Capítulo 8
El mundo es nuestro
A quien pueda interesar, las canciones que escuché mientras escribía este capítulo fueron estas:
Witches burn – The Pretty Reckless
Grateful - Neffex
Coraline – Maneskin
Lovely – Billie Ellish
Love – Nathan Wagner
-¿Ya vas a meterte en líos rubia?- Me pregunta Glenn desde la cocina.
-¿Esa es la fama que tengo?-
-Sí, y no has respondido a mi pregunta.- Divertida le saco la lengua.
-Solo voy a ver a Deanna aprovechando que está reunida con tu señora esposa.-
-¿Y eso?- Se extraña.
-Quiero pedirle permiso para que Daryl no tenga que dejar su ballesta en la armería cuando vuelva de cazar, o de despejarse de tanta civilización caducada mejor dicho.-
-Le quieres mucho ¿eh?- Dice Glenn sonriendo.
-Muchísimo, pero tú siempre serás mi coreano inmortal.- Digo golpeando mi pecho con mi puño derecho para luego señalarle con mi índice.
-Anda, deja de hacerme la pelota y lárgate súper estrella.-
-A eso voy, por cierto.- Miro hacia atrás y veo a Tara bastante entretenida con lo que parece ser la caja de algún juego de mesa.
-¿Pasa algo?- Me pregunta repentinamente serio.
-No,- niego para tranquilizarle. –Solo que anoche Daryl pues…- Me muerdo el labio inferior un poco nerviosa entrando en la cocina, -se dio cuenta vaya.-
-¿De qué?- Pregunta sin entender.
-Pues de que pronto los Rhee vais a ser tres.-
-Oh,- se queda mirando al infinito un par de respiraciones. –Oh mierda, ¿se lo ha dicho a alguien? Espera, ¿tú lo sabías? ¿Desde cuándo? No, prefiero no saberlo, madre mía.-
-Glenn estás hiperventilando, toma.- Le doy una bolsa de papel que está en un cajón a medio cerrar para que respire en ella. –Está bien, es una noticia genial y conoces a Daryl de sobra, no es alguien que se meta en la vida de los demás. ¿Por qué te pones así?-
-¿Qué por qué? Si Rick se entera creerá que Maggie tomó la decisión de venir aquí por el embarazo, podría intentar poner a los demás a la defensiva para hacer alguna estupidez y…-
-Glenn en serio, te estás acelerando.- Me mira angustiado. –Rick accedió a quedarse después de la entrevista con Deanna, y me juego el cuello a que lo hizo por sus hijos, así que aunque se enterase mañana, cosa que no va a pasar salvo que Maggie lo cuente, no tiene nada que reclamarle. ¿De acuerdo? Todo estará bien.-
-¿Tú crees?- Pregunta intentando tranquilizarse.
-Si me equivoco siempre podemos castigarle de cara a la pared hasta que se le pase la tontería.- Digo encogiéndome de hombros.
-Eres tonta.- Responde riéndose.
-Puede, pero algún día mis hijos serán guapísimos, no hay más que verme.- Digo golpeando mi trasero con chulería.
-Eres un personaje,- niega aún riéndose,- gracias.- Deja la bolsa de papel sobre la mesa y se la queda mirando. –Necesito que esto funcione.-
-Ya lo está haciendo,- le aseguro dándole un beso en la mejilla, -que aún quede camino por delante no significa que no estemos en marcha.- Le guiño un ojo y me voy hacia la puerta.
-Cassidy.-
-¿Sí?-
-Intenta hacer solo lo que me has dicho y no nada inesperado.-
-Eso sería romper con la tradición, pero si te sientes más tranquilo pondré todo de mi parte para que así sea.-
Él pone los ojos en blanco ante mi respuesta, -solo estaba intentando defender la sensatez.-
-Y ha sido un detalle precioso.- Le aseguro saliendo por fin de la casa.
Sonrío al sentir el sol en la cara, pero no deja de hacérseme raro llevar solamente un kukri en la espalda. Me siento demasiado ligera, la verdad es que no me extraña que Daryl haya salido pitando a primera hora.
Quizá sea por la gente, pero aquí el aire que se respira parece diferente.
Noto como me miran desde algunas ventanas al pasar pero no me doy por enterada, es simple curiosidad, eso es algo que siempre ha caracterizado a la especie humana.
Al llegar a la casa de Deanna se me hace raro no verlas a ella y a Maggie por la ventana del cuarto de estar pero tampoco es que piense mucho en ello, estoy demasiado contenta por todas las posibilidades que se abren ante nosotros al poder vivir en un sitio estable.
-Vaya hola.- Me saluda Spencer con lo que creo que debe ser su sonrisa más seductora. -¿Hay algo en lo que te pueda ayudar?- Abre la puerta por completo haciéndome un gesto amable para que entre, y sin necesidad de dar un solo paso intuyo que sería una mala idea.
-La verdad es que buscaba a tu madre.-
-Por supuesto, entra.- Miro hacia atrás, solo hay una señora mayor en la casa de enfrente fingiendo regar sus gnomos de jardín para poder cotillear descaradamente.
-Gracias.- Me paso las manos un par de veces sobre los vaqueros antes de armarme de valor, sé que este hombre no es como Ethan, pero aún así… Siento mi vida en sus manos y no me gusta.
Cuando cierra la puerta detrás de mí no puedo evitar dar un respingo, ¿pero qué narices me pasa?
-Lo siento, no quería asustarte preciosa.- Entrecierro los ojos ante el apelativo pero no digo nada.
