Disclaimer: Todo lo reconocible de Harry Potter es de JotaKá. La trama es mía.
Aclaraciones antes de leer:
-AU ubicado en el séptimo año y Voldemort no existe.
-Dos parejas principales: Dramione y Hansy (aunque posiblemente haga mención a otras).
-Algunos hechos y relaciones del canon son completamente ignorados (se irán viendo a medida que avance el fic).
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I: Un mal presentimiento.
Cuando Hermione se levantó esa mañana sintió una opresión en su pecho parecida al vértigo, un presentimiento de que algo malo iba a pasar ese día, pero decidió ignorarlo. Hizo su rutina de todas las mañanas y, tras esperar unos minutos a que sus compañeras de cuarto terminasen de acicalarse, bajó con Ginny y Lavender al Gran Comedor. Esa sensación de que algo malo ocurriría seguía presente, sin embargo la mañana transcurrió con tranquilidad y cuando llegó el almuerzo estaba cada vez más segura de que esa sensación era producto de una corriente de aire y no otra cosa.
Harry y Ron tenían un pase especial para irse ese día a las prácticas de Quidditch así que se despidió de sus amigos después de la comida y se dirigió a la clase de Transformaciones con Neville y Dean, escuchando la discusión que mantenían esos dos por una extraña planta que habían descubierto en la entrada de Hogwarts, cerca del puente, y que creían poder presentar a la profesora Sprout para obtener más nota. Cuando entraron a la clase Hermione frunció el ceño al ver a Draco Malfoy parado en mitad de la clase discutiendo con McGonagall; el ceño fruncido de la mujer y la mueca de desprecio del chico dejaban claro que esa conversación estaba muy lejos de ser amistosa. Se acercó cautelosamente y arqueó una ceja cuando ambos pararon de hablar abruptamente y Malfoy le dedicó su mejor cara de «Estorbas, Granger, así que lárgate».
—¿Ocurre algo, profesora? —preguntó con su mejor tono de prefecta y la mujer la miró casi indiferente.
Se notaba lo cabreada que estaba, pero Hermione no la culpaba, Malfoy sacaba de sus casillas a cualquiera con su sola presencia.
—Señorita Granger, indique, por favor, al señor Malfoy un sitio donde pueda ponerse para hacer el examen con tranquilidad —le dijo con un tono resignado—, ya me he cansado de discutir con él sobre algo tan absurdo.
—¿Es absurdo que me niegue a hacer el examen con una clase de descerebrados armando un alboroto detrás de mí? —replicó él—. Perdone, profesora McGonagall —soltó su nombre con un retintín ofensivo—, que quiera recibir un mínimo de calidad a la hora de examinarme.
—Malfoy, estamos en nuestro último curso, en unos meses nos examinamos de los EXTASIS así que te aseguro que no esto está lejos de ser una clase de descerebrados armando escándalo —pronunció con su perfecto tono de prefecta y el rubio la miró con desprecio.
—¿Acaso alguien ha pedido tu opinión, Granger? —bramó él.
Hermione apretó los dientes y entrecerró los ojos en su dirección, tratando de tranquilizarse para no responderle al chico. Su día perfectamente normal se estaba jodiendo rápidamente por culpa del idiota que tenía frente a ella. Con un gesto despreocupado, Hermione se enderezó, colocando la espalda completamente recta en una postura altanera y miró a Malfoy como si valiese menos que un sickle.
—Puedes sentarte allí. —Señaló una de las mesas cerca del escritorio de McGonagall—. Está un poco coja, pero para los tres minutos que tardarás en poner tu nombre en el examen y entregarlo dudo que te llegue a molestar. —Había un claro «Eres idiota» implícito en las palabras de Hermione.
—Granger —comenzó el rubio y Hermione sonrió, esperando el insulto infantil del chico—, me halaga que aceptes que mi mente superior me confiere la posibilidad de hacer el examen en tiempo récord. Ya era hora de que aceptases mi suprema inteligencia sobre tu vulgar comprensión.
La gryffindor enrojeció y estuvo a punto de sacar su varita para maldecirlo por tergiversar sus palabras pero McGonagall, que desde su escritorio vio la pelea formándose entre esos dos, se acercó y condujo a Malfoy hasta la mesa donde haría el examen. Hermione quiso ir y romperle los dientes uno a uno cuando vio la sonrisa orgullosa que portaba al dejarla con la palabra en la boca.
