Cap 11: "Nuestro Hogar"
La madrugada cayo y su turno había terminado. Media hora antes, cubrió a su compañero y fiel amigo para que este se retirara y tuviese la oportunidad de convivir con su familia antes de caer rendido, uno de los tantos gestos considerados que le provocaba una sonrisa de satisfacción al saber que contribuía en la felicidad de su mejor amigo. Tan solo le restaba regresar el vehículo al garaje de la estación, pero antes de hacerlo decidió dar una ronda más, para matar el tiempo y no ser consciente de lo que le esperaba al volver.
Acostumbrado a un horario irregular, se mantenía lucido al volante, conduciendo lentamente mientras movía la cabeza hacia los callejones y las partes mas oscuras para corroborar que todo estuviera en orden. Por la hora se daba el lujo de no seguir la ruta marcada y terminaba admirando calles que esbozaban paisajes pintorescos o se detenía en alguna tienda por un refrigerio nocturno. Esa era su intención, hasta que al doblar, algo llamo su atención repentinamente.
Fue tal su impresión que detuvo de golpe la patrulla y de inmediato marco la reversa —¿Que era eso? ¿A caso un fantasma? —Se detuvo a las puertas del cementerio principal, donde claramente percibió una silueta deslizarse entre las lapidas.
Un sudor frío lo recorrió, a cual quiera le habría sorprendido semejante cosa, a esa hora y en un panteón. No obstante, su deber, el morbo, una linterna y su arma de fuego le dieron valor para averiguar si se trataba de una entidad o de algún rapazuelo.
Se interno entre los sepulcros y los mausoleos, con la lampara en una mano y su arma en la otra. La infinita oscuridad y el profundo silencio lo mantuvieron en estado de alerta hasta que dio con la figura, de pie, contemplando una tumba en el olvido, para ese entonces la luz comenzó a parpadear, siendo seña de que estaba fallando.
El policía maldijo entre dientes y comenzó a sacudir el objeto tratando de no perder de vista a la silueta que sostenía un ramillete de flores y se inclinaba frente a la lapida. En ese momento el uniformado cambio un poco de ángulo, pudiendo contemplar el rostro del sospechoso y repentinamente dejo caer su linterna, que al tocar el suelo volvió a brillar directo hacia el intruso.
No podía creerlo, incluso se pregunto por un segundo si estaba alucinando, o si se había quedado dormido al volante y su conciencia lo estaba traicionando.
—¿Hilde? —dijo con los ojos y la boca aun abierta, dando un paso hacia la fémina —¿Eres tu? ¡Si eres tu!
La otra también lucia un tanto sorprendida y pestañeo dos veces seguidas.
—¿Yuriy?…
—Realmente me diste un susto, escabulléndote en un cementerio, creí que eras un fantasma.
—Oh, me alegra que hayas notado que era humana antes de disparar o algo así —dejo salir una risita.
Minutos después del repentino encuentro, el oficial se traslado junto con su conocida hasta un establecimiento que estuviese abierto en el cual podrían comer algo y charlar un poco.
—Me sorprende que me reconocieras —dijo Hilde, jugando con la punta de su pajilla —ha pasado mucho tiempo.
—Quince años — respondió de inmediato.
Ella lo miro impresionada de que llevara la cuenta.
—Suena poco, pero, quince años, es casi una vida.
—Tu también me reconociste a pesar de los años.
—Bueno, ese cabello no lo tiene cualquiera —volvió a dejar salir una risita y estiro su mano para tocar la melena rojiza del otro —Lo usabas mas largo, aunque así se te ve muy bien.
No fue gran cosa, tan solo le había rozado unos mechones, pero fue suficiente para que Yuriy sintiera cosquillas en su pecho.
—…D, dime ¿Por que volviste?
La joven dama sorbió su bebida hasta el fondo produciendo un ruido descortés.
—Creo que pediré otra —se propuso a llamar a algún camarero, pero el policía ya se había adelantado, solicitando con una voz firme, una segunda ronda para la chica. Ella tan solo lo contemplo, permitiendo que el se hiciera cargo.
—¿Que sucede? — la cuestiono al notar su mirada fija.
—No es nada —sonrío —¿Te gusta?
—¿Como?
—Tu trabajo ¿te agrada ser policía?
—Ah, eso, sucede que cuando la BBA y todo lo relacionado a beyblade se detuvo, decidí ir a la escuela de leyes, pero mi padre que todavía estaba vivo enfermo y con mi trabajo de medio tiempo no podría pagar sus cuidados al mismo tiempo que mis estudios, así que opte por la academia —dio un trago a su bebida y prosiguió — Al año y medio que ingrese, papá falleció y me quede a hacer carrera… no me haré rico, pero es un salario estable, ademas, siento que de esta manera igual puedo ayudar a las personas y a la comunidad.
—Lamento lo de tu padre.
—Gracias, yo solo espero que donde quiera que este, encuentre el perdón.
—Tu… ¿guardas rencor?
—No, nunca lo tuve.
Hilde cerro los ojos y extendió una sonrisa cálida, tratando de disimular la pequeña lagrima que se le quería escapar de los ojos.
—Yuriy, eres un buen chico.
La forma en la que ella pronuncio toda la oración, sobre todo su nombre, volvió a darle cosquillas en el pecho, la había escuchado decirlo antes, quince años atrás y la sensación no había cambiado desde entonces.
Se hacia tarde y aunque en el fondo, el no quería despedirse, habría sido grosero mantenerla a esas horas solo para saciar su curiosidad. Incluso, ya se estaban levantando las sillas del lugar.
—Bueno, me dio mucho gusto verte de nuevo —dijo ella, ya estando en la puerta —quizás nos veamos por ahí.
Varias preguntas cruzaron por la cabeza del antiguo miembro de los Blitzkrieg boys, preguntas que deseaba hacerle a la joven, sin embargo, el hecho de que ella venia arrastrando una maleta desde que se la topo en el cementerio, lo obligo a ser un caballero.
—¿A donde te diriges? Puedo llevarte sin problema.
—Eres muy amable, pero no quiero ser una molestia —intento dar un paso adelante y de nuevo, Yuriy la de tuvo.
—No es una molestia, no me sentiría tranquilo de que estés caminando por ahí sola y a esta hora, ya los camiones no están trabajando.
—¿Es así? — Ella mantenía una sonrisa un tanto forzada, mas no por que le desagradara el ofrecimiento de su amigo, sino por que tenia un poco de vergüenza de decirle la verdad.
—Anda, dime donde te quedas, te llevare hasta ahí.
Sin una excusa que se le ocurriera, Hilde se encogió de hombros y bajo un poco la cara.
—Yo, aun no tengo hospedaje, llegue en el vuelo antes de la media noche, planeaba buscar un hotel justo ahora…Si me recomiendas uno, eso me ayudara —rió apenada.
Pudo llevarla a un hotel, estaban cerca de la zona del centro, habría hasta para escoger, sin embargo el agente hizo algo apelando a su propio deseo de no dejarla marchar.
