Capítulo 8: Ternura
A fallen angel in the dark
Never thought you'd fall so far
Fallen angel, close your eyes
I won't let you fall tonight
Fallen angel
Fallen Angel, Three Days Grace
Los dedos de Xiao Xingchen son suaves y Xue Yang no sabe cómo reaccionar a ellos. Esperaría su mano en el cuello, el agarre firme con el que antes tantas veces le ha impedido moverse, pero no las yemas de los dedos del vampiro sobre sus mejillas. Se detienen en sus labios, suaves de nueva cuenta, ya no partidos.
No se atreve a buscar los ojos de Xiao Xingchen y teme por primera vez encontrar piedad en ellos. Ya ha temido la crueldad infinita que a veces puede adivinarse entre sus pupilas; se ha enfrentado al abandono absoluto. Ha odiado a Xiao Xingchen y ha deseado controlarlo. Aquella piedad es algo nuevo. Y sin embargo, recuerda estar por primera vez frente a él y pensar que, quizá si la misericordia tuviera el rostro de Xiao Xingchen, se pondría de rodillas ante ella y le confesaría todos los pecados de los que no se arrepiente.
Así es como sus labios se separan un poco y sale tan sólo una palabra de ellos.
—Daozhang…
—No hables demasiado. —La voz de Xiao Xingchen es firme—. Aun tienes seca la garganta.
—Daozhang… —insiste, de todos modos.
Un dedo se posa en tus labios.
—Espera —dice Xiao Xingchen. Es una petición, pero su voz suena como una orden—. Todo estará bien —asegura.
«Todo estará bien».
Xue Yang repite las palabras en su mente, una por una, con pausas. No le sorprende descubrir que es la primera vez que alguien se las dice de aquella manera; nunca ha conocido el calor de un «todo estará bien» escondido entre los brazos de alguien más.
Los dedos de Xiao Xingchen dejan sus mejillas y se concentran en sus muñecas, ya sin los grilletes. La piel está sanando porque es un vampiro, después de todo. Pero es tan sólo un neófito que no es de sangre pura, así que el constante roce de los grilletes todavía es notorio en ellas. Xiao Xingchen lo suelta un momento para alcanzar algo que tiene a un costado.
Xue Yang no ve qué es hasta que Xiao Xingchen empieza a envolver sus muñecas con la tela suave de una venda.
—Así será más rápido —explica, con la voz firme de siempre, como si fuera incapaz de perder la compostura.
Así es cómo Xue Yang examina su rostro anguloso, afilado, quizá hasta aristocrático en algún punto pero con la humildad de la que carecen todas las sectas poderosas de vampiros. Los labios que parecen siempre rígidos, como si sonriera poco. ¿Se le harán hoyuelos al sonreír? Los ojos fijos, profundos, severos, pero también amables.
Tristes, hasta cierto punto.
—¿Daozhang? —Esta vez es una pregunta.
—¿Mmm?
—¿Sientes haber…?
Haberle puesto los grilletes, obligado a arrodillarse, hacerlo permanecer sediento todos aquellos días.
—Mmm.
No es una respuesta, pero los ojos de Xiao Xingchen lo mira con demasiada atención. Como si sintiera haberlo hecho pedazos.
—Ah, Daozhang. —Xue Yang sonríe, atreviéndose a alzar la mano para pasar sus dedos por la mejilla de Xiao Xingchen, que no lo aparta por esa vez—. ¿No te había dicho que a ti te lo permitiría?
Confesar el crimen, someterse al castigo.
Siempre y cuando la piedad lleve la cara de Xiao Xingchen.
Song Zichen no confía en él. Xue Yang lo percibe en cómo lo mira, en los ojos que le dirige cuando Xiao Xingchen lo mete a sus aposentos. Se da cuenta con todos los talismanes de magia vampírica colocados en la puerta de Xiao Xingchen.
—No era necesario —musita.
—Xingchen… —Song Zichen recargado en la puerta de enfrente, con el ceño fruncido, los ojos desconfiados clavados en Xue Yang.
—Sé lo que estoy haciendo —asegura Xiao Xingchen.