-¿Crees qué a tu madre le molestaría mucho si interrumpo su reunión con Maggie? Sería solo un momento la verdad.-
-Lo cierto es que han salido para que tu amiga pudiera ver las placas solares.-
-¿Entonces tu madre no está?- Me giro hacia él ya que había ido avanzando por el pasillo en dirección a la planta superior.
-No, pero puedes esperarla, no creo que tarden demasiado. Además así me harías un poco de compañía, hoy en día es difícil conocer a gente nueva.-
-¿Por qué no me lo has dicho antes?- Pregunto a la defensiva.
-No me pareció importante,- se apoya contra la pared cruzándose de brazos para resaltar sus bíceps. –Por otra parte acabas de llegar a Alejandría, no puedes tener nada urgente que hacer.-
Sonrío por compromiso mientras valoro mis opciones. No quedaría muy cortes salir corriendo por la cocina sin aviso, por otra parte si voy hacia la puerta principal él puede intentar acorralarme.
Sabía que no tenía que entrar, lo sabía, ¿por qué no me he escuchado? Joder.
-Ey,- dice de pronto sobresaltándome. -Acabo de caer, sabía que tu cara me sonaba pero no lograba recordar de dónde. ¿Eras cantante no?
-Sí.-
-Lástima que el mundo se jodiera, yo habría sido un gran fan.- Afirma dedicándome una miraba de arriba abajo.
Si no fuera el hijo de la persona que nos ha dejado entrar ya le habría dado un puñetazo directo en los huevos para después romperle la nariz con mi codo de un golpe seco, pero por desgracia no puedo meterme en ese lío.
-¿Sabes una cosa? Creo que será mejor que la espere fuera.- Digo dando un par de pasos hacia la puerta solo para que él se ponga justo en medio del pasillo.
-Vamos mujer, ¿es qué se te ha olvidado socializar o es que no te fías de mí?- Pregunta obligándome a que me restriegue contra él al no apartarse cuando yo me empeño en seguir avanzando para llegar hasta la puerta.
-No es nada personal, pero no, la verdad es que no me fío.- Digo sin ocultar ya la molestia que siento.
-¿Hablas en serio?- Pregunta incrédulo.
-Sí.- Respondo aliviada al agarrar por fin el pomo de la puerta, pero justo cuando la estaba abriendo Spencer coloca su gran mano sobre la misma cerrándola de golpe.
-Vamos, no soy un mal tío, de verdad. Solo quiero charlar y conocerte.- Asegura sonriéndome cuando me giro a mirarle, gesto que me hace pensar muy seriamente en sacar mi kukri de su funda solo por ver la cara de cenutrio asustado que se le quedaría.
-Ya, y me parece fantástico lo digo en serio. Pero resulta que yo no quiero hacer ninguna de esas cosas contigo, lo que de hecho significa que no tengo porque hacerlas, ahora apártate por favor.- Es la última vez que se lo pienso pedir por las buenas, más vale que aproveche su oportunidad.
-No seas así preciosa, con lo bien que podríamos pasarlo juntos.- Alardea acariciando mi mejilla.
-Tú no aprecias tus pelotas ¿verdad?- Pregunto sonriendo y acercándome a él hasta pegar mi pecho al suyo siguiéndole el juego.
-¿Por qué lo preguntas? ¿Es que el tío del chaleco me las arrancará si te toco?-
-No, que va.- Respondo con dulzura llevando mi mano izquierda a sus huevos y retorciéndoselos con todas mis fuerzas. -Lo haré yo misma,- digo calmada, -pero no si me vuelves a tocar, si no si vuelves a hablarme pedazo de gilipollas.-
-Joder, eres una salvaje.- Se queja con un hilo de voz intentando alejarse de mí y de mi agarre pero sin conseguirlo.
-Aprende a respetar el no de las mujeres en la vida y te irá mucho mejor campeón.- Le aseguro manteniendo mi agarre hasta que me convenzo de que si le suelto lo que hará será alejarse de mí y no volver a interponerse en mi camino.
-Puta,- me gruñe mientras huyo.
Sin embargo todo lo que escucho en cuanto logro poner un pie fuera de esa casa es el acelerado latido de mi corazón en los oídos, que me recuerda a la inevitable caída de un montón de piezas de domino puestas en fila.
Definitivamente no echaba nada de menos la masculinidad tóxica.
…
Gruño molesto porque finalmente Aaron me acompañe en mi salida. Y es que sé que habría sido más útil que hubiera ido con varios del grupo, pero necesitaba hacer esto solo.
-¿Te han pedido que me vigiles?- Le pregunto después de casi más de diez minutos de camino hacia donde dejamos los coches y mi moto.
-No, iba a salir a cazar conejos, pero al verte pensé que era mejor ir juntos por si había problemas, aunque si te molesto puedo irme por mi lado.- Le miro evaluándole, la verdad es que parece sincero.
Joder, de hecho puede que él y su novio sean los únicos en Alejandría que valgan la pena.
-Haz lo que quieras, pero no hagas ruido.- Le advierto mientras seguimos hacia adelante.
Unos metros más allá me detengo al darme cuenta de que un grupo de muertos ha pasado en la dirección en que vamos nosotros, si continuamos podríamos encontrárnoslos de frente.
Me quedo mirando el rastro y vuelvo sobre mis pasos un par de veces para asegurarme antes de decidirme a dar un rodeo.
-¿Eres capaz de distinguir las pisadas de un vivo de las de un muerto?- Me pregunta sorprendido en voz baja.
