Los Fantasmas de Versalles.

Elle Sid Pierre, jugador estrella y capitán de la selección francesa de fútbol, siempre se había sentido muy orgulloso de decir que pertenecía a una muy reconocida y noble rama familiar, pues según sus distinguidos padres, el descendía de Louise Françoise de La Baume Le Blanc, duquesa de La Vallière, quien había sido "pareja" del mismísimo rey Luis XIV de Francia, por lo que la familia, siempre orgullosa solía decir que pertenecían a la ya extinta realeza francesa; sin embargo, Pierre siempre obviaba comentar el pequeño hecho de que La Vallière había sido únicamente amante del rey por lo que no podría considerarse totalmente como parte de la realeza.

Pierre, como heredero de una acaudalada familia, había crecido con elegancia, distinción y refinamiento, siendo conocedor y amante de las artes; además, se consideraba extremadamente patriótico por lo que gustaba de conocer todo lo referente a la historia de su país, así como de los grandes logros y los acontecimientos que en él se desarrollaron, razón por la cual gustaba en sus tiempos libres de asistir a los innumerables museos, galerías y monumentos con los que contaba la nación y en donde se empapaba y cultivaba aún más sobre la historia de su país.

En esta ocasión, el francés había decidido visitar el Palacio de Versalles, el cual había sido la residencia real durante varios siglos así como también la última morada de los difuntos Louis XVI y su esposa María Antonieta, teniendo también el palacio el honor de haber sido el sitio escogido para la firma del tratado que había dado por concluida la Primera Guerra Mundial, por lo que el francés consideraba que desde donde se le viera, el Palacio de Versalles era una verdadera joya arquitectónica y una muestra palpable de la historia que se había desarrollado ahí a lo largo de tantos siglos de existencia, siendo una visita obligada para todo amante del arte y la historia.

Pierre había llegado a muy temprana hora del día para así tener la tranquilidad y el tiempo necesario para recorrer el lugar sin las distracciones que podrían generales sus cientos de fans, pues una vez que éstos le reconocían, se aglomeraban a su alrededor deseando obtener un autógrafo y/o una foto con él, lo que le impedía realizar cualquier otro tipo de actividad por más que el jugador así lo deseara. El joven caminaba con la tranquilidad que le daba la soledad, andando por las amplias e impresionantes salas del palacio al tiempo que admiraba las obras de arte y las pinturas que se hallaban en el Museo de la Historia de Francia, en donde pudo apreciar la famosa dedicatoria "A Todas las Glorias de Francia", que Luis Felipe I, el último rey de ésta nación, mandó a poner en el palacio cuando instruyó que éste fuese convertido en un museo.

Una vez que terminó con el museo, el futbolista recorrió los Grandes Departamentos, las Estancias Privadas y los Departamentos de la Familia Real, los cuales se podían ver tal y como eran cuando vivían los reyes ahí, pudiendo apreciar con mucho orgullo el esplendor con el que se vivía en aquellas épocas y deseando en su interior el haber podido ser parte de esa historia; fue entonces cuando al jugador, que se encontraba admirando los aposentos reales, le pareció percibir que una delgada y ágil silueta pasaba rápidamente a sus espaldas por lo que, sorprendido, decidió girarse en su búsqueda, viendo cómo a unos ciento cincuenta metros de distancia una joven mujer de a lo mucho unos veinte años de edad cruzaba rápidamente hacia otro de los salones contiguos.

Por lo poco que Pierre había alcanzado a ver, la joven iba vestida con un atuendo propio de la nobleza del siglo XVIII, pues su vestido era amplio, al ras del suelo y de estilo Rococó, con encajes y volados en mangas, escote amplio y fruncidos en el cuello, con moños en el pecho y bordados diversos a lo largo de la tela de la capa exterior del vestido; llevaba puesto, además, un sombrero característico de la época con plumas, moños y listones, y su cabello se encontraba recogido hacia arriba con sólo algunos rizos cayéndole por el cuello hacia la espalda. Pierre se preguntó qué estaría haciendo una persona vestida de ese modo a tan temprana hora de la mañana por lo que la curiosidad pudo más y el francés decidió seguirla por el camino que había emprendido la joven, pero al llegar a la sala no la vio por ningún lado.

