Después de tres meses, por fin un nuevo capítulo. En estas notas les ofrezco una disculpa, una promoción y una explicación.

Primero, una disculpa. Las obligaciones se me han ido amontonando y eso evitó que terminara este nuevo capítulo antes.

Segundo, una promoción. Parte del retraso se debe a que realicé una traducción al inglés de "Está prohibido nadar en el mar de invierno", si alguien quiere ver la traducción terminada, en AO3 pueden buscarla como "It is forbidden to swim in the winter sea". Tal vez la publique pronto por acá.

Tercero, una explicación. Este capítulo es una continuación directa del capítulo XV: La Noche de las Mil Estrellas (Parte II: El Claro). En este nuevo capítulo retomo el punto de vista (POV) de Yamaguchi. Este capítulo espejea el capítulo XIV: La Noche de las Mil Estrellas (Parte I: Trabajo) en cuanto a que ahora es Yamaguchi quien empieza a conocer más acerca de la vida de Tsukishima en la ciudad. Había abandonado mucho tiempo el POV de Yamaguchi, asi que me emociona mucho poder volver a escribirlo. Espero que lo disfruten!


XVI. Bitácora paleontológica y vóleibol

"Si quieres conocer a una persona, no le preguntes lo que piensa; sino lo que ama"

Agustín de Hipona

—¿Y qué hay de ti? —le preguntó.

Estaban sentados en la misma colina donde habían mirado el atardecer hace dos días. El sol se estaba poniendo y lanzaba sobre los arrozales sus rayos dorados, sacando destellos deslumbrantes al agua del humedal. Para Yamaguchi, ese paisaje no presentaba la gran novedad porque lo veía diario. No cambiaba. Lo que era diferente, sin embargo, era la presencia de su acompañante. A Tsukki le parecía fascinante mirar el sol ponerse sobre los arrozales del pueblo. Y, como buen anfitrión, a Tadashi le gustaba amoldarse a los planes de su acompañante y hacerlo sentir más cómodo con su estancia en el pueblo.

"Aunque el día de hoy, yo también me he estado sintiendo más cómodo". Sentado bajo la sombra de uno de los árboles de la colina que daba a los arrozales, recordó la conversación que tuvieron el día anterior bajo la mirada de mil estrellas y la luna. Se habían prometido ser más sinceros y tratarse como mejor les pareciera.

—¿Que de qué, exactamente? —dijo el extranjero sentado a su lado. Ese día le había enseñado a pastorear las ovejas. Había sido gracioso ver cómo Tsukki gritaba a los animales intentando arrearlos. Tadashi había tenido que enseñarle a cómo llevarse bien con Joji para que, después, el perro lo obedeciera y lo ayudara. Había funcionado; Kei y Joji empezaban a agradarse, aunque fuera un poco. El citadino aprendía rápidamente.

—Ya me has contado mucho sobre la ciudad y yo te he enseñado muchísimo sobre algunos trabajos que se hacen aquí, pero... —volteó a mirarlo. Tsukishima estaba sentado con sus rodillas pegadas al pecho, apoyando el mentón en una de las articulaciones mientras miraba el paisaje. —...aún no sé mucho sobre ti o qué es lo que haces normalmente en la ciudad...

—Hm... —el otro pensó por un segundo, reflexivo. El viento mecía suavemente sus rulos dorados. No tenía el cabello tan largo, pero aun así se alborotaba con el viento. Los rayos dorados del sol hacían que el cabello le brillara. Tadashi se quedó absorto mirándolo. —No creo que haya mucho que contar... solo voy a la escuela, el club y todo eso...

"¿Un club?" Desconocía eso de su acompañante. Él mismo jamás había pertenecido a un club. La escuela rural solo daba clases a los 10 niños de la comunidad, y el número era cada vez menor a medida que pasaban los años. Actualmente, Tadashi era el último que quedaba.

—Cuéntame sobre ese club —sonrió. El otro notó su curiosidad y se enderezó, apoyando la espalda en el tronco del árbol.