—Imbécil —refunfuñó por lo bajo mientras tomaba asiento al lado de Neville—. Jodido imbécil.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Longbottom con ojos compresivos y ella bufó.
—El idiota de Malfoy es lo que pasa —se quejó—. Él y su estúpida obsesión con ponerme de mal humor.
—Deberías aprender a ignorarle, Hermione —suspiró el chico—, que te cabrees con él solo alimenta más sus ganas de molestarte.
—No puedo hacerlo, Neville —dijo ella y volvió a bufar—. Hay algo en mi interior que me invita a responder. No sabes lo satisfactorio que es ganar un enfrentamiento verbal contra él.
—Eso no suena como un pensamiento muy sano —se burló el chico y ella se echó a reír.
—Posiblemente no lo sea.
La clase pasó con tranquilidad. McGonagall había decidido que sería mejor dar una clase práctica ese día, por lo que los pupitres desaparecieron para dejar un espacio amplio para practicar las florituras del nuevo hechizo.
«Mutatio corporis».
Un interesante conjuro que permitía a la persona modificarse el cuerpo o cambiar el de otra persona como se desease, sin embargo era bastante complicado de realizar y uno mal hecho podía acarrear horribles consecuencias, por eso solo practicarían el movimiento de varita y la pronunciación. Entre risas y alguna bronca de McGonagall la clase llegó a su fin y Hermione se quedó esperando a Neville, que había perdido su pluma en algún lugar de clase y no la encontraba. Malfoy se levantó de su asiento cuando todos salieron y le entregó el examen a la profesora, que en el mismo instante lo revisó y colocó la máxima puntación en el papel. La profesora cogió sus cosas y se fue del aula, advirtiéndoles que tenían dos minutos para encontrar la pluma antes de que las golondrinas que estaban pintadas en los cuadros saliesen y los atacasen hasta echarlos del lugar.
—¿Qué estás buscando, Longbottom? ¿Tu cerebro? —Neville abrió la boca para responder, pero no le dio tiempo—. Es algo insólito que busques algo que no existe. Deberías rendirte ya y volver con tus plantitas.
—Malfoy, ¿acaso alguien ha pedido tu opinión? —inquirió ella con una sonrisa burlona en el rostro.
—¿Acaso estaba hablando contigo, Granger? Es de mala educación interrumpir en conversaciones que no te incumben.
Neville, que sabía que estaba a punto de comenzar otra absurda pelea entre Malfoy y Hermione, trató de interceder para evitar el desastre, pero era demasiado tarde. Ambos sacaron sus varitas y se comenzaron a insultar mientras apuntaban al otro de forma amenazante. No pasó inadvertido el brillo divertido que se reflejaba en los ojos de ambos. Sin duda Hermione tenía que tener un problema si encontraba satisfacción y diversión en sus peleas con Malfoy.
—¿Quién te crees que eres para decirme que puedo hacer y que no? —inquirió ella con un tono seco.
—Pues una persona que te da mil vueltas en todos los ámbitos, Granger, no eres más que una sombra de gusarajo en comparación conmigo.
—¿Pero tú te escuchas, Malfoy? ¿Quién te crees que eres? Si no te conocen ni en tu casa a la hora de la comida —replicó Hermione y se echó a reír—. No te emociones tanto, Malfoy, y bájate de tu nube de plástico y observa la realidad. Crees cosas que no son ciertas y necesitas aceptar que no eres más que un estudiante mediocre más.
—¿Y tú qué, eh? Desde que McGonagall te dijo que eres la bruja más inteligente de nuestra generación crees estar en un pedestal ante los ojos de todos en este colegio y solo te conocen por tu pelo de escoba y tus dientes de conejo —rumió él con una sonrisa burlona—. La bruja más insoportable seguro que sí, pero la más inteligente de nuestra generación te digo ya que no. He visto piedras con más conocimientos que tú.
—¿Ah, sí? Entonces si yo soy insoportable ¿tú qué eres? Porque me faltan adjetivos para describir lo petulante y molesto que resultas —replicó ella con acidez—. Y por favor, ahórrate esas comparaciones que haces contigo, no quiero que me relacionen con un excremento de hipogrifo.
—No te comparo conmigo, Granger, porque para eso tendríamos que ser casi iguales y tú no te pareces en nada a mí. En realidad no te puedo comparar con nada excepto un squib —terció él con un aire victorioso— porque hasta un excremento de hipogrifo tiene más capacidad mágica que tú.
