Hola ¿como están?. Esta es una pequeña historia de la nueva OTP que tengo la verdad es que despues de ver la serie llegaron a mi cabeza muchas ideas lindas sobre este par asi que espero que lo disfruten, ademas en unos días leeré el libro para poder tener mas material y escribir historias mas largas de varios capítulos, drabbles o viñetas.

Después de algunos días ya que el asunto del Armagedón había pasado de moda y las aguas se veían más tranquilas tanto Crowley como Aziraphel podían respirar tranquilos el aire de su querida Gran Bretaña la cual para gusto de los dos aún se conservaba llena de personas, animales y vegetación hasta incluso con un poco de ayuda de Agnes habían podido sobrevivido a las condenas de sus respectivos juicios aunque bueno a decir verdad el único ser que pudo gozar de dicho dictamen fue Crowley quien ahora que lo pensaba un poco nunca creyó que los demonios fueran mas civilizados en el infierno que los ángeles en el cielo como prueba de eso estaba Aziraphel al cual como carnero en el matadero solo lo obligaron a ser consumido por el fuego ardiente. ¿En que momento de la vida las cosas se volvieron de esa manera? Tal vez siempre fue así como un hermoso ying – yang donde debe existir el equilibrio y la dualidad entre dos energías que necesitan una de la otra para poder sobrevivir, pero es que a veces a los petulantes ángeles se les subía a sus celestiales cabezas esa idea de ser los seres que están mas cercas del todopoderoso en especial a Gabriel quien sinceramente solía abusar de su poder, parecía que se le olvidaba que aquella soberbia algún día haría que también cayera. Incluso en varias ocasiones Aziraphel se había preguntado cómo era posible que Dios no lo expulsara del cielo si ella todo lo veía no creía que se le pasara de largo la actitud que el arcángel tenía sobre los demás en especial sobre él tal vez una de las razones era que Gabriel nunca cuestionaba al todopoderosos, pero bueno eso no era asunto suyo y tampoco era como si lo tuviera que soportar todo el tiempo solo lo veía cuando su presencia era solicitada en las oficinas celestiales para alguna junta o informe y Aziraphel estaba muy seguro que por un tiempo no tendría que verle de nuevo.

Por otro lado ahora que el bien y el mal los habían dejado tranquilos tanto Crowley como Aziraphel podían sentirse menos presionados por estar al pendiente de que no los descubrieran en esa relación clandestina que tenían desde hace años aunque siendo sinceros a la serpiente no le había importado tanto ese asunto como al ángel quien antes solía ponerse muy nervioso cuando llegaban a congeniar, la verdad era que al demonio no le gustaba complicarse la vida más bien todo lo contrario estaba ahí para disfrutarla junto al ángel justo como lo estaba haciendo ahora en aquella banca que tenía la mejor vista hacia el lago el cual siempre solían visitar cuando querían comer algún helado o solo ver el transitar de las personas.
– ¿Qué día tan aburrido? – con una voz cansada Crowley si dirigía a Aziraphel mientras se dejaba resbalar por la banca dejando que sus piernas se estiraran hasta que las mitad de sus nalgas estuvieran fuera del asiento.
– Crowley siéntate bien por favor – el demonio estaba seguro de nunca haber visto antes enojado a su amigo aunque no dudaba que alguna vez lo estuviera y él lo hubiera pasado por alto pero aunque sonara grosero él no tenía la culpa sabía que el carácter del rubio no lo dejaba hablar con otro tono de voz que no fuera el de una madre amorosa que siempre trataba a su hijo de manera dulce y que por azares del destino algún día después de una travesura intentaba regañar a su bebé sonando furiosa fallando estrepitosamente en el intento, una voz que incluso en ese momento en el que le disgustaba verlo sentado de esa manera no podía dejar de lado.
– Ángel tus intentos de regaño nunca han servido conmigo – el pelirrojo solía detenerse a veces cuando el rubio se lo pedía no porque le diera miedo, aunque sabía que Aziraphel era un ser tan poderoso como él la verdad era que le causaba algún un tipo de remordimiento ver aquella cara de decepción, un sentimiento que de cierta manera era raro en los demonios por no decir absurdo.