—No es la gran cosa, es el club de voleibol —dijo.

Tadashi no tenía un gran conocimiento sobre deportes, pero sabía sobre el voleibol y béisbol. De niño solía jugar con los demás jóvenes de la comunidad. Aunque él era el menor y no podía seguir el ritmo de los otros, recordaba con cariño aquellas tardes jugando bajo el sol abrasador del pueblo.

—No creo que sea poca cosa si eliges estar ahí todos los días —Tadashi volvió a sonreír. Los ojos de Tsukishima se abrieron un poco y levantó una ceja. No sabía que significaba ese gesto. —Cuéntame más, ¿sí? —dijo y Kei asintió.

Le contó la historia de los cuervos de Karasuno, los campeones caídos de la prefectura de Miyagi. Le habló sobre el equipo, sobre los partidos y sobre los resultados de los mismos. Según él, antes de salir de vacaciones habían perdido un partido y su oportunidad de ir a las nacionales en el torneo Intercolegial.

La derrota debió ser triste, sin embargo, su acompañante no mostraba señales de estarlo. Recitaba la historia y los sucesos del club como si estuviera leyendo un libro poco interesante. Sin emoción o pasión en su voz, ni en su semblante.

—Me imagino que debió ser triste perder... —si Tadashi hubiera estado en su posición, tal vez habría llorado al saber que todo el esfuerzo que le había puesto al equipo se había ido a la basura.

Kei reflexionó por un segundo y luego lo miró fijo.

—No realmente —rascó su mejilla y sonrió educadamente. —Era natural que perdiéramos, no teníamos oportunidad contra ese equipo —dijo, intentando dar por terminado el tema.

Algo en esa sonrisa hizo sentir a Tadashi intrigado. Era una sonrisa fría y por cortesía; poco apasionada y sin ganas.

¿Qué cosas se ocultan detrás de esa sonrisa? Pensó, pero decidió dejar el tema. Tal vez después encontraría la respuesta a su curiosidad.

—Tal vez te sorprenda, pero yo también sé un poco de voleibol —rio suavemente, intentando dirigir la conversación hacia otro sitio que no fuera la "amarga" derrota.

—¿Ah sí? —el otro alzó una ceja y se rio, incrédulo.

—¡Hey! No te burles, Tsukki —fingió ofenderse por la burla del otro.

—No es burla —sonrió, pero esta vez fue tan distinto a como lo había hecho cuando le habló de voleibol. —Tal vez podríamos jugar un poco —lo invitó.

"No suena mal" Sería divertido distraerse con otra cosa que no fuera el trabajo.

—Está bien...pero hagámoslo mañana, estoy exhausto —dijo, tumbándose en el césped y sintiendo cómo le cosquilleaba la espalda.

—Bien.

Se habían ido juntos a dormir después de cenar.

Tadashi estaba tumbado en su cama, mirando el techo de lámina del cobertizo que llamaba cuarto. Su compañero de habitación estaba en el baño terminando su ritual nocturno antes de irse a la cama.

Cuando salió, llevaba una camisa blanca y unos shorts negros para dormir. Una toalla roja despintada descansaba sobre sus hombros. El cabello ligeramente mojado goteaba sobre el suelo de madera vieja. Ambos se acostaron en sus respectivas camas sin decir palabra. Tsukishima apagó el foco y los tenues rayos plateados de la luna se filtraron por la ventana del cobertizo.

Tadashi se dio la vuelta, dándole la espalda al futon que se encontraba en el suelo.

Estuvieron unos segundos en silencio. Tal vez el otro ya se había dormido, sin embargo, una curiosidad se mantenía en la cabeza de Yamaguchi. Se dio la vuelta para ver de frente el futón. Tsukishima estaba acostado, con los ojos aún abiertos.

—¿Vas a escaparte otra vez? —inquirió. Tadashi se sobresaltó.

—N-no realmente —dijo. —Es solo que tenía una pregunta más... —esperaba no molestarlo con sus curiosidades a tan altas horas de la noche.

