, debajo, de lado o como nos dé la gana de ponernos.-

-Serías capaz de convencer a un caminante de volverse vegetariano.- Dice mirándome con un fuego en los ojos que humedece en el acto mi entrepierna.

-Nunca lo he intentado.- Digo encogiéndome de hombros y fingiendo inocencia.

Él gruñe de nuevo y se va hacia Merle que está en modo escudo humano detrás de Carl, quien aún lleva a su hermana en brazos.

-¿Se ha cansado ya de que le calientes?- Me pregunta mi unicornio fingiendo una diversión que no logra sentir del todo aunque lo intente.

-Al parecer sí, pero no te pienses que yo estoy mejor.- Digo siguiéndole el juego como si estuviésemos en una obra de teatro.

Me siento impotente de no poder hacer más por él que simplemente estar ahí para darle replica, pero la vida no se escoge así como tampoco las batallas que nos toca librar en ella.

-Bueno mujer, ese malestar se cura con una buena ducha fría.- Ese comentario me recuerda la red de placas solares que vi en las fotos.

-Unicornio, ¿crees que tendrán agua caliente?- Cuestiono esperanzada.

-No lo pienses o te correrás con la idea.- Replica con una pizca de burla genuina, -lo que sí tienen son manzanos, lo que significa que tendrás tu tarta.-

-Te amo.- Chillo como una desquiciada saltándole encima y tirándole al suelo.

Judith se ríe a más no poder mientras los demás parecen no saber si imitarla, o si es mejor fingir que no nos conocen y que simplemente estamos con ellos porque nos cruzamos por el camino.

Sea como sea la verdad es que me da lo mismo. –Tarta, voy a tener mi tarta.- Sí, a veces la vida es complicada y duele como una herida, pero otras es tan sencilla como una tarta de manzana.

.

-Maggie seré sincera contigo desde el comienzo, os necesitamos a ti y a tu gente.- Respiro hondo y ella en lugar de acomodarse en el sillón que había preparado toma asiento a mi lado en el sofá, apretando mis manos entre las suyas como símbolo de apoyo. –El norte de Virginia fue eficazmente evacuada, millones de personas fueron desplazadas. Hace mucho tiempo que aquí no hay casi nadie ni vivo ni muerto,- le explico con calma, necesitando que entienda la importancia que su grupo tiene para Alejandría. –Aun así hemos perdido gente, y para mí es una carga personal.-

-Lo comprendo, cada perdida es una herida difícil de curar.- Dice con la entereza de quien ha tenido que pasar por ese trance antes. –Dejarnos entrar no ha sido producto solo de buena voluntad,- comenta con perspicacia. –Dígame, ¿qué quiere de nosotros?-

-Las personas que viven aquí tienen derecho a criar a sus hijos e hijas en un ambiente seguro.- Noto como una de sus manos me libera y se dirige hacia su vientre en un gesto protector, cosa que es definitivamente inesperada y hace que me alegre aún más de darles esta oportunidad. –Preguntas que quiero sin rodeos, así que te responderé de igual manera. Quiero que nos ayudéis a sobrevivir, y sé que podéis hacerlo.-

-Sí de verdad eso es lo que quiere,- dice despacio, pensando detenidamente sus palabras antes de decirlas. –Muchas cosas tendrán que cambiar aquí, porque mi familia no sé quedará en un lugar en el que no se sientan seguros, y aunque su pueblo es precioso lo tienen totalmente desprotegido.-

-Tenemos un muro.- Digo algo confundida porque considere que estamos tan expuestos.

-No basta solo con eso, los muros pueden derribarse, lo he visto.- Me aprieta las manos con fuerza queriendo ahora que yo la entienda a ella, -necesita tener más vigilancia y que la gente sepa defenderse llegado el momento. Porque si no pueden contar con esa confianza entre ellos, si algo sucede saldrán corriendo y terminarán muriendo todos.-

-También lo has visto,- Maggie asiente a pesar de que no fuese una pregunta.

-Está bien, lo comprendo. Pero los cambios deberán hacerse poco a poco para que la gente se adapte a ellos más fácilmente.- Respondo dándome cuenta de que tendrán que cambiar muchas más cosas de las que yo creía necesarias en Alejandría.

-Lo más importante por el momento es aumentar la vigilancia en torno al muro, eso y fortificarlo debe ser lo más inmediato en lo que centrarnos.- Dice resuelta a empezar ya mismo si se lo permito.

-Veo que tenías estás propuestas muy claras.- Casi parece que nos hubieran estado vigilando durante semanas para llegar a esas conclusiones.

-Hemos rodeado el perímetro para convencernos de que era seguro entrar antes de hacerlo… Nadie dio la voz de alarma, así que sí. Tengo claro lo que hay que mejorar de este lugar.- Insiste dispuesta a no ceder en lo que cree que es más apremiante.

Lo cierto es que me gusta su carácter.

-Bien, pues trabajemos juntas entonces.- Digo cediendo a su experiencia pero sin menoscabar mi puesto como líder. –Aunque, ¿me hablarías un poco sobre tu grupo primero?-

-Claro, ¿qué quiere saber?-

.

-¿Por qué lo graba?- Pregunto manteniéndome cerca de la ventana cruzado de brazos.

Desde el exterior Cass me saluda y pone caras divertidas, lo que a mi pesar me arranca una pequeña sonrisa.

-Aquí nos gusta la transparencia, pero si te sientes más cómodo con la cámara apagada...- Deja la frase en el aire.

-Me da igual lo que haga con ese trasto.- Gruño harto de tanta estupidez civilizada, el mundo ya no es así, pero está gente parece no haberse dado cuenta del cambio que ha sufrido.

