Flor y fuego
Magnus se encontraba atónito ante la confesión del líder taonia, aunque, eso explicaría muchos eventos extraños que se suscitaron a lo largo de su vida.
-Yo solamente conozco una parte de la historia, lo más importante lo sabe Roulan. He intentado por mucho tiempo que hable conmigo al respecto, pero siempre se niega.-Dijo Cheng.
Sin esperar autorización o consentimiento por parte de alguien más, Magnus abandonó la habitación y comenzó a avanzar sin rumbo fijo, abriendo cada puerta que veía. No podía encontrar a quien estaba buscando, hasta que un extraño presentimiento lo guió hacia el patio trasero en el que los aprendices mas nuevos solían entrenar. Ahí se encontraba aquella persona, había tomado asiento sobre una roca y olfateaba una bella peonia con los ojos cerrados.
-¿Se les ofrece algo?-Preguntó, con una voz llena de dulzura y de ironía a la vez.
Lo ambiguo en su apariencia y lo tenue de su voz hacían que Magnus no supuiera qué responder o cómo referirse a dicha entidad de manera respetuosa. Tomando aire simplemente dijo: -La verdad sobre la descendencia de Zhou Qiang.-
Roulan comenzó a avanzar hacia ellos y despedazó la bella flor con una de sus manos, dejándola caer al suelo y pisándola en el camino. -Primero deberíamos hablar un poco sobre la verdad de nuestro líder.-Dijo, esbozando una sonrisa.
Cheng lo desafió con la mirada, sabiendo que esa verdad que tanto se esforzaba por ocultar le terminaría costando el respeto de todos aquellos a los que dirigía. Sin embargo, una guerra estaba en proceso y no podían darse el lujo de perder a aliados tan importantes por circunstancias del pasado. Completamente resignado y sintiendo que ya no tenía nada que perder, el líder taonia asintió, permitiendo a Roulan revelar la verdad.
Los ojos del susodicho se iluminaron con un destello blanco y todo el paisaje que los rodeaba comenzaba a cambiar, era como si estuvieran siendo transportados a un lugar y tiempo lejanos. Justo así era, todo se veía más antiguo y extraño que en el presente. Magnus se sintió profundamente sorprendido al ver a un hombre idéntico a él. Parecía controlar el cauce de un río haciendo que el mismo se evaporara. Se encontraba luchando contra un enorme monstruo que amenazaba con destruir una pequeña aldea.
Ese monstruo era conocido entre los aldeanos como Gong Gong, quien controlaba aquel río y cualquier cuerpo de agua cercano. Este ya había arrazado por completo con un lugar llamado Monte Buzhou, así que aquel misterioso guerrero quería frenar toda esa destrucción sin sentido. Con una espada ardiente como el fuego, el guerrero cuyo nombre real era Zhu Rong, logró atravesar la gruesa coraza del monstruo, derrotándolo por fin. Pero, este no se iría de este mundo sin antes lanzar una maldición sobre aquel que acabó con su vida.
Con su último aliento, aquella bestia proclamó: -Tendrás un hijo que será como yo y será a través de él que volveré a este mundo para acabar contigo.-
Temiendo a aquella maldición, Zhu Rong pidió a los cielos el ser despojado de todo su poder y vivir como un humano normal, pensando que de esta manera podría escapar de ese destino. Así pasaron muchos siglos y el antiguo dios del fuego tuvo muchos nombres y muchas vidas, en las cuales nunca tuvo la oportunidad de formar una familia como tanto deseaba luego de pasar tanto tiempo entre los humanos.
En una de sus vidas, la cual no sabía sería la última, conoció a una joven doncella del humilde clan Wang. Ella se dedicaba a leer la suerte nada más, pero su noble corazón logró cautivarlo por completo. Como si de un hechizo se tratara, Zhu Rong quien ahora se hacía llamar Zhou Qiang, había quedado completamente enamorado de dicha dama. Creía que al ser un humano, esa maldición de su vida como dios no lo alcanzaría, pero la incertidumbre siempre le robaba el sueño durante las noches que pasaba al lado de su amada.