—¿No puede esperar a mañana?

"Tal vez sí..." pensó, pero estaba ansioso por saber.

—Podría, pero... —se quedó callado. No tenía una buena razón para justificar la urgencia de su curiosidad nocturna.

Tsukishima resopló y se enderezó, sentándose en el futon y poniéndose sus lentes.

—Está bien, ¿qué sucede?

Tadashi abrió los ojos, sorprendido.

—D-de acuerdo... —dijo, impactado por la respuesta positiva del otro. —Me preguntaba si... —pensó unos segundos, estaba algo nervioso. "Ojalá no piense mal de mí".

El otro lo examinaba con una ceja levantada, curioso y algo despeinado debido al poco tiempo que pasó recostado.

Finalmente, Tadashi hizo su pregunta: —¿Qué otras cosas te gustan? Además del voleibol y todo eso...

Kei frunció el ceño, extrañado por la pregunta y bostezó.

Estuvo pensativo durante unos segundos y frotó sus ojos. Durante un segundo, Tadashi juró haber visto un atisbo de sonrojo en el rostro del otro. Tal vez era el calor que quedaba después de haber estado recostado.

—De acuerdo, pero... —bostezó y lo miró —...es algo vergonzoso, no vayas a reírte. —Yamaguchi notó como Kei jugueteaba nervioso con sus dedos y el borde de su manta.

Tadashi sonrió, tranquilizándolo.

—¡Por supuesto que no! —dijo eufórico. "Eso fue lo que nos prometimos, ¿recuerdas?" pensó.

El otro se puso de pie y fue a buscar su mochila. Era una bolsa de color verdoso hecha de cordura. No estaba tan desgastada, sin embargo, el material estaba rasgado de algunas partes. Tadashi nunca le había prestado atención, pero en la parte frontal había unos cuantos pines y broches con formas curiosas: había uno pequeño con la forma de una pelota de voleibol, otro plateado con el número 11 y otro negro que tenía la forma de un cuervo con las alas extendidas. Sin embargo, los que llamaron su atención fueron dos broches con forma de dinosaurios que estaban justo al frente de la solapa que cubría la bolsa más grande de la mochila, estaban puestos frente a frente y parecía como si se estuvieran mirando. A Yamaguchi le pareció un detalle de lo más curioso.

Tsukishima se sentó de nuevo en la cama con la mochila entre sus piernas, la abrió y empezó a rebuscar entre sus pertenencias. Después de unos instantes, sacó una libreta del bolso más grande de la mochila. Se la extendió a Tadashi.

—Será mejor que lo veas a que te lo cuente... —dijo y sacudió el cuaderno suavemente, invitando al otro a que lo tomara.

Lentamente y casi con temor, Yamaguchi tomó el cuaderno entre sus manos. Era una libreta azul de piel con una cinta de cuero café que la ataba por en medio y evitaba que se abriera. Con cuidado, le dio la vuelta y miró el delicado nudo que ataba la cinta. Con sus dedos, deshizo el nudo y quitó la cinta, extendiéndosela al otro para no perderla.

No supo por qué, pero contuvo la respiración antes de abrir el cuaderno, en suspenso. Era como si estuviera a punto de descubrir todos los secretos del otro y eso lo hacía sentir intrigado y emocionado a la vez.

Con toda la delicadeza que pudo, abrió la libreta. Las hojas eran amarillas con renglones azules. En la primera hoja, justo en medio, se leía "Diario" escrito con carboncillo. La letra era normal y la caligrafía era la más limpia que Tadashi hubiera visto. Nada vistosa ni decorada, una caligrafía que no se tomaba molestias ni pretendía ser nada más que letras en una hoja de papel.

Cuando empezó a hojear el cuaderno, sin embargo, Yamaguchi sintió como su boca se abría más y más, sorprendido.