—Mi casa, si no te parece mal, puedes pasar la noche en mi casa y después buscar con calma un hotel que te agrade.
Hilde dudo unos segundos en responder.
—… En verdad, no quiero causarte problemas.
—Esta bien, no te preocupes —insistió, abriendo la puerta del copiloto, nada mas le hizo falta cargarla y arrojarla dentro.
La sonrisa se desvaneció del rostro de Hilde al momento de subir al vehículo, remplazandola por timidez.
—Ah, mis cosas…
—Las pondré en la parte de atrás —estaba muy diligente a todo, no permitió que ella volviera a cargar nada que no fuera su bolso de mano.
—Sabes, habría sido divertido si me hubieras puesto las esposas, je, je —dijo cuando el otro doblo hacia la avenida.
—¿Lo dices por que es tu primera vez en una patrulla?… ¿Hilde?
—Ah, ¡Yuriy ya esta la luz para avanzar!
La casa del antiguo beyluchador seguía siendo la de su niñez, claramente se notaba que había sido arreglada con el tiempo mas no dejaba de dar ese aspecto un tanto austero.
Dentro, la iluminación era un poco débil, el fulgor de las bombillas que pendían del techo dejaba algunas porciones oscuras en las esquinas, el comenzo a sentirse algo arrepentido de haberla llevado y que contemplara su desorden.
—Disculpa —se froto el cuello —no vienen muchas personas.
—¿De que estas hablando? Es acogedor —dijo, volviendo a sonreír —todo tiene tu aroma.
Eso ocasiono que él se cubriera la cara, pensando que las mejillas se le habrían puesto rojas.
—¿Vives solo? Lo pregunto por que no vaya a molestar a tu familia o alguien.
—No tienes de que preocuparte… Em, esa puerta es el baño y esa de ahí la alcoba principal.
Hilde ya no parecía tan cohibida y sin esperar a que su anfitrión le diera el tour completo comenzó a abrir las puertas que se le cruzaban en frente.
—¿Esto que es?
—Esa es una habitación, era la que usaba cuando era niño, descuida, preparare la otra para ti.
El pelirrojo fue directo a la alcoba contigua, levantando rápidamente la ropa que tenia por todas partes.
—¡Diablos! — pronuncio al ver que incluso tenia su ropa interior en el suelo.
Se deshizo de lo que podría avergonzarlo y sacudió las sabanas, tratando de darle una presentación a la cama. Cuando finalizo, fue en busca de su invitada.
—Muy bien, todo listo… —Yuriy Ivanov, hallo a Hilde, profundamente dormida sobre la pequeña cama individual, ni siquiera se despojo de sus zapatos, simplemente se desplomo sobre de esta. El tuvo la intensión de moverla para trasladarla a la cama mas comida, pero al ver que ella abrazaba la almohada, no la perturbo de su descanso, tan solo la ayudo a deshacerse de su calzado.
Al día siguiente, se levanto antes del medio día para atender a su invitada, su turno empezaría por la tarde, sin embargo, el saber que del otro lado de la pared estaba aquella chica, hizo que el sueño lo abandono por el resto de la madrugada.
Ya aseado y vestido, toco la puerta de la pequeña habitación y al no recibir respuesta, aviso que entraría.
—Sigue dormida — murmuro —tal vez es por el viaje…
—Oye Tala ¿no llevaste la patrulla a noche? —pregunto su compañero. Ambos se encontraban en la estación, cumpliendo con el papeleo antes de iniciar su ronda, como todos los días —¡Hey! ¡¿Me escuchas?!
—Uhm…
—¡Yuriy!
—¡¿Que pasa Bryan por que estas gritando?!
—Cielos, estabas en la luna, técnicamente estoy a menos de un metro de ti y no me escuchabas ¿que sucede?
—Ah, la patrulla, la llevare a guardar cuando terminemos el turno.
El de cabellos grisáceos se quedo un tanto consternado y viro la cara hacia su esposa, que recién llegaba a dejarle su almuerzo, acompañada de un niño muy pequeño.
—Buenos dias*
*Nota: cuando Miroslava habla en ruso, se lee claramente; cuando habla en ingles se omiten algunos verbos o no se conjugan. Esto es para diferenciar la manera en la que esta hablando con los personajes.
—Hola —la saludo su esposo y se acerco a aligerarle la carga.
—Buenos días, Svetlana —dijo Ivanov con la mirada sobre los documentos.
—¡Svetlana! —la esposa de su compañero tomo, de manera agresiva, a este de su prenda para reclamarle —¡¿Quien es Svetlana?!
—¡N, no, no lo se! ¡Tala! ¡¿Que rayos dices me vas a meter en un problema?!
Al es luchar el sobre salto, el pelirrojo regreso a la realidad.
—Disculpa Miroslava, fue error mío —le señalo el documento donde había leído el nombre por el que la confundió.
La mujer libero a su marido pero lo continuo mirando con los ojos entrecerrados.
—En serio ¿que sucede contigo? Andas distraído e incluso no llevaste la patrulla tu no eres así ¡Casi haces que Miros me mate!
—Alimentare a nuestros hijos con tu carne si me engañas —murmuro la otra mientras le servia ahí mismo la comida.
Ivanov dejo salir una risita, sabiendo que era la forma de llevarse de ellos.
—Bryan ¿recuerdas a Hilde?
—¿Hilde?… ¿la patinadora que siempre veías en el lago?
—Si, ella.
—¿Quien es Hilde? —pregunto Miroslava.
—Fue la novia de Tala.
—¡No era mi novia! Éramos unos niños —su entrecejo se arrugo y volteo la cara mientras acomodaba las hojas.
—Pero a ti te gustaba, te pegabas a los cristales de las tiendas cuando ponían en el aparador los olímpicos para verla patinar — hizo una mueca de burla.
—¿Hablan de Hilde Volkov? Ella gano varias medallas.
—Si, ella. Este bribón se saltaba una barda de mas de dos metros y se escabullía de la vigilancia para encontrarse con Hilde.
—Solo era mi amiga y si hice eso fue por que no la dejaban salir de la propiedad —se mantuvo serio.
—Tala, ningún hombre que no tenga interés por una mujer se arriesgaría por ella —explico la dama presente —supongamos que esa niña era tu primer amor.
—Eso suena mejor —la secundo su esposo.
La conversación había tomado un giro que parecía disgustar a Ivanov o mas bien, lo hacia sentir apenado.
—Y bueno ¿por que la mencionaste? —Bryan se llevo el primer pedazo del recipiente a la boca.
—Me encontré con ella anoche.
—¿De verdad? Así que esta en Rusia.
—Apenas volvió ayer, no pudimos charlar mucho por la hora, no estoy seguro cuanto tiempo se quedara.
—¿Tienes su contacto?
—No.
—Oh bueno, conociéndote, supongo que la acompañaste a su hotel puedes verla ahí…
—No se esta quedando en un hotel, ella… se quedo… se quedo a dormir en mi casa.