-Ya veo.- Dice compasiva.

-Lo dudo.- La miro sin apartarme de la ventana. –No tiene jodida idea.-

-Cuéntame entonces lo que no sé.- Me quedo callado, no puedo explicarle las privaciones, el hambre, el frío, el calor, la necesidad de mantenernos en movimiento para seguir vivos. ¿Cómo hablarle de todos a los que hemos perdido cuando ellos han estado cómodamente encerrados en su pueblo perfecto?

-¿Qué es lo que realmente quiere?- Pregunto en lugar de decirle lo débiles que son todos aquí.

-Conoceros y entenderos.- El silencio se hace pesado cuando se da cuenta de que no va a sacarme nada. -¿Por qué estás aquí? Es obvio que no te agrada Alejandría.-

-Los niños se merecen un lugar seguro y mi mujer también.- Digo mirando el espacioso cuarto de estar completamente inmaculado sin terminar de creerme que esto sea verdad.

-¿Tú mujer?- Asiento con la cabeza sin decir más. –Debes de quererla mucho si estás dispuesto a esforzarte por adaptarte a este lugar para que ella sea feliz.-

-Cass es feliz viva en las condiciones que viva, es su don. Lo que quiero es que esté a salvo.- Doy un par de pasos hacia Deanna, la mujer ni se inmuta por ello. –Pero ahora que veo este sitio por dentro no creo que sea tan bueno como parecía por fuera.-

-¿Por qué?- Me pregunta interesada apoyando sus codos sobre sus rodillas.

-¿Por qué? ¿Está de broma? Solo tiene un vigía en la puerta principal, nadie va armado en este jodido sitio por si algo saliese mal de repente, ni hay nadie asegurando los alrededores…- Contengo mi preocupación y la convierto en rabia, la rabia siempre me ha sido útil. –Esto señora con todos mis respetos no es un lugar seguro, es un castillo de naipes, y si no lo ve es que tiene un puto problema.-

-Coincides con Maggie en muchos puntos- comenta pensativa, -es evidente que las comodidades os resultan algo secundario, para vosotros la seguridad es una prioridad absoluta.-

-Si no hay seguridad las comodidades como dice usted importan una mierda.- Le reclamo sin comprender que una mujer tan supuestamente inteligente como para llegar a Congresista, por lo que me ha dicho Maggie antes de entrar, parezca incapaz de entender algo tan básico.

Deanna se levanta del sofá en el que había estado sentada hasta entonces y se acerca a mí mientras me mira concentrada, como si me evaluase. –Puede que Alejandría no te convenza, pero es evidente que ves su potencial. Quédate y ayúdanos a hacer de este el hogar en el que te gustaría vivir con tu mujer.-

No digo nada, solo estrecho su mano cuando ella me tiende la suya esperando no equivocarme y que este sitio valga el esfuerzo que vamos a poner en el.

.

-¿Cómo te llamas?- Me pregunta estudiándome al verme entrar en su cuarto de estar.

-Alejo Castillo, pero la mayoría me llama Ale.- Digo pensando en la excepción a esa regla, Rainbow.

Me esfuerzo en respirar hondo, o al menos en que parezca que lo hago. Fingir que no estoy al filo ante alguien con una mirada tan aguada como la suya va a ser difícil.

-Bien Ale.- Me señala el sillón con un ademán amable. -¿Cuánto tiempo lleváis por ahí?- Me pregunta una vez me he sentado.

-Desde el principio, Merle, Daryl y yo huimos de nuestro pueblo creyendo que Atlanta sería una mejor opción al estar allí los militares,- chasqueo la lengua al recordar ese fracaso, -no lo fue.-

-¿Y todos vosotros os conocíais de antes?- Me extraña que me haga preguntas cuyas respuestas ya debe saber de sobra por los otros.

-La vida y los caminantes nos fueron juntando se podría decir.- Noto que busca algo en mí, aunque no sé exactamente qué.

-¿Qué eras antes de todo esto?- Otra pregunta con ese tono suave, como si fuera un cachorrillo asustado por una tormenta a quien tratase de hacer salir de detrás del sofá.

-Solo un barman.- Digo encogiéndome de hombros, sabiendo de algún modo por cómo se echa hacia atrás que he perdido esta partida.

-¿En serio?- Ahí está, un cebo bien echado. La cuestión es, ¿respondo y le sigo el juego o guardo silencio y que me juzgue mejor por eso?

-Sí.- Hable o calle ya ha sacado sus conclusiones sobre mí, así que mejor que me lleve sin que me resista a donde ella quiere en esta conversación.

-Por cómo te mueves y tu porte habría dicho que eras bailarín.- Sus manos reposan sobre sus muslos, se siente relajada porque sabe que me tiene.

-Habría estado bien, pero solo era el que ponía las copas.- Digo queriendo parecer cómodo con esta situación.

-Has dicho ya solo dos veces.- Comenta con una sonrisa satisfecha como si me hubiera pillado desprevenido, lo cierto es que me he dejado atrapar.

-¿Y eso es importante?- Pregunto como si no supiera de sobra que lo es.

-Yo antes era Congresista por Ohio, distrito quince, si no hubiera sido reelegida para el cargo me habría dedicado al póker profesionalmente porque tengo una excepcional intuición para las personas, y tú…- Duda, pero solo es un teatro para mostrarse amable en lugar de autoritaria conmigo.- Bueno, es evidente que no estás bien.-

-Eso es un tremendo eufemismo para decir que estoy deprimido.- Al escucharme se sobresalta.

