Capítulo 5: Daozhang

So what if you can see the darkest side of me?
No one would ever change this animal I have become
And help me believe it's not the real me
Somebody help me tame this animal

Animal I Have Become, Three Days Grace


El despertar de un vampiro siempre es confuso. Peligroso. La sed lo abarca todo. Los vampiros pura sangre son capaces de controlarlo, porque sus madres y padres fueron vampiros antes que ellos. Pero los conversos son siempre inferiores, súbtidos de una sed que apenas si pueden controlar.

Primero, los ojos.

La oscuridad lo inunda todo y, sin embargo, el ambiente es insoportablemente brillante.

Luego, la boca.

La sed.

Los colmillos brotan y duelen y Xue Yang grita. Xiao Xingchen lo mira sin inmutarse en lo más absoluto. Lo ve desde arriba y él en el piso. Lo ve como un dios omnipotente vería a una simple hormiga. Benévolo, porque es un dios; con ternura, porque es la criatura que él mismo ha creado. Pero desde un estado superior que nunca alcanzará.

Luego, todo lo demás.

El mundo da vueltas.

—Este es tu castigo —dice la voz de Xiao Xingchen, como un justiciero—, la sed te matará lentamente. Tu deseo está cumplido, Xue Yang. Tu sentencia, también.

Y sin más, se marcha. Da media vuelta y se aleja.

—¡Daozhang!

El alarido se escucha en todo Yueyang y, sin embargo, Xiao Xingchen no se detiene, tan solo pone más distancia entre el vampiro recién convertido y él. Quizá entonces sí le pese lo que acaba de hacer. Xue Yang casi pierde la cordura ante su soledad.

Los habitantes de Yueyang tapian sus puertas. Después de todo, la última vez que oyeron gritos en la casa de los Chang, todos amanecieron muertos. Y los alaridos siguen en la noche.

—¡Daozhang!


La sed es un ente en sí mismo.

Una voz en su cabeza que exige un pago para dejarlo usar su cuerpo y su mente. Lo único que lo hace moverse e intentar librarse de las barreras que, descubre más tarde, Xiao Xingchen instaló en la casa de los Yueyang Chang, donde ya no vive nadie, ni siquiera el patriarca.

No hay nadie, ni una sola alma de la que se pueda alimentar.

—¡Daozhang! —grita.

Creyó, hasta el último momento, que él estaba controlando por completo al vampiro. Que el castigo sería estar unido a él en la eternidad, sujeto siempre lo suficientemente cerca.

No se le ocurrió que un corazón tan desalmado perteneciera a Xiao Xingchen. No se le ocurrió que cumpliría su sentencia final.

—¡Daozhang!

Y entonces, ve a las ratas.

Su sangre es nauseabunda, pero Xue Yang se aferra a la vida, sólo para llevarle la contraria a Xiao Xingchen. Sobrevivirá. Huirá. Lo buscará y le hará pagar aquel abandono por siempre. O se arrodillará ante él para suplicarle que jamás vuelva a dejarlo atrás. No lo ha decidido.

Una, dos, tres ratas. Su sangre sabe a plomo, pero alimenta. Y Xue Yang, se arrastra, decidido a conseguir fuerza.

La sed le ordena. La sed lo mantiene. La sed es él.


Durante meses, nadie escucha su nombre. Cuando llega con Jin Guangyao de vuelta, se enfrenta al látigo que le destroza la espalda. Látigo impregnado con verbena, que evita que su piel de vampiro sane. Aprieta los dientes y jura vengarse de todos los que han intentado tan solo usarlo. Ni siquiera Jin Guangyao le importa —aunque es lo más cercan que ha podido considerar a un amigo— cuando lo compara con Xiao Xingchen.

Dónde estás, Daozhang, por qué lo has abandonado.

Lame sus heridas en Jinlintai, enfrentándose al amuleto del Tigre Estigio. Va hasta los Túmulos Funerarios con tal de encontrar los viejos tratados y anotaciones de Yiling Lazou y se obsesiona con ellos. Ahora que es un vampiro, aunque sea uno impuro, los hechizos y rituales le salen mucho mejor. Consigue descifrar la desordenada escritura de Wei Wuxian y se obsesiona con él, también.