Más temprano que tarde, una oráculo del clan Wang dio una profecía a aquella chica: ella daría a luz a una niña que sería capaz de tener las visiones más certeras, tanto que ni los dioses podrían escapar del destino que ella fijara para ellos. Dicha profecía no pasó desapercibida para el señor Zhou, quien no tardó en partir de aquel lugar, temiendo concebir con aquella muchacha y traer desgracia al mundo que tanto se esforzó por proteger. Se fue sin saber que ya había sucedido, en el vientre de la joven Wang ya crecía la semilla de aquel amor.
Lo que no sabía nadie, es que la pobre Wang Yi había recibido esa profecía desde hace mucho y cada vez que intentaba concebir, nacía un niño que siempre era separado de ella y su destino seguramente era mortal. Los meses pasaron, hasta que aquella criatura que compartía sangre con Zhou Qiang por fin nació. Era otro niño, pero Yi hizo lo impensable para que no lo separaran de su lado. Aunque creciera, su voz nunca sonaría como la de los demás chicos, seguiría siendo dulce y bella como la de una dama. Todavía quedaban vestigios de lo que era realmente, pero estos quedaron ocultos gracias al conocimiento de talismanes y magia oscura que la chica poseía. Roulan era su nombre, el nombre de una orquídea.
Roulan creció y se convirtió en aquel oráculo que todos habían profetizado. Tenía solamente 6 años cuando su madre falleció y durante su funeral, vio a un extraño hombre acercarse a su tumba, ese era Zhou Qiang. El llamado de la sangre era muy fuerte entre ambos y el mayor sintió un gran alivio al darse cuenta de que se trataba de una niña, pero un mal presentimiento le impidió quedarse a su lado. Antes de partir le dijo: "Sé más fuerte de lo que los demás esperan, así nadie podrá ponerte una mano encima."
La pequeña orquídea sabía muy bien que se trataba de su padre biológico, dato que su madre había revelado en su lecho de muerte. Se resignó a continuar con esa vida hasta que cumplió 10 años, edad en la que la mayoría de las chicas de su clan eran prometidas en matrimonio. Todo estaba arreglado para que un nomble del clan Xiao la tomara como esposa, pero las cosas no resultaron como lo planeado por su madre. La matriarca de aquel clan descubrió que todo ese tiempo, Roulan solamente había sido un chico mutilado por su progenitora para poder salvar su vida, hecho que le pareció imperdonable.
Aquella mujer, teniendo la fama de ser despiadada, envió a sus subordinados a encargarse de aquel clan de mentirosos. El temido clan Hwaa fue quien se dio a la tarea de exterminar a los Wang y todo lo que quedara de ellos. En una escena que Cheng recordaba vívidamente, él corría con su espada mientras acababa con todas esas personas al lado de su padre, Hwaa Ning. Un joven Cheng entró a la pequeña cabaña en la que se refugiaba Roulan y al ver aquella pequeña e indefensa figura, no tuvo el valor de acabar con ella. Tomó su mano y la escondió en una cueva que ni siquiera su padre sería capaz de encontrar.
Así pasaron los años de la historia como todos la conocían hasta entonces: Cheng se convirtió en caballero de Libra y estuvo lejos de todo aquel conflicto durante muchos años. El clan Song y muchos taonia fueron masacrados, pero lo que muy pocos sabían hasta ese entonces era que Roulan había sido quien les ayudó a ocultarse en el lugar en el que ahora habitaban. La visión se esfumó y los trajo a todos nuevamente al presente. Magnus se sentía paralizado, sentía como si otra vez no tuviera una voz.
-Años después encontré una carta escondida de mi madre. Ella dice que hizo lo que hizo para evitar que Zhou Qiang me matara. Iba a ser algo así como las profesías de los titanes y de los dioses, aquellos que devoraban a sus hijos, temerosos de que estos los derrotaran y dominaran el mundo.-Pronunció Roulan.