-Yo no quería...- Por supuesto que querías, pero eso da lo mismo, pienso acido para mí.

Me encojo de hombros sin darle importancia, dispuesto a poner las cartas sobre la mesa. –Es verdad,- no serviría de nada mentirle a esta mujer, -lo estoy desde hace tiempo, y es duro obligarme a vivir cuando dejarme morir sería condenadamente fácil en un mundo como este, pero lo hago por mi familia, por mi hermana y sobre todo por mi sobrina. Le prometí que cuidaría de ella lo mejor que supiera hacerlo.-

-Yo…-

-Si hay algo que tiene que saber de mí Congresista Monroe es que nunca he roto una promesa, y jamás de poder evitarlo empezaría por la que le hice a Gin, así que si le preocupa que pueda hacer alguna tontería que pusiera en peligro a su gente lo comprendo porque no me conoce, pero no tiene motivos.-

-Eres un hombre muy directo.- Dice apoyando interesada los codos sobre sus rodillas, reevaluando lo que creía haber captado de mí.

-Lo soy cuando tengo que serlo, y ahora es necesario que lo sea más que nunca porque Gin necesita un hogar en el que crecer segura.- Me llevo una mano al corazón sabiendo que no tengo más que ofrecer salvo a mí mismo, -denos una oportunidad para demostrarle lo que valemos, no la defraudaremos.-

-Eso ya lo sé Ale, pero me alegra escucharlo de tus labios.- Se lleva las manos a la barbilla y me mira con atención, -perdóname por haber expuesto tan abiertamente tu situación, no ha sido cortes y quiero dejar claro que no lo he dicho porque dude de tu capacidad. Sino porque quiero ofrecerte que Sigrid te atienda, ella era psicóloga, creo que hablar con ella podría hacerte bien, por supuesto no es un requisito para que te quedes, solo quería que supieras que tienes esa opción.-

Dice que solo es una opción, pero no he podido dejar de notar que ha comentado que Sigrid era psicóloga, tiempo pasado, lo que significa que no atiende a las personas de aquí.

¿Entones por qué a mí me recomienda verla cuando no le hace esa misma sugerencia a su gente?

Fácil. Porque yo vengo de fuera y no puede fiarse solo de mis palabras, tiene que ver también voluntad en ellas antes de poder creerme.

-Claro, gracias.- Sonrío y agacho la cabeza sumiso, aliviado porque esta maldita entrevista haya terminado.

Me levanto y estrecho su mano sabiendo que haré lo mejor para Gin siempre, así que sí, cumpliré mi palabra e iré a ver a Sigrid. Sin embargo, teniendo presente la sutileza con la que Deanna ha querido manipularme sin que me diera cuenta, no puedo evitar pensar que tal vez sea necesario tener más cuidado del que creíamos con esta gente.

O por lo menos con ella.

..

-Te seré sincera, hablando con vosotros no deja de resultarme extraordinario que gente que no se conocía antes de que el mundo se derrumbase, haya sido capaz de crear entre ellos vínculos tan profundos.-

-¿Extraordinario? No, es natural, cuando luchas codo con codo con los demás para sobrevivir se convierten en algo más que en tu familia, son casi como extensiones de una misma.-

-Sigue pareciéndome maravilloso, y dime Michonne, ¿qué opinas de Alejandría?-

-Me parece que este lugar es justo lo que buscábamos, eso sí dice la verdad sobre que podemos quedarnos y también sobre que nos devolverá parte de nuestras armas.-

-Soy consciente de que la confianza se gana, y también de que es algo que debe ir en ambos sentidos.- Dice señalándonos alternativamente.

-Si nos da la oportunidad de ser parte de su comunidad la aprovecharemos, se lo aseguro.-

-¿Todos?- Me pregunta con un escepticismo que no entiendo.

-Puede que no todos confíen, pero todos lo intentarán, de eso no le quepa la menor duda.- Digo sabiendo que hablo con la verdad.

-Te creo, a fin de cuentas conoces a tu gente mejor que yo.- Concede amable.

-Sí, los conozco, he sangrado con ellos, he llorado con ellos, he reído y hasta he bailado, todo con ellos, por eso sé de lo que son capaces.- Señalo hacia la ventana por la que sé que me están viendo para asegurarse de que no me sucede nada malo, -por eso puedo afirmar que ninguno de ellos se dará por vencido hasta ganarse un sitio en este pueblo.-

-No dudo de sus capacidades para adaptarse a un nuevo estilo de vida.- Dice suavizando su tono.

-Pero si pone en tela de juicio nuestra motivación para hacerlo y eso es casi lo mismo, o aun peor.- Digo seria.

-Lo siento, no pretendía ofender.-

-No lo ha hecho.- Digo sin perturbarme, porque la verdad sea dicha esperaba muchas más dificultades para ser aceptados que una simple entrevista.

-Maggie tenía razón sobre ti, eres decidida.- Me halaga, aunque no me queda claro con qué intención lo hace.

-¿Me estaba poniendo a prueba?- Pregunto reclinándome en el sillón.

-Lo estoy haciendo con todos, ya que vais a vivir aquí lo mínimo que necesito es conoceros tan bien como pueda.-

-Es justo.- Me levanto y estrecho su mano. -Creo que ya puede ir pidiendo que traigan nuestras armas, algunos no se sienten seguros yendo tan expuestos por un lugar que les es desconocido.- Dicho esto salgo de su casa, no hay nada más que podamos decirnos por el momento.

Y yo aún tengo que decidir lo que opino respecto a ella, aunque en general definitivamente Alejandría me gusta.