Todo el mundo ha escuchado la historia de Wei Wuxian. Lo llaman Wei Ying, su nombre de nacimiento, con el propósito de arrebatarle toda la dignidad que quizá le quedaba tras la muerte. Cuentan como el discípulo de los Yunmeng Jiang creó el amuleto del tigre estigio con el que derrotaron a Wen Rouhan, capaz de levantar los espíritus de humanos e incluso de vampiros.

Cuentan cómo después se volvió contra el resto de los clanes sólo para salvar a unos pobres desgraciados del clan Qishan Wen. Después de eso, todo había ido en picada para aquel vampiro. Pero Xue Yang se obsesiona porque tampoco era un vampiro puro. Su madre, Cangse Sanren, había bajado de la montaña para enamorarse de un mortal apellidado Wei. Yiling Lazou era una criatura extraña, quizá un híbrido.

No encajaba.

Xue Yang entiende sobre no encajar.

Y, cuando la sed lo deja vivir y Jin Guangyao tiene en sus manos lo que parecían los primeros avances de una reconstrucción del amuleto del Tigre Estigio, Xue Yang decide que es hora de buscar a quien lo había abandonado.

Xiao Xingchen. Daozhang.


Xue Yang se mueve por el mundo con puro instinto. No puede jugar al honor: ese juego siempre lo pierde contra quienes carecen de él y, además, tienen poder. Ganar es huir con más rapidez, fingir ser controlado, aparentar jugar para todos los bandos.

Pero cuando está libre puede seguir la pista de su olfato, intentando encontrar en el ambiente algo que le recuerde a Xiao Xingchen.

Lo abandonó y pagará por ello.

Por eso, cuando encuentra una esencia en el ambiente que destaca por sobre todas las demás, la sigue hasta que prácticamente está en un templo desconocido.

Y allí, alto, digno, de blanco, Xiao Xingchen.

Eterno, también.

El vampiro se tarda en verlo. Xue Yang espera, paciente, porque necesita su reacción. Está solo, alejado del templo vampírico cercano. Y en su soledad, piensa Xue Yang, se ve magnífico: por encima del mundo y de todos, ajeno a todo. Es entonces cuando sus ojos se encuentran y el universo vuelve a tener sentido.

—Daozhang.

No hay necesidad de decir nada más.

«No me morí, aquí sigo, Daozhang, como me hiciste».

Xiao Xingchen reconoce su presencia con la mano sobre la espada cuando Xue Yang ataca. Sus poderes de vampiro todavía no se desarrollan completamente y quizá tiene la batalla perdida, pero lo hace de todos modos. Saca un viejo cuchillo de cazador y lo apunta al cuello del vampiro.

—No creo que quieras comenzar así, Xue Yang.

—Qué sabes tú.

«Si me abandonaste».

No es un antiguo cazador rabioso, sino una creación abandonada. Si Xiao Xingchen pretendía castigarlo, no lo logró. No acabó con el la sed porque Xue Yang nunca dejó qué lo controlara; se aferró con pura terquedad a la vida. Esa no era forma de pagar sus pecados, como sí el quisiera pagar por ellos.

Quería la piedad de Xiao Xingchen, no su abandono.

Un momento el cuchillo apunta al cuello del otro vampiro y al siguiente Xiao Xingchen, experto en defenderse, desvía su trayectoria y lo dirige hasta Xue Yang.

La única estrategia que se le ocurre es dejarse caer para que Xiao Xingchen quede encima de él. Se le da bien pretender que otros pueden controlarlo, fingir la entrega para dar el golpe final. En la caída, se asegura de que el otro vampiro pierda su espada. Cuando cae al suelo torpemente, la patea lejos y, en la confusión, recupera su cuchillo. Quizá Xiao Xingchen no se dé cuenta porque está más ocupado vigilando los colmillos de Xue Yang.

Y, oh, carajo, tiene las manos en su cuello.