«Es como ver un partido de tenis mágico», pensó Neville que giraba su cabeza cada vez que uno hablaba, siguiendo la trayectoria de palabras envenenadas-
—Si hablamos de capacidades mágicas, Malfoy, entonces ¿dónde quedas tú? —murmuró Hermione con la mirada ensombrecida—. Oh, me olvidaba que a las personas que compran sus notas no se les suele tomar en cuenta en este tipo de conversaciones, perdona. Pero cuéntame, ¿cuánto te cuesta cada Extraordinario con Snape? ¿Doscientos galeones?
—Insinuar que compro las notas es aceptar que es la única explicación que contemplas para mi mente superior —replicó el audazmente—. Dime, Granger, ¿tanto te cuesta aceptar que no todos necesitamos tener nuestras narices pegadas a un libro para ser extraordinarios? Algunos tienen el talento en la sangre como yo y otros, como tú, deben buscarlo, aunque veo que el tuyo todavía está en busca y captura.
Hermione alzó su varita, harta de las cosas que Malfoy y ella estaban diciéndose, y dijo adiós a su paciencia cuando conjuró un Desmaius contra el chico. Este lo rechazó con rapidez, respondiéndole con otro hechizo que Hermione fue rápida en esquivar. El duelo comenzó en un abrir y cerrar de ojos y Neville no sabía qué hacer para pararlo, todavía perdido entre todos los insultos que se habían lanzado el uno contra el otro.
—¡Serpensortia! —exclamó Malfoy y Hermione sonrió, esperando ver una pequeña serpiente a sus pies.
Sin embargo una gran anaconda apareció delante de ella, enseñándole su asquerosa lengua y arrastrándose hasta ella con un aspecto amenazador. Salió del shock en cuestión de segundos, antes de que el reptil pudiese tocarla, y lanzó un confringo a la serpiente haciéndola explotar junto a los pájaros que habían salido de las pinturas escasos segundos atrás. Durante el aturdimiento por el hechizo, Hermione y Draco alzaron las varitas para volver a atacar, pero Neville también alzó la suya y lanzó el primer conjuro que le vino a la mente y que chocó contra los de la gryffindor y el slytherin.
La combinación de los tres hechizos hizo que Hermione y Draco fueran impulsados hacia atrás cuando una luz azul rodeó la luz de sus propios conjuros antes de golpear sus varitas. Se reincorporaron con lentitud cuando el aturdimiento pasó y miraron al otro con desconfianza, esperando a ver si el otro volvía a atacar. Neville seguía con la varita extendida en el aire, su mano temblando y sus ojos moviéndose frenéticos de un alumno a otro ante lo ocurrido.
—¡¿Qué está pasando aquí?! —La voz de McGonagall los congeló y dirigieron su mirada a la profesora que acababa de cruzar la puerta con el ceño fruncido y un gesto enfadado curvando sus labios.
—Profesora, yo… —comenzó Hermione pero ella la silenció con un solo gesto.
—Guárdese las explicaciones, señorita Granger —dijo fríamente tras inspeccionar la situación, ignorando al todavía petrificado Longbottom—. Mañana a las seis los quiero a los dos en la entrada de Hogwarts, acompañaréis a Hagrid a hacer unos trabajos como castigo.
—Pero… —trataron de replicar ella y Malfoy a la vez, pero la mujer salió del aula al segundo, ignorándolos.
—Todo esto es culpa tuya, Granger.
Hermione frunció el ceño pero no pudo decir nada porque Malfoy se había levantado y se había ido en cuestión de segundos. Suspiró con resentimiento y miró a Neville, que parecía estar entre aliviado y aterrado mientras bajaba la varita y la observaba con preocupación. La chica se acercó a él con un gesto agotado y lo miró con culpabilidad.
—Lo siento, Neville, no sé qué me ha pasado.
—Malfoy te ha pasado —dijo él y Hermione quiso echarse a reír.
El extraño presentimiento que había tenido toda la mañana ya no estaba ahí.