En una de las hojas vio el boceto en carboncillo de un dinosaurio. Tenía dos cuernos en la cabeza, uno en la trompa y una especie de plato que salía de su cabeza. Si bien los trazos eran suaves, en algunas partes éstos se hacían más fuertes para acentuar las características del reptil. Había algunos rayones dentro del contorno del dibujo para dar la ilusión de sombras.

En la hoja de enfrente, estaba ilustrado el mismo dinosaurio, aunque en esta ocasión estaba dibujado solo el esqueleto. Cada hueso y articulación estaba plasmada con delicadeza y sombreada con cuidado. Por un segundo, Tadashi pensó que la ilustración tenía un aura tétrica, sin embargo, su asombro por la habilidad del otro fue mayor. No tenía ni la más mínima idea de que ese era el talento oculto de Tsukishima.

—¿Entonces te gusta dibujar o los dinosaurios? —inquirió, intentando bromear con el otro.

Kei sonrió levemente y se puso de pie, sentándose en la cama de Tadashi junto a él.

—Ambas cosas —dijo, pegando sus hombros e inclinándose para señalar los dibujos. —Este es un Triceratops, vivió hace más de 68 millones de años —explicó— y esta de aquí es su gola ósea —señaló el plato que salía de su cabeza— la usaban para regular su temperatura y para demostrar poder, aunque anteriormente se creía que la usaban como defensa, pero esa teoría perdió validez porque el hueso de esa parte era muy frágil...

Yamaguchi volteó a mirarlo, sorprendido. "No entiendo absolutamente nada..." pensó. Si bien sabía que los dinosaurios habían existido en algún momento, no tenía idea de que su existencia tenía tantas complejidades y que había personas apasionadas por ese tema. Además, según Tadashi, el mundo existía desde hace 2000 años, así que todo eso sobre miles de millones de años no tenía sentido para él. Aun así, sonrió. Saber que existía algo que apasionaba al otro hacía que Yamaguchi se sintiera genuinamente feliz por él.

Similar a lo que pasó con la historia de su equipo de voleibol, parecía como si Kei recitara los datos sobre el... ¿tripetarops?... como si estuviera repitiendo de memoria los datos de un libro. Sin embargo, contrario a lo que sucedió en los arrozales, esta vez la voz de Kei sonaba emocionada y pareciera como si tuviera ganas de explicar más sobre los antiguos reptiles.

—¿Qué? —dijo Kei cuando notó que Tadashi estaba mirándolo.

—¡A-ah! —exclamó, avergonzado. —Es solo que... no tenía idea que te gustaba tanto todo esto —volvió a sonreír, más confiado.

Tsukishima tardó unos segundos en responder.

—¿No crees que es raro? —dijo y Tadashi pudo ver cómo, con dos de sus dedos, Kei jugueteaba con el borde de la hoja de papel, ansioso.

—¡Por supuesto que no! —respondió, tranquilizándolo y dando vuelta a la página. Al reverso, había aún más dibujos: reptiles rodeados por bocetos de patas, garras y cuernos. —Háblame de estos igual... —pidió.

Durante unos cuantos minutos, Tsukishima le habló a Yamaguchi sobre los dinosaurios que tenía dibujados en su diario. Cada uno de ellos estaba dibujado con cuidado y dedicación. En los encabezados de cada página estaban los nombres de cada reptil: tiranosaurio, velociraptor, alosaurio y muchos otros que no había memorizado o cuyos nombres eran demasiado difíciles como para recordarlos.

A medida que pasaba las páginas del diario, otros dibujos empezaron a aparecer en las hojas de papel. Primero vio un edificio; después, una calle pavimentada con personas y automóviles transitando por ella; por último, un gimnasio con lo que parecía ser una cancha de voleibol.

—¿Dibujas otras cosas además de dinosaurios? —preguntó Tadashi, con curiosidad.

—Ajá... —respondió el otro, pasando más páginas y revelando más ilustraciones: árboles, atardeceres, flores y demás objetos.

—¿Has dibujado cosas del pueblo?

Tsukishima volteó a verlo y negó con la cabeza.

—No realmente...