-No es tan difícil, los muertos siempre van como en zigzag arrastrando los pies, es cuestión de saber mirar.-
Me giro cuando me doy cuenta de que se detiene y le veo agacharse alrededor de un pequeño arbusto. Al levantarse alza un conejo con su mano izquierda.
-No siempre caen.- Dice contento por su captura.
-Ya.- No sé qué más contestarle, hablar nunca ha sido mi fuerte. Por suerte no hace falta que lo intente ya que unos gruñidos nos advierten que debemos permanecer en el más absoluto silencio.
Con cuidado nos escondemos detrás de un par de troncos para comprobar la magnitud del problema que nos espera. Catorce caminantes, no demasiados si vas acompañado de alguien acostumbrado a luchar, en caso contrario… Mejor no pensarlo.
Le hago un gesto para que retroceda, es mejor venir por donde hemos venido y ampliar el rodeo que estábamos dando para que sea más seguro.
Aaron no hace preguntas ni se asusta, simplemente confía en mí y me sigue entre los árboles.
Después de mucho más tiempo del que esperaba llegamos hasta los vehículos.
-Parece que todo sigue como lo dejasteis.-
-Sí.- Digo con el ceño fruncido acercándome a mi burra.
-¿Era alguna prueba para aseguraros de que podíais confiar en Eric y en mí?- Me quedo en silencio, ni negando ni confirmando su teoría. -Me alegra haberla superado, no te conozco mucho, pero sé que no me gustaría verte cabreado conmigo.-
-Espabila.- Digo lanzándole las llaves del coche de Glenn.
-Ya… Esto...-
-¿Qué?- Le pregunto limpiándome las manos con mi pañuelo rojo, la verdad es que tendría que tirarlo, es poco más que un harapo, pero me da pena deshacerme de él.
-¿Podemos hablar un poco antes de volver?- Me cruzo de brazos y espero a que continúe, él suspira como si no supiera exactamente por donde seguir ahora que tiene mi atención. –Quiero decirte que creo que te entiendo un poco, te sientes desplazado y no es culpa tuya,- me asegura. –A Eric y a mí aún hay veces en que nos tratan como a extraños, incluso he oído cosas bienintencionadas pero curiosamente ofensivas a hombres y mujeres bastante agradables.- Se encoge de hombros, -en fin, es típico del ser humano, cuando tiene miedo se vuelve estúpido, el miedo encoge el cerebro.-
-¿A dónde quieres llegar?- Pregunto harto de rodeos.
-Sí, perdona.- Carraspea nervioso, -lo que intento decir, aunque quizá no demasiado bien es que a ti y a mí nos temen aunque por distintos motivos, a mí ahora me temen menos porque me conocen.-
-Lo que piensen de mí me da igual.-
-Lo sé, pero aun así deberías dejar que te conocieran, no por ti sino para que no le tengan también miedo a Cassidy.- Aaron suspira, - porque quizá a ella no le dé igual.- Se acerca un par de pasos, -te digo esto porque seguramente esta noche hagan una fiesta. Intenta integrarte, si ves que no te sientes cómodo y te apetece como segunda opción siempre podéis venir los dos a cenar a mi casa, hago los mejores espaguetis de Virginia.- Dice sonriendo, -creo que eso era todo lo que quería decir.- Asiente para sí dando un par de pasos atrás.
-Gracias,- digo de manera un poco hosca, pillado tanto por la sorpresa de su invitación como por la estupidez de que en Alejandría hagan una fiesta porque nos hayamos unido a ellos.
-De nada, sé que me he metido donde no me llamaban, pero creía que debías pensar en distintas opciones.- Dice al fin subiéndose al coche y poniéndolo en marcha.
En cuanto arranca yo le sigo con mi moto, por la carretera iremos mucho más rápido.
¿Cómo le habrá ido a Cass la mañana? Y más importante, ¿querrá ella ir a esa fiesta? Sinceramente preferiría no salir de la casa, pero tal vez Aaron tenga razón, al estar juntos como me vean a mí también afecta a como la vean a ella.
Mierda de Alejandría, ya vuelve a gustarme menos.
…..
Ojalá fuera fácil, es una de las cosas que más desea, por supuestos sus deseos nunca le han importado una reverenda mierda a nadie empezando por sus padres, el maltratador y la borracha.
Merle siente a Ale como si estuviera a punto de diluírsele entre los dedos… Bueno, eso sería así por supuesto en el caso de que se atreviese a tocarlo.
-Ale.-
-¿Qué?- Le pregunta el español apoyando su codo en la puerta de la casa mirando hacia fuera, quizá perdido en sus pensamientos, quizá esperando a la rubita.
-Yo…- Merle solo había pensado en él, ni siquiera se había dado cuenta de que había pronunciado su nombre en voz alta.
-En serio, ¿qué?- Insiste mirándole fijamente, está vez sin fingir esa puta sonrisa de muñeco Ken que tanto suele ponerle de los nervios.
-Nada.-
Un amago de sonrisa se le escapa a Castillo al escucharle, y a Merle ver eso le parte el corazón, si pudiera volver al pasado para matar con sus propias manos a Ethan aunque eso le costase la vida, lo haría encantado.
-Siempre te preocupas, ¿no es cierto?- La casa está en silencio, son los únicos que no han salido a explorar, en realidad se han quedado para asegurarse de que ningún extraño entre. –Lo siento, de verdad, no… No pretendo ser una carga.- Se disculpa tragando saliva como si le dolieran las palabras.