Cuando Hermione abrió los ojos a la mañana siguiente no encontró un dosel rojo encima de su cabeza, sino uno verde y con bordados en plata. Apretó los ojos y los volvió a abrir, creyendo que se lo había imaginado, pero el dosel verde seguía ahí, confirmándole que algo raro estaba pasando. Se incorporó bruscamente y se pellizcó el brazo para comprobar que no estaba soñando y, efectivamente, no lo estaba. El dolor fue real, muy real. Y solo empeoró cuando Hermione volvió a apretarse la carne con más fuerza en un intento desesperado por salir de esa pesadilla. ¿Su piel siempre había sido así de pálida?
Escaneó la habitación donde estaba y se aguantó el grito que quería salir de su garganta al ver que se encontraba, probablemente, en una de las habitaciones de la mazmorra de Slytherin. Era eso o que las chicas habían perdido la cabeza mientras dormía y habían decidido redecorar toda la habitación para gastarle una broma de mal gusto al despertar. Ojalá fuese esa segunda opción.
—Draco, ¿estás despierto? —Pansy Parkinson entró bruscamente en la habitación mientras hablaba y se quedó mirando a su dirección fijamente, su ceño frunciéndose al mirar en su dirección—. Tú no eres Draco.
—¿Qué? —soltó Hermione y, para su mala suerte, su voz sonó exactamente igual que la de Malfoy.
Si no había enloquecido, entonces ese extraño despertar significaba que, por alguna razón que desconocía, había cambiado su cuerpo con Malfoy. Esa era la única explicación que su todavía embotada mente era capaz de dar a lo que estaba ocurriendo. Y no le gustaba nada de nada. Al final ese mal presentimiento se había hecho realidad y había resultado ser una mierda de realidad. Una mierda gigante que la estaba matando más y más a cada segundo que pasaba. Estaba más despierta y más aterrorizada.
—No eres Draco, ¿quién eres y por qué estás aquí? —cuestionó Parkinson. Hermione falló en notar el tono burlón de la joven.
—¿Qué dices, Pansy? Claro que soy yo —trató de engañarla, pero Parkinson arqueó una ceja y la miró de mala manera.
—Vale, esto sí es raro. Draco nunca se despertaría antes de las siete y media y tampoco me llamaría Pansy antes de su café mañanero —replicó la chica y se acercó hasta sentarse frente a ella en la cama—. Nunca es tan simpático. Es más, nunca es simpático. —La miró de arriba abajo, inspeccionándola—. Solo conozco una persona en este universo que sería capaz de tratar de fingir ser Malfoy viéndose en una situación así... Hola, Granger.
Hermione aguantó la respiración y miró a Parkinson con tensión. No tenía ni idea de cómo la chica había descubierto ese extraño cambio que se había producido entre ella y Malfoy, pero si podía sacarla de ese lio cualquier ayuda era bien recibida. Oh, por Merlín, Malfoy estaba en su cuerpo. Las cosas solo podían empeorar con los minutos y ella estaba ahí, en pijamas horribles de seda y encerrada en el cuerpo del chico más detestable y prepotente de todo Hogwarts.
—Tierra llamando a Granger, ¿te pasa algo?
«No, claro que no. Solo estoy encerrada en el cuerpo del mayor gilipollas del universo. ¿Cómo podría pasarme algo?» pensó con acritud, pero se mordió la lengua y respondió otra cosa.
—Tienes que ayudarme, Parkinson —dijo con desesperación—. No sé qué ha pasado, pero sea lo que sea Malfoy debe estar en mi cuerpo y eso es un pensamiento horrible. Tenemos que encontrar una solución, tenemos que...
La joven slytherin alzó una mano, parando su cacareo desesperado. Pansy se mantuvo en silencio unos eternos segundos antes de suspirar y negar con la cabeza. Se levantó de la cama y caminó hasta el armario de roble oscuro pegado a una de las paredes, tras unos minutos Hermione vio como el uniforma de Hogwarts para los de Slytherin era lanzado en su dirección.
—Relájate, Granger, no vas a conseguir nada alterándote de esa forma —dijo la chica finalmente y la observó con desconfianza—. Vístete y vamos a desayunar, hablaremos por el camino. Y no saludes a nadie aunque te saluden a ti, ¿entendido? Draco no es una persona de mañanas.