—Tal vez mañana deberías hacerlo —Tadashi sugirió y le sonrió. Continuaron dando vueltas a las páginas del diario.

Al cabo de un rato, Tsukishima dio la vuelta a la página y Tadashi observó algo diferente. Era una página sin dibujos en donde solo había una carta escrita con letra pulcra y ordenada. En los primeros renglones alcanzó a leer: Querido diario: hoy, de nuevo, fue otro de esos días horrendos en donde... y, antes de que pudiera seguir leyendo, Kei cerró el diario de golpe.

—Y-Ya es hora de dormir —dijo, nervioso.

Yamaguchi se quedó mirándolo extrañado. No le habría tomado importancia a lo que leyó, tal vez era algo superficial, pero la reacción del otro lo hizo pensar que esa entrada del diario era realmente íntima y contenía algo que quería ocultar.

Pensó en insistir ver aquella página secreta dentro del diario, pero decidió que respetaría su privacidad.

—De acuerdo... —dijo, intentando fingir que no leyó lo que leyó. —Gracias por mostrarme —le dirigió una sonrisa breve y se dio la vuelta para acomodarse en la cama. Kei se puso de pie, apagó las luces e hizo lo mismo en el futon del suelo.

Cuando el cuarto se sumió en la oscuridad y Tadashi pudo escuchar los suaves ronquidos viniendo del suelo, sintió una punzada en el pecho.

"¿Qué acaso eso no fue lo que nos prometimos? ¿Ser más sinceros?" pensó, antes de quedarse dormido.

Esa noche soñó que visitaba un museo con Tsukishima. No tenía idea de cómo se veía un museo, pero en su sueño había esqueletos de dinosaurios por todos lados y Kei le hablaba sobre cada uno de ellos con la misma pasión con que lo había hecho cuando le leyó todas las páginas de su diario. Todas menos una.

Habían terminado de comer y decidieron tomarse un descanso después del trabajo de la mañana. Su primera labor aquél día fue supervisar el arrozal y revisar que la cosecha estuviera en buen estado. Fue una buena oportunidad para llevar a Tsukki a conocer de cerca el humedal. Había sido gracioso ver cómo se atoraba los pies con el lodo del suelo y cómo casi se caía en repetidas ocasiones.

—¿Qué tal si hacemos eso que dijimos ayer? —preguntó Tsukishima. Estaban sentados bajo la sombra de un árbol, mirando a las ovejas pastorear en el pastizal que estaba atrás del granero.

—¿Hm? ¿Qué cosa? —preguntó, saliendo de sus pensamientos. Estaba demasiado concentrado en ver a Joji corriendo de un lado para otro del pastizal.

—Lo del voleibol... —le recordó.

Tadashi volteó a mirarlo y sonrió, asintiendo.

—¡Cierto! —dijo y se puso de pie, yendo al granero por una vieja pelota que hace mucho no usaba. Por suerte, aún estaba inflada.

Ambos fueron hasta el patio posterior de la escuela rural. Ahí había una pequeña cancha de voleibol en la que Tadashi solía jugar con el resto de los niños del pueblo. Cuando solía haber niños en el pueblo.

En el centro de la cancha, una red colgaba pesada de entre dos palos torcidos de madera. Muchos de los hilos que formaban los cuadros de la red estaban rotos y colgaban hacia el suelo, siendo mecidos por el viento. Pese a las condiciones, la desastrada red cumplía su función de dividir la cancha en dos.

El concreto sobre el que se encontraba la rudimentaria cancha estaba empezando a ser reclamado por la naturaleza. Estaba fracturado y, de entre las grietas, se asomaban brotes de flores, césped y demás flora. Alrededor de ese concreto, había más césped y tierra.

—Espero que con esto sea suficiente —dijo Tadashi.

—¿Para ganarte? Por supuesto que es suficiente —dijo Tsukishima, burlándose.

Y después de eso, pasaron el resto de la tarde jugando voleibol.