El silencio se hizo presente, tan solo el ruido sordo de la porción de comida que estaba en el utensilio de Bryan se percibió al quedarse impactado de escuchar eso igual que su esposa. Para la pareja y sobre todo para su mejor amigo, era bien sabido que Yuriy Ivanov no era de relaciones serias, salía un par de veces con alguna chica pero nunca concretaba nada, era como si no quisiera hacer lazos con nuevas personas; el saber que este llevo a una mujer a su propia casa y le permitió quedarse hasta el siguiente día, hizo que ambos, Bryan y Miroslava, se arrojaran una mirada rápida.
—Eso es muy gentil de tu parte —fue Miros quien reacciono rápido para que las cosas no se tornaran incomodas para el pelirrojo —después de todo ella es tu amiga de la infancia.
Tala ya no hizo alusión al tema y guardo sus pensamientos para si mismo; aunque parecía ser duro y serio, era un tanto tímido respecto a los temas románticos sobre todo si se relacionaban con él, debido a eso, sus conocidos y otros compañeros lo tenían en concepto de lobo solitario al que no le importaban esas cosas, mas no era así. Muchas veces, Yuriy contemplaba a su amigo en compañía de su esposa y sus hijos, le era inevitable sonreír sabiendo que este se miraba dichoso al haber encontrado a alguien con quien compartir su vida, Sin embargo, una diminuta porción de envidia lo hacia desear algo similar, alguien que le diera un poco de calidez del hogar que apenas si todavía recordaba.
Ese día su turno acabo alrededor de las diez, el autobús lo había dejado una cuadra atrás y camino con un poco de prisa sobre las calles donde se empezaba a apelmazar la nieve que anunciaba las primeras nevadas. Había dos posibilidades, que su amiga se hubiese despertado y marchado, y la otra que siguiera dormida, cualquiera de las dos hizo que se sintiera nervioso y apretó el paso.
Al encajar la llave se dio cuenta que su casa tenia las luces encendidas, era la primera vez que veía luz atreves de las ventanas al regresar.
—Bienvenido —dijo Hilde, en cuanto Tala cruzo la puerta —¿Como te ha ido?
El otro no dijo nada de inmediato, cerro y se quito el abrigo mas grueso. Estaba asimilando la situación.
—¿Ya comiste? Prepare un poco de estofado de carne con verduras, es mi manera de disculparme y agradecerte.
Los ojos del beyluchador se deslizaron hasta la valija y las cosas de la fémina que estaban a un lado de la puerta.
—¿Disculparte?
—Permanecí dormida como un fardo en tu casa hasta las cinco de la tarde, por suerte venden comida muy cerca de aquí. Abuse de tu hospitalidad, lo menos que podía hacer era eso.
—No era necesario que lo hicieras, pero te lo agradezco —le sonrío levemente.
—De acuerdo, entonces, te dejare para que cenes.
—¿Te vas?
—Fue el acuerdo ¿no? Hice una reserva en un pequeño hotel y justo ahora los camiones siguen funcionando —se coloco el abrigo y el bolso encima —Se llegar al centro así que no te preocupes…
—No crees que es descortés dejar comiendo solo a alguien.
Ella se detuvo.
—Um, yo…
—¿Te marchas por que no te sientes a gusto? Se que esta algo desordenado o… ¿a caso hice algo que te incomodara?
—¡No! —se volvió al otro y de manera nerviosa lo tomo por los hombros —¡En absoluto Yuriy! ¡tu no podrías hacer nada que me pareciera desagradable!
Tala se quedo pasmado.
—… Por favor no pienses de esa manera —apenada, lo soltó y el otro la tomo delicadamente por las muñecas.
—Mañana mi turno comienza a las 6am, estaré libre a las cinco, podría acompañarte a tu hotel, mientras, podemos cenar juntos, solo será una noche mas.
Hilde medito un momento antes de responder.
—Ah, en ese caso… si te despertaras tan temprano… deberíamos, deberíamos comer rápido para que descanses —bajo la cara.
Nuevamente durante su jornada, la cabeza de Ivanov estaba en las nubes, preguntándose a si mismo por que había sido insistente en pedirle que se quedara.
—¿La estaré presionando? —pensó mientras observaba su propio reflejo en uno de los espejos de la patrulla.
"Todas las unidades cerca de Povarskaya*, tenemos un xxx se solicita apoyo…
*Nota: es una calle de Moscú.
El reloj marcaba las once, había faltado al compromiso con la patinadora debido a una emergencia. Apenas pudo liberarse del trabajo se traslado lo mas rápido que pudo hacia su vivienda.
—¡Maldición! Seguramente ella ya se fue —pensó mientras corría, casi resbalándose con las partes afectadas por el hielo.
El vaho que salía de su boca debido a la agitación no ceso hasta que por fin dio de frente con su casa y ahí tratando de darse calor con sus propias manos, estaba Hilde, junto a la puerta, estirando el cuello hacia los lados.
—¡Hilde! — exclamo.
—¡Yuriy! — ella corrió al verlo, pero a diferencia de el, resbalo, cayendo de centón e inmediatamente se levanto para alcanzarlo.
—¡Hilde disculpa por…
—¡Estas bien! —lo abrazo, casi arrojándose a él —¡Lo escuche en las noticias! ¡era un asalto! Y, y, y tu habías dicho que volverías, y no lo hiciste ¡creí que te habría pasado algo!
Lo entendió de inmediato, la chica incluso estaba temblando mientras se aferraba a él.
—Lamento haberte preocupado, Hilde —la abrazo de vuelta y permanecieron así un par de minutos en la calle, sin sentir el frío.
A la chica le costo dormí esa noche, y al día siguiente no se levanto temprano, Tala no tuvo mas remedio que dejarla sola de nuevo antes de ir al trabajo, esta vez colocando una nota para ella, de la hora exacta de su llegada.
Aquel día, Miroslava no se apareció por la estación, ambos oficiales habían quedado de comer con Spencer, su viejo amigo. Los tres trataban de estar en mayor contacto posible y buscaban todas las oportunidades que tenían para reunirse. Aprovechando que Spens, había terminado su servicio, se decidieron poner al día en sus vidas.
—¡Embarazada! ¡¿De nuevo?! — dijo Spencer, casi dejando caer su emparedado.
—Si, nos enteramos ayer, tiene dos meses —Bryan rió nervioso.
—Felicidades —sonrío Ivanov.
—Gracias.
—Estoy impactado, Bryan, vas por tu tercer hijo mientras que Tala y yo seguimos solteros, bueno, continuaremos disfrutando las miles de la vida —su expresión, por supuesto era en broma.
—Tu estas soltero por que quieres, eres muy popular con las mujeres, solo no quieres sentar cabeza.
—Tala va por el mismo camino.
Con una sonrisa confiada, el de ojos lavanda se dio el lujo de traer el tema de su amigo a la conversación.
—Te equivocas ¿no es así Yuriy?
El mas alto de ellos se lo quedo mirando, como si esperara una explicación.
—No tengo idea de que estas hablando —dijo y acto seguido dio un sorbo a su café.