-Calla la puta boca.- Dice Merle cabreado, apoyándose a su vez en el marco contrario de la puerta al que ocupa Castillo. –No dejas de repetirme que somos amigos.-
-Por supuesto.- Ahora es Merle quien traga saliva nervioso, y es que hoy los ojos de Ale están algo más azules, realmente el mayor de los Dixon no sabe que es peor, si ahogarse en el océano o perderse en el bosque.
Putos pensamientos absurdos, maldice para sí a sabiendas de que no los puede evitar.
-Pues eso.- Se cruza de brazos incómodo, -bueno, ¿y qué te dijo la loquera travesti?- Pregunta incapaz de contenerse por más tiempo.
-Ya estabas tardando.- Sí, Ale le conoce endemoniadamente bien.
-¿Es un maromo no?- Dice demasiado preocupado por el hombre ante sí como para que le importe un carajo ser socialmente educado.
-Es una mujer trans.- Le corrige Castillo con tono cansado.
-Como si es un maniquí con picha y lo llamas tortuga ninja, ¿qué te dijo?-
Ale parece armarse de paciencia, -dime, ¿qué es lo que te preocupa que me haya dicho? Y como sigas llamándola maromo te doy un puñetazo por mamón.-
-Es que es lo que es.- Se defiende empezando a ponerse de mala hostia porque no le conteste.
-Es una mujer. Y una buena psicóloga por cierto, aunque no tengo con quien compararla, nunca antes había ido a terapia.- Dice Ale despacio.
-Sí tú lo dices.- Nota como la boca se le reseca a causa de los nervios.
-Merle, échale huevos,- le pica, -¿cuál es el problema?-
-¿Le has hablado de lo que te hice?- Pregunta al fin.
-No,- responde el otro encogiéndose de hombros sin darle importancia.
-¿Por qué?- Quiere saberlo, bueno, en realidad no quiere pero lo necesita.
-Mierda Merle,- gruñe. –Fue malo, pero no me…- Se lleva la mano al pecho como si algo le apretase el corazón. –No me asusta que vuelva a suceder nada parecido.-
-¿A pesar de lo que siento por ti?- Pregunta sorprendiéndose así mismo al decir las palabras, pero ahí solos, a un metro de distancia todo lo que quiere es saber, saber hasta qué punto le ha perdido o si aún pueden salvarse las cosas entre ellos de la manera que sea. –Porque lo sigo sintiendo,- no es capaz de mirarle, nota un nudo en la garganta que no le deja tragar pero aun así lo dice, -te quiero.-
-Lo sé.- Hay tanta tristeza en esas dos palabras que no puede evitar alzar la mirada hacia él aún a su pesar.
-¿Y entonces como estás tan seguro de que…?- Los ojos de Ale brillan y Merle siente que un yunque le golpea en los pulmones.
-Precisamente pedazo de mamón porque me quieres sé que no me harías daño, aquello fue distinto, los dos sabemos que no tenías otra opción.- Ale se revuelve el pelo con las manos. –Joder, ¿cuántas veces tendré que decírtelo para que me creas?- El mayor de los Dixon no es capaz de contestar, ¿cómo podría? –No te tengo miedo,- insiste el español acercándose a él, cogiéndole por el cuello de la camiseta, obligándole a mirarle.
A Merle el aire se le hace pesado en los pulmones mientras piensa que debería, porque ahora mismo todo lo que quiere con cada parte de su cuerpo es que le bese como lo hizo en ese puto hospital del infierno.
-Creo…- Comienza a decir Ale separándose, -tal vez sería bueno que fuéramos juntos, ¿eso te ayudaría?- Pregunta mirándole con duda.
-¿Qué? No.-
-Pues ve solo, pero habla con ella.- Responde serio.
-Ni de puta coña.- Se revuelve retrocediendo al interior de la casa sintiéndose como un animal acorralado.
-Está bien, si no tienes intención de hacerlo por ti pues entonces hazlo por mí, pero hazlo.- Insiste en su petición como si realmente creyese que hablar de lo que tiene dentro con una desconocida pudiera ser útil.
-¿Qué le dijiste? Si no hablaste de lo que te hice, si no me tienes miedo… ¿De qué hablasteis?-
-Durante un rato de nada, solo nos quedamos en su sala de estar bebiendo té, luego la mierda salió sola por mi boca.- Le explica pensativo, -dolió, pero fue más sencillo de lo que esperaba.-
Es consciente de que no le ha contestado exactamente, pero está satisfecho porque el tono de su voz parece aliviado, y que él esté bien es todo lo que a Merle le importa.
-Merle.-
-¿Qué?-
-No te quiero como a ti te gustaría, pero te juro que te quiero un huevo mamón.- Merle tuerce la boca cuando le escucha porque escuece, pero que coño, ya lo sabía.
-Ya.-
-Lo siento.-
-No es tu culpa que yo haya salido maricón.-
-Merle, eres un hombre cojonudo,- dice lentamente como si quisiera grabarle las palabras tan a fuego en el corazón como lo hizo con su beso hace ya años. -Gracias.-
-¿Por qué?- No se atreve a mirarle cuando pregunta.
-Por amarme sabiendo de mí lo que sabes.- Merle siente ganas de golpearle al escucharle porque no lo entiende, es incapaz de hacerlo aunque lo intente, y es que ¿cómo podría no amarle? Fue jodido aceptar esa verdad, no por Castillo sino por él mismo, pero una vez lo consiguió fue evidente e inevitable, igual que quedarse mirando una colisión en cadena en la carretera.
-Si es tu forma de sugerirme que pase página ahórratelo.- Le gruñe de mala hostia.
