El fundo de los Ackerman se encontraba en el valle de Shinganshina, a dos días de galope de la ciudad amurallada del mismo nombre, a faldas de los bosques montañosos dentro de la Muralla María. Una hermosa tierra por donde cruzaban dos mansos ríos que ayudaban a irrigar los campos de cultivos y lo agreste de las cordilleras fomentaba que se quedara aislado en el invierno por las intensas nevadas.
En los años dorados del fundo se sembraban diferentes variedades de uvas. Estas eran ideales para la producción de vinos de notable calidad, gran longevidad y con toques frutales; siendo las preferidas del Rey y de su Corte, que las consumían diariamente y no privaban a su garganta de tan exquisito brebaje.
De hecho, todo noble respetable debía tener – al menos – una bebida producida con las uvas Ackerman en su almacén.
La gran purga había quedado atrás y Jon Ackerman había levantado un próspero negocio con el cual podía vivir cómodamente y brindar ciertos lujos a su esposa Mikela y a su hija Mikasa. Era respetado y querido por sus trabajadores. Un hombre justo, apasionado por su trabajo y su familia.
Pero esos tiempos no eran más que dulces y dolorosos recuerdos. Las parras de uvas no crecían libremente por las tierras. Ya no se podían apreciar los troncos retorcidos, ni las verdes hojas, ni los hermosos y gordos racimos llenando de color y dulce fragancia todo el viñedo. En la actualidad, apenas un par de hectáreas eran cultivadas, la tierra se hallaba seca y árida. Por esa razón, la calidad del producto decayó considerablemente.
Posteriormente, Jon Ackerman fue asesinado en extrañas circunstancias mientras entregaba personalmente un gran pedido.
—Esta ruta es peligrosa y hay muchos asaltantes por el camino—Dijo un miembro de la policía militar que estaba encargado del caso.
—Fue un robo que salió mal—Expresó otro.
Así fue como las fuerzas de la justicia se encogieron de hombros, cuidando sus palabras y sin tomar más acción que la detención momentánea de un par de ladronzuelos.
Los residentes del pueblo de Hica que alguna vez dijeron apoyar incondicionalmente a la familia Ackerman, le dieron la espalda a Mikela y a su hija cuando vieron que necesitaban ayuda.
—Es una pena, quedarse viuda y de esa forma.– Se lamentó la dama que solía alquilar sus caballos a los Ackerman.
Los rumores y los cuchicheos no se hicieron esperar.
—Una viuda no podrá hacerse cargo de esas tierras.– Puntualizó uno de los grandes hacendados del área, mesándose el bigote – Las mujeres y los negocios jamás deberían mezclarse.
—¡Dejen de lloriquear! Los muertos jamás regresarán.— Bufó una de las damas de alta alcurnia del pueblo.— Lo mejor será que Mikela le consiga un marido a su hija para que se haga cargo del negocio.
Sí, un marido para la indómita Mikasa era la solución o, al menos, eso era lo que todo el pueblo lo aseguraba.
Levi Ackerman era el capitán más joven del Cuerpo de Exploración. Con solo 24 años había escalado rápidamente en la cadena de mando hasta ser el Jefe de uno de los escuadrones principales.
Tenía una expresión dura en el rostro y mantenía el ceño fruncido constantemente haciéndole aparentar más años de los que en verdad tenía.
Muchas mujeres lo describían como guapo y bien parecido, de piel pálida, con el cabello negro recortado en la parte baja y en los lados. Sus ojos azul oscuro eran bonitos, con una mirada afilada, sus labios delgados y su fina nariz completaban su rostro. Lo que llamaba la atención era su baja estatura, ya que no medía más de un metro sesenta pero su actitud altanera y petulante recompensaba lo que le faltaba de altura.
Era un lunes por la mañana, aburrido como siempre. Los días que no tenían que salir de los muros eran bastante rutinarios y eso le agradaba. La vida en el cuartel empezaba desde muy temprano y él ya se encontraba en su escritorio corrigiendo unos reportes mal redactados.