—¿Ahora te haces el que no sabe nada? —Bryan se viro a Spencer —Tala tiene una chica viviendo con él.
—¡¿Que?! ¡No me digas que la embarazaste también!
—¡Claro que no! ¡Y no estoy viviendo con ella! Mucho menos hemos tenido intimidad, solo es mi amiga. Después de una explicación por parte de Bryan que parecía el vocero de Ivanov, actualizaron a Spencer con la relación entre el pelirrojo y la patinadora.
—En ese caso, es bueno que la consideres solo tu amiga —dio una gran mordida a su segundo emparedado —han sido quince años y no sabes realmente que paso con ella durante ese tipo, tal vez tiene novio, o solo regreso aquí para huir de un esposo agresivo, lo que trato de decir, es que no la conoces realmente así que mantén tu distancia y no te dejes llevar por lo que sentías en tu niñez.
Las palabras del ahora militar, hicieron sentir incomodo a Tala, hasta el punto que dejo de comer, mas no le dijo nada.
—¡Spencer la idea es apoyarlo! —reclamo Bryan.
—Lo se, pero no quiero que Tala salga herido por una amor de infancia.
—¡Suficiente! Dejen de suponer y hablar de cosas que no son… están exagerando, ambos ¡Yo no tengo una relación con Hilde! —lo ultimo lo hizo sentir frustrado.
En el pasado, cuando Tala y Bryan se unieron a las filas de Boris, poco a poco, Ivanov se hizo a la idea de que la chica no solo no volvería a la abadía, sino que ademas, ella muy probablemente se habría olvidado de los detalles de la época en la que convivieron, Al final eran solo niños y a esa edad muchas cosas son tan fugaces como algunas estrellas.
En ese instante, la imagen de Boris llego a él, justo un recuero que enterró en lo profundo y que hizo estragos en su joven corazón.
"Mi nieta esta comprometida desde su nacimiento, con el Beyluchador mas fuerte de todos"…
Mas tarde, lo que había dicho Spencer durante el almuerzo, que era una posibilidad muy grande, le seguía molestando, estaba muy confundido por todo, sin embargo, no lo detuvo de cumplir con su compromiso.
—¿Seguro que estas bien? —Cuestiono la de cabello negro y largo al pelirrojo mientras caminaban por la calle, rumbo al hotel. Claramente continuaba alterada por lo del asalto —Puedo ir por mi cuenta o tomar un taxi.
—No te preocupes, te di mi palabra de acompañarte, igual así, podemos tomar algo antes de que te deje en el hotel.
—Me parece buena idea —sonrío.
Les dieron asiento en las afueras de un café y ordenaron algo simple para el frío, luego de unos minutos ella coloco una bolsa de papel un poco arrugada sobre la mesa y lo empujo hacia él.
—¿Para mi? No tenias por que comprarme nada.
—Hmm… — pese a que la joven sonreía se miraba nerviosa.
Con cuidado, Tala comenzó a sacar lo que estaba dentro de La Bolsa, unos guantes, playeras, accesorios, postales, una infinidad de souvenirs que tenían plasmados los nombre de diversas ciudades del mundo, incluso una de sus medallas olímpicas.
—Estos —tomo los guantes —los compre un mes después de que nos despedimos —son pequeños por que en ese entonces tenias unos once, me sentí muy tonta por que imagine que te dejarían de venir rápido —Hilde comparo los guantes con las manos de Ivanov —al verte en el primer torneo no podía creer lo alto que eras —realmente me angustio que rompieras tu promesa…
Yuriy estaba impávido, por un instante dejo de escuchar lo que la otra decía y solo se concentro en los recuerdos de su infancia.
—Disculpa un momento —se puso en pie abruptamente y prácticamente huyo del lugar —¡¿Que estoy haciendo?! —se detuvo después de un par de cuadras y cubrió su rostro con ambas manos. Quería llorar de felicidad, por que Hilde había estado pensando en él así como el en ella, durante años se había hecho la idea de que la chica lo había olvidado y el había hecho lo mismo, pero en el fondo no hubo día que no recordara el rostro de Hilde, así fuese tan solo por un segundo.
—¡Yuriy! ¡Yuriy! —lo llamo desde la distancia mientras corría con las valijas y todo en mano —¡¿Que ha pasado?! ¿Es por los souvenir? no es necesario que los aceptes si no te gustan, no me ofende…
—Hilde… ¿Es verdad que estabas comprometida con Kai? —apretó los puños.
—¿Eh? —se sorprendió por que lanzara semejante pregunta de la nada —Hiwatari Kai, Si, así es… pero me rechazo, el mismo día del Omiai, bueno de la reunión para el compromiso oficial —explico por la diferencia cultural.
—¿Por que te rechazo?
—No lo se, solo dijo "¡No me casare con ella!" —imito la voz de Hiwatari —y se marcho, fue hace años.
—¿No te molesto?
—No, en realidad no me sorprendió que se negara al asunto… ¿por que lo preguntas? Ivanov todavía no quería darle la cara y que ella viera su rostro enrojecido hasta las orejas, continuo dandole la espalda y hablándole en su tono golpeado y firme.
—Un hotel ¿no crees que es demasiado costoso? —ya no le importaba si solo eran un par de días, una semana o un mes que la joven dama permaneciera; iba a ignorar todo, incluso la advertencia de Spencer —Tu, tu puedes quedarte todo el tiempo que quieras… conmigo, no será una molestia tenerte… en realidad, me sentiría feliz —lo ultimo lo pronuncio casi quebrándose de la pena y cada segundo de los cinco que Hilde no pronuncio nada, lo hacían sentirse ansioso.
—Yo… no se cocinar muchos platillos rusos, pero se cocinar otras cosas.
—No es necesario que cocines para mi.
—Me gustaría cocinar para Yuriy.
El volvió a llevarse la mano a la cara.
—Es probable que sea muy entrometida.
—No me importa, puedes hacer lo que quieras, todo el tiempo que vivas ahí será tu casa.
—¿incluso si cambio tus sabanas por unas de gatitos?
—Prefiero —se dio la vuelta lentamente —los perritos.
Los dos se miraron y comenzaron a reír.
A partir de ese momento, los días fueron cambiando de manera gradual y agradable para el pelirrojo, Bryan fue el primero en notar su cambio para mejor, su sentido del humor era menos sarcástico y ahora le preguntaba mas seguido por su familia, y cuando tocaban un tema del tipo hogareño, siempre incluía a Hilde o hablaba en plural "El otro día, Hilde preparo esto… ayer fuimos al cine… compramos esto para la casa …ella me escogió una camisa", su amigo era consciente que Tala, estaba completamente ilusionado. Incluso en su trabajo muchos se sorprendía al escucharlo tararear canciones mientras terminaba su papeleo, su expresión se había hecho mas gentil y charlaba un poco mas con las personas a las que les deseaba los buenos días, no se explicaban el cambio del oficial Ivanov hasta que un día, "esa razón" cruzo la puerta de la estación.
—Busco al oficial Yuriy.