-Jamás se me ocurriría conozco la cabezonería de los Dixon, sería perder el tiempo… Pero si algún día alguien me desbanca me encantaría ser el primero al que se lo presentases.-
Eso nunca pasará, pero en lugar de decirle eso Merle pregunta. -¿Para qué?-
-Cojones, pues para amenazarle con partirle la espalda si te rompe el corazón, está claro.-
-Qué idiota eres.- Gruñe Merle sonriendo mientras desea que esa psicóloga pueda ayudar a Ale a dejar de hundirse, porque ese hombre de ojos indecisos al que ama merece ser feliz, demasiados infiernos ha conocido ya. -¿Entonces si no tiene polla te la vas a tirar?-
-Merle.-
-¿Sí?-
-Deja de preocuparte por la vida sexual de los demás. Primero Rainbow y tu hermano, luego Gin y ahora yo, voy a empezar a pensar que tienes alguna clase de problema serio mamón.- Eso casi parece una broma.
-¿Serás gilipollas?- Le ladra por encima del hombro, yengo derecho a sentarse en el sofá, tal vez eche una cabezada. Sí, eso suena como una buena idea. –Avísame si alguien intenta matarnos.-
-Hecho.-
Por supuesto, porque puede que la mente de Ale no deje de joderle, pero eso no significa que él vaya a bajar la guardia, no mientras la seguridad de alguien del grupo esté en juego.
Ale permanecerá atento.
Porque él siempre está ahí, lo ha estado desde aquella noche en el GoodCat en la que casi se matan y seguirá estando hasta que Merle la palme, está seguro de ello, no puede ser de otro modo.
Esa certeza es la razón de Merle para ser feliz.
….
No estoy segura de cómo me las he arreglado para terminar sentada en un tronco fuera de los muros de Alejandría con Enid, pero si sé porque, y es que quiero saber…
Saber porque al mirarla el corazón se me arranca en el pecho como si hubiese corrido cinco kilómetros sin detenerme para salvar la vida.
Por otro lado a pesar de ello echo de menos a Carl, no tenerle cerca es más inquietante que mirar mi mano derecha cada mañana al despertar y recordar que me faltan dos dedos.
-¿Así que no me vas a delatar?- Me pregunta Enid con calma sacando un comic de su mochila.
-He salido contigo.- La recuerdo mientras escucho el relajante sonido de las hojas de los árboles al ser mecidas por el viento.
-Sí, lo has hecho.- Enid entrecierra los ojos pero no me mira, solo aprieta el comic más fuerte entre sus manos. -¿Por qué?-
Sé que el amor se puede dar de muchas formas y que el deseo es parte del amor.
Pero no logro entender lo que siento por Carl, porque no quiero que las cosas cambien con él, y sin embargo cuando él pone esa mirada intensa al pensar en algo, yo a veces me quedo perdida en la expresión que toma su cara.
Por otro lado está Enid, y tampoco logro comprender del todo loque implica querer que mis labios se encuentren con los suyos.
Y es que… He oído casi todo sobre lo imposible que es sobrevivir siendo una niña en un mundo de caminantes, pero nadie me advirtió que hacerse mayor sería tan difícil.
Entiendo de muerte, de sacrificio, de crueldad, de bondad, de locura y de esperanza, pero nunca he logrado encajar en la idea de elegir, prefiero luchar por proteger, eso sí que es mi elemento.
-Dos siempre es más seguro.- Respondo sonriendo.
-Puedo cuidarme sola.-
-Salta a la vista, pero no tienes porqué hacerlo.- El silencio crece y no estoy segura de sí he metido la pata. -¿Prefieres que me vaya?-
-No,- dice con más rapidez de la que habría esperado, entonces suspira como quitándose un peso de encima. –Tú lo entiendes… Me refiero a como es estar aquí y luego llegar a Alejandría.- Se explica dándome el comic que tenía entre las manos como una ofrenda de paz.
-Son débiles y no quieres volverte como ellos.- Por supuesto que la entiendo, la debilidad se da la mano con la muerte demasiado estrechamente como para pasarlo por alto.
-Exacto.- Dice con sus ojos cortantes fijamente clavados en los míos pero no me asusta, yo estoy tan afilada por dentro como ella, no puede herirme.
-Ron se cree que es mi novio, o eso le ha dicho a Mike, no sé porque, no le hago ni caso.- Me cuenta de repente dejándome sorprendida.
-Es un cerebro de guisante.-
-Sí.- Una pequeña sonrisa aparece en su cara, pero se desvanece enseguida, si hubiera parpadeado en ese instante me la habría perdido. –¿Carl es tu novio?- Me pregunta mordiéndose los labios, un gesto que capta mi atención como una luz en la oscuridad.
-No lo tengo claro,- digo con sinceridad. –Es mi mejor amigo, pero a veces se siente como algo más que solo eso.-
-Ya pero,- abre la boca ligeramente para humedecer sus labios con la lengua. –Ahora estás aquí, conmigo.-
-Sí.- Respondo pensativa.
-Tal vez podría ayudar a que te confundieras un poco más.- Comenta seria, casi con desinterés.
-¿No deberías ayudarme a aclararme?- Pregunto notando que mi piel se eriza y mi respiración se acelera.
-¿Y que gracia tendría eso?- Sus labios son suaves contra los míos en contraste con sus ojos, pienso con los míos cerrados.
No sé si era esto lo que buscaba al seguir sus pasos, pero me gusta, sus manos van a mi cuello y noto que me falta el aire.
Nuestros dientes chocan y al separarnos nos reímos de forma un poco tonta.
