.

Advertencias del capítulo: (Lenguaje obsceno)

.

Disclaimer: Inuyasha y sus personajes NO me pertenece

.

Nota: Esta historia es completa y absolutamente MIA, y no es permitido tomarla sin mi autorización.

.


.

CHAPTER 4

.


.

.

.

.

–¿De dónde la conoces Inuyasha? – preguntó Rin volviendo a apoyarse en el asiento, se cruzó de brazos y le miró seriamente – Y no me mientas.

Inuyasha trago saliva mientras observaba a su mejor amiga. La expresión taimada, resuelta y hasta satisfecha de Rin le resultó irritante.

Aunque instintivamente su primer pensamiento era decirle que se metiera en sus propios asuntos, sabía que eso también sería contraproducente. No había nadie en el mundo que pudiera controlar la curiosidad de Rin, menos el sentido –tonto– de responsabilidad que creía que debía tener con él.

Eran mejores amigos desde la secundaria, pero era un par de años mayor que ella y su cuñado, había intentado poner los límites a la intromisión que ella hacía en su vida privada, pero nunca logró levantar las barreras correctas, había desistido de hacerle entender que no debía entrometerse, sus sentimientos por ella tenían mucho que ver y también el hecho de que sabía que no lograría frenarla. Rin nunca cambiaría y era en vano intentarlo, ni siquiera el estirado y muy idiota de su hermano lo había logrado.

Apartó la mirada, sintiendo como su frente se perlaba de sudor, el cuello de la camisa de pronto empezó a apretar demasiado y se apresuró a desabrochar el primer botón, tragando el nudo en su garganta.

Estaba nervioso y furioso.

Siempre había sido muy cauteloso cuando se trataba de mujeres, muy pocas y contadas veces se había visto envuelto en escándalos, más cuando éstos conllevaban a situaciones tan delicadas, no podía concebir que se hubiera permitido terminar en esa situación.

No era un idiota hormonal o un tipo distraído de su entorno, siempre podía mantener la cabeza fría, independientemente de la situación, pero una vez más se dio cuenta que desde el momento en el que Kagome Higurashi había entrado a su vida, su mundo entero parecía estar de cabeza, en un sentido totalmente caótico.

¡Maldita bruja!

Estaba seguro de que jugaba con él, aún no comprendía cual era su intención al haberle visitado ese día, pero independientemente de ello, lo único que había logrado fue hacerlo ver como un cachondo e imbécil adolescente.

¿Cómo demonios saldría de aquella situación? ¿Por qué Rin había tenido que aparecer justo en ese momento? Peor aún ¿Por qué había permitido que Miroku abandonará la oficina?

Nada de aquello habría sucedido con un tercero presente, pero no había soportado la cercanía que percibió entre su mejor amigo y esa endemoniada mujer. Miroku era un picaflor, un auténtico donjuán. Atractivo, carismático, rico y encantador. Tenía las cualidades precisas para que las mujeres se le tirarán a los brazos. Siempre iba rodeado de puras bellezas femeninas y cuando tenía un objetivo en mira, jamás fallaba.

¿Era acaso extraño que hubiera tomado aquella precaución? Aunque aún estaba totalmente en contra de su compromiso con Kagome, no quería que se viera envuelta en un escándalo que le dejara en ridículo. Los periódicos estaban llenos desde el fin de semana sobre el anuncio de su compromiso, seguramente habían más miradas puestas sobre ellos de las que creía, de ser así, el mínimo suceso podría terminar manchando su nombre y el de su familia.

Con la fallida noche de presentación por parte de ambos, sus padres y la familia Higurashi habían sabido manejar muy bien el hecho de que ninguno de los dos estuviera presente en la cena. Los titulares no habían dejado de especular al respecto, asumiendo que se encontraban en una situación mucho más íntima y privada ¡Cuánta ironía! ¡Pues estúpidamente tenían razón!

Habían estado haciendo el amor en su yate toda la maldita noche.