—¿Yuriy? Ah te refieres a Tala, esta por ahí.
Hilde tenia conocimiento de las horas de descanso de el antiguo Beyluchador y con eso en mente no pensó dos veces cuando fue en su búsqueda. Al verla, Tala se levanto y fue a ella sin titubear.
—¡¿Hilde que haces aquí?! ¡¿Estas bien?!
—¡Si!— se miraba muy animada —¡Yuriy! ¡Conseguí trabajo!
—Me alegra por ti —sonrío genuinamente —Aunque no sabia que estabas buscando trabajo.
—No te dije por que no lo tenia planeado, es de medio tiempo en una cafetería dentro del vecindario.
Todos en la estación estiraban el cuello y cuchicheaban al ver como Tala sonreía a la exótica mujer que debajo de su mini falda se le asomaban largas piernas que le lucían bien con medias negras transparentes, culminando en unas botas altas.
—¡Diablos ustedes son unos malditos con suerte! —dijo uno de los policías a Bryan, pues este también tenia una esposa exuberante.
—¿Quien tiene suerte? —pregunto Miroslava que apareció como usualmente a llevar el almuerzo de su esposo.
—Yo por supuesto, de tener una esposa tan linda —dijo el otro, orgulloso.
La esposa de Bryan no hizo mucho gesto a lo que su marido dijo y se limito a tratar de averiguar el chisme.
—¿Esa es la chica?
—Si, tiene muchos años que no la veía, al menos en persona.
Miroslava observo atenta a la pareja, logrando percibir algo que los demás, incluyendo los mismos protagonistas, no parecían notar.
—Hilde ¿recuerdas a Bryan?
Aprovechando que se encontraba de visita, Tala no demoro en presentar a la chica.
—Si, lo recuerdo, hola, ha pasado mucho tiempo —volteo hacia la esposa del de cabello gris—¿Tu eres Miroslava?
—¿Nos conocemos?
—No, pero Yuriy habla mucho de ustedes, encantada de conocerte, soy Hilde Volk… llámame Hilde.
—Miros.
El cuarteto se mantuvo ahí hasta que el descanso de los oficiales termino y se despidieron de ellos.
—Hilde, ven —dijo Miroslava.
—¿A donde?
—De compras.
Cuando la mitad japonesa y mitad rusa escucho "de compras" pensó que irían a alguna tienda de aparador, en su lugar dieron de frente con un supermercado. Las damas entraron y Miroslava tomo dos canastos, dandole uno a la patinadora.
—¿Y bien? ¿Ustedes usan preservativos o tomas píldoras?
—Q ¡¿Que?! ¿De que estas hablan…
—Sexo —pronuncio como si nada mientras colocaba empaques de leche en el interior de su cesta.
—Ja, ja, ja —rió nerviosa.
—¿Por que te ríes? No eres una niña y vives desde hace un par de meses con un hombre, tanto tu como Tala son bien parecidos, no seria raro que tuviesen relaciones.
—L, lo se, pero… nosotros no tenemos ese tipo de relación.
La otra parpadeo un segundo, siendo su manera de verse impresionada.
—Yuriy y yo somos amigos, tenemos habitaciones separadas…
—Hilde, quiero que me caigas bien ya que Tala es muy importante para mi Bryan —coloco varios tomates en su cesta y hecho unos mas a la de la otra —y también ha sido bueno con mi familia, no te conozco lo suficiente, pero si él esta enamorado de ti, entonces creo que eres una buena persona.
—¿Yuriy esta enamora…
—Ah ya entiendo, ambos son idiotas —sonrío —por eso no se dan cuenta, entonces será cuestión de tiempo para que ustedes lo hagan.
—N, no… yo no quiero que eso suceda…Yuriy, es, es la persona mas valiosa para mi, solo su mera existencia salvo la mía, saber que aun me aprecia a pesar de los años es suficiente para mi.
—¿Y que tal si el te propone una relación?
La expresión de la olímpica se torno afligida.
—Yuriy es un buen chico, el mejor de todos, por eso merece a una mujer que sea tan pura como él y no una manchada como yo —bajo tanto la cara que apenas si la otra pudo ver como apretaba sus labios.
—Te entiendo —se acerco y con dos dedos le dio un golpecito en la frente, para que levantara la cara —pero tu no eres quien decidirá que mujer es mejor para él —volvió a sonreír —así que súbete mas esa falda y saca el pecho para que nadie mas te lo robe.
—Ja, ja, ja —volvió a reír con las mejillas rojas —tu eres muy atrevida, me pareces genial.
—Ya se que lo soy, ahora toma esa col que esta de oferta, también las patatas.
—Sí…
Lo que su nueva amiga le había dicho, la hizo sentir un tanto dichosa, mas no era fácil para Hilde borrar su pasado y mucho menos traicionar un juramente que hizo al momento de convertirse en un guardián de la espiral, la duda de si debía quedarse o irse, se sembró en ella durante semanas hasta la noche en que el frío decidió entrometerse.
Las fiestas se acercaban al igual que el frío se tornaba mas crudo, una noche, Tala y su inquilina, charlaban mientras lavaban los platos de la comida que acababan de consumir, Hilde los fregaba e Ivanov ayudaba a secar.
—¿Una cena para el año nuevo?
—¿No crees que es justo? Bryan y Miroslava siempre nos invitan a comer a su casa y aprovechando que ustedes van a tener ese día libre, seria agradable una cena todos en familia, los niños pueden dormir en la cama grande y…
Hilde no pudo terminar su comentario por que el estrepitoso sonido del plato que a Tala se le resbalo al oírla pronunciar la palabra "familia" atrajo su atención.
—¿Yuriy? ¡¿Estas bien?!
—Si, no me corte… iré por el recogedor.
En el pequeño almacén, el pelirrojo se cubrió la cara, no podía creer lo que había escuchado.
—Familia, ella dijo familia, pero si me considera su familia ¿en que posición estoy? ¿Me vera como pareja o como un hermano menor?
Un poco mas sereno, volvió con los utensilios y descubrió a la joven mujer observando el control del termostato.
—Creo que se descompuso por que esta haciendo cada vez mas frío.
—Lo revisare.
Efectivamente, la calefacción había fallado en la casa de estilo antiguo.
—Algo debe estar obstruyendo el sistema, si es local, no lo revisaran hasta mañana.
—Tendremos que usar el calentador eléctrico.
—¿Tenemos un calentador eléctrico? — la miro intrigado.
—Si, lo encontré cuando puse en orden las cosas y de inmediato lo probé ¿no lo sabias?
—No.
—Yuriy, no me digas que ni recuerdas lo que tenias apilado ¿ni siquiera las revistas para adultos?
—¡¿QUE?!
—Ja, ja, ja, es broma… espera, ¿si tienes?
—No me preguntes esas cosas— viro el rostro, apenado … y no, no tengo.
—Ah, no suenas muy seguro —volvió a reír —No me importa si las tuvieses, es mas quiero verlas contigo.
—¡Basta Hilde!
La otra reía mientras lo sujetaba del brazo.