...

-¿Por qué le importa tanto que nos quedemos?- Me pregunta Rick con evidente desconfianza.

-Porque necesitamos a gente como vosotros, gente que haya estado fuera y que entienda cual es la situación real y cómo actuar ante ella.-

-¿Llama a esto una situación real?- Me cuestiona entrecerrando los ojos con furia.

-¿Te parece un término equivocado?- Le pregunto a mi vez a pesar de saber por su lenguaje corporal que la respuesta es un rotundo sí.

-Sí, porque esto no es una situación, es la vida. Y si te equivocas al tomar una decisión hay consecuencias.-

-¿Por eso perdiste tu antebrazo?- Le cuestiono dándome cuenta de que la única forma de conseguir algo de este hombre es presionándole.

-Protegí a mi hijo cortándomelo.- Escuchar eso me impresiona, tengo que hacer un gran esfuerzo por contener mi horror.

-¿Fuiste tú mismo?- Ser capaz de tal sacrificio por su hijo es algo sobrecogedor.

Definitivamente esta es la clase de gente que quiero a mi lado, supervivientes que no duden en actuar en pos del bien común obviando el miedo a salir heridos.

Ha sido toda una suerte que Aaron los encontrara.

-Sí,- me mira amenazante, -este es el tipo de personas a las que está dejando entrar en su hogar.-

-Lo dice como si fueran peligrosos para nosotros.-

-Lo somos.- Asegura, aunque esta vez no a modo de amenaza, sino como un hecho confirmado.

-¿Y por qué me advierte? ¿No sé da cuenta de que ya está protegiendo a Alejandría? ¿Qué se está preocupando por las personas que viven aquí?-

-Usted no lo entiende, no sabe cómo es ahí fuera.- Niega frustrado por mi ignorancia a lo que él considera evidente.

-Tus compañeros…-

-Mi familia.- Dice interrumpiéndome en seco pero no me molesta, he presionado demasiado desde el comienzo, así pues acepto su corrección sin perder los nervios.

-Cierto, varios me han dicho lo mismo sobre que no sé cómo es. Y tenéis razón, no lo sé porque he tenido la buena suerte de no vivirlo, por eso precisamente, explícamelo.- Le pido suavizando mi voz para ayudar a que se relaje.

-¿De verdad no se da cuenta?- Me reclama ofendido. -Ahora todo lo que importa es sobrevivir a cualquier precio, porque por ahí la gente siempre intenta jugártela y aprovechar tus debilidades.- Me mira fijamente a los ojos al decir lo último, -uno solo vale lo que pueden sacar de él.-

-Tal vez, pero si os quedáis aquí vosotros sacaréis tanto provecho de nosotros, como nosotros de vosotros. Es obvio que te das cuenta de ello, porque si no fuera así no te tomarías la molestia de estar hablando conmigo.- No desvío mi mirada de la suya, eso sería un error. –Así que dime Rick, aún y a pesar de tu desconfianza. ¿De verdad vas a dejar pasar la oportunidad de una vida mejor para tus hijos? Porque sinceramente, me cuesta creer que la respuesta sea sí.-

-¿Por qué le importa?-

-Como le he dicho a Maggie quiero que mi gente sobreviva, y vosotros podéis ayudarnos a lograrlo.- Tiendo mi mano hacia él y percibo como se resiste a ceder, pero lo cierto es que aunque no le guste la idea de convivir con desconocidos no va a dejar pasar su buena fortuna.

Sí se tratase solo de él tal vez lo hiciera, pero por sus hijos y solo por ellos nos dará una oportunidad de demostrarle lo bueno que podemos ofrecerles.

-Está bien.- Toma mi mano y la aprieta en un agarre firme, confiable.

-¿Qué eras antes?- Pregunto queriendo confirmar mis sospechas.

-Sheriff.- Responde escueto.

-Imagine que algo de eso tenía que ser.- Sonrío contenta de haberle convencido. –Bienvenido a Alejandría.-

.

-Este sitio es increíble.- Digo mirando los libros con interés, seguro que a Carl le han encantado cuando los ha visto, me pregunto si tendrán cuentos para Judith.

-Parece gustarte Alejandría.- Comenta la Congresista feliz por ello.

-Por supuesto, es fantástica.- Digo con sinceridad, -en parte no termino de entenderlo, pero me gusta.-

-¿Qué no entiendes?- Me pregunta con ternura, cierto es que no quería mostrarme como soy, no del todo al menos, pero que me trate como un frágil pajarillo me resulta molesto.

-Que la gente aquí dentro parezca ignorar por completo los peligros que hay ahí fuera.- Digo imitando su tono de ligera afectación condescendiente al contestar.

-¿Esa es la sensación que tienes?- Me pregunta con una sonrisa amable.

-Van desarmados por la calle. No es una sensación, es un hecho y bastante evidente.- Respondo aún imitando su tono de voz mientras me siento en el sillón tiene delante de sí.

-Y eso te disgusta- Dice despacio, calándome aunque algo tarde.

-Deanna,- la llamo por su nombre con confianza, sonriendo igual que ella. -No estoy segura de que edad tengo, pero lo que sí sé es que por regla general lo que desconoces es lo que termina matándote.- Extiendo mis manos para que pueda verlas claramente, -nos deje quedarnos o no cuando finalicen estas entrevistas su gente debe aprender a defenderse, no tiene ni idea de hasta qué punto lo necesitan.-

-Eres muy madura, tú y el otro chico, en realidad parecéis más soldados que adolescentes, y sé de lo que hablo, uno de mis hijos estaba en la reserva.-

-Soldados.- Esa comparación casi me hace reír. –No, somos supervivientes.-

-¿Hay diferencia?- Me pregunta, y no sé qué debería contestar para que no me considere una amenaza, aunque por otra parte es evidente que con lo que ya he dicho no puedo fingir ser lo que ella habría considerado una chica normal.