La mujer prácticamente saltó a sus brazos con la sugestión precisa. Aún creía firmemente que ella había planeado todo aquello, pero las palabras de Miroku y el recuerdo de la vehemencia con la que ella defendía su posición hacían tambalear esa teoría. Aunque la perspectiva era muchísimo peor, porque implicaba que ella se había acostado con un desconocido a pocas horas de coincidir. Era una desvergonzada ¡No podía confiar en ella! ¡Podría tratar de seducir a Miroku también!

Sintió como el calor penetraban a través de su estómago hacia su pecho y subía por su garganta como lava líquida ¡El maldito cielo se abriría antes de permitir que hiciera de él un cornudo! ¡Tenía que hablar con ella inmediatamente!

Recordó vagamente la sensación que había experimentado mientras estaban entre las sábanas revueltas durante las pausas que sus cuerpos les permitían, cuando no estaban haciendo el amor. Había visto algo diferente en sus ojos, su sonrisa le había parecido tan sincera y la manera en la que ella le acariciaba fue afectuosa y natural. Jamás podría haber pensado que se trataba de una treta.

Había conectado con Kagome de una manera especial, como no lo había hecho con ninguna mujer antes. Era por ello que se sentía tan traicionado, tan herido y molesto.

Mientras él estuvo torturándose continuamente con su recuerdo, intentando encontrar una solución a su compromiso para talvez tener una oportunidad en un futuro con su hermosa desconocida, ella se habría reído de su ingenuidad.

¿Cómo pudo dejarse engañar tan fácilmente?

—¿Entonces Inuyasha?… ¡¿Inuyasha?! ¿Me estás escuchando?

—Claro – parpadeó para centrarse. Miró la expresión enfurruñada de su amiga – ¡Fue Miroku!...

¿Qué mierdas había dicho? Carraspeó para desviar el impulso de estupidez y se irguió en su asiento fijando la mirada en su ordenador.

—Miroku me la presentó – soltó con mayor seguridad luego de que la idea se formara en su mente.

—Ajá

Rin pareció no creerle, pero no fue una sorpresa. Sabía que no se tragaría el cuento tan fácilmente por lo que rebuscó rápidamente entre sus pensamientos para formar una idea decente.

—Fue hace mucho tiempo, realmente no la recordaba.

—Pero si es así ¿Por qué no me lo dijiste? Nos habríamos ahorrado el drama ¿no crees?

El albino observó de reojo, la mirada entrecerrada que le dirigía la chica. Su mentira había sonado de todo menos creíble, pero se negaba a devolver las palabras y menos aún, a decirle la verdad.

—Realmente no estaba seguro de recordarla bien, ya te dije que fue hace mucho tiempo y solo fueron unos minutos.

—Entonces… – un indicio de fría incredulidad se deslizó por sus labios – ¿Me estás diciendo que Miroku la conoció desde antes y te la presento?

—Así es.

—Y… ¿Ellos fueron amantes?

—¡¿Qué?! ¡No! – volteó rápidamente, la idea asentándose completamente en su mente y dejándole mudo de la impresión. El fuego brotó nuevamente y ni siquiera pudo detener la mirada rápida y molesta que dirigió en su dirección.

—Cálmate Inuyasha, solo era una suposición, no tienes que alterarte

—¡Yo no me alteró!

—¿No? Mira… Miroku es un hombre muy bueno, pero es todo un seductor, no es extraño verlo rodeado de mujeres hermosas y Kagome lo es. Dado que la conociste por medio de él… supuse…

—Pues no supongas.

—¿Y me dices que no estás alterado?

—No estoy… – intentó refutar, pero Rin le cortó inmediatamente.

—Cómo es evidente que no me dirás nada, mejor voy a averiguarlo yo misma.

—No Rin, espera… te estoy diciendo la verdad.

—Cuando quieras mentirle a alguien, solo asegúrate que esta persona no te conozca tanto como lo hago Inuyasha. Se que me estás mintiendo y eso solo me hace preguntarme que es lo que me quieres ocultar.

—Te juro que eres un auténtico fastidio ¡No te estoy mintiendo mujer loca! – la confrontó con exasperación. Rin se cruzó de brazos y rodó los ojos con obviedad.

—Claro, claro – hizo un movimiento de manos – Por cierto, deberías de analizar mejor tus sentimientos respecto a Kagome, no se que es lo que te impide tan solo aceptar que sientes algo por ella, pero creo que se vuelve evidente luego de lo que sea que compartieron.