Algunos taonia los rodeaban, algunos murmuraban mientras observaban a su líder y este no tuvo más remedio que hablar. -Sé muy bien lo que ustedes acaban de ver y lamentablemente tengo que decirles que es verdad. Soy Hwaa Cheng, hijo de aquel desgraciado verdugo llamado Hwaa Ning.-Su voz comenzaba a temblar. -Me alejé de todo esto esperando un destino mejor, pero no esperé convertirme en el líder de los enemigos de mi padre. Siento vergüenza desde ese día y desde hace poco he pensado que lo mejor sería dejar este cargo a alguien más.-
Zhang sacudió la cabeza en señal de confusión y pidió permiso para hablar. -Nosotros estamos conformes con nuestro líder. Todos aquí tenemos pasados trágicos o hemos cometido errores terribles. Todos saben que aúm me culpo por la muerte de mis padres... pero ha sido usted quien me ha dado la fuerza para no dejar que eso me arrastre.-Confesó el muchacho.
-No puedo seguir con esto. Mantuve a Roulan como prisionero durante un tiempo porque sabía muy bien quien era y temía que quisiera cortarme el cuello mientras dormía. Ojalá lo hubiera hecho...-Tras pronunciar esas palabras, Cheng quiso salir del patio, pero una inesperada voz lo detuvo.
-¡Hwaa Cheng! Hablo en nombre de todos a los que diste un hogar cuando digo que has sido un gran líder. Gracias a ti aprendí a no temerle al poder que hay dentro de mí.-Era Jingfei, a duras penas estaba de pie y sus ojos habían quedado irremediablemente dañados al parecer, pero estaba allí tras haber tenido esas visiones también.
Roulan mostró una pequeña sonrisa y posó su mano sobre el hombro de aquel que le salvó la vida años atrás. -Si hubiera querido matarte, lo habría hecho aquella tarde lluviosa en la cueva. Bajaste la espada y te quitaste tu armadura, me diste tus vestiduras para que no tuviera frío. Estabas tan indefenso y concentrado en mí que no te diste cuenta de la enorme daga que ocultaba en mi faja.-Confesó.
Cheng le devolvió la mirada, un tanto confundido y a la vez aliviado, sintiendo una tranquilidad y comodidad que nunca pensó experimentar. Tal vez otro día daría respuesta a ese extraño sentimiento que revoloteaba en su interior. Su repentino cambio de semblante hizo saber a Roulan que pronto debían hablar, pero ese no era el instante.
Diana se acercó para intentar despertar a Magnus del shock en el que se encontraba y tomando su mano ella dijo: -Magnus, tienes un hermano mayor ¿Ves?-
El chico seguía sin poder creer lo que sucedía y antes de que pudiera hablar, quien ahora se sabía como su hermano lo envolvió en un cálido abrazo que fue rápidamente correspondido por el guardián del onceavo templo zodiacal. Ambos derramaron lágrimas, pues por mucho tiempo pensaron que no tenían a nadie más con quien compartieran lazos sanguíneos. Tras romper aquel contacto, Magnus tendría algunas interrogantes, para las cuales necesitaba una respuesta.
-Yo soy ese hijo que ese demonio intenta utilizar para destruir este mundo ¿No es así?-Preguntó él, con la mirada llena de tristeza.
Sin titubear Roulan respondió: -Sí, Gong Gong nunca especificó cuál hijo sería. Nuestro padre pensó que era el primero y por eso, a pesar de pensar que yo era una chica, puso un sello en mi espalda que me impide utilizar todo mi poder.-Explicó.
Entonces, tanto Magnus como Jingfei recordaron aquel collar que por muchos años acompañó al chico. Al ser roto, todo su potencial se desató. Su entrenamiento avanzó más rápido de lo esperado, alcanzó el cero absoluto y descubrió que era capaz de controlar el agua en cualquiera de sus estados. Ese era su sello y fue por eso mismo que Zale y Leandros nunca intentaron quitárselo. Ellos tendrían que haber sabido parte de su historia para cuidarlo de esa manera.