-Culpa mía, no debí girar la cabeza así.-
-¿Soy la primera persona a la que besas?- Asiento demasiado ansiosa por volver a repetirlo. –Tú también eres la primera para mí,- sonríe mirándome la boca, -supongo que ahora siempre seremos especiales en la memoria de la otra hasta que muramos.-
No contesto, pues ahora soy yo quien la besa a ella, más despacio esta vez, cogiendo su cara entre mis manos para ayudarme a guiar el beso y no volver a chocar nuestros dientes.
El beso se prolonga y empiezo a notar calor.
El sonido de unas hojas al ser pisadas nos separa, ambas nos ponemos de pie, el comic y la mochila olvidados junto al tronco.
Saco dos de mis cuchillos y me preparo para lanzarlos, pero el caminante no aparece.
-Era un vivo.- Dice ella molesta recogiendo las cosas, -volvamos antes de que nos acusen de haber salido sin permiso.-
-¿Quién crees que habrá sido?- Le pregunto sin guardar mis cuchillos hasta que no llegamos de nuevo al muro.
-Un adulto está claro que no, nos habría echado la bronca.- Cuando caigo al otro lado ella me está esperando, creí que saldría corriendo camino a la casa en la que vive. –Quiero volver a salir contigo si tú quieres.- Me dice de pronto en un ataque que es bienvenido.
-¿Para besarnos?- Le pregunto para asegurarme ya que es lo que más deseo ahora mismo, volver a repetirlo.
-Sí.- El corazón se me acelera con su respuesta.
-Estaría bien.-
-Genial, ¿mañana?-
-Claro.- Por toda respuesta sus labios se encuentran rápidamente con los míos en apenas un roce antes de marcharse corriendo.
No estoy segura de haber encontrado las respuestas que buscaba, en verdad diría que ahora tengo aún más preguntas que antes, porque al haberla besado no puedo dejar de pensar en si los labios de Carl tendrán el mismo sabor o si serán distintos.
Y tal vez lo más importante, ¿se enfadará cuando se lo cuente? Espero que no, llevo mi mano derecha a mis labios y los acaricio con suavidad, ahora me parecen distintos, más reales, más míos quizá aunque los haya compartido con alguien más.
Es raro y complicado, pero quiero seguir aprendiendo, quiero saber lo que significa lo que estoy sintiendo, puede que me equivocase al tener miedo de que las cosas cambiarán con Carl, a fin de cuentas todo cambia, ¿no?
Yo lo hice para sobrevivir, esta vez sí cambiase sería para algo más importante todavía, vivir.
Y vivir es algo que siempre merece la pena.
…
-Joder, joder, joder, joder, joder.- Entro corriendo a casa, mi madre me llama pero cierro de un portazo la puerta de mi cuarto.
Si papá no estuviera en la enfermería me caería una buena encima.
-¿Ron ha pasado algo?- Me pregunta mi madre preocupada pero sin entrar en la habitación.
-Quiero estar solo.- Grito molesto, incapaz de dejar de pensar en cómo se besaban, la ternura con la que Ginny cogía el rostro de Enid, y Enid parecía tan en paz justo en ese momento, toda su hostilidad habitual totalmente desaparecida. –Mierda.- Maldigo, yo quería estar con alguna de las dos y ellas ahora están juntas o lo que sea. –Joder no es natural.- Repito las palabras que dice mi padre cuando nos cruzamos con Aaron y Eric cogidos de la mano por la calle.
Y si eso vale para dos hombres también valdrá para dos chicas, ¿no?
Joder. ¿Es que voy a tener que ser virgen toda la puta vida solo porque ellas han salido raritas?
-Mierda.- Gruño bajándome los pantalones para liberar la erección que me han provocado.
De modo que así, frustrado, comienzo a masturbarme con el recuerdo de sus labios enredados. –Malditas freaks.- ¿Por qué no podían elegirme a mí?
…
Es genial poder ver a mi hermana correr detrás de una pelota, es algo… Normal.
Ya casi había olvidado lo que eso significaba, pero ella hace que todo brille y que parezca fácil volver atrás, a como era todo antes de los caminantes y del tiro a papá.
A veces creo que ese fue el momento que lo cambió todo, pero sé que no es verdad, que solo lo pienso porque fue así como yo lo viví.
Para cada persona fue distinto.
-Carl.-
-Ouch.- Me quejo cuando Gin me placa haciendo que coma hierba, menos mal que estaba sentado, si me llega a pillar de pie estaría viendo las estrellas.
-Has bajado la guardia.- Me reclama divertida.
-Quítate de encima pelmaza.- Digo siendo tremendamente consciente de la forma en que sus pechos se aprietan contra mi espalda.
-Siempre tan encantador, memo.- Replica riéndose y sentándose con las piernas cruzadas. -¿Y esa pelota?- Pregunta al ver Judith con ella.
-Me la ha dado Denisse, ya la conocerás, es maja, estudia para ayudar a Peter el padre de Ron en la enfermería.-
-Ah, pues que guay.- Dice sin dejar de sonreír.
-¿Y tú? ¿Dónde te habías metido?- No estaba preocupado por ella, de sobra sé que nadie puede pillarla desprevenida, pero sí que se me ha hecho raro pasear sin ella a mi lado.
Ha sido como si me faltase algo, tal vez estoy demasiado acostumbrado a sus respuestas sarcásticas y a sus bromas tontas para encontrarme cómodo solo con mis pensamientos.
-No te enfades mucho.- Me pide mirándome fijamente a los ojos.