Resignada, Hermione accedió y se dirigió al baño para cambiarse el pijama por el uniforme. Cuando se quitó la camiseta no pudo evitar mirarse al espejo y aceptar a regañadientes que Malfoy tenía un buen cuerpo. Joder, tenía los músculos marcados gracias al Quidditch y ella, a pesar de la bizarra situación, era lo suficientemente curiosidad como para no resistirse a echarle una visual a Malfoy sin ropa. Sacudió la cabeza y se cambió rápidamente, tratando de ignorar lo extraña que sentía al estar en el cuerpo de Malfoy, no solo por quién era, sino el conjunto en sí. Ahora era un hombre. Alguien más alto, más rubio, más musculado... Todo era tan extraño que no sabía cómo reaccionar. Salió del baño y se encontró con Parkinson esperando por ella en la habitación.
—¿Cómo me has reconocido y por qué no hay más personas compartiendo habitación con Malfoy? —preguntó al instante y la chica volvió a suspirar.
—Qué pesada eres —se quejó y Hermione hizo una mueca—. Sinceramente, al principio era una broma, pero luego al ver cómo has reaccionado me di cuenta que sí había algo raro en todo esto. Tú solita me lo has confirmado.
—Genial —rumió la castaña.
—Y sobre lo otro, pues básicamente porque Draco lo arregló con Dumbledore para que le diese una habitación para él solo. No quiso decirle la razón a nadie.
—Todo mejora por momentos —ironizó y Pansy puso los ojos en blanco.
—Venga, muévete, Granger.
Llegaron al Gran Comedor con rapidez, ignorando a la gente a su alrededor y cuchicheando por lo bajo mientras recorrían los pasillos concurridos del colegio. Hermione sentía los nervios a flor de piel y casi se dirigió a la mesa de Gryffindor a comer con sus amigos, pero Parkinson la paró al agarrarla del brazo, tirando de ella en dirección a la mesa de slytherin mientras le recordaba en el cuerpo de quién estaba.
—Pero tengo que hablar con Malfoy —se quejó.
—Yo me encargo de eso.
Pansy se acercó hasta la mesa de los leones y buscó a la falsa Hermione entre las personas, acercándose a ella e inclinándose para decir algo lo suficientemente audible hasta para ella. Bendita la hora en la que Dumbledore había decidido cambiar el orden de las mesas en el Gran Comedor para hacer que Slytherin y Gryffindor estuvieran casi pegadas. Otra de sus estúpidas estrategias para la unión de casas (e igual de absurdas e inútiles que las anteriores).
—Granger, Snape me ha dicho que vayas a su clase después de desayunar para hablar sobre la última poción que entregaste.
La castaña asintió rápidamente y miró en su dirección. Hermione se estaba observando a sí misma desde lejos y estaba segura de que esa mirada de superioridad que había en sus ojos era la de Malfoy. Joder, todo iba de mal en peor a cada segundo que pasaba. Dean y Ginny, que flanqueaban a la falsa Hermione en la mesa de los leones miraron con desconfianza a Pansy.
—¿Ahora eres mensajera, Parkinson? —inquirió Ginny.
—Pues no —replicó—. Pero incluso un mensajero gana más dinero que toda tu familia junta así que más respeto.
Hermione jadeó ante la respuesta rápida y cortante de la chica y una parte de ella recordó que la Pansy casi amable que la había ayudado esa mañana era en realidad casi tan cruel y respondona que Malfoy. Incluso más teniendo en cuenta el ingenio que había demostrado en muchas ocasiones para responderle a ella o a sus amigos en sus batallas verbales. Hermione suspiró cuando vio a Malfoy mordiéndose los labios —sus labios— para no echarse a reír. Por Merlín, qué rápido iba a cagarla Malfoy con su actitud. ¿Cómo podría fingir ser ella cuando no podían ser más diferentes? Si Parkinson la había cazado al vuelo no dudaba que Harry y Ron hicieran lo mismo una vez se encontraran.
Ginny no tuvo tiempo a replicar nada pues Pansy se dio la vuelta y volvió con pasos rápidos hasta la silla, dejándose caer en el banco elegantemente. Sus ojos grises volvieron a clavarse en Hermione, analizándola.
—¿Qué? —bramó Hermione, nerviosa.
—Nada, nada. Solo me resulta curioso cómo funciona la magia a veces —respondió ella y entonces se ató el pelo negro en una coleta alta y comenzó a untarse una tostada con mantequilla.
Hermione puso los ojos en blanco—. ¿De verdad te has atado el pelo para desayunar?
—Que a ti te guste ir con el pelo lleno de mierda por la vida no quiere decir que a los demás también —respondió rápidamente la chica—. Hay que ser un poco pulcros, Granger. Aunque no sé si con ese pelo estropajoso que tienes sabes lo que eso significa.