—Los siento, no puedo evitarlo, Yuriy eres muy lindo cuando te pones así.
El corazón de Ivanovich no paro de latir desde ese momento y durante el resto de la noche, estaba sumamente nervioso, no paraba de pensar en que ella estaría escuchando el golpeteo, pues, al solo contar con un calentador se habían acurrucado frente a este, debajo de las cobijas mas gruesas, compartiéndolas. Se mantenían en silencio con solo el fulgor de una lampara acompañándolos.
—¿Hilde? ¿Ya te dormiste? ¿Quieres que apague la luz?
—No.
—¿Estas incomoda?
—Estoy bien Yuriy… esto, es muy agradable —el no respondió —Olvide mencionar, que también halle a Wolborg, estaba en…
—En la gaveta de lado izquierdo… se perfectamente donde esta, siempre lo he sabido.
Ella sonrío.
—¿Extrañas ser un Beyluchador?
—A veces, eran buenos tiempo, pero las cosas cambian… justo ahora, no cambiaría nada.
El silencio se hizo presente de nuevo por unos segundos para ser roto por el mismo Tala.
—¿Que hay de ti? ¿Realmente estuviste en todos esos lugares?
—Sí.
—¿Cuantos idiomas hablas?
—¿Ademas del ruso? Dos, Ingles y Japones, en ese orden.
–¿Y como hablabas en las otras ciudades?
—Aprendi un poco de cada uno de esos idiomas, lo suficiente para no morir je, je.
—Siendo así, dime algo en… español.
—¿Esta es la venganza por lo de las revistas de adultos?
—Si y si no me cumples el capricho te hare cosquillas.
—No podría negarme ante esa amenaza, bien, veamos…. "Tus orejas están frías"
—Eso lo entendí.
—Ja, ja, ja.
—Hilde —susurro —¿Por que no regresaste?
Ella se viro y contemplo al otro directo a los ojos poco antes de responder y luego bajo la cabeza.
—…Tenia miedo.
—¿Miedo a que? ¿A quien?
La fémina oculto mas la cara y no le dio respuesta.
Al darse cuenta que ella no quería decir nada al respecto, o que algo se lo impedía, no la quiso presionar.
—Dime algo en francés.
—Omelette du fromage… fu, fu, fu, lo siento.
—Tomatelo enserio.
—Muy bien — se ruborizo ligeramente antes de hablar y delicadamente coloco su mano sobre la de él —Les mains de Yuriy sont très grandes… las manos de Yuriy son muy grandes.
Ivanov atrapo la mano de la joven con la suya.
—Si, lo son y eso es porque crecí, ahora soy un hombre, Hilde —la abrazo, estrechándola hacia su pecho —Ahora puedo protegerte —susurro, al mismo que hundió su nariz en el cabello de ella —Ya no tienes que tener miedo.
La única respuesta por parte de Hilde, fue un gran suspiro, que le permitió relajar su cuerpo en los brazos de Tala, así se quedaron dormidos, entre el calor de sus cuerpos.
La primavera llego en un abrir y cerrar de ojos, junto con el nombramiento de capitán por parte del antiguo miembro de los Blitzkrieg boys, al igual que un ascenso para Bryan, el grupo de amigos aprovecho la oportunidad para celebrar juntos después de la ceremonia, no estaban acostumbrados a fiestas ruidosas así que optaron por un picnic cerca del lago. Con Spencer entre ellos y Miroslava de seis meses de embarazo, la comida era abundante, todos y cada uno de ellos, habían tenido vidas difíciles, ya sea por la pobreza, el abuso o el maltrato, y a pesar de ello, los cinco sonreían como si el pasado no hubiera existido.
—Por lo que veo, Tala no escucho nada de lo que le dije —comento Spencer a Bryan, mientras observaban al nuevo capitán a la sombre de un árbol, cerca de orilla, con la cabeza de Hilde sobre su regazo —Míralo, tiene cara de bobo.
—Déjalo esta enamorado.
—Yo mas bien diría que esta feliz —intervino Miroslava —ambos.
—Siendo así, le recordare que me invite a la boda —bromeo el rubio.
—Ellos no son novios.
—¡¿Que?! —Spencer volvió su atención a Tala y como este sonreía al escuchar lo que Hilde le decía —Es broma ¿cierto?
Los otros dos sacudieron la cabeza.
—No sabemos exactamente el por que, creo que Yuriy no quiere presionar a Hilde o que ella piense que su amistad era una fachada.
—Y ella esta insegura —explico la esposa de Bryan — No cree ser suficiente para Ivanov.
—Bueno, esas son nuestras teorías por lo que sabemos.
—¡Pero viven juntos!
—Así es, incluso si vas a casa de Tala, esta tan diferente como él, todo esta en orden, en el baño hay un tapete que combina con los azulejos y todo esta muy iluminado.
—Eso solo es una parte —añadió Miroslava —salen juntos y hacen casi todo juntos.
—¡Que se dejen de tonterías! Si eso no es tener una relación ¿entonces que cosa es?
—No es tan sencillo, nosotros podemos hablar como espectadores, mas no estamos en los zapatos de ellos, hay cosas que cuestan mas que otras de superar y al ser adultos, debemos tener cuidado con las decisiones que tomamos.
Spencer exhalo, no estaba contento con la situación y no le parecía correcto.
—En ese caso, lo mejor seria que ella se fuera pronto, antes de que la herida que deje en Tala sea irremediable.
—¿No confias en Hilde?
—Por supuesto no tengo nada en contra de ella, pero Tala es mi amigo.
—Deja de precipitarte — Miroslava le arrojo una uva al mas grande —quizás Hilde ya no piensa irse, tan solo deja que vayan a su ritmo.
—…Si, tienes razón —volvió a observar a los que estaban bajo el árbol…
Tomados de la mano, Ivanov y la patinadora caminaban de regreso a su hogar, decidieron seguir la orilla del lago hasta el punto donde solían reunirse de niños.
—Yuriy, no te lo dije antes, pero, te vez muy guapo con tu uniforme de ceremonia.
—Gracias — dijo en tono serio, apartando un poco el rostro por la pena —Este sitio, pareciera que no ha cambiado y al mismo tiempo lo ha hecho.
—Algunos arboles están mas grande.
—Es una lastima que no hayamos venido en invierno, me hubiera gustado verte patinar aquí otra vez.
—Podemos venir el siguiente invierno —apretó la mano enguatada del oficial —practicare en la pista de la ciudad, es mas, haré una rutina especial para ti.
—Estaré ansioso por verla.
El sendero los llevo hasta un lugar también familiar, pero que les borro la sonrisa, era la abadía. Aquel lugar que se mostraba imponente y donde terribles cosas habían sucedido a ellos y a mucho chicos inocentes, ahora estaba en ruinas, piedra desgastada por el frío y la humedad.
—Deberían tirar esta cosa —dijo Yuriy y en ese momento sintió que Hilde se liberaba de él —¿a donde vas?
Corrió tras ella al ver que esta iba directo al edifico que se caía a pedazos.