Por mi parte al ver lo seria que se pone no puedo evitar mirar a mí alrededor para asegurarme de que no hay ninguna amenaza, y efectivamente no la hay. -Suéltalo.- La animo lleno de curiosidad por saber lo que le ocurre.
-He salido con Enid fuera de Alejandría, hemos saltado las vallas, ella…- Carraspea nerviosa, -ha encontrado un modo fácil de hacerlo.- No la interrumpo, sé que hay más, porque de lo contrario no me habría pedido que no me enfadase con ella, y yo nunca me molestaría porque saliese de aquí. Así que simplemente la miro y espero. –Allí fuera…- Se muerde el labio superior, -nos hemos besado.- Dice de carrerilla.
Yo dejo salir el aire y me giro para mirar a Judith que se ha acercado un poco al estanque de Alejandría.
-¿Y cómo es?- Pregunto inseguro.
-¿El qué?-
-Pues eso, besar.- Por el rabillo del ojo puedo ver como ella se queda mirando muy concentrada la hierba antes de responder.
-Es bueno, suave aunque también puede ser brusco,- se ríe, -nuestros dientes han chocado y ha dolido un poco, pero luego ha estado bien.- Me mira con las mejillas coloradas y un brillo líquido en sus ojos chocolate.
Está preciosa después de haber sido besada, sonrío ante el pensamiento porque lo cierto es que Gin es letalmente bella siempre, pero ahora se ve distinta, como ha dicho ella misma, se ve suave.
-Me alegra, ¿te has aclarado entonces?- Digo sabiendo que la he perdido sin haberla tenido, pero tranquilo porque la veo feliz.
-La verdad es que no,- se ríe. -Creo que ahora tengo más dudas que antes.-
-¿Y eso?- Ella solo sonríe, se apoya sobre las manos y se acerca a mí.
-Quiero volver a besarla, pero también quiero…- Se sonroja pero no desvía su mirada de la mía, -también quiero besarte a ti.-
-Soy mayor que tú.- Digo sabiendo que yo puedo querer más cosas que ella en ese sentido, cosas que quizá llevo reprimiendo un tiempo ya.
-¿Y?- Me cuestiona sin echarse atrás.
-Podría no ser una buena idea, Enid quizá se molestaría.- Comento queriendo salirme por la tangente.
-Ella sabe que eres especial para mí.-
-Yo realmente no creo que… Judith aléjate del agua.- Digo agradecido por el escape.
-Te has enfadado.- Dice seria. –Querías besarla tú, lo siento, no lo pensé.- Se disculpa conmigo.
-¿Qué? No que va.- Tal vez sintiese curiosidad pero no mucho más.
-Querías besarla tú.- Insiste.
-Enid me gusta, sí, pero no es eso por lo que no quiero besarte.- Si no le doy algo que morder no me soltará, así que no me queda más remedio que ser sincero aunque sea incómodo.
-¿Entonces?-
-Gin, me preocupa no conformarme solo con eso ¿vale? Y no creo que tú estés lista para más.-
-Oh.- Sus ojos se abren mucho tras eso.
-Así que como sería raro que me dieras un bofetón.- Me remuevo nervioso. –Dejemos el tema correr ¿vale?-
-Carl,- bufa ella antes de soltar una carcajada. -Eres memo, memo de verdad.-
-Ya.- digo con resignación. -¿Todo bien?-
-Sí.- Parece peligrosamente decidida mientras vuelve a sentarse y rodea sus rodillas con sus brazos.
-¿Por qué será que creo que vas a meterme en algún lío?- La cuestiono con recelo.
-Porque voy a hacerlo.- Admite sin tapujos.
-Gin.- Me quejo y en respuesta me saca la lengua, es una tramposa, sabe de sobra que no soy capaz de defenderme de ella.
-Tranquilo Carl, será divertido.-
-¿El qué?-
-Pues madurar.- Dice con voz de listilla.
-¿Cómo estás tan segura de que será divertido?-
-Porque las aventuras siempre lo son.-
-A veces dan miedo.- Le recuerdo.
-No tienes porque tenerlo, yo te protegeré.- Me asegura.
-Ya, pues ahora mismo la que me asusta eres tú.-
-Como sigas por ese camino de erudito voy a tener que dejar de llamarte memo.- Me dice con fingida preocupación.
-Uuff,- me tumbo en la hierba. –Échale un ojo a Judith y olvídate de mí por un rato, creo que será lo mejor.-
-A eso se le llama escurrir el bulto.- Comenta con retintín.
-No lo negaré.- Respondo colocando mis manos tras la cabeza y relajándome.
No sé qué se le estará pasando por la cabeza, pero se siente bien que sea lo que sea no vaya a dejarme atrás.
No por nada a su lado es donde he aprendido que la vida por arriesgada que sea es también mucho más divertida.
…
-Ey, ¿estás bien?- Me pregunta Rosita mirándome seria. –Llevas como media hora mirando hacia la puerta como una perra a la que su dueño ha abandonado.-
-No me había dado cuenta.- Digo bostezando.
-Imagino.- Me mira preocupada, -¿en qué pensabas?-
-En que hay cosas que nunca cambian.-
-Eso por descontado.- Se lleva las manos a las caderas. –No tienes porqué contármelo pero… ¿Seguro que estás bien?-
-Sí,- digo sonriéndole. –Lo estoy,- me mira no muy convencida, -es de verdad,- insisto. -Gracias por preocuparte.-
-Está bien tener la ocasión de devolverte el favor.- Comenta poniéndose de lado para poder mirar a la puerta si así lo quiere.