-Los soldados murieron hace tiempo, nosotros seguimos vivos.- Sonrío levantándome para coger un libro de la estantería titulado "Como sacar provecho de tus enemigos", -en mi opinión la diferencia es notable.-

-¿Cuál es la relación entre tú y el Señor Castillo?- Me pregunta queriendo claramente pillarme desprevenida al cambiar tan radicalmente el tema de la conversación. El problema es que a Ethan eso se le daba mucho mejor.

-Es mi tío, y el mejor ser humano que jamás he conocido. Soy afortunada de tenerle.-

-Dime una cosa más antes de que te vayas,- parece insegura pero finalmente se decide y las palabras salen de su boca. -¿Alguna vez has tenido que matar a otro ser humano?-

-Sí,- digo con tranquilidad dejando el libro en su lugar. –Y puedo decirle porque lo hice.-

-No, no hace falta.- Parece disculparse al levantar las manos frente a su cara como un escudo.

-Sí que hace falta, al menos sí de verdad quiere comprendernos.- Le sonrío y vuelvo a mirar mi mano derecha moviendo mis dedos uno por uno, y es curioso porque cuando lo hago podría jurar a pesar de que me falten dos, que también los siento. –Nadie me lo ordenó si eso es lo que la preocupa. Sí maté, señora, fue para poder sobrevivir.- Una lágrima cae por mi ojo izquierdo cuando en mi memoria resuenan los gritos de Ethan para que le matase en lugar de dejarle morir devorado.

Sé que hice lo que debía, lo sé, pero aún hay veces en las que le oigo en mis pesadillas.

-Lamento haber preguntado,- dice afectada por mis palabras, -no debí.-

-Todo lo que haga por el bien de su familia, está bien hecho por terrible que sea si es para protegerles.- Digo limpiando la lágrima que he dejado escapar por un hermano que nunca me quiso.

-Lamento que hayas tenido que aprender lecciones tan duras siendo tan joven.- Se esfuerza por contener el llanto mientras me habla, pero desde esta escasa distancia que nos separa veo perfectamente como sus ojos brillan.

No sé porque le ha afectado tanto lo que le he dicho, como sea me alegro, ha servido para que dejase de mirarme con tanta atención el pelo que es lo que yo quería, ya que ahí es donde tengo escondidos mis dos cuchillos gracias a unas trenzas cubiertas luego por el resto de mi pelo suelto.

-¿Puedes… Puedes pedir que pase el siguiente por favor?-

-Claro,- me detengo antes de salir del cuarto. –No sé si alguien más se lo ha dicho, pero por si acaso en nombre de todos nosotros gracias, gracias por darnos esta oportunidad.- Digo con una gran sonrisa ya que estoy realmente feliz por este nuevo comienzo.

-De nada.- Sin necesidad de girarme sé que finalmente se ha roto y ha comenzado a llorar.

Deanna me gusta, pero es débil.

Si unas pocas palabras pueden conmocionarla tanto es que no está preparada para este mundo y menos para liderar Alejandría.

Me pregunto cuánto tiempo tardará en cederle el control absoluto a Maggie. Seguramente cuanto antes lo haga más vidas se salvarán.

..

-Quiero que esto funcione.- Me dice Glenn cuando nota que me he recompuesto.

Gin no ha dicho nada terrible.

Bueno… Si lo ha dicho, pero ha sido una manera de hablar tan suave, tan resignada a que así es la vida, que a pesar de que no haya entrado en detalles sobre lo que tuvo que hacer para sobrevivir… No sé, simplemente me ha sobrepasado.

-Yo también.- Le digo a Glenn con amabilidad. –Y por ahora no tengo motivos para creer que no sea posible.-

-¿Ni siquiera con lo que le haya contado Merle?- Pregunta como si temiera que él hombre hubiera dicho alguna desfachatez. –Puede comportarse como un bestia a veces,- se sobresalta al pensar que ha cometido un error al expresarse de esa manera. -Lo que quiero decir es que es muy bruto, no que sea un animal, Merle es un buen hombre a su manera.-

-Merle Dixon solo me ha hablado de sus habilidades en particular, y de lo útil que sería tanto para salvaguardar el muro vigilándolo como en primera línea si se produjera algún tipo de enfrentamiento, ya fuera contra caminantes o contra otras personas.-

-¿Eso es todo?- La sorpresa en su cara en realmente cómica.

-Bueno, creo que no eres el único que quiere que esto funcione.- Digo sonriendo.

-Ya pero… Se me hace raro que Merle se haya comportado, es decir, no es un mal tipo, no del todo, nuestra relación no siempre ha sido la mejor… Debería callarme.- Dice llevándose las manos a la cara, es evidente que está nervioso.

-Merle me ha comentado que lleváis mucho tiempo por ahí fuera.- Digo tanteándole con suavidad.

-Demasiado.- Se pierde en sus recuerdos y no puede evitar cerrar los ojos ante ellos como si así pudiera esquivarlos. –Lo siento.- Se disculpa volviéndolos a abrir.

-Has de saber que Merle Dixon opina que los más jóvenes de vuestro grupo necesitan un hogar estable, a pesar de su rudeza al expresarlo eso me ha quedado claro, te lo aseguro.-

-Estas entrevistas no son solo para conocernos, ¿verdad?- Me pregunta repentinamente.