Tadashi esperaba que el nivel de Tsukishima jugando fuera más elevado que el suyo. Sin embargo, después de haber jugado varios "sets" contra el rubio, la diferencia de habilidad entre ambos era algo que Yamaguchi no habría podido imaginar nunca. Su acompañante se movía con rapidez, golpeaba la pelota con fuerza e, incluso, saltaba frente a él para evitar que los balones que Tadashi golpeaba llegaran al otro lado de la red.

—¡Oye! —jadeó, empezando a sentir el esfuerzo de cinco sets seguidos (de los cuales no había ganado alguno). En el marcador mental que llevaba, el "set" iba 2-18, a favor de Tsukishima. —¡Eso es trampa! —dijo, señalando al otro.

—¿Exactamente qué? —no se escuchaba cansado, aunque si estaba sudando. Tadashi vio como usaba el cuello de la camisa blanca que llevaba para limpiarse el sudor de la frente.

—¡Eso! ¡La cosa que haces cuando brincas enfrente mío! —saltó e imitó la posición que realizaba Tsukishima para detener sus remates.

El otro rio, divertido.

—¿Eso? —se acercó a la red de la cancha y miro a Tadashi que aún estaba en la otra mitad. Los dividía la destrozada red. —A eso se le llama "bloquear", así se juega al voleibol, ¿no lo sabías? —dijo, burlándose de él.

—Para tu información, no. No tenía idea. —no era mentira. Para Yamaguchi, el voleibol solo consistía en pasarse el balón a través de la red mientras reías. Por supuesto, todos esos trucos que Tsukki utilizaba debían ser cosas que se usaban en el "verdadero voleibol". —No te sientas tan superior solo porque estamos haciendo algo en lo que eres bueno —formuló y, en ese momento, recordó algo con lo que podría voltear la situación: —¿O quieres que te recuerde cómo casi te caes en el lodo esta mañana? —rio y, acto seguido, imitó el balanceo que su acompañante había hecho parado sobre una pierna cuando se tropezó y evitó caer al lodo. Desde donde estaba, pudo apreciar un sonrojo de vergüenza en la cara del otro.

—D-de acuerdo, está bien... —dijo, perdiendo el tono burlón de su voz y el porte altanero. —Acabemos con esto para regresar.

Y así fue.

Cuando terminaron, el atardecer empezaba a notarse en el cielo y el mundo. Habían pasado toda la tarde jugando. En cualquier otra situación, a Tadashi le habría preocupado abandonar sus deberes durante toda una tarde, sin embargo, jugar voleibol había sido divertido y, después de todo, no hacía daño divertirse de vez en cuando.

Se tendieron sobre el pasto y tierra que rodeaba la cancha de voleiból, mirando al cielo uno al lado del otro.

—Nada mal para un principiante —dijo Kei, sarcástico.

—Sí, claro, como digas —intentó sonar ofendido. La derrota había sido aplastante, Tadashi dejó de contar después de haber perdido 10 sets.

Ambos rieron ante los comentarios y se quedaron en silencio durante unos instantes.

—Aun y con la derrota... fue divertido —dijo Yamaguchi, estaba siendo sincero. En ese momento, algo cruzó por su mente y, cuando lo reflexionó¸ pensó que podría ayudarle al otro, así que lo dijo: —Tal vez no se trata de ganar o perder, sino de divertirse... —giró su cabeza para mirar al otro y le sonrió.

—T-Tal vez... —Tsukishima lo miró fijo por unos segundos, y luego regresó su vista al cielo. —Aunque es mejor cuando juegas con un equipo... —dijo después de unos instantes mirando el cielo naranja azulado.

Aquello era algo de lo que no habían hablado a detalle.

—Háblame sobre las personas de tu equipo —dijo, casi como un susurro, pero lo suficientemente alto como para que el otro escuchara. En su cabeza, Tadashi imaginaba gigantes amenazadores que jugaban igual que Tsukki.

—Soy de primer año, así que aún no los conozco del todo...aunque hay una pareja de tontos que han estado ayudando al equipo y todo eso...