-Bueno, no fui de gran ayuda durante la declaración de Eugene.- Le recuerdo sonriendo algo culpable.
-Nadie es perfecto, ni siquiera tú chula.- Me sonríe con complicidad y yo al fin me rindo, sé que no va a seguir preguntando directamente, pero tampoco va a dejarlo correr.
–Spencer no es una buena compañía para una mujer, sobre todo si estás a solas con él.-
-¿Aún tiene huevos?- Me cuestiona apretando sus puños.
-Algo rotos pero sí, de momento los conserva.- Nos miramos serias y rompemos a reír de la nada.
-Se lo comentaré a las demás para que lo tengan en cuenta, ¿se lo dirás a Daryl?- Pregunta con curiosidad.
-Sí.-
-Joder, sí que confías en que no le parta la cara al tipo.-
-Confío en que no lo hará siempre que Spencer se mantenga a una distancia prudente, y después de lo que le he hecho a sus huevos,- hago una pausa recordando la expresión adolorida de su cara. –Te aseguro que tenerme lejos será su deseo cumplido.-
-Y yo pensando cuando te conocí que por ser chaparrita serías tierna.-
-Rosita,- sonrío de lado con picardía, -tú deberías saber que la esencia y el veneno vienen en frasquito pequeño.- De nuevo nos echamos a reír.
-Supongo con razón,- comienza Rosita a decirme mientras se aparta las lágrimas que se le han escapado por la risa, -que no querrás ir a la fiesta.- Finaliza mirándome seria.
-¿Qué fiesta?- Pregunto desubicada.
-Una que van a hacer esta noche en nuestro honor al parecer.- Pone los ojos en blanco al contármelo, muestra inequívoca de lo absurda que le parece la idea.
-Sí puedo evitarlo no me encontrarás allí.- Digo convencida, justo entonces las puertas de Alejandría se abren y por ellas entran Aaron y Daryl, -de hecho pienso enredar a cierto angelito que conozco para que cometa unos cuantos pecados conmigo, así que me temo que estaré ocupada.-
-Disfrútalo chula.- Me aprieta el brazo antes de marcharse.
-¿Te he hecho esperar?- Me pregunta Daryl deteniéndose a mi lado.
Sin preocuparme por ninguna de las personas que nos miran le cojo por el cuello y le beso lentamente, mordiendo su labio inferior antes de que abra su boca para mí como un candado mágico.
Su respiración es pesada, el sudor de su cuello por el calor de Virginia moja mis dedos mientras él me atrae hacia si apretando mi culo con su mano izquierda, y no sé cómo sin interrumpir el beso termino sentada a horcajas delante de él sobre la moto.
-Te amo.- Digo acariciando su nariz con la mía.
-También te amo.- Dice con la voz rasposa. -¿Me he perdido algo?- Sus ojos me estudian con la misma atención que pone cuando sigue un rastro por el bosque.
-Va a haber una fiesta esta noche,- digo abrazándole con fuerza, -no quiero ir.-
-Está bien,- besa mi frente, -creo que tengo otro plan que te gustará más.- Le miro con curiosidad al decir eso, -pero primero voy a aparcar la moto enfrente de casa, luego voy a follarte, y después me contarás lo que ha pasado.-
-Me parece perfecto.- Digo mordiendo el lóbulo de su oreja izquierda.
-¿Qué parte?- Pregunta con interés poniéndose en marcha.
-Todo lo que tenga ver con nosotros juntos.- Confieso cerrando los ojos para disfrutar de su cuerpo contra el mío, y de la moto vibrando bajo mi trasero mientras pienso que por suerte en lo que tiene que ver con él nunca desoigo a mi instinto.
La verdad es que no quiero ni pensar en haber llegado hasta aquí juntos sin habernos enamorado, y podría haber sucedido. Diablos, estuvimos a punto de dejarnos pasar tantas veces, aunque al final este maravilloso hombre me permitió entrar en su grandísimo corazón.
Creo que precisamente gracias a ese salto de fe que se atrevió a dar conmigo hemos conseguido superar todos los obstáculos que se han interpuesto en nuestro camino, y ahora… Ahora el mundo es nuestro porque nadie puede derrotarnos, ya no.
*/*/*
Hola almas Corsarias, lo sé, lo sé, han pasado más de 84 años…
Pero tengo buenas razones para haber estado desaparecida, me corté en el pie en agosto, por lo que perdí el trabajo en el que iba a empezar, pero luego me hicieron una entrevista en otro sitio y me cogieron así que genial, maravilloso y luminoso.
Estoy feliz el ambiente con las compañeras es una fantasía, de verdad que nunca he tenido algo como eso y lo agradezco cada día.
Y bueno, que entre el corte, el drama, recuperarme, empezar a trabajar y estar en mi burbuja he estado desconectada pero yo soy como los psychos de las pelis de los 80 y 90, parece que no estoy y de pronto aparezco muajajja
Así que no, Mi razón no va a quedar inconclusa. Lo que no puedo prometer es una regularidad como la de antes. Sí que cuando suba capítulo lo subiré los jueves, eso no cambiará.
Centrándonos en el capítulo que es por lo que estáis aquí, Merle necesita terapia por lo que pasó en el hospital. Ale sigue adelante como puede que no es poco para él. Spencer ha conocido el lado malo de Cass, Daryl es un pecado andante con ballesta. Y Gin está descubriendo su bisexualidad.
Barato, barato, lleve tres y pague cuatro. Dramas de calidad que os traigo Reinas.
Como siempre espero que el capítulo os haya gustado, besototes for all.