—La pulcritud no se relaciona solo con el pelo.
—Pero es de lo que estamos hablando ahora —terció.
—¿Siempre tienes una respuesta para todo?
—No lo sé, dímelo tú. —La joven sonrió—. ¿La tengo?
Hermione se resignó, comenzando a comer también a pesar de que se sentía algo torpe en el cuerpo de Malfoy. El desayuno pasó con una aparente tranquilidad, ella y Parkinson hablaban por lo bajo, tratando de barajar diferentes opciones hasta que recordó algo.
—Neville —dijo y Pansy la miró interrogante—. Neville lanzó un hechizo cuando Malfoy y yo lanzamos los nuestros, una especie de luz azul golpeó mi varita y la de Malfoy cuando el hechizo de Neville rebotó contra los nuestros.
—¿Y sabes qué hechizo era?
Hermione trató de hacer memoria, intentando enfocarse en las palabras que Neville había soltado unos segundos después que ella y Malfoy. Cerró los ojos y lo visualizó todo en su mente, rememorando la pelea hasta que el conjuro de Longbottom los hizo separarse definitivamente. Sin embargo no recordó nada, su mente en blanco cada vez que pensaban en los tres gritos que se habían entremezclado en aquella aula la tarde anterior.
—No lo sé, algo terminado en «s» —susurró—. ¿Quizás un Petrificus?
—¿Segura?
—Ni idea, pero conociéndolo cualquiera que le haya cruzado por la mente en ese momento.
—Oh. —Pansy se mordió el labio inferior y negó con la cabeza, Hermione sabía que se estaba aguantando la risa—. Entonces estáis jodidos, a saber qué variante mal hecha de un hechizo sois Draco y tú.
—Joder, joder, joder.
Hermione se pasó varios minutos lamentándose hasta que vio a Draco levantarse y salir del Gran Comedor, las miradas extrañadas de Dean y Thomas siguiendo su figura y notando la mirada rápida que la falsa Hermione lanzó al falso Malfoy antes de irse. Ella quiso seguirlo, pero Pansy la obligó a mantenerse en el sitio y terminar su desayuno. No podían tomar riesgos ni levantar sospechas. Casi diez minutos después, Parkinson asintió con la cabeza y Hermione se levantó y salió del Gran Comedor, dirigiéndose con pasos rápidos hasta el aula de pociones.
—¿Malfoy? —murmuró Hermione cuando llegó al pasillo.
—Aquí.
El cuerpo de la Gryffindor se materializó frente a Hermione y quiso morir al ver que Malfoy se había desabrochado un par de botones de la camisa, mostrando el escote. Tuvo que tomar una profunda respiración y aguantarse las ganas de meterle una patada por hacer eso. Suspiró, notando que ahora se veía a sí misma más pequeña y delgada desde la perspectiva de Malfoy, siendo consciente de la diferencia de alturas. ¿Así es como Malfoy la veía siempre? ¿Sacándole casi dos palmos más de altura? Joder.
—Tenemos que buscar una solución a esto —dijo finalmente y comenzó a dar vueltas por la zona—. No puedo estar en tu cuerpo y tú en el mío. Es un despropósito.
—A ver, por poder podemos estar, otra cosa es que no queremos —replicó Malfoy y Hermione no soportó oír su voz. ¿De verdad siempre sonaba así? Qué puto horror.
—Cállate —exclamó rápidamente—. Todo esto es tu culpa, si no te hubieras puesto a provocarme para pelear no hubiéramos terminado así.
—No, la culpa es de Longbottom que no sabe atarse los cordones de las zapatillas y espera poder parar un combate amistoso.
—Neville no tiene la culpa de esto —replicó, ella, ignorando la etiqueta de amistoso que Malfoy había dado a su pelea. El chico tenía que hacerse un análisis profundo de la realidad. ¿Dónde veía él lo amistoso de sus disputas?—. Malfoy, tenemos que buscar una solución cuanto antes. No podemos seguir así. Estar en tu cuerpo es… extraño.