– ¡Compórtate! – Aziraphel sabia que no podía detener a su amigo en ciertas circunstancias y en parte no le causaba conflicto él entendía que aquel demonio tenia que hacer su trabajo, así como él debía hacer el suyo con la humanidad, pero si deseaba por un momento que al menos fuera un poco mas recatado una idea que reconocía nunca iba a pasar.
Y como siempre venia sucediendo desde hace siglos Crowley no haría caso a las palabras del ángel y Aziraphel se haría el ofendido hasta que algunos de los dos propusiera algo como ir a comer que por lo general era la serpiente intentando hacer que el humor del rubio volviera a la normalidad logrando que este sonriera de nuevo como solía hacerlo frecuentemente, a veces cuando Aziraphel estaba comiendo felizmente crepas o maróns el pelirrojo pensaba mientras lo veía el cómo era posible que el todopoderoso hubiera mandado a un ser tan puro como el rubio a la Tierra donde él o alguien más podría corromperlo, tal vez esto también era parte del plan infalible que tenia y que aún no sabían sobre que trataba.
– Oye ángel te puedo hacer una pregunta – si Crowley se ponía a pensar ahora que ninguno era parte de algún bando podría tal vez tentar un poco a su amigo.
– Claro querido – la verdad era que Aziraphel no podía enojarse completamente con el ser que de algún modo paso de ser su enemigo a su compañero en todo este tiempo.
– Más bien no es una pregunta es un comentario, como un cumplido – puede que los demás demonios o alguna que otra persona pensara que él era un ser descarado y quizá si lo era, pero en este momento le costaba trabajo encontrar las palabras adecuadas a lo que quería expresar por que no deseaba que Aziraphel quien lo veía expectante con sus grandes ojos azules saliera corriendo dejándolo ahí sin poder llevar a cabo su plan malvado – Cuando, cambiamos de cuerpo me di cuenta que tienes, un lunar en un interesante sitio de tu cuerpo – la verdad era que Crowley había caído en esa tentación de ver al desnudo la humanidad del ángel nadie tenía que sorprenderse por eso había sido simple curiosidad Aziraphel por siglos fue una de las únicas compañías que acepto gustoso después de su caída y nunca había podido ver más allá de sus manos o brazos que eran blancos como la leche.
– ¡Que desfachatez! ¿Cómo te atreves? – el pelirrojo estaba seguro que ni su hermosa cabellera que tanto le gustaba presumir era tan rojiza como el rostro de aquel pálido ángel el cual de una manera sorpresiva se levantó del banco después de que proceso en su cabeza aquellas palabras que le había dicho. "Diablos" pensó Crowley lo que no quería que pasara estaba sucediendo pero porque si en verdad había escogido las palabras más sutiles que sabía, acaso Dios lo odia más de lo que pensaba, es que simplemente no podía decirle que ese lunar se veía tan sexy estando en la parte de atrás de uno de sus muslo justo por debajo de una de sus nalgas.
– Vamos ángel no es para tanto – siguiendo a su compañero el demonio intento hacer como si sus palabras solo hubieran sido lanzadas al aire porque sí mientras alzaba sus brazos y movía sus manos en el aire – No es como si tu no hubieras visto mi cuerpo también – aunque la verdad era que lo quería incitar para poder ver que otra reacción tendría además de ese sonrojo tan divertido que hasta la punta de sus orejas había llegado.
– Yo-yo no hice eso, es inmoral Crowley – en parte sus palabras tenían razón Aziraphel no había visto por completo el cuerpo de su compañero solo algunas zonas que la ropa no cubría, aunque si podría admitir que tubo la curiosidad de hacer lo que el demonio sin ningún pudor había hecho, "¡Por Dios de alguna manera había profano su cuerpo aquella serpiente!" el ángel estaba muy seguro de ese pensamiento y lo peor era que descubrió ese secreto que lo avergonzaba tanto. Aquella mancha que le hacía sentirse un poco impuro por mas pequeña que fuera, Aziraphel creía que en su entidad corpórea no debía haber ese tipo de cosas por que le recordaba a las imperfecciones que los otros demonios tenían sobre ellos, aunque al parecer Crowley no poseía ninguna por lo poco que había podido observar.