—¡Hilde!
La joven se detuvo en el ultimo piso frente a una solitaria puerta.
—¡¿Que haces es peligroso?!
Ella no parecía escucharlo, en su lugar, empujo la pieza de madera que chillo y con eso revelo una alcoba que ya no tenia medio techo. Hilde camino lentamente hasta quedar en el medio, los muebles estaban podridos y aun así se apreciaban los detalles en rosa.
—Esto es… ¿Esta era tu habitación? —inmediatamente, Tala se percato de la mirada de la chica, esos ojos vacíos que alguna vez contemplo en su infancia, pero que nunca había dirigido a él.
En un ataque de furia, la patinadora comenzó a terminar de destrozar todo lo que tenia a su alcance.
—¡Hilde! —al ver que podía resultar con alguna herida, la abrazo a modo de inmovilizarla —¡Calma! ¡calma! ¡ya no puede lastimarte!
Yuriy Ivanov desconocía lo que en ese lugar había sucedido años atrás, nunca se atrevió a preguntar, ya que no quería hacerla revivir el dolor, prefería esforzarse para que ella viera ahora la vida de manera agradable.
—Hilde… Cada herida que tengas, yo voy a curarla —dijo mientras la seguía abrazando —así como tu curaste las mías.
—…Lo siento Yuriy.
—Esta bien, todo esta bien ahora —acaricio su cabello con dulzura —vamos, te llevare a casa.
—… A casa.
—Sí, nuestro hogar…
Esa noche él no la soltó, repitieron lo que sucedió en invierno, solo que esta vez no se quedaron en la estancia, durmieron en la misma cama donde el la envolvió en sus brazos, el único lugar en todo el mundo en el que Hilde descubrió que se sentía segura.
Varia noches siguieron a esa hasta que se hizo costumbre para los dos…
El Capitan Ivanov no dejo que el cargo se le subiera a la cabeza, todavía acostumbraba a charlar con su amigo como si nada.
—¿Ahora duermen juntos? ¡Excelente! —dijo Bryan.
—A mi no me parece bien, el estar de esa manera sin definir una situación —suspiro.
—¿Ya le vas a pedir matrimonio?
—¡¿Que?! N, no… eso podría asustarla o es lo que creo que sucederá… quiero pedirle que sea mi novia —comento con una expresión nerviosa.
—Ustedes si que van despacio, pero, si así están bien me alegro —coloco su mano en el hombro del otro —Descuida Tala, ella no te va a rechazar estoy seguro de eso, oh, quiero decir "Capitan"
—Déjate de eso.
—Pero estamos en servicio.
Determinado, el ex beyluchador mantenía en su cabeza un plan para confesarse, quería que fuera algo que recordaran y no un evento que solo arrojara como si nada, pensó que quizás ir a un lugar lindo seria lo adecuado. Así que al regresar temprano a casa fue directo a la joven dama.
—¿Hilde? —La llamo al no verla cerca de la puerta ni la estancia —¿Donde estas? —reviso las habitaciones y comenzó a preocuparse.
Un ruido atrajo su atención, era el sonido de un teléfono que se escuchaba quedo. Tala abrió el armario de la habitación de la chica para dar con el objeto, este se encontraba en la maleta que pensaba estaba vacía mas no era así. En su interior no solo hallo el teléfono sino también varias identificaciones y pasaportes con nombres falsos, el rostro de la chica estaba en todos ellos, en algunos, su cabello lo tenia diferente y su maquillaje alterado. Estaba perplejo, y el ruido del teléfono que no dejaba de repicar lo desespero al grado que tuvo el atrevimiento de tomarlo, era un modelo muy viejo, de esos que eran pesados y solo servían para llamadas, y en la pequeña pantalla de color verde un nombre estaba escrito "Marcos".
Al oprimir el botón para contestar, una voz masculina hizo que sintiera dolor en su estomago. —¿Hola? ¿Hilde?
—¡¿Quien eres?! — pregunto Ivanov, conteniendo su furia entre dientes.
—…Oh — fue la única respuesta que recibió y acto seguido la llamada se corto —el capitán intento remarcar pero solo se encontró con que el otro había apagado su móvil.
Se sentó en la cama, tratando de serenarse y al mismo tiempo de asimilar su descubrimiento.
"Tal vez tiene novio, o solo regreso aquí para huir de un esposo agresivo"…
"…Tenia miedo"
Esas palabras inundaron su cabeza y no pararon de dar vuelta —¿Era posible que fuesen ciertas? —Tala se froto el rostro al no saber que hacer ¿Debía cuestionarla? ¿Ella se enfadaría por que reviso sus cosas? ¿El confrontarla haría que ella se marchara? Le tomo varios minutos enfriar un poco sus pensamientos y continuar buscando a la otra.
—¡Hilde! —exclamo al darse cuenta por la ventana que ella estaba en la parte trasera.
Con el cesto de ropa a su lado y un lienzo blanco en su mano, se había detenido de lo que estaba haciendo y se encontraba mirando al cielo, a un grupo de nubes. Tala la llamo repetidas veces y ella parecía perdida, era como si el cielo la tuviera hipnotizada. Cuando las nubes se comenzaron a disipar, pudo sentir como el pelirrojo la sacudía.
—¡Yuriy! ¿Que pasa? No te escuche…
—¡¿No me escuchaste?! ¡Prácticamente te estaba gritando al lado!
—…Oh, em… debí, debí dormirme parada o algo así —rió levemente y de manera nerviosa —discúlpame, en verdad lo siento.
Tala la contemplo consternado y un tanto confundido, claramente ella estaba inventando excusas, en ese momento recordó la llamada de Marcos pero al verla en ese estado no quiso interrogarla, no obstante, paso el resto del día y la noche con eso en la cabeza luchando por no arrojar la pregunta que tenia en la punta de la lengua.
—¿Piensas que puede ser algún novio que la maltrataba?
—Es lo único que se me ocurre —como siempre, Tala busco apoyo en su amigo y antiguo compañero de los Blitzkrieg boys —Realmente lucia perturbada, casi no hablo ni dijo nada, cada que le preguntaba si estaba bien me respondía con una sonrisa un tanto forzada, me recordó un poco a aquella vez, antes de que dijera que se iría.
—Tala, de nada va a servir que hagas suposiciones, pregúntale directamente.
—¿Y que tal si se molesta o se va?
—Eso no puedes saberlo, las personas que son víctimas de algún tipo de abuso no suelen hablar fácilmente del tema, tal vez Hilde este haciendo suposiciones también, si quieres que su relación vaya bien, tienen que comunicarse.
El otro suspiro, cada palabra de su amigo era completamente cierta y razonable.
—Gracias, Bryan.
Antes de entrar a casa, el capitán respiro profundamente varias veces, había repasado durante su turno las palabras que usaría para acercarse a la joven y, animado por estas decidió alegrarle el día con un ramillete de flores.