—No sé de qué hablas maldición… te estoy diciendo que apenas la conozco.

La morena chasqueó la lengua y se levantó de la silla, tomó con tranquilidad el bolso que había dejado sobre su escritorio y lentamente se deslizó hacia la puerta. Inuyasha la observó con el ceño fruncido, Rin era un hueso duro de roer, no era extraño dado lo inteligente que era.

La chica se detuvo y abrió la puerta, volteó hacia él apoyando una mano en su cadera.

—Debiste ver tu expresión cuando mencioné que ella y Miroku fueron amantes, seguramente habrías entendido muchas cosas sobre ti mismo – volteó dando un par de pasos fuera, se despidió efusivamente con la mano mientras cerraba la puerta – Nos vemos luego, aunque no creas que está conversación ha terminado.

—Rin ¡Ven aquí! – el albino se puso rápidamente de pie – ¡Que vengas te digo!

—Adiós querido – y la puerta se cerró.

—Maldita loca – Inuyasha dejó caer la mano contra su escritorio haciendo que el ordenador se moviera.

Bufó molesto y se sentó lentamente, su pulso palpitaba al ritmo de sus pies, chocando fuertemente contra el suelo ¿Cómo había terminado en aquella situación? Si Rin indagaba, no tardaría en descubrir como había conocido a Kagome.

¡Kagome! Todo era culpa de ella.

—¡Bruja del demonio!

Recordó aquellos ojos azules, los labios rojos y el cabello ondulado. Su piel fina, delicada y pálida. Su figura curvilínea y el aroma de su cuerpo, la manera en que encajaba a su lado, tan perfectamente. También recordó el latido fuerte, acelerado e irregular de su propio corazón, el sentimiento que nacía, sembrando sus garras en lo más profundo de su interior, que se extendía, que cubría todo, que la hacia tan malditamente especial.

¡Estaba cayendo en un precipicio!

Solo por esa desgraciada, hermosa y manipuladora mujer.

—Te odio – susurró con molestia.


Estaba terminando revisar el papeleo sobre su escritorio cuando el timbre de su apartamento sonó.

Sango Matsuda frunció el ceño dirigiendo una mirada a la puerta de su estudio. Llevaba apenas dos meses en aquel apartamento y su relación con los vecinos se limitaba a un par de saludos cordiales. No tenía mayor contacto con ellos, ni con nadie y de hecho, estaba dentro de su horario laboral por lo que todos debían suponer que no se encontraba ahí.

Se apresuró por el pasillo al escuchar nuevamente el chillante sonido de la entrada, sus pies descalzos se deslizaron por el piso de madera mientras casi se echaba a correr.

El pensamiento inmediato de quién podría ser le acometió, sin embargo lo descartó, Kagome nunca llegaba sin avisar, rodó los ojos y lanzó un gruñido cuando dio de bruces contra una mesita en el salón.

—¡Voy!... en seguida voy… ¡Ya voy maldición! – gritó tropezando hacia la puerta.

El timbre volvió a sonar.

—Quien demonios… – En cuanto abrió, observó la figura agitada de su mejor amiga – ¡Sabía que eras tú! ¡¿No puedes tener un poco de paciencia mujer?!

Se cruzó de brazos y le dirigió una mirada furiosa, que rectificó rápidamente al observar su semblante abatido.

—¿Qué sucede? – empezó a asustarse.

Kagome frunció los labios rojos y se le echo encima.

—¡No funcionó Sango!

La castaña le devolvió el abrazo preocupada. La última vez que se habían visto había sido la noche anterior, Kagome había llegado contándole una historia loca sobre un desconocido que resultó en realidad su prometido.

Aunque había estado triste, inmediatamente luego se puso furiosa al creer que Inuyasha Taisho había jugado con ella y eso conllevó a que se convenciera que debía romper su compromiso.

Su sonrisa decidida no había presagiado nada bueno, pero tampoco un desenlace tan fatal como el que vislumbraba en su semblante justo en ese momento.

—Vamos, entra cariño – le indicó dándole un golpe en la espalda.

