Hola a todos! No me lo van a creer pero de verdad creí que se había publicado… tal vez fue un error de fanfiction o yo que sé, pero cuando revisé las historias y vi que no se guardaron ni el capítulo ni los cambios casi me dio un ataque. Pero como sea, este es el final de esta historia, gracias por quienes lo han leído y gracias por quienes dejaron favoritos, reviews y follows, espero que igual les guste a los fans de este juego que como me ha hecho llorar con sus dos últimos finales… Y YA! Sin más qué decir… UN ABRAZO! UN GUSTAZO! Y HASTA LA SIGUIENTE!
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Capítulo 5.
Realidad.
El silencio en lo profundo del bosque oscuro era roto por el sonido de pasos en el antiguo sendero, y el sonido de las hojas alertó al Cazador que con su linterna iluminó hacia la pequeña vereda donde anteriormente había puesto sus trampas, ahora activadas por culpa de una vieja bellota… no, eso no cayó de los árboles.
Se volvió para ver el pedazo de tela café de un niño tras un árbol. Disparó y los niños salieron corriendo del sitio, esquivando las balas tras los árboles. El niño de piel morena con cristales que servían como gafas ayudó a la pequeña niña morena de coletas que tenía alrededor de su vestido de overol una cuerda amarrada varias veces alrededor que lucía como una cola de ratón. Un disparó dio en el tronco que intentaban saltar y los dos salieron volando por el impacto del estallido. El niño había perdido parte de su abrigo pero no tenía tiempo de pensar en eso tras escuchar el grito de dolor de la niña y al voltear vio su pierna atrapada en una de las mortales trampas. Tomó un palo grueso y la puso sobre de esta, intentando abrir la trampa, apenas y teniendo éxito la niña sacó su pierna que se veía extremadamente mal. Él tomó su brazo y comenzaron a correr a trote mientras la luz se acercaba cada vez más y más hacia ellos hasta que vieron un estanque, su salvación si tenían suerte… Un disparo pasó cerca de ellos y el niño perdió el equilibro y cayeron en una zanja. La niña comenzó a llorar apretando sus labios para no gritar, su pierna era un miembro inútil que colgaba de lado en un ángulo extraño, el niño se levantó y la tomó de las axilas para intentar levantarla pero ella ya no podía moverse presa del dolor que quería gritar.
Una luz se hizo presente a su lado, la luz de un televisor casi enterrado entre el lodo y las hojas. La luz azul y la estática llamaron su atención. El niño se acercó y de repente una mano oscura se estrelló en la pantalla asustándolo y haciendo que soltara un grito corto pero tan fuerte que el Cazador fue a por ellos. Un brazo salió, luego otro, y frente a ellos asomó un hombre de sombrero y traje que salió de la pantalla y los miró con unos oscuros ojos con iris verdes.
La luz de la linterna los iluminó. El Cazador apuntó a sus presas que cerraron los ojos ante el inevitable final. Y entonces…
Un grito ronco salió del Cazador cuando su arma se deshizo en sus manos. El hombre de traje se había movido en un chasquido y con el toque de su mano el arma había desaparecido. El Cazador cayó hacia atrás y comenzó a alejarse del hombre de traje. Fue entonces que el hombre se acercó a él y algo en el ambiente cambió, volviéndose pesado, frío, y por consiguiente para el Cazador doloroso. Un choque eléctrico que lo dejó incapacitado y quizás hasta muerto.
El hombre del traje se volvió a ellos, ambos niños aterrados pero este los tomó antes de que siquiera intentasen escapar y los arrastró con él al interior de la televisión…
Al abrir sus ojos, una luz casi los dejó ciegos. El hombre caminó por un largo pasillo con ellos en mano hasta una puerta, y al abrirla una luz más intensa los envolvió. Un iluminado espacio los recibió, cálido, lleno de colores, juguetes, y había niños alrededor pero también adultos, sin embargo los adultos no estaban deformados como los que alguna vez vieron en las ciudades, tampoco parecían querer comerlos o lastimarlos. El hombre se quitó el sombrero y mostró a un varón de cabello rubio, y a pesar de que sus ojos daban miedo, su sonrisa fue cálida y amable.
-He vuelto.
-Chaton.- una mujer en un vestido rojo se acercó a ellos, era una mujer muy bella que les miró preocupada.- Tranquilos, van a estar bien ahora. ¡Viperion!- llamó a un hombre alto vestido con una sudadera azul con el dibujo de una serpiente y de expresión amable.- Un herido.