-No, son para que pueda decidir que puestos ocuparéis en la comunidad, buscando provisiones por ejemplo, u otros supervivientes como hace Aaron.- Enumero algunas de las opciones.

-En ese caso no hay nadie más rápido que yo o más capacitado para hacer una incursión en busca de provisiones, se lo aseguro, los demás son buenos pero yo soy el mejor.-

-¿Tanto deseas volver ahí fuera que te ofreces voluntario para hacerlo?- Pregunto sorprendida ya que no me esperaba una disposición tan desinteresada.

-Sí eso ayuda a que seamos considerados útiles y sirve para que podamos quedarnos, sí.- Asegura sin acobardarse lo más mínimo.

-Todos os quedaréis. Bueno, quizá sea una afirmación demasiado presuntuosa ya que en realidad esa decisión depende de vosotros.- Digo desviando la conversación, Glenn se ha acercado demasiado a lo que deseo de su grupo, desde luego más de que sería conveniente.

-No la entiendo.- Dice confuso.

-Glenn, yo os he abierto las puertas, pero sois vosotros quienes tenéis que decidir si os quedáis o si preferís seguir vuestro camino.-

-No,- dice conteniendo su angustia ante la idea. –No podemos volver atrás.-

-Lo sé.- Digo recordando el gesto de Maggie para proteger su vientre. –Pero como ya te he dicho no depende de mí, sino de lo que decidáis vosotros como familia.- Me encojo de hombros fingiendo fragilidad. –Yo no puedo obligaros a nada.-

-Si intentase obligarnos no podría retenernos,- responde sorprendiéndome de nuevo, pero esta vez por la seriedad mortal de su expresión. –Tiene razón, la decisión es nuestra y la tomaremos.- Me dice con convicción antes de darme la mano y dejarme sola. Dando así por terminada nuestra conversación, supongo que para sondear a aquellos que aún estén inseguros sobre si quedarse o no.

-Bien, eso es bueno.- Digo para mí misma cada vez más satisfecha con este grupo, porque si ellos se exponen fuera los míos permanecerán a salvo dentro.

Todos nos beneficiaremos, ellos tendrán un hogar en el que descansar y nosotros seguridad, no es como si quisiera provocarles algún mal ni mucho menos, solo quiero cuidar de los míos igual que ellos de los suyos, es natural.

Entonces recuerdo las palabras de la muchacha y no puedo sino sentirme un poco culpable. -Todo lo que haga por el bien de su familia, está bien hecho por terrible que sea si es para protegerles.- Ella tiene razón, si es por el bien de los míos es lo correcto. No puedo arrepentirme de eso.

-Aaron dice que les salvaste la vida a él y a su…- Duda y finalmente dice, -compañero.-

-Necesitaban ayuda.- Digo con simpleza acariciando la suave tela del sillón, da gustito, me encanta.

-Fue un acto desinteresado, y por lo que he hablado con tu familia no muy común. Corriste un gran riesgo.- ¿Intenta dorarme la píldora o es cosa mía?

-Por si no se ha dado cuenta vivimos en un mundo de muerte, así que si perdemos la esperanza y no nos arriesgamos por los demás aunque sea estúpido, ¿de qué vale emperrarse en sobrevivir? Si creemos que todas las personas que quedan son monstruos mejor sería pegarnos un tiro y acabar con todo.-

-Es una visión singular de las cosas.- Dice cruzando los brazos por delante del pecho.

-Es la mía.- Algo de lo que he dicho la ha hecho sentir incómoda, ¿pero por qué?

-Tú cazador es un hombre interesante.- Dice desviando mi atención hacia otro tema.

-¿Le ha dicho alguna grosería?- Pregunto no queriendo que se note demasiado la risa en mi voz ante esa posibilidad.

-No, solo ha sido sincero.- Da un suspiro, -Alejandría no le parece segura, pero se quedará si tú te quedas.-

-Y yo me marcharé si él se marcha.- Digo con calma.

-¿Renunciarías a esto?- Abre sus manos para abarcar la habitación.

-Mientras me quede aunque solo sea un último aliento a quien jamás renunciaré en esta vida será a él, las cosas pueden conseguirse de un modo u otro, pero las personas una vez las pierdes no hay manera de recuperarlas.- Digo acariciando el colgante de punta de flecha que Daryl me regaló hace tantísimo tiempo.

-No me malentiendas, no quiero insinuar que no le haya aceptado ni mucho menos. Lo cierto es que creo que será alguien muy útil para la comunidad.-

-¿A dónde quiere llegar entonces Deanna?- Pregunto empezando a cansarme de este extraño juego.

-A la manera en que todos habláis de vosotros como una familia, una unidad que solo la muerte puede dividir, me gustaría muchísimo que Alejandría también formase parte de vuestra familia.-

-¿Por qué me dice esto a mí?- Pregunto sin desviar mis ojos del colgante para contener la molestia que me asalta repentinamente ante la certeza de que no me está diciendo toda la verdad.

-Porque Maggie me ha dicho que puedo confiar en ti, necesito que si hay alguien que no lo tenga claro la ayudes a convencerle de que se quede, porque soy consciente de que si uno solo se va el resto le seguiréis, y os necesitamos aquí.-

-Nos quedaremos porque este sitio es bueno para nosotros, mejor que seguir en el camino, eso desde luego.- La miro sin soltar mi colgante, -pero si de verdad quiere formar parte de nuestra familia como ha dicho le pido una cosa, no nos engañe, la traición no es algo que perdonemos fácilmente.-

-No os engaño, os necesitamos, os he dicho a todos la verdad.-

-Bien, en ese caso aquí nos quedaremos.- Me levanto deseando dejarla atrás.