Kagome asintió y se alejó de ella con dirección al sofá grande. Sango miró al pasillo esperando que nadie hubiera presenciado la escena.

Como figura pública a raíz de los múltiples negocios importantes de la familia Higurashi; ahora en Japón, Kagome era muy asediada. Lo que menos deseaba era ver un titular al día siguiente en alguna barata prensa amarillista.

Se acercó a ella y notó que se quitaba la chaqueta, quedando en un ligero top de encaje rosa, observó como tiraba su bolso sin ningún cuidado.

—Me quieres decir que sucedió – indagó sentándose a su lado, con la rodilla bajo su propio cuerpo.

Observó que Kagome fruncía el ceño y gruñía entre dientes ¡De verdad había gruñido!

—Ese hombre tan… desgraciado Sango… intenté, pero no…

—¿Estamos hablando de tu prometido? – preguntó confundida.

—No es mi prometido, aún no se ha formalizado nada por lo que no debe llevar ningún título que no sea otro que "El mayor idiota de todos los hombres"

—Veamos… – Sango pasó por alto su puchero y apoyó las manos en sus rodillas – ¿Por qué no intentas explicarme más lentamente para entenderte?

La morena suspiró y se dejó caer en el sofá, volteando el rostro hacia ella y cruzando las manos sobre su estómago.

—Fui a la oficina de Inuyasha.

No le pareció extraño dado lo impulsiva que era, Sango se limitó a asentir.

—Ajá

—Tenía planeado lo que haría. Te conté que el imbécil creyó que había sido yo quien planeó 0 todo nuestro encuentro el fin de semana – sus ojos chispearon, la castaña se encogió de hombros.

—No parece ser muy inteligente, te lo dije antes.

—¿Verdad que sí? – estuvo de acuerdo al instante – El punto es que iba con un trato en mente – le comentó.

Sango frunció el ceño, las habilidades de Kagome brillaban cuando se trataba de socializar y negociar, pero eran muy deficientes si estaba sentimental o emocionalmente involucrada.

—Kagome… – suspiró y la tomó de la mano – Solo debes hablar con tu abuelo, él entenderá que no quieres casarte.

Observó la mirada de pánico que se plasmaba en los bonitos ojos azules.

—No puedo decepcionarlo Sango, no puedo ser yo quien rompa el compromiso, sabes que prometí casarme con quién él eligiera – le recordó escandalizada.

La chica exhaló con cansancio, había intentado meterle la idea en la cabeza varias veces, pero su amiga era la persona más testaruda que conocía.

—Pero no quieres hacerlo, tu abuelo tampoco querría que fueras infeliz.

—Aún así. No puedo, necesito que sea ese… – hizo una mueca de desagrado –. Estúpido hombre quien rompa el compromiso. Si es él quien no quiere casarse, el abuelo no podrá oponerse.

Sango la miró con tristeza, aquella promesa tenía un significado especial para Kagome, ella siempre había sido una mujer de palabra y sabía que no había nada en el mundo que la hiciera retractarse de lo que decía, aún cuando fuera tan infeliz.

—Cada vez que te escucho hablar así, me pareces una pequeña ave atrapada en una jaula – le acarició el cabello con dulzura. Kagome frunció el ceño y se apartó, mirándola de frente.

—No me estoy victimizando Sango, solo no quiero casarme – ella se puso de pie y empezó a gesticular con las manos mientras caminaba –. Tengo veintitrés años. Estuve tanto tiempo lejos, quiero disfrutar de mi familia, quiero conocer a un chico y enamorarme de verdad.

—¿Y que te hace creer que no podrías amar a Inuyasha? – se cruzó de brazos mientras la miraba con curiosidad –. Me contaste que habías conectado con él.

—Me manipuló para hacerlo.

—¿Y si no fue así? ¿Y si él también fue víctima de las circunstancias? ¿Me dijiste que parecía muy ofendido y furioso cuando te vio? – le recordó.

—Es un buen actor – Kagome descartó sus palabras con un movimiento de manos –. Cuando lo vi antes de enterarme que era él mi prometido, juro que creí que era el destino y que realmente era el indicado, pero solo fue su plan Sango.