—Estoy en casa…
La sonrisa de Ivanov desapareció en el instante que se encontró con Hilde apoyada en la pared, con el abrigo puesto y sus maletas a la puerta, estaba lista para irse y parecía que solo estaba aguardando para darle la cara antes de marchar.
—¿Que significa esto? —La interrogo —¿Te vas ahora?
—Mi vuelo sale en poco tiempo, pero no quería irme sin decírtelo de frente —hablaba en voz baja, como si estuviera avergonzada.
—¿Por que? ¡¿Por que te vas?!
—Hay algo que tengo que hacer, algo importante.
—… Ire contigo.
—¡No!.. Es decir no, no es necesario yo… no será por mucho.
—¿Ah no? ¿Cuanto tiempo será? ¡¿Otros quince años?!
—¡Claro que no!
El oficial estrujo los tallos que tenia en su mano, tratando de contenerse, pero no pudo.
—Solo dime a donde vas ¡¿Por que no quieres que vaya contigo?!
—…Yo —Se mantuvo con la boca abierta unos segundos —No puedo, lo siento no puedo decírtelo… ¿podrías tan solo confiar en mi?
—¡¿Confiar?! ¡¿Como puedo confiar en ti?! ¡La mujer que tiene varias identidades! ¡¿Cual es la verdadera?! ¡¿Quien eres?! —arrojo las flores al suelo, provocando que Hilde quien de por si tenia la cara al suelo como una niña que estaba siendo reprendida, se encogiera de hombros —¡¿Es por ese sujeto llamado Marcos?!
—Co, ¡¿Como sabes de Marcos?!
—¡¿Quien es?!
—…Marcos es… mi amigo.
Tala se froto el rostro y se paso la mano por cabello mientras apretaba fuertemente los labios,
—Amigo… yo también soy tu amigo, Hilde; un amigo al que acaricias, al que abrazas y dejas que te abrace, con el que te tomas de las manos y duermes ¿El es esa clase de amigo también? —le arrojo una mira sumamente fría.
—No, por supuesto que no… ademas, Yuriy… tu eres mas que mi amigo.
—Entonces… ¡¿Por que demonios no puedes decirme la verdad?! —grito al mismo que su rostro se descompuso.
Hilde tenia cerrados los ojos en un gesto de contenerse para no llorar, no tenia otra respuesta para él mas que el silencio, en su mente comenzó a repetirse el juramento que había hecho para no traicionar su voluntad ni su deber y sobre todo para silenciar a su corazón que le pedía lo contrario.
Al ver que ella no pretendía complacerlo con lo que quería, dio unos pasos hasta la mesa y ahí se apoyo, dandole la espalda, estaba sumamente molesto, es mas, estaba totalmente cegado por aquella emoción.
—Hilde… si cruzas esa puerta será mejor que no regreses.
A ella se le corto el aire un segundo y dudo, miro a Ivanovich y luego hacia la perilla. Las piernas le temblaban, pero algo en su cabeza la empujo a decidirse, su propia bestia bit que la llamaba.
El sonido de la puerta que se cerro le dio a entender a Tala que ella se había marchado…
Los Bladebreakers se encontraban frente al palacio de invierno en la ciudad de San Petersburgo, admiraron la enorme construcción que se encontraba encapsulada por una gruesa capa de hielo que daba la ilusión de estar dentro de un diamante, el frío no les permitía moverse sin dejar de tiritar.
—¡¿Como rayos puede vivir alguien aquí?! — dijo Tyson, mientras los dientes le cascabeleaban.
—Una vez que entremos, la temperatura será diferente —explico Tala, caminando como si nada al frente del grupo.
Los otros lo siguieron, a paso lento mientras los pies se les hundía en la nieve, Kai cayo en la cuenta de que había un improvisado cerco, probablemente perímetral, con alambre de púas y electricidad que podía escucharse.
—¡¿Que rayos?! —expreso Ray, tratando de darse calor con sus propios brazos.
Tala los condujo por una zona segura y antes de cruzar la enorme puerta este los detuvo.
—¿Saben patinar?
Todos los Bladebreakers se miraron entre ellos.
—Yo un poco —respondió Max, que iba pegado a Kenny.
—Era un broma — le indico Bryan que bajo su pesada mochila, al igual que su capitán y sacaron un calzado especial con suela para el hielo.
—Esto se esta poniendo extraño —dijo Tyson, mientras se ponía las botas.
—¿De verdad? ¿No te pareció suficientemente extraño ver un castillo congelado? —lo cuestiono Kon —estas botas están un poco chicas para mi.
El par proveniente de Moscú no le respondió.
Una vez listos y en pie, las puertas se abrieron por si solas sin necesidad de llamar a estas.
—Es como en un video juego, justo antes de enfrentar al jefe final —comento Kenny, que ya se estaba asustando.
Dentro del lugar, el piso estaba completamente cubierto de una gruesa capa de hielo liso, al igual que las paredes, pese a que llevaban botas con dientes, avanzaron con cuidado.
—Permanezcan juntos y en una sola linea —indico Ivanov que iba a la cabeza, seguido de Kai, Tyson, Kenny, Max, Ray y Bryan.
—Este lugar es enorme — No podían evitar mover la cabeza, admirando los cuadros, la decoración y los detalles de siglos pasados, todo cubierto de hielo.
—Esta era la residencia oficial de los Zares durante el siglo XVIII, se construyo aludiendo la grandeza del imperio Ruso, hoy en día es un museo —explico Kenny.
—Gracias Kenny, ahora definitivamente me siento en una excursión —comento Max.
Continuaron contemplando los grabados y detalles en oro de la construcción barroca, hasta que Kai se detuvo de repente.
—¡Esos son! ¡Beyblades!
Al levantar la cabeza vieron varias estalactitas que pendían del techo, y dentro de algunas de estas descansaban beyblades.
—¡Trygle!
—¡Sharkrash!
—Y… ¡Wolborg! — todos voltearon hacia Tala, quien no respondió y siguió caminando.
—Andando — dijo Bryan con una expresión seria.
—¿No deberíamos bajar esos blades? —pregunto Max.
—Es muy peligroso, para los blades y para nosotros.
Finalmente llegaron a las puestas del salón de San Jorge y al igual que en la entrada principal, estas se abrieron solas, revelando un un amplio espacio decorado en blanco y dorado donde guindaban hermosos candelabros que llevaban hasta el gran trono rojo. Lo mas asombroso o mas bien escalofriante, fue que por todo el salón, se encontraban figuras de hielo, en poses que trasladaban al pasado como si se tratase de un baile en la Rusia imperial.
De repente, una pieza de Tchaikovsky inundo el salón y por detrás del trono rojo o mas bien el trono de Hielo, una silueta se deslizo rápidamente, recorriendo el lugar y sorteando las estatuas de apariencia humana, con una exquisita gracia y una gran fuerza en sus movimientos, rodeo a los intrusos hasta culminar con un Blackflip* y un giro Scratch.
Se irguió ante ellos después de una reverencia, la alta fémina de cabello negro y ojos como el mismo hielo.
—Bienvenidos Bladebreakers, los estaba esperando…