-Luego de tantas visiones y profesías he aprendido algo: todos hemos sido marcados por otros en el pasado, pero somos nosotros mismos quienes decidimos nuestro futuro y nuestro destino.-Dijo Jingfei. -Será un arduo camino para ambos, yo tengo a la entidad del caos y la destrucción dentro de mí, mientras tú tienes a un demonio que intenta apoderarse de tu cuerpo. Hemos superado mucho hasta ahora, juntos podremos con esto también.-Mencionó, con mucha ilusión en su voz.
Se dieron un fuerte abrazo, casi perdonando en silencio cualquier malentendido o rencor que hubiera quedado entre ellos. Aquella aura fría que Magnus emanaba, lograba que las heridas de Fei dolieran menos. Era justo lo que pasaba con él en ese instante, sentía que todo dolía menos ahora que por fin podían darse ese tan anhelado abrazo luego de esos años de resentimiento y confusión.
-Tenemos que buscar respuestas sobre mi herencia. Quiero saber mi verdadero nombre, quiero saber quién es mi madre y si tengo más hermanos allá afuera. Además, también tenemos que sanar tus heridas.-Mencionó Magnus.
-Creo que la respuesta más obvia es que debemos volver al santuario.-Dijo Diana.
Roulan y Cheng parecían murmurar algo entre ellos, llamaron a algunos altos taonia e hicieron una rápida reunión para tomar algunas decisiones. Mientras eso sucedía, Magnus, Diana y Fei permanecían juntos, hasta que la última sin más exclamó:
-¡Fenyang de Virgo va a matarme! Seguro pensará que soy un traidor, un criminal de guerra y dijo que me mataría con sus propias manos si desertaba y volvía a ver mi cara por ahí.-
Diana soltó una pequeña risa. -Eso no sucederá, él no se atrevería a ser tan hipócrita después de todo este tiempo.-Dijo, en tono burlón.
-Suenas muy segura de lo que dices. ¿Hay algo que no nos estás diciendo?-Interrogó Fei.
-Simple, él se convirtió en mi maestro y he conocido más de él de lo que alguien ha podido durante muchos años en el santuario. Solamente diré que él también cometió un acto parecido al tuyo con el afán de salvar a alguien que amaba, todo salió mal y terminó quedando como un traidor.-Confesó Diana. -No creo que tenga la solvencia moral de castigarte a ti por haber hecho lo mismo que él.-
Tras esas palabras, los chicos escucharon como el grupo que se había alejado comenzaba a volver al sitio de encuentro. La recién aparecida Yue los acompañaba y charlaba con ellos. Parecían felices, aunque se podía ver algo de nostalgia en la mirada de Cheng.
-Todos iremos al santuario, es momento de que vista la armadura de Libra nuevamente. Allá terminaremos de atar cabos y los ayudaremos a todos en lo que necesiten.-Dijo Cheng. -Roulan y yo nos iremos de aquí, esto significa que necesitarán a un nuevo líder. Pero en esta ocasión deseo que cada uno elija a quien considera la persona más apta para poder asumir este cargo.-
Los presentes compartieron algunas miradas y en unos cuántos minutos, todas las manos apuntaban a Zhang. Este se sentía completamente sorprendido de que sus compañeros lo vieran como un líder, pues siempre había considerado a su hermano como alguien superior. Era hora de que él diera su voto y ambos hermanos se señalaron entre ellos.
-Muy bien, veo que han decidido. Zhang, yo tuve a Roulan durante este tiempo. Él se convirtió en mi extensión dentro de este templo y sé muy bien que tu hermano será lo mismo para ti. Ambos harán un gran trabajo como líderes.-Anunció Cheng.
Fue así como los dos caballeros de Athena partieron rumbo al santuario junto con el oráculo, el hombre que nuevamente sería caballero de Libra, la pequeña taonia de un tiempo futuro y la guerrera que todavía temía tener que pagar por sus pecados.