—¿Cómo que tontos? —preguntó.

—Ajá, son un par de cabezas huecas que solo piensan en voleibol y nada más —dijo, en un tono más serio.

—¿Y eso qué tiene de malo? —cuestionó, genuinamente curioso.

—Que toda esa pasión terminará haciéndoles daño —dijo en un tono seco que no aceptaba réplicas ni cuestionamientos. Nunca le había hablado así. En ese instante, Tadashi sintió una barrera que los separaba, aunque entre ellos había solo césped, aire y la luz del atarceder.

De hecho, el tono lo hizo recordar su sonrisa fingida y la fachada que puso el día anterior cuando le habló sobre la derrota de su equipo. También recordó la entrada de diario de la noche anterior y lo empeñado que estaba por ocultarla. Con esta, ya iban tres veces que Tsukishima Kei le ocultaba algo o cortaba la conversación para evitar algo. Algo.

"Ahora que pienso en el diario..." —¿Trajiste tu diario? —preguntó, cambiando el tema y enderezándose para quedar sentado en el piso.

Tsukki asintió y señaló un pequeño morral que había dejado tirado en una de las esquinas de la cancha.

—¿Y si dibujas este sitio? —dijo y, durante un segundo, vio a su compañero dudar. Sin embargo, también se enderezó y se puso de pie.

Trajo consigo el morral y sacó el diario. En un instante, Tsukishima ya se encontraba sentado, con las piernas cruzadas y apoyando el cuaderno en una de sus rodillas. Además del viento soplando y meciendo el césped y la red, lo único que se escuchaba en el patio trasero de la vieja escuela era el sonido del carboncillo contra el papel. Tadashi se pegó un poco más a él, mirando con atención cómo la delicada mano de Kei trazaba los cuidadosos rayones y sombreados que conformaban el bosquejo que estaba haciendo.

"¿Qué es eso que escondes...?" se preguntó en sus pensamientos mientras miraba fijamente las páginas del diario, como si quisiera atravesarlas y leer aquella página tan secreta que le ocultaba el otro. De nuevo, sintió cierta pesadez en el pecho.

Después de unos minutos, Tsukki terminó con su dibujo de la cancha de voleibol. Tímidamente, dejó que Tadashi lo viera (aunque no soltó el cuaderno en ningún momento). Era una representación bastante fidedigna del entorno en el que se habían pasado toda la tarde jugando. Incluso las nubes del cielo estaban dibujadas y sombreadas con cuidado y dedicación. De haber tenido color, habrían sido anaranjadas.

—¡Quedó perfecto! —dijo, animado. Tsukishima sonrió muy levemente.

—Gracias.

El sol se ocultó y el cielo comenzaba a oscurecer. Era hora de volver a casa.

"Aún falta meter a las ovejas en el granero" se puso de pie e invitó al otro a hacer lo mismo.

Caminaron para volver al granero. Antes de salir del patio de la vieja escuela rural, Tadashi se dio la vuelta para mirar el sitio por última vez. La vieja red y la cancha ya empezaban a perderse en la noche y su oscuridad.

"Hoy de verdad fue divertido...es divertido estar con él" Pensó y sonrió para sí-mismo. Sin embargo, cual relámpago, otro pensamiento en su cabeza respondió a su felicidad: "¿Qué sucederá el día que se tenga que ir?" Y, como ya se estaba haciendo costumbre, sintió otra punzada en el pecho. La diferencia fue que esta le provocó ganas de vomitar y un nudo en la garganta que no supo explicar.

Se dio la vuelta para correr y alcanzar a Tsukishima.


Durante este capítulo hablo sobre una entrada en el diario de Tsukishima; en estos días la estoy escribiendo, solo que no sé si publicarla después de este capítulo, o esperar a más adelante...

También quiero decirles que estén al pendiente, el siguiente capítulo (XVII) es mi favorito hasta ahora, no puedo decir nada más pero, por ahora, solo quiero comentar mi emoción al respecto.

Hasta otra!