Draco sonrió y negó con la cabeza. Él también se había llevado una sorpresa esa mañana al despertarse y ver en qué cuerpo estaba metido, pero tras varios minutos encerrado en el baño se hizo a la idea y decidió que tendría que fingir ser Granger durante un rato. Un rato entretenido, la verdad. Gryffindor estaba tan lleno de gente sin neuronas que no había sido difícil que siguieran creyendo que era Granger. Solo tuvo que saludar a todos con una sonrisa y tratar de ser extrañamente amable con cualquiera que se acercase (y Draco Malfoy jamás había sido así de agradable en toda su vida, había agotado la simpatía que tenía para el resto de su existencia).
—No te quejes tanto, Granger, este error me ha llevado a descubrir algo muy interesante sobre ti. —La castaña lo miró interrogante y desconfiada y él sonrió como el imbécil aprovechado que era—. Tremendo cuerpazo escondes bajo tu ropa tres tallas más grandes, Granger —dijo y sonrió—, y yo que pensaba que de mujer solo tenías el nombre.
Hermione enrojeció hasta la raíz del pelo y tomó profundas respiraciones para no partirle la boca a puñetazos al imbécil con el que estaba tratando. La sonrisa de Malfoy aumentó aún más al ver el sonrojo de la chica y se mordió el labio para no echarse a reír. Estaba seguro de que Granger nunca se había planteado asesinarle de verdad hasta ese momento.
—¿Me has visto desnuda? —Sus manos deseaban coger a la falsa Hermione del cuello y estrangularla, pero no podía hacerse eso a sí misma.
—Es un daño colateral de bañarse —contestó con simpleza.
La ira burbujeó dentro de la joven unos instantes antes de girarse y apoyar su frente contra la pared, tomando unas profundas respiraciones para calmarse. El gilipollas ese había tenido la desfachatez de darse una jodida ducha estando en un cuerpo que no era suyo. ¿En qué jodido universo las personas hacían eso? Hermione iba a explotar de la rabia como si no le reventaba la cara a puñetazos en ese momento. Pero debía controlarse, cuando arreglasen todo el embrollo del cambio de cuerpos se encargaría de torturar a Malfoy hasta la muerte.
—Malfoy, ¿eres imbécil? —cuestionó tras unos segundos. Se observó a sí misma sonreír de lado.
—Estando ahora en tu cuerpo podría decirse que sí que hay un porcentaje de mí que es imbécil —afirmó—. Menos mal que mi mente se mantiene intacta para poder convertirte en alguien funcional.
A Hermione se le acabó la poca tranquilidad que había mantenido en ese momento.
—Mira, Malfoy, solo dos cosas: primero, ¡cómo se te ocurre bañarte estando en mi cuerpo, pervertido de mierda! —gruñó, y alzó su varita, dispuesta a maldecirle—. Segundo, ¡quién coño te crees que eres para tomarte la libertad de insultarme en mitad de este embrollo!
Malfoy frunció el ceño y una mueca molesta se dibujó en sus labios, su cuerpo tensándose mientras sus labios se separaban para poder lanzar una réplica llena de veneno contra ella. Sin embargo, segundos antes de que pudiese decir nada una voz alarmada se escuchó a lo largo del pasillo, paralizándolos a ambos en el sitio. Sin duda todo iba de mal en peor.
—¡Hermione, ¿qué pasa?! —exclamó una persona que ambos conocían bien.
Joder, se habían olvidado completamente de que se encontraban en mitad de un pasillo, donde cualquier podría oírles o verles, discutiendo a viva voz y en horas bastante concurridas. Con suspiros contenidos, los dos se giraron con lentitud y vieron a Potter correr en su dirección, varita en mano y el ceño fruncido. Malfoy estuvo tentado a lanzarle un conjuro aprovechándose de su nuevo cuerpo, pero internamente decidió darle la razón a Granger. No era el momento de hacer locuras cuando estaban como estaban.
Mientras veían a Harry llegar a su lado, la varita todavía alzada de forma amenazante contra quien él creía que era el verdadero Malfoy, los dos afectados solo pudieron pensar tres cosas:
Jodido Neville que no sabía hacer magia.
Jodido hechizo desviado que los había metido en ese lío.
Y jodido destino que se empeñaba en complicar sus vidas a cada segundo.
N/A: ¡Primer capítulo subido! ¿Qué os ha parecido? No planeó que sea un fic muy largo, pero ya veré. Este solo ha sido el capítulo de introducción, las cosas ya irán cambiando con el tiempo y se irán introduciendo nuevas parejas :)
No olvidéis dejarme un review :D
Besos y abrazos, AliciaBlackM.
PD: ¡REVIEWS y GO!