—Quizá deberías aprender que si llegas amenazando a alguien —dice Xiao Xingchen con la voz extrañamente calmada—, las cosas no saldrán como lo esperas.

Xue Yang se ríe antes de que las manos aprieten su cuello un poco más, dejándolo sin aire.

Ahorcar a un vampiro no lo mata, pero si es impuro, sí lo debilita. Aquellos vampiros que nacieron humanos nunca olvidan cómo respirar.

—Oh, Daozhang, no sabes lo que esperaba encontrarte.

Y hunde el cuchillo de los cazadores, untado con esencia de verbena, en las costillas de Xiao Xingchen.

La reacción es instantánea. Las manos se relajan y Xue Yang puede volver a respirar. El rostro del vampiro muestra sorpresa, como si hubiera dado por hecho que estaría a salvo con Xue Yang, porque siempre había conseguido imponérsele. Incluso lo había arrastrado, amarrado, tras de sí.

Pero Xue Yang es una bestia herida que tampoco puede creer lo que hizo. Saca el cuchillo por instinto y ve la sangre del cuerpo de Xiao Xingchen brotar. El cuerpo del vampiro, con la túnica blanca, cae pesadamente sobre él.

—Ahora no podrás volver a abandonarme, Daozhang…

Intenta sacarse el cuerpo de encima y nota que el vampiro está demasiado débil. Eso es finalmente lo que lo asusta.

La perspectiva de perderlo.

—¡No puedes morir ahora, Daozhang! —grita y el alarido se oye por todas partes.

Pero Xiao Xingchen alza la vista como puede y extiende una mano, intentando tocarlo. Como si por primera vez viera todo el horror que es Xue Yang a la cara.

Qué tierno momento, piensa Xue Yang. Una de sus manos está llega de sangre y la pasa por la mejilla de Xiao Xingchen, dejando allí la marca.

—Oh, Daozhang, no puedes abandonarme… —Sonríe con una mueca.

Es entonces cuando algo lo interrumpe. Apartan a Xiao Xingchen —apenas consciente— de encima de él y alguien lo agarra.

—¡¿Qué le hiciste?! —grita una voz.

Suena conocida, pero Xue Yang no la recuerda.

—¡¿Es un cazador?! —grita alguien más.

—¡Tiene un cuchillo, pero también colmillos…! —Otra vez esa voz conocida. ¿De dónde será? Xue Yang intenta restarle importancia al no recordarla, sólo tiene ojos para Xiao Xingchen y la caricia de sangre que descansa en su mejilla.

—¡Apártalo!

—¡No, Daozhang!

Acaba de encontrarlo y no va a perderlo de nuevo. Quiere reclamarle el haberlo dejado a morir.

Y entonces ocurre algo que quizá más tarde Xue Yang verá como inaudito, aunque no entienda por qué: Xiao Xingchen alza la vista y clava los ojos en alguien detrás de él. Su voz se asemeja a la de una súplica cuando abre los labios y deja salir algunas palabras.

—Zichen… —dice—, déjalo. —Y entonces clava sus ojos en Xue Yang y allí está de nuevo, aquella mirada de reconocimiento ante el horror que le pone los pelos de punta—. Es mi responsabilidad. Llévalo al templo. Yo me encargaré.

—¿… Qué? —Allí está la voz y Xue Yang por fin la reconoce. Song Zichen, el perro guardián de Xiao Xingchen.

—Xue Yang es mi responsabilidad, Zichen —repite Xiao Xingchen, a pesar de la debilidad y de que tiene una mano deteniendo el flujo de la herida—; yo me haré cargo de que no vuelva a repetirse.


Notas:

1) Estoy total, completa y absolutamente segura de que no actualizaré antes del 25 por cosas, a menos de que se alineen los astros. Pueden volver a releer todo el fic en lo que yo adelanto capítulos y vuelvo con las energías renovadas.

2) Creo que la estimación de 10 capítulos es correcta. Aunque a decir verdad, ni idea de a donde va este fic. Yo voy con él, nos lleva el tiempo.

3) El arte que ha salido de Yi City del donghua: *chef's kiss* me urge verlo.


Andrea Poulain