—¿Lo sabes?
Xue Yang entre ellos, como un puente insalvable. El cuestionamiento inunda el aire y entonces Xiao Xingchen sonríe por primera vez de manera genuina, intentando apaciguar el ambiente. Sus labios se curvan hacia arriba y se dirigen a Song Zichen —y no a él.
Tiene una sonrisa hermosa, piensa.
Daozhang.
Pero no se dirige a él.
—Confía en mí, Song Lan —dice Xiao Xingchen.
Desea más que nada en el mundo que se dirija a él y que Song Zichen —«Song Lan», pronunciado con una cadencia curiosa— no esté allí para verlo.
«Confía en él, Song Lan», piensa Xue Yang. «Será el mejor error que cometas nunca».
—No puedo salir de aquí.
No es una pregunta.
Los talismanes en la puerta son muy obvios.
—No es… —Xiao Xingchen carraspea, interrumpiéndose—. No es mi templo. Sólo soy un invitado. Hay reglas que…
—No confían en mí.
—No, Xue Yang —confirma—. Por supuesto que no.
Quiere preguntar entonces en qué templo o secta creció, de donde salió. Tiene una idea aproximada, porque muchas lunas atrás se lo dijo Meng Yao —cuando todavía cargaba con ese nombre— junto a una advertencia. «No te obsesiones con él». Xue Yang lo había ignorado.
—¿Y tú, Daozhang? ¿Confías en mí?
Los ojos de Xiao Xingchen se clavan en él, no hay respuesta.
En vez de eso, el vampiro se dirige a una de las esquinas de la habitación de donde toma un cuenco que llena con el agua de un cubo. Se acerca y lo pone a un lado de la cama. Xue Yang no entiende que hace y se queda cerca de la puerta, observando a su alrededor. Hay tan solo un lecho en aquella habitación vacía de decoraciones. Demasiado sobria, muy alejada a lo que estaba acostumbrado a ver en Jinlintai.
Xiao Xingchen se dirige hasta el baúl a los pies de la cama y saca de allí algo que Xue Yang tan sólo puede calificar como un pedazo de tela medio raída.
—Acércate —dice.
Lo dice con la voz que ordena y Xue Yang quiere rebelarse contra ella. No hace ademán de moverse.
—Xue Yang —insiste Xiao Xingchen. Hace una pausa. Aprieta un poco los labios y clava sus ojos en él—. Por favor.
Lo está pidiendo, comprende Xue Yang.
Así que se acerca. Xiao Xingchen le indica que se siente en el lecho y él lo hace, todavía hipnotizado por el «por favor» que nunca ante había oído.
—¿Qué harás? —pregunta.
Desconfía porque es su naturaleza. Una criatura como Xue Yang nunca ha ganado en la vida si no es haciendo trampa.
—Siéntate —pide Xiao Xingchen. Poco a poco empieza a entender los tonos de la voz del vampiro. Las órdenes que no admiten réplica contra aquello que pide.
Xue Yang decide hacerle caso. Por una vez.
Y entonces, Xiao Xingchen se arrodilla.
No es la posición en la que Xue Yang lo imagina. Al contrario. Es el sitio que ocupan los perros guardianes, que siempre ha ocupado él. En Jinlintai, todas las veces que lo arrastraron hasta allí. Frente a los cazadores de vampiros que fueron sus maestros. Frente a los Chang cuando era tan sólo un niño asustado.
—¿Daozhang…?
Pero Xiao Xingchen no dice nada.
Toma una de las botas sucias de Xue Yang en sus manos y jala, dejando libres sus pies. Están sucios, llenos del mismo polvo y lodo de las botas.
—¿Daozhang…?
La crueldad no es desconcertante. Mientras Xiao Xingchen lo mantuvo alejado del mundo, de rodillas y con los grilletes, pudo entender lo que se esperaba de él. La disculpa arrancada de sus labios, aunque fuera a la fuerza y en medio de la desesperación. El arrepentimiento por un solo acto en medio de un océano de herejía.
Pero aquella imagen frente a él, con Xiao Xingchen de rodillas, frente a él, se le escapa.