—Definitivamente alguien será castigado por esto—Pensó.
Llevó la taza de té que sostenía peculiarmente con su mano derecha hacia sus labios, dando pequeños sorbos. Observó por su ventana cómo las hojas empezaban a caer de los árboles, señalando de que el verano estaba acabando.
El sonido de alguien tocando su puerta lo hizo soltar su taza y ponerse atento.
—Adelante.
—Capitán, su escuadrón está listo para empezar el patrullaje del día— dijo un cadete parado firmemente con una mano empuñando su espada y la otra en el lado izquierdo del pecho, haciendo el reglamentario saludo de respeto.
Asintió con la cabeza en señal de conformidad y sin decir nada más caminó en dirección al patio del cuartel, donde se encontraban los integrantes de su escuadrón. Ellos ya estaban organizados y montados en sus caballos: Reiner Braun, Bertolt Hoover y Annie Leonhart se colocaron a su izquierda, Marco Bott, Connie Springer y Sasha Blouse a su derecha, en la parte trasera iba Krista Lenz, la más pequeña del grupo pero la más rápida al galopar.
El día pasó sin ninguna novedad, realmente lento para el disgusto de los miembros de su escuadrón que ya querían irse a sus casas y descansar.
Llegaron nuevamente al cuartel y Levi dispuso que su tropa rompiera filas y se retiraran. Oficialmente, la guardia del día había terminado. Él se dirigió a su oficina debido a que aún le faltaba terminar con el papeleo.
Pero su sorpresa fue grande cuando se encontró con el comandante Erwin Smith, sentado con sus brazos tensos y apoyados en el escritorio que le correspondía.
Levi estudió el rostro del intruso. Erwin era su amigo desde hacía muchos años y, aunque el rubio mantenía una expresión estoica en su rostro, el pelinegro podía leerlo a la perfección.
—Levi, el Comandante General está en el cuartel y ha ordenado verte de inmediato. —Dijo en un tono calmo.
—¿Zackly está aquí? Tsssk, ya se había demorado en venir a buscarme.—Levi ya sabía el motivo de la presencia de su superior. De hecho, hacía meses que lo sabía.
—Ya tomaste una decisión.—Dijo el rubio, relajando los brazos y cruzando las piernas, pero su mirada reflejaba preocupación.
—No voy a casarme con una mocosa. No me interesa lo que diga ese estúpido de Zackly— Levi estaba fastidiado, molesto y tenía la mandíbula fuertemente apretada por la cólera.— ¡No voy a tener hijos solo porque el idiota del Rey quiere niños del linaje Ackerman! – Terminó de escupir con odio.
—Tienen que ser varones para que continúen el apellido.— Dijo una voz desde la puerta.
Erwin no se movió y Levi se enderezó como si alguien acabara de echarle hielo por el cuello de la camisa. Él se giró hacia su derecha y se quedó mirando a Zackly a los ojos.
—Tsssk—Siseó Levi. Posiblemente, él era una de las pocas personas que no respetaba al Comandante General de las tres divisiones militares.
—Quedan muy pocos Ackerman en todo el reino y tu sangre está casi extinta, Levi. El rey, el consejo y los altos mandos militares estamos muy preocupados, no podemos permitir que un linaje tan preciado como el tuyo desaparezca, ¿verdad?
Con cada palabra que salía de la boca de Zackly, la sangre de Levi hervía de ira. ¿Cómo podían pedirle eso? ¿Con qué derecho?
Nunca se casaría con una mocosa de diecisiete años. Era a las justas una chiquilla… Aunque no era raro que las mujeres se casaran tan jóvenes.
Ese era un mundo cruel. Las mujeres tenían muy pocos derechos, la mayoría se casaban a temprana edad y parían hijos siendo apenas unas niñas. Si tenían suerte, se casarían con algún hombre decente que las respetara, pero raramente sucedía.
Él mismo había encarcelado a algún marido borracho que había molido a golpes a su esposa por no tener la comida caliente. Para trabajar o estudiar, necesitaban de la autorización de su esposo o de su padre, haciéndolas quedar como seres inferiores a los hombres.
