Nota: Los personajes no me pertenecen en absoluto, solo a Akira Toriyama. La trama si lo es, y ha sido por mera entretención y sin fines lucrativos. La historia ha sido subida hace años en bajo el mismo seudónimo, la diferencia es que aquí ha sido mejorada en algunos puntos. Sin más, a leer.
CAPITULO 1: ME LAS PAGARÁS.
"Fuiste entrenada para esto. Jamás podrás huir de tu pasado ni de lo que has aprendido toda tu vida. Lo llevas en la sangre que corre por todo tu cuerpo. Aunque huyas lejos, tus manos siempre estarán manchadas con la sangre de otros. Nunca dejarás de ser lo que eres: una asesina".
-Lo sé, ya no necesitas recordármelo, Freezer. –Manifesté molesta. Llevaba un buen rato en su oficina y realmente mi cabeza comenzaba a punzar. Ese grado de molestia a solo él la podía provocar y ya estaba hartándome-
-En ocasiones es necesario, Bulma. –Bebió pausadamente un poco de brandi que quedaba en su vaso, haciendo chocar los cubos de hielo contra el fondo del objeto al estar vacío- Sabes que en este trabajo no puedes vacilar, ni pensar demasiado. Solo debes apretar el gatillo de tu arma y borrar toda evidencia que te involucre.
-Sé perfectamente las reglas y repito que no necesitas repetirlo. –Me puse de pie de aquel asiento en el que me mantuve fija por eternos minutos, con claras intenciones de retirarme-
-Entonces, ¡explícame por qué no terminaste el trabajo! –Me agarró del brazo para luego acorralarme contra la pared. Todo en menos de un jodido parpadeo- ¡Responde, Bulma!
-Porque era solo un niño, Freezer. –Lo miré con desprecio, omitiendo el resentimiento de mi espalda tras chocar contra la pared- ¡Él no tenía culpa de los errores de su padre!
-¡Eso a ti no te incumbe, mujer! –Siguió apretando mi brazo aun con mayor fuerza. Por un segundo crei que él deseaba que fuese mi cuello y no mi extremidad- Tú tienes que hacer lo que se te ordena, ¡y punto!
-¡Déjame en paz, maldita lagartija! –Me zafé de su agarre de manera brusca, haciendo que como reflejo él alzara una ceja, casi divertido por mi movimiento- ¡De todos modos Sheila hizo el trabajo sucio antes de morir!
-Como si tu trabajo fuera muy limpio, Bulmita –Comentó de manera sarcástica, riéndose de paso mientras se alejaba un poco de mi-
Eso fue la gota que rebalsó el vaso. Nadie se reía de mi, ni siquiera él. Desenfundando el arma que mantenía oculta en una de mis botas, le apunté sin dudarlo dos veces.
-La diferencia es… –Freezer detuvo su andar cuando percibió el sonido del seguro siendo quitado en el arma- que yo tengo límites y tú no, lagartija.
Sus ojos observaban imperturbables la escena. Creo que por un momento su cerebro fue desconectado. Antes de que pudiese preguntar qué estaba haciendo, le informé:
-Renuncio.
-¿Renuncias? –Repitió frunciendo su ceño, hasta que estalló- ¡No puedes!
-Sí, ya lo tengo decidido y sabes que no puedes hacer nada al respecto. -¿Ahora quién reía, idiota? Por fin sería libre-
-Pues, entonces baja y entrega el arma. –Ordenó hastiado, bajando su tono de voz. Algo muy poco común en él- En este trabajo se necesita gente competente y no estúpidos sentimentales y debiluchos como tú.
-¿Y tú dices llamarte "gente"? –Me reí en su cara. No había ser más inhumano que él en el planeta, incluso en el espacio exterior.- ¡No me hagas reír, Freezer!
-Baja esa arma. –Un ligero tono de amenaza iba camuflado en esa oración, mientras daba un par de pasos en mi dirección, alzando las manos en señal de paz- Sabes que puedo arrebatártela si quisiera.
-¿En serio? Entonces, ¿por qué no vienes y lo intentas? –Sonreí de medio lado sin cambiar de posición. Ya no era la misma niña de antaño. Ya no era débil e ilusa. El único motivo por el cual no disparaba era para no llamar anticipadamente la atención de los guardias–
-¿Crees que no lo deseo? –Contestó sonriendo de esa forma tan sádica que le caracteriza- Solo piénsalo: Sé con certeza lo peligrosa que puedes llegar a ser y estoy consciente que eres capaz de destruir toda la agencia en un par de minutos. –Comentó bajando las manos. Ya no era necesario la actuación- Fui tu maestro. Eres mi mejor creación. –Agregó lo último con cierta petulancia-
-No hables estupideces. –Le corté el rollo- No soy ninguna creación tuya, ni nada por el estilo. –De solo recordar cómo fue que llegué a este rubro mi ira acrecienta- No porque me hayas enseñado algunos "trucos" significa que recibes todo el crédito. Y para no perder el tiempo, deseo irme, pero no antes sin recibir mi paga por el trabajo realizado.