-Cassidy…-

-¿Sí?-

-No vas a hablar con ninguno, ¿verdad?- Pregunta extrañada de que no le haya seguido la corriente.

-Esa decisión les corresponde.- Digo escuchando ya los golpes de Daryl en la puerta al haberme perdido de vista. –Y me extraña que Maggie le haya dicho que yo les convencería, esa ha sido su primera mentira, espero Deanna Monroe que sea la última entre nosotras.-

-No pretendía…- Los golpes en la puerta se hacen más fuertes, si tardo mucho más la tirará abajo.

-La entiendo, lo digo en serio. Pero con la vida de mi familia no juega ni usted ni nadie. Así que cuando quiera decirnos porque nos necesita tanto la estaremos esperando.-

En cuanto abro la puerta Daryl me abraza con fuerza y noto su respiración acelerada por la ansiedad sobre mi cuello.

-Estás bien.- Dice en un gruñido bajo, -deje de verte, no te oí chillar pero…-

-Te quiero,- le doy un suave beso queriendo tranquilizarle. –Tú y yo estamos bien, no ha pasado nada.- Le aseguro.

-Bien,- resopla alborotándome el pelo. -Aaron va a llevarnos a casa, por lo visto se ha ofrecido para hacerlo.- Dice separándose un poco. -¿Cómo ha ido?- Me pregunta mientras los demás nos miran sin ocultar su curiosidad.

-Hemos hablado,- digo encogiéndome de hombros, notando como Aidan nos mira con cierta soberbia al pasar al interior de la casa. -Posiblemente venga a vernos esta noche para decirnos algo.-

-¿Por qué?- Pregunta Daryl dándome un beso en la frente para demostrarme una vez más su alivio al tenerme entre sus brazos sana y salva.

-Nos necesita.-

-Nos lo ha dicho a todos.- Replica él frunciendo el ceño.

-Sí, para sobrevivir, también nos ha dicho eso a todos, pero no porque y eso tiene que aclarárnoslo antes de que decidamos nada.-

Bajamos las escaleras y mi unicornio se pega a nosotros dejándonos continuar con nuestra conversación sin interferir.

-Creí que este sitio te daba buenas sensaciones.-

-Y me las da.-

-No te entiendo.- Dice Daryl manteniendo su ceño fruncido.

-Es obvio, le cabrea que la Congresista quiera utilizarnos y no nos lo diga claramente, nos vende un puesto de héroes pero vamos a ser sus peones.- Dice mi unicornio mirando hacia delante con una molestia en la voz que me hace feliz, porque en esa frase ha demostrado más emoción que en estos últimos años viviendo como errantes.

-Exacto, y si vamos a jugarnos el cuello para que este pueblo pueda prosperar nos merecemos la verdad.- Digo siendo consciente de que nos espera un duro trabajo para convertir este sitio en lo que necesitamos que sea.

-Así que era eso,- dice Daryl tomando mi mano, -sabía que había algo en su discurso que no me convencía, pero no lograba ver cuál era el problema.- Nos mira a mi hermano y a mí con su sonrisa torcida, -por suerte a vosotros no se os escapa ni una cuando está en juego el comeros una tarta de manzana.-

-Por supuesto, con la comida no se juega.- Decimos a la vez aunque con tonos diferentes, mi unicornio habla calmado, casi como si la cosa no fuera con él. Yo por otra parte lo hago con toda la dignidad del mundo embotellada en un metro cincuenta y cinco de estatura.

Ahora entiendo mucho mejor que quiera que vaya a ver a esa psicóloga, una cadena es tan fuerte como el más débil de sus eslabones. Si yo salgo y muero por no buscarme un puesto dentro, mi familia sufriría y le sería menos útil por algún tiempo.

-¿Estás enfadado?- Me pregunta Rainbow con interés.

-No, solo ha actuado como cabría esperar de una política.- Sin embargo que quiera utilizarnos a su conveniencia como si fuéramos herramientas útiles en lugar de personas me molesta, no por mí pero… -Bueno, quizá un poco.- Concedo cuando ella no deja de mirarme. -¿Por qué sonríes?-

-Porque nunca me había dado cuenta de lo sexy que te pones cuando te cabreas.- Dice para cachondearse de mí, pero lo cierto es que parece realmente feliz mientras me suelta el comentario a la cara.

-Serás tonta,- digo agradecido de que siempre esté ahí para mantenerme a flote.

-¿Qué dices tú Merle?- Le pregunta y veo como el pobre mamón da un salto igual que un gato al que acabarán de lanzarle un cazo de agua.

-Yo no opino sobre esas gilipolleces.- Gruñe acelerando el paso para alejarse de nosotros.

-Vamos, hazlo, ¿cuándo te parece a ti que está más sexy?- Chilla para que todos la oigan haciendo inútil su escape.

-Que me la suda.- Ladra él mirando hacia atrás incómodo, deseando desaparecer, antes verle en esta situación me habría hecho desternillarme de risa. –No me metáis en vuestras mierdas.- Ahora me parte el corazón saber que el motivo por el que es incapaz de mirarme cuando me quito la camisa no es la vergüenza, sino el que le aterra que le tenga miedo por lo que pasó.

Y no es que lo haya olvidado ni mucho menos, jamás podré hacerlo, pero le perdoné por aquello, él no quiso y… Joder, sé que solo quiere que vuelva su amigo, el problema no es Merle, pero no sé cómo hacerle comprender eso para que deje de castigarse.