Sólo si ingresaban a alguna de las divisiones militares podrían probar un poco de libertad, pero tenían que tener calificaciones impecables y cualidades para la milicia. A pesar de eso, ellas no podían ascender a puestos muy altos. Sólo conocía a una mujer que había llegado a Jefe de escuadrón, pero estaba medio loca.
—Te casarás en dos semanas. Desde mañana tienes permiso por un mes para que viajes al pueblo de Hica en busca de tu futura esposa.— Dijo saboreando las últimas palabras.— Me han dicho que es muy bonita, eres un hombre afortunado. La corona te brindará una casa en la ciudad, cerca del cuartel para que puedas vivir cómodamente.— Expresó, tomó un descanso para luego seguir. —Esperamos niños muy pronto.
—¡Me niego! ¡No me casaré! —Escupió con todos los músculos de la cara contraídos por la cólera.
—Levi, Levi, el Rey ya lo decretó.—El mayor sonreía con sorna. —Claro, te puedes negar, pero tendrá consecuencias. Luego no podrás quejarte por no advertirte.
—Si me niego, ¿qué pasará?—Había una trampa detrás de todo eso. Suponía que no se quedarían quietos si él se negaba.
Una sonrisa cruzó la cara del Comandante. —Matarán a todo tu escuadrón.—Respondió como si fuera lo más normal del mundo.
Levi sentía la tensión ambiental en cada uno de los poros de su cuerpo. Era tan palpable que hasta parecía que se podía tocar. Una punzada en la boca del estómago lo llamaba a doblarse hacia adelante, pero no podía demostrar debilidad en ese momento.
—¡No pueden hacer eso! ¡Son hombres y mujeres que juraron lealtad al Rey! ¡Son miembros del Cuerpo de Exploración!
—Tú los has dicho, son hombres y mujeres del Rey, le pertenecen al Rey. Juraron lealtad y si su superior desacata un decreto real lo pagaran con sus vidas.—Hizo una pausa. —Tú no morirás, por supuesto, eres valioso para los intereses de la Corona, pero estarás en primera fila mirando como mis hombres violan a cada una de las mujeres de tu escuadrón.– Inmediatamente, Levi se quedó estático.
Erwin tenía la mirada oscurecida, ¡estaban amenazando con matar a sus hombres!
Su instinto le indicaba que había algo más detrás de todo eso. Darius no daría marcha atrás con esa locura. La mejor estrategia en ese tipo de situaciones era mantener la calma.
—Lenz es la más pequeña de tu escuadrón. ¡Hmp! supongo que no dará tanta pelea como Leonhart.— Zackly lo estaba disfrutando. —Es una pena, su padre era un terrateniente que usó todas sus influencias para que su única hija no se casara con un hombre mayor, por eso la metió en la armada. Imagino que Braun y Hoover soportarán la tortura, son chicos fuertes. Pero mis hombres saben cómo doblegar el espíritu y quebrar el cuerpo…. ¿Blouse soportará los golpes?—Prosiguió más motivado.—Te apuesto cien ryus que Springler será el primero en caer.
Levi ya no soportaba más. Su paciencia era limitada y su ira, infinita. Deseaba tomar su espada y arrancarle la cabeza al otro en ese momento, pero eso sólo perjudicaría a toda la Legión y no necesitaba cargar con más muertes innecesarias en su conciencia. Intercambiaría su libertad por la vida de sus camaradas.
-—¡Ya basta!— Gritó Levi.— Me casaré.
—¡Qué bueno que comprendas la situación! Tu matrimonio será en dos semanas.— Recalcó.— Nos vemos en tu boda.
Zackly se había retirado hace rato, pero el aire seguía sintiéndose pesado y la cólera de Levi no había menguado. Esa noche descargó toda su frustración con los muebles de su oficina y no paró hasta destrozarlos.
NOTA DE LA AUTORA:
Hola a todos!
Espero que hayan disfrutado leer este primer capítulo, así como yo disfrute escribirlo.
Espero sus comentarios.