-¿Así? ¿Solo eso? Mejor para mi. –Se encaminó hacia su escritorio, dándome la espalda erróneamente. Estaba muy equivocado si pensaba que podía engañarme. Había un arma en uno de los cajones y sabía que me asesinaría en cuanto tuviese la oportunidad-
-Bueno, ya retírate. –Dijo algo sudado por la tensión del momento-
-¡Hey! –Articulé con el cañón del arma contra su nuca- Las manos donde pueda verlas. Ni creas que me engañarás como a Saori. Aléjate despacio. -Hizo lo que le pedí, alejándose del mueble unos cuantos pasos– Ahora arrodíllate, y baja la cabeza hasta que yo te lo indique. Un movimiento en falso y mueres, ¿entendiste?
Un chasquido de su boca me hizo saber que lo había comprendido a la perfección. Busqué rápidamente el dinero en los cajones, donde encontré una suma considerable. Diablos, esa suma de dinero me vendría muy bien. ¡Vine buscando cobre y encontré oro! Guardé el sobre de mi paga en mi chaqueta negra, mi favorita, debido a que se amoldaba cómodamente a mi figura. El otro dinero lo guardé en todo lugar disponible para almacenarlo: pantalones y botas.
-Gracias, Freezer. –Le guiñé el ojo para provocarlo mientras terminaba mi cometido- Mi paga vino con aguinaldo de regalo.
-Me las pagarás, Bulma. –Dijo lleno de odio, aun en la posición en que le ordené momentos antes. Podía distinguir perfectamente el sonido de sus dientes rechinando- Lo juro.
-Espero ese momento con ansias. –Le golpeé la cabeza con la parte trasera de la pistola, dejándolo inmóvil el tiempo suficiente para irme de ese lugar-.
Lo encerré en su oficina, imaginándome la cara de esa largatija lanzando maldiciones, cuando se diera cuenta que había destruido horas antes la alerta de seguridad. Salí del lugar que me vio crecer, despidiéndome de los guardias con los que me he relacionado más de la mitad de mi vida, ignorando completamente el hecho que "su jefe" estaba inconsciente contra el piso y que había sido víctima de un robo.
No volvería a la ciudad nunca más. Mi cabeza tendría un precio, eso lo daba por hecho, pero sería muy difícil que me hallaran. No le daría las cosas fáciles.
Viajé varias horas en mi automóvil, llegando a un lugar que se encontraba cerca de la frontera del país. El lugar era hermoso y pacifico, un paisaje rodeado por árboles verdes que guiaban el camino. Tras adentrarme más en el bosque, me bajé del auto para guardarlo en una de las capsulas que yo misma había creado. Eso impediría que me localizaran. Seguí caminando alrededor de media hora, hasta encontrar una pequeña cabaña, mi antiguo hogar.
Al entrar, sentí la calidez de esta a pesar del gran frío que se comenzaba a sentir en el ambiente. En el sillón se encontraba durmiendo un pequeño niño de ocho años. Su semblante era tranquilo al igual que su respiración. Envidiaba el no poder dormir como él. Siempre debía estar alerta. ¿Cuándo fue la última vez que tuve un sueño así? Lo recordaba a la perfección y la realidad me seguía golpeando la razón y el corazón.
-¿Gohan? –Moví un poco su hombro, no muy rudo para que no se asustara. Después de todo lo acontecido había que ser muy cuidadosa- Gohan, despierta.
-¿Bulma? –Dijo frotándose los ojos, enfocándose en mi cara al cabo de unos segundos- ¿Qué sucede?
-Debemos irnos, pequeño. –Le informé mientras lo cogía entre mis brazos para cargarlo-
-¿Por qué? –Se acomodó contra la curvatura de mi cuello, aún somnoliento- ¿No podemos quedarnos un poco más?
-No. –Cerré la puerta tras nosotros- Porque vendrán por nosotros y prometí protegerte, Gohan.
Había dado mi palabra y lo haría. Protegería con mi vida a ese niño, el causante de mi traición.