Carajo, ya sabe que mientras no aparezca tras mi espalda de repente todo estará jodidamente bien.

Suspiro y me adelanto hasta ponerme a su lado, -¿de verdad no vas a contestar?- Pregunto concentrándome en mirar hacia adelante, echando de menos el peso de mi fusil en la espalda al caminar.

-¿Tú estás loco?- Se aparta un poco de mí, pero no tanto como para que no pueda darle una colleja si quisiera hacerlo, hace años ni me lo habría pensado, ahora me parece que requiere una energía que no tengo.

-Puede,- me encojo de hombros y noto que él me mira. -Merle, sabes que sigues siendo mi mejor amigo ¿no?- Digo entrecerrando ligeramente los ojos.

-¿Qué quieres decir con eso?- Mierda, ahora recuerdo porque no trataba de solucionar esto, hablar sobre ello aunque sea por encima requiere demasiado de mí. Aun así hago el esfuerzo, porque si quiero vivir aquí no me queda más remedio que intentarlo.

-El problema no eres tú,- señalo mi frente, -lo tengo yo aquí, así que deja de andar con pies de plomo.-

-Es que no quiero cagarla.- Eso hace que quiera llorar, por él, por mí, por Karen, por la puta vida entera que nos robó Ethan.

-Eso lo hago yo solo, cálmate mamón.- Digo sonriendo levemente mientras meto mis manos en los bolsillos.

-A la mierda,- bufa pegándome un puñetazo en el hombro que sobresalta a todos, yo me limito a mirarle alzando una ceja sorprendido. Apenas recuerdo cuando fue la última vez que me tocó por un motivo que no fuese la pura necesidad de sobrevivir. –Es cuando sonríes, pero cuando lo haces deverdad y se te ilumina esa estúpida cara que tienes con esos aún más estúpidos hoyuelos.- Me dice por lo bajo a regañadientes.

-Siempre te dije que era irresistible,- me fuerzo a bromear como hacía antes. –Y tú haciéndote el difícil.- Intento estirar mi sonrisa ensayada más de lo habitual para dar un aspecto de mayor normalidad a esto, pero la noto tan tirante en mis labios que parece que están a punto de romperse.

-Conmigo no hace falta que hagas eso,- gruñe mirando a otro lado, -si te sientes como una mierda prefiero verte con cara de culo a esa puta sonrisa odiosa de estoy bien.-

-Pero yo…-

-Es jodidamente obvio que no lo estás, ¿quieres que me comporte como siempre porque no te molesta que lo haga? Estás serán las consecuencias, tendrás que comerte las verdades que no quieres escuchar.-

-De acuerdo.- Puede que eso me ayude a recordar lo que es vivir sin sentir que me estoy muriendo a cada puto latido de corazón sin llegar a hacerlo nunca.

Si me fuerzo lo suficiente quizá me convenza de que puedo conseguirlo, puedo salir del agua, o por lo menos sacar la cabeza lo bastante como para respirar aunque me arrastre la marea… Al menos creo que eso sería algo parecido a vivir de nuevo, más o menos.

-Estás enfermo.- Dice preocupado, como si pudiese ver hasta qué punto estoy hundido por el peso de mi mente.

-Lo sé, al parecer tienen una psicóloga.- Eso le pilla desprevenido.

-¿Vas a ir?- La pregunta se le escapa antes de que pueda controlar su boca, me doy cuenta por su cara de pánico al creer que eso puede molestarme.

-Sí,- digo mirándole a los ojos, -tú también deberías, no puedes seguir culpándote por aquello eternamente.-

Va a decirme algo pero entonces Aaron se detiene y nos enseña las casas que serán nuestro nuevo hogar, pero se equivoca, mi hogar son estas personas no esas pareces. Respiro hondo agradecido por ello un par de veces antes de que hacerlo vuelva a costarme toda mi fuerza de voluntad.

Mi familia es mi mayor y mejor razón para vivir, aunque vivir sea una putada la mayor parte del tiempo. Pero no se puede tener todo ¿no?

-Una vez más bienvenidos a Alejandría.- Dice Aaron despidiéndose para que podamos ver el interior de las casas por nuestra propia cuenta.

-Y que la muerte no nos persiga nunca de puntillas,- decimos Carl y yo chocando nuestros puños mientras se aleja, definitivamente listos para esta nueva aventura.

Hola almas corsarias.

Bueno, cosas por contar, la semana pasada hice una entrevista para una tienda de juguetes, Toy Planet fueron muy amables conmigo pero finalmente pese a dar el perfil no me escogieron, así que ha seguir buscando.

Recomendación de series, Bruja Escarlata y Visión, la tenía en pausa pero la retome ayer, y me la terminé, a partir del episodio cuatro mejora muchísimo y me parece absolutamente fantástica, los tres primores capítulos para mí eran entretenidos pero sin más, creo que por eso la deje a medias y ahora estoy super contenta de haberla retomado.

Volviendo al capítulo, no me digáis que Daryl no es un puro amor aporreando la puerta hasta que ve a Cass a salvo, si es que me los como, son tan bonitos.

Ale le ha sugerido a Merle que vaya a ver a Sigrid, porque él sabe, a pesar de como se encuentra de que su amigo después de violarle no se quedó bien, el sentimiento de culpabilidad que tiene el mayor de los Dixon es brutal, pero ya sabemos lo cabezón que puede llegar a ser, habrá que ver si finalmente se anima a ir a terapia.

Sin más que decir por el momento, espero que el capítulo os haya gustado, besototes for all.