– Pues no creo que lo sea ángel – por suerte para el demonio Aziraphel no había corrido mucho así que pudo alcanzarlo rápido agarrándolo de su brazo derecho para que no huyera y manteniéndolo cerca de su cuerpo pero a una distancia considerable para que no sintiera que su espacio personal estaba siendo invadida – Y tampoco te creo que no lo hayas hecho – Crowley sabia que el rubio era curioso por naturaleza incluso aún se encantaba por las maravillas del mundo aunque ya tuviera seis mil años viviendo en el así que esas palabras para nada las creía.
– Bu-bueno tal vez vi un poco, ¡pero no me sobrepase como tu lo hiciste! – sintiéndose acorralado Aziraphel termino por admitir lo que el demonio ya sabia y es que el interés había sido mucho para alguien como él, empezando por el poder conocer por primera vez donde vivía Crowley, pasando por sus plantas las cuales eran preciosas o esas extrañas estatuas y pinturas que adornaban su apartamento para terminar por su cuerpo, todas esas cosas lo habían hecho querer indagar pero no de la forma pecaminosa en como lo hizo el pelirrojo.
– Así… y dime ¿que viste? – Crowley no se sonrojaría por aquellas palabras eso no iba con él al contrario deseaba saber más de lo que aquel casto ángel había husmeado de cierta manera le hacía sentir nervioso y feliz al mismo tiempo.
– Na-nada en especial so-solo tus plantas, tus libros, tus discos – aun con un poco de tartamudeo Aziraphel intento en ese momento además de desviar la conversación antes de que se le soltara la boca que el pelirrojo no estuviera tan cerca de él por que en verdad le gustaba el aroma de la colonia que llevaba ese día.
– Sí, son hermosas mis plantas el miedo las hace estar verdes todo el tiempo, pero sabes a que me refiero ángel no te hagas el tonto – la verdad era que el demonio comenzaba a desesperarse un poco por la actitud que tenia el rubio quien se encontraba muy nervioso aunque sabía que tal vez no debería presionarlo tanto.
– Pu-pues tu… para mi sorpresa no tienes escamas que cubran tu piel humana ya-ya sabes por lo de las serpientes y bu-bueno tienes lo que los humanos llaman "un buen cuerpo" – Aziraphel había tardado un poco haciendo una pausa antes de soltar aquellas palabras que trato de no tartamudear tanto, buscaba la forma correcta en decir las cosas para que no sonaran indecentes sintiendo en el proceso como su cara volvía a estar caliente por la vergüenza de admitir en frente de su amigo que este tenía un cuerpo llamativo.
"Un buen cuerpo" pensó Crowley, esas palabras resonaban fuerte en su cabeza yendo de un lado a otro como el eco la verdad era que no esperaba aquello pero tal vez gracias a eso podría dar un paso más atrevido para que por fin Aziraphel se diera cuenta que él sentía algo más que solo amistad y es que después de seis mil años no podía solo ver a ángel como un compañero, lo había tratado de verdad, pero las cosas eran que Aziraphel con el tiempo además de ser un consuelo para su desdichada alma se convirtió en un razón para seguir viviendo en la Tierra entre la humanidad. Así que mientras sonreía Crowley tomo con su otra mano el brazo izquierdo del ángel para poder tenerlo sujeto frente a él sin que se pudiera mover para escapar, acerco su cara a la del rubio hasta que sus narices se tocaron para que este escuchara claramente lo que le diría – Sabes ángel tal vez se me antoje volver a ver ese interesante lunar tuyo – le sentencio pasando su lengua por sobre los rosados labios de Aziraphel sellando tal vez lo que sería parte del plan inefable.