—¿Tus muñecas están bien?
Han estado vendadas una noche y un día y ahora que el sol se aleja de nuevo, Xue Yang no siente ni siquiera la sombra del dolor.
—Sí, Daozhang.
Antes que a sus pies, las manos de Xiao Xingchen se dirigen hasta sus muñecas y con el mismo cuidado con el que tantas veces ha deshecho los nudos de las cuerdas, quita también las vendas revelando la piel recién curada de Xue Yang.
Levanta un poco las manos del otro, acercándolas a sus labios.
—Lo siento. —Hay una pausa después y Xiao Xingchen agrega—: Era necesario.
Posa en ellas sus labios y Xue Yang se estremece. No está acostumbrado aquello. Es más fácil el látigo cuando uno espera el golpe; Xiao Xingchen es desconcertante.
—¿Daozhang…?
No le queda ninguna otra palabra. Desearía tener alguna expresión sarcástica en la punta de la lengua, dispuesto a interrumpirlo. Pero Xiao Xingchen lo hizo pedazos y ahora está reconstruyéndolo poco a poco. Quebró su ser en busca de un poco de arrepentimiento, como si estuviera buscando la parte más humana de Xue Yang. Y ahora lo rehace, con el toque de sus dedos, esperando que el vampiro neófito confíe en él.
Xiao Xingchen suelta sus manos, se dirige a sus pies. Sus dedos son suaves. También lo es la tela que sumerge en el agua y con la que le lava los pies después.
—Tengo la impresión, Xue Yang —musita, alzando la mirada, buscando sus ojos—, de que nunca nadie ha velado por ti.
No es un error. Xue Yang traga saliva.
—No todos tenemos esa suerte, Daozhang —espeta, con un poco más de acidez de la que pretende—. No todos nacemos vampiros, dioses de este mundo. No todos nacemos con suerte. No todos…
—Xue Yang.
Xiao Xingchen de rodillas. Frente a él. En la posición que Xue Yang desea: con el control en sus manos, aun con las rodillas clavadas en el suelo.
—Daozhang.
—Tengo la impresión, Xue Yang, de que nadie ha cuidado de ti.
Sus ojos bajan y vuelven a clavarse en sus pies. Le da un momento para que procese lo que acaba de decir. No es una mentira. Xue Yang conoce el mundo tan solo a cambio de favores. Nadie le ha puesto un plato enfrente si no se valía antes de sus habilidades o si no planeaba usarlo para algo.
Por eso, quizá, le resulta difícil de creer lo que hace Xiao Xingchen y esboza una sonrisa a medias, sardónica.
—¿Y tú lo harás, Daozhang?
Planea, acaso, domar la crueldad que se esconde bajo la piel de Xue Yang. Jugar al juego que le impuso cuando le propuso convertirse en su perro guardián.
Xiao Xingchen detiene su tarea y los pies de Xue Yang chorrean agua.
—Todos merecen piedad, Xue Yang, misericordia, una mano amable. —Y estira la suya hasta alcanzar su barbilla. Xiao Xingchen se asegura de que lo mire—. Incluso los perros guardianes.
Y así con aquel gesto, cada uno acepta el papel a representar.
Xue Yang atrapa la muñeca de Xiao Xingchen en el aire, antes de que vuelva a sus pies.
—Oh, Daozhang. —Ensancha la sonrisa que tiene—. Sabía que aceptarías eventualmente. ¿No lo dije? Aceptaré el castigo si viene de tu mano.
Los ojos de Xiao Xingchen se entornan un poco.
—¿Y la ternura, Xue Yang?
Notas de este capítulo:
1) Pasan demasiadas cosas en mi vida como para asegurar actualizaciones, pero los capítulos no son muy largos así que estoy procurando hacerme tiempitos. Poco a poco.
2) Xue Yang cuando lo tratan bonito: pantallazo azul, khestapasando, xue dejó de funcionar.
3) Creo que esto marca que ya llevo como dos tercios de fic y me falta un major plot point no más, pero ni diré nada porque luego me equivoco y pasan cosas.
Andrea Poulain