—No lo sabes Kagome. No te dejes llevar por esa mala impresión – susurró con tranquilidad. Kagome se detuvo y apretó los puños con fuerza.

—Es que deberías de ver cómo realmente es.

La Higurashi era el tipo de persona que siempre veía algo bueno en todos, le causó curiosidad que pareciera tan indispuesta, ofendida y hasta molesta por todo aquello. Comprendía su punto, pero no aquella insistencia, ni el aparente odio que sentía.

—¿Y como es?

—Es un pedante y un estúpido ególatra – enumeró mientras retomaba su caminata –. Parece tan pagado de si mismo y tan malditamente seguro de que su palabra es ley y… y… es que es tan…

Sango sonrió y se inclinó, apoyando las manos en sus rodillas y el rostro entre sus dedos.

—Yo solo veo que te gusta Kagome, que te gusta mucho.

—¡No es así! – negó sobresaltada –. Jamás podría enamorarme de un hombre como él.

—Creo que estás más en riesgo de enamorarte de Inuyasha de lo que crees.

—Claro que no – movió sus manos con insistencia – Se burla de mi e intenta reducirme con sus estúpidas tácticas de seducción. Seguramente es un tipo de lo más mujeriego. Me niego a casarme con alguien así. Quiero que mi esposo me sea fiel y que me vea solo a mi.

—No parece del tipo que pasa de una mujer a otra.

Sango recordó los artículos que había leído sobre él la noche anterior, luego de que Kagome se fuera. Los medios no parecían muy interesados en el Taisho menor. Cuando se trataba de negocios su nombre aparecía en titulares, pero no había encontrado nada que tuviera que ver con romances, era en realidad tachado como un hombre muy reservado.

—No podrías saberlo con seguridad. Seguramente cuida mucho su intimidad – ella le señaló con el dedo.

—Kagome.. creo que estás demasiado predispuesta – Sango suspiró y se apoyó en los almohadones, entrelazó sus dedos.

—¡No es así! Fui a su oficina para hablar con él y en lugar de eso empezó a jugar conmigo – sus mejillas se sonrojaron con furia –. Me, me acorraló e intento seducirme.

—Y por lo que veo te gustó – insinuó con picardía.

—¡Sango! Es en serio – chilló avergonzada y molesta.

—Lo es Kagome ¡El hombre te gusta! Te derrites por él. Cuando volví a verte luego del fiasco de tu cena de compromiso parecías otra y hablabas de tu desconocido con tanta dulzura – le recordó inmediatamente –. Creí que ustedes…

La morena negó con la cabeza y frunció los labios

—Esa era otra persona, era alguien muy diferente, simplemente me hizo creer algo que no era. Inuyasha no es así.

—Creo que estás muy equivocada. Que ambos están muy equivocados – le hizo ver frustrada.

Kagome siempre había sido una cabeza dura, pero justo en ese momento ni siquiera parecía dispuesta a escucharla ¡Y seguía insistiendo que ese hombre no le gustaba!

—No lo estoy Sango.

—Él parece un hombre de lo más estúpido y con el favor que me da nuestra amistad, puedo decirte que tú también eres una auténtica idiota.

—¡Sango! – la miró incrédula.

—No, es en serio. Ninguno parece ver las cosas como son. Ni siquiera han considerado que talvez todo se trató de una bonita casualidad – le hizo ver. Kagome se cruzó de brazos y le dio la espalda retomando el paso.

—Eres muy fantasiosa Sango.

—Y tú muy desconfiada. Que lo que pasó con él no defina tu vida Kagome. No todos los hombres con iguales – susurró con cautela

—No pienso de esa manera. Ya ni siquiera lo recordaba – hizo un movimiento de manos con desinterés. Sango suspiró.

—Se que si y que lo olvidaste. Hace unos años jamás habrías pensado en conocer a alguien y enamorarte, pero eso no quiere decir que no compares esa experiencia con esta.

—No lo estoy haciendo. Eso fue hace mucho tiempo. Ya lo supere – fue firme.

—Y eso me dice lo fuerte que eres Kagome. Pero por eso mismo te lo digo, no te dejes llevar por las apariencias.