-Entendido, vengan conmigo.- los llevaron por el lugar, era un enorme edificio o quizás una mansión en algún lugar distinto al que habían estado. Vieron a niños jugar, pintar, correr, comer en una mesa llena de exquisiteces servidas por un adulto y dormir sintiéndose seguros y en paz. Los llevaron hasta un cuarto blanco pero adornado con origamis de papel de colores y juguetes de peluche, la mujer de rojo se sentó a un lado cuando los pusieron sobre una mesa, el niño bajó primero y lanzó algunos golpes al aire como amenaza hasta que el hombre rubio le dio un leve golpe en la cabeza con su dedo.
-Hey, tranquilo hombrecito. Vamos a ayudar a tu amiga.
En respuesta el niño se trepó a su dedo y comenzó a morderlo pero se llevó una leve descarga que lo dejó un poco tieso y se alejó del hombre. Pudo ver a la mujer de rojo acercar su mano a la niña y esta gritó cuando el hueso roto volvió a acomodarse y parte de sus tendones volvían a regenerarse haciendo un ruido seco. El niño se acercó y abrazó a su compañera, pero esta al mirar abajo pudo ver que ya podía mover su pie, aunque todavía le dolía mucho. El hombre de azul se puso unos lentes con lupa y comenzó a preparar los pequeños vendajes.
-Estará bien en una semana o dos. Fueron muy valientes.- dijo dándole a ambos una paleta de caramelo que los dos tomaron con gran placer. La mujer de rojo sonrió al verlos.
-¿Te encargarías de ellos?
-Por supuesto. Los revisaré y luego los llevaré a con los demás para que los conozcan.
-Gracias Viperion.
La pareja abandonó el lugar y un par de niñas pasaron cerca de ellos, una de ellas con un vestido rosa les sonrió ampliamente y la otra de vestido morado les saludó y las dos se fueron corriendo hacia otra parte. Caminaron un poco más por el lugar pasando las habitaciones. En una estaba la biblioteca, llena de cuentos y libros variados, en este una mujer de cabello castaño y gafas leía a los niños presentes un cuento y detrás de ella un hombre moreno con una camisa verde le abrazó por detrás y se apoyó en su cabeza cual perezosa tortuga. En otra habitación, los niños corían en ejercicios para mejorar su condición y su entrenador les daba ánimos a todos junto con un chico de grandes gafas y bajo, y una chica pelirroja de pecas.
Había adultos por doquier, antiguos sobrevivientes que vieron toda clase de horrores, que perdieron a sus seres queridos, amigos, compañeros, hermanos, la nueva generación de adultos que esperaba paciente por la verdadera batalla que significaría poner fin a los demás seres que amenazaban ese mundo.
Fueron al balcón de aquella mansión sobre la montaña que ahora ocupaban como refugio.
-¿Todo bien, chaton?- preguntó Ladybug a su compañero que sonrió y besó su mano.
-Todo está bien ahora.- ella pasó su mano por su rostro y este casi ronroneó de gusto.
-No me mientas, ¿qué te preocupa?- él suspiró al darse cuenta de lo perspicaz que era su compañera. No podía ocultarle nada.
-Lo siento, Ladybug. Es sólo que me es difícil pensar en los que aún quedan afuera. No sabemos qué peligros enfrentan así como nosotros alguna vez hicimos… esta pesadilla no parece terminar nunca.
-No digas eso.- dijo ella atrayéndolo y juntando sus frentes.- Si bien todavía no sabemos cómo romper con este mundo de pesadillas, podemos salvarlos y ponerlos a salvo…
-¿Crees que algún día esto termine?- ella le sonrió y acarició tras sus orejas.
-Sí… y cuando hayamos encontrado la verdad, encontrado la forma de salvarlos a todos y así acabar con aquellos monstruos o incluso salvarlos de su perdición, podremos al fin vivir un fantástico sueño que no sea sólo aquí.- su compañero sonrió, besó su frente y la abrazó.
-Esto no es un sueño, esto es la realidad... y un día, haremos que esta realidad sea para todos.
Ladybug y Chat Noir se quedaron así largo rato, sin notar a la niña de impermeable negro y verde con orejas de gato mirarlos y reírse a lo bajo, enseguida dos pequeños niños se asomaron también, el mediano de cabello negro con un sombrero de papel rojo que cubría así como su cabello sus ojos, y el más pequeño con una bolsa de papel en su cabeza pero a este se le veía la boca. Miraron la escena de sus padres durante un buen rato hasta que su madre suspiró.
-Niños…- les llamó la atención Ladybug con una media sonrisa y ellos corrieron hacia ellos entre risas para así poder ver el atardecer.
Era verdad que afuera de ese sitio las tierras no eran seguras, que había mucho por hacer, pero a pesar de todo, sin importar cuán horribles sean los monstruos a enfrentar, pelearían por ese sueño que ahora era su realidad… ya que al abrir los ojos siempre podían despertar de las pesadillas.
Fin