Fei hubiera deseado que el camino hacia ese lugar fuera más largo, pero llegaron mucho antes de lo que ella recordaba. Los guardias estaban atónitos al verlos llegar, pero por órdenes del caballero de Acuario, los dejaron ingresar, aunque no sin custodia. Mientras caminaban entre los templos, tuvieron la suerte de que estos se encontraran vacíos, pues seguramente se había convocado a una reunión entre los santos dorados debido al acontecimiento que se suscitaría ese día.
El único templo que tenía un ocupante era el de Virgo, guardián que se unió a ellos para escoltarlos, pero pronto se fue quedando atrás al lado de Diana y parecieron perderse de la vista de todos por un instante, pero la aguda percepción de Roulan logró captar algo que ellos querían parecer ocultar. Sin dudar, susurró al oído de Cheng: -Creo que hay algo entre esos dos, algo que se remonta hasta hace muchos años.-
Este simplemente soltó una pequeña risa, dando un pequeño empujón a su compañero, cuestión que no pasó desapercibida para Magnus. Le recordó mucho a las interacciones que tenían Zale y Leandros cuando creían que nadie los estaba viendo.
La enorme puerta se abrió frente a ellos, el grupo entero se adentró en la gran sala donde los demás guardianes esperaban al lado de la diosa y el patriarca. La deidad de la sabiduría y la guerra derramó algunas lágrimas al ver que aquellos que se marcharon por fin encontraron su camino de vuelta al santuario.
El patriarcia entonces dio inicio a la sesión y pidió a Fei contar su historia o al menos lo que sabía sobre ella. -Mi nombre es Song Jingfei y soy una taonia, hija del rey Handal y la oráculo llamada Song Yue.-Comenzó a decir.
Ella relató los motivos y razones que la llevaron a cometer aquellos actos que a ojos de todos eran considerados como traición, opinión que fue cambiando conforme su narrativa avanzaba. Llegó el momento en el que su historia se entrelazaba con la de Cheng y Roulan, confesando ellos también la participación secreta que habían tenido en esa guerra que parecía haber dado inicio mucho antes de lo que el santuario sabía. El patriarca quedó totalmente sorprendido al ver que tanto Roulan como Magnus compartían lazos. Conocía muy bien el poder el caballero de Acuario, pero le atemorizaba aquel hombre extraño y desconconcido para él.
-¿Qué eres tú? ¿Qué clase de poder tienes?-Preguntó directamente.
Roulan dio un paso al frente y respondió: -Soy un oráculo, mis predicciones nunca han fallado. Además, algunos se han atrevido a llamarme "mago de la mente" debido a mis habilidades psíquicas.-
El patriarca se puso de pie, totalmente intrigado. -¿Algunas predicciones que tengas para los presentes?-Cuestionó
El aludido rodó los ojos en señal de fastidio, pero intentaría ser lo menos específico posible, sabiendo que todo lo que diría era una muy fuerte posibilidad. -Tres caballeros dorados morirán gracias a que uno de ellos es un traidor e intentará asesinar al patriarca ¡Oh! Serán cuatro entonces. Un caballero dorado encontrará a su sucesor.-Comenzó a decir Roulan, mientras caminaba al lado de la enorme mesa y observaba a los presentes. -Sangre real corre por las venas de mi hermano y ese descubrimiento revelará a varios traidores.-Concluyó.
Todos estaban atónitos y luego de unas breves palabras, la reunión había llegado a su fin. Mientras el grupo avanzaba hacia la salida, Roulan tomó a Fei por el hombro y le dijo al oído: -Tuve otra visión, Atlantis te dará una cura para tu ceguera, pero esta no será permanente. La verdadera cura reside en tu interior.-
Confundida, no le quedó más alternativa que seguir marchando al lado de sus compañeros, aunque pronto sería guiada para encontrarse con su antiguo maestro: Zale de Escorpio. Ya había escuchado mucho, pero le debía muchas explicaciones a él también.