—No lo estoy haciendo, no me fío de Inuyasha y te juro que haré que rompa el compromiso. Así muera en el intento – la observó con decisión. El fuego en su mirada le dijo lo decidida que estaba. Siempre había sido así con ella y cuando tenía una meta, no descansaba hasta conseguirla.

—No puedo con esto – negó con la cabeza y se puso de pie – Juro que me reiré de ti cuando quedes como una payasa – se encaminó a la cocina, necesitaba algo de tomar.

—Menos mal que eres mi mejor amiga – Kagome la siguió.

—Y como tal me se con el derecho de decirte las verdades en la cara. Te amo Kagome, pero estás actuando como una estúpida. Tienes que ir con tu prometido y hablar, pero hablar en serio. Talvez todo es más sencillo de lo que parece – se detuvo frente al refrigerador y volteó.

—O talvez eres tú la que se equivoca y yo tengo la razón – le hizo ver la morena con una sonrisa. Sango suspiró.

—Puede ser, pero si él también está en contra del compromiso y quiere que seas tú quien lo rompa ¿Por qué se habría tomado el costo de engañarte en primer lugar sabiendo que lo reconocerías inmediatamente?

—No sé, aún me sigue dando vueltas en la cabeza.

—Juro que eres una cabezota – sacó un jugo del refrigerador.

—¡Oye!

—Y a todo esto… dijiste que fuiste a la oficina a ofrecerle un trato ¿De que se trata? – tomó dos vasos y sirvió.

—Si él rompe el compromiso yo me encargaría de que mi abuelo aún así cumpliera su parte del trato con los Taisho.

—Eso es imposible – le observó incrédula.

—Claro que no. Estuve estudiando el acuerdo y realmente hacer este negocio nos traerá muchos beneficios, casi tantos como a ellos. Y si bien podemos darnos el lujo de rechazarlos, realmente sería una tontería.

—Tu abuelo es un hombre muy orgulloso – Sango le dirigió una mirada entrecerrada –. Si Inuyasha rompe el compromiso entonces lo vera como una deshora pública.

—No será así, yo intervendré.

—Creo que no estás pensando objetivamente.

—Si lo hago, si él rompe el compromiso salimos ganando de cualquier manera. La empresa Taisho siempre recibirá ayuda y ninguno de los dos tendrá que someterse a la locura de un matrimonio sin amor.

—¡Dios! ¿Sabes que?... Has lo que quieras – la señaló con el índice y luego negó con la cabeza, tomó un trago de jugo para refrescarse, Kagome algunas veces podía ponerla de muy mal humor

—No te pongas así Sango – la morena hizo un puchero con los labios.

—Vine hasta Tokio cuando me lo pediste, se lo terca que puedes ser cuando algo se te mete en esa cabeza. No importa lo que diga siempre lo harás – suspiró y se encogió de hombros –. Sabes que estaré aquí para apoyarte.

—¡Gracias Sango! – Kagome se le echo encima con efusividad –. Te amo mucho, eres la mejor amiga de todas.

—Yo también te amo tonta – le dio palmadas en la espalda.

—Sabía que podía contar contigo – se alejó con una sonrisa.

—Aún así, seré la primera en decir "te lo dije" cuando al final veas que era yo quien tiene la razón – le advirtió. Kagome retrocedió y tomó el vaso con jugo que había servido para ella.

—Eres la mejor abogada que conozco Sango, pero eso no quieres decir que explícitamente estés en lo correcto siempre – sentenció antes de tomar un largo trago – Puedo asegurarte que al menos, no en esta ocasión.

La castaña negó con la cabeza y la miró fijamente. Si algo le había enseñado su carrera, era que nunca debía fiarse de las primeras impresiones. Era una lastima que Kagome hubiera estudiado negocios en lugar de derecho.

—Veremos Kagome, veremos.

.

.

.

.

.


FIN DEL CAPÍTULO


.

.