"Seguramente debe de tratarse de alguna empleada o actriz que se alista para alguna clase de espectáculo para cuando lleguen los turistas", pensó el francés.

El joven futbolista decidió ignorar el evento y continuar con su recorrido, dirigiéndose rumbo al salón de los espejos, lugar de grandes acontecimientos, cómo lo fue justamente el tratado que ahí se había firmado. El sitio era impresionante con sus múltiples espejos sobre una de las paredes de la sala, los cuales emulaban y hacían contraparte a los enormes ventanales que se hallaban exactamente en frente de cada uno de ellos; lo más hermoso del lugar eran sus impresionantes pinturas ubicadas en las bóvedas del techo y a lo largo de todo el salón, reflejándose en los múltiples candelabros y cristales del lugar, dándole una gran magnificencia a la galería.

Pierre se encontraba absorto admirando las obras de arte ubicadas en el techo por lo que mantenía su cabeza mirando hacia arriba, entretenido en observar cada uno de los detalles de las obras que ahí se presentaban; se hallaba tan distraído que no se percató en qué momento fue que alguien más ingresó en el área, siendo que un hombre fue a colocarse muy cerca del lugar en donde el francés se encontraba parado. El joven no se habría dado cuenta de dicha persona de no ser porque a través de uno de los espejos de la pared vio de reojo cómo algo de color rojo se movía a su alrededor, mirando finalmente al individuo y llamándole tanto la atención que su mente se distrajo por completo obligándole a bajar la mirada para observarlo con mayor detenimiento.

El hombre parecía un campesino de la revolución francesa, se veía sucio, hambriento y malhumorado, llevaba puesta una camisa blanca holgada y percudida, la cual llevaba abierta al frente mostrando parte de su pecho; sobre ella portaba una chaqueta en color café de loneta o algún tipo de tela gruesa con solapas al frente, de forma asimétrica pues el frente era más corto que la parte de atrás, vestía además un pantalón en color azul que le llegaba por arriba de los tobillos, el cual se encontraba roto del ruedo, raído de la tela y remendado en diferentes partes y que era sostenido por un cinto de la misma tela amarrado a la cintura y anudado en un moño a un costado de su cadera; portaba además mocasines tipo zuecos que terminaban en punta y una boina roja con un escudo redondo con los colores de la bandera de Francia.

Justo en ese instante, el hombre se giró para encarar a Pierre, a quien vio directamente con una furia que emanaba de sus ojos y sin saber bien porqué, esta expresión de tanto odio y rencor concentrado hizo que el futbolista se sintiera atemorizado y cohibido por el individuo, quedando fuertemente impresionado por su presencia.

"Realmente parece un verdadero antirrealista", pensó, con cierta aprehensión.

En ese instante, se escuchó un ruido proveniente del otro lado del salón por lo que Pierre se giró de inmediato para averiguar el origen del mismo, siendo que se distrajo de su acompañante por algunos segundos, y para cuando se volvió de nuevo a ver al hombre de la sala, éste ya no se encontraba en ninguna parte, siendo que Pierre quedó realmente impactado por el suceso.

— ¡Vaya que estos personajes tienen prisa! —se dijo al verse solo de nuevo, mirando hacia todos sin encontrar rastro del personaje.

"En verdad que sí son excelentes actores, su mirada sí que me causo cierto malestar, pensó.

— Será muy interesante ver el espectáculo —agregó en voz alta, intentando olvidar el temor que le había causado el individuo.

Pierre continuó con su recorrido y una vez que terminó con el palacio principal, se dirigió al exterior dirigiéndose a los Palacios de Trianón, que eran las otras dos edificaciones principales que complementaban al palacio y que se habían construido por órdenes del rey Luis XIV, siendo utilizados por sus sucesores Luis XV y Luis XVI durante sus reinados. En ellos dio un largo paseo pudiendo observar los aposentos de los reyes, los herederos y sobre todo los de las amantes del rey.

Y justo cuando estaba en el Pequeño Trianon sitio que fue cedido a María Antonieta durante su reinado, vio de nuevo a la dama de vestimentas antiguas, la cual era una joven de rubia cabellera y de hermosas facciones que le hizo a Pierre desearla conocer, por lo que decidido intentó seguirla; sin embargo, para su pesar otra vez ella se le perdió de vista, se notaba que la joven traía mucha prisa pues siempre la veía corriendo por lo que esto reafirmó la teoría de que habría alguna clase de representación en el lugar, siendo que se dijo que tendría que averiguar, con el próximo empleado que viera, en dónde y a qué hora se desarrollaría dicho evento.

Rato después, al salir al jardín, Pierre se topó con dos personas que llevaban la inconfundible vestimenta del ejército napoleónico; es decir, iban vestidos con calzas o pantalón en color blanco, botas a la altura de la rodilla en color negro, la chaqueta era de color azul marino con puños y hombreras rojas y el pecho en color blanco con botones dorados a todo lo largo de éste, portando además el ya tan conocido y característico sombrero alargado que usó Napoleón; estos hombres portaban un fusil en mano y corrían con prisa, como si debieran alinearse con su escuadra militar.

El joven sorprendido los vio pasar y continuó con su camino, siendo que metros más adelante vio a una mujer, vestida con la indumentaria de la revolución francesa, con todo y sable y puñal en manos, para después toparse con otros individuos más, estos vestidos con la indumentaria de cortesanos y nobles.

— ¿Más actores? —se preguntó Pierre, al ver a toda esta gente en los jardines.

A estas alturas, Pierre se encontraba más que interesado en dicha representación, por lo que se dijo que al no haber encontrado a ningún miembro del personal en su camino para cuestionarle a respecto, le tendría que preguntar directamente a los actores la próxima vez que les viera. Así fue que un poco cansado y sediento se fue a sentar a uno de los banquillos de piedra que bordeaban el jardín más próximo a él, tomando un poco de agua al tiempo en que miraba el mapa que traía en manos a fin de decidir hacia dónde dirigirse a continuación y tratando de ubicar en dónde podría ser dicha representación.

Pierre levantó la mirada hacia el jardín que se encontraba frente a él, justo al momento en que la misma dama, con la que se había estado topando dentro de los palacios, cruzaba rápidamente para luego ver que detrás de ella iban dos hombres, vestidos como antirrealistas, dándose cuenta de que uno de ellos era al que había encontrado en el salón de los espejos; ambos hombres con sable en mano, claramente perseguían a la joven rubia. A simple vista, el mediocampista pudo determinar que la dama parecía encontrarse en apuros pues sus ojos mostraban terror y parecían pedirle ayuda con la mirada.

La joven corrió con rumbo a la Hameau de la Reine o Aldea de la Reina, una edificación que representaba la vida rural en el siglo XVIII, la cual fue construida dentro de los terrenos del Petit Trianon por órdenes de la reina María Antonieta. Pierre, al ver que la joven corría despavorida decidió intervenir y frenar de una buena vez a esos dos hombres que la acosaban. Así pues, Pierre se levantó de su asiento y siguió a los tres personajes hasta hallarse detrás de un molino, encontrándose con que la joven se hallaba tirada en el suelo, a punto de ser violada por uno de ellos y pidiendo clemencia al tiempo en que el otro de los hombres levantaba su arma contra ella en un claro indicio de querer decapitarla.

— ¡Déjenla en paz! —exclamó Pierre, con autoridad, a lo que los otros se giraron a verle.

— ¿Quién crees que eres para venir a interrumpirnos? —preguntó el hombre con el que ya había tenido un encuentro—. Sigue con tus labores y déjanos en paz.

— Ella recibirá el castigo que se merece —promulgó el otro, con una macabra sonrisa.

— Mi nombre es Elle Sid Pierre y no pudo permitir que se cometa semejante atropello —respondió el jugador—. ¿Quiénes son ustedes para atacar a la señorita de modos tan viles y desgraciados?

— Nosotros somos la revolución y castigaremos a todo aquel que no comulgue con nuestros ideales —respondió uno de los hombres.

— Está bien que representen su papel de sans-culottes pero siempre hay un límite —exclamó Pierre, realmente perturbado por la actuación, esta escenificación ya no le agradaba en absoluto e incluso comenzó a sentir mucha repulsión al respecto —. Además, son sólo unos simples sans-culottes que no tienen el derecho a nada —comentó esto último con mucho desdén en cada una de las palabras, recordando que este término se había usado para nombrar a los campesinos y pobres que participaron en la revolución.

El hombre que le había mirado hacia un rato, soltó a la mujer que tenía bajo él y se levantó para encarar a Pierre, mirándolo con la misma intensidad de antes, cargando su mirada de odio y furia concentrada, se le acercó amenazante y al tenerlo a unos pasos de distancia le encaró.

— ¿Eres un contrarrevolucionario? —preguntó, despotricando con odio las palabras—. ¿Estás a favor o en contra de la realeza?

— No sé de qué hablas —comentó Pierre, quien la mirada del hombre le había aterrado y un fuerte escalofrío comenzaba a recorrerle el cuerpo.

— ¿A favor o en contra? —repitió el hombre, sacando su sable.

— Pues si sólo puedo contestar a una de las dos opciones —respondió finalmente Pierre, con cierta petulancia en la voz, después de darse un poco de valor para continuar—. Yo diría que a favor, no estoy particularmente de acuerdo con todas las masacres y atropellos que se dieron después de la caída de la monarquía —agregó, sin saber lo que sus palabras ocasionarían.

El hombre le miró fijamente y segundos después abanicó su sable frente a Pierre, con la clara intención de cortarle el cuello pero gracias a un ágil movimiento por parte del futbolista, éste creyó eludir el golpe y permanecer completamente a salvo, pero de pronto comenzó a sentir un líquido cálido recorriendo su rostro; el francés se tocó entonces la cara con la mano y al separarla pudo ver sangre en ella. A Pierre le recorrió un escalofrió de terror al pensar que estos hombres eran unos verdaderos psicópatas.

— ¿Están ustedes locos? —exclamó Pierre, realmente perturbado y sumamente aterrado—. ¡Esto ya es un atentado en contra de un turista!

— ¿Turista? —respondió el hombre—. No sé qué será eso, pero tú eres un realista por lo que deberás morir al igual que esa zorra cortesana, ambos morirán como lo hicieron sus reyes —rio el hombre, con actitud embravecida.

Pierre miró a la mujer que se encontraba aún tirada en el suelo y ésta sollozaba tratando de no hacer mucho ruido para que no recordaran su presencia.

— Mi ama está muerta —comentó la mujer, en un susurro de voz—. Y ahora nos toca morir a los demás —pronunció con mucho terror—. Están violando y decapitando a todos.

— Para una representación creo que ya es suficiente —comentó Pierre, comenzando a desesperarse, en su interior el terror ya se había asentado desde hacía unos minutos y empezaba a perder la poca razón que le quedaba.

— ¿Qué representación? —preguntó la dama, sin comprender—. No sé de qué habla, mi señor.

— ¿Saben? Esto no es divertido —dijo el futbolista.

—No tiene por qué serlo, la revolución no es algo para divertirse, estamos cansados de la nobleza, nosotros morimos de hambre y ustedes se la pasan entre la opulencia y el despilfarro, pero eso se acabó ahora nosotros somos quien gobernaremos.

Pierre decidió que lo mejor era salir de ahí y dejar de hacerse el valiente, esta gente estaba loca y debía pedir ayuda a las autoridades, por lo que se lanzó sobre el hombre intentando derribarlo para después tomar a la dama y salir corriendo de ahí, pero al hacerlo sólo traspasó al individuo cual si fuera un simple holograma, cayendo en el suelo muy cerca de la mujer.

— ¿Qué? —exclamó el joven, completamente atónito y aterrado, pues al parecer nadie se había sorprendido por este suceso.

El futbolista intentó entonces tomar la mano de la dama para salir corriendo de ahí y de igual manera ésta sólo pasó entre sus dedos.

— Pero, ¿cómo? —se preguntó, sin poder articular otra palabra.

Luego se volvió a tocar el rostro y éste le ardió en dónde se suponía tenía la herida hecha por este individuo y sí, ésta nuevamente se abrió con la acción y sintió cómo el cálido líquido volvía a fluir entre sus dedos, lo que le comprobaba que no había sido un sueño que este hombre lo había herido.

— ¿Pero cómo es esto posible? —se preguntó atónito, mirando sus dedos manchados con su propia sangre.

El terror inundó su mente y su corazón, y se preguntó qué era lo que estaba presenciando, entonces miró a su alrededor y sólo había gente vestida con trajes de la época de la revolución, ni rastros de otros turistas, ni de personal del lugar, ni de nada más. Fue entonces cuando el sans-culotte comenzó a gritar y llegaron varios más en su auxilio, ante sus ojos Pierre vio impactado cómo la mujer antirrealista que había visto con anterioridad en los jardines apuñalaba a la dama y ésta moría desangrada frente a él, al tiempo en que otro hombre intentaba violarla.

— Es tu turno —comentó el hombre que lo había herido, distrayendo la atención de Pierre hacia él—. Sólo quedas tú.

Los antirrealistas comenzaron a rodearlo con miradas llenas de furia y maldad pura.

— ¡Muere como tus reyes! —comentó uno.

— ¡La gente de la nobleza también debe morir! —dijo otro.

— ¡Si no crees en nuestra causa eres un problema que hay que erradicar! —sentenció otro más.

Pierre no supo cómo se levantó del suelo y corrió tan rápido como su piernas pudieron; a través de los jardines se encontró con horrendas escenas, que cada vez le dieron más y más terror: se topó con el ejército napoleónico que se encontraba fusilando a un pobre hombre, antirrealistas matando a clérigos, a niños, a mujeres y sobre todo a muchos nobles sin importar su nivel.

— Dices ser de la nobleza, entonces deberás morir al igual que ellos —escuchó que de pronto una voz le susurraba al oído.

Pierre se quedó petrificado con esta voz, ¿era acaso que lo estaba condenando a muerte? Él no quiso girarse para ver de dónde había provenido esa voz, prefirió mejor correr y, a donde iba, siempre se encontraba con las mismas escenas, nobles siendo asesinados por turbas iracundas. Y en todos lados escuchaba la misma voz que le repetía una y otra vez que los nobles debían morir.

— No… esto no está pasando —se dijo Pierre, sin querer abrir los ojos del terror que sentía—. ¡Esto no puede ser verdad! —se repetía una y otra vez.

No supo bien cuanto corrió, el lugar era inmenso y en todos lados veía siempre las mismas horrendas escenas, hasta que se terminó refugiando bajo unas escaleras, haciéndose ovillo y tapando sus oídos al tiempo en que cerraba los ojos para dejar de presenciar tremendas atrocidades.

— ¡No, déjenme en paz, yo no soy de la nobleza! —gritó Pierre, desesperado e intentando que no le asesinaran—. ¡Nooooo!

Pierre fue hallado muchas horas después, detrás del molino de la Aldea de la Reina, se encontraba sólo, acuclillado y sus ropas se hallaban sucias y ensangrentadas, nadie supo lo que realmente le pasó pues su mente estaba completamente ida y sólo repetía una y otra vez que él no era de la realeza.

Notas:

* Los protagonistas de cada historia son personajes de Captain Tsubasa y pertenecen a Yoichi Takahashi.

* Los personajes extras que aparecen son creaciones mías.