NOTAS DEL CAPÍTULO:

Cómo dice el dicho "No hay peor ciego que el que no quiere ver"

El diálogo de este capítulo tiene un vergonzoso tiempo en mi nube y no tengo las palabras para disculparme. Realmente no sé que me pasa, no tuve una buena experiencia con el fandom, no fue directa, pero volví en el tiempo, como cuando estuve activa en el fandom de Naruto, y desde entonces me aleje un poco, hasta que caí en la cuenta de que ustedes han sido los más bellos y al menos aquí me han recibido muy bien por lo que me quiero disculpar y comentarles que pretendo terminar las dos historias que tengo y luego crear más ¡Estoy ansiosa por ello!

Espero que el capítulo fuera de su agrado. Aquí vemos la introducción de Sango y la decisión de Rin por descubrir lo que esconden. También espero haber planteado la evidente química que sienten Kagome e Inuyasha y que todos ven menos ellos mismos. Es obvio que cuando se trata del otro no pueden pensar con lógica.

A todas esas bellas que me apoyaron y comentaron el capítulo anterior ¡Gracias!

Ferchis-chan: ¡Qué gusto que te gustarán! Besos y abrazos a ti también.

LaWeaAzul: El punto del capítulo era ese, aunque no podría haber sido de otra manera con Miroku y Rin en escena. Un abrazo.

Lis-Sama: Es que no me extraña de ti, con el extraordinario talento que tienes. Qué los descubrieran fue la cereza del capítulo anterior y la decisión de Rin es la de este, creo que supones quienes serán los cupidos de esta historia ¿no? Miroku es encantador, lo amo y tenia que agregarlo. En fin, si lees este capítulo y en consecuencia, este comentario, quiero que sepas que me alegra mucho leerte. Tengo pendiente actualizarme con tu fic ¡Pero Oye! Tu también nos debes actualización. Espero que todo esté bien bella y leerte pronto.

Manu: Me alegra que te guste esta historia también y tener ships en común contigo.

Rey0109: ¡Qué linda! Lamento la tardanza, pero aquí está, aún no llegamos a la parte emocionante y aún así, espero que te guste. Besos.

Saiko666: Tus palabras me enamoraron la primera vez que las leí y justo ahorita que lo hago para contestarte, me siento como esa vez. No tienes idea como te agradezco porque te tomarás el tiempo de escribirme ¡Pero en serio gracias! La historia es sencilla, pero a través de ti pude verla bajo otra perspectiva ¡Eres la mejor! Qué conste que use el "payasa" de Sango por ti jajaja, porque es tal cual, como dices todos notan eso que ellos no ven, están demasiado sorprendidos y renuentes, lo bueno va a ser cuando sus sentimientos puedan sobre todo, el capítulo nos da esa perspectiva también, ojalá y te guste. Besos y abrazos bella, te leo luego.

Guest: Ese "deleitando a tus lectoras" me enamora, gracias bella por tus palabras y tarde, pero aquí está la actualización.

Katrina10: Es una pena que fuera cuando me aleje por rebelde, gracias por la espera y ojalá valiera la pena. Me alegra que te gustará tanto la historia, tenemos aún mucho por delante. Besos.

YU-HIKARURU: Y yo a ti por amarlo jajaja ¡Gracias!

Cristina Castro1: Gracias por tus palabras bella, me alegra haber llegado a ustedes con apenas pocos capítulos ¡Son los mejores! Te mando un enorme abrazo.

Chechy14: Contigo tengo una cuenta pendiente. No se que le pasa a mi cuenta porque no me llegan notificaciones y hasta hace unos días vi todos tus comentarios en "Sweet Devotion" ¿Te fijaste que es la continuación? No se si te contesté, pero de cualquier manera ¡Gracias! Por leer el reto, por este ¡Por todo! ¡Eres un amor! Me alegra que notaras la química y la evidente tontería que hacen estos dos, está vez profundizamos en Kagome y es evidente que ella también está muy renuente ¡Estoy esperando cuando se rindan al otro! Te mando un enorme abrazo. Nos leemos pronto.

Tamy Hunter: Me alegra que te gustará, en teoría eres la que menos espero por la continuación, aún así, gracias ¡Encantada con que te guste mi escritura! ¡Gracias por eso! Ojalá y te guste la continuación, besos.

Gracias por el apoyo bellas. Las amo de corazón.

Nos leemos pronto, besos y abrazos.

05/11/2